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México: La fuerza de las mujeres indígenas, sus dolores y desafíos

Por: Gloria Muñoz Ramírez.

Fotos: Gerardo Magallón


Huetosachi, Chihuahua / Desinformémonos. Reunidas en una paraje de Huetosachi, donde los rarámuri defienden su territorio, mujeres de distintos pueblos indígenas hablan de sus dolores, de la defensa de la tierra, de su nuevo rol dentro de las comunidades, de los obstáculos que enfrentan, del racismo, machismo, de las violencias internas y externas, y también de sus esperanzas, su fuerza y sus desafíos.

Las anfitrionas son las mujeres rarámuri que tienen a su cargo el comedor y tienda turística dentro del concepto “Experiencias rarámuri”, en el que el turista se incorpora de manera respetuosa al conocimiento de su y las artesanías de su pueblo. Un proyecto que une a un grupo de diez mujeres entorno a no sólo a la generación de recursos, sino a la puesta en marcha de otro futuro posible, en el que ellas, al menos en ese lúdico espacio de sabores, colores y juegos, son las que ponen las reglas.

Primero defendieron la tierra que les corresponde, y después todo lo demás. Habla la gobernadora de Huetosachi:

En la comunidad soy gobernadora. La gente me eligió para ayudarle. Lo hago por la comunidad, por las personas. Tengo que ir a reuniones, dicen que porque me pagan, pero no.

Cuando teníamos 18 años, éramos unas niñas, no sabíamos nada ni cómo. María, mi prima hermana, salió a buscar a quién nos asesorara. Ellos nos dieron palabras, porque nosotros no sabíamos hablar ni entendíamos. Fuimos aprendiendo a defender el territorio. Llevamos 15 años peleando. Antes nos cerraban el camino, nos ponían un candado para que no entraran los carros.

Vivíamos muy tristes. Ahora ya ganamos la mitad. Fuimos a varias partes, fuimos a México en caravana. Platicamos con compañeros que viven en otras comunidades. Defendemos la tierra que nos dejaron nuestros abuelos y por los hijos que están creciendo. Si no defendemos, a los hijos les va a tocar sentir ese golpe que nos tocó a nosotros.

Antes aquí era un rancho, vivían 18 personas. Ahorita los jóvenes ya hicieron sus casas y somos 40 personas ya, pero viven muy retirado porque buscan dónde sembrar, dónde hay agua de manantiales. Nos gusta vivir así, escondidos. Muchos de los que visitan dicen que no hay gente, pero más adentro del camino hay muchas casas, porque a los rarámuri nos gusta vivir en los bosques, donde no nos pega el aire.

Cuando ganamos el territorio llegó el proyecto de la cocina. De ahí vino el salón comunitario. Tenemos una escuela y kínder también. Ya tenemos cuatro años trabajando.

Recibimos pocas personas porque a veces andamos ocupadas y salimos. Somos diez mujeres organizadas en una cooperativa. Los que estudiaron salieron a trabajar, pero regresan”.

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Las diferencias con los hombres, sus esposos y padres, no son pocas, como no lo son en ninguna parte. Pero aquí ellas han ido al frente de la defensa de estas tierras. Desde febrero de 2014, de acuerdo a información de Consultoría Técnica Comunitaria AC (CONTEC), que las ha acompañado en el camino legal, “se declaró a los integrantes de la comunidad indígena como legítimos propietarios de 253 hectáreas, identificadas con medidas y colindancias. También se otorgó a la comunidad una servidumbre de paso”.

Del proceso de recuperación y de su organización, habla otra de sus compañeras:

Como los señores de la casa no quieren defender esto, tenemos que hacerlo nosotras las mujeres. Empezamos tres, cuatro mujeres, y después conformamos el grupo de diez. Buscamos capacitaciones para poder capacitar a la comunidad, no solamente a las mujeres, sino también a los jóvenes, a los niños, y a la comunidad en general.

Es mucho arriesgarse cuando tienes que ir a hacer un trámite a Chihuahua o a otro lugar porque es también enfrentarte sola con muchos problemas, como el racismo y la discriminación. En las oficinas vas a encontrar no a mujeres que te atiendan, sino a hombres, y sientes ese peso. Y si va alguna compañera que no conoce el caso y te ve entrando a una oficina con puros hombres va con el chisme a la comunidad y te enfrentas con otros problemas.

Hay veces en las que se pregunta una si le sigue o no le sigue, pero sientes el respaldo de las otras compañeras y de la comunidad y dices «si me van a estar apoyando, tenemos que continuar». Hemos trabajado mucho la violencia de género, porque a algunas compañeras les ha tocado recibir golpes de los hombres porque no llegan a tiempo a casa, porque se tardaron dos o tres días. Tenemos que empezar desde ahí, que entiendan que no es ir a una fiesta, sino a buscar maneras de que se nos reconozca y se nos respete.

También nos han tocado casos de que nos preguntan para qué queremos todos esos pinos si tenemos muchos, si cuando nos muramos no nos los vamos a llevar. No nos los vamos a llevar pero son los que nos ayudan a mantener buenas nuestras tierras, a tener agua, ahí seguirán nuestros hijos y nuestros nietos, no es para nosotros. Nos hemos fijado que muchas veces desde fuera a todo le ponen precio, hasta a una piedra.

Estamos defendiendo el territorio porque nos talaron todo. Llevamos cuatro años en la lucha y estamos recuperando esa parte y haciendo trabajos comunitarios, plantando árboles. No se nos paga el trabajo, pero el trabajo es para la comunidad.

Es complicado y no todas las mujeres nos animamos a esa lucha, muchas veces dicen que es cosa que tienen que hacer los hombres, pero no. Muchas veces somos las mujeres las que tenemos que enfrentar esas cosas. Ellos están apoyándonos, pero no dicen que irán a tomar las capacitaciones. Nosotras lo compartimos.

Muchas veces para el transporte batallamos, las que tenemos hijos los tenemos que dejar solos en las comunidades, a veces hasta una semana. Es la preocupación de saber qué está pasando en la comunidad, y son cosas que también desaniman a otras. Pero ver a las mujeres que hay en otros lugares nos da fuerza, y decimos que si ellas pueden nosotras también. Compartimos conocimientos y las luchas que han seguido muchas mujeres decimos que si ellas pueden nosotras ráramuri por qué no podemos hacerlo también.

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La potente voz de las anfitrionas da paso a una cadena de testimonios sobre la vida de la mujer indígena en otras geografías. El encuentro se convierte en un espejo que las fortalece.

De la tribu yaqui, procedente de la comunidad Loma de Bácum, se escucha esta historia de violencia, amenazas y fortalezas:

Para nosotras como mujeres de la tribu yaqui, cuando decidimos tomar acción en la defensa del territorio implicó compromiso pero también la responsabilidad de no dejar la lucha tirada. Si iniciamos algo no podíamos dejarlo. Hubo violencia, hubo desprestigio, tuvimos amenazas y los hombres nos señalaban. Decían a los medios que éramos cinco mujeres argüenderas y que no pasaba nada, que sólo queríamos llamar la atención. Pero nada de lo que queríamos decir como mujeres en la lucha ni tampoco de nuestra autoridad tradicional salía en los medios.

Decidimos usar toda la información que ellos pusieron en los medios de comunicación contra nosotras, y con las herramientas de Marabunta Filmadora hicimos un pequeño video. Así pudimos parar de alguna manera el desprestigio y lo que estaban diciendo. Hicieron ellos videos en contra nuestra diciendo que teníamos nexos con el narco y que por eso no queríamos que pasaran el gasoducto por ahí.

Teníamos un poco de temor porque algunos hombres nos habían enviado mensajes de que si no salíamos de la lucha nos iban a violar. Pero algunas mujeres empezaron a decir «ah, pero yo quiero que me viole ese», y los hombres dejaron de decirnos eso. Nos querían amedrentar. Había cinco mujeres principales, pero habías más atrás de nosotras y ellas fueron las que dijeron «si las quieren violar, a mí también, y quiero que sea este», y pararon con eso ellos.

Fue usar todo lo que decían ellos y convertirlo de alguna manera en positivo. Tuvimos que demostrar con pruebas y videos a los que apoyaban que pasara el gasoducto por nuestro territorio, que eran la mayoría, lo que ellos nomás rechazaban con palabras. Lo hicimos en apoyo a nuestra autoridad. Antes ya estábamos en las asambleas, pero no nos preguntaban nuestra opinión. Eso lo logramos.

Y aquí la voz de la mujer nahua de Tlaola, Puebla, defensora de sus derechos y constructora de alternativas. El racismo y el machismo versus el trabajo comunitario.

A mí me daba muchísima vergüenza asumirme indígena, yo decía que no lo era. Sufrí violencia por mi color de piel, por mi tamaño, por la manera en la que hablaba. Pero tuve el privilegio de que gracias a todo lo que hizo mi mamá pude estudiar una carrera universitaria y me fui a la ciudad, y ahí me sentí perdida, porque no sabía quién era. En ese momento dignifiqué a mi mamá y su lucha, abracé todo ese dolor.

Hemos trabajado a nivel familiar todos esos dolores que nos tocó vivir como mujeres indígenas y como mujeres que hacen cosas diferentes y a que al pueblo le enoja muchísimo. Los hace sentir mucha furia que unas mujeres indígenas, una «indias ignorantes», estén trabajando un montón de cosas en la comunidad. Es una violencia para la que muchas veces las mujeres indígenas no estamos preparadas. Por eso tenemos que sanar, porque esa violencia es avasalladora y por eso muchas mujeres abandonan la lucha.

Entendí que el hecho de que yo estuviera en la universidad era gracias a que mi mamá me dejó unos días para irse a su taller y a sus pláticas sobre derechos. Ella siempre decía que estaba abriendo camino para las que venían atrás de ella, y yo iba atrás de ella. Ella tiene claro que hay muchas cosas de las que ha soñado que ya no va a ver ni a disfrutar, pero siente mucha paz consigo misma de que lo que hizo en la comunidad en el futuro valdrá la pena.

Para todas las mujeres que defendemos y trabajamos de manera comunitaria esto no es algo que hagamos para nosotras mismas. Aprendimos que es nuestra responsabilidad el cuidado, y llevamos ese cuidado no sólo a la familia, sino también a la comunidad. Es un cuidado colectivo. Hemos creado muchos procesos que van liderados por mujeres, pero no es que ahora queramos ser las nuevas caciques de Tlaola o ser las nuevas ricas o las que decimos «muerte a los machos». No queremos mandar, sólo queremos un poco de justicia y que ellos tengan un poco de conciencia.

Las mujeres mayas de la Península de Yucatán hablan de la vida y su defensa, de la discriminación, del autocuidado y de la identidad

Para nosotras es importante reforzar los derechos porque da a paso a entender por qué necesitamos defender el territorio. En el caso de nosotras, somos puras mujeres indígenas, algunas somos neurodivergentes y hemos sufrido algún tipo de violencia, discriminación, abuso y violación. Todo esto nos une y nos hace discutir si el feminismo o la sororidad va con nuestro contexto y nuestra forma de ver la vida.

Foto: Colectivo Maya de los Chenes

Nos dimos cuenta de que teníamos reconocer que nos faltaba muchísimo por sanar para defender a otras mujeres. Porque si vamos a defender a otras mujeres y no hemos sanado ni analizado lo nuestro, terminamos muchísimo peor emocional y físicamente. No podemos maternar a todas las mujeres ni salvarlas. Es importante poner límites en nuestro trabajo y en el autocuidado en el sentido político. Hemos tenido reuniones con el gobierno y a veces tardan un montón de horas, y comprendimos que nos quieren cansadas para que ya no sigamos luchan ni participando en espacios políticos.

Nosotras también usamos nuestra vestimenta, que es el hipil, y lo hacemos en el sentido político, porque eso nos visibiliza en una forma en la que reconocemos nuestra identidad y la herencia de nuestras ancestras. Eso hace que las niñas y las juventudes nos vean como un referente de que también se puede ser profesional, indígena y luchar por algo vistiendo tu vestimenta, reforzando tu identidad y tu lengua.

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Del pueblo maya quiché, se escucha la voz de la mujer que lucha, no sin dolores, y que asume que hay que cambiar, aprender y transformar.

Defender el territorio como mujer implica muchas emociones y necesidades. Ser una mujer maya quiché, asumir espacios de organización o de esto que le dicen liderazgo, ser cabeza a veces para abrir brechas y empezar procesos, implica de nosotras mucha energía y mucha tenacidad.

Ha implicado bastante violencia, en la casa para empezar. Los primeros espacios donde limitan tu quehacer están en la propia familia, en las comunidades, diciendo que estas cosas no son para que las hagan las mujeres. A mí me han dicho que debería estar mejor aprendiendo a cocinar y no estar molestando con mis preguntas.

Ha sido un proceso de fortalecernos entre otras mujeres que estamos avanzando y nos preguntamos muchas cosas sobre los roles impuestos en nuestras casas y en la comunidad. Ha sido revelarnos de ciertas formas y marcar límites en espacios de organización comunitaria, invitar a la reflexión a los compañeros y compañeras sobre las formas en las que nos tratamos y reproducimos violencias.

En los últimos años ha sido un proceso de sanación política, por ser una mujer maya que ha decidido y optado por un proceso de justicia con sus propias manos, en medio de vivir en un estado capturado por mafias y grupos violentos. Es encontrarnos con las abuelas, con la sanación, con el fuego, con la espiritualidad, como un sostén político importante de nuestro quehacer.

En este tiempo de violencia patriarcal, de este momento de despojo del territorio, sanarnos es hacernos justicia. Es poder ayudarnos a levantarnos y tomar energía de la tierra para caminar y abrazarnos con otras mujeres. No existimos en la individualidad, somos posibles y somos resultado de las luchas de otras que avanzaron un montón antes que nosotras para abrir brechas que nosotras tenemos que ensanchar, para que más vengan, para que las más niñas participen y tengan oportunidad de hacer preguntas.

Para mí ha sido una alegre rebeldía ser una mujer maya quiché, pero esto ha venido acompañado de una serie de aprendizajes que varias veces han tenido que pasar por situaciones duras para poder cambiar, aprender, transformar.

Y desde la Sierra Sur de Oaxaca, llegó la voz chontal que habla de autonomía, libre determinación, derechos y, también, de la doble lucha que tienen que enfrentar como mujeres.

Para las mujeres chontales en la Sierra Sur de Oaxaca, defender el territorio tiene que ser por el sentido de pertenencia que se tiene con la tierra, con la montaña, con ser parte de esa comunidad. Partiendo de ahí, de la relación que tenemos las mujeres con nuestra comunidad y la raíz de donde nacemos, el territorio es algo que nadie nos puede quitar ni negar, ni los hombres tienen derecho a decirnos que no podemos sentir eso con la Madre Tierra, con los ríos, con la montaña, con el aire o con los animales.

Esto podemos traducirlo al otro derecho reconocido de la libre determinación, y que esto se lleva a la autonomía de cómo cada comunidad, no sólo cada pueblo, ejerce su autonomía a través de las instancias e instituciones. Es cómo se vive y cómo se hace que las mujeres podamos decir que esto es nuestro, de aquí somos y lo vamos a defender.

Desde la chontal estamos convencidas de que somos parte desde dos luchas, la lucha que se libra al interior de la comunidad como mujeres, y la lucha que libramos allá afuera frente al Estado y las instituciones. Librar esta lucha al interior de las comunidades en un contexto en el que las mujeres tenemos una condición desigual trae muchas implicaciones, como la violencia en todas sus modalidades, la ausencia del derecho a tener una titularidad sobre la tierra comunal y a ser parte de ella, a heredar en la práctica comunitaria la tierra, a tener voz y voto en las asambleas comunitarias tanto municipales como agrarias.

En ese contexto también a las mujeres nos toca la mayor parte del cuidado y de la crianza, de todo lo que hay en la vida comunitaria. En las comunidades chontales, cuando se habla del proceso ya más regional de defensa del territorio frente a un proyecto minero, a las mujeres les atraviesa la pregunta «¿qué es eso de la minería?, ¿por qué hablan de extractivismo?, ¿por qué hablan de despojo?».

Hablan de que tenemos derecho a la libre autodeterminación, a la autonomía, que tenemos derechos como pueblos. Preguntan qué va a pasar, si nos vamos a quedar sin agua, qué significa eso, que tenemos que defendernos e interponer un amparo. Eso para las mujeres implica hacer frente a todas esas violencias pero también a aprender otros conceptos, otra información.

Es aprender qué significa extractivismo, qué dicen las legislaciones en relación con los derechos de los pueblos indígenas, dónde se interpone un amparo, tomar el micrófono para dar una palabra y exigir, pararse frente a un juez, estar en una audiencia. Todo esto forma parte de la defensa del territorio para las compañeras, aprender estas herramientas y echar mano de todo lo que hay.

También es librar la lucha interiormente como mujeres, nuestras inseguridades y miedos, cómo vamos a negociar con nuestros compañeros y la asamblea para salir de la comunidad, de nuestras casas, cómo le haremos con los nenes. Implica muchas tareas. Recuerdo que cuando interpusimos el juicio de amparo hubo compañeras que tuvieron que ir con sus bebés a las audiencias, porque también estaban librando otras luchas para el reconocimiento de sus derechos agrarios y que pudieran ser comuneras, tener voz y voto en la asamblea y ocupar cargos comunitarios.

Se han creado algunas instancias al interior de la comunidad, donde las mujeres tienen un papel de coordinar y convocar a otras compañeras desde la comunidad, y construir los derechos propios, más que sólo tomar los que ya están colocados en las legislaciones nacionales e internacionales. Desde las mujeres se empiezan a crear estos derechos propios basados en cómo queremos que se nos reconozca, que se nos respete en la comunidad.

Esto ha implicado abrir un costalito en el que se han dejado ver muchas cosas. Cada compañera se ha ido descubriendo en la capacidad y en la potencialidad que tiene con relación a cómo coordinar una asamblea, tomar fotografías, hacer videos, presentarse ante una instancia para exigir sus derechos.

*Encuentro convocado por el Fondo Christensen, en la Sierra Tarahumara, junio de 2023.

 

Fuente de la información e imágenes:  https://desinformemonos.org
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Muere Adolfo Gilly, académico, militante y activista en México

Por: Redacción Desinformémonos

 

Este martes falleció a los 95 años de edad Adolfo Gilly, historiador, militante, activista, acompañante de los movimientos sociales y un referente del pensamiento de la izquierda en México.

Nacido en Argentina en 1928 y naturalizado mexicano desde 1982, Gilly fue profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México y autor de libros como La revolución interrumpida, su obra más conocida, e Historias clandestinas. Como militante, acompañó la lucha del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), junto a académicos como Luis Villoro y Pablo González Casanova. Su labor lo llevó a ser preso político entre 1966 y 1972 en la cárcel de Lecumberri.

Recompartimos el borrador de Historias de las revueltas, texto que en 2010 Gilly compartió a Desinformémonos para su publicación, como un homenaje al historiador de Pancho Villa, Friedrich Katz.

Historias de las revueltas

(Borrador)

Compañeros de “Desinformémonos”:

Este escrito, homenaje inmediato a Friedrich Katz, el gran historiador de Pancho Villa que murió en la madrugada del 16 de octubre de 2010, es simplemente un borrador, un adelanto para no esperar, un esbozo aún no terminado, aunque tal vez falten sólo unos pocos retoques. Les pido que como tal lo publiquen, visto que ya llega el centenario del cual vanamente pretenden también despojarnos. AG.

El historiador no va a buscar una imagen de futuro en la idealización o en la deprecación del pasado que investiga o imagina.

Va a buscar las huellas verdaderas, la región donde se engendró el presente y, sobre todo, la región y el proceso donde se engendran los fantasmas del futuro, las imaginaciones del porvenir propio, los mitos prácticos que organizan las voluntades.

Las revoluciones, las revueltas, las irrupciones crean el subsuelo, el piso y el humus desde donde un pueblo imagina cuando de imaginar se trata, y no sólo de obedecer o de repetir la rutina de cada día. No imagina un desorden perpetuo, sino un equilibrio, un orden nuevo de justicia y libertad.

Imagina, pues, cuando la hora de crear adviene. Este crear es a partir de las condiciones y realidades presentes de sus vidas, no de una repetición del pasado o de un imposible regreso a él. Pero realidades son también experiencia cultura material, herencias ambas de aquel pasado.

Lo que permite y nutre esa imaginación es la experiencia, incomparablemente más real, material (porque en la vida) y duradera que los planes y los programas de las clases dirigentes para ordenar y regimentar las vidas dentro de su dominación.

Explorar, investigar, sacar a luz ese humus requiere intencionalidad en la búsqueda; y en la búsqueda histórica son posibles diversas intencionalidades, no una mejor que la otra o más científica, sino diferentes (y, como suele a menudo suceder si el trabajo es bueno, esas indagaciones se cruzan y se nutren y se plantean entre si nuevas cuestiones e interrogantes).

Es imposible educar esa mirada si se considera a la División del Norte como una anomalía y no como una creación; si se la considera como un error, y no como una forma de la verdad de la vida; si se la ve como una interrupción del bien o una irrupción del mal: y no como una irrupción del bien (otro) y una interrupción del mal (otro).

Es imposible pensar la historia como la sola historia del orden (de las instituciones, de los museos, de los gobiernos, de la ciencia, del arte…) sin pensarla también como la historia de la humillación, del desorden, del sufrimiento impuesto por el orden dado en cada época y lugar.

[I, desgraciadamente, / el dolor crece en el mundo a cada rato / crece a treinta minutos por segundo, paso a paso – César Vallejo].

Es preciso estudiar como unidad los momentos de revelación y los momentos de rutina llena de vida: los sembradíos, las calles de las ciudades, los talleres, las plazas, las escuelas y sus aprendizajes, las cantinas, los cines y las fondas…

[Todo acto o voz genial viene del pueblo / y va hacia él, de frente o trasmitido / por incesantes briznas, por el humo rosado / de amargas contraseñas sin fortuna – César Vallejo].

En todos esos momentos vive y crea aquella parte inmensa de la especie humana que no está en los registros sino como estadística o como trabajo pasado cristalizado en obras, esa que con intermitencia irrumpe y se revela. Pero no es que despierta, sino nomás que aparece y se presenta.

Miradas: mirar allí y desde allí es una elección. Pero para hacerla y afirmarla en la vida y en la obra, no es requerido ni necesario ignorar o deprecar a quienes miran desde otros lados cuando lo hacen con rigor y con justicia. También éstos son necesarios para aquéllos.

Publicado el 01 de Noviembre de 2010

Fuente de la información e imagen: https://desinformemonos.org

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Yo, tú, nosotros…¡hagamos comunidad!

Por: Filiberto Francisco Mateo Martínez

 

Hacer comunidad requiere la participación de docentes, estudiantes, familias, organizaciones sociales, autoridades educativas y políticas, y de la …

Con la reforma educativa introducida en 2019 y conocida como Nueva Escuela Mexicana (NEM), además de la integración de la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu), se ha incrementado la relevancia de la comunidad (SEP, 2019) dentro del objetivo de proporcionar una formación integral a niñas, niños, adolescentes y jóvenes (NNAJ) con equidad y excelencia.

Una de las características de la NEM es su estructura abierta, la cual permite conocer y reconocer a las poblaciones históricamente excluidas y discriminadas por razones sociales, culturales, económicas y étnicas. La apuesta es clara: hacer comunidad desde la escuela, un espacio abierto para la construcción de una nueva sociedad con sentido de pertenencia e interdependencia.

Ello demanda de un trabajo conjunto bajo un enfoque de interculturalidad, a fin de reconocer la diversidad de comunidades y contextos donde interactúan las escuelas. Al efecto, resulta necesario incorporar conocimientos, saberes y experiencias de sus habitantes, es decir, concretar la vinculación comunidad escuela, con objeto de enriquecer la labor docente y lograr la formación integral de NNAJ.

Hacer comunidad requiere la participación de docentes, estudiantes, familias, organizaciones sociales, autoridades educativas y políticas, y de la sociedad en general, para la construcción de la NEM que queremos, en el entendido de que la educación es un bien público y común que nos debe importar, independientemente de que nuestros hijos o familiares asistan a la escuela o hayan concluido su formación académica.

Tradicionalmente, se ha dejado a la escuela la tarea de formar a la ciudadanía; sin embargo, de cara a los nuevos retos que tienen México y la humanidad, es necesaria la participación de todas y todos en la búsqueda del bienestar social. La educación es el camino para la transformación de la sociedad y, por ende, todas y todos estamos convocados a la tarea de formar ciudadanos con conocimientos, valores, actitudes y saberes necesarios para propiciar su bienestar personal y el desarrollo de la sociedad de la que son parte.

Yo, tú, nosotros… ¡hagamos comunidad! como un compromiso colectivo para lograr la transformación progresiva de las comunidades y entornos escolares. Incorporemos la diversidad cultural de México a las escuelas; recuperemos y reconozcamos los aportes de la medicina tradicional, los mecanismos de elección de autoridades, la gastronomía, las fiestas, la indumentaria y las lenguas… con la idea de favorecer el acceso al mismo trato, a las mismas oportunidades, a una educación con justicia social.

En este número de Educación en Movimiento, Mejoredu propone a sus lectoras y lectores la oportunidad de seguir reflexionando sobre la importancia de hacer comunidad y reconocer la existencia y la coexistencia del ser humano. ¡Hagamos comunidad! para conocer las opiniones, sugerencias, experiencias y conocimientos de los colaboradores de esta edición.

Editorial publicado en el Boletín Educación en Movimiento núm. 18 (tercera época) de Mejoredu.

Fuente de la información e imagen: https://profelandia.com

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Inclusión Educativa: El gran pendiente en la Nueva Escuela Mexicana

Por: Alejandro Moreno Lozano

 

El Plan y Programas 2022 incorpora el eje articulador de la Inclusión para mantener una visión que todas y todos accedan al aprendizaje en las mejores condiciones dentro de las instituciones educativas, en las cuales, cada maestra y maestro deben llevar a cabo una práctica docente diaria con las Niñas, Niños y Adolescentes, ya sea con o sin discapacidad, trastornos o síndromes.

Es fundamental comprender que dentro de la diversidad humana es natural que nazcan Niñas y Niños con características diferentes en términos intelectuales, emocionales y por supuesto  físicas. Esta comprensión se convierte en un punto de partida para que los que se dedican a la educación puedan brindar una educación de calidad con el objetivo de suprimir o reducir las Barreras para el Aprendizaje y la Participación, las cuales obstaculizan o impiden a algunos estudiantes acceder, progresar y completar su educación de la mejor manera posible.

Contenido

La inclusión educativa se materializa en los planes y programas de 2022 como un movimiento educativo avanzado que busca superar la exclusión que ha afectado tanto a las personas con diferencias físicas e intelectuales, con el objetivo de aprovechar la educación como un bien social del cual todos, sin distinción, debemos disfrutar.

La exclusión social y educativa, es un constructo con bases históricas que se fundamenta en características fácilmente perceptibles por los seres humanos, quienes califican, denigran y excluyen sin más motivo que la diferencia que creen de mayor valía que la dignidad de la persona. La Proclamación de los Derechos Humanos de 1948 establece que el simple hecho de que un individuo nazca dentro de la comunidad humana es totalmente suficiente para que sea considerado en dignidad por sus progenitores, familiares, comunidad y todos los demás que, al igual que él, han nacido humanos.

La materialización de los derechos humanos fundamentales requiere del esfuerzo de los profesionales implicados, especialmente en el ámbito educativo. Entre ellos se encuentran los trabajadores de la educación especial, a quienes se les confiere la responsabilidad de brindar atención y diseñar estrategias pedagógicas y de sensibilización para lograr la inclusión educativa, mitigando los efectos perjudiciales de las Barreras para el Aprendizaje y la Participación (BAP) que tanto afectan al Niño, Niña, Adolescente o Joven (NNAJ) en su ingreso, permanencia y exitosa finalización de la educación básica, media superior y superior en México.

La incorporación de estos aspectos en los planes de estudio de 2022 tiene como objetivo primordial cumplir con la Agenda 2030 de la ONU, especialmente en lo que respecta a los objetivos: 4 (“Educación de calidad”), 10 (“Reducción de las desigualdades”) y 16 (“Paz, justicia e instituciones sólidas”). Superar la exclusión implica un proceso continuo, no es un punto de llegada. Este proceso se lleva a cabo a diario en acciones que parecieran invisibles y, a veces, mediante denuncias directas de los actos que invisibilizan, destruyen o obstaculizan los derechos de los niñas,  niños y jóvenes del disfrute pleno de su derecho a la educación.

El nuevo plan de estudios tiene la intención de orientar la inclusión como un eje que guíe las acciones de todos los maestros de México, con el fin de mejorar las condiciones de la población en riesgo, que incluye a los Niños, Niñas, Adolescentes y Jóvenes con alguna discapacidad, síndrome o trastorno, ya sea del Espectro Autista o de Déficit de Atención. También se incluyen otras categorías en riesgo, como aquellos que tienen orientaciones sexuales diferentes o pertenecen a culturas o religiones minoritarias.

El papel del docente es hacer que la palabra plasmada en el papel adquiera dinamismo y se convierta en realidad a través de sus acciones. El maestro es quien, mediante el ejemplo, sensibiliza a otros estudiantes, padres y a la sociedad en general. Hagamos de la acción docente el norte de la inclusión

Conclusiones

Incluir el Eje articulador de la inclusión en en plan de estudios 2022, es una oportunidad que nos permite seguir avanzando en el amplio horizonte de posibilidades. Cada acción que realicemos en armonía con el contexto se convierte en una oportunidad que nos acerca, como sociedad, a la reducción de las Barreras para el Aprendizaje y la Participación (BAP), las cuales obstaculizan el pleno disfrute de la experiencia de aprendizaje por parte de las Niñas, Niños y Adolescentes en la Educación Básica, Media Superior y Superior en México y el mundo.

Tenemos la oportunidad de transformarnos  como sociedad en agentes inclusivos, capaces de generar cambios significativos en la vida de todas y todos. Esto implica estar dispuestos a adaptar nuevas visiones y prácticas, fomentar entornos inclusivos y brindar apoyo personalizado para garantizar que todos los estudiantes, sin importar sus diferencias, tengan igualdad de oportunidades y apoyos específicos para aprender y desarrollarse.

Los profesores de los niveles de educación básica, tienen el poder de promover la igualdad, el respeto y la valoración de la diversidad en el aula,  generando espacios seguros y acogedores donde cada estudiante se sienta aceptado y valorado por lo que es. Al hacerlo, estaremos construyendo una sociedad más inclusiva y equitativa, donde todos tengan la oportunidad de desarrollar su máximo potencial.

La inclusión educativa es un proceso continuo y desafiante, pero también es una oportunidad para marcar la diferencia en la vida de todas y todos en la construcción de un futuro más justo y equitativo. Aprovechemos esta oportunidad para transformar nuestra sociedad y convertirnos en agentes de cambio en el ámbito educativo.

Fuente de la información e imagen:  https://revistaaula.com

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¿Por qué le dedicamos tanto tiempo al trabajo y no a la escuela?

Por: Abelardo Carro Nava

Pensemos por un momento cuál es la función de la maestra o maestro en la escuela; pensemos si en verdad vale la pena destinar tanto tiempo al …

Con la llegada del cierre del ciclo escolar, las actividades de una naturaleza poco pedagógica y didáctica aparecen a raudales en los centros escolares; pienso que alguien, en algún momento de su aburrida función pública, sentado en la comodidad de un escritorio se le ocurrió que, a mayor cantidad de “papeleo” administrativo en las escuelas se obtendrían mejores resultados; claro, lo importante era conseguir, de la forma que fuera, la mal llamada calidad educativa aunque ello significara delegar a un segundo plano el aprendizaje de las niñas, niños y adolescentes.

1. Evaluaciones finales (con todo lo que ello implica: baterías por materia y/o grado, aplicación de exámenes, calificación de exámenes, concentrado de calificaciones, revisión de otros instrumentos de evaluación empleados en otras actividades para obtener calificaciones finales, registro de evaluaciones en listas específicas, etcétera), 2. Calificaciones finales, 3. “Subida” de evaluaciones/calificaciones a plataforma, 4. Fichas descriptivas y/u observaciones por alumno, 5. Expedientes de los alumnos en condición de rezago o sin rezago, 6. Planeación de actividades de reforzamiento para alumnos, y para alumnos en condición de rezago, 7. Elaboración de material didáctico para este plan de reforzamiento, 8. Planeación de actividades para reuniones con padres de familia, 9. Reunión para entrega de calificaciones/boletas a padres de familia, 10. Actividades del Programa denominado Escuela para Padres, 11. Cooperativa escolar, 12. Revisión de cuentas y entrega de cooperativa escolar, 13. Revisión de cuentas con Comités de Padres de Familia; 14. Revisión de cuentas con Contraloría, 15. Levantamiento o revisión de inventarios, 16. Elaboración de estadística y entrega de la misma, 17. Entrega de resguardos (TIC, libros, material o recursos didácticos diversos, etc.), 18. Actas de acuerdos de reuniones de vinculación realizadas durante el ciclo escolar, 19. Informes de avances de las actividades permanentes del Programa Escolar de Mejora Continua (PEMC) con evidencias del trabajo desarrollado en el aula, 20. Informes de comisiones (acción social, puntualidad e higiene, etcétera), 21. Revisión y entrega de bitácoras por grupo, 22. Entrega de portafolios con evidencias de aprendizaje del ciclo escolar, 23. Captura de evaluación diagnóstica de MEJOREDU, 24. Análisis y comparación de la primera aplicación de la evaluación diagnóstica de MEJOREDU con la captura de resultados de la segunda aplicación, 25. Gráficas de aprovechamiento por asignatura y grado, 26. Aplicación de exámenes de admisión en diferentes niveles educativos, 27. Informe(s) del Consejo de Participación Social, 28. Portafolio FONE, 29. Entrega del Programa La Escuela es Nuestra (LEEN), 30. Estrategia Estatal de Alfabetización con características propias del estado en que se aplique, 31. Implementación de la Estrategia Curricular en Igualdad de Género (ECIG), 32. Resultados de la aplicación de la Estrategia de Igualdad de Género, 33. Actualización y capacitación sobre la Nueva Escuela Mexicana, Plan de estudios 2022, Programa Sintético, Programa Analítico y Metodologías Activas, 34. Talleres de formación para directivos sobre la NEM con la finalidad de que sean reproducidos con sus colectivos docentes, 35. Cursos sobre Protección Civil y/o Seguridad Escolar, 36. Cursos sobre Convivencia Escolar y Pacífica, 37. Talleres sobre Educación Socioemocional y/o Emociones, 38. Preparación de materiales para los Consejos Técnicos Escolares (CTE), 39. Construcción del Programa Analítico, 40. Organización del siguiente ciclo escolar (grados, grupos y comisiones), 41. Reunión con autoridades (jefes de sector, supervisores o directores), 42. Ensayos para clausuras y/o graduaciones, 43. Ensayos para concursos de Himno Nacional y/o de Escoltas, 44. Demostraciones de aprendizajes o de diversas actividades que promuevan compartir experiencias, 45. Acantonamientos o campamentos pedagógicos, 46. Talleres para padres de familia e hijos, 47. Atención a la parcela escolar (de manera continua y permanente), 48. Faenas con alumnos, padres de familia y personas de la comunidad, 49. Ceremonias de clausura y/o graduación, 51 Preparación para el taller y formación continua programado para mediados de julio, 52. Entrega y/o cumplimiento de todo lo anterior para recibir hoja de liberación y, con ello, “disfrutar” de un receso escolar que es eso, un receso y no vacaciones.

Lo anterior, solo es un breve listado de esas actividades que llegan a raudales a las escuelas, prácticamente, a principios del mes de junio. ¿Cuál es su sentido pedagógico, didáctico o formativo? Como se ha visto, muchas de ellas obedecen al plano de la gestión escolar, otras están vinculadas a la formación continua, una tantas más refieren a un proceso de demostración del trabajo realizado, etcétera, sin embargo, unas cuantas más no tienen un sentido formativo más que aquel que la misma autoridad educativa suele determinar en sus territorios.

¿Y si dejáramos de pensar que la escuela son infinidad de documentos, informes, reportes, fichas, etcétera, etcétera, etcétera que los docentes tienen que entregar para que puedan ser “liberados” y nos enfocáramos en lo que realmente es importante como el proceso de enseñanza y aprendizaje? No niego que, en ese proceso, por ejemplo, la planeación didáctica sea importante, pero dicha planeación, ¿tiene que hacerse en el formato que la autoridad educativa determine para que pueda ser entregado o subido a una plataforma que, mayoritariamente, nadie revisa y, mucho menos, brinda sugerencias? En verdad ¿es necesario la entrega de tantos informes que, prácticamente, nadie revisa y mucho menos retroalimenta?

Y bueno, ojalá que toda la información solicitada se empleara para que los colectivos docentes, tanto al final del ciclo escolar o al inicio de éste recibieran esa retroalimentación tan requerida, por ejemplo, de las actividades que de la noche a la mañana son impuestas desde las Secretaría de Educación Pública federal o estatales, pero no, desafortunadamente no sucede así, porque los informes, los reportes, los documentos, entre otros, generalmente terminan en un archivero que, años más tarde, se convierten en archivo muerto.

Pensemos por un momento cuál es la función de la maestra o maestro en la escuela; pensemos si en verdad vale la pena destinar tanto tiempo al “papeleo” administrativo en lugar del pedagógico y didáctico; pensemos si en verdad vale la pena destinar tanto tiempo a un trabajo infructuoso en lugar de aquel que puede destinársele a la escuela donde la prioridad didáctico-pedagógica, siempre y en todo momento, tendría que ser el motor que encendiera el aprendizaje de las niñas y los niños.

Pensemos por un instante, en qué momento dejamos de dedicarle más tiempo a la escuela para destinárselo al trabajo. Sí, pensémoslo por un instante…

Fuente de la información:  https://profelandia.com

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«Peligroso comprometer la calidad de la educación en México»: Sasha Klainer

Especialistas advirtieron que pocas instituciones han priorizado en su agenda la formación, preparación y actualización continua de sus profesores, y la evaluación del desempeño para cumplir con estándares de calidad en el país

El avance y el estado que guardan la matrícula escolar, infraestructura educativa y la nómina magisterial, empieza a estancarse luego de que la Secretaría de Educación Pública (SEP) pidió al Inegi dejar de considerar de interés nacional al Sistema de Información y Gestión Educativa (SIGED), plataforma que genera información sobre la matrícula escolar, la infraestructura educativa y la nómina magisterial.

El SIGED actualmente contempla escasos indicadores de avances en calidad educativa.

En ese contexto especialistas y directivos de instituciones educativas expresaron su preocupación por la calidad de la educación que se imparte en México.

Detallaron que la calidad de la enseñanza es uno de los principales retos de la educación en México y  advirtieron que pocas instituciones han priorizado en su agenda la formación, preparación y actualización continua de sus profesores, y la evaluación del desempeño para cumplir con estándares de calidad competitivos en el país.

“Es peligroso comprometer la calidad de la educación”, advirtió el Director General del Colegio Bilbao, Sasha Klainer.

Detalló que la educación debe ser entendida a la luz de los valores donde se halla el equilibrio entre el humanismo y sustentabilidad.

“Con ello se nutre nuestra visión con esta perspectiva, considerando las particularidades de contexto, cultura, idiosincrasia y especificidades socioeconómicas, podemos lograr avances notables”, estableció

Como parte de esa estrategia para auditar y vigilar que se cumpla con estándares educativos de competitividad, la a consultora internacional de especialistas en educación, Team up for Education, y el experto experto internacional en este rubro, Christoph Ott, visitaron varias instituciones educativas en México entre ellas el Colegio Bilbao de la Ciudad de México, con la intención de iniciar el proceso de garantía en calidad educativa, que brinda el distintivo suizo Quality Schools Certificate (QSC).

“Uno de los motores que nos mueve en Team Up for Education a seguir fomentando esta clase de iniciativas entre los colegios en México, es que todavía en muchas escuelas hemos visto que el personal dedicado a orientar a los jóvenes para seleccionar su carrera profesional, no cuenta con la formación ni los conocimientos, e incluso con el interés, para fomentar una toma de decisión madura y consciente”, explicó Angélica Ulloa, consultora en educación internacional de Team Up for Education.

Hace unos días, ante senadores, el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, advirtió que el sistema de educación en México tuvo un impacto muy serio por la pandemia de Covid-19, lo que exacerbó inequidades existentes y amplio la brecha de 4 años entre estudiantes de alto y bajo nivel que ya de por si era una situación delicada.

“El sistema de educación de México tuvo un impacto muy serio por la pandemia y esto exacerbó inequidades ya existentes. Inclusive, antes de la pandemia la brecha entre los estudiantes de alto y bajo nivel en México era equivalente a cuatro años de escolaridad”, aseveró.

Fuente:  https://www.cronica.com.mx/nacional/peligroso-comprometer-calidad-educacion-mexico-sasha-klainer.html

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“Ningún espacio tiene sentido si no se okupa”: protestas contra la violencia económica en la Ciudad de México

Por: Carla Carpio Pacheco*

 

El pasado sábado 3 y domingo 4 de junio personas vestidas de civil y uniformadas bajo el nombre de “Muralla” de la alcaldía Cuauhtémoc, quitaron a colectivas que se organizan en protestas feministas contra la violencia económica en la Plaza Río de Janeiro de la colonia Roma en la Ciudad de México. No es la primera vez que grupos policiales tratan de desalojar la plaza que ocupan los fines de semana desde hace dos años las colectivas, pero sí ha sido una de las veces más violentas porque en el desalojo arrebataron mercancías y artículos personales de las manifestantes (Del Castillo, 2023).

La respuesta de la colectiva La Marea Morada ha sido seguir resistiendo y ocupando el espacio, ya sin venta, únicamente con jornadas de trueque abierto al público, talleres y charlas informativas sobre los objetivos de su protesta. La represión que han ejercido en su contra forma parte de otras acciones de la alcaldía para modificar el uso del espacio público, que va desde el intento por desaparecer los rótulos de los negocios hasta las restricciones en el uso de las plazas para el baile popular (Foto 1).

Pero, ¿qué son las protestas contra la violencia económica, también conocidas como mercaditas?, ¿cómo surgieron?, ¿cuáles son las prácticas que llevan a cabo en sus manifestaciones?, ¿por qué son relevantes las tomas que realizan del espacio público?

Organizarse durante el confinamiento

Las mercaditas son grupos de mujeres que se “tienden” en el espacio público para vender e intercambiar productos que ellas mismas realizan como velas, bordados, bolsas, joyería, libretas, jabones, grabados, stickers, comida vegana, etc., así como ropa de segunda mano, y en menor medida otros accesorios manufacturados industrialmente. Se caracterizan por plantear sus acciones como protestas feministas contra la violencia económica, y se identifican porque sus “puestos” se acompañan de pancartas y consignas que se posicionan frente al patriarcado y el sistema económico imperante.

Estos grupos surgieron a finales de 2020, en el contexto del confinamiento por la pandemia de covid-19. Como en otros ámbitos de la vida, durante esa época las redes sociodigitales fueron una herramienta fundamental para convocar a las “tendidas” exclusivas de mujeres en diversas estaciones del sistema de transporte colectivo metro. Si bien algunas acudieron de forma individual, con el tiempo se conformaron colectivos que continuaron ocupando intermitentemente algunas estaciones. Sin embargo, las disputas por el espacio de venta con vendedores ambulantes y la constante presión por parte de las autoridades del metro ocasionó que se dispersaran hacia otros lugares.

Foto tomada por la autora el 7 de mayo de 2023
Así, en medio de tensiones con las autoridades y episodios de conflicto con ambulantes, las acciones de protesta en la red del metro continuaron hasta febrero de 2022, cuando fue realizado un operativo que tuvo por objeto “liberar” del ambulantaje toda la red del metro, lo cual significó el fin de las mercaditas en ese lugar.

De forma paralela a las “tomas” del metro, se llevaron a cabo algunas mercaditas como parte de los repertorios de acción de otras manifestaciones feministas en zonas periféricas del Estado de México. Por ejemplo, la colectiva Rudas Chimalhuacán Aborteras convocó a realizar una mercadita junto con la elaboración de un mural en noviembre de 2020 en memoria del feminicidio de Diana Velázquez asesinada en Chimalhuacán. Otro caso que tuvo lugar en 2021 fue la Mercadita anti 10 de mayo, por la colectiva Las brujas de la Paz, en el municipio de Los Reyes La Paz, con el objetivo de visibilizar a las madres de desaparecidos, a las madres asesinadas, a las mujeres obligadas a ser madres, y por supuesto también la violencia económica y precarización (Castro, P. et al., 2021).

Asimismo, algunos grupos de mujeres que primero ocuparon el metro, después se conformaron como colectivas y se establecieron en algunas plazas y calles de la ciudad de México. Desde entonces se colocan de manera recurrente los fines de semana en las inmediaciones de la plaza de Bellas Artes, el muro de la Biblioteca Vasconcelos y en la Plaza Río de Janeiro en la Colonia Roma.

Aunque en cada lugar tienen características particulares, el denominador común de sus reclamos es la violencia económica que afecta principalmente a las mujeres y la precariedad entendida en un sentido amplio, como la falta de empleos y las malas condiciones de los que hay, que no permiten el desarrollo y cuidado de la vida en su conjunto. Su tipo de manifestación no contiene un pliego petitorio dirigido a ninguna autoridad estatal en particular, la ocupación que realizan del espacio es la protesta en sí misma, y ponen en práctica aquello por lo que están luchando: una forma amplia de entender la economía, porque además de los recursos monetarios generan vínculos y redes de apoyo mutuo.

Las mercaditas como okupaciones móviles y temporales del espacio público

Como investigadora, una de las preguntas que ha recorrido mi trabajo tiene que ver con la manera en que las personas se autoconvocan para llevar a cabo acciones en el espacio público, y el proceso por el cual lo transforman en un espacio común.

En la misma alcaldía Cuauhtémoc encontramos varios casos donde la ciudadanía ocupa distintas plazas de la ciudad con el fin de bailar y escuchar música los fines de semana, sobre todo entre sectores populares y de la tercera edad. Este tipo de espacios sin que tengan una intención política explícita son formas de ejercer el derecho a la ciudad que expresan “un derecho a cambiar y reinventar la ciudad…un derecho que es más colectivo que individual” (Harvey, 2013, pp. 20).

Sin embargo, ejercer ese derecho no está exento de conflictos, como el pasado mes de febrero de este año cuando fue removido el sonidero Sincelejo que congregaba una amplia comunidad de baile los domingos en la plaza de Santa María la Ribera (Wong, 2023).

No es casual que sean las mujeres, en el caso de las mercaditas, y personas de la tercera edad, en el caso del baile, quienes encabezan este tipo de tomas del espacio público, pues son sectores para quienes la dinámica de la ciudad se torna más hostil y violenta. En una sociedad como la actual que promueve una lógica individualista para la supervivencia y cuyo tejido social está constantemente fracturado, este tipo de acciones contribuyen a regenerar o hilvanar nuevas colectividades y comunidades afectivas entre las y los habitantes de la ciudad, ya sea por afinidad de intereses, por arraigo barrial, o por convergencia de ideas políticas.

En el caso de las mercaditas, además de la venta e intercambio de productos en la vía pública realizan talleres, charlas y otras actividades culturales de cooperación voluntaria o gratuitos para mujeres, infancias y disidencias. En estos espacios comparten algunos conocimientos sobre las técnicas artísticas mediante las que crean los productos que venden (bordado, serigrafía, collage, pintura, dibujo, joyería, etc.), hablan sobre temas relacionados con el feminismo, la economía solidaria, el autocuidado físico y emocional, etc. También organizan jornadas de trueque, ollas comunes, exposiciones gráficas y presentaciones artísticas.

Las actividades político-culturales que realizan funcionan tanto para afianzar la integración de las colectivas, como para vincularse con otras mujeres que se sumen a la protesta, y finalmente para que su protesta interactúe de forma no violenta con los transeúntes y habitantes de las zonas donde se ubican. Entre otras estrategias, para integrarse al entorno urbano han evitado la obstrucción del tránsito y del mobiliario urbano y procuran la limpieza del espacio que ocupan sus puestos cuando son retirados, en ese sentido realizan un uso estratégico del espacio público.

Foto: FB Mercadita Vassincelos, 14 de septiembre de 2022
Todas estas acciones dan sustento a una de sus consignas: “No se trata de un tianguis sino de una protesta”. Esto no significa posicionamiento en contra de los tianguis, pero enfatizan que su intención va más allá de la venta ambulante y abarca una serie de acciones con un objetivo explícitamente político que incluso vincula con otros proyectos autogestivos, artísticos y culturales.

Con ello buscan generar espacios que consideran seguros para las mujeres, infancias y disidencias por medio de la ocupación móvil del espacio. También podemos afirmar que han contribuido en la actualización de un formato que, si bien se llevaba a cabo dentro de los repertorios de la protesta social, adquiere características propias a la luz de las movilizaciones feministas recientes. En su modalidad de “okupaciones temporales” y abiertas al público, el ejercicio de ocupación ha conseguido integrarse a la dinámica de los habitantes y transeúntes, y al ser constantes y no efímeras, han logrado generar vínculos que refuerzan comunidades afectivas.

El sentido político de apropiarse activa pero momentáneamente de la calle, ha sido retratado por ellas mismas y compartido a través de sus publicaciones en redes sociales. Por ejemplo, en la página de facebook de la Mercadita Vassincelos se muestra una foto el muro y el tramo de calle vacío de la biblioteca José Vasconcelos, donde generalmente colocan sus puestos. Por la iluminación da la impresión que fue tomada muy temprano, quizá antes de “tenderse” y se acompaña del siguiente texto “Ningún espacio tiene significado si ningún ser vivo lo okupa. Nosotras hacemos el espacio sobre la barda que ahora llamamos mercadita Vassincelos, es nuestra espacia segura” (Foto 2).

Esta imagen da testimonio de que algo está por ocurrir, enfatizan la ausencia, y mediante ellas las fotógrafas captan algo de lo cual no hay rastros visibles más que el propio espacio vacío. La lente fotográfica de quien captó estas imágenes nos permite acceder al “inconsciente óptico” (Benjamin, 1931, pp. 8) de esos espacios por donde quizá hemos transitado y pocas veces reparado, colocando un énfasis en ellos a partir de la ausencia de las mercaditas.

Con estas reflexiones en mente, quisiera regresar a la pregunta inicial: ¿por qué son relevantes las tomas que realizan las mercaditas del espacio público? Considero fundamental tener en cuenta que las protestas de estas colectivas de mujeres fomentan la posibilidad de la población para autoorganizarse en acciones colectivas y ejercer el derecho a la ciudad sin intermediación de las autoridades por medio de la configuración de comunidades afectivas fundamentales para sostener la vida en sociedad.

Referencias

Benjamin, Walter. (1931). Breve historia de la fotografía, Pre-textos.

Castro, P., Andrade, L., Hurtado, D., Bustamante A., Montoya M., Reyes, K., & Hernández N., (13 de abril de 2021) Mercaditas: la lucha de las mujeres por la sobrevivencia y el espacio público. Corriente alterna. UNAM. Recuperado de Corriente alterna

Del Castillo A. (7 de junio de 2023) Colectivas feministas defienden la protesta económica en la alcaldía Cuauhtémoc. La-Lista. Consultado en:

Gravante, T. (2023) Activismo de base prefigurativo y futuros alternativos. Una propuesta de análisis. Andamios. Volumen 20, número 51, enero-abril, 2023, pp. 133-166

Harvey, David. (2013). Ciudades rebeldes. Del derecho a la ciudad a la revolución urbana, Akal, Madrid.

Wong, A. (19 de febrero de 2023) Apagan a sonideros en CDMX; no podrán tocar en la Alameda de la Santa María la Ribera. Milenio. Consultado en:

https://www.milenio.com/politica/comunidad/sonideros-cdmx-tocar-alameda-santa-maria

* carpa.cv@gmail.com. Socióloga de-formación y feminista por convicción desde que nos acuerpamos en la Colectiva Sícorax junto con otras escritoras, maestras y latinoamericanistas en 2016. Actualmente realizo una investigación como becaria posdoctoral de la UNAM en el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) que se titula Frente a la violencia machista, autogestión feminista: trayectorias rebeldes en las protestas feministas contra la violencia económica.

Fuente de la información: https://desinformemonos.org

Foto: FB Mercadita Vassincelos

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