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El aprendizaje fingido: una propuesta diferente para evaluar el curso que acaba

España / 9 de septiembre de 2018 / Autor: Salvador Rodríguez Ojaos / Fuente: El Blog de Salvaroj

«El evaluador es un educador; su éxito debe ser juzgado por lo que otros aprenden.» Lee J. Cronbach

Hace unos días, al intentar entrar en una página web para preparar este post, recibía continuamente el siguiente mensaje: ERROR 404. NOT FOUND. Un error en el sistema me impedía consultar la página y en su lugar aparecía siempre el exasperante mensaje.

Pero, como no hay mal que por bien no venga, en ese momento me di cuenta de que la educación actual también tiene su ERROR 404: el aprendizaje fingido.

El aprendizaje fingido es aquel en el que se memoriza contenido sin entender su significado, sin que sea significativo, con el objetivo de servir como respuesta a una prueba, a un examen, a una actividad… y que es desechado de nuestra memoria inmediatamente después de haber cumplido con su objetivo de uso. Como consecuencia, el alumno puede obtener una buena calificación que dé lustro a su expediente académico, pero en realidad es un espejismo, una falsa ilusión, que puede tener consecuencias negativas en su futuro académico y laboral.

Este tipo de aprendizaje está muy extendido en nuestras escuelas y es consecuencia directa del tipo de evaluación con la que valoramos los aprendizajes adquiridos por los alumnos.

Ahora que en España está a punto de finalizar el curso escolar, me gustaría proponer otra manera de evaluar sus resultados. La evaluación que se plantea a nuestros alumnos debe ser clara, oportuna, válida y suficientemente amplia como para tener en cuenta muchas más variables que las respuestas de un examen. Para colmo en muchas ocasiones esta prueba es de opción múltiple para facilitar su evaluación.

Para evaluar si nuestros alumnos han adquirido durante el curso los objetivos perseguidos no deberíautilizarse exclusivamente el bolígrafo rojo. La evaluación más que una prueba o un examen que contabilice aciertos y errores, debería ser un diálogo; más que comprobar si son capaces de reproducir respuestas, debemos valorar si pueden plantearlas de manera que demuestren que han entendido significativamente lo que han estudiado. Conocer el grado de adquisición de los contenidos y competencias de las distintas asignaturas es un elemento muy importante de la evaluación, pero no el único. Es igualmente importante comprobar si los alumnos han adquirido mayor destreza en el desarrollo de sus habilidades no cognitivas (perseverancia, curiosidad, optimismo, autocontrol…), ya que estas son fundamentales para desenvolverse adecuadamente en distintos ámbitos de la vida.

Otro aspecto que creo imprescindible conocer en la evaluación del curso que acaba es el grado de satisfacción de los alumnos: si se han cumplido sus expectativas, qué creen que podría mejorarse, qué les ha gustado más… Este me parece un indicador muy importante para saber cuál ha sido el grado de relevancia de los contenidos, competencias, habilidades y destrezas que los alumnos han adquirido.

Además de saber si el curso les ha hecho más sabios y más competentes, es importante saber si también les ha hecho mejores personas. Si queremos cambiar nuestra forma de educar, debemos cambiar nuestra forma de evaluar.

Fuente del Artículo:

https://www.salvarojeducacion.com/2016/06/el-aprendizaje-fingido-una-propuesta.html

ove/mahv

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Las luchas de los universitarios ayer y hoy: Nicaragua

Autor: José Luis Rocha

Los universitarios de hoy, que son mayores en número, también se enfrentan a mayores exigencias que los de ayer. 

Por sus contrastes y sus semejanzas, la revuelta de abril, en gran medida protagonizada por los estudiantes universitarios, puede recibir luces provenientes de las luchas estudiantiles contra los dos primeros Somoza. La inserción de la universidad en el sistema capitalista es el primer contraste. Cuando Carlos Fonseca Amador dirigió –en abril de 1968, hace exactamente medio siglo– un mensaje a los estudiantes para animarlos a que emprendieran protestas beligerantes que no se redujeran a meras proclamas, atribuyó la inercia estudiantil a la penetración capitalista en las universidades. En 2018, esa penetración se ha profundizado. Hay en Nicaragua un mercado donde compiten –no sólo dos sino– más de medio centenar de universidades, algunas enloquecidas por insertarse en los sistemas de acreditación internacional, autopublicando adefesios y autograduando doctores semianalfabetas que les permitan elevar su puntuación en los baremos de las multinacionales de la “accountability” académica.

La calidad se contabiliza en número de graduados, posgrados, doctores, reglamentos, procedimientos burocráticos, publicaciones, etcétera. Se ha mercantilizado un ámbito que antes no era “vendible”. En paradójica contrapartida, los estudiantes están recibiendo títulos cuyo valor facial no corresponde a su valor real porque reciben una retribución cada vez más deprimente cuando lo canjean en el mercado laboral. La burocracia universitaria se mercantiliza y sus “productos” son peor recibidos en el mercado. La parafernalia burocrática de la universidad se conecta al mercado; sus títulos están desconectándose cada día más y más.

Las y los estudiantes están jugando ese juego, les guste o no, lo entiendan o no. Nadie entre ellos ha cuestionado las reglas de ese juego. Ningún grupo de la coalición estudiantil ha emitido un pronunciamiento al respecto. Su lucha tiene una finalidad generalizable e inmediata: ponerle fin a la dictadura. En este horizonte estrecho pero urgente coinciden con los primeros universitarios antisomocistas de los años 40 e inicios de los 50, enfocados en impedir la reelección del primer Somoza. Sólo cuando se fueron creando círculos de estudio marxistas y de la teología de la liberación, las luchas universitarias intensificaron su ambición, decantándose hacia una batalla contra el sistema capitalista.

Este rasgo avisa de otro punto de contraste: los universitarios antisomocistas de los años 50 y más aún los de los 60 y 70 podían apuntar con el dedo hacia un horizonte tangible: la Unión Soviética, la Europa del este y la Cuba revolucionaria. Su anhelo tenía una concreción y era sistémica. No era utópico, sino tópico. Los universitarios de hoy parecen contentarse con aspirar a la democracia representativa, un objetivo que hubiera parecido modesto a sus predecesores, pero que por desgracia no lo es en el contexto actual.

Estos universitarios, huérfanos de utopías más amplias, se han tenido que enfrentar no a un Estado artillado como el de Somoza –a una Guardia Nacional que era el ejército de una familia, pero un ejército profesional al fin y al cabo-, sino a un Estado gamberro, que echa mano de antiguos militantes con experiencia militar a los que tenía en el olvido, los recoge de las acequias de la historia, los encapucha y los dota de armas y licencia para matar. El resultado salta a la vista. Había en la Guardia Nacional una especie de contención. No todos los excesos estaban permitidos contra manifestaciones pacíficas. Los estudiantes de hoy han enfrentado un baño de fuego que suscita la perplejidad de los analistas más curtidos.

En su memorable mensaje de abril de 1968, Carlos Fonseca hace un recuento de los estudiantes caídos en una década de lucha: un total de 23. Esas cifras incluyen los muertos en la traumática masacre de julio de 1959. La tarde del 23 de julio de 1959, un pelotón de la Guardia Nacional disparó contra una manifestación de universitarios en León y asesinó a cuatro estudiantes, una mujer y una niña. Los periodistas de la época hablaron de “asesinato en masa”. En la revuelta de abril de 2018, solamente el día de las madres hubo 18 muertos. La Asociación Nicaragüense por los Derechos Humanos ha registrado un total de 448 muertos, la mayoría asesinados por grupos paramilitares y la Policía Nacional. “Asesinato en masa” parece una etiqueta insuficiente.

Este es un contraste entre el antes y el ahora que no podemos pasar por alto. La explicación más simple es que Ortega es más criminal que Somoza. Sin duda los individuos imponen cierto sesgo a la historia cuando pueden decidir el rumbo de acontecimientos clave. Pero ni la aceptación de las doctrinas de Lutero se explica sin la oposición nacionalista germánica a las exacciones pecuniarias de Roma ni el arrastre de Hitler sin el antisemitismo tan arraigado y difundido, por mencionar sólo un aspecto del contexto. El contexto en el que operan los individuos explica mucho. El contraste entre el contexto de antes y el de ahora nos puede dar algunas respuestas.

Curiosamente el contexto actual parecía adecuado para que los organismos supranacionales –cuyo poder interventor se tiene en alta estima en la era de la globalización legal y judicial- sirvieran como fuerza de contención. Pero sus funcionarios casi vieron caer los cadáveres a sus pies y no consiguieron detener la serie de masacres que iban en curso. La rapidez con que corren las noticias también debía haber operado en favor de una rápida intervención de organismos internacionales. Pero no lo hizo. No lo hizo porque los organismos internacionales trabajan con la misma parsimonia de la era pre-informática, pero los criminales trabajan con menos contención y escrúpulos y más rapidez: para saber que no estamos ante casos aislados de falta de contención y de deseos de guardar las formas echemos una mirada a los numerosos asesinatos de periodistas y ecologistas en la vecina Honduras.

Sin embargo, esos crímenes han sido cometidos a cuenta gotas. Y en Nicaragua hubo una sucesión de masacres. ¿Por qué? Otras explicaciones del exceso de Ortega y la contención de Somoza encuentran asideros prestando atención al contexto interno. Propongo tres explicaciones, sin presumir que sean las únicas. En primer lugar, el FSLN como partido-iglesia. Los universitarios que enfrentaron a la dictadura somocista no estaban ante un personaje ni un partido que suscitaran tanta veneración. La militancia en el FSLN es un culto y sus adeptos inmolan su capacidad de juicio en su humeante altar. Este es un capital moral que los miembros menos escrupulosos del FSLN han sabido explotar. El carácter confesional del FSLN convence al Sumo sacerdote y su sacerdotisa de tener la razón y les permite actuar como jueces y emitir condenas.

En segundo lugar, hay un miedo a los números grandes que no debemos subestimar. El pánico produce reacciones drásticas. En 1950 había apenas 494 universitarios, grupo muy selecto en una población de 160,658 jóvenes de entre 18 y 25 años. Un quinquenio después ese grupo se había casi duplicado: en 1955 había 840 estudiantes universitarios. Aun así, los universitarios seguían siendo un ave rara dentro de un gran universo de 174,487 jóvenes de 18 a 25 años. Apenas uno de cada 200 jóvenes de ese rango etario estaba en la universidad.

En contraste, en 2014 había 123,220 universitarios y un total de 1,283,174 jóvenes de 15 a 24 años. Son universitarios cerca de 20 de cada 200 jóvenes de ese rango etario, que empleo por ser el más cercano al de 18-25 años disponible en las estadísticas oficiales. Los universitarios son muy numerosos. La lucha contra Somoza requirió el concurso de los estudiantes de secundaria para aproximarse a números significativos. En la revuelta de abril de 2018 ha bastado un porcentaje muy reducido de universitarios dispuestos a jugarse la vida para poner de cabeza un país tan pequeño como Nicaragua.

La relación numérica también favorece a los universitarios frente a las “fuerzas de orden”. En 1956, año del ajusticiamiento de Anastasio Somoza García y tres años antes de la masacre de julio de 1959, había 970 estudiantes. Ese año la Guardia Nacional registró en su haber 4,391 miembros, una proporción de 4.5 guardias por cada estudiante y de 349 guardias por cada 100 mil habitantes. Seis décadas después, tenemos 454 entre policías y militares por cada 100 mil habitantes, una combinación de fuerzas coercitivas superior a aquella de la que dispusieron los primeros dos Somoza. Pero la proporción con respecto a los universitarios se invirtió: ahora hay 4.4 universitarios por cada policía/militar. Este es el contexto demográfico y del peso relativo universitarios/fuerza coercitiva que produce pánico en el gobierno de Ortega.

En tercer lugar, las redes sociales actúan como magnificadoras de eventos, redes, aliados y contendientes. Facebook, Twitter, WhatsApp y los miles de blogs son mucho más rápidos, masivos y económicos que los volantes y folletos producidos en mimeógrafo de los universitarios que enfrentaron al somocismo. Sus imágenes y palabras son indestructibles, llegan a un público más amplio y son menos reprimibles que los discursos de dirigentes trepados sobre cajas de jabón a guisa de podio a cielo abierto. Los universitarios de hoy pueden –y de hecho lo hacen- seguir recurriendo a estos medios, pero ya no tienen que limitarse a ellos porque las redes sociales les permiten superar las limitaciones espaciotemporales. Los volantes podían ser decomisados y quemados. Los mensajes de WhatsApp atraviesan ciudades, países y continentes antes de llegar a los tenebrosos despachos de la seguridad del Estado.

La capacidad de convocatoria de los nuevos medios de comunicación pudo ser apreciada en las multitudinarias manifestaciones que desde su búnker en El Carmen la pareja presidencial vio. El hecho de que la vicepresidente se refiera a los autoconvocados como minúsculos, puchitos, remanentes, chingastes, poquedad y almas pequeñas es sintomático del pánico ante su tamaño. La palabra “minúsculos” aparece en cinco de los primeros nueve párrafos de su alocución del 19 de abril. La sangrienta reacción del poder fue proporcional al pánico experimentado. Fue terrorista todo lo que les provocó terror.

Los universitarios de hoy, que son mayores en número, también se enfrentan a mayores exigencias que los de ayer. Sobre sus espaldas la historia ha echado cuatro centenares de muertos. Enfrentan una dictadura que ha probado ser más sangrienta y que ahora busca descubrirlos, perseguirlos y castigarlos. En estos momentos están respondiendo a una dura ordalía que pone a prueba su compromiso y su creatividad. Ya probaron que tienen coraje. Las redes sociales seguirán siendo su instrumento, uno del que sus predecesores no dispusieron. Y aunque no hay determinismo tecnológico, las redes sociales expanden el horizonte de posibilidades. Sabemos que son un magnificador de los eventos. Falta averiguar si son también un acelerador de los procesos.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=245979

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La audacia en el pensamiento marxista de Samir Amín

Por: Marco A. Gandásegui h.

El gran pensador social, Samir Amín, ha fallecido. Las ciencias sociales han perdido tres figuras insustituibles en el presente año. Primero, el brasileño Theotonio dos Santos, quien inspiró a muchos a estudiar el sistema mundial desde una perspectiva radical. Le siguió Aníbal Quijano, el peruano, quien planteó la ‘revolución cultural’ para darles a los pueblos de la región latinoamericana su propia identidad. Samir Amín era egipcio pero se encontraba muy cómodo trabajando con los sociólogos latinoamericanos.

 

Antes de su muerte, Samir Amín fue entrevistado por Rubén Ramboer. De esa entrevista queremos rescatar tres líneas sobre las cuales desarrolla su obra Samir. En primer lugar, el papel de la audacia en el trabajo de los científicos sociales. En realidad, la audacia tiene que estar presente en toda iniciativa que pretende ser significativa. Más aun, la audacia es un ingrediente imprescindible para superar las contradicciones sociales.

 

Samir Amín se identifica como marxista. ¿Qué es ser marxista teniendo en cuenta que Carlos Marx escribió sus grandes obras hace 150 años? Según Samir, “ser marxista, es partir de dos grandes contribuciones elaboradas por Marx. En primer lugar, la crítica de la realidad. Pero la realidad situada en su época”. Es decir, en la actualidad. No podemos criticar algo que ya pasó o que se sitúa en un futuro desconocido. Señala, además, que “aunque el capitalismo ya no es lo que era, sigue siendo fundamental la crítica del capitalismo”. En segundo lugar, “la crítica de la imagen ideológica del capitalismo. Es decir, de la teoría económica y del economismo”. La ideología de los capitalistas ha creado un conocimiento falso de la realidad: el economismo que proclama el ‘fin de la historia’ y la existencia para siempre de relaciones sociales de esclavitud (asalariada).

 

Sobre estas dos grandes contribuciones elaboradas por Marx, hay casi un consenso sobre la definición actual del marxismo. Samir Amín da un paso adicional que asusta a no-marxistas y neomarxistas. Dice que “ser marxista significa necesariamente ser comunista. Marx no disociaba la teoría de la práctica, de la participación en la lucha por la emancipación de los trabajadores y los pueblos. También significa ser un comunista internacionalista. No es posible cambiar el mundo olvidando a la mayoría de los pueblos, especialmente a los de la periferia”. No queda claro que es ser comunista. Samir Amín aclara que significa estar dispuesto a ‘cambiar el mundo’. Inmensa tarea.

 

Samir habla de ser “neo-marxista”, algo que está de moda en algunos círculos. ¿Se puede ser un nuevo marxista, con nuevas ideas tomadas del pensador alemán del siglo XIX? Los neo-marxistas, dice Samir, “quieren romper con el marxismo histórico. Quieren ir más allá de Marx. (No soy neo-marxista), tampoco me considero “paleomarxista”, es decir, alguien que sostiene de manera incondicional el marxismo histórico, alguien que se convierte en sacerdote del marxismo, que sólo conoce los textos sagrados y los comenta sin fin. Leyendo entre líneas, tratan de encontrar respuestas a los problemas actuales que no se planteaban en aquel momento.

 

Samir Amín también se refiere a China y su aparición en el escenario mundial como nueva potencia industrial. La presencia explosiva del viejo Imperio Celestial ha trastocado la correlación de fuerzas internacional. Poco a poco, ha trasladado el centro del sistema capitalista mundial del Atlántico norte hacia la cuenca del Pacífico.

 

Según Samir, “estamos en un momento histórico en el que la izquierda radical debe ser audaz. Me refiero a la izquierda que está convencida de que el sistema capitalista debe ser superado en su esencia. En el Norte, existen las condiciones objetivas para aislar el capital monopolista, que ejerce su poder también gracias a su clero político y mediático. Esto podría comenzar por una alianza política – no una alianza electoral – y social, que incluyese a la gran mayoría. En las periferias, la audacia consistiría en la formación de un bloque histórico alternativo anticomprador” (anti-rentista).

 

En este punto, Samir se sitúa en el medio del gran debate sobre China. Estará Pekín contribuyendo a la construcción de un mundo nuevo o se estará integrando a la visión global de los centros financieros de Occidente. Según Samir, “los países emergentes, especialmente China, están en el proceso de de-construir los monopolios. Para hacer frente a esto los chinos han escogido financiar la muerte lenta de EEUU apoyando a su déficit. La muerte repentina de un animal de este tipo sería demasiado peligrosa”.

Fuente: https://www.alainet.org/es/articulo/195168

 

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¿De tal palo tal astilla? Las profesiones que más se heredan de padres a hijos en España

Redacción: 

En España existe un alto grado de desigualdad en el acceso a la universidad, en la herencia de la ocupación de padres a hijos y en el sueldo entre personas con el mismo nivel educativo

Las ocupaciones que me más se heredan de padres a hijos son los pequeños y grandes empresarios, las profesiones liberales (abogados, médicos) y las ocupaciones de baja cualificación del sector primario y servicios (jornaleros, fontaneros)

Hay una brecha de clase en la que los hijos de profesionales liberales y empresarios obtienen las mayores ventajas en el mercado de trabajo en comparación con hijos de la clase obrera con el mismo nivel educativo

En las sociedades aristocráticas la posición social era directamente heredada por linaje familiar, tradición o propiedad. En las sociedades contemporáneas el lugar que ocupamos en la jerarquía socioeconómica depende menos de la familia o clase social en la que nacemos y más del nivel educativo que alcanzamos. La educación es uno de los factores más valorados en el mercado de trabajo a la hora de acceder a empleos con mayor estabilidad, perspectivas de promoción y sueldo. Por lo tanto, el sistema educativo público es uno de los instrumentos más importantes a la hora de perseguir la igualdad de oportunidades y fomentar la movilidad social.

España ha experimentado grandes cambios desde la transición a la democracia con el surgimiento del estado de bienestar, la implantación de leyes educativas comprensivas y una mayor inversión en gasto social, con la consiguiente expansión del nivel educativo de los españoles. Sin embargo, todavía existen grandes desigualdades por clase social tanto en el riesgo de fracaso escolar como en las posibilidades de cursar estudios universitarios, y estas desigualdades no han cambiado mucho en las últimas décadas.

A pesar de las grandes desigualdades educativas que existen en España, la educación todavía podría cumplir un papel meritocrático si, por ejemplo, dos personas que han alcanzado el mismo título educativo (v.g. una licenciatura o grado en ingeniería) pero que vienen de orígenes familiares dispares (una viene de una familia de clase obrera, su padre es albañil y su madre limpiadora, y la otra de una familia de abogados) consiguieran un empleo y sueldo similar. Al igual que se habla de la brecha de género cuando se comparan los (desiguales) resultados en el mercado de trabajo entre hombres y mujeres con igual nivel educativo y productividad, en este caso podríamos denominarlo como brecha de clase. Este ejemplo sirve para ilustrar el hecho de que las desigualdades sociales no acaban en el sistema educativo, sino que también existen otros canales por los que las familias con más recursos económicos (patrimonio y negocios), sociales (contactos e información privilegiada) y culturales (habilidades no cognitivas como la capacidad de presentación) transmiten ventajas a sus hijos e hijas de generación en generación.

¿Pero son estos canales de transmisión intergeneracional de la desigualdad injustos? Aquí entramos en un farragoso debate filosófico o normativo sobre la justicia social y los límites de intervención del estado. Los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos e intentarán transmitirles todo tipo de ventajas. Por tanto, si se quiere conseguir la igualdad de oportunidades efectiva, la familia es incompatible con este ideal. Como esta posibilidad de abolir la familia como institución social es absurda e indeseable, hay canales de transmisión intergeneracional de la desigualdad que pueden considerarse más o menos justos. Sin lugar a dudas, la transmisión directa de riqueza y la cooptación a través de redes sociales o enchufes pueden ser considerados como canales injustos. No en vano, los estados intervienen en este proceso a través de los impuestos y la redistribución. En cambio, que los padres inculquen a sus hijos habilidades, aspiraciones y preferencias específicas sobre un campo de estudios, profesión o carrera profesional a seguir, o que les transfieran su pequeño negocio familiar de toda la vida (bar, tienda, quiosco) está menos claro y depende más de la posición ideológica del lector.

En este post vamos a ver una radiografía de la desigualdad social en España identificando cuáles son las profesiones de padres y madres que transmiten más ventajas a sus hijos e hijas en el sistema educativo y en el mercado de trabajo (1). De esta forma, podemos tratar de aislar qué recursos familiares son más importantes a la hora de alcanzar un título universitario y llegar a las profesiones de mayor prestigio y sueldo.

Las profesiones parentales con más y menos hijos universitarios

En el gráfico 1 podemos ver qué porcentaje de hijos e hijas según la profesión parental llega a la universidad. En la parte de arriba, entre peones agrícolas y conductores de camiones se encuentran las profesiones de los padres en las que sus hijos tienen menos oportunidades de conseguir un título universitario. Por ejemplo, si naciste en una familia de jornaleros en el campo andaluz, tus posibilidades de ir a la universidad son ínfimas, un 4%. Similar suerte corren los hijos de familias que trabajaron en el sector primario (pesca, minería), en la construcción, o en el sector servicios de baja cualificación (empleados domésticos, limpiadores, cocineros y conductores de camiones). Los hijos de padres en estas profesiones alcanzan tasas de graduación universitaria entre el 8% y el 17%, cifras considerablemente por debajo del nivel medio de la población (24%), tal y como marca la línea roja vertical.

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En cambio, como puede apreciarse en la parte de abajo del gráfico 1, los hijos de padres profesionales liberales (ingenieros, abogados, médicos y profesores) alcanzan tasas de graduación universitaria muy altas de entre el 64% el 83%, en torno a tres veces más de la media de la población (24%). Los hijos de profesores de universidad se llevan la palma. 8 de cada 10 hijos de profesores universitarios consiguen un título universitario. Estas grandes desigualdades educativas pueden ser explicadas por tres factores fundamentales: la concentración de estudiantes de origen aventajado y mejor rendimiento en las mismas escuelas y barrios, la desigual distribución de recursos económicos y culturales entre las clases sociales y las desiguales actitudes con respecto a la educación. Con esto último queremos decir que para los padres que ejercen como profesionales liberales, si quieren mantener su estatus social en la siguiente generación, lo mínimo que esperan es que sus hijos alcancen un título universitario. Por tanto, empujarán a sus hijos en el sistema educativo incluso cuando saquen malas notas.

Las profesiones que más se heredan de padres y madres a hijos e hijas

En un reciente artículo publicado en el diario The New York Times en el que se analizaba la sucesión de profesiones en los Estados Unidos, se mostraba que las profesiones más heredadas de padres a hijos eran los trabajadores del acero, los legisladores, panaderos, abogados y médicos, mientras que los directivos medios, los administrativos y los trabajadores de los servicios seguían en menor medida los pasos de sus padres. El gráfico 2 muestra un análisis similar al de los Estados Unidos con un ranking de herencia de la profesión de padres a hijos para el caso español. Este índice se interpreta, por ejemplo, como que las personas que trabajan cómo médico son 17 veces más propensas a tener padres médicos en comparación con el resto de la población. Dicho de otra manera, los médicos tienen 17 veces más posibilidades de heredar la profesión de sus padres con respecto al caso en que las profesiones de padres e hijos se distribuyeran al azar.

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Como muestra el gráfico 2, en España el mayor nivel de herencia intergeneracional de la profesión se encuentra entre aquellas profesiones que conllevan la propiedad o gestión de pequeños negocios y grandes empresas. Este resultado no es sorprendente dado el gran porcentaje de negocios familiares (bares, restaurantes, tiendas de comercio al por menor) y de pequeñas y medianas empresas en España. Lo que sí parece más preocupante es que los hijos de directores y presidentes ejecutivos de grandes empresas trabajen de esta misma profesión y, probablemente, en la misma empresa. De la misma manera, los hijos de abogados pueden beneficiarse de la cartera de clientes de sus progenitores, hacer prácticas y entrar a trabajar directamente en el bufete familiar.

En este ranking también encontramos profesiones liberales con exigentes oposiciones y barreras de entrada como puede ser el caso de los médicos y, sobre todo, de los jueces y magistrados. El tener padres que hayan pasado por unas oposiciones y que conozcan desde dentro el sistema puede otorgar grandes ventajas a sus hijos a la hora de seguir sus pasos. De la misma forma, encontramos en lo alto del ranking a guardias civiles, profesión que también cuenta con un sistema de oposiciones y selección que incluso da ventajas a los candidatos cuyos progenitores ejercen o ejercieron en estas mismas profesiones. Por último, a lo largo del ranking hay profesiones del sector primario de baja-media cualificación en la pesca, la ganadería, el campo (jornaleros) y la minería. Este tipo de profesiones se caracterizan por desempeñarse en ambientes rurales en los que el acceso a la educación superior es limitado, como vimos en el gráfico 1, y las oportunidades del mercado de trabajo son escasas fuera de estos nichos. Por último, cabe destacar oficios clásicos como fontaneros y encofradores en los que el saber técnico puede ser transmitido.

La brecha de clase entre personas con el mismo nivel educativo

Aunque hemos visto que hay un alto grado de herencia o reproducción intergeneracional de la profesión en España, esto podría ser explicado por las desigualdades en el acceso a la educación que vimos en el gráfico 1. Es decir, los hijos de médicos tienden a ser médicos en mucha mayor proporción que el resto de la población porque también tienen más posibilidades de estudiar en la universidad. Por tanto, vamos a ver si las personas que han alcanzado el mismo nivel de estudios consiguen acceder a la misma clase social y ganan el mismo dinero independientemente de la profesión de sus progenitores (2).

El gráfico 3 muestra una comparación extrema de las ventajas que obtienen los hijos de clases medias-altas tales como directores generales de grandes empresas, jueces o profesores de universidad, en comparación con los hijos de albañiles, una de las profesiones obreras más numerosas de los padres. Teniendo en cuenta que tanto los hijos de las clases altas como de los albañiles en este análisis han conseguido el mismo nivel de estudios, el gráfico 3 muestra grandes desigualdades entre estas clases sociales. Los hijos de economistas, jueces, abogados y profesores de universidad tienen entre un 12% y un 20% más posibilidades de acceder a la clase directiva y profesional, y ganan entre 250 y 375 euros más al mes que los hijos de albañiles con el mismo título educativo. Estas son las profesiones de los padres que otorgan mayores ventajas a sus hijos por canales sospechosos de ir en contra de la justicia social (conexiones, transmisión directa del negocio, información privilegiada sobre procesos de selección y oposiciones), al funcionar independientemente del sistema educativo. El caso de los directores y gerentes de (pequeñas y medianas) empresas del comercio al por mayor y al por menor es ilustrativo, ya que los hijos de pequeños empresarios consiguen ventajas en términos de sueldo, probablemente al trabajar en el mismo negocio familiar, pero no en cuanto al acceso a la clase media-alta.

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Estos resultados sugieren que la educación no está funcionando como igualador social o como garante meritocrático ya que, entre individuos que han alcanzado el mismo título educativo, aquellos que provienen de familias más privilegiadas tienen ventajas sustanciales en el mercado de trabajo. Queda por saber si estas ventajas son debidas a que los individuos que vienen de familias privilegiadas estudian en instituciones educativas de mayor prestigio, porque son más productivos, porque sus padres les transmiten conocimientos específicos de la profesión, porque los empleadores tienen un sesgo o discriminan en favor de estos, porque las familias privilegiadas ayudan a sus hijos a través de contactos o cooptación, o les transmiten directamente sus recursos patrimoniales, económicos y financieros.

Conclusión

Resumiendo, en este artículo hemos visto que en la España actual existen grandes desigualdades en el acceso al factor más importante para el estatus socioeconómico (clase social y sueldo), el nivel educativo. Son los hijos e hijas de profesionales liberales quienes disfrutan de mayores oportunidades de conseguir un título universitario. También hemos visto que existe un alto grado de herencia de la ocupación entre padres e hijos, y que son las ocupaciones que conllevan la propiedad o gestión de pequeños negocios y grandes empresas, las profesiones liberales con sistemas exigentes de selección (jueces, magistrados, médicos) y las ocupaciones de baja cualificación del sector primario y servicios las que más se transmiten entre generaciones. Por último, hemos visto una brecha de clase en la que los hijos de profesionales liberales (abogados, profesores de universidad, economistas) y empresarios son los que obtienen mayores ventajas en el mercado de trabajo en comparación con hijos de la clase obrera (albañiles) con el mismo nivel educativo. Por tanto, parece que, como indicaba Pau-Marí Klose en otro post en este diario, las clases-medias altas en España son capaces de acaparar las oportunidades tanto en el sistema educativo como en el mercado de trabajo, lo que conduce a situaciones indeseables para el bienestar del conjunto de la sociedad.

Notas

(1) Para realizar estos análisis hemos recopilado y analizado datos de los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas llevados a cabo entre 2013 y 2018 seleccionando a aquellos hombres y mujeres activos de entre 28 y 65 años con información válida sobre la profesión de sus padres y/o madres. Hemos tomado como referencia la profesión del progenitor de los encuestados con el estatus socioeconómico más alto. Sin embargo, debido a las dificultades históricas de las mujeres para acceder a la educación y seguir una carrera profesional en España, solo en torno al 8% de las profesiones parentales corresponden a la madre. Por tanto, de aquí en adelante usamos los términos genéricos profesión parental, profesión del progenitor o padres.

(2) En este análisis usamos una clasificación de educación desagregada en las siguientes 16 categorías para no sobreestimar el efecto de la clase social de origen:

(1) Analfabetos / Leen-Escriben; (2) Menos de 5 años de escolarización; (3) Educación Primaria; (4) FP grado inicial; (5) Educación Secundaria; (6) FP de grado medio; (7) Bachillerato; (8) FP de grado superior; (9) Arquitectura o ingenierías; (10) Diplomatura; (11) Estudios de grado; (12) Estudios de licenciatura; (13) Arquitectura o ingenierías superiores; (14) Máster oficial universitario; (15) Doctorado; (16) Títulos propios de posgrado.

Fuente: https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/astilla-profesiones-heredan-padres-Espana_6_810578950.html

 

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Anal­fa­be­tis­mo: con­de­na a la po­bre­za y la ex­clu­sión

Autor: Agencia SINC

En el Día In­ter­na­cio­nal de la Al­fa­be­ti­za­ción, el mun­do vuel­ve los ojos ha­cia los más de 750 mi­llo­nes de per­so­nas -de las que casi 500 mi­llo­nes son ni­ñas y mu­je­res- a las que el anal­fa­be­tis­mo pue­de con­de­nar a la po­bre­za y la ex­clu­sión.

El pró­xi­mo 8 de sep­tiem­brese con­me­mo­ra el Día In­ter­na­cio­nal de la Al­fa­be­ti­za­ción, una jor­na­da en la que el mun­do vuel­ve los ojos ha­cia los más de 750 mi­llo­nes de per­so­nas -de las que casi 500 mi­llo­nes son ni­ñas y mu­je­res- a las que el anal­fa­be­tis­mo pue­de con­de­nar a la po­bre­za y la ex­clu­sión.

A pe­sar de que el anal­fa­be­tis­mo y, prin­ci­pal­men­te, el anal­fa­be­tis­mo fun­cio­nal (per­so­nas que tie­nen co­no­ci­mien­tos bá­si­cos de lec­tu­ra, es­cri­tu­ra y cálcu­lo pero que no son ca­pa­ces de uti­li­zar es­tos co­no­ci­mien­tos de for­ma efi­cien­te en las si­tua­cio­nes de la vida co­ti­dia­na) es­tán pre­sen­tes en to­dos los paí­ses del mun­do, es en las na­cio­nes más po­bres don­de es­tas ca­ren­cias se ma­ni­fies­tan con ma­yor in­ten­si­dad.

Para Ma­nos Uni­das “la edu­ca­ción y, como pri­mer paso, la al­fa­be­ti­za­ción, es la prin­ci­pal he­rra­mien­ta para lo­grar que las per­so­nas pue­dan sa­lir de la po­bre­za y para im­pe­dir que ésta se trans­mi­ta de ge­ne­ra­ción en ge­ne­ra­ción”, ase­gu­ra Ma­ría José Her­nan­do, del de­par­ta­men­to de Es­tu­dios de Ma­nos Uni­das. Por­que la edu­ca­ción, ade­más de ser un ga­ran­te para el desa­rro­llo de las per­so­nas, “fa­vo­re­ce la crea­ción de con­cien­cia crí­ti­ca, es fun­da­men­tal para ac­ce­der a me­jo­res opor­tu­ni­da­des de tra­ba­jo y con­tri­bu­ye al desa­rro­llo de los paí­ses”, afir­ma Her­nan­do.

El tra­ba­jo de Edu­ca­ción para el Desa­rro­llo que lle­va a cabo Ma­nos Uni­das hace hin­ca­pié en de­nun­ciar las es­truc­tu­ras so­cia­les y cul­tu­ra­les in­jus­tas que un alto por­cen­ta­je de la po­bla­ción ac­ce­da a la edu­ca­ción en sus di­fe­ren­tes ni­ve­les y, con ella, a la sa­tis­fac­ción ple­na de la ma­yo­ría de los de­re­chos que, como se­res hu­ma­nos, les am­pa­ran.

Con este ob­je­ti­vo, en el año 2017, Ma­nos Uni­das apro­bó 199 pro­yec­tos edu­ca­ti­vos por im­por­te de 10,2 mi­llo­nes de eu­ros, en Afri­ca, Asia y Amé­ri­ca.

Mu­jer y anal­fa­be­tis­mo

En el Día In­ter­na­cio­nal de la Al­fa­be­ti­za­ción, Ma­nos Uni­das quie­re de­nun­ciar, tam­bién, que el anal­fa­be­tis­mo ahon­da la bre­cha de gé­ne­ro y re­cla­ma el ac­ce­so a la edu­ca­ción de las mu­je­res, en igual­dad de con­di­cio­nes con los hom­bres. En el si­glo XXI, cuan­do la tec­no­lo­gía y los me­dios de­be­rían fa­vo­re­cer el ac­ce­so a los co­no­ci­mien­tos y a la in­for­ma­ción para to­dos “es inacep­ta­ble que casi 500 mi­llo­nes de mu­je­res y ni­ñas con­ti­núen pri­va­das del ac­ce­so al co­no­ci­mien­to y, con ello, de las opor­tu­ni­da­des que con­lle­va la edu­ca­ción”, la­men­ta Her­nan­do.

Es inacep­ta­ble que casi 500 mi­llo­nes de mu­je­res y ni­ñas con­ti­núen pri­va­das del ac­ce­so al co­no­ci­mien­to y, con ello, de las opor­tu­ni­da­des que con­lle­va la edu­ca­ción”, la­men­ta Her­nan­do.

Por este mo­ti­vo, el com­po­nen­te de gé­ne­ro, que está pre­sen­te en to­dos nues­tros pro­yec­tos, es un re­qui­si­to fun­da­men­tal en los edu­ca­ti­vos. “Por­que nues­tra ex­pe­rien­cia, y los da­tos cons­ta­ta­dos por di­fe­ren­tes or­ga­ni­za­cio­nes e ins­ti­tu­cio­nes, ava­lan que la in­ver­sión en la edu­ca­ción de las ni­ñas y la con­si­guien­te ca­pa­ci­ta­ción de las mu­je­res se tra­du­cen di­rec­ta­men­te en una me­jor nu­tri­ción, sa­lud y ren­di­mien­to eco­nó­mi­co para sus fa­mi­lias, sus co­mu­ni­da­des y, por úl­ti­mo, para sus paí­ses”, ex­pli­ca Ma­ría José Her­nan­do. “Una mu­jer for­ma­da y edu­ca­da ten­drá las he­rra­mien­tas para cam­biar el cur­so de su vida: pro­ba­ble­men­te se ca­sa­rá más tar­de, ten­drá hi­jos en edad adul­ta, lle­va­rá a sus hi­jos, y tam­bién a sus hi­jas a la es­cue­la y trans­mi­ti­rá sus co­no­ci­mien­tos en su fa­mi­lia y en su co­mu­ni­dad”, afir­ma Her­nan­do.

Apo­ya­mos la al­fa­be­ti­za­ción de mu­je­res en Se­ne­gal

Se­gún da­tos de la UNES­CO, en Áfri­ca sub­saha­ria­na hay cer­ca de 203 mi­llo­nes de per­so­nas de más de 15 años que no sa­ben leer ni es­cri­bir. Ade­más, en esta re­gión del mun­do, que al­ber­ga a la ma­yor par­te de los paí­ses más po­bres del mun­do, casi la mi­tad de las mu­je­res son anal­fa­be­tas.

“El anal­fa­be­tis­mo es una de las cau­sas de la mar­gi­na­ción de las mu­je­res”, ase­gu­ra Ade­la Gon­zá­lez, coor­di­na­do­ra ex­pa­tria­da de Ma­nos Uni­das en Se­ne­gal para el con­ve­nio “Agri­cul­tu­ra, Re­fuer­zo del te­ji­do aso­cia­ti­vo ru­ral y De­re­chos so­cio­eco­nó­mi­cos de mu­je­res y jó­ve­nes en Se­ne­gal”, que la ONG lle­va a cabo, con apo­yo eco­nó­mi­co de la Coope­ra­ción Es­pa­ño­la (AE­CID), y que se co­no­ce en la zona como Pro­gra­ma Ka­ronghen (re­na­ci­mien­to en dio­la). Se lle­va a cabo en la Baja Ca­sa­man­ce, la re­gión sur del país afri­cano, cas­ti­ga­da por años de con­flic­to y ais­la­mien­to.

El Con­ve­nio tie­nen como ob­je­ti­vo lo­grar el desa­rro­llo so­cio­eco­nó­mi­co de la po­bla­ción más vul­ne­ra­ble de la zona y, es­pe­cial­men­te, de las mu­je­res. Ade­más, se bus­ca for­ta­le­cer el te­ji­do so­cial para me­jo­rar la par­ti­ci­pa­ción en la go­ber­na­bi­li­dad, en una re­gión ca­rac­te­ri­za­da por un bajo ni­vel de desa­rro­llo eco­nó­mi­co y por no­ta­bles ca­ren­cias en el ejer­ci­cio de otros de­re­chos hu­ma­nos, es­pe­cial­men­te el de­re­cho a la ali­men­ta­ción.

“Aun­que el ob­je­ti­vo de me­jo­rar la si­tua­ción de la mu­jer esté pre­sen­te en to­das las ac­ti­vi­da­des del con­ve­nio, el com­po­nen­te de al­fa­be­ti­za­ción tie­ne una enor­me re­le­van­cia den­tro de la es­tra­te­gia glo­bal de em­po­de­ra­mien­to de la mu­jer”, in­for­ma Gon­zá­lez.  “De he­cho, este com­po­nen­te re­sul­ta ele­men­tal para que, en­tre otras mu­chas me­jo­ras, la mu­jer pue­da re­cla­mar el res­pe­to de sus de­re­chos en su fa­mi­lia y en su co­mu­ni­dad”, ex­pli­ca.

Para Ma­nos Uni­das y su so­cio lo­cal, la Aso­cia­ción CPAS, la al­fa­be­ti­za­ción es in­dis­pen­sa­ble para lo­grar la edu­ca­ción para to­dos y cla­ve para erra­di­car la po­bre­za, al­can­zar la igual­dad de gé­ne­ro y ga­ran­ti­zar el desa­rro­llo sos­te­ni­ble, la paz y la de­mo­cra­cia.

“Aquí, en la Ca­sa­man­ce, he po­di­do com­pro­bar lo di­fí­cil que es el día a día para una mu­jer que no sabe leer ni es­cri­bir o que no tie­ne no­cio­nes bá­si­cas de arit­mé­ti­ca o de nú­me­ros”, ex­pli­ca Gon­zá­lez. “Es­tas mu­je­res, que son tan­tas ve­ces el sos­tén de sus fa­mi­lias, pue­den ser en­ga­ña­das con las cuen­tas o los pe­sa­jes en el mer­ca­do, don­de ven­den un ele­va­do por­cen­ta­je de la pro­duc­ción de sus huer­tos”, afir­ma la coope­ran­te de Ma­nos Uni­das.  “Esta, en­tre otras cau­sas, nos lle­va a po­ner el én­fa­sis en re­du­cir las de­sigual­da­des me­dian­te el ac­ce­so a dis­tin­tas for­ma­cio­nes en­tre las que la al­fa­be­ti­za­ción es fun­da­men­tal, por­que fa­vo­re­ce su em­po­de­ra­mien­to en el ám­bi­to fa­mi­liar, co­mu­ni­ta­rio y pú­bli­co “, ex­pli­ca la coor­di­na­do­ra ex­pa­tria­da de Ma­nos Uni­das en Se­ne­gal.

En el mar­co del con­ve­nio se han for­ma­do a 1500 per­so­nas, un 90% mu­je­res, que han ad­qui­ri­do com­pe­ten­cias bá­si­cas de lec­tu­ra, es­cri­tu­ra y cálcu­lo, así como co­no­ci­mien­tos de or­ga­ni­za­ción y ges­tión para el desa­rro­llo de ac­ti­vi­da­des que per­mi­tan me­jo­rar sus in­gre­sos. Esta al­fa­be­ti­za­ción de hace en len­gua lo­cal, el dio­la, ya que una gran ma­yo­ría de la po­bla­ción ru­ral no ha­bla el fran­cés, el idio­ma ofi­cial de Se­ne­gal.

Fuente: http://www.agenciasic.es/2018/09/06/analfabetismo-condena-a-la-pobreza-y-la-exclusion/

 

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El fascismo neoliberal y el ocaso de lo social

Los terrores de 20 º fascismo siglo han aumentado una vez más en los Estados Unidos, pero no tanto como una advertencia acerca de los errores del pasado que como una medida del grado en que las lecciones de la historia vuelto irrelevante. La política ahora se mueve entre lo que filósofo Susan Sontag una vez etiquetó como » banalidad incesante y terror inconcebible «. La «banalidad incesante» es evidente en el aluvión diario de tweets imprudentes de Trump en el que el lenguaje se convierte en un arma para vilipendiar, humillar y demonizar a funcionarios gubernamentales, periodistas y medios de comunicación críticos. Una banalidad malvada también está presente en su marca de inmigrantes indocumentados como «asesinos y ladrones», «violadores» y criminales que quieren » infestar a nuestro país «.

Aquí hay más en juego que el uso de un lenguaje grosero o una muestra sin precedentes de descortesía por parte de un presidente en funciones; también hay un flirteo con la violencia, la retórica de la supremacía blanca y el lenguaje de la expulsión y la eliminación . El abrazo de Trump al terror inconcebible adquiere un tono aún más oneroso a medida que el lenguaje de la deshumanización y la crueldad se materializa en políticas que trabajan para expulsar a las personas de cualquier sentido de comunidad, si no de la humanidad misma.

Dichas políticas son evidentes en la política sistémica de «cero tolerancia» de Trump, ahora anulada, que separaba por la fuerza a los niños migrantes de sus padres y los encarcelaba en jaulas similares a las prisiones donde muchos de ellos sufrían abusos físicos y sexuales . Estos ataques no se han limitado a los niños. Aida Chávez informa en The Intercept que los asaltos físicos y sexuales contra inmigrantes en centros de detención se han vuelto comunes y están documentados en varias fuentes confiables . Por ejemplo, The Intercept ha obtenido registros públicos que revelan que se han presentado más de 1,000 quejas sobre abuso sexual en centros de detención de inmigrantes.. La naturaleza sistémica y el alcance de la violencia y el abuso sexual también se extiende al reino del terror infligido a los inmigrantes a manos de agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). La Oficina del Inspector General ha recibido más de 33,000 horribles quejas de inmigrantes hechas contra ICE , revelando los cimientos y la anarquía sin sentido de un estado policial fascista. La senadora Kirsten Gillibrand ha llamado a ICE una «fuerza de deportación» y junto con varios políticos prominentes, como el alcalde de Nueva York Bill de Blasio, ha argumentado que debería ser abolido . Cynthia Nixon, la actriz progresista que ha ingresado a la carrera para gobernador en Nueva York, ha llamado a ICE » una organización terrorista » y ha insistido en su abolición.

La afición de Trump a la crueldad también se muestra plenamente en su eliminación del estatus de protección temporal para cientos de miles de refugiados de El Salvador, Honduras y Haití, así como su anulación de protecciones » para 800,000 jóvenes inmigrantes indocumentados, conocidos como Dreamers «. Peor: la administración Trump ha abogado por privar a los inmigrantes indocumentados del debido proceso y amenazó con deportarlos inmediatamente cuando crucen la frontera » sin un juicio o una comparecencia ante un juez «.

El grado y la transparencia del racismo de Trump están aún mejor definidos en su plan para castigar a los inmigrantes legales por aceptar los beneficios públicos a los que tienen derecho, como los cupones de alimentos y la vivienda pública. Además, su norma autorizaría a los funcionarios federales a revocar el estatus de residente legal de los inmigrantes que acepten dicha asistencia. La fuerza motriz detrás de este movimiento antiinmigrante en la administración Trump es el partidario de la supremacía blanca y partidario de la supremacía blanca, Stephen Miller, quien se deleita en proponer una legislación que hace «más difícil para los inmigrantes legales convertirse en ciudadanos o obtener tarjetas verdes si alguna vez utilizó una variedad de programas populares de bienestar público, incluido Obamacare «.

La legislación que niega la ciudadanía a los inmigrantes porque reciben asistencia pública revela un nivel de violencia estatal, si no una forma de terrorismo doméstico, que caracteriza cada vez más la arremetida de las políticas de Trump. Más recientemente, ha sugerido la pena de muerte para traficantes de drogas, un plan que toma nota de la guerra contra las drogas del presidente filipino Rodrigo Duterte, que ha resultado en la muerte de más de 20,000 supuestos usuarios y vendedores de drogas desde 2016 , muchos de los cuales viven en comunidades pobres .

Mientras tanto, como parte de su ataque más amplio contra la vida humana y las condiciones que lo hacen posible, Trump ha revertido muchas de las políticas de la era de Obama diseñadas para frenar el cambio climático; ha revertido las protecciones ambientales , como la prohibición de pesticidas en refugios de vida silvestre, y ha desmantelado las normas federales que regulan las plantas de carbón estadounidenses, que están «diseñadas para reducir las emisiones de carbón de dióxido de carbono y metano que contribuyen al cambio climático».

En un caso que destaca la guerra de Trump contra la juventud y sus continuos intentos de destruir los lazos sociales que sostienen una democracia, el gobierno de los Estados Unidos intentó eliminar una resolución de la Organización de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud basada en la investigación que fomentaba la lactancia materna . Apoyando los intereses de los fabricantes de fórmulas infantiles, los funcionarios estadounidenses primero buscaron utilizar un lenguaje que atenuaría la resolución. Cuando eso falló, amenazaron a países más pequeños como Ecuador que lo apoyaba. Patti Rundall, una directora de políticas que apoya la resolución, observó que las acciones de la administración Trump eran » equivalentes a un chantaje».«La crítica de Rundall se vuelve aún más alarmante dado un estudio de 2016 en The Lancet que documenta cómo» la lactancia materna universal evitaría 800,000 muertes infantiles al año en todo el mundo y produciría $ 300 mil millones en ahorros de costos de atención médica reducidos y mejores resultados económicos para aquellos criado con leche materna «.

Lento Violencia, Violencia Rápida

El discurso y las políticas de Trump representan un profundo ataque a los valores colectivos cruciales para una democracia y presentan un asalto constante no solo sobre las instituciones económicas y políticas sino también sobre la cultura formativa, las fundaciones públicas y los aparatos educativos necesarios para alimentar a ciudadanos críticamente activos y comprometidos. El asalto de Trump a las obligaciones sociales, la responsabilidad social y el tejido social es un elemento fundamental de su adhesión al fascismo neoliberal. Este nuevo arreglo político opera en su forma más letal como una forma de «violencia lenta», que en términos del académico de la Universidad de Princeton Rob Nixon es «una violencia que ocurre gradualmente y fuera de la vista, una violencia de destrucción retrasada que se dispersa en el tiempo y el espacio, una violencia de atrición que típicamente no se considera violencia en absoluto «.

La «violencia lenta» destruye las culturas formativas que hacen visible el sufrimiento humano, cubre los impulsos autoritarios detrás de los llamados a la grandeza nacional, y expone el peligro de la libertad de la seguridad. En el centro de esta violencia, que se ha intensificado bajo el fascismo neoliberal, está el ataque contra aquellas fuerzas sociales que defienden el estado de bienestar y se comprometen en una lucha constante para concretar las posibilidades del socialismo democrático. Bajo el fascismo neoliberal, el chovinismo y el militarismo van de la mano con un endurecimiento de la cultura, el desencadenamiento de las fuerzas del egoísmo brutal y un creciente analfabetismo que socava tanto los valores públicos como la lucha colectiva contra el sociólogo C. Wright Mills. llamado «una política de irresponsabilidad organizada».

La violencia rápida viene con un golpe directo al cuerpo, exhibe el drama espectacularizado de los tweets imperiosos e insultantes de Trump, y produce ataques de alto perfil contra las instituciones democráticas, como los tribunales, los medios y el estado de derecho. Tal violencia abarca lo teatral, se alimenta del espectáculo y apunta a un alto valor de shock. Un ejemplo recientede la violencia rápida de la política cultural fue el anuncio casi impensable de la administración Trump de que Betsy DeVos, la Secretaria de Educación, estaba planeando -en un momento en que las escuelas desfavorecidas carecen de los recursos más básicos y servicios de apoyo- usar fondos federales diseñados para programas de beneficios destinados a estudiantes desatendidos, para capacitar y armar a los maestros, a pesar de una política federal establecida que prohíbe el uso de dichos fondos para armar a los educadores. Por supuesto, esta agenda oculta legitimada en esta política propuesta es que las escuelas atendidas en gran parte por estudiantes pobres son sitios definidos a la imagen de guerra, deben modelarse después de las cárceles y deben regirse por políticas de tolerancia cero que a menudo alimentan a la escuela. – tubería de prisión. El punto final de tales políticas se mueve entre empujar a los jóvenes negros y marrones pobres al sistema de justicia criminal y abolir estas instituciones públicas o convertirlas en vacas de dinero mediante la privatización. El objetivo más amplio es destruir la educación como una esfera pública democrática cuya misión es crear una ciudadanía educada necesaria para el funcionamiento de una democracia vibrante. La violencia patrocinada por el estado en el trabajo aquí pone en peligro el estado de derecho y trabaja para desentrañar las supuestas instituciones democráticas, como los tribunales y los medios que algunos creen que proporcionan un cortafuegos inexpugnable contra el autoritarismo de Trump. Tomados juntos la violencia «lenta» y rápida bajo el régimen de Trump comparten una política cultural que erosiona la memoria, sustituye la emoción por la razón, abraza el antiintelectualismo,el nacionalismo blanco corre salvaje «.

La violencia estatal se ha convertido en el principio organizador que configura todos los aspectos de la sociedad estadounidense. En el corazón de tal violencia hay un ataque completo a las nociones del espacio social y público que hace posible el pensamiento crítico, el diálogo y la búsqueda individual y colectiva del bien común. Bajo tales circunstancias, los problemas sociales apremiantes se eliminan del inventario de preocupaciones públicas y consideraciones éticas. El punto final es la sustitución del estado de bienestar y las inversiones sociales por el estado punitivo y lo que Jonathan Simon ha llamado «gobernar a través del crimen». Esto es demasiado evidente en el modo de gobierno de la administración Trump fundado en un régimen duro y racialmente ley y orden que es tan represivo como corrupto. Encerrado en un «abismo de socialidad fallida», al público estadounidense le resulta cada vez más difícil desafiar la suposición de que los mercados y el gobierno del hombre fuerte son todo lo que se necesita para resolver todos los problemas individuales y sociales. Cuando se invocan los valores públicos, parafraseando a Walter Benjamin, aparecen menos por su reconocibilidad y relevancia para el presente que como un símbolo de lo que se ha perdido irrevocablemente.

Los valores públicos y el bien público se han reducido a recordatorios nostálgicos de otra época, asociada, por ejemplo, al New Deal o la Great Society, en la que el contrato social se consideraba crucial para satisfacer las necesidades de los estadounidenses de la posguerra y era fundamental para orden democrático sustantivo. En lugar de verlo como un legado que necesita ser reclamado, renovado y renovado, las visiones del bien público están consignadas al pasado distante, una curiosidad pasajera como una pieza de museo que quizás vale la pena ver, pero que no vale la pena revivir como ideal o una realidad. Lo que es «nuevo» sobre el largo declive de los valores públicos en la sociedad estadounidense no es que estén nuevamente bajo ataque sino que se hayan debilitado hasta el punto de no provocar más un movimiento social oposicionista masivo frente a ataques más audaces y destructivos por la administración Trump. Cuando se atacan tales valores, los objetivos son grupos que durante décadas han sido inmune a tales ataques porque encarnan los ideales más preciados asociados con el servicio público democrático: inmigrantes, maestros de escuelas públicas, servidores públicos, jóvenes pobres de color y sindicatos. Esto sugiere que la precondición para cualquier sentido viable de resistencia individual y colectiva debe reclamar lo social como parte de un imaginario democrático que hace que la educación y el aprendizaje no solo sean centrales para el cambio social,

Ataque del Neoliberalismo a los Bonos Sociales

Después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, el teórico crítico Theodor Adorno señaló que, si bien es difícil vivir a la sombra de una historia en la que parecía no haber fin al terror, es imposible evadir el pasado porque «persiste en «Después de su propia supuesta muerte y porque una» voluntad de cometer lo incalificable sobrevive tanto en las personas como en las condiciones que las rodean «. Adorno, en este caso, se refería a la supervivencia de elementos fascistas dentro de las democracias consoladas por lo falso creencia de que la historia no puede repetirse. Con el auge de la «democracia antiliberal» y el resurgimiento de un autoritarismo no arrepentido en todo el mundo, está claro que la lucha por las leyes, normas y derechos democráticos no solo es más urgente que nunca, pero la cultura formativa que crea el tejido social y los agentes, hábitos y disposiciones críticos necesarios para sostener y fortalecer dicha democracia está en peligro. La crisis de la democracia ha dado un giro letal en los Estados Unidos.

En los últimos 40 años, el neoliberalismo ha producido los elementos más extremos del capitalismo de casino, enfatizando las políticas de austeridad diseñadas para acumular riqueza y ganancias para la elite financiera y corporativa sin importar los costos sociales y el enorme precio pagado por el sufrimiento y la miseria humana. Al mismo tiempo, el neoliberalismo ha desatado y legitimado los paroxismos movilizadores del discurso neofascista. El neoliberalismo combina una forma cruel de capitalismo contemporáneo con elementos de supremacía blanca, ultranacionalismo y políticas de eliminación que hacen eco de los horrores de un pasado fascista. El ataque del neoliberalismo a la justicia social y el bien común, junto con su producción de condiciones económicas que pisotean las necesidades humanas y producen desigualdad masiva en riqueza y poder,sobre la pérdida de estatus y el dominio social «.

En la narrativa neoliberal, las personas se reducen a la mercancía y se espera que imiten en lugar de desafiar los valores corporativos. Desde este punto de vista, la cultura se convierte en un arma pedagógica cuyo objetivo es convencer a la gente de que es imposible imaginar un futuro alternativo. En esta versión fascista del guión, las personas son consideradas en gran medida como extensiones de capital o desechables, y en última instancia sujetas a limpieza racial, exclusión terminal o algo peor. Dentro de esta convergencia de la racionalidad neoliberal y los ecos alarmantes de una historia fascista , Trump ha envalentonado el discurso de fronteras, muros, purgas raciales y militarismo junto con ataques sin parar a personas de color, trabajadores, inmigrantes, mujeres, personas LBGTQ, ambientalistas y más.

A medida que la guerra de Trump contra la democracia se intensifica, la velocidad y la embestida de políticas que llevan los fantasmas de un pasado monstruoso se vuelven más difíciles de comprender dado los interminables golpes al cuerpo político y una plétora de terremotos espectacularizados que siguen cada golpe sucesivo a los valores sociales. relaciones e instituciones que hacen posible una democracia. Si bien los horrores de un pasado fascista son fáciles de recordar, es mucho más difícil en este momento aprender de la historia cómo resistir una cultura ligada a formas extremas de nacionalismo, supremacía blanca, racismo sistémico, militarismo, violencia policial, política. de desechabilidad y una cultura de crueldad en expansión. Igualmente difícil es comprender cómo los mecanismos del fascismo neoliberal trabajan para socavar los modos de solidaridad social, el contrato social,condiciones que son hostiles a cualquier tipo de libertades democráticas «.

¿Cómo puede una cultura cuya misión es mantener viva la democracia dar paso a arreglos políticos, económicos y pedagógicos que normalizan el odio a la democracia? ¿Qué papel juega la cultura neoliberal como fuerza educativa para construir políticas que socaven los derechos humanos y representen una amenaza para la dignidad de la política? ¿Cómo utiliza el neoliberalismo los aparatos culturales controlados por las corporaciones para destruir la cohesión comunitaria necesaria para nutrir el apoyo al bien común, los bienes públicos y la compasión por los demás? ¿Cómo funcionan las estaciones de trabajo ideológicas del fascismo neoliberal para configurar toda la vida social en términos económicos? ¿Cómo funciona el rechazo regresivo del neoliberalismo de la responsabilidad individual para reducir todos los problemas sociales a fallas personales y, al hacerlo,

Estas preguntas apuntan al terror de lo imprevisto que está en el corazón de la formación neoliberal que surgió bajo la administración Trump como un nuevo y aterrador desarrollo político. A medida que la esfera política se ve corrompida por concentraciones cada vez mayores de riqueza y poder, las instituciones, culturas, valores y principios éticos que hacen posible una democracia comienzan a desaparecer. La teórica política Wendy Brown es perspicaz sobre el colapso de la democracia en el turbulento presente y apunta a las fuerzas que amenazan la democracia desde dentro al vaciar sus instituciones públicas más cruciales. Ella escribe:

El neoliberalismo genera una condición de política ausente de instituciones democráticas que apoyarían a un público democrático y todo lo que ese público representa en su mejor momento: pasión informada, deliberación respetuosa y soberanía aspiracional, una fuerte contención de poderes que lo anularía o socavaría … La democracia en una era de constelaciones y poderes globales enormemente complejos requiere un pueblo educado, reflexivo y democrático en sensibilidad. Esto significa que las personas conocen modestamente estas constelaciones y poderes; un pueblo con capacidad de discernimiento y juicio en relación con lo que lee, mira u oye sobre una variedad de desarrollos en su mundo; y un pueblo orientado hacia las preocupaciones comunes y gobernándose a sí mismo.

La ideología neoliberal y su ataque a los vínculos sociales, el pensamiento crítico y los valores democráticos tienen un largo legado y se han acelerado en intensidad desde finales de los años setenta. La educación en una cultura más amplia está dominada por los intereses corporativos y se ha convertido en una máquina de armas y disimulación. Como una forma de opresión pedagógica, el neoliberalismo instrumentaliza el aprendizaje, reduce la educación a la capacitación y produce temas definidos por las relaciones sociales y los valores del mercado. Sustituyendo los valores de mercado por los valores democráticos, ha economizado y comercializado todas las relaciones sociales y las necesidades humanas subordinadas a los imperativos de la obtención de beneficios. En una época en la que el interés propio y el individualismo desenfrenado son anunciados como la esencia de la agencia; las relaciones e ideales democráticos, si no la naturaleza humana, se han vuelto difíciles de imaginar y reconocer. A medida que los anhelos de riqueza, estatus y poder se elevaban al estado de los ideales nacionales, el clima en Estados Unidos se oscureció en un clima marcado por la desesperación, una cultura de miedo dirigida a poblaciones chivo expiatorio, desigualdades en riqueza y poder, y una visión eso se transformó en cinismo, enojo y resentimiento. El sueño americano dio paso a una ilusión cruel cuando desaparecieron las esperanzas de movilidad social, un futuro mejor y la prosperidad económica para todos después de la crisis financiera de 2008.

A medida que los bonos sociales se deterioran bajo nociones obscenas de privatización, desregulaciones comerciales y una expansión del precariado, hay un creciente pánico moral diseñado por nacionalistas blancos y aquellos que sustituyen las formas tradicionales de nacionalismo económico por lo que podría llamarse soberanía cultural. En este caso, la comunidad ahora se define a través de una «mezcla de neoliberalismo, chovinismo cultural, ira antiinmigrante y rabia mayoritaria como el principal modelo» de gobernabilidad. Un ataque a las diferencias culturales se ha convertido en la fuerza impulsora de una forma tóxica del fascismo neoliberal que mezcla la crueldad de un sistema impulsado por el mercado con un abrazo de pureza racial y limpieza social.

Esta búsqueda demagógica del poder impulsada por el odio a la democracia se ve reforzada por el desfinanciamiento de los bienes públicos, las políticas fiscales que producen desigualdades masivas, la expansión del poder militar, las políticas de supresión de votantes y la destrucción del equilibrio entre libertad y seguridad, y también a través de un neoliberal cultura formativa que ha redefinido la naturaleza misma de la subjetividad, el deseo y la agencia en términos del mercado reductivo. Esto se hace evidente en la fuerza educativa de una cultura neoliberal que define al ciudadano como el consumidor de mercancías, utiliza cálculos económicos para medir el valor de la buena vida, recompensa el emprendimiento como la fuerza impulsora de la agencia humana y reduce la política al espectáculo vacío de votar en los ciclos electorales. Bajo el fascismo neoliberal, somos ciudadanos con presuntos derechos individuales y políticos,

A medida que el neoliberalismo se normaliza, se autoprotege en su lema proclamado y su profecía autocumplida de que no hay alternativa, se hace difícil imaginar una sociedad, las relaciones sociales y un yo que no se defina a través de la racionalidad, la lógica y los valores del mercado. . En esta concepción, el capitalismo y el mercado son sinónimos, y los seres humanos solo pueden concebirse como capital humano. En lugar de ser llamados a pensar críticamente, compartir el poder, ejercitar la imaginación y responsabilizar al poder, los seres humanos se reducen a peones para ser manipulados por los mercados financieros. La crítica literaria y analista político Anis Shivani observa correctamente que el neoliberalismo argumenta que todo debe ser imaginado y construido a través del lente del mercado y los deseos de la elite financiera. El escribe:

Una manera de resumir el neoliberalismo es decir que todo -todo- debe hacerse a la imagen del mercado, incluido el estado, la sociedad civil y, por supuesto, los seres humanos. La democracia se reinterpreta como el mercado, y la política sucumbe a la teoría económica neoliberal, por lo que estamos hablando del fin de la política democrática tal como la conocemos desde hace dos siglos y medio. A medida que el mercado se convierte en una abstracción, también lo hace la democracia, pero el verdadero campo de juego está en otro lugar, en el ámbito del intercambio económico real, que no es, sin embargo, el mercado. Podemos decir que todo intercambio tiene lugar en la superficie neoliberal.

El cinismo ahora reemplaza la esperanza ya que las cuestiones de responsabilidad se reducen exclusivamente a cuestiones de elección individual, si no de carácter, alimentadas por nociones regresivas de auto enriquecimiento, mientras que cualquier noción de lo social, dependencia o cuidado por el otro se ve como una debilidad y un objeto de desprecio. Una combinación de amnesia social, justicia punitiva y teatro de crueldad ahora impulsa decisiones de política cada vez más aceptadas por segmentos del público que se niegan o son incapaces de conectar problemas y preocupaciones privadas con fuerzas sistémicas más amplias. Según el sociólogo Zygmunt Bauman, lo que se rompe en tales circunstancias es

el vínculo entre la agenda pública y las preocupaciones privadas, el centro mismo del proceso democrático … con cada una de las dos esferas girando a la vez en espacios mutuamente aislados, puestos en movimiento por factores mutuamente desconectados y no comunicados (¡aunque ciertamente no independientes!) mecanismos. En pocas palabras, es una situación en la que las personas que han sido golpeadas no saben qué les ha golpeado y tienen pocas posibilidades de descubrirlo.

Bajo el fascismo neoliberal, la plaga de la privatización debilita la cultura democrática y promueve una fuga de cualquier sentido de responsabilidad política y social. Como el sumo sacerdote de un neoliberalismo con esteroides, Trump personifica la ideología del interés propio y respalda los intereses corporativos, para quienes el bien público se ve como un sitio para ser colonizado y la democracia como el enemigo de los intereses privados y las libertades del mercado.

El neoliberalismo alimenta la agenda neofascista de la administración Trump

Las políticas conducentes a los elementos más extremos del capitalismo de casino se han convertido en el terreno de prueba para ver hasta qué punto, por ejemplo, la administración Trump puede avanzar en su agenda neofascista. Soluciones que hacen eco de la crueldad extrema de un pasado sórdido han llevado a los Estados Unidos más cerca de un fascismo estadounidense completo que deja en claro su odio hacia los inmigrantes, los pobres, los negros, los indígenas, los musulmanes y otros que no encajan en el racismo lógica en el trabajo en el llamado de Trump para «América primero».

Sin embargo, hay más en juego aquí que la proliferación de políticas neoliberales que dan nueva vida a las ideologías de la supremacía blanca, privatizan bienes públicos, limitan el poder de los sindicatos, desregulan la esfera pública y ahuecan el estado al desplazar cantidades masivas de capital a través de regresivas políticas fiscales a las grandes corporaciones y los ultra-ricos.

Bajo el neoliberalismo, la política está ligada al discurso de la exclusión y la impotencia y se considera junto con la democracia como el enemigo de un mercado que se ve a sí mismo por encima de la influencia del estado de derecho, la responsabilidad, la ética, la gobernanza y el bien común. Como observa la académica jurídica Eva NanopoulosEn el momento histórico actual, las formas específicas del fascismo contemporáneo deben entenderse «en el contexto más amplio de su relación con el neoliberalismo y la crisis neoliberal». Lo que es especialmente importante de entender es cómo el neoliberalismo ha reconfigurado el estado para maximizar la desintegración de los lazos y obligaciones sociales democráticos, especialmente a través de políticas neoliberales que prueban hasta qué punto una administración demagógica puede empujar a un público a aceptar prácticas que son tan crueles como inimaginables. Esta lógica ahora se está llevando a los extremos bajo Trump, ya que constantemente está rediseñando las líneas de lo que es posible al violar los derechos humanos y promoviendo un laberinto cada vez más amplio de crueldad, destrucción y desechabilidad.

Algunas de las características más distintivas del fascismo neoliberal incluyen la desintegración de lo social, el colapso de una cultura de compasión y la disolución de las esferas públicas que hacen posible la democracia. La existencia individual ahora se define a través de la circulación de mercancías y la elevación del interés propio a un ideal nacional equivale a lo que Marx llamó una vez «el agua helada del cálculo egoísta». Una consecuencia es la expansión de una plaga actual de atomización social, alienación , desesperación existencial y un sentido colectivo de impotencia. La evidencia de esto último se puede encontrar en la crisis actual de opiáceos, que mató a 42,000 personas en 2016 , la creciente tasa de mortalidad de hombres blancos sin educación,la creciente falta de confianza en las instituciones estadounidenses, la desesperación que experimentan las familias que viven al borde de la pobreza tratando de ganarse la vida cada mes, y la angustia y la desesperación de los 6,5 millones de niños y sus familias que viven en la pobreza extrema . Además, las fuerzas mutuamente informantes de la desesperación y la impotencia producen las condiciones para el crecimiento del populismo de derecha, el racismo, el ultranacionalismo, el militarismo y el fascismo.

A medida que el alcance de la ideología neoliberal se extiende por toda la sociedad, trabaja para trivializar los valores democráticos y las preocupaciones públicas, consagra un individualismo militante, celebra una búsqueda global de ganancias y promueve una forma de darwinismo social en el que la desgracia se considera una debilidad y la regla hobbesiana de una «guerra de todos contra todos» reemplaza cualquier vestigio de responsabilidades compartidas o compasión por los demás. Este guión de castigo constituye una forma a menudo no reconocida de terrorismo sancionado por el estado que insensibiliza a muchas personas al igual que elimina las facultades creativas de la imaginación, la memoria y el pensamiento crítico. Bajo un régimen de utopías privatizadas, hiperindividualismo y valores centrados en el ego, los seres humanos caen en una especie de somnolencia ética, indiferentes a la situación y el sufrimiento de los demás. El neoliberalismo produce una forma única de terrorismo moderno. El último teórico de la Escuela de Frankfurt, Leo Löwenthal, se refiere a él como una forma de represión masiva y entumecimiento de la autoconservación que argumenta en cantidades «para la atomización del individuo». Él escribe:

El individuo bajo condiciones terroristas nunca está solo y siempre solo. Se vuelve insensible y rígido no solo en relación con su prójimo sino también en relación con él mismo; el miedo le roba el poder de la reacción emocional o mental espontánea. Pensar se convierte en un crimen estúpido; pone en peligro su vida. La consecuencia inevitable es que la estupidez se propaga como una enfermedad contagiosa entre la población aterrorizada. Los seres humanos viven en un estado de estupor, en un coma moral.

Implícito en el comentario de Lowenthal está la suposición de que a medida que la democracia se convierte en una ficción, los mecanismos morales del lenguaje y el significado se ven socavados. Además, una cultura de atomización, precariedad, intolerancia y brutalidad refuerza un ethos de cruel indiferencia promovido a través de una incesante barrera de políticas despiadadas que prueban hasta qué punto los elementos más extremos en la convergencia del neoliberalismo y el fascismo pueden ser promovidos por la administración Trump sin despertar indignación y resistencia masiva.

Como mencioné anteriormente, la desintegración de los lazos sociales, los lazos sociales y los modos emancipadores de solidaridad y lucha colectiva se intensifican a través de una serie interminable de conmociones políticas y éticas producidas por la administración Trump. Esos golpes están diseñados para debilitar la capacidad de los ciudadanos para resistir el bombardeo constante de ataques contra los índices morales y los valores democráticos centrales de una democracia. También están diseñados para normalizar las tácticas terroristas fascistas neoliberales, disipando la idea de que tales prácticas son efímeras al siglo XX.

En su voluntad de demostrar tal terror, el estado moviliza el miedo y las demostraciones de poder sin control para convencer a la gente de que el presidente está por encima de la ley y que la única respuesta viable a sus políticas cada vez más crueles es la resignación individual y colectiva. Este es un ejercicio de poder sin conciencia, una forma de violencia que se deleita en la pasividad, si no en el infantilismo moral, que desea producir en sus ciudadanos. Los ecos de este punto de vista fueron obvios en el comentario de Trump, que más tarde afirmó ser una broma, que quiere que «[su] gente» lo escuche de la misma forma que los norcoreanos escuchan al dictador norcoreano Kim Jong Un. Como dijo el presidenteen el programa Fox News Channel «Fox & Friends», «Habla y su gente se sienta en la atención. Quiero que mi gente haga lo mismo «. La guerra de Trump contra la imaginación social y ética es parte de una política más amplia diseñada para destruir esos lazos sociales y esferas públicas que fomentarían un sentido de responsabilidad y compasión hacia los demás, especialmente aquellos considerados más vulnerable. Esta es una forma de terrorismo que celebra el interés propio, la supervivencia, y una regresión a una especie de darwinismo social e infantilismo político. El teórico Leo Löwenthal acierta en su comentario de que esta forma de terrorismo es equivalente a una forma de autoaniquilación. El escribe:

El terrorismo borra la relación causal entre la conducta social y la supervivencia, y confronta al individuo con la fuerza desnuda de la naturaleza, es decir, de la naturaleza desnaturalizada, en la forma de la máquina terrorista todopoderosa. Lo que el terror pretende lograr y hacer cumplir a través de sus torturas es que la gente actuará en armonía con la ley del terror, es decir, que su cálculo no tendrá más que un objetivo: la autoperpetuación. Cuantas más personas se convierten en buscadores despiadados después de su propia supervivencia, más se convierten en peones psicológicos y marionetas de un sistema que no conoce otro propósito que el de mantenerse en el poder.

Seguramente, esto es obvio hoy ya que todos los vestigios de camaradería social dan paso a hipermodelos de masculinidad y un desdén por aquellos considerados débiles, dependientes, ajenos o económicamente improductivos.

Para desarrollar cualquier noción viable de lo social es fundamental repensar las instituciones críticas y los espacios compartidos en los que las cuestiones de moralidad, justicia e igualdad se vuelven centrales para una nueva comprensión de la política. Es necesario volver a imaginar dónde se encuentran los espacios públicos, las conexiones y los compromisos públicos más allá del dominio de lo privado y cómo se pueden construir como parte de un esfuerzo más amplio para crear ciudadanos comprometidos y críticos dispuestos a luchar por una política democrática emergente. Lo que está en juego aquí es una comprensión renovada de la educación como el sitio crucial en el que se fusionan las dinámicas entrelazadas de la agencia individual y la política democrática. La política en este sentido está conectada a un discurso de crítica y posibilidad en el que una pluralidad de recuerdos,

El temor del filósofo político Hannah Arendt sobre la extinción del dominio público, junto con la aprehensión del pragmático John Dewey sobre la pérdida de una esfera pública donde las visiones, el poder, la política y la imaginación ética pueden cobrar vida, ya no son simplemente una preocupación abstracta . Tales inquietudes se han convertido en una realidad en la era de Trump. En medio del actual ataque sobre los fundamentos de la solidaridad social y los lazos de la obligación social, los valores públicos corren el riesgo de volverse irrelevantes. En una sociedad en la que se ha convertido en algo común creer que uno no tiene responsabilidad por nadie más que uno mismo, lo social se reduce a una cultura de odio, intolerancia y crueldad.

Manteniendo viva la lucha por una democracia radical

No habrá democracia sin una cultura formativa para construir los agentes de cuestionamiento capaces de disentir y acción colectiva. Tampoco la lucha por una democracia radical llegará lejos sin una visión que pueda reemplazar la política representativa con una política y un modo de gobernar basados ​​en una política participativa. Wendy Brown aborda algunos de los elementos de una política visionaria en la que el poder y la gobernanza se comparten colectivamente. Ella escribe:

… una visión de izquierda de la justicia se enfocaría en las prácticas e instituciones del poder popular; una distribución modestamente igualitaria de la riqueza y el acceso a las instituciones; un cálculo incesante de todas las formas de poder: social, económico, político e incluso psíquico; una visión larga de la fragilidad y finitud de la naturaleza no humana; y la importancia de la actividad significativa y las viviendas hospitalarias para el florecimiento humano … El impulso para promulgar esa contra racionalidad -una figuración diferente de los seres humanos, la ciudadanía, la vida económica y la política- es fundamental tanto para el largo trabajo de construir un futuro más justo como para la tarea inmediata de desafiar las políticas letales del estado americano imperial.

El gran filósofo de la democracia, Cornelius Castoriadis, agrega a esta perspectiva la idea de que para la democracia el trabajo debe apasionarse por los valores públicos y la participación social junto con la capacidad de acceder a espacios públicos que garanticen los derechos de libertad de expresión, disidencia y crítica diálogo. Castoriadis reconoció que en el corazón de tales espacios públicos hay una cultura formativa que crea ciudadanos que son pensadores críticos capaces de «cuestionar las instituciones existentes para que la democracia vuelva a ser [posible] en el sentido pleno del término». Para Castoriadis, las personas no se debe simplemente otorgar el derecho a participar en la sociedad; también deben ser educados para participar en él de una manera significativa y consecuente. De acuerdo con Castoriadis, el espacio de protección de lo social se vuelve crucial cuando funciona como un espacio educativo cuyo objetivo es crear agentes críticos que puedan usar sus conocimientos y habilidades para participar en una lucha más amplia por la justicia y la libertad. En el centro de la defensa de la educación de Castoriadis hay una defensa del dominio público donde, parafraseando a Hannah Arendt, la libertad puede «encontrar el espacio mundano para aparecer». Según Castoriadis, la educación no era solo una dimensión esencial de la justicia y la política , pero también la democracia misma.

Una condición previa para detener el fascismo neoliberal de Trump es el reconocimiento de que la democracia no puede existir sin ciudadanos informados que sienten pasión por los asuntos públicos y creen que la conciencia crítica es una condición previa a través de la cual la política debe pasar para que los individuos se sientan aptos para el tipo de luchas colectivas que ofrecen la posibilidad de cambio. Es difícil hablar de producir los lazos sociales necesarios en cualquier democracia sin ver la educación cívica, la alfabetización y el aprendizaje como actos de resistencia. La educación tiene que convertirse en el centro de la política en la que se pueden desarrollar nuevas narrativas que se niegan a equiparar el capitalismo con la democracia, la esperanza con el miedo a perder y sobrevivir y la separación de la igualdad política de la igualdad económica.

Al hacerlo, la educación tiene que convertirse en un «instrumento de poder político», una forma de leer contra las condiciones que produjeron un pasado fascista y están con nosotros una vez más. En el momento histórico actual, una sociedad de comunidades cerradas, muros y cárceles ha desgarrado todo sentido de comunidad compartida, lo que hace cada vez más difícil imaginar un sentido de identidad colectiva enraizada en la compasión, la empatía, la justicia y las obligaciones compartidas entre sí . Contra este espacio público desgarrador, es crucial cultivar una visión elevada que se niegue a renunciar a la imaginación radical y la voluntad de luchar por un mundo en el que sea posible un tipo de lucha y política emancipadora.

Tal política debe hacer más que exhibir indignación hacia el régimen del fascismo neoliberal que emerge en los Estados Unidos y en todo el mundo como un modelo para el futuro. También debe tomarse en serio la noción de que no hay democracia sin una cultura formativa crítica que pueda habilitar el poder crítico y los modos de apoyo colectivo necesarios para sustentarla. Es decir, debe desarrollar una relación entre la educación cívica y la agencia política, una en la que las capacidades liberadoras del lenguaje y la política estén inextricablemente unidas a las creencias cívicas, los espacios públicos y los valores que marcan un abrazo democrático de lo social. Esto es especialmente urgente en un momento en que se está erradicando la cultura cívica y están desapareciendo visiones autoritarias de un futuro alternativo. La política debe volver a ser educativa y la educación debe convertirse en un elemento central de la política.

Como vehículo para el cambio social, la educación registra los elementos políticos, económicos y culturales que pueden utilizarse para reclamar una noción crítica y democrática de comunidad y las relaciones y valores sociales que hacen posibles tales comunidades. El desafío de crear un lenguaje nuevo y revitalizado de la política, el bien común y social puede pasar de lo abstracto a lo práctico a través del poder de un movimiento social de masas que reconoce la importancia táctica de lo que Pierre Bourdieu describe en Actos de resistencia como » las dimensiones simbólicas y pedagógicas de la lucha «y la resistencia.

No estoy sugiriendo que la educación o la pedagogía pública en el sentido más amplio ofrecerá garantías políticas para crear individuos y movimientos que puedan luchar contra los ataques actuales a la democracia, pero no habrá resistencia sin hacer que la educación sea fundamental para cualquier lucha política. En su ensayo «Sobre política» en The Sociological Imagination , el difunto sociólogo C. Wright Mills capta el espíritu de este sentimiento en su comentario sobre el valor de las ciencias sociales:

No creo que las ciencias sociales ‘salven al mundo’ aunque no veo nada malo en ‘tratar de salvar el mundo’, una frase que interpreto aquí como la evitación de la guerra y la reorganización de los asuntos humanos en de acuerdo con los ideales de la libertad humana y la razón. El conocimiento que tengo me lleva a abrazar estimaciones bastante pesimistas de las posibilidades. Pero incluso si es allí donde nos encontramos ahora, aún debemos preguntarnos: si hay alguna forma de salir de la crisis de nuestro período por medio del intelecto, ¿no le corresponde al científico social afirmarlos? … Está en el nivel de la conciencia humana de que virtualmente todas las soluciones a los grandes problemas deben ahora estar.

Si los progresistas van a redimir una noción democrática de lo social, tenemos que construir sobre el activismo que replantea lo que significa asumir el desafío de cambiar la forma en que las personas se relacionan con los demás y las condiciones que influyen en sus vidas. Tales esfuerzos hablan de una noción de esperanza educativa y de las posibilidades para alimentar modos de alfabetización cívica y modos críticos de aprendizaje y agencia. También apunta, como observó el difunto historiador Tony Judt, a la necesidad de forjar un «lenguaje de justicia y derechos populares [y] una nueva retórica de acción pública». Revitalizar una agenda progresista puede abordarse como parte de un movimiento social más amplio capaz de reimaginar una democracia radical en la que el público los valores importan, la imaginación ética florece, y la justicia es vista como una lucha continua. En un tiempo de pesadillas distópicas, un futuro alternativo solo es posible si podemos imaginar lo inimaginable y pensar lo contrario para actuar de otra manera. Esto ya no es una esperanza abstracta sino una necesidad radical.

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Conversaciones con… Maria Acaso: «Las pedagogías invisibles»

María Acaso, profesora e investigadora española especializada en Educación Artística, lleva varios años trabajando dentro del ámbito denominado como Revolución Educativa o, como ella misma denomina, #rEDUvolution. Su principal línea de trabajo consiste en evidenciar la obsolescencia del sistema educativo actual y desarrollar prácticas educativas contemporáneas desde cinco marcos de acción.

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=CW0mKJTYcTw

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