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Estudiantes en Chile denuncian criminalización y violencia en el sistema educativo

Las protestas estudiantiles en Chile denuncian la precariedad de la educación pública, mientras la respuesta institucional se centra en la represión y la criminalización de las juventudes.

Las movilizaciones estudiantiles han vuelto a instalarse en Chile, con protestas en diversos colegios de Santiago y regiones, mientras que los medios de comunicación tradicionales apenas les dedican cobertura. Los y las estudiantes denuncian un modelo disciplinario autoritario que incluye controles policiales dentro de los recintos, revisión de mochilas, uso de perros sin bozal, registro corporal de menores de edad y frecuentes desalojos con gases lacrimógenos. En este contexto, autoridades y sectores oficiales han llegado a calificar a los y las jóvenes movilizados/as como “delincuentes” o “sicarios”.

El debate central gira en torno a la pregunta: ¿dónde empieza la violencia? Para los y las estudiantes y organizaciones sociales, la violencia no surge de las protestas, sino de las condiciones estructurales de abandono de la educación pública y de la criminalización institucional y mediática. Se denuncia que la respuesta del Estado prioriza la represión sobre el diálogo, instalando un ambiente que margina las demandas legítimas de la comunidad educativa y debilita la confianza en las instituciones.

 

El informe La expulsión y la cancelación de matrícula en el sistema educativo chileno recientemente lanzado publicado por el Foro por el Derecho a la Educación Pública (FODEP), advierte que la expulsión y la cancelación de matrícula se han transformado en mecanismos sistemáticos de exclusión estudiantil en el país. Estas medidas, que afectan principalmente a jóvenes de sectores populares, vulneran el derecho a la educación y profundizan las desigualdades sociales. Según el FODEP, el Estado y las instituciones han adoptado un enfoque punitivo frente a la conflictividad, en lugar de impulsar alternativas pedagógicas y de acompañamiento.

 

El documento también señala que estas sanciones contravienen tratados internacionales suscritos por Chile, que obligan a garantizar acceso, permanencia y no discriminación en la educación. En esa línea, la organización plantea la urgencia de revisar el marco normativo y las prácticas institucionales que legitiman la exclusión, para promover políticas de inclusión y apoyo integral a los y las estudiantes. Para el Foro, la permanencia de estas prácticas refleja una política que privilegia el castigo antes que el reconocimiento de los y las jóvenes como sujetos de derechos.

Estudiantes en Chile denuncian criminalización y violencia en el sistema educativo

 

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Expertas recalcan que la falta de educación sexual contribuye al embarazo adolescente en México

EFE | Guadalajara (México) 

En México, la ausencia de educación sexual integral desde la infancia y la normalización de las relaciones con una gran diferencia de edad contribuyen al aumento del embarazo adolescente, la mayoría de las veces como resultado de la violencia sexual, según expertas.

De acuerdo con Anahí Rodríguez, activista en derechos reproductivos y menstruales, una de las principales causas es la falta de educación sexual en las escuelas, un tema que todavía encuentra mucho tabú y resistencia en la sociedad.

“Es la falta de una educación sexual integral desde la primaria y eso también es un poco por la responsabilidad de la sociedad y del Estado, en el sentido de que la misma sociedad muchas veces impide que los profesores y las profesoras les den estos temas a los niños y a las niñas, porque creen que va a haber promiscuidad”, ha indicado en entrevista a EFE.

Niñas y adolescentes carecen de herramientas de autocuidado

Jazmín Quesada, trabajadora social e investigadora independiente en temas de embarazo adolescente, coincide en que muchas niñas y adolescentes carecen de herramientas de autocuidado y educación sexual que les permitan identificar y rechazar conductas abusivas, una realidad en la que entre el 75 % y el 80 % de los agresores sexuales son familiares.

“Es una problemática que venimos arrastrando hace mucho tiempo. No tienen las herramientas de autocuidado y de educación sexual necesarias para estar alertas. Aparte, a niñas y niños, en general se les dice: ‘nunca digas que no, no grites, haz lo que los adultos dicen’. Entonces hay imposiciones familiares, que las vemos como reglas para ellos”, señala.

De acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de 2023, un 52 % de las adolescentes de entre 12 y 19 años no sabe que el condón masculino previene embarazos e infecciones de transmisión sexual.

Quesada ha trabajado con casos de niñas abusadas y ha expuesto anteriormente cómo el tema tiene un trasfondo socioeconómico, pues en diversas comunidades las relaciones entre niñas y adolescentes con hombres mayores son aceptadas por las familias bajo la idea de que el hombre actúa como proveedor y protector.

“Familiar y socialmente están permitidas este tipo de relaciones mientras haya el cumplimiento de esos roles, un hombre proveedor. Otro factor también es lo económico, es decir, para la familia -o a veces nada más es la mamá- es insostenible tener tres o cuatro hijos, y la hija es una señorita que puede salir del núcleo familiar”, comenta.

La respuesta institucional dista de proteger a las menores

Ambas activistas coinciden en que, cuando estos abusos resultan en un embarazo, la respuesta institucional dista de proteger a las menores. Aunque las leyes mexicanas permiten la interrupción del embarazo en casos de violación bajo la normativa ‘NOM046’, incluso sin necesidad del permiso de los padres, esto rara vez ocurre.

Hiliana Romo, coordinadora del Centro de Atención a la Adolescente Embarazada del Hospital Civil ha señalado también que, en lo que va de 2025, han recibido a 153 niñas embarazadas.

“Para ellas su proyecto de vida se acabó y esto tiene implicaciones también en la violencia que están dispuestas a aceptar” por parte de sus parejas.

Expertas recalcan que la falta de educación sexual contribuye al embarazo adolescente en México

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Atención en declive: cómo la tecnología afecta nuestra capacidad de concentración

Por: Paulette Delgado

Nuestra capacidad de atención ha disminuido drásticamente debido a que vivimos en un entorno digital diseñado para captarnos mediante recompensas dopaminérgicas.

Para muchas personas, cada día se vuelve más fácil sucumbir ante la tentación de sentarse por horas viendo reels tiktoks en lugar de trabajar o hacer cualquier otro pendiente. Pareciera que poner atención se ha vuelto la tarea más difícil de todas pero, ¿por qué?

Según un estudio realizado por la Dra. Gloria Mark, de la Universidad de California, Irvine, la capacidad de poner atención se ha reducido en las últimas décadas. La Dra. Mark explica que, en el 2004, la capacidad de atención promedio en cualquier pantalla era de dos minutos y medio. Para el 2012, esto había cambiado a un minuto con 15 segundos, y en los últimos cinco o seis años el promedio es de 47 segundos. Sobre esto, la experta menciona que es aún más alarmante si se toma en cuenta la mediana, que es de 40 segundos, en lugar del promedio. Esto significa que, en los últimos 20 años, se han perdido casi dos minutos de atención a las pantallas.

Este cambio no es trivial. Se trata de una transformación en la manera en la que interactuamos con la información y el entorno, producto de un ecosistema digital diseñado deliberadamente para captar y retener nuestra atención mediante algoritmos que optimizan la adicción. Cada clic, cada notificación y cada “me gusta” son parte de un sistema que estimula la producción de dopamina, una hormona que refuerza comportamientos adictivos y condiciona al cerebro a buscar recompensas inmediatas.

Cada minuto de cada día se suben cerca de 16,000 videos a TikTok, se reproducen 138,9 millones de reels en Instagram y Facebook, y se generan más de 3 millones de visualizaciones en YouTube en todo el mundo, según datos de 2024 recopilados por Domo. Ahora, si  a esto se le suma cómo las redes sociales constantemente están compitiendo por nuestra atención y mantenernos atrapados, es fácil ver por qué es tan difícil dejar de lado el teléfono.

Pero esto no es casualidad, hay equipos enteros que trabajan en buscar cómo mantenerte atrapado usando algoritmos que buscan predecir lo que quieres ver. Incluso Aza Raskin, ex empleada de Mozilladice que “es como si tomaran cocaína conductual y la rociaran por toda tu interfaz, y eso es lo que te hace volver. Detrás de cada pantalla de tu teléfono hay literalmente mil ingenieros que han trabajado en él para intentar hacerlo lo más adictivo posible”.

Además, el problema también recae en el contenido, que está pensado para ser momentáneo. “Muchas cosas en las redes sociales y en el contenido breve están diseñadas para impactarnos o para apelar a emociones muy básicas, como la sorpresa, la ira o el humor,” dice la Dra. Mark. “Estas emociones básicas nos mantienen en un nivel superficial cuando analizamos la información, a diferencia de cuando lees un libro o un artículo extenso, donde tienes tiempo para reflexionar y procesarla más profundamente”.

El impacto en el cerebro

Estar constantemente revisando los teléfonos produce una pequeña dosis de dopamina, lo que refuerza los comportamientos que la generan. La dopamina es la hormona que alimenta las adicciones, así que, cada vez que las redes sociales proporcionan un poco de dopamina, de manera inconsciente hace querer seguir haciéndolo. Este tipo de condicionamiento crea una condición donde solo con ver el celular puede producir dopamina. Además, al estar constantemente cambiando de una imagen a otra, de una aplicación a otra, y de un tema a otro, el cerebro se acostumbra a este cambio, lo que dificulta que se concentre en una sola cosa.

Un artículo de The Weekly Talon explica que el cerebro es un músculo, entonces se convierte en memoria muscular al estar cambiando de tema. Además, la dopamina que se deriva de los medios digitales refuerza el sistema de recompensa y genera placer. El cerebro recuerda esa satisfacción y busca repetirlo. Sin embargo, al igual que se produce un pico de dopamina, después viene la caída, dejando sentimientos de vacío, depresión, e insatisfacción, provocando querer buscar sentir esa felicidad nuevamente. Ahora bien, si a este sentimiento de vacío le agregamos tener que realizar una tarea o trabajo monótono, se vuelve más difícil querer completarla. La mente va a querer buscar cualquier distracción para evitar realizar estas tareas tediosas.

Parte del problema también es que las personas buscan escapar del aburrimiento y de las emociones negativas. Entre el estrés del día a día y sentirse abrumados, es normal querer buscar gratificación instantánea y no enfrentar las dificultades del día a día. El exceso de información también contribuye a la fatiga mental. Según la Dra. Mark, el cerebro humano cuenta con una función ejecutiva que le permite filtrar distracciones, tomar decisiones y mantener el enfoque. Sin embargo, esta función se ve debilitada cuando el cerebro se satura, lo que produce cansancio, ansiedad y dificultad para retomar tareas interrumpidas.

Incluso, la investigadora ha mostrado que este patrón tiene consecuencias fisiológicas: el cambio constante de tareas se relaciona con niveles elevados de estrés, presión arterial alta y mayor número de errores en el desempeño de tareas complejas. La multitarea, lejos de ser una habilidad deseable, es en realidad un obstáculo para la productividad sostenida.

Especialistas en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) han comentado que se han visto inundados por pacientes que creen tenerlo, pero en realidad no. Todo esto se debe a que el TDAH ha ido en aumento en Estados Unidos, y con tantas publicaciones hablando del tema, han convencido a personas que tienen problemas de atención.

Aunque la distracción no es nada nuevo, la concentración sí cambia según varios factores, desde cómo dormimos, el interés en lo que hacemos y la ansiedad inherente de la vida diaria. Además, hoy en día existen más tentaciones para distraernos que antes, gracias a las notificaciones e información inmediata que tenemos al alcance de nuestras manos. Sobre esto, la investigadora señala en el estudio que, en esencia, el internet fue creado para esto. “No se trata solo de que haya algoritmos que capten nuestra atención”, afirma Mark. “Tenemos la sensación de que tenemos que responder, de que tenemos que comprobar”.

Esta situación se agrava por el entorno digital: el flujo constante de notificaciones, la posibilidad de alternar entre pestañas y aplicaciones, y el diseño adictivo de plataformas como TikTok o Instagram, erosionan la concentración sostenida necesaria para el aprendizaje profundo. Como lo expresó el premio Nobel Herbert Simon: “Una gran cantidad de información crea pobreza de atención”.

Cada vez que alguien cede ante la tentación de pausar lo que está haciendo para revisar el teléfono, el cerebro también tiene que pausar lo que estaba haciendo y pasar a una nueva tarea, lo que afecta negativamente la velocidad y la calidad de lo que hacen a corto plazo, y a largo plazo, “cuanto más se alterna entre tareas, más se busca en el cerebro algo nuevo”, afirma Adam Brown, codirector del Centro de Atención, Aprendizaje y Memoria de la Universidad de St. Bonaventure, en Nueva York. Esto quiere decir que el cerebro se acostumbra a las distracciones constantes y las utiliza por costumbre, lo que resulta, por ejemplo, no poder ver una serie o película sin ver el celular.

Bárbara Shinn-Cunningham, directora del Instituto de Neurociencia de la Universidad Carnegie Mellon, comentó a la revista Time que no está convencida de que realmente las personas estén perdiendo la capacidad de concentración. “No estoy segura de que esté cambiando el funcionamiento de nuestro cerebro”, afirma Shinn-Cunningham, “sino que [más bien] está aprovechando su funcionamiento para mantenernos enganchados a nuestros dispositivos electrónicos”.

El impacto de la falta de atención en la comunidad estudiantil

Por otra parte, existe un debate sobre la atención y si los estudiantes tienen una capacidad finita de concentrarse. Neil Bradbury, profesor de la Universidad de Medicina y Ciencias Rosalind Franklin en Illinois, llevó a cabo una investigación sobre distintos estudios que hablan del tema y encontró que muchos utilizan comportamientos como el tomar notas o estar inquietos como indicadores de cuánta atención ponen, pero ese tipo de comportamiento no es lo mismo que la concentración en sí.

“Realmente no existe una buena definición de lo que significa la atención, y a menos que se tenga una buena definición con la que todos estén de acuerdo, es muy difícil encontrar una medida para medirla, porque realmente no se sabe qué se está midiendo”, afirma Bradbury.

Lo que sí es cierto, es que muchos estudios han demostrado que los estudiantes que tienen menor capacidad de atención tienden a obtener peores resultados en los exámenes. En primer lugar, se les dificulta comprometerse profundamente con el contenido académico, así como seguir una clase, leer libros de texto complejos o resolver problemas difíciles. Estar constantemente cambiando de plataformas o contenidos afecta su capacidad para un aprendizaje profundo y significativo.

Y esta capacidad de concentrarse no solo afecta lo académico, sino también la salud mental y el desarrollo de habilidades cognitivas esenciales para el aprendizaje autónomo y significativo. Debido a su falta de concentración, se aumenta su ansiedad, la depresión y el agotamiento. Como el cerebro se está constantemente sobreestimulando, se vuelve complicado lograr calmarlo y hacer que se concentre en un tema que puede ser aburrido.

Según la escuela Australiana Santa María, se han identificado varios tipos principales de atención que las personas exhiben a lo largo del día:

  1. Atención focalizada: La capacidad de responder discretamente a estímulos sensoriales específicos y concentrarse en una sola tarea u objeto, eliminando las distracciones.
  2. Atención sostenida: El poder mantener la atención en una tarea durante un período continuo sin distraerse.
  3. Atención selectiva: La habilidad de concentrarse en un estímulo específico mientras se ignoran los estímulos irrelevantes del entorno.
  4. Atención alternada: La flexibilidad mental para alternar el enfoque entre diferentes tareas o aspectos de una tarea.
  5. Atención dividida: El potencial de concentrarse y responder a múltiples estímulos simultáneamente, como conducir mientras se habla por teléfono.

Según la institución, el problema es que las y los estudiantes pasan mucho más tiempo alternando entre distracciones digitales como pestañas en el navegador, lo que provoca mayor estrés, errores y un rendimiento más lento porque el cerebro batalla para reorientarse y concentrarse. Además, los docentes enfrentan cada vez más dificultades para captar y mantener la atención de sus estudiantes. Informes como los mencionados anteriormente muestran que el estudiantado tiene problemas para mantenerse enfocados durante más de 10 o 15 minutos seguidos. La sobrecarga de estímulos digitales ha acortado los ciclos de atención, haciendo que métodos tradicionales de enseñanza resulten menos eficaces si no se adaptan a estos nuevos patrones cognitivos.

Para combatir esto, la institución aconseja a los educadores adoptar un enfoque multifacético con las siguientes caraterísticas:

  1. Presentación de información atractiva: El uso de técnicas interactivas como la narración, actividades prácticas y aprendizaje colaborativo puede ayudar a mantener a los estudiantes activamente involucrados en lugar de ser receptores pasivos de información.
  2. Aprendizaje en pequeños fragmentos: Los formatos de microaprendizaje como videos, podcasts y contenido gamificado pueden adaptarse a las preferencias de los estudiantes por sesiones breves y concentradas de información. Sin embargo, esto debe equilibrarse con inmersiones profundas a largo plazo para desarrollar la comprensión conceptual.
  3. Identificar desencadenantes: Ayudar a los estudiantes a reconocer sus distracciones digitales personales y desarrollar estrategias para minimizarlas, como guardar los teléfonos en otra habitación durante el tiempo de estudio.
  4. Técnicas de gestión de la atención: Enseñe a los estudiantes habilidades que fomenten la atención, como concentrarse en una sola tarea, establecer metas claras y tomar descansos regulares para «airear» el cerebro.
  5. Descansos mentales: Incorpore actividad física regular, prácticas de mindfulness y otras actividades revitalizantes para ayudar a los estudiantes a recargar sus recursos cognitivos.

Otras recomendaciones eficaces para combatir la falta de concentración son:

  1. Alejar los dispositivos durante tareas importantes: Tener el teléfono a la vista, incluso sin usarlo, disminuye la concentración. Idealmente, se debe dejar fuera de la habitación o apagar completamente.
  2. Tomar descansos conscientes: La técnica Pomodoro (trabajar durante 25 minutos y descansar 5) puede ser útil, aunque debe adaptarse al ritmo personal. Lo importante es interrumpir el trabajo en puntos naturales de la tarea (por ejemplo, al terminar un párrafo o sección).
  3. Reducir la deuda de sueño: ya que el agotamiento afecta directamente la capacidad de concentración. Dormir entre 7 y 9 horas por noche permite que el cerebro se recargue y consolide la información aprendida.
  4. Visualizar metas concretas: Tener presentes los objetivos a corto plazo —como terminar una tarea para disfrutar una caminata— puede aumentar la motivación y la persistencia.
  5. Evitar la multitarea, que aumenta el estrés y disminuye el rendimiento: En su lugar, se recomienda trabajar por bloques enfocados, centrando toda la atención en una sola actividad.
  6. Consumir contenido más profundo: Contenido como libros, ensayos o documentales largos, en lugar de reels y videos de consumo inmediato. Esto fortalece los circuitos cerebrales implicados en la atención sostenida.

En el hogar, las familias pueden contribuir de las siguientes formas:

  1. Servir como modelo de atención enfocada.
  2. Establecer límites de tiempo frente a pantallas, según la edad.
  3. Promover pasatiempos offline: lectura, juegos de mesa, deporte, naturaleza.
  4. Priorizar el sueño adecuado, ya que el descanso insuficiente afecta directamente el rendimiento atencional.
  5. Enseñar organización del tiempo con herramientas como agendas, temporizadores o rutinas claras.

Si el entorno educativo no propone estrategias para revertir esta tendencia, existe el riesgo de formar generaciones incapaces de sostener el esfuerzo, la concentración o la reflexión profunda, lo que afectará su capacidad de adaptación a contextos complejos en el futuro.

Frente a este panorama, es urgente que las instituciones educativas reconozcan el problema y adopten medidas que fomenten el desarrollo de una atención sostenida. Además de las estrategias aquí descritas, también es crucial enseñar habilidades metacognitivas relacionadas con la gestión de la atención: cómo evitar la multitarea, cómo organizar el tiempo, cómo establecer objetivos claros y cómo tomar descansos efectivos. Además, promover el uso consciente de la tecnología —por ejemplo, estableciendo momentos sin pantallas o prácticas de mindfulness— puede ayudar a los estudiantes a recuperar el control sobre su concentración.

Por otro lado, las familias también deben involucrarse en esta tarea. Limitar el tiempo frente a pantallas, modelar conductas de atención sostenida, fomentar la lectura y garantizar un buen descanso nocturno son acciones fundamentales para fortalecer la atención en casa.

Finalmente, se requieren cambios estructurales. Iniciativas como el “derecho a la desconexión” y la creación de horarios sin interrupciones digitales en escuelas y lugares de trabajo pueden contribuir a una cultura que valore el foco, la calma y el pensamiento profundo.

La disminución de la capacidad de atención no es solo un problema individual, sino un fenómeno cultural y social derivado de un entorno digital que privilegia la velocidad, la sobreinformación y la gratificación instantánea. Sin embargo, es posible revertir esta tendencia si comprendemos cómo funciona la atención, adoptamos estrategias de autorregulación y promovemos cambios estructurales que favorezcan la concentración, el descanso y el aprendizaje profundo.

Recuperar el foco no solo es posible, sino necesario para proteger nuestra salud mental, nuestra productividad y nuestra conexión con el mundo que nos rodea.

Fuente de la información e imagen:  https://observatorio.tec.mx

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Gracias a la vida. Fue un encuentro diferente. De aprendizajes y escuchas

Los, las protagonistas, fueron las bases de apoyo de los doce caracoles, milicianos y milicianas del EZLN, quienes construyeron en el semillero de Morelia los espacios que albergaron a las delegaciones de México y del mundo, cuidaron de los asistentes y escenificaron obras teatrales que nos permitieron comprender más a fondo los caminos que seguirán transitando en los próximos años.

Un rasgo sumamente esperanzador, aunque nada novedoso, fue la abrumadora presencia de jóvenes y jóvenas, en particular entre las y los milicianos, y entre quienes representaron las obras teatrales. Las obras merecen un comentario aparte. No sólo crearon los guiones, los decorados y vestimentas, algunas realmente notables, sino que debieron coordinarse desde las más diversas zonas, lo que supuso, creemos, un trabajo de meses, extenso, intenso.

Hubo una ceremonia de apertura realizada por milicianoas, en apoyo al pueblo palestino, pero no hubo acto de clausura. Sólo un sencillo agradecimiento del Sub Moisés a los asistentes y a las bases de apoyo. Sin más, cerró el encuentro para dar paso a la poesía, la música y el baile en el que participaron, como cada noche, miles de bases de apoyo y asistentes de las más diversas geografías.

Las comparticiones de delegados de movimientos y organizaciones de 45 países, ocuparon el grueso del tiempo, a las que asistieron las bases de apoyo mientras las milicianoas las seguían desde cierta distancia. Fueron muchas horas de escucha, de esa escucha serena y atenta que las y los zapatistas nos enseñan con generosa humildad.

El papel de Moisés fue determinante, más notable aún porque el capitán Marcos no tomó la palabra. Intervino en muchas comparticiones, aportando una mirada fresca y siempre impredecible, con ejemplos sencillos de la vida cotidiana, con infinita paciencia para hacerse entender, y esta vez portando una pipa que, quién sabe, pareció un homenaje al capitán, por los modos, las maneras de fumar y hasta de lanzar el humo al aire.

Una amplia delegación internacional y mexicana se acercó hasta el caracol Dolores Hidalgo, donde se está construyendo el quirófano donado por la solidaridad europea, y un gran hospital que está siendo levantado en común por zapatistas y no zapatistas. Será una obra necesaria para los pueblos de la región y motivo de orgullo para el movimiento.

Los dos últimos días fueron de preguntas de los asistentes a la comandancia, una persona por cada caracol, mitad varones y mujeres. En un sólo día dedicaron más de cuatro horas consecutivas a responder las cuestiones más diversas, algunas bien interesantes, otras menos, pero siempre respondieron con buena onda y humor zapatista.

El comedor El Común fue una auténtica maravilla. Allí Marijose y el chef Ramón cocinaron deliciosos desayunos, tacos, tortas y otras comidas, en un enorme espacio donde 80 zapatistas trabajaron en la cocina o de meseras, durante 20 horas diarias manteniendo el buen ánimo y ese espíritu de entrega que, por sí sólo, es mucho más que un programa revolucionario.

Quienes tuvimos el privilegio de asistir rápidamente nos olvidamos de la lluvia y del barro para disfrutar del espacio, de las comparticiones, de las charlas informales entre asistentes y, sobre todo, con las bases zapatistas. Fueron días maravillosos que albergaremos por siempre en nuestros corazones.

¡¡¡Gracias al EZLN!!!

¡¡¡Gracias a la vida!!!

Fuente de la información:  https://desinformemonos.org

Fotografía: Desinformémonos. Luis Enrique Aguilar

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México: Ciclo Escolar 2025–2026 en Educación Básica: Proyecciones Oficiales y Retos Inmediatos

Ciclo Escolar 2025–2026 en Educación Básica: Proyecciones Oficiales y Retos Inmediatos

 Pluma invitada

El 6 de agosto se celebró la LXIV Reunión Nacional del Consejo Nacional de Autoridades Educativas (CONAEDU). Este encuentro presentó definiciones importantes para el rumbo de la política educativa, tanto en educación básica como en media superior.

En media superior, la SEP anunció tres próximos acuerdos secretariales:

  1. Modificación al Marco Curricular Común en Educación Media Superior (MCCEMS).
  2. Creación del Sistema Nacional de Bachillerato.
  3. Fortalecimiento de la educación dual.

En este artículo me concentro en educación básica, por su impacto directo en el trabajo cotidiano de maestras, maestros, directores y supervisores.

  1. Acciones recientes de la Subsecretaría de Educación Básica

Durante la reunión, se informaron tres medidas implementadas en los últimos meses:

  1. Diagnóstico de coros escolares. La SEP y la Secretaría de Cultura organizarán un magno evento en el Zócalo de la CDMX, cumpliendo la instrucción presidencial.
  2. Encuesta sobre lineamientos de comida chatarra y recordatorio de la consulta del primer semestre sobre USICAMM, con participación de más de 140 mil escuelas.
  3. Ajustes al calendario escolar solicitados por autoridades locales ante climas extremos.

Además, se subrayó que el 29 de agosto se conmemoran 100 años del decreto de creación de la escuela secundaria y la apertura de las primeras cuatro instituciones en 1926.

  1. Consejo Técnico Escolar (CTE) – Fase Intensiva (25 al 29 de agosto)

La SEP definió cuatro momentos clave para esta fase:

  1. Reflexionar sobre la realidad escolar desde la perspectiva curricular de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) y elaborar diagnósticos precisos.
  2. Apropiarse del planteamiento curricular y fortalecer el uso del Programa Analítico.
  3. Tomar decisiones para el Programa de Mejora Continua (PMC).
  4. Planificar las actividades esenciales del ciclo escolar.
  1. Actividades prioritarias para el ciclo
  • Las siguientes estrategias deberán integrarse de forma permanente:
  • Estrategia de Vida Saludable: Brigadas de salud visual, control de sobrepeso y obesidad. Los directores y docentes deben insistir en que las familias descarguen los expedientes y acudan a las clínicas cuando sea necesario.
  • Prevención de Adicciones: Tres jornadas nacionales (noviembre, marzo, junio).
  • Beca Rita Cetina: Orientaciones de SEP para que el magisterio las comunique a las familias.
  • Estudio sobre comida chatarra, UNICEF e Instituto Nacional de Salud Pública (INSP): 350–400 escuelas, cuestionarios y toma de glucosa a estudiantes de 4º a 6º grado.
  • Jornada nacional contra el abuso sexual y maltrato infantil (8 de septiembre): será obligatoria y contará con cuatro etapas: sensibilización comunitaria, activación cultural, fortalecimiento de redes de cuidado y cierre con el lema “Las niñas y los niños no se tocan”.
  1. Lineamientos y guías operativas

Los sindicatos han pedido actualizar la Guía Operativa para la Organización y Funcionamiento de los Servicios de Educación Básica.

Calendario previsto:

  • Septiembre 2025: Foro nacional.
  • Octubre 2025: Presentación de borrador de lineamientos.
  • Dic. 2025–Ene. 2026: Publicación en el DOF.
  • Posteriormente: guías estatales.
  1. Otras estrategias nacionales

La Subsecretaría de Educación Básica participará en la estrategia nacional para prevenir el embarazo adolescente, con el objetivo de reducir las cifras en todo el país.

  1. Reflexiones finales

El CTE mantendrá su estructura, reforzando la articulación entre:

  • Programa de Mejora Continua (PMC): instrumento de gestión (objetivos, metas, acciones).
  • Programa Analítico (PA): herramienta pedagógica para contextualizar y secuenciar contenidos, orientar la didáctica y sugerir evaluaciones, siempre con base en un diagnóstico socioeducativo.

El reto será convertir estas directrices en acciones efectivas que fortalezcan la cultura de cuidado y prevención de la violencia infantil. Esto exige coordinación, voluntad y participación activa de toda la comunidad escolar.

  1. Implicaciones para directores y docentes
  1. Planificación con visión integral: Integrar las estrategias prioritarias desde el inicio del ciclo.
  2. Seguimiento activo: No limitarse a cumplir fechas, sino verificar resultados (salud, prevención de adicciones, detección de violencia).
  3. Trabajo con familias: Convertir cada acción en un proyecto comunitario.
  4. Formación continua: Revisar el Programa Analítico y el PMC como herramientas complementarias.

El ciclo 2025–2026 nos reta a pasar de la planeación al impacto real. Las y los educadores tenemos la oportunidad —y la responsabilidad— de transformar lineamientos en mejoras tangibles para nuestras niñas, niños y adolescentes.

Carpe diem… pero con compromiso pedagógico.

Fuente de la Información: https://www.educacionfutura.org/ciclo-escolar-2025-2026-educacion-basica/

 

 

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A pocos días del regreso a clases, maestros podrían irse a huelga en Filadelfia

La Federación de Maestros de Filadelfia alista pancartas para una posible huelga un día después del inicio de clases. Según el sindicato y los profesores, piden mejores salarios y sobre todo que no haya tantos estudiantes en un mismo salón de clases para poder brindarles la educación que merecen. Si no se llega a un acuerdo, la manifestación podría afectar a unos 116,000 alumnos.

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Por qué comprender el efecto del tiempo frente a la pantalla en el cerebro de los niños es más complicado de lo que parece

El tiempo frente a una pantalla se ha convertido en sinónimo de malas noticias, pero la ciencia puede no ser tan simple como parece.

Zoe Kleinman
BBC NEWS BRASIL

El otro día, mientras hacía las tareas del hogar, le di el iPad de mi esposo a mi hijo menor para que se entretuviera. Pero después de un rato, me sentí incómoda: no prestaba atención a cuánto tiempo usaba el dispositivo ni a lo que veía. Así que le dije que ya era hora de parar.

Se armó una rabieta enorme. Gritó, pateó, agarró el iPad e intentó empujarme con la fuerza de un niño menor de 5 años. No fue mi mejor momento como madre, lo admito, pero su reacción tan extrema me molestó.

Mis hijos mayores navegan por las redes sociales , exploran juegos en línea y la realidad virtual, y a veces esto también me preocupa. Los oigo bromear entre ellos sobre la necesidad de «tocar el césped», es decir, desconectar y salir de casa.

El difunto Steve Jobs, director ejecutivo de Applecuando la compañía lanzó el iPad, era conocido por no permitir que sus hijos usaran la tecnología. Bill Gates ha declarado que también restringió el acceso de sus hijos.

El tiempo frente a una pantalla se ha convertido en sinónimo de malas noticias y se le atribuye el aumento de casos de depresión entre los jóvenes, problemas de conducta y falta de sueño.

La reconocida neurocientífica Susan Greenfield fue incluso más allá, diciendo que el uso de Internet y los juegos de computadora pueden dañar el cerebro de los adolescentes .

En 2013, comparó los efectos negativos del tiempo prolongado frente a la pantalla con las primeras señales del cambio climático: una transformación significativa que la gente no estaba tomando en serio.

Hoy en día, el tema se toma más en serio. Pero las advertencias sobre el lado oscuro podrían no contar toda la historia.

Un editorial publicado en el British Medical Journal argumentó que las afirmaciones de Greenfield sobre el cerebro «no se basaban en una evaluación científica justa de la evidencia y son engañosas para los padres y el público en general».

Ahora, otro grupo de científicos del Reino Unido dice que hay una falta de evidencia científica concreta sobre los supuestos daños del uso de pantallas.

Entonces, ¿nos equivocamos al preocuparnos por nuestros hijos y tratar de limitar su acceso a tabletas y teléfonos inteligentes?

¿ES TAN MALO COMO PARECE?

Pete Etchells, profesor de Psicología en la Universidad de Bath Spa, es uno de los académicos que advierten sobre la falta de evidencia.

Analizó cientos de estudios sobre el tiempo frente a la pantalla y la salud mental, así como una gran cantidad de datos sobre los hábitos digitales de los jóvenes. En su libro, «Desbloqueado: La verdadera ciencia del tiempo frente a la pantalla «, argumenta que la ciencia que sustenta las alarmantes conclusiones que aparecen en los titulares es inconsistente y, en muchos casos, errónea.

«Simplemente no hay evidencia científica concreta que respalde estas historias sobre los efectos nocivos del tiempo frente a la pantalla», escribe.

Un estudio publicado por la Asociación Americana de Psicología en 2021 presentó conclusiones similares.

Los 14 autores, de diversas universidades del mundo, analizaron 33 estudios publicados entre 2015 y 2019. Concluyeron que el uso de pantallas, incluyendo teléfonos inteligentes, redes sociales y videojuegos, tuvo un «pequeño impacto en los problemas de salud mental «.

Y aunque algunos estudios han sugerido que la luz azul, como la que emiten las pantallas, dificulta el sueño al suprimir la producción de la hormona melatonina, una revisión de 2024 de 11 estudios realizados en diferentes países no encontró evidencia consistente de que la exposición a la luz de las pantallas a la hora de acostarse en realidad dificulte conciliar el sueño.

PROBLEMAS CON LA CIENCIA

Uno de los mayores problemas, señala Etchells, es que la mayoría de los datos sobre el tiempo frente a la pantalla se basan en gran medida en autodeclaraciones. En otras palabras, los investigadores simplemente preguntan a los jóvenes cuánto tiempo creen haber pasado frente a las pantallas y cómo recuerdan haberse sentido.

También argumenta que existen millones de maneras posibles de interpretar esta cantidad de datos. «Debemos ser cuidadosos al analizar las correlaciones», enfatiza.

Cita el ejemplo de un aumento estadísticamente significativo tanto en las ventas de helado como en los casos de cáncer de piel durante el verano. Ambos factores están relacionados con el calor, pero no entre sí: el helado no causa cáncer de piel

También recuerda un proyecto de investigación inspirado por un médico general que había notado dos cosas: primero, que estaba teniendo más conversaciones con jóvenes sobre la depresión y la ansiedad; segundo, que muchos jóvenes usaban sus teléfonos celulares en las salas de espera.

«Trabajamos con el médico y le dijimos: ‘Bien, probemos esto, podemos usar los datos para intentar comprender esta relación'», explica.

Aunque los dos factores estaban correlacionados, había un elemento significativo adicional: la cantidad de tiempo que los jóvenes con depresión o ansiedad pasaban solos.

En última instancia, el estudio sugirió que era la soledad, no el uso de pantallas, lo que causaba que los jóvenes experimentaran problemas de salud mental.

LA DIFERENCIA ENTRE DESPLAZARSE Y HACER UN USO POSITIVO DEL MISMO

Además, la investigación omite un detalle importante: la naturaleza misma del tiempo frente a la pantalla. El término «tiempo frente a la pantalla» es demasiado vago, afirma Etchells.

¿El tiempo que pasaste frente a la pantalla fue positivo? ¿Te fue útil? ¿Te resultó informativo? ¿O simplemente te desplazabas sin parar ? ¿El joven estaba solo o interactuando con otros amigos en línea?

Cada uno de estos factores genera una experiencia diferente.

Un estudio realizado por investigadores de Estados Unidos y el Reino Unido analizó 11.500 escáneres cerebrales de niños de entre 9 y 12 años, junto con evaluaciones de salud y autoinformes sobre el uso de pantallas.

Si bien se identificaron patrones de uso de pantallas que estaban asociados con cambios en cómo se conectan las regiones del cerebro, el estudio no encontró evidencia de que el tiempo frente a las pantallas estuviera relacionado con un bienestar mental deficiente o dificultades cognitivas, incluso entre aquellos que pasaban horas al día frente a las pantallas.

El estudio, realizado entre 2016 y 2018, fue supervisado por el profesor Andrew Przybylski, de la Universidad de Oxford, quien estudia el impacto de los videojuegos y las redes sociales en la salud mental. Sus estudios, revisados por pares, indican que ambos pueden mejorar el bienestar en lugar de perjudicarlo.

«Si las pantallas realmente empeoraran el cerebro, se podría identificar esa señal en una base de datos tan grande. Pero no es así. Por lo tanto, la idea de que las pantallas están cambiando el cerebro de forma negativa, consistente o duradera, simplemente no parece sostenerse», afirma Etchells.

Esta opinión la comparte el profesor Chris Chambers, jefe de estimulación cerebral en la Universidad de Cardiff, citado en el libro del profesor Etchells: «Sería obvio si hubiera un declive. Sería fácil analizar los últimos, digamos, 15 años de investigación…».

Si nuestro sistema cognitivo fuera tan frágil a los cambios ambientales, no estaríamos aquí. Nos habríamos extinguido hace mucho tiempo.

‘UNA COMBINACIÓN TERRIBLE PARA LA SALUD MENTAL’

Ni el profesor Przybylski ni el profesor Etchells cuestionan la gravedad de ciertos peligros en línea, como una mayor exposición a contenido explícito o dañino. Sin embargo, ambos argumentan que el debate actual sobre el tiempo frente a la pantalla corre el riesgo de volverlo aún más clandestino.

Przybylski está preocupado por los argumentos que se esgrimen para limitar e incluso prohibir el uso de dispositivos, y cree que cuanto más estrictamente se controle el tiempo frente a la pantalla, más probable es que se convierta en una «fruta prohibida».

Muchos no están de acuerdo. El grupo británico Smartphone Free Childhood afirma que 150.000 personas ya han firmado el compromiso de prohibir los teléfonos inteligentes a los adolescentes menores de 14 años, así como de retrasar el acceso a las redes sociales hasta los 16.

Cuando Jean Twenge, profesora de psicología de la Universidad Estatal de San Diego, comenzó a investigar el aumento de las tasas de depresión entre los adolescentes estadounidenses, no pretendía demostrar que las redes sociales y los teléfonos inteligentes fueran «terribles». Sin embargo, descubrió un denominador común en estas tecnologías.

Hoy en día, ella cree que separar a los niños de las pantallas es una obviedad e insta a los padres a mantener a sus hijos alejados de los teléfonos celulares durante el mayor tiempo posible.

«El cerebro [de los niños] está más desarrollado y maduro a los 16 años», argumenta. «Y el entorno social en la escuela y entre los compañeros es mucho más estable a los 16 que a los 12».

Si bien está de acuerdo en que los datos recopilados sobre el uso de pantallas por parte de los jóvenes se basan principalmente en informes de los propios jóvenes, Twenge sostiene que esto no debilita la evidencia.

Un estudio danés publicado en 2024 involucró a 181 niños de 89 familias. Durante dos semanas, la mitad de ellos tuvo un tiempo de pantalla limitado a tres horas semanales.

La conclusión fue que reducir el uso de medios digitales «afectó positivamente los síntomas psicológicos de los niños y adolescentes» y aumentó el «comportamiento prosocial», aunque los autores enfatizan que se necesita más investigación.

Otro estudio en el Reino Unido, en el que se pidió a los participantes que registraran su tiempo frente a la pantalla en diarios de actividades, encontró que un mayor uso de las redes sociales estaba asociado con niveles más elevados de sentimientos depresivos entre las niñas.

«Si tomamos esta fórmula: más tiempo en línea, a menudo solo frente a una pantalla, menos horas de sueño y menos tiempo con amigos en persona, tenemos una combinación terrible para la salud mental», señala Twenge.

«No entiendo por qué esto es polémico».

‘JUICIO ENTRE PADRES’

Cuando hablo con el profesor Etchells, lo hago por videollamada. Uno de sus hijos y un perro entran y salen de la habitación. Le pregunto si las pantallas realmente están «recableando» el cerebro de los niños, y se ríe, explicando que todo cambia el cerebro: así es como aprendemos los humanos.

Pero también empatiza con los temores de los padres sobre los peligros potenciales de las pantallas.

No ayuda el hecho de que haya poca orientación clara y que el tema esté plagado de prejuicios y juicios entre los padres.

Jenny Radesky, pediatra de la Universidad de Michigan, lo resumió bien en su intervención en la Fundación filantrópica Dana. Según ella, existe un discurso cada vez más crítico entre los padres.

«Gran parte de lo que se ha discutido parece centrarse más en culpabilizar a los padres que en aclarar lo que la investigación científica nos dice», dijo. «Y ese es un verdadero problema».

Mirando hacia atrás, la rabieta de mi hijo menor por el iPad me alarmó en ese momento, pero al reflexionar, he visto reacciones similares en él en situaciones que no involucraban pantallas: como cuando estaba jugando a las escondidas con sus hermanos y no quería prepararse para ir a la cama.

El tiempo frente a la pantalla también es un tema recurrente en mis conversaciones con otros padres. Algunos son más estrictos que otros.

Actualmente, las directrices oficiales son inconsistentes. Ni la Academia Americana de Pediatría en EE. UU. ni el Real Colegio de Pediatría y Salud Infantil en el Reino Unido recomiendan límites específicos de tiempo de pantalla para niños.

La OMS (Organización Mundial de la Salud), por su parte, recomienda que los niños menores de un año no utilicen pantallas en absoluto, y los menores de cuatro años no lo hagan durante más de una hora al día (aunque, al leer la guía, queda claro que el enfoque principal es priorizar la actividad física).

El problema mayor es que simplemente no hay suficiente ciencia para establecer una recomendación definitiva, y esto está dividiendo a la comunidad científica, a pesar de la fuerte presión social para limitar el acceso de los niños a las pantallas.

Pero, sin pautas definidas, ¿estamos creando un escenario desigual entre niños que ya serán expertos en tecnología cuando sean adultos y otros que, por no tener esa misma exposición, serán más vulnerables?

En cualquier caso, el riesgo es alto. Si las pantallas realmente perjudican a los niños, la ciencia podría tardar años en demostrarlo. O, si finalmente concluye que no son perjudiciales, habremos desperdiciado energía y dinero, y, de paso, habremos mantenido a los niños alejados de algo que podría ser increíblemente beneficioso.

Mientras tanto, las pantallas están evolucionando hacia gafas, las redes sociales se están reorganizando en torno a comunidades más pequeñas y la gente ya está usando la inteligencia artificial para ayudar con las tareas escolares e incluso como una forma de terapia; en otras palabras, la tecnología, que ya es parte de nuestras vidas, está evolucionando rápidamente, con o sin nuestro permiso para que los niños accedan a ella.

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