Agencia Internacional de Energia / www.finanzasdigital.com / 4 de Octubre de 2017
Las proyecciones sobre el petróleo de esquisto estadounidense y la incertidumbre sobre las importaciones chinas podrían llevar a que los inventarios vuelvan a crecer en el 2018 después de que los recortes de los productores dentro y fuera de la OPEP contribuyeron a reducciones “sustanciales” este año, dijo la Agencia Internacional de Energía (AIE).
“Suponiendo que la producción de la OPEP siga estable, en los próximos seis a nueve meses no veremos grandes saltos en los inventarios de crudo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)”, dijo el viernes Olivier Lejeune, analista de mercado de almacenamiento de petróleo de la AIE.
“Nuestros balances implican un aumento en el 2018”, agregó Lejeune, asumiendo nuevamente una producción estable de la OPEP.
Una de las razones clave para una ralentización en la caída de los inventarios el próximo año sería un aumento previsto en el bombeo fuera de la OPEP, liderada por los productores de crudo de esquisto en Estados Unidos, donde la AIE espera que el bombreo repunte en 1,1 millones de barriles por día (bpd).
A esto se suma la incertidumbre acerca de las importaciones chinas de crudo.
La falta de datos sólidos de inventarios en China limita la capacidad para estimar su demanda futura, pero la escala de sus importaciones este año implica una subida bastante grande en sus reservas comerciales y estratégicas, lo que en cierta medida compensa otras reducciones de los inventarios.
El presidente siempre ha estado obsesionado con las armas nucleares, y considera una «bobada» los argumentos para no usar ese tipo de arsenal
En noviembre de 1950, cuando los soldados norcoreanos hicieron retroceder al ejército de Estados Unidos, el presidente Truman convocó una rueda de prensa que ha pasado a la historia y en la que amenazó con iniciar una guerra nuclear.
Después de que Truman pronunciara unas palabras insustanciales y hablara durante algunos minutos sobre pormenores diplomáticos, un periodista preguntó si Estados Unidos utilizaría su armamento nuclear. El presidente estadounidense afirmó que no solo estaba sopesando la posibilidad de un ataque de esas características, sino que además el “responsable militar en el terreno” decidiría si era mejor dirigir este ataque contra militares o civiles. Tampoco descartó la posibilidad de atacar a China [aliado de Corea del Norte].
Esas palabras desencadenaron el caos. Tanto el electorado como las Naciones Unidas y los aliados de Estados Unidos empezaron a mostrarse en contra de la presencia militar en la península de Corea. La rueda de prensa se convirtió en un ejemplo de manual sobre cómo no debe ser la diplomacia nuclear.
Todos los presidentes han intentado no cometer el mismo error. Ahora, el presidente Trump ha roto esta tendencia y ha pronunciado un discurso en el que lanza amenazas “de fuego y furia” contra Pyongyang.
Tras la sexta prueba nuclear de Corea del Norte, todo parece indicar que Trump se encamina hacia otra crisis diplomática. Ha criticado la pasividad de Corea del Sur y ha amenazado con poner fin al acuerdo comercial que une a este país con Estados Unidos. También ha amenazado con imponer sanciones a China y ha alertado sobre la posibilidad de que Estados Unidos haga uso de su armamento nuclear. Mientras escribo esta columna, el apoyo internacional en torno a la crisis de Corea del Norte disminuye cada minuto que pasa.
Parte de la derecha de Estados Unidos siempre ha sopesado la posibilidad de una guerra nuclear. Esta idea tiene su origen en la descripción que hizo el diplomático Paul Nitze del bombardeo atómico de Hiroshima en 1945. A Nitze le impactó el hecho de que personas que estaban en la zona del impacto sobrevivieran y que los trenes volvieran a funcionar en menos de 48 horas, así como el hecho de que la cifra de muertos y heridos fuera parecida a la de los ataques de las fuerzas aliadas contra Berlín y Dresde.
Si bien Nitze se convirtió al final de sus días en un firme defensor del desarme unilateral, lo cierto es que durante la mayor parte de su vida trató de inculcar la noción de que la estrategia nuclear no solo era una opción, sino que era la opción ganadora. Creía que solo si estabas dispuesto a librar una guerra nuclear –sobrevivir y ganarla– tenías el poder de disuasión necesario para prevenirla.
Y esto es precisamente lo que creen Trump y un grupo de estrategas que recientemente ha quedado marginado. Trump siempre ha estado obsesionado con las armas nucleares.
La «bobada» de la bomba
En 1984, Trump afirmó que podía obligar a Rusia a aceptar una tregua militar. Y soltó a un periodista: “Con una hora y media puedes aprender todo lo que necesitas saber sobre misiles… creo que yo ya sé todo lo necesario”. En 1990, en declaraciones a la revista Playboy afirmó: “Siempre he reflexionado sobre una posible guerra nuclear, es un elemento muy relevante en mi proceso de reflexión”, y puntualizó que los argumentos detrás de la tradición de Estados Unidos de no utilizar este tipo de armamento eran “una bobada”.
Sin embargo, una característica común de los halcones nucleares de Washington, desde la era Truman hasta la de George H. W. Bush, es que no utilizaron armas nucleares. Nitze, por ejemplo, intentó repetidamente y por todos los medios llegar a acuerdos estratégicos para reducir el arsenal nuclear ruso y al mismo tiempo ejercía presión militar y económica sobre Rusia.
Incluso los halcones más agresivos entendían que debían salvaguardar un sistema internacional. Cuando, tras la caída de la Unión Soviética en 1991 este sistema pasó a ser unipolar, el delirio de la derecha de tener un poder mundial absoluto sirvió para calmar su sed de aniquilación nuclear. Este poder absoluto se traducía en la visión de los soldados abriendo a patadas las puertas de los lugareños. Lanzar misiles balísticos era cosa de enclenques. Ahora, Estados Unidos es el enclenque. La rabieta infantil de Trump con Seúl es una buena muestra de ello.
El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in , se hizo con el poder en mayo después de que millones de manifestantes forzaran la destitución de su predecesora, Park Geun-hye, de tendencia derechista. El nuevo presidente ha prometido derogar las leyes de seguridad cuyo propósito era reprimir a la izquierda. También ha prometido promover la reconciliación con Corea del Norte y ha abogado por diseñar una política exterior propia, al margen de Estados Unidos. Por otra parte, al menos en un inicio, se ha opuesto al despliegue de sistemas de defensa antimisiles estadounidenses.
Si vas a utilizar a Corea del Norte para provocar un conflicto de poder con China, como reconoció abiertamente Steve Bannon, exasesor de Trump, es mejor que primero estés seguro de que tu país aliado en ese conflicto está liderado por un halcón. Para Estados Unidos, este no es el caso.
En primer lugar, la inestable democracia de Corea del Sur está funcionando mejor que la de Estados Unidos y Park fue destituida por delitos mucho menos graves de los que supuestamente ha cometido Trump. Y en segundo lugar, el pueblo de Corea del Sur entiende que China es la fuerza hegemónica emergente en el Pacífico. El sistema mundial unipolar está dando paso a un sistema caótico en el que China y Rusia crean polaridades locales débiles. Entender qué fuerza liderará la región en el siglo XXI no es difícil si vives en la península de Corea. Estos son los hechos que tienen en cuenta las fuerzas que intentan frenar a Trump.
Imaginemos que Kim lanza un misil nuclear contra Guam o Japón y que entonces Estados Unidos lanza bombas sobre dos o tres puntos estratégicos en Corea del Norte y hunde la marina de Pyongyang. Tras esta acción, estalla una guerra convencional y breve que destruye Seúl y la mayor parte de Corea del Norte. China, sacudida por lo sucedido, reconoce que se equivocó en sus cálculos y no lanza una ofensiva.
Este sería probablemente el escenario menos destructivo del que sería el primer ataque nuclear desde 1945. Sin embargo, deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿qué lección aprenderían Rusia y China? Aprenderían que las armas nucleares sirven para conseguir una victoria geopolítica. Desde un punto de vista moral, aprenderían la lección de que la aniquilación nuclear está permitida.
En un contexto mundial en el que el poder de Estados Unidos está disminuyendo, la comunidad internacional en su conjunto, y muy especialmente las democracias consolidadas de Europa Occidental, tienen la responsabilidad de promover un sistema multipolar respaldado por tratados que separen de forma explícita el comercio de los intereses geopolíticos. Ahora mismo, el peligro al que nos enfrentamos no es solo el fin del tabú nuclear sino también que las decisiones irracionales de Kim y Trump destruyan la posibilidad de un sistema mundial multipolar creado a partir de un consenso.
Bannon, que fue expulsado de la Casa Blanca por un grupo de exgenerales que intentan frenar a Trump, califica a sus adversarios de “conciliadores racionales ”. En un contexto en el que China se perfila como un peso pesado del sistema mundial de poderes, ser conciliador es, en efecto, lo más racional.
La conciliación no implica que no puedas criticar las acciones de otros países o que no puedas apoyar a los defensores de la democracia en países como China o Corea del Norte. Tampoco implica una retirada unilateral de las tropas. Implica que debes dialogar.
Dados los modestos progresos realizados durante este año desde que los países se comprometieron a respaldar la educación de los refugiados en la Cumbre de Líderes de la Asamblea General de la ONU, se están haciendo reiterados llamamientos para que se tomen medidas inmediatamente.
En su informe Losing Out On Learning, Save the Children señala que los lentos progresos dejan a los refugiados ante un futuro incierto y a sus países de acogida sin un apoyo adecuado. Además, ACNURafirma que 65,6 millonesde personas en todo el mundo, una cifra sin precedentes, se han visto obligadas a abandonar sus hogares.
La crisis de la educación de los refugiados
El estado de la prestación de la educación para los refugiados en el mundo es su propia emergencia, tal como confirmará el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (Informe GEM) 2019, que se está redactando, al abordar la migración, el desplazamiento y la educación. Más de la mitad de los niños refugiados del mundo –3,5 millones– no están escolarizados.
No tener la oportunidad de recibir educación significa no tener la oportunidad de aprender, y también ocasiona un probable retroceso en los conocimientos que los niños ya habían adquirido. De hecho, cuanto más tiempo los niños no asisten a la escuela, más habilidades y conocimientos previamente adquiridos van perdiendo, según una entrada de blogde dos expertos de Save the Children: Joseph Nhan-O’Reilly, jefe de políticas de educación y promoción, y Sébastien Hine, asesor de investigación sobre educación.
Un plan global, una acción nacional
Nhan-O’Reilly y Hine instan a los estados miembro y a las instituciones internacionales a desarrollar y respaldar con los fondos y el apoyo técnico necesarios un plan global destinado a garantizar que todos los niños refugiados puedan tener acceso a una educación de calidad. Los gobiernos de los países de acogida también deben recibir apoyo para desarrollar unos planes de acción nacionales que garanticen la educación de los refugiados, afirman. Estos planes ayudarían a los gobiernos de los países de acogida a tener una comprensión común más amplia de la situación en la que se encuentra la educación de los refugiados en sus países y a establecer un marco político y de prestación que garantice que todos los niños refugiados puedan asistir a la escuela.
Según ellos, la comunidad internacional debería también comprometerse a que ningún Plan de Acción Nacional para la Educación de los Refugiados que fuera adecuado no pudiera ser aplicado por falta de recursos. Han identificado cuatro ámbitos de acción para hacer realidad esta promesa:
· Incrementar la inversión: El déficit de financiación debe subsanarse con recursos adicionales;
· Integrar a los refugiados: Los gobiernos de los países de acogida deberían elaborar unos planes y aprobar unas políticas que garanticen que todos los niños refugiados, independientemente del estado de su documentación, puedan tener acceso a una educación adecuada y de calidad, que forme parte del sistema nacional y esté reconocida por éste;
· Mejorar la educación: La prestación actual de educación para los refugiados debe mejorarse para garantizar el aprendizaje y el bienestar del estudiante;
· Mejorar la rendición de cuentas: La comunidad internacional debería crear un marco de resultados y de rendición de cuentas para el cumplimiento de los compromisos de la Declaración de Nueva York relativos a la educación, que estableciera unos objetivos y unos indicadores de resultados mensurables y sujetos a unos plazos concretos.
Los compromisos mundiales están rezagados
En la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2016, dos eventos garantizaron que se realizaran progresos con respecto a los refugiados y su educación. (i) La Declaración de Nueva York expresó el compromiso de la comunidad internacional de que ningún niño migrante quedaría excluido de la escuela más que unos pocos meses después de su desplazamiento. (ii) En la Cumbre de Líderes sobre los Refugiados, 18 países, entre ellos Estados Unidos, Canadá, Alemania y México, se comprometieron de manera significativa a respaldar la educación de los refugiados –entre estos países se encontraban 14 países de acogida de refugiados y 4 países donantes. En total, estos compromisos deberían permitir que un millón de refugiados estuvieran escolarizados.
Un año más tarde, el informe de Save the Children, Losing Out On Learning, pasa revista a los progresos realizados en cada uno de estos 18 países. Comprueba que, desde la Cumbre de Líderes, los progresos realizados con respecto a estos compromisos han sido modestos, pero el peso de la responsabilidad recae de manera desproporcionada en los países de rentas bajas y medias. Los progresos logrados son notables en países como Turquía, Jordania y Etiopía, que han creado 290.000 plazas escolares adicionales, y Chad, que ha realizado progresos con respecto al suministro de libros de texto y a la acreditación de los docentes refugiados.
IE: Una educación de calidad para los refugiados
La conferencia de la Internacional de la Educación (IE) sobre la educación de los refugiados, que tuvo lugar en Estocolmo en noviembre de 2016 y contó con la participación de sindicatos, la sociedad civil, funcionarios gubernamentales, docentes y estudiantes de 43 países, propuso una gran cantidad de ideas.
Entre los compromisos contraídos, y los que se siguen generando, la IE lideró el camino con tres promesas:
· La IE se compromete a presionar para que se celebre una reunión de la Unión Europea que aborde los desafíos educativos con los que se enfrentan los niños y los jóvenes refugiados;
· La IE asegura a sus compañeros africanos que la educación de los refugiados seguirá ocupando un lugar prioritario en el programa de la IE y que se prestará especial atención a las afiliadas africanas;
· Un compromiso con la Educación para la Ciudadanía Mundial. La IE se compromete a seguir defendiendo a sus socios mundiales y anima a sus organizaciones miembro a liderar el camino y a compartir experiencias con sus miembros individuales. El debate sobre la ciudadanía mundial debe ponerse en práctica para nutrir a las futuras generaciones de ciudadanos mundiales. La IE pide a sus afiliadas que informen a sus miembros dedicando espacio en sus publicaciones y mediante comunicaciones en línea que promuevan la realización de acciones en todo el mundo relacionadas con la ciudadanía mundial.
El 13 de septiembre, en el taller regional africano de la IE sobre la educación de los refugiados, que tuvo lugar en Addis Abeba, Etiopía, los representantes de los sindicatos de la educación de 11 países de África se comprometieron a defender los derechos a aprender y a enseñar de los refugiados.
Durante este evento, 30 activistas sindicales de la educación examinaron de qué manera las afiliadas de la IE pueden trabajar tanto dentro de sus estructuras como junto a otras partes interesadas, el gobierno y agencias intergubernamentales para fomentar el acceso de todos los refugiados a una educación de calidad, promover los derechos de los docentes refugiados y proporcionar oportunidades de desarrollo profesional al personal de la educación que trabaja con los refugiados y la población desplazada.
La película presenta de forma paralela las historias de dos jóvenes adolescentes. De este modo se pretende hacer una comparación entre las vidas una pareja de adolescentes de clase acomodada, Aline (Lucila Gallart) y su novio Valentín (José Luis Reséndez), y las vidas de Miroslava (Evangelina Sosa) y Sergio (Mauricio Islas). Se trata también la manera en que las chicas hacen frente a sus embarazos precoces, y las reacciones de sus respectivas familias, amigos y conocidos. de como son obligadas a no tener a los bebes. Miroslava es una adolescente que pertenece a una familia numerosa en crisis economica, sin duda su vida empeora cuando sergio quiere vender al hijo de miroslava para tomar sus organos. Aline es otra chica que es sometida por su pareja para mantener relaciones sexuales y hacerse el aborto, debido a que es hija unica tiene una madre que pertenece a una alta sociedad mexicana.
Las familias boricuas que están llegando al Estado del Sol con sus hijos no tendrán que pagar por las comidas escolares, según reveló el Departamento de Agricultura y Servicios al Consumidor
América del Norte/Estados Unidos/03.10.2017/Autor y Fuente: http://www.diariolasamericas.com
A medida que llegan más puertorriqueños a la Florida, como resultado de la devastación que dejó el huracán María tras su paso por esa nación insular, las autoridades en los Estados Unidos adoptan nuevas medidas para ayudar a los estudiantes y a sus padres entre las miles de personas evacuadas a raíz de la tormenta.A través del Programa Nacional de Almuerzos Escolares, los estudiantes que quieran continuar con sus deberes académicos no tendrán que pagar por sus almuerzos, como parte de un beneficio establecido por leyes federales que amparan a estudiantes desplazados de sus hogares en situaciones de emergencia como huracanes y grandes devastaciones.
Según un comunicado emitido por el Departamento de Agricultura y Servicios al Consumidor de la Florida, que supervisa los programas de nutrición escolar del estado desde 2012, se trata de «una respuesta a la crisis por la que atraviesa la isla caribeña».
Adam H. Putnam, comisionado de Agricultura de la Florida, visitó diversos centros escolares para comprobar que se esté implementando este beneficio y, de paso, instruir al personal de estas escuelas en ese sentido.
Como expresó Putnam, «nuestros vecinos y compatriotas americanos en Puerto Rico necesitan toda la ayuda y apoyo que lo podemos ofrecer. A todas las familias que están saliendo de Puerto Rico y llegando a la Florida, ustedes no tendrán que preocuparse por cómo irán a pagar las comidas escolares de sus hijos.”
América del Norte/México/03.10.2017/Autor y Fuente:http://www.prensa-latina.cu/
De los 16,3 millones de alumnos de los distintos niveles, el 52 por ciento regresó a las escuelas a una semana del sismo del pasado 19 de septiembre en México, aseguró hoy Aurelio Nuño, secretario de Educación Pública.
Precisó que se seguirá trabajando en la reparación de los centros dañados, en la edificación de nuevos para reponer los colapsados y la reubicación de los estudiantes para que en breve se incorporen a las aulas.
Reconoció que faltan por volver a los centros docente 7,8 millones de educando de varios niveles.
Al analizar cómo se podrá recuperar el tiempo perdido por las afectaciones del seísmo, indicó que habrá que esperar a tener el total de alumnos en las aulas para diseñar la estrategia.
Hasta el último informe había 577 escuelas dañadas, las cuales se tendrán que reconstruir de manera total, dijo Nuño.
Mientras los planteles que tendrán que ser reconstruido de manera parcial serán unos mil 800, y otros 10 mil tienen daños menores que deben solucionarse.
El titular de Educación Pública reiteró que se requieren alrededor de 13 mil millones de pesos (unos 740 millones de dólares) para cubrir la reparación y reposición de las escuelas.
He revels in a public discourse that threatens, humiliates and bullies.
He has used language as a weapon to humiliate women, a reporter with a disability, Pope Francis and any political opponent who criticizes him. He has publicly humiliated members of his own cabinet and party, including Attorney General Jeff Sessions and a terminally ill John McCain, not to mention the insults and lies he perpetrated against former FBI Director James Comey after firing him.
Trump has humiliated world leaders with insulting and belittling language. He not only insulted North Korean leader Kim Jong-un with the war-like moniker “Rocket Man,” he appeared before the United Nations and blithely threatened to address the nuclear standoff with North Korea by wiping out its 25 million inhabitants.
He has attacked the mayor of San Juan, Puerto Rico for pleading for help in the aftermath of a hurricane that has devastated the island and left many Puerto Ricans without homes or drinking water.
He has emboldened and tacitly supported the violent actions of white supremacists, and during the presidential campaign encouraged right-wing thugs to attack dissenters — especially people of colour. He stated that he would pay the legal costs of a supporter who attacked a black protester.
During his presidential campaign, he endorsed state torture and pandered to the spectacle of violence that his adoring crowds treated like theatre as they shouted and screamed for more.
Violence for Trump became performative, used to draw attention to himself as the ultimate tough guy. He acted as a mafia figure willing to engage in violence as an act of vengeance and retribution aimed at those who refused to buy into his retrograde nationalism, regressive militarism and nihilistic sadism.
‘Lock her up’
The endless call at his rallies to “lock her up” was more than an attack on Hillary Clinton; he endorsed the manufacture of a police state where the call to law and order become the foundation for Trump’s descent into authoritarianism.
Donald Trump supporters in Virginia in November 2016.(AP Photo/ Evan Vucci)
On a policy level, he has instituted directives to remilitarize the police by providing them with all manner of Army surplus weapons — especially those local police forces dealing with issues of racism and poverty. He actually endorsed and condoned police brutality while addressing a crowd of police officers in Long Island, New York, this summer.
These are just a few examples of the many ways in which Trump repeatedly gives licence to his base and others to commit acts of violence.
What’s more, he also appears to relish representations of violence, suggesting on one occasion that it’s a good way to deal with the “fake news” media. He tweeted an edited video showing him body-slamming and punching a man with the CNN logo superimposed on his head during a wrestling match.
And recently, he retweeted an edited video from an anti-Semite’s account that showed Trump driving a golf ball into the back of Hillary Clinton’s head.
Trump’s domestic policies instill fear
The violence has found its way into Trump’s domestic policies, which bear the weight of a form of domestic terrorism — policies that instill in specific populations fear through intimidation and coercion.
Trump’s call to deport 800,000 individuals brought to the United States as illegal immigrants through no intention of their own — and who know no other country than the U.S. — reflects more than a savage act of a white nationalism. This cruel and inhumane policy also suggests the underlying state violence inherent in embracing the politics of disappearance and disposability.
In this Sept. 6 photo, Karen Caudillo, 21, of Florida and Jairo Reyes, 25, of Rogers, Ark., both brought to the U.S. as children, attend a Capitol Hill news conference in Washington. DACA has shielded them from deportation.(AP Photo/Jose Luis Magana, File)
There’s also Trump’s pardon of the vile Joe Arpaio, the disgraced former Arizona sheriff and notorious racist who was renowned by white supremacists and bigots for his hatred of undocumented immigrants and his abuse and mistreatment of prisoners.
This growing culture of cruelty offers support for a society of violence in the United States. Before Trump’s election, that society resided on the margins of power. Now it’s at the centre.
Trump’s disregard for human life is evident in a range of policies. They include withdrawing from the Paris Agreement on climate change, slashing jobs at the Environmental Protection Agency, gutting teen pregnancy prevention programs and ending funds to fight white supremacy and other hate groups.
Budget punishes poor children
At the same time, Trump has called for a US$52 billion increase in the military budget while arguing for months in favour of doing away with Obamacare and leaving tens of millions of Americans without health coverage.
Many young, old and vulnerable populations will pay with their lives for Trump’s embrace of this form of domestic terrorism.
He’s added a new dimension of cruelty to the policies that affect children, especially the poor. His proposed 2018 budget features draconian cuts in programs that benefit poor children.
Trump supports cutting food stamp programs (SNAP) to the tune of US$193 billion; slashing US$610 billion over 10 years from Medicaid, which aids 37 million children; chopping US$5.8 billion from the budget of the Children’s Health Insurance Program which serves nine million kids; defunding public schools by US$9.2 billion; and eliminating a number of community-assisted programs for the poor and young people.
These cruel cuts merge with the ruthlessness of a punishing state that under Trump and Attorney General Sessions is poised to implement a law-and-order campaign that criminalizes the behaviour of the poor, especially Blacks.
It gets worse. At the same time, Trump also supports policies that pollute the planet and increase health risks to the most vulnerable and powerless.
Violence an American hallmark
Violence, sadly, runs through the United States like an electric current. And it’s become the primary tool both for entertaining people and addressing social problems. It also works to destroy the civic institutions that make a democracy possible.
Needless to say, Trump is not the sole reason for this more visible expression of extreme violence on the domestic and foreign fronts.
On the contrary. He’s the endpoint of a series of anti-democratic practices, policies and values that have been gaining ground since the emergence of the political and economic counterrevolution that gained full force with the election of Ronald Reagan in 1980, along with the rule of financial capital and the embrace of a culture of precarity.
Trump is the unbridled legitimator-in-chief of gun culture, police brutality, a war machine, violent hypermasculinity and a political and social order that expands the boundaries of social abandonment and the politics of disposability — especially for those marginalized by race and class.
He’s emboldened the idea that violence is the only viable political response to social problems, and in doing so normalizes violence.
Violence that once seemed unthinkable has become central to Trump’s understanding of how American society now defines itself.
Language in the service of violence has a long history in the United States, and in this current historical moment, we now have the violence of organized forgetting.
Violence as a source of pleasure
As memory recedes, violence as a toxin morphs into entertainment, policy and world views.
What’s different about Trump is that he revels in the use of violence and war-mongering brutality to inflict humiliation and pain on people. He pulls the curtains away from a systemic culture of cruelty and a racially inflected mass- incarceration state. He publicly celebrates his own sadistic investment in violence as a source of pleasure.
At the moment, it may seem impossible to offer any resistance to this emerging authoritarianism without talking about violence, how it works, who benefits from it, whom it affects and why it’s become so normalized.
But this doesn’t have to be the case once we understand that the scourge of American violence is as much an educational issue as it is a political concern.
The challenge is to address how to educate people about violence through rigorous and accessible historical, social, relational analyses and narratives that provide a comprehensive understanding of how the different registers of violence are connected to new forms of American authoritarianism.
This means making power and its connection to violence visible through the exposure of larger structural and systemic economic forces.
‘Dead zones’ of imagination
It means illustrating with great care and detail how violence is reproduced and legitimized through mass illiteracy and the dead zones of the imagination.
It means moving away from analyzing violence as an abstraction by showing how it actually manifests itself in everyday life to inflict massive human suffering and despair.
The American public needs a new understanding of how civic institutions collapse under the force of state violence, how language coarsens in the service of carnage, how a culture hardens in a market society so as to foster contempt for compassion while exalting a culture of cruelty.
How does neoliberal capitalism work to spread the celebration of violence through its commanding cultural apparatuses and social media?
How does war culture come to dominate civic life and become the most honoured ideal in American society?
Unless Americans can begin to address these issues as part of a broader discourse committed to resisting the growing authoritarianism in the United States, the plague of mass violence will continue — and the once-shining promise of American democracy will become nothing more than a relic of history.
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