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9M: aulas vacías por el derecho a la educación pública

Agustín Moreno

No tengo ninguna duda de que el 9 de marzo volverán a estar las aulas vacías de alumnado y profesorado. Las calles de las grandes ciudades se llenaran de gente reivindicando más educación pública. Cuando se convoca una nueva huelga en la educación no es un acto rutinario, sino una necesidad de primer orden porque está en juego el futuro de este país. Y es que el modelo educativo tiene mucho que ver con el modelo productivo, el social y con la calidad de la democracia.

Las reformas laborales están sirviendo para la renovación de las plantillas a través del despido y de los ERE, para sustituir empleos de más calidad por otros con menos salario y menos derechos. Hace unos días conocíamos tres noticias en paralelo: récord de turismo, con 75 millones de visitantes en 2016; recuperación del sector del ladrillo y exilio laboral de 800.000  personas, buena parte de ellas son jóvenes, que abandonaron el país desde el comienzo de la crisis (60.000 solo en el primer semestre de 2016). Turismo, emigración y ladrillo, al igual que en el franquismo, como modelo productivo de bajos vuelos. Por no hablar de la democracia devaluada, donde se amordaza la crítica, se protege la corrupción y se cuestiona a diario la división de poderes del Estado.

Mal futuro para este país si el objetivo de la derecha conservadora es reforzar un modelo que educa de forma segregada a las élites y, por otro lado, a un precariado que sirva cañas en inglés a los turistas. Por ello, la movilización es imprescindible y es de agradecer la conciencia y el esfuerzo que hace la comunidad educativa para convocar una huelga general en la enseñanza. Es una huelga unitaria, para todos los niveles educativos desde infantil a la universidad. Y está convocada por CCOO, UGT, CGT y STES; el Sindicato de Estudiantes, FAEST, Estudiantes en Movimiento y el Frente de Estudiantes; la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA); los Movimientos de Renovación Pedagógica y apoyada por Unidos Podemos.

Los objetivos son tres: la reversión de los recortes, la inversión en educación pública y la derogación de la LOMCE. Está claro que hay suficientes y poderosas razones para ir a la huelga:

a) El Gobierno del Partido Popular ha aplicado una brutal política de recortes en la Escuela Pública. La inversión en educación se ha reducido un 11% entre 2009 y 2016 (de 53.000 a 47.000 millones). En términos de PIB, el gasto total en educación ha pasado de un 5,07% del PIB en 2009 a un 4,37% en 2014, por debajo de la media de la UE (4,9%) y de la OCDE (5,3%). Para el año 2018 está previsto que caiga por debajo del 4%, lo que totalizaría 10.000 millones de euros de recortes. Se trata de blindar una inversión en educación pública del 7% del PIB, porque, como coinciden todos los expertos, una educación de calidad necesita una financiación sostenible.

b) Como medidas concretas que reviertan los recortes hay que volver a contratar masivamente a nuevo profesorado para reponer los 32.000 puestos de trabajo que se han perdido (cuando hay un 6% más de alumnado), reducir el 20% de temporalidad, y dignificar las condiciones en las que imparten la docencia; bajar las ratios de alumnado por aula y recuperar todas las medidas de inclusión y atención a la diversidad.

c) En las universidades públicas, en los últimos años, el precio final de la matricula se ha encarecido un 66% de media. Estamos ante el desmantelamiento de las Universidad Pública cuando vemos que la financiación pública de las universidades ha supuesto una caída de 1.213 millones de euros en el período de 2010 a 2014 y que ha disminuido en 7.500 empleos públicos. También la Formación Profesional se ha visto afectada por el aumento de las tasas: una FP de grado superior cuesta 480 €, y una de grado medio entre 120 € y 220 € de media.

Frente a ello, se reivindica una Universidad entendida como servicio público que no busque la “competitividad”, sino la calidad y la cooperación al servicio de la sociedad, para hacerla más justa, más sabia, más universal, más equitativa y más sostenible, no una universidad al servicio de los intereses privados del empresariado. Una FP que amplíe su oferta formativa, que reduzca significativamente las tasas y suprima las prácticas no remuneradas.

d) Por último, en relación a la LOMCE, urge la derogación de una ley sectaria, segregadora  antidemocrática y orientada a la privatización al colocar la Educación Pública como algo subsidiario. A la voluntad manifestada por la comunidad educativa y por la mayoría de las fuerzas políticas parlamentarias hay que añadir que hay alternativa. Buena parte del trabajo está hecho con el Documento de Bases para una nuea Ley de Educación consensuado por una amplia representación de las fuerzas sociales y políticas, colectivos y mareas por la educación pública. Debe ser el cimiento para el nuevo marco legal educativo.

También es necesario que la huelga salga bien por dos elementos de coyuntura. Por un lado, porque la experiencia de las huelgas de octubre y noviembre de 2016 ha sido clara: el gobierno del PP se vio obligado a dar marcha atrás al carácter académico de las reválidas. La lucha paga, el gobierno no tiene mayoría absoluta y es el momento de apretar. Por otro, porque está funcionando una subcomisión de Educación en el Congreso de los Diputados con el objetivo declarado de alcanzar un pacto educativo. Por ella van a pasar más de 80 comparecientes y la jugada del gobierno es intentar incorporar al PSOE a un pacto que maquille un poco la LOMCE o echarle la culpa del desacuerdo. Los “poderes fácticos” de la Educación Privada y Religiosa ya han marcado las líneas rojas a los partidos conservadores. Al día siguiente de la comparecencia de la Marea Verde, el portavoz de la Conferencia Episcopal dijo que para mantener “la tradición cultural gloriosa” las clases de religión y los conciertos no se tocaban.

Es necesario el pacto educativo, pero para que se produzca deben darse dos condiciones: Primero, se ha de contar con la participación de la comunidad educativa, porque lo contrario sería una estafa. Y, segundo, debe potenciar una Red Escolar Pública Única, de titularidad y gestión pública, que garantice el derecho universal a la educación en condiciones de igualdad, gratuidad y democracia. Ello implicaría la supresión progresiva de los conciertos educativos.

Como dice Miguel Ángel Santos Guerra: “Los intereses públicos frente a los intereses privados y la preocupación por los desfavorecidos son dos cuestiones que resultan prioritarias en una sociedad en la que se declara la ley de la extrema competitividad, pero sin tener en cuenta el punto de partida de los que compiten”. (nota 7). La educación es un derecho, no un privilegio, por  eso no caben ni la LOMCE, ni los recortes.

Fuente del articulo: https://www.cuartopoder.es/laespumaylamarea/2017/03/07/9m-aulas-vacias-por-el-derecho-a-la-educacion-publica/1859

Fuente de la imagen: https://www.cuartopoder.es/laespumaylamarea/files/2017/03/educacion-arma-de-construccion-masiva-kai-forster

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Nuestra voz tiene eco

Blanca Heredia

Como cada 8 de marzo, la sociedad voltea a ver a la minoría que es mayoría: las mujeres. Es increíble que aún en estos tiempos debamos dar argumentos para justificar el reclamo por igualdad de derechos y oportunidades, y demostrar que aportamos valor y diversidad –en nuestros muchos y muy variados roles– al bienestar y al desarrollo colectivo.

A diferencia de otros años, este miércoles nuestra voz es más fuerte, pues cada vez somos más las que estamos dispuestas a alzar y unir nuestras voces en defensa no sólo de nosotras sino de todos, más allá de niveles de ingreso, ideologías, credos, nacionalidades y colores de piel. Esta alianza global, en gestación, encontró en la marcha de mujeres del 21 de enero de este año en Washington DC un marcador y un estímulo importante. Esa voz que gritó en Washington tuvo eco en más de 20 países.

Pero no es la única muestra de que nuestra voz tiene eco y un eco que no sabe de fronteras, lo cual es importante porque la violencia contra las mujeres tampoco. En abril pasado, las mujeres hicieron un llamado en México para denunciar los niveles alarmantes de feminicidio, acoso y discriminación en los que vivimos. El movimiento, llamado Primavera Violeta por algunas activistas, puso el reflector sobre un tema grande, el acoso. El hashtag #MiPrimerAcoso fue tendencia en Twitter en México y también sirvió para visibilizar la historia de muchas mujeres en Latinoamérica y España quienes, desde edades muy tempranas, han vivido las consecuencias de habitar sociedades machistas en las que la mujer es vista como un objeto que se puede tocar.

La iniciativa #MiPrimerAcoso puso de nuevo sobre la mesa y a la vista de todos lo que ya sabemos y hemos repetido en más de una ocasión: el problema no está en la víctima sino en el agresor. Ni la manera de vestir, ni si fuma o toma, ninguna de estas es una invitación, ni permiso o justificación para ser acosada. No hay argumento para defender ese trato, no hay justificación para vivir los niveles de violencia que tenemos contra las mujeres: siete mujeres son asesinadas a diario en México.

La alianza entre nosotras es la clave para dejar de ser esa minoría que es mayoría. Como sabiamente me dijo alguna vez Patricia Mercado: no es necesario ser amigas para ser aliadas, no hace falta ser ‘íntimas’ para crear una red en la que nos apoyemos unas a las otras. Este año, la conmemoración del Día de la Mujer, con su llamado a parar labores el día de hoy, tiene sabor a protesta y a ganas de dejar de callar frente a esa discriminación y violencia pertinaz de la que somos objeto las mujeres, pero que nos denigra y empobrece a todos.

Este llamado a hacernos visibles parando labores está inspirado en la huelga de mujeres que tuvo lugar en Islandia, el 25 de octubre de 1975, cuando 90 por ciento de las mujeres se declararon en huelga –tanto en el hogar como en el trabajo– haciendo sentir así la importancia de su labor en ambos ámbitos y su importancia para la sociedad en su conjunto. Momento aquel que marcó a la sociedad islandesa y que en los últimos años ha permitido avances que sitúan a Islandia a la cabeza en el Índice Global de la Brecha de Género del Foro Económico Mundial, es decir, como el país donde existe más igualdad entre hombres y mujeres.

Hasta la fecha no hay ningún país que haya logrado eliminar la desigualdad de género. Es un trabajo que requiere ser desarrollado día a día y en cada uno de los niveles y ámbitos de nuestra vida, tanto mujeres como hombres debemos construir las oportunidades y coyunturas que permitan el desarrollo pleno a todas las personas. En este sentido, como dijo Malala al recibir el Premio Nobel de Paz, la educación es un poder para las mujeres; sin embargo, aún hay niñas y mujeres que no pueden acceder a este derecho básico y universal.

Será que como dice Gloria Anzaldúa, una mujer que escribe tiene poder y una mujer con poder es temida.

Es momento de refutar las muy socorridas y, por desgracia, extendidas nociones según las cuales defender los derechos de las mujeres y promover su desarrollo significa buscar el poder por encima de los varones y/o dejar de lado la dignidad y los derechos de grupos articulados en torno a otras identidades.

La de las mujeres es una lucha por la igualdad y la justicia, las cuales merecemos por el simple hecho de ser personas, y no es para situarnos por arriba de los varones, sino para hacer grandes a todos. Es momento de hacer una alianza a favor de nuestra humanidad compartida, una alianza incluyente y feliz que nos permita desplegar y hacer efectivas todas nuestras potencialidades.

[1] Anzaldúa, Gloria, Speaking in Tongues: A Letter to Third World Women Writers.

Fuente del articulo: http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/nuestra-voz-tiene-eco.html

Fuente de la imagen: http://www.elfinanciero.com.mx/files/article_main/uploads/2014/02/06/52f385f524e21.jp

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Que Tod@s estén, aprendan y participen en la escuela

Mexicanos Primero

Jennifer L. O’Donoghue *

Nuestro sistema educativo, como nuestra sociedad, es excluyente. Hasta la estadística más sencilla del sistema educativo retrata la exclusión, y basta con un par de experiencias en campo para verla en la realidad cotidiana de los millones de niñas, niños y jóvenes que no están en la escuela o, estando en ella, no aprenden o no se sienten escuchados ni involucrados.

En el ánimo de cambiar esta situación e impulsar una conversación pública a favor de la inclusión, esta semana presentamos nuestro estudio sobre el estado de la educación incluyente en México. Tod@s, que busca visibilizar a las personas –las niñas, niños y jóvenes, sus familias y sus maestras y maestros– y dar una idea de cómo la exclusión que viven día tras día en el sistema educativo les afecta a ellos y a sus comunidades.

Asimismo, Tod@s presenta una aspiración, la triple inclusión, que todas y todos: 1) lleguen a las escuelas listos para aprender y permanezcan en y transiten por ella en tiempo y forma, terminando los doce años de la educación obligatoria; 2) aprendan lo que quieren y lo que necesitan; y 3) participen como constructores activos de su propia experiencia educativa. Estar, aprender y participar, esto es lo que exige el derecho y es a donde queremos ir.

Esta visión de la educación incluyente no se limita a grupos etiquetados como “vulnerables”; no es solamente de la niña con “necesidades educativas especiales”, ni de las y los hijos de jornaleros agrícolas migrantes, ni de la población indígena. Es de tod@s, de cada niña, cada niño y cada joven. En la misma línea, no es de poner etiquetas -retornada, rezagada, madre adolescente, destacada, indígena, privilegiada, migrante… Significa valorar y promover la diversidad de cada persona, reconociendo sus intereses, historias, necesidades y aspiraciones únicas.

La inclusión no es tener bajas expectativas; esperar menos de los que –según nosotros– por su contexto o su condición no “pueden” estar, aprender o participar en la escuela. Pero tampoco se trata de exigir sin brindar el apoyo necesario, ni a las niñas, niños y jóvenes, ni a sus familias ni a sus maestras o maestros. Incluir implica mantener altas expectativas para todas y todos al mismo tiempo que aseguramos que cada quien cuente con el apoyo debido para poder alcanzarlas. La inclusión no se basa en la igualdad, dar lo mismo a tod@s, sino en la equidad; dar a cada quien lo que necesita, y más a los que menos tienen o más necesitan.

La inclusión claramente no es la segregación de ciertas poblaciones en tipos de servicios periféricos al sistema general, ni es el aislamiento de ciertos niños por su condición de “dis”capacidad. En la educación incluyente, todas y todos aprenden con y de todas y todos. Las escuelas y las aulas “regulares” con una orientación inclusiva son los medios más eficaces para combatir las actitudes discriminatorias, construir una sociedad inclusiva y lograr una educación para todos.

La inclusión no es estandarizar y centralizar. La meta de la inclusión siempre debe ser flexibilizar y diferenciar. El corazón de la educación incluyente es su habilidad de responder a la diversidad, no sólo de estudiantes, sino también de docentes, de contextos sociales y culturales, de condiciones materiales.

La inclusión no es crear programas compensatorios que buscan “integrar” a niñas o niños que son “diferentes” (“vulnerables”, “rezagados”, “atrasados”) a los arreglos ya existentes. Una educación incluyente se enfoca en la eliminación de barreras en el sistema para que se pueda responder a la diversidad de los estudiantes.

La inclusión no es parchar; no busca mejoras incrementales sino una transformación que es focalizada y sistémica al mismo tiempo. Focaliza porque reconoce la necesidad de proteger los derechos de poblaciones históricamente discriminadas, pero complementa los esfuerzos focalizados con transformaciones más amplias al sistema.

La educación incluyente no es una batalla ganada, es más bien un proceso continuo; una búsqueda constante. Significa comprometernos con un proceso continuo, un esfuerzo día tras día, de identificar y eliminar barreras – actitudes, prioridades y paradigmas que nos han impedido avanzar. Sólo cuando interrumpamos nuestro modo de pensar y operar actual, podremos empezar a transformar el sistema educativo mexicano para que todas y todos estén, aprendan y participen. Y este proceso nos requerirá a tod@s.

* La autora es Directora de Investigación de Mexicanos Primero.

Fuente del articulo: http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/que-tod-s-esten-aprendan-y-participen-en-la-escuela.html

Fuente de la imagen: http://www.elfinanciero.com.mx/files/article_main/uploads/2015/08/09/55c7fad45a70c.jpg

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¿Hablamos de educación o de lo nuestro?

Por: Mariano Fernández Enguita

El sistema educativo afronta a corto plazo retos de profundas consecuencias a medio y largo, en concreto la adaptación a un nuevo entorno global, digital, posindustrial, multicultural y altamente incierto, todo lo contrario de los pilares en que se fundó y del horizonte para el que se diseñó. Por si fuera poco, España arrastra hace mucho la losa de altísimas tasas de repetición, fracaso y abandono prematuro y, hace no tanto, la reducción sustancial del gasto público, que llegó a caer un 20% por alumno. Esta crítica situación demanda una respuesta elaborada, ambiciosa y de amplio respaldo, lo que se ha dado en llamar un pacto por la educación, pero no está claro que progresemos en ello.

Cuando la crisis llevó al gobierno a los conservadores, recortaron, en parte porque había que recortar (no empezaron ellos), pero sobre todo avanzaron su agenda: segregación temprana frente al fracaso, control administrativo vía reválidas, mayor estratificación interna del sistema y ofensiva ideológica. Ahora, con un gobierno en minoría, está por ver si la oposición busca un acuerdo de largo plazo o solo sustituir la agenda ajena por la propia.

La huelga resulta más que explicable y comprensible ante este fondo, pero parece más pegada a una agenda particular que a las necesidades de todos. Por un lado, no le falta razón al ministro cuando afirma que para derogar una ley hay que tener otra, y esto no va a ser fácil. Por otro, se antoja miope revertir los recortes para volver a más de lo mismo. Más contrataciones y oposiciones amortiguarán el problema del empleo, pero no solucionarán ningún problema educativo de fondo. Más becas beneficiarán a esos cuatro de cada diez jóvenes que acceden a la universidad, pero no a los otros seis. Los insiders (docentes y universitarios) han impuesto su agenda a los outsiders (el público, los no universitarios).

Esto mismo apunta el doble filo de la otra gran reivindicación: que el pacto no sea (solo) político sino social. Debe hablar la sociedad, y sería una gran ocasión para la democracia deliberativa, pero cuidado con que la voz de la comunidad escolar no vaya a ser del profesorado en vez de las familias, los buenos alumnos en vez de los malos y los lobbies en vez de la sociedad. Veamos la huelga, que ni es el problema ni será la solución, como una buena instantánea del paisaje.

Fuente: http://blog.enguita.info/2017/03/hablamos-de-educacion-o-de-lo-nuestro_11.html

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El valor de enseñar a los niños a decir “gracias”, “por favor” o “buenos días”

Por Valeria Sabater.

Transmitir a los niños la importancia de dar las gracias, de “pedir por favor” o de decir “buenos días” o “buenas tardes”, va más allá de un simple acto de cortesía. Estamos invirtiendo en emociones, en valores sociales, y ante todo, en reciprocidad.

Para crear una sociedad basada en el respeto mutuo, en la que el civismo y la consideración marquen la diferencia, es necesario invertir en esas pequeñas costumbres sociales, a las que a veces, no prestamos la importancia que merecen. Porque la convivencia se basa al fin y al cabo en la armonía, en esas interacciones de calidad basadas en la tolerancia donde todo niño debería iniciarse desde una edad temprana.

Soy de la generación del gracias, del por favor y del buenos días, de la misma que no duda en decir un “lo siento” cuando es necesario. Cualidades todas ellas que no dudo en transmitir en mis hijos, porque educar en respeto es educar con amor.

Un error en el que suelen caer muchas familias es en iniciar a los niños en estas normas de cortesía cuando los más pequeños empiezan a hablar. Ahora bien, es interesante saber que el “cerebro social” de un bebé es tremendamente receptivo a cualquier estímulo, al tono de voz e incluso a las expresiones faciales de su padre y su madre.

Lo creamos o no, podemos educar a un niño en valores desde edades muy tempranas. Sus aptitudes son casi insospechadas y hemos de aprovechar esa gran sensibilidad en materia emocional. Te hablamos de ello.

Dar las gracias, un arma de poder en el cerebro infantil

Los neurocientíficos nos recuerdan que el sistema neuronal  de un niño está programado genéticamente para “conectarse” con los demás. Es algo mágico e intenso. Incluso las actividades más rutinarias como alimentarlos, bañarlos o vestirles se convierten en improntas cerebrales que prefiguran en un sentido u otro la respuesta emocional que tendrá ese niño en el futuro.

El diseño de nuestros cerebros, por así decirlo, nos hace sentirnos inexorablemente atraídos a su vez por otros cerebros, por las interacciones de todos aquellos que están a nuestro alrededor. Así pues, un niño que es tratado con respeto y que desde una edad temprana se ha acostumbrado a escuchar la palabra “gracias”, entenderá rápidamente que está ante un refuerzo positivo de gran poder y, que sin duda, irá desentrañando poco a poco.

Es muy probable que un niño de 3 años al que su padre y su madre han enseñado a decir gracias, por favor o buenos días, no comprenda muy bien aún el valor de la reciprocidad y del respeto que impregnan estas palabras. No obstante, todo ello crea un adecuado y maravilloso sustrato para que después las raíces fuertes y profundas.

Al fin y al cabo, la edad mágica comprendida entre los 2 y los 7 años, es la que Piaget denominaba como “estadio de inteligencia intuitiva”. Es aquí donde los pequeños, a pesar de estar supeditados al mundo del adulto, van a ir despertándose progresivamente al sentido del respeto, a intuir ese universo que va más allá de las propias necesidades para descubrir la empatía, el sentido de la justicia y por supuesto, la reciprocidad.

La reciprocidad, un valor social de peso

Cuando un niño descubre por fin lo que sucede en sus contextos más próximos cuando pide las cosas por favor y las concluye con un gracias, ya nada va a ser igual. Hasta el momento, lo llevaba a cabo como una norma prosocial pautada por los adultos, algo que le confería refuerzos positivos por su buen comportamiento.

No obstante, tarde o temprano experimentará el auténtico efecto de tratar con respeto a un igual, y cómo esa acción revierte a su vez en él o en ella misma. Es algo excepcional, una conducta que le habrá de acompañar para siempre, porque tratar con respeto a los demás es también respetarse a uno mismo, es actuar de acuerdo a unos valores y un sentido de convivencia basado en un pilar social y emocional de peso: la reciprocidad.

Será sobre los 7 años cuando nuestros hijos descubran plenamente todos estos valores que conforman su inteligencia social. Es ese instante en que empiezan a dar más importancia a la amistad, a saber lo que implica esa responsabilidad afectiva, a entender y disfrutar de la colaboración, atendiendo necesidades ajenas e intereses diferentes a los propios.

Es sin duda una edad maravillosa donde todo adulto debe tener muy presente un aspecto esencial: debemos seguir siendo el mejor ejemplo para nuestros hijos. Ahora bien, la pregunta mágica es la siguiente… ¿De qué manera vamos inculcando en nuestros hijos desde edades tempranas esas normas de convivencia, de respeto y de cortesía?

Te ofrecemos unas sencillas estrategias para que las tengas en cuenta, son indicaciones básicas que señalar a los niños en cada situación. Vale la pena tenerlo en cuenta.

  • ¿Has llegado o entrado a algún sitio? Saluda, di buenos días o buenas tardes.
  • ¿Te vas? Di adiós
  • ¿Te han hecho un favor? ¿Te han dado algo? Da las gracias.
  • ¿Te han hablado? Responde.
  • ¿Te están hablando? Escucha.
  • ¿Tienes algo? Compártelo.
  • ¿No lo tienes? No envidies.
  • ¿Tienes algo que no es tuyo? Devuélvelo.
  • ¿Quieres que hagan algo por ti? Pídelo por favor.
  • ¿Te has equivocado? Discúlpate.

Normas sencillas que, sin lugar a dudas, le serán de gran ayuda en el día a día.

Fuente artículo: https://lamenteesmaravillosa.com/ensenar-ninos-decir-gracias/#!kalooga-25126/~%22Cerebro%20social%22%20~Educaci%C3%B3n%5E0.75%20~valores%5E0.56

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Mediación Docente en Educación Inicial

Por: Iliana Lo Priore.

Con el fin de aportar una guía de referencia para la autorreflexión en el ejercicio profesional docente en Educación Inicial, se propone una serie de criterios que pretenden operativizar la esencia de la mediación consciente. Éstos son:

Criterios de la Mediación Consciente 

Se tomarán como referencia  los criterios de mediación propuestos por Lo Priore y Rubiano (2009) necesarios por su pertinencia y vigencia.  Estos son:

  • Intencionalidad: Todo mediador establece propósitos y estructura de manera consciente, es decir, configuraciones didácticas: planes, objetivos, contenidos, estrategias, instrumentos de evaluación y recursos, a fin de propiciar efectos en la tríada Persona-Acción Pedagógica-Ambiente. Tal como lo afirma Gallegos (1997), esta intencionalidad en el mediador implica preparar un ambiente de aprendizaje, compartir significados intersubjetivamente que generen conflictos e instalen puentes entre lo que ya se conoce y lo que está por adquirirse. Por tanto, se trata de develar la intención pedagógica que conlleva a asumir la condición de un ESTRATEGA que planifica de manera anticipada, considera secuencias de desarrollo y aprendizaje, organiza, selecciona, crea, adapta recursos y, consecuencialmente, potencia el desarrollo y el aprendizaje.
  • Conducción: La mediación supone una participación guiada, que permite la negociación entre los significados infantiles y los de los adultos significativos. El modo de proceder de un mediador anticipa los conflictos que pueden presentar los niños (as) y los propicia a través de la interacción, la mayéutica, el diálogo; así, el lenguaje se constituye en un instrumento psicológico, pedagógico y cultural. Este proceso implica la construcción del saber en permanente continuo con el placer, entendiendo esta totalidad como la atmósfera estética que todo conductor-mediador debe propiciar para generar un tono afectivo y un ambiente agradable en el que la función lúdica esté presente.
  • Investigación en la Acción: La reflexión en el quehacer pedagógico de un mediador inicia y acompaña cada uno de los procesos inherentes y termina en un círculo abierto de reflexión. Son procesos recursivos: Reflexión-Evaluación-Planificación-Acción-Reflexión (REPAR) que se suceden continuamente (Lo Priore, 2002). Este proceso conlleva a la búsqueda permanente y a la construcción de saberes en función de abordar la vivencia, los cambios necesarios ante las problemáticas y el logro de un desarrollo y aprendizaje infantil óptimo.
  • Producción: Un mediador consciente avanza en su madurez profesional y esto se expresa en la productividad y para fortalecer su acción educativa. El criterio de producción constituye la concreción y el logro tangible de un constructo. ¿Qué se produce?, entre otros, recursos, textos y materiales para el aprendizaje. En este criterio están inmersos a su vez los anteriores: Intencionalidad, Conducción e Investigación  en la acción.

 Mediación en Educación inicial

Los criterios especificados anteriormente son determinantes en los procesos claves de la mediación; éstos, a su vez, pueden realizarse y contextualizarse en dichos procesos, porque van más allá de las funciones que ejerce el docente en su quehacer, involucran toda la dinámica curricular en su contexto y circunstancia. Se afirma, por tanto, que los criterios que definen el mediador (Intencionalidad-Conducción-Investigación y Producción) y los procesos claves para la mediación (Evaluación- Planificación – Acción Pedagógica – Creación de Recursos Didácticos) son interdependientes, su relación es de alta complejidad, reciprocidad y recursividad.  En este modelo se evidencia la relación de los procesos claves en el hecho educativo. Estos procesos no se suceden en el vacío, ni en solitario, se fundamentan y responden a una postura teórica, que en este caso coincide con las premisas del constructivismo implícitas en los componentes del currículo: perfil dinámico del niño y niña, áreas de aprendizaje, ejes integradores, ambientes de aprendizaje, estrategias de atención convencional y no convencional (espacios comunitarios), tiempo, espacios y otros. La efectividad de la ejecución de dichos procesos es posible gracias a la acción mediadora del docente ¿Quién es un docente mediador? Recordemos que es aquel que evidencia en su hacer criterios de intencionalidad, conducción, investigación en la acción y producción. Cada uno de dichos criterios resulta necesario para que se concreten, se realicen los procesos claves para la mediación y estos procesos, a su vez, son indispensables para que la educación cumpla con su gran propósito: La plenitud de la condición humana.

De la Mediación al Agenciamiento Autopoiético del Docente

En general, la mediación se considera una interposición entre dos o más partes o entes. Desde esta simplificada definición debemos considerar críticamente la mediación pedagógica ya que por su naturaleza, complejiza esa definición dada.  La mediación educativa interpuesta pedagógicamente es compleja en los términos que formula Edgar Morin (2002) sobre el pensamiento complejo o transcomplejo.  Cuando decimos que es compleja, no estamos diciendo que es  complicada,  tan solo indicamos que aceptar su simplificación por reductiva y desfiguradora de la mediación pedagógica, es por demás inconveniente para nuestra tarea educativa.  La simplificación reduce y obstaculiza las posibilidades de comprensión y de explicación de la multiplicidad relacional que envuelve a la mediación pedagógica.  Cualquiera docente, en tanto mediadora pedagógica,  del nivel inicial sabe por experiencia propia que su actividad está implicada en múltiples relaciones que la complejizan (afectivas, cognitivas, institucionales, laborales, etcétera), porque cotidianamente  desafían su capacidad comprensiva, y que, por tanto, su labor no es  simple o sencilla, por más realizadora que esta deba ser.

En ese sentido, cuando no  alcanza a asumir la complejidad de su tarea, la  docente considera problematizada su labor e insatisfactoria por consiguiente, es decir, que es presa de dudas e incertidumbres.  De aquí que su papel de  mediadora exija aún más en la actualidad, por la incidencia  de los cambios de la globalización en las subjetividades de los niños y niñas principalmente a través de la Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TICs) que los seducen significadoramente por medio  de la hipervisualización estetizadora de la realidad o hiperrealidad,  para comprender la complejidad de su mediación que tiende a ser rezagada y neutralizada por  la contracultura mediática.

Por otra parte, cuando aparece problematizado su desempeño docente, se produce un emplazamiento de su actuación que debe ser incentivador de su auto-reflexión, o co-reflexión cuando involucra asertivamente a otros docentes como ella en la problematización de su quehacer, y como expresión de sus capacidades autopoiéticas o autoregeneradoras (Maturana, 2003).  Aquí la  problematización cambia de estado o estatuto porque se pasa de la problematización considerada prevalecientemente como afectación subjetiva, que pone en entredicho su equilibrio emocional, a una perspectiva de la problematización pensada principalmente como objetivación o manifestación proyectiva para comprenderla mejor y superarla.   A la re-flexión le atribuimos una doble flexión o acción, a semejanza de radiación solar sobre la tierra  que refleja y refracta los rayos solares. De ese modo podemos entender que no tan solo las problematizaciones afectan a las docentes, sino que también pueden ser ellas mismas afectadas proyectivamente  al refractarlas o distanciarlas de sí para ser estudiadas o enjuiciadas y superadas auto o co-reflexivamente.

Por lo expuesto, la mediación no puede ser estimada simplemente  como un conjunto de instrumentaciones o recursos de los cuales se valen las docentes para desempeñar su acción pedagógica,  porque trasciende esa concepción instrumentalista o   técnica, para asumirla como una condición definidora   integralmente de su ser docente.  Tanto es así,  que  concebirse a sí misma como mediadora, implica la dignidad de su profesión, esto es, su profesionalidad, siendo ésta la que  la define éticamente por consistir en la manifestación de su compromiso  con el cuidado y responsabilidad por los otros, los niños y niñas que le han sido encomendados para su formación.  En consecuencia, proponemos que la mediación docente se conciba como agenciadora autopoiética y de autopoiesis, con capacidad de transformarse como mediadora pedagógica a sí misma y de propiciar la autoregeneración y autodeterminación en los niños y niñas bajo su incitación.

Después de haber sido hechas estas  apreciaciones previas sobre la mediación pedagógica, concebida entonces, como despliegue de la profesionalidad docente en un contexto de complejidad creciente que desafía  su problematización por vía de su refracción con el propósito de comprenderla y superarla, consideremos la conciencia de la mediación en las docentes. Conciencia que le permite empoderamiento y autonomía en la práctica educativa.

La problematización, concebida en este caso como emplazamiento de sí mismos (as) autopoiéticamente por parte de los y las docentes para producir su acoplamiento crítico a las nuevas situaciones demandadas por su ejercicio pedagógico que se manifiestan por la incertidumbre y las dudas, exigen que dominen los enfoques investigativos de la problematización aludida, porque aunque pueda parecer paradójico, los problemas cotidianos no son la problematización.  Lo que  hay que problematizar primeramente  es nuestra manera de caracterizarlos en su inmediatez, en su manifestación empírica ante nosotras.  El principal obstáculo para ello es no poner en entredicho lo que creemos dar por sabido al respecto de tales problemas.  En palabras de Maturana: “no vemos que no vemos” (ob. cit. p.15). Por esto, lo primero a problematizar es el pensamiento mismo.

El sentido del pensar, su trabajo crítico, su valor, radicaría, principalmente en construir problematizaciones, y no soluciones precipitadas o inmediatas venciendo al sentido común, ya que el sentido común no problematiza, para este tipo de pensamiento las cosas son naturales y obvias. Además, porque supone el cierre e interrogación-problematización como búsqueda de un sentido alternativo para comprender y optar por opciones “bien o mejor pensadas” (Deleuze, 2005).

Quien cree tener las respuestas no se hace preguntas. La lógica del sentido crítico introduce la diferencia y la ruptura con el sentido común, porque es creadora.  Ella no persigue una verdad absoluta o definitiva, tan solo busca producir sentido, es decir, determinar problematizaciones, valorándolo como una entidad positiva y afirmativa por cuanto motoriza el sentido de pensar: “piense como usted quiera, pero piense”.

Por ello, hay que saber repreguntarnos las primeras o pasadas preguntas que nos dieron la primeras respuestas o representaciones y que tenemos por ciertas.  Aquí la mejor vía para ello es hacernos un listado seriado de preguntas para repreguntar, a las preguntas previas, reiterativamente su “razón de ser” para develar su sentido, y cuando se crea suficiente la interrogación iterativa, hacer un cierre sistémico y entresacar un abanico de posibles o probables respuestas a investigar o estudiar. Hay que entender este proceso con base en la premisa de “preguntar más para comprender mejor”.  Asimismo este proceso demanda para formular las interrogantes seriadas, de una imaginación productiva por medio de un acrecentamiento de sentidos o de la innovación semántica.  Sin que ello implique que una pregunta haga que la anterior signifique otra cosa, sino que signifique todo lo que pueda y mucho más.

Hay que destacar que este proceso se desarrolla mejor de manera co-reflexiva o intersubjetiva entre varias docentes, que por la reflexión de una sola.  En este sentido, cada una de ellas debe ir más allá de su horizonte de comprensión, de su sentido común, ha de trascender sus pre-juicios, sus presuposiciones, productos de la autoridad de la tradición y necesarios inicialmente para aproximarse a los de otros horizontes de sentido o paradigmas interpretativos.  A tal efecto, deben ser expuestos y evidenciados en la contraposición de paradigmas para modificarlos y transformarlos, a través de la crítica de la tradición y de su autoridad,  en el marco de un diálogo interrogativo de sus presupuestos, que se asiente en la racionalidad comunicativa o intersubjetiva y el compromiso de sustentarla entre las participantes.

En este contexto se generaría un proceso tenso de tipo dialéctico entre la tendencia recurrente de significar o sentidizar con base en los pre-juicios, ideologías y paradigmas tradicionales, y la negación y superación de esa tendencia prevaleciente.  No hay que olvidar que el peso de la tradición obedece a que las docentes fueron formadas en su mayoría como interpretantes en el marco de una tradición educativa y pedagógica que conduce a un límite histórico-cultural,  el de la imposibilidad de trascender todos los pre-juicios o de obviarlos en el proceso de recomprensión o resignificación que se requiere para asumir la complejidad actual.  Solamente cuando se toma conciencia de la inconsistencia o inactualidad de sus juicios se posibilita la asunción o construcción de otros.

Con base en lo dicho hasta ahora en torno a la reflexión como criterio investigativo en la mediación autopoiética productiva  que contribuye a una mejor  guía conductora del proceso formativo, podemos revisar  otros criterios de mediación de la profesionalidad pedagógica que traducen esa misma reflexión en otra dirección que los entrelaza de modo continuo  y que los abreviamos con las siglas de REPAR: Reflexión-Evaluación-Planificación – Acción Pedagógica-Reflexión.

Procesos mediadores estos más conocidos pero sobre los que nos interesa realizar señalamientos sobre dos de ellos, la planificación y la evaluación.

La planificación  asumida como proceso dinámico que  parte de la necesidad de un educativa activa e intencional para propiciar la eficiencia de la acción a partir de la reflexión. Consiste en prever experiencias que interrelacionadas que promuevan los aprendizajes significativos para el desarrollo potencial e integral de los niños y las niñas, implicándolos como persona, sujeto y actor de su proceso de aprendizaje. Planificar significa, en definitiva, anticipar creativa y de forma participativa, pautas que permiten mediar y agenciar las prácticas pedagógicas, dando la oportunidad de repensar y revisar los objetivos, la distribución del tiempo y espacio, los contenidos, las estrategias y los recursos con la finalidad de optimizar la condición humana de cada ser y su plenitud. En la planificación hay premisas importantes a considerar, tales como: • La planificación debe ser integral y globalizada, es decir, la conducción de cada tipo de planificación es una oportunidad para potenciar las áreas del desarrollo y los ejes transversales, en articulación con las áreas de conocimiento o académicas y todas ellas integradas entre sí. • Debe tener el objetivo de favorecer el acercamiento al saber  en todas sus dimensiones (saber ser, saber conocer, saber hacer y saber convivir) para comprender en forma holística la realidad natural, personal y socio-cultural; paso necesario para vivir en comunidad, en la patria y en el planeta. •La planificación debe considerar los contextos, los ambientes  y los espacios de aprendizaje. Asimismo, debe promover la participación de la familia, escuela y comunidad, incorporarlos con el fin de generar la cohesión social en la acción. • La planificación debe integrar el proceso de evaluación

En cuanto a la evaluación enmarcada en el proceso de mediación se le asume como proceso dinámico, continuo y permanente que valora, analiza e interpreta, de forma integral y articulada, el desarrollo y aprendizaje del niño y niña, del mediador, de los ambientes y de otros elementos del currículo (Lo Priore, 2001). Es una actividad inferencial, incluye la construcción de hipótesis que aproximan la comprensión de la realidad para su respectiva orientación y transformación. A su vez, es una parte diluida en todo el proceso educativo; por lo que es, en sí misma, un acto (o una sucesión de actos de aprendizaje). La evaluación asumida como un proceso clave para la acción mediadora supone, según Estévez (1998), concebir, observar y analizar las partes y funcionamiento de la realidad educativa como una unidad en su conjunto y en los diversos momentos del fenómeno pedagógico considerado como un todo. Esto implica que la práctica evaluativa de un contenido o proceso particular debe realizarse en conexión con todos los niveles y elementos del currículo, incluyendo la acción docente, el contexto, la calidad de los programas y por ende las políticas educativas o de Primeras Infancias que sirven de sustento o plataforma. Esta concepción global permite valorar el desarrollo y aprendizaje para orientar (no para comparar ni etiquetar) como procesos y resultantes de la interacción entre los factores de riesgo (probabilidades de afectar, amenazas biológicas, psicológicas, socio-ambientales) y los factores protectores (compensadores individuales, familiares, escolares, comunitarios). Más allá, la evaluación no se reduce a la detección de carencias, sino que aprecia fortalezas, oportunidades, concibe los errores y debilidades a la luz de las potencialidades, como un aspecto que invita a al cambio y a la innovación. En este sentido, la evaluación parte de una postura teórica pedagógica, que  se distingue en su condición INTEGRADORA y HUMANIZADORA. Dicha evaluación tiene premisas importantes, tales como: • La evaluación integral articula entre sí los procesos y desempeños de los niños y niñas en cada una de los ejes integradores y las áreas de aprendizaje con sus correspondientes procesos de desarrollo. • La evaluación asume los procesos en su totalidad, por ello, los resultados constituyen sólo un momento del camino evaluativo. • La evaluación considera los contextos específicos (contexto familiar, escolar y comunitario) y su influencia recíproca en el desarrollo y aprendizaje infantil. • La evaluación integra toda la información proveniente de las distintas técnicas e instrumentos, fuentes, agentes y momentos de evaluación. • La evaluación es aprendizaje, por tanto, se centra en el desarrollo potencial del alumno (a) y supone su participación activa en el conocimiento y construcción de sí mismo en interrelación dialógica con sus pares y docentes. • La evaluación infantil se vincula con las acciones pedagógicas y/o mediadoras del docente, por tanto, el educador es sujeto y objeto de evaluación, su reflexión es propiciadora de ajustes y cambios en el proceso educativo, en función de los avances evidenciados del niño (a). Desde esta definición se destinan los fines de la evaluación: • Identificar, valorar y considerar en niños y niñas: intereses, fortalezas, necesidades, ritmos, estilos, su desarrollo y aprendizaje. • Ofrecer oportunidades de los niños y niñas para aprender de sus aciertos y errores, contribuyendo con el desarrollo de la metacognición. • Conocer las condiciones personales, grupales, familiares, comunitarias que facilitan o limitan el desarrollo y aprendizaje de cada niño (a), con la idea de enriquecer su proceso educativo. • Ofrecer información a los padres y representantes sobre el desempeño de sus hijos, orientarlos e involucrarlos activamente en la formación integral de los mismos. • Brindar información acerca de la actuación del docente y sus necesidades de transformación

Asumir la Educación Inicial como un proceso de mediación y agenciamiento autopoético implica problematizar permanentemente nuestra actuación pedagógica para recrear, desde un espíritu que legitime al niño y niña en su totalidad y contexto, opciones auto y co-transformadoras que conlleven a las potencialidades diversas de cada uno de los actores/autores que participamos en la experiencia educativa.

REFERENCIAS

Deleuze, G.  (2005).  La lógica del sentido.  Barcelona: Editorial Paidós.

Lo Priore, I. y Rubiano, E. (2005). Procesos Claves para la Mediación en Educación Inicial y Primera Etapa de Educación Básica. Valencia-Venezuela: Universidad de Carabobo

Lo Priore, I. y Rubiano, E. (2009). Planificación y Evaluación. Valencia-Venezuela: Universidad de Carabobo

Maturana, H. y Varela, F. (2003).  El árbol del conocimiento. Las bases  biológicas del entendimiento humano. España: Debate Pensamiento.

Morin, E.  (2002).  Introducción al pensamiento complejo.  Barcelona: Editorial Gedisa.

Fuente imagen: https://leticiaromo.wordpress.com/category/uncategorized

 Iliana Lo Priore. OMEP Venezuela – Red Global/Glocal por la Calidad Educativa

Correos: ilianalopriore11@gmail.com; ililopriore@yahoo.es;  Facebook: Iliana Lo Priore Twiter: @ililopriore

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Educación ecocentrada

Leonardo Boff

Hay dos puertas de entrada a la educación y la socialización de la vida humana: la familia y la escuela. De la familia heredamos o no el sentido de la acogida y de la autoconfianza (de la madre), y el sentido de los límites y la percepción de valores éticos (del padre). La escuela, además de transmitir informaciones, se propone el objetivo de crear las condiciones para la formación de personas autónomas, con competencia para plasmar el propio destino y para aprender a convivir como ciudadanos participativos. En esta perspectiva, la educación se centraba en el ser humano y en la sociedad.

Ese propósito correcto es hoy insuficiente. Desde que irrumpió el paradigma ecológico, nos hemos concientizado del hecho de que todos somos ecodependientes. No podemos vivir sin el medio ambiente -con sus ecosistemas- que incluido el ser humano forman el medio ambiente entero. Somos un eslabón de la comunidad biótica. La humanidad no está frente a la naturaleza, ni por encima de ella, como su dueña, sino dentro de ella, como parte integrante y esencial. Participamos de una comunidad de intereses con los demás seres vivos, que comparten con nosotros la biosfera. El interés básico común es mantener las condiciones para la continuidad de la vida y de la propia Tierra, considerada como un superorganismo vivo, Gaia.

El hecho nuevo, hasta hace poco ausente de la conciencia colectiva de la gran mayoría y también de los científicos, es que todo el sistema de vida corre peligro. Es consecuencia de la civilización productivista/consumista/materialista que ha predominado en los últimos siglos, hoy globalizada. Ella hizo que la Tierra perdiese su frágil equilibrio y su capacidad de autorregeneración. Tenemos que impedir que Gaia entre en un proceso de caos, buscando a través de él un nuevo equilibrio, pero a costa de grandes sacrificios ecológicos, como la desaparición de millares de especies, cataclismos, sequías, inundaciones, inseguridad alimentaria de vastas proporciones y, eventualmente, de la desaparición de un número incalculable de seres humanos.

A partir de ahora, la educación debe incluir inaplazablemente las cuatro grandes tendencias de la ecología: la ambiental, la social, la mental y la integral o profunda (aquella que discute nuestro lugar en la naturaleza y nuestra inserción en todo el entramado de las energías cósmicas). Entre los educadores ambientales se impone cada vez más esta perspectiva: educar para el arte de vivir en armonía con la naturaleza, y proponerse repartir equitativamente con los demás seres los recursos de la cultura y del desarrollo sostenible.

Necesitamos estar conscientes de que no se trata solamente de introducir correcciones al sistema que creó la actual crisis ecológica, sino de educar para su transformación. Esto implica superar la visión reduccionista y mecanicista imperante todavía y asumir la cultura de la complejidad. Esta nos permite ver las interrelaciones del mundo vivo y las ecodependencias del ser humano. Tal verificación exige tratar las cuestiones ambientales de forma global e integrada.

De este tipo de educación se deriva la dimensión ética de responsabilidad y de cuidado por el futuro común de la Tierra y de la humanidad. Nos hace descubrir al ser humano como el cuidador del jardín del Edén que es nuestra Casa Común, y el guardián de todos los seres. La democracia, además de ser «sin fin», como lo quiere con razón Boaventura de Souza Santos, será también una democracia «socioecológica». Junto a la ciudadanía (que viene de ciudad) estará la florestanía (que viene de floresta), ensayada por el gobierno petista (PT) en el Estado de Acre, Brasil. Ser humano y naturaleza se pertenecen mutuamente, y, juntos, deben construir un camino de convivencia no destructiva.

Fuente del articulo: http://espiritualidadypolitica.blogspot.com/2008/04/educacin-ecocentrada-por-leonardo-boff.html

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