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Cada uno en su burbuja

Por: Elisabeth De Puig

La crisis de la covid-19 y las incertidumbres que esta arrastra me hicieron reflexionar sobre los aprendizajes que nos ha traído el 2020.  La solidaridad, compasión y reciprocidad de muchos se ha mostrado en forma directa e indirecta, pero a la vez también se han manifestado actitudes de egoísmo, deshonestidad, injusticia y mentira.

Cada uno en su burbuja. Estas Navidades fueron especiales y atípicas. A lo opuesto de las que fueron desde que, al nacer mi hijo, inicié mi propia tradición celebrándolas en mi casa y no en Puerto Plata con la familia de mi esposo.

No puedo recordar todos esos comensales, pero algunos fueron fieles durante decenios y los he tenido muy presentes en esta Noche Buena fuera de rumbo.

El teléfono, las redes, fueron lo que nos acercó más a nuestras amistades encerradas por edad, responsabilidad o circunstancias dentro de sus casas, en el país y alrededor del mundo.

Las caritas sonrientes reemplazaron en muchos casos los abrazos y apretones, hubo algunos toques de codos, pero ni ellos son recomendados.

“Estuve sola con mi cenita frente al televisor”. Eso pasó a menudo para los “ancianos”, tanto en Santo Domingo como en París o Plousganou, y miles de ciudades alrededor del mundo según las normas impuestas y los diferentes toques de queda. Las mismas modalidades, pero en horas diferentes.

La crisis de la covid-19 y las incertidumbres que esta arrastra me hicieron reflexionar sobre los aprendizajes que nos ha traído el 2020. La solidaridad, compasión y reciprocidad de muchos se ha mostrado en forma directa e indirecta, pero a la vez también se han manifestado actitudes de egoísmo, deshonestidad, injusticia y mentira.

Hemos tomado conciencia de nuestra vulnerabilidad e interdependencia y de hasta qué punto nos necesitamos los unos a los otros para sobrevivir y vivir dignamente, también de que la naturaleza es vulnerable.

Necesitamos tener mayor responsabilidad y compasión para estar más atentos a nuestras obligaciones que a nuestros derechos, más atentos a las consecuencias que tienen nuestros actos en el trato con los demás y también con el medio ambiente.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/cada-uno-en-su-burbuja-8896774.html

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¿Cómo podemos evitar situaciones de acoso entre menores?

Por: Educación 3.0

Abigail Kay, directora de Infantil de The English Montessori School, ofrece una serie de consejos para que los padres y educadores sepan cómo evitar el bullying entre los menores.

Los estudios más recientes continúan concluyendo que la mayoría de los niños experimentará o será testigo de algún tipo de ‘bullying’ durante su etapa escolar. Es por ello que debemos guiar y apoyar a nuestros hijos durante esos años para evitar que sufran o ejerzan esta práctica. En los centros educativos se trabaja en la prevención desde diferentes perspectivas pero, como padres y cuidadores, jugamos un papel individual fundamental en esta lucha contra el acoso entre menores.

Una ayuda necesaria

La infancia es una etapa en la que los niños se están desarrollando de forma física, emocional y social, por lo que necesitan ayuda para comprender cómo comportarse con los demás. En muchas ocasiones, no saben cuándo están cruzando la línea. Por ello, debemos enseñarles a diferenciar los límites. Por ejemplo, sobre cuándo una simple broma puede convertirse en una burla o comportamiento que sea ofensivo o hiera.

Una situación de acoso entre menores

Para algunos niños, resulta particularmente difícil regular su comportamiento o sus acciones, por lo que es posible que necesiten apoyo adicional. Otros, en cambio, estarán imitando comportamientos que han visto en otras personas. De hecho, muchos que intimidan a otros lo hacen porque ellos mismos se encuentran en una situación difícil, en cuyo caso necesitarán ayuda para explorar cómo se sienten, qué los llevó a dicho comportamiento y qué debe cambiar. Igualmente, es perfectamente común que tengan discusiones y peleas entre amigos, por lo que deberemos guiarlos para resolver el conflicto y ‘hacer las paces’.

Los niños están influenciados por su familia y por la comunidad en la que crecen. Todo lo que ven, escuchan o leen les afecta en gran medida. Por ello, debemos ser conscientes de la necesidad de trabajar para educarles en una sociedad inclusiva, que haga frente a los prejuicios, y en la que nuestros hijos se sientan seguros y valorados.

Además, es muy importante que les enseñemos el valor de la diversidad, porque los niños en muchas ocasiones suelen enfocarse en aspectos sobre las personas que sienten que son diferentes: ya sea por cuestiones de discapacidad, raza, género, sexualidad, fe, pobreza, talento, situaciones en el hogar o incluso afecciones de la piel, alergias, entre muchos otros factores.

¿Qué consejos podemos dar a nuestros hijos o estudiantes?

Existen ciertas pautas que siempre podremos darles para evitar de primera mano que se produzcan situaciones desagradables o que se vean involucrados en cualquier tipo de conflicto. Algunas de ellas son:

  • Enseñarles a ser amables y respetuosos con los demás juega un papel vital para modelar sus relaciones positivas.
  • Ayudarles a reconocer y enfrentar las injusticias. Los niños deben comprender que existen prejuicios y desigualdades que no deben determinar sus actitudes.
  • Explicarles el valor de la verdadera amistad para que sepan diferenciar y reconocer cuándo están siendo desagradables o manipuladores con ellos, o ellos con los demás.
  • Inculcarles confianza en ellos mismos. Ya sean más o menos tímidos, la confianza en uno mismo es algo que debe trabajarse desde pequeños.
  • Mostrarles apoyo continuo para que sepan enfrentar todo tipo de situaciones y pedir ayuda. Deben saber que no están solos y que en sus comportamientos y situaciones se encuentran involucradas otras personas.
  • Establecer ciertos límites tanto físicos como emocionales, ayudándoles a comprender que no deben ser bruscos con los demás ni los demás con ellos. Los niños necesitan nuestra ayuda para aprender a respetar el espacio personal de uno mismo.

Fuente e Imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/opinion/evitar-acoso-entre-menores/

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Nueva ola de protestas de agricultores en Perú deja tres muertos

Por: Tercera Información

Tras la aprobación de la Ley Agraria en Perú, se han registrado nuevos choques entre policías y trabajadores agrarios, con un saldo de tres muertos y 25 heridos.

El Congreso de Perú aprobó el martes la nueva Ley Agraria, que otorga un bono del 30 % sobre el sueldo mínimo a los trabajadores agroindustriales para tratar de solucionar la aguda crisis laboral que afronta ese sector desde hace casi un mes.

Poco después del visto bueno parlamentario a la Ley Agraria, que aún debe ser promulgada por el Gobierno para entrar en vigencia, los trabajadores agrarios han vuelto a calles en la provincia de Virú, del departamento norteño de La Libertad, para mostrar su descontento por la nueva normativa.

Conforme a medios locales, con imágenes de los hechos, los trabajadores intentaron bloquear la carretera Panamericana Norte, pero fueron impedidos por la policía. Sin embargo, lograron su cometido horas después a la altura de Virú. Fue allí que, en su intento de despejar la vía, los agentes policiales lanzaron bombas lacrimógenas.

El jefe de la Oficina Defensorial de La Libertad, José Agüero Lovatón, informó que las violentas protestas se cobraron la vida de tres personas y dejaron heridas a otras 25, entre ellas 15 efectivos policiales y un bebé que resultó afectado por los gases lacrimógenos.

“La tercera víctima habría fallecido por las consecuencias derivadas de los bloqueos en las carreteras, ya que se trataba de un paciente oncológico que no pudo recibir la atención sanitaria que necesitaba tras quedar atrapado en la carretera”, declaró Agüero Lovatón al diario El Comercio.

Previamente, las autoridades peruanas confirmaron la muerte de dos personas por impacto de bala durante las protestas. La presidenta del Congreso, Mirtha Vásquez, expresó su aversión ante esta medida de la policía y condenó “estos lamentables hechos” en su cuenta en Twitter.

Por otro lado, la Asociación de Gremios Productores Agrarios del Perú (AGAP) advirtió que la nueva ley agraria tiene “serias deficiencias técnicas que ponen en riesgo de desaparición 200 mil puestos de trabajo formales directos e indirectos”.

En la primera ola de protestas agrarias, también varios campesinos perdieron la vida. Al respecto, las organizaciones pro derechos humanos, como Amnistía Internacional (Al) y la Comisión Centroamericana de Derechos Humanos (CIDH), denunciaron la “fuerza excesiva ejercida por la Policía contra los manifestantes y periodistas” durante las movilizaciones.

Fuente e Imagen: https://www.tercerainformacion.es/articulo/internacional/31/12/2020/nueva-ola-de-protestas-de-agricultores-en-peru-deja-tres-muertos/

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La ruralidad abandonada

Por: lahora.com.ec

Finaliza otro año y las necesidades de las zonas rurales continúan sin soluciones viables. Abundan las propuestas de campaña sobre reactivar el campo, potenciar la agricultura y llevar inversión y tecnología al sector.

No es coincidencia, pues cerca del 23,5% de los votantes habitan en parroquias rurales, concentrados en Pichincha y Azuay, en la Sierra, y en Manabí y Guayas, en la Costa. Sin embargo, las condiciones de vida son extremadamente desiguales, al igual que el acceso a servicios básicos, salud, educación y tecnología. Ya a finales de 2019, la pobreza en el campo alcanzaba al 44% de su población.

La inversión en el campo es esporádica y desorganizada, no existe un plan integral hacia el desarrollo. La brecha de acceso a educación y salud avanza en conocimientos y bienestar a las poblaciones urbanas, dejando atrás a las nuevas generaciones del campo.

Las necesidades son variadas y urgentes, y abarcan desde riego y acceso al agua tanto para el consumo humano en Esmeraldas, como para la agricultura en Santa Elena. Con ciertas excepciones como el sector cacaotero, el pequeño y mediano agricultor, ganadero o pescador sobrevive a merced del clima, las plagas, la violencia, y los intermediarios que con frecuencia pagan por debajo del costo de producción.

La falta de recursos es una excusa trillada que evita tener que buscar soluciones sustentables, que mejoren las cadenas de producción, y abastezcan al mercado local al tiempo de agregar valor a las exportaciones.

El país no puede progresar dejando atrás a la ruralidad, y no podrá gozar de los frutos del anhelado potencial agroindustrial del Ecuador si es que no prioriza el bienestar de sus habitantes.

No había por qué avergonzarse de las lágrimas, porque son testigo de su gran coraje, el coraje de sufrir.” Viktor Frankl (1905-1997) Neurólogo y filósofo austríaco.

Todos los seres humanos merecen igual tratamiento, sin importar su identidad sexual o género.” Andreja Pejic (1991- ) Modelo transgénero australiana.

Fuente: https://lahora.com.ec/quito/noticia/1102336476/la-ruralidad-abandonada

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“Tal vez la humanidad esté entrando en una era de fascismo cognitivo”

Compara la información con un flujo, un río donde a medida que aumenta el caudal se incrementan las dificultades para el bombeo del agua.

“La información no es nada si no se asimila y para eso hace falta tiempo y un método, que sólo se puede tener si se posee una preparación previa (…); pero ese molde estará vacío si no llega la información. Cuando la información es masiva y circula a velocidad de vértigo deja ciego y desorientado al espectador. Esto es lo que está pasando”, explica José Carlos Bermejo Barrera en una entrevista realizada el 11 de marzo en El Correo Gallego por la periodista María Almodóvar.

El catedrático de Historia Antigua en la Universidad de Santiago de Compostela ha publicado en Akal La política de la impostura y las tinieblas de la información. José Carlos Bermejo es autor, asimismo, de libros como Introducción a la sociología del mito griegoHistoria y melancolíaLa fábrica de la ignorancia; Rectores y privilegiados; o El gran virus. Ensayo para una pandemia.

En otro apartado de la entrevista, el escritor aborda los efectos negativos que el modelo informativo actual tiene para la memoria; “La novedad sólo puede ser instantánea, porque si dura, ya deja de ser novedad”, apunta el profesor y ensayista, de modo que el sistema prima la inmediatez y la sucesión de novedades.

Hay además un punto en que se complementan información y conocimiento, explica Bermejo a Marìa Almodóvar: “La información sin conocimiento es ciega, pero el conocimiento sin información está vacío. Conocer es asimilar información, sistematizarla, darle sentido, de tal modo que a partir de ella se pueda hallar otra en una búsqueda incesante”.

Nuestros universos particulares es el título de uno de los últimos textos publicados por el articulista –el 26 de diciembre- en El Correo Gallego. El autor adopta, como punto de partida, la perspectiva de los cazadores australianos – y otros como los pueblos bosquimanos del desierto de Kalahari-, quienes poseían los conocimientos que necesitaban para la supervivencia; su universo particular se basaba en la siembra, la crianza de los animales, cazar o producir herramientas.

Cuestión distinta es el homo insipiens actual, que desaparecería si se saliera de sus redes sociales. Tiene conocimientos muy limitados y vive en un mundo en el que quedan pocos territorios ignotos. Asimismo, escribe José Carlos Bermejo, el homo insipiens “tiene que admitir que es verdad o mentira lo que dicen los especialistas” y “cree en la nueva fe de lo que le dice Internet o su móvil, que son casi su única fuente de acceso al universo”.

El volumen de Akal incluye un artículo –La economía de la imaginación académica– en que el docente reflexiona sobre lo que el filósofo Ortega y Gasset consideraba “barbarie del especialismo”. Esto significa que aumenta el número de especialistas con mayores conocimientos sobre contenidos cada vez más reducidos. “El bárbaro especializado pierde el interés por todo aquello que no sea su mini-disciplina, y así el nivel cultural, e incluso científico, de las élites económicas y profesionales sufre un notable descenso”, valora Bermejo Barrera.

Tal vez una prolongación de este artículo se halle en Ciencia, comercio y sociedad. Arthur Schopenhauer integró, al igual que Hegel, el conocimiento científico en su sistema filosófico; y Kant enseñaba Mecánica Racional, Geografía Física y Astronomía. “A comienzos del siglo XIX las ciencias se enseñaban en la facultad de filosofía”, recuerda Bermejo en el libro de Akal.

“Se llamaba genio al que creaba un nuevo método que luego sería seguido por miles de investigadores durante decenas de años, o siglos. Einstein, Gödel o Turing aun fueron modelos en este sentido”, añade el historiador. Actualmente millones de investigadores realizan su labor de hormiga por todo el mundo, “la mayoría nunca serán famosos ni ricos, no tendrán poder académico ni político”.

En un segundo bloque de ensayos (El desorden y el silencio del mundo), José Carlos Bermejo subraya que en los procesos de Núremberg, tras la Segunda Guerra Mundial, se sometió a juicio a unas decenas de personas, pero en caso de que se hubiera buscado a los ejecutores del Holocausto y sus cómplices “su número pasaría de un millón sólo en Alemania”, incluidos policías, militares, jueces, religiosos, médicos o profesores universitarios.

No se produjo, por tanto, una depuración después de 1945. “BMW, Volkswagen, BASF, Hoescht, Bayer…, que tuvieron esclavos a su servicio, siguieron en activo, muchas veces con sus mismos directivos, lo mismo que los bancos”, destaca en el ensayo titulado La culpa y el pasado.

En el artículo Democracia digital y mundo real José Carlos Bermejo cita el libro de Matthew Hindman The Myth of digital democracy (2008); Hindman constata que la mayoría de los líderes de opinión digitales en Estados Unidos (y los blogs más influyentes) son profesionales que proceden de la Economía, las Ciencias Políticas o las empresas de la comunicación (no forman parte de las clases populares). A esto se agrega que la brecha entre ricos y pobres es similar a las desigualdades en la capacidad de generar información y opinión.

“El medio digital es el mensaje repetido muchas veces y la proliferación masiva de información (…); por eso sigue siendo esencial la educación y el desarrollo de la capacidad de pensar y de dudar, con la que el sistema está acabando”, concluye Bermejo Barrera.

Otra reflexión incluida en el libro de Akal –Efectos terciarios– parte del libro Pharmageddon (2013), del psiquiatra y psicofarmacólogo David Healy; el mercado farmacéutico mundial movilizó en 2010 un volumen de 900.000 millones de dólares (la mitad del gasto se produjo en Estados Unidos). Durante la crisis iniciada en 2008, el ritmo de crecimiento en el sector –a escala global- osciló entre el 10% y el 20% anual.

El autor de La política de la como impostura y las tinieblas de la información hace -sobre los gastos de las multinacionales farmacéuticas- la siguiente aclaración: “Una buena parte de sus gastos son los de propaganda, pues cada compañía compite con todas las demás por los mismos espacios de mercado (antidepresivos, estatinas…)”. Y subraya la sofisticación de la mercadotécnica médica, ya que se trata de convencer a médicos, administraciones públicas y Seguros de las propiedades de un fármaco.

En el prólogo al volumen de 466 páginas y 117 artículos, el historiador y ensayista introduce la noción de fascismo cognitivo –era histórica en la que tal vez esté entrando la humanidad-, y que contrapone al ideal de la Ilustración (el conocimiento vinculado a la libertad y la emancipación humana). Hoy, subraya José Carlos Bermejo, “quien controla la información en la economía, las redes del poder militar y el conocimiento científico-técnico es quien puede controlar el mundo manipulando las leyes”.

En la noosfera donde habita la especie digital, el gran desarrollo de las Tecnologías de la Información hace posible que las relaciones humanas –físicas, económicas y sociales- puedan procesarse y manipularse como información “cuantificable”.

Más aún, remarca el catedrático de Historia Antigua en el epílogo, “el procesamiento de la información con los big data, que sólo pueden hacer los gobiernos y grandes corporaciones, permite el control de la población, sus movimientos, consumo y opiniones”. Con un grado de concentración muy notable, actualmente es muy difícil de percibir los límites entre los grandes conglomerados empresariales (gas, energía o tecnológicas), la gran banca y el Estado. A ello se agrega el entrelazamiento en la propiedad, de modo que unos pocos lo poseen todo.

Algunas de las conclusiones del libro invitan al pesimismo (en el título del ensayo se emplea el término impostura, aplicado a la política española). Así, según el autor del volumen de Akal, “ya no hay textos ni pensamientos, sino sólo mensajes, intercambiados sin cesar entre los líderes políticos, del mismo modo que lo hacen las pandillas de adolescentes (…)”.

O bien, en el contexto de una política tóxica, “se condena al infierno o se manda al cielo a algunos por parte de quienes pueden hacerlo, que son quienes controlan la información, ya sea desde el poder del Estado o de las empresas”.

Fuente: https://rebelion.org/tal-vez-la-humanidad-este-entrando-en-una-era-de-fascismo-cognitivo/

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La Navidad de Jesús y nuestra Navidad bajo la COVID-19

La Navidad de Jesús y nuestra Navidad bajo la COVID-19

Leonardo Boff

La Navidad del año 2020 tal vez sea la más parecida al verdadero nacimiento de Jesús bajo el emperador romano César Augusto.

Este emperador había mandado hacer un censo de todo el imperio. La intención no era sólo, como entre nosotros, contabilizar cuantos habitantes había. Era esto, pero con el propósito de cobrar un impuesto a cada habitante, que sumado al de todas las provincias se destinaba a mantener encendida la pira de fuego permanentemente y a sustentar los sacrificios de animales al emperador, que se presentaba y así era venerado, como dios. Tal imposición a todos los habitantes del imperio provocó revueltas entre los judíos.

Este hecho fue usado más tarde por los fariseos para tender una trampa Jesús: ¿debía pagar o no el impuesto al César? No se trataba del impuesto común, sino de aquel que cada persona del imperio debía pagar para alimentar los sacrificios al emperador-dios.

Para los judíos esto significaba un escándalo pues adoraban a un único Dios, Yavé; ¿cómo iban a poder pagar un impuesto para venerar a un falso dios, el emperador de Roma? Jesús se dio cuenta de la celada. Si aceptaba pagar el impuesto sería cómplice de adoración a un dios humano y falso, el emperador. Si se negaba, se indispondría con las autoridades imperiales al negarse a pagar el tributo en homenaje al emperador-dios.

Jesús dio una respuesta sabia: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. En otras palabras, dad al César –un hombre mortal y un falso dios– lo que es de César: el impuesto para los sacrificios; y a Dios –el único verdadero– lo que es de Dios: la adoración. No se trata de la separación entre la Iglesia y el Estado, como comúnmente se interpreta. La cuestión es otra: ¿cuál es el Dios verdadero? Denle a él lo que le corresponde, la adoración. Y al Cesar, el falso dios, lo que es del César: la moneda del impuesto. No mezclen a dios con Dios.

Pero volvamos al tema: La Navidad de 2020 se asemeja a la navidad de Jesús, como nunca antes en la historia. La familia de José y María encinta, es hija de la pobreza como la mayoría de nuestro pueblo. Las hospederías estaban llenas, como aquí los hospitales están llenos de gente contaminada por el virus. Como pobres, José y María tal vez no eran capaces de pagar los gastos, así como entre nosotros quien no es atendido por el SUS (Sistema Único de Saúde) no tiene cómo pagar los costes de un hospital particular. María estaba a punto de dar a luz. A la pareja no le quedó otra solución que refugiarse en un establo de animales, como hacen hoy tantos pobres que no tienen dónde dormir y se acuestan bajo las marquesinas o en un rincón de cualquier ciudad. Jesús nació fuera de la comunidad humana, entre animales, como tantos de nuestros hermanos y hermanas menores nacen en las periferias de las ciudades, fuera de los hospitales, en sus pobres casas.

Después de su nacimiento, el Niño fue amenazado muy pronto de muerte. Un genocida, el rey Herodes, mandó matar a todos los niños menores de dos años. ¿Cuántos niños en nuestro contexto son muertos por los nuevos Herodes vestidos de policías que matan a niños sentados a la puerta de sus casas? El llanto de las madres es el eco del llanto de Raquel en uno de los textos más conmovedores de todas las Escrituras: “En la Baixada (en Ramá) se oyó una voz, mucho llanto y muchos gemidos: es la madre llora a sus hijos muertos y no quiere ser consolada porque los perdió para siempre” (cf.Mt 2,18).

Por temor a ser descubierto y muerto, José tomó a María y al niño, atravesaron el desierto y se refugiaron en Egipto. Cuántos hoy, bajo amenaza de muerte por las guerras y por el hambre, tratan de entrar en Europa y en Estados Unidos. Muchos mueren ahogados, la mayoría es rechazada, como en la catoliquísima Polonia, y son discriminados; se llega a arrancar a los niños de sus padres, y se los encierra en jaulas, como pequeños animales. ¿Quién les enjugará las lágrimas? ¿Quién les quitará la saudade de sus padres queridos? Nuestra cultura se muestra cruel con los inocentes y con los inmigrantes forzados.

Después que murió el genocida Herodes, José tomó a María y al Niño y fueron a esconderse en un pueblecito, Nazaret, tan insignificante que ni siquiera consta en la Biblia. Allí el Niño “crecía y se fortalecía lleno de sabiduría” (Lc 2,40). Aprendió la profesión del padre, José, un fac-totum constructor de tejados y cosas de la casa, un carpintero. Era también un campesino que trabajaba el campo y aprendía a observar la naturaleza. Allí estuvo escondido hasta cumplir treinta años, cuando sintió el impulso de salir de casa y empezar la predicación de una revolución absoluta: “El tiempo de espera acabó. El gran cambio (Reino) está llegando. Cambien de vida y crean en la buena noticia” (cf.Mc 1,14): una transformación total de todas las relaciones entre los humanos y con la propia naturaleza.

Conocemos su fin trágico. Pasó por el mundo haciendo el bien (Mc 7,37; Hechos 10,39), curando a unos, devolviendo la vista a los ciegos, dando de comer a las multitudes y compadeciéndose siempre del pueblo pobre y sin rumbo en la vida. Los religiosos, confabulados con los políticos, lo prendieron, lo torturaron y lo asesinaron, crucificándolo.

Salgamos de estas “densas sombras” como dice el Papa Francisco en la Fratelli tutti. Volvamos la mirada clara al nacimiento de Jesús. Él nos muestra la forma como Dios quiso entrar en nuestra historia: anónimo y escondido. La presencia de Jesús no apareció en la crónica de Jerusalén ni mucho menos en la de Roma. Debemos aceptar esta forma escogida por Dios. Se realizó la lógica inversa a la nuestra: “todo niño quiere ser hombre; todo hombre quiere ser grande; todo grande quiere ser rey. Solo Dios quiso ser niño”. Y así sucedió.

Aquí resuenan los bellos versos del poeta portugués Fernando Pessoa:

 

Él es el Eterno Niño, el Dios que faltaba.
Él es tan humano que es natural,
Él es lo divino que ríe y juega.
Es un niño tan humano que es divino

Tales pensamientos traen a mi memoria a una persona de excepcional calidad espiritual. Fue ateo, marxista, de la Legión Extranjera. De repente sintió una conmoción profunda y se convirtió. Escogió el camino de Jesús, en medio de los pobres. Se hizo Hermanito de Jesús. Llegó a una profunda intimidad con Dios y lo llamaba siempre “el Amigo”. Vivía la fe según el código de la encarnación y decía: “Si Dios se hizo gente en Jesús, gente como nosotros, entonces hacía pipí… lloriqueaba pidiendo el pecho, hacía pucheros si tenía el pañal mojado”… Al principio le habría gustado más María, y después, crecidito, más José, cosa que los psicólogos explican en el proceso de la realización humana.

Fue creciendo como nuestros niños, observaba a las hormigas, tiraba piedras a los burros y, travieso, levantaba el vestidito a las niñas para molestarles, como imaginó irreverentemente Fernando Pessoa en su bello poema sobre Jesús Niño.

Ese hombre, amigo del Amigo, “imaginaba a María acunando a Jesús para que durmiera porque de tanto jugar fuera se excitaba mucho y le costaba cerrar los ojos; lavaba los pañales en el balde; cocinaba la papa para el Niño y comidas más fuertes para el trabajador, el buen José”.

Ese hombre espiritual italiano que vivió, muchas veces amenazado de muerte, en tantos países de América Latina y varios años en Brasil, Arturo Paoli, se alegraba interiormente con tales cavilaciones, porque las sentía y vivía como conmoción del corazón, de pura espiritualidad. Y lloraba con frecuencia de alegría interior. Era amigo del Papa que lo mandó a buscar con un coche a su pequeña ciudad a unos 70 km de Roma para pasar la tarde juntos y hablar de la liberación de los pobres y de la misericordia divina. Murió a los 103 años como un sabio y un santo.

No olvidemos el mensaje principal de Navidad: Dios está entre nosotros, asumiendo nuestra condition humaine, alegre y triste. Es un niño quien nos va a juzgar, no un juez severo. Y este niño sólo quiere jugar con nosotros y no rechazarnos nunca. Finalmente, el sentido más profundo de la Navidad es éste: nuestra humanidad, un día asumida por el Verbo de la vida, pertenece a Dios. Y Dios, por malos que seamos, sabe que venimos del polvo, y tiene con nosotros una misericordia infinita. Él nunca puede perder, ni va a permitir, que un hijo o una hija suya se pierdan. Así que a pesar de la Covid-19 podemos vivir una discreta alegría en la celebración familiar. Que la Navidad nos dé un poco de felicidad y mantenga en nosotros la esperanza del triunfo de la vida sobre la Covid-19.

Fuente de la Información: https://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=1011

 

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El año de la pandemia

El año de la pandemia

Muchos han definido este 2020 como el año maldito, por lo del virus. Pero es tan solo uno de los miles que existen, no es el único que mata, mata más personas por ejemplo; la insensibilidad. Voltear a otro lugar y fingir ignorar lo que nos golpea de frente: el racismo, el clasismo y el olvido. Meternos en nuestras burbujas y cerrarlas bajo siete llaves porque todo lo que suceda afuera, lo que vivan otros no nos interesa. Por eso es que vemos tantos niños viviendo en las calles y morir ahí mismo y no nos causa ni espanto ni pena alguna mucho menos la indignación que nos haga actuar.

De pronto este virus vino a arañar un poco las puertas de nuestras burbujas, por ahí se llevó a alguno de nuestros seres queridos, tal vez personas que como nosotros voltearon a otro lugar cuando debieron actuar para ayudar a otros, morir o morir a causa del virus no los hace más nobles después de muertos. Pero nosotros los santificamos porque ese virus maldito se los llevó. ¿Pero y qué  hay del hambre que viven quienes hacen de los basureros su hogar? ¿Por qué no nos inmutamos cuando familias completas fallecen a causa de un alud entre los volcanes de basura? En principio, ¿en qué momento permitimos que esto sucediera? Que los basureros sean hogares de tantas familias, ciudades completas…

La pandemia, una de las tantas. ¿Por qué no nos ha dolido como nos ha dolido el 2020, la trata de niños, niñas, adolescentes y mujeres para fines de explotación sexual? Eso es palpable, visible, están en cada esquina no los podemos ignorar. ¿O será que como el virus, hasta que toque a uno de los nuestros? Entonces y sólo entonces haremos visible lo que hemos desechado porque no era nuestro asunto y nos daremos cuenta que estaremos solos porque los otros fingirán no ver porque tal como nosotros lo hacemos hoy, no será asunto  de ellos.  Es el germen el patriarcado y de la mezquindad.

Este virus vino a sacar lo peor de nosotros, fue tan solo una oportunidad para mostrarnos cómo somos en realidad, por ejemplo: gente con un celular que fue a dar al hospital, le toma fotografías a otros pacientes que están en intensivo, las publican en las redes sociales exponiendo la gravedad de la enfermedad. ¿Por qué no se toman fotos a sus propios coyoles sino tienen oficio? Pero exponer así a otros. Y lo han hecho enfermeras, doctores, pacientes lo que indica que no porque unos tengan mayor grado de escolaridad tienen respeto por la privacidad de los demás.

Y qué decir de los que les toman fotos a los adultos mayores en sus familias que están en sus camas muy graves y las publican en las redes sociales. ¿Por qué llegar tan bajo? Y peor aún, los que tienen virus tipo pereza que no les pegó duro, pero les da pereza y aprovechan y se cuelgan, se toman fotos despeinados, con la baba de una semana, cheles de ocho días y las publican en las redes sociales diciendo que son sobrevivientes de Covid. Cuando en realidad una persona que está enferma de gravedad no puede ni mover un dedo. Eso es faltarle el respeto a toda la gente que ha muerto y que está grave por el virus. Pero así es la consistencia humana: raleada, cuarteada.

De lo hermoso que pudimos ver fue a los pueblos originarios donando sus cosechas, llegando a poblados con camiones llenos de verduras y frutas para dar alimento a familias completas. Mientras que en otros la gente salía con banderas blancas pidiendo auxilio y lo que hacían los que podían ayudar era encerrarse bajo siente llaves en sus casas cómodas, publicando fotos en redes sociales de la abundante comida, sus vinos caros y sus chimeneas humeantes mientras recordaban nostálgicos sus viajes por el mundo. Muchos de ellos hoy lloran la muerte de un ser querido, pero aún y con ese dolor no se dignan a tender la mano a quienes están en necesidad porque el dinero, la avaricia y el egoísmo rigen sus vidas. En cambio donde abundó la cosecha y fue donada, el dolor de uno es el dolor de todos.

No fue un año maldito ni el virus es maldito, los inconsistentes somos nosotros que tuvo que venir un virus para escupirnos en la cara la gentuza que somos y poner en calco nuestra miseria humana que carece de valores, de palabra y de acción. Porque hambruna viven millones en el mundo, ahí nomás cerca de nosotros hay pueblos enteros en hambruna y no es un virus de momento, la hambruna se puede curar, puede ser eliminada, también la desnutrición infantil crónica, no se necesita un milagro ni una vacuna, se necesita dignidad, indignación, solidaridad.

Los famosos desastres naturales no son naturales, pueden evitarse porque son causados por todo el daño que le hemos hecho al planeta, tienen que actuar los líderes políticos sí, pero nosotros como sociedad también. Porque en lo más mínimo de hacer o de pasividad afecta. Para no ir tan lejos este año quedarán millones de mascarillas en el mar. En todo caso, ni el año ni el virus son los malditos.

El 2020 debería ser el año en el que la humanidad empezó a regenerarse, que empezó a tomar conciencia del daño que se hacía a sí misma, al planeta y a otros seres vivos. Pero no es el caso y no lo será y podrán venir mil virus  más, llevarse a familias completas que no aprenderemos, porque el egoísmo, la altanería, la insensibilidad y la mediocridad es el ADN que llevamos dentro.

De otro planeta, claro está, parecieran los que dan la mano, meten  el hombro, comparten el bocado de comida, donan sus cosechas y sienten como propia la tragedia ajena. Y no tienen grandes mansiones, ni chimeneas humeantes, vinos caros, viajes por el mundo ni maestrías ni doctorados. Es la gente común, en muchos casos también la más excluida y empobrecida. Es el pueblo. Con lo que nos siguen dando la lección de que no se trata de tener sino de voluntad.   Por ellos la esperanza de un mundo mejor aún no ha sido arrancada de raíz. Y las almas que se niegan a dejar de soñar seguirán creyendo en una primavera de retoños abundantes.

Audio:

 

Fuente de la Información: https://cronicasdeunainquilina.com/2020/12/29/el-ano-de-la-pandemia/

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