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Ecuador | Gremios marchan en Quito contra leyes aprobadas por la Asamblea Nacional

UNE lidera marchas en Quito contra leyes aprobadas por la Asamblea Nacional

Protestas contra el Gobierno de Daniel Noboa en el centro de Quito

Las marchas UNE contra leyes Asamblea Nacional 2025 marcaron la jornada de este viernes 11 de julio en Quito. La Unión Nacional de Educadores (UNE) encabezó la movilización junto a organizaciones sociales y gremiales. La protesta se dirigió desde la Casa del Maestro hasta la Corte Constitucional.

El motivo principal fue el rechazo a leyes aprobadas en la Asamblea en menos de dos meses de nuevo periodo legislativo. Los manifestantes también exigieron declarar en emergencia al sistema educativo. Esta es la primera gran protesta que enfrenta el gobierno de Daniel Noboa desde su llegada a Carondelet.

Durante la marcha, los participantes avanzaron por calles del centro-norte de Quito. En los exteriores del Consejo de la Judicatura, gritaron consignas en contra del Gobierno. Finalmente, llegaron a la Corte Constitucional, resguardada por policías y vallas metálicas.

Exigen frenar reformas que afectan la estabilidad laboral

En las marchas UNE contra leyes Asamblea Nacional 2025, también se denunciaron afectaciones a los derechos laborales. Andrés Quishpe, presidente nacional de la UNE, afirmó que acudieron a la Corte porque es el último espacio institucional que les queda. Su objetivo es defender la educación y los derechos sociales.

Nelson Erazo, presidente del Frente Popular, dijo que las leyes de Solidaridad, Integridad Pública, Inteligencia y Áreas Protegidas son inconstitucionales. También criticó los intentos de imponer el trabajo por horas. Según explicó, esta modalidad reduce la estabilidad laboral y afecta al sector público y privado.

Durante el acto frente a la Corte, dos representantes de la UNE ingresaron al edificio. Entregaron un análisis jurídico de los artículos aprobados. Mientras tanto, los manifestantes gritaban consignas y agitaban pancartas.

Erazo anunció una nueva movilización para el martes 16 de julio. Se prevé que participen más de 40 organizaciones sociales, tanto del sector público como privado, en varias provincias del país.

Panorama Ecuador

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Entrevista a la feminista y panafricanista keniana Wangari Kinoti «Las mujeres y niñas terminamos absorbiendo el golpe de la deuda y la austeridad»

Por Soraya Aybar Laafou

La activista de origen keniano denuncia que la Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo ha excluido al sur global del debate de las reformas sobre el sistema económico entre gobiernos e instituciones financieras, y recalca que se ha poner coto a la deuda externa con un enfoque feminista

La IV Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo, celebrada en Sevilla, ha sido escenario de fuertes tensiones entre la sociedad civil y los organismos multilaterales. Mientras los gobiernos y las instituciones financieras debatían sobre reformas del sistema económico global, las voces del sur global denuncian haber sido excluidas del proceso.

Así lo señala Wangari Kinoti (Nairobi, 1979), feminista panafricanista de origen keniano y referente internacional en justicia económica y derechos de las mujeres. Kinoti lideró en Sevilla una de las delegaciones de la sociedad civil que asistieron a la conferencia. Con una trayectoria vinculada a organizaciones como ActionAid y múltiples redes feministas internacionales, señala que mujeres y niñas acaban siendo el amortiguador de las crisis económicas y lanza una advertencia clara: si no se hace justicia con la deuda de los países del sur, no habrá igualdad real.

¿Cómo ha visto esta conferencia en Sevilla? ¿Cuál es su impresión principal sobre el enfoque actual de la financiación para el desarrollo?

El ambiente no ha sido favorable para la sociedad civil. Aunque el secretario general de Naciones Unidas, [António Guterres], aseguró en un mensaje al foro de la sociedad civil que seríamos la conciencia de este proceso, en realidad hemos sido sistemáticamente excluidas del diálogo con los Estados miembros y los organismos de la ONU. Incluso se nos ha amenazado con expulsiones por alzar la voz.

Este proceso, que se presenta como inclusivo y democrático, reproduce la arquitectura colonial y patriarcal de la financiación del desarrollo que supuestamente vinimos a reformar. Las propuestas más progresistas, muchas de ellas impulsadas por Estados africanos y movimiento sociales globales, han sido eliminadas del documento final. En esencia, las voces de quienes más sufren esta injusticia han sido silenciadas.

A pesar de todo, logramos realizar una acción simbólica de la sociedad civil dentro del espacio de la conferencia. Solo tuvimos tres minutos, pero fue suficiente para expresar nuestra solidaridad global frente al imperialismo financiero y alzar la voz por la justicia de género, fiscal, climática y de la deuda.

Según su experiencia, ¿qué espacio se da a las voces feministas y del sur global en este contexto? ¿Se siente escuchada aquí?

Incluso dentro de espacios de la sociedad civil más “convencionales”, las voces feministas no siempre son escuchadas. Pero por eso mismo estamos aquí, con una fuerte presencia feminista en Sevilla. Tuvimos un foro feminista durante los dos días previos a la conferencia oficial, y desde ahí articulamos las luchas por la justicia de género, económica y climática.

Las feministas estamos entrelazando estas luchas porque están en el núcleo de nuestra misión: garantizar una vida digna para todas las personas y proteger el planeta que habitamos. ¿Es suficiente el espacio que se nos da? Nunca lo es. Pero siempre estamos aquí para ocuparlo, para reclamarlo y para transformarlo.

¿Cuál cree que es el mayor riesgo de que estas cumbres internacionales no incorporen una perspectiva feminista estructural?

El riesgo es enorme. Una mirada feminista —que en realidad son muchas, porque hay distintos feminismos— nos permite conectar lo local con lo global, lo macroeconómico con la experiencia vivida. Revela puntos ciegos, opresiones que se cruzan, y se enfoca en quienes han sido sistemáticamente marginadas. Nos obliga a enfrentar el poder y a imaginar nuevas formas de bienestar centradas en el cuidado. No incorporar estas miradas no solo es un error: es peligroso. Si este proceso no integra una perspectiva feminista estructural, será incapaz de transformar realmente las arquitecturas globales de poder.

Habla con firmeza sobre la necesidad de abolir la deuda desde una mirada feminista. ¿Qué significa exactamente y por qué es tan importante?

La mayoría de los países del sur global están atrapados en un círculo vicioso de deuda. Hablamos de justicia de la deuda porque su estructura actual es profundamente injusta, colonial e imperialista. Y entrelazada con todo eso está la injusticia de género.

Las políticas económicas no son neutrales. Cuando hay deuda y austeridad, las mujeres y niñas terminamos absorbiendo el golpe: hacemos más trabajo no remunerado, asumimos el colapso de los servicios públicos, nos empujan hacia trabajos precarios y mal pagados. Las niñas abandonan la escuela. Pagamos de nuestro bolsillo servicios que deberían ser públicos. Y todo eso se da en contextos de violencia estructural que se agrava.

Concretamente, ¿cómo afecta la deuda externa a la vida cotidiana de las mujeres en contextos como el de África o América Latina?

La deuda significa menos inversión en salud, educación, protección social. Eso nos afecta directamente: más tareas de cuidado, más riesgos, menos derechos. Las mujeres somos las primeras en sentir el impacto de cada recorte. Estamos hablando de vidas deterioradas, de derechos negados, de violencia sistemática que atraviesa todos los ámbitos.

¿Qué papel tienen instituciones como el FMI o el Banco Mundial en la perpetuación de un sistema económico que reproduce desigualdades de género?

El FMI impone políticas de ajuste estructural que priorizan el pago de la deuda por encima del bienestar de las personas. Promueve recortes en servicios esenciales, lo que destruye la salud y la educación pública. El Banco Mundial, por su parte, fomenta la privatización de servicios y la financiarización del desarrollo.

Estas instituciones, que han estado en el centro de la gobernanza económica global por más de ocho décadas, mantienen a los países del sur global marginados de las decisiones clave. Esto genera más deuda, reformas nocivas y menos inversión en lo esencial.

¿Ve avances reales en la narrativa internacional sobre deuda y género o seguimos en los márgenes?

Hay avances, sí. Cada vez se habla más de las conexiones entre justicia de la deuda y justicia de género. Pero estamos lejos de donde necesitamos estar. Y lo más importante es que esto se aborde desde lo estructural. Porque el sistema económico actual está diseñado para aumentar la desigualdad, la injusticia y la explotación.

¿Y cómo puede el feminismo internacionalista construir una agenda común frente a sistemas económicos y financieros tan poderosos?

Ya lo estamos haciendo. Llevamos décadas construyendo una agenda feminista común. Desde la Conferencia de Beijing hace 30 años –donde ya se habló de la necesidad de incorporar una mirada de género en las políticas macroeconómicas– hasta hoy, seguimos organizándonos entre movimientos, regiones y causas.

Nos inspiran nuestra hermandad, nuestra solidaridad, nuestra memoria feminista. Aunque nos ignoren o nos digan que somos demasiado, no nos rendimos. Porque todo está en juego. Y, al final, el poder está en la gente.

Como mujer panafricana y feminista que lidera una agenda global, ¿cuáles han sido los mayores retos a los se que ha enfrentado en espacios de poder y toma de decisiones internacionales?

Uno de los mayores desafíos ha sido precisamente ese: ser ignoradas o reducidas a una presencia simbólica. Pero no estamos aquí para cumplir cuotas, sino para transformar estructuras. Seguimos adelante porque estamos organizadas, porque tenemos una visión clara y porque no estamos solas.

Final del formulario

¿Qué la inspira y la sostiene en esa lucha?

Me sostiene la fuerza colectiva, nuestra hermandad global. Me inspira la historia feminista, todo lo que ya hemos logrado y lo que todavía podemos alcanzar. A las jóvenes feministas les diría que no están solas. Nunca subestimen el poder de organizarse, de conectar luchas, de alzar la voz. Puede que el sistema sea enorme, pero también lo es nuestra capacidad de imaginar otro mundo y de construirlo juntas.

Fuente: https://www.eldiario.es/desalambre/wangari-kinoti-mujeres-ninas-terminamos-absorbiendo-golpe-deuda-austeridad_128_12439681.html

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Niñez y eficiencia. Hambre y desposesión

Por Darío Balvidares

“Hay privaciones que afectan a los niños/as y adolescentes que no son visibles mediante la estructura de ingresos o gastos de los hogares”, señala el último informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA. La sentencia interpela no solo al modo en que se mide la pobreza, sino a la racionalidad que decide qué debe ser medido y qué puede ser omitido. En Argentina, más de 4 millones de niños conviven con inseguridad alimentaria, pero la carencia no reside únicamente en la falta de alimento, sino en una cadena de privaciones afectivas, cognitivas y sociales que modelan subjetividades.

Las políticas públicas, lejos de reparar esa trama de desigualdades, refuerzan su invisibilidad y profundizan el estado social deficitario cuando operan bajo criterios de eficiencia. Cuando la prioridad del gobierno es la reorganización del Estado donde los derechos se subsumen a métricas y algoritmos de gestión, el hambre, el deterioro cognitivo y el abandono educativo dejan de ser urgencias sociales para convertirse en externalidades técnicas.

Tal como lo expusimos en La eficiencia como el significante de la desposesión, esta lógica pedagógica enseña por omisión: lo que no se nombra, también produce sentido político. En el presente artículo proponemos una lectura transversal que vincula el hambre infantil con las políticas tecnocráticas, desmontando la neutralidad de las pruebas estandarizadas, los decretos administrativos y los organismos multilaterales que operan como arquitectos de una pedagogía del sesgo. Porque si la niñez es uno de los territorios donde se disputa el futuro, la exclusión es una forma de extinción.

Eficiencia y hambre: la desposesión como política estructural

“Hay privaciones que afectan a los niños/as y adolescentes que no son visibles mediante la estructura de ingresos o gastos de los hogares”, advierte el informe del Observatorio de la Deuda Social. Esta afirmación desestabiliza el paradigma contable que domina la gestión estatal, lo que no se traduce en cifras, no existe para la política pública. En ese marco, la eficiencia se convierte en un significante que no organiza recursos, sino que legitima omisiones, retiene alimentos y abrigo en los galpones del ministerio de Capital (in)Humano.

Durante 2024, el 35,5% de los niños y adolescentes en Argentina atravesó inseguridad alimentaria, y el 16,5% lo hizo en su forma más severa. Pero el hambre no es solo una carencia nutricional, es una forma de desposesión cognitiva, afectiva y simbólica. La desnutrición crónica afecta el desarrollo cerebral, compromete la memoria, la atención y el aprendizaje. En contextos de pobreza estructural, la infancia aprende desde la carencia, y ese aprendizaje no se mide en las pruebas estandarizadas ni en los informes de gestión.

El Decreto 436/2025, al instalar la eficiencia como principio rector, consolida una racionalidad que omite lo esencial porque no puede ser cuantificado. La supresión de políticas como “Educar en Igualdad” no responde a una evaluación pedagógica, sino a la lógica de desposesión: lo que no produce resultados medibles, se elimina. En ese sentido, el hambre infantil y la eliminación de contenidos educativos referidos a la igualdad no son hechos aislados, sino expresiones de una misma arquitectura política.

La eficiencia, entonces, no es una herramienta de mejora, sino un dispositivo de exclusión. Desposee a las niñeces de alimento, de afecto, de contexto y de sentido. Y al hacerlo, transforma el Estado en un gestor de carencias, donde los derechos se convierten en gastos y las vidas en externalidades.

Evaluar sin contexto: la estandarización como pedagogía del sesgo

“Las pruebas estandarizadas no miden lo que los alumnos saben, sino lo que pueden repetir bajo condiciones artificiales de evaluación” — advertía Robert Glaser, uno de sus propios diseñadores de los “test” estandarizados. En Argentina, estos dispositivos se han naturalizado como herramientas objetivas, cuando en realidad funcionan como instrumentos de clasificación y control, descontextualizados del entorno cognitivo, afectivo y material de quienes van a ser ¿evaluados?

El informe del Observatorio Social revela que más de 4 millones de niños y adolescentes enfrentan inseguridad alimentaria, y que el 16,5% lo hace en su forma más severa. Este dato es estructural: el hambre compromete funciones cognitivas esenciales (memoria, atención, lenguaje) moldeando la subjetividad del propio desarrollo educativo marcado por la precariedad. Sin embargo, las pruebas estandarizadas ignoran estas variables constitutivas y ofrecen resultados que refuerzan la exclusión como si fuera una diferencia de mérito o esfuerzo.

Desde una perspectiva crítica, como ya decíamos en 2016, en el artículo Las pruebas estandarizadas, otro mito del proceso de la reforma educativa,  que este modelo no mide saberes reales, sino procedimientos repetitivos y reconocimiento de resultados. En ese análisis afirmábamos: “Estas pruebas no miden lo que los alumnos saben, sino la capacidad de recordar procedimientos, o reconocer un resultado cuando se les presentan opciones múltiples.”

Este enfoque muestra cómo las pruebas se articulan con los lineamientos de organismos multilaterales que promueven la educación como mercancía, desplazando el pensamiento crítico en favor de la obediencia evaluativa y anulando el sentido pedagógico de la construcción de conocimiento como proceso.

La estandarización, entonces, opera como una pedagogía del sesgo que invisibiliza el hambre, el deterioro cognitivo y la desigualdad estructural, y lo reemplaza por una métrica que legitima la exclusión. Evalúa sin contexto, sin historia, sin cuerpo.

Breve paréntesis: cuerpo, hambre y lenguaje

“Confundir un problema de aprendizaje reactivo con un síntoma del ‘no aprender’ es como confundir a un desnutrido con un anoréxico”, escribe Inés Cristina Rosbaco en El desnutrido escolar. Dificultades de aprendizaje en los niños de contextos de pobreza urbana.  Esa distinción es política: el desnutrido escolar no elige no aprender, el entorno lo desactiva. Frente al fracaso, “ya ni siquiera puede defenderse”, porque lo que está roto no es su voluntad, sino las condiciones para que esa voluntad exista.

Rosbaco identifica una escena educativa en la que “la pobreza queda borrada como condición estructural y transformada en dificultad personal”. La escuela, muchas veces, en vez de ser refugio o reparación, se convierte en mecanismo de reiteración de esa violencia. Clasifica sin reconocer, evalúa sin contexto, patologiza el silencio del hambre.

El hambre, en este marco, es interrupción de lenguaje. Es cuerpo que no llega al aula para aprender, sino para resistir. La mirada ausente, el juego apagado, la palabra cortada son formas concretas de la desposesión. Nada más cínico que desconocer las causas del latiguillo “seis de cada diez niños no comprenden lo que leen”, producido por quienes diseñan las políticas que invisibilizan lo que estamos visibilizando en este artículo y que a la sazón, son las causas.

Es simple, allí donde se impone la eficiencia como significante de desposesión, el niño “no puede sostener el deseo de aprender” porque el sistema no está diseñado para sostenerlo.

Este paréntesis no busca conmover ni suavizar la crítica. Se propone restituir el cuerpo como campo de disputa. No hay déficit; hay exclusión estructural. No hay falla individual; hay abandono estatal. Y frente a ese abandono, cada cuerpo que aún persiste en el aula interrumpe la lógica del descarte.

Las niñeces frente a la arquitectura del daño

La eficiencia se ha instalado como el significante central de una gramática institucional que no organiza recursos, sino que desactiva derechos. Su poder no radica en lo que propone, sino en lo que permite omitir. Bajo su forma más sofisticada, la estandarización, la evaluación contable, el lenguaje administrativo, opera una política de desposesión que transforma las niñeces y adolescencias en territorio de cálculo, y su hambre en externalidad.

Las cifras del informe muestran que millones de niñxs atraviesan sus niñeces con hambre. No es un fenómeno excepcional ni transitorio, es una estructura persistente que impacta en el cuerpo, la cognición y el deseo. Como advierte Inés Rosbaco, el desnutrido escolar no fracasa por ignorancia, sino porque el sistema le niega las condiciones mínimas para sostener el deseo de aprender. La escuela, enclavada en la reforma neoliberal, no  repara, más bien prolonga, más allá de la voluntad docente. Y el Estado, cuando prioriza la eficiencia como criterio rector, se vuelve pedagogo del daño.

El orden institucional no se configura en torno a la protección, sino a la medición y punición. Y lo que no se mide, se omite. La violencia social no entra en los algoritmos, el hambre no figura en los mapas de riesgo educativo, la desigualdad no se reconoce como límite a la meritocracia. Así, lo que falta se transforma en culpa y lo que duele en déficit técnico.

Este artículo no propone una lectura sensiblera, sino una denuncia con disposición a la disputa por el sentido. Porque frente a la pedagogía del sesgo, solo una pedagogía del reconocimiento puede sostener el deseo de futuro. Y ese deseo no se mide, no se estandariza, no se administra. Se enciende, se protege, se nombra, se acompaña, se hace colectivo. Forma parte de una lucha epistemológica.

Imagen de portada: Comunitaria

Niñez y eficiencia. Hambre y desposesión

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“Infancias en silencio”, una exposición sobre la violencia contra niñeces

La exposición “Infancias en silencio” estará abierta al público en el Museo de Memoria y Tolerancia a partir del 27 de junio.

Miles de niñas, niños y adolescentes en México viven una alarmante situación de vulnerabilidad expuestos a diversas formas de violencia que se desarrollan en silencio: seis de cada 10 (63%) han sufrido violencia física o psicológica en casa como parte de su crianza y uno de cada de dos menores ha sufrido agresiones psicológicas por parte de algún miembro de su familia, de acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Para visibilizar esta realidad, el Museo de Memoria y Tolerancia, en colaboración con Fundación Freedom, presenta su nueva exposición temporal “Infancias en Silencio: Previniendo la violencia contra infancias y adolescencias”. Esta muestra, invita a reflexionar sobre el maltrato infantil, así como la urgente necesidad de romper los silencios que perpetúan los abusos.

Datos de Unicef señalan que en América Latina:

  • Dos de cada tres casos de violencia infantil ocurren dentro del hogar.
  • Cuatro de cada 10 víctimas de violencia sexual son menores de edad
  • Siete de cada 10 casos de abuso sexual infantil, el agresor es un familiar.
  • Las consecuencias del maltrato en la niñez pueden extenderse durante toda la vida si no se atienden.
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Foto: Especial

¿Por qué ver la exposición?

“Infancias en Silencio” ofrece un recorrido inmersivo y emocional que permite al visitante comprender cómo la violencia, el abuso y la negligencia afectan el desarrollo físicoemocional y psicológico de menores de edad.

A través de testimonios, experiencias inmersivas, datos y propuestas de prevención, la muestra busca concientizar, educar y movilizar a la sociedad para proteger los derechos de las infancias.

El recorrido inicia celebrando el universo único de la infancia: un mundo hecho de asombro, imaginación, ternura y aprendizaje. Desde ahí, nos lleva por una narrativa que expone las condiciones de vulnerabilidad estructural, las violencias familiares, escolares y digitales, los entornos peligrosos como instituciones religiosas o sectarias, y el horror de la trata y explotación infantil.

Todo ello, sin olvidar un mensaje poderoso: la resiliencia es posible, el amor adulto salva, y el silencio puede romperse.

Temas centrales de la muestra

  • Violencia en el hogar: del castigo físico a la negligencia emocional.
  • Factores de riesgo como pobreza, migración, discapacidad, adicciones familiares y discriminación.
  • El desarrollo cerebral infantil y adolescente, y cómo influye en su conducta y vulnerabilidad.
  • El abuso sexual, incluido el perpetrado por familiares, docentes y líderes religiosos.
  • Riesgos digitales: grooming, sextorsión, deepfakes y material de abuso infantil.
  • La infancia como mercancía: explotación laboral, sexual, matrimonio forzado y trata.
  • La resiliencia y el acompañamiento adulto como camino hacia la reparación.

El objetivo no es sólo denunciar. Es invitar a la reflexión y a la acción concreta. A lo largo del recorrido, las y los visitantes encontrarán recursos para detectar signos de abuso, guías sobre crianza empática, y herramientas para proteger a las infancias en el mundo digital. También conocerán testimonios reales, estrategias de prevención y una invitación a sanar como adultos, como sociedad, como humanidad.

¿Dónde y cuándo ver la exposición?

La exposición estará abierta al público a partir del 27 de junio y tendrá un costo de $100.

Dirección: Plaza Juárez | Centro Histórico. Frente al Hemiciclo a Juárez, a un costado de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Ciudad de México

Horarios: martes a viernes de 9 a 18 horas.

Sábados y domingos de 10 a 19 horas

Fuente de la información e imagen:  https://lacaderadeeva.com

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Panamá: una explosión social en tres tiempos

Por: Olmedo Beluche 

Los extraordinarios acontecimientos que han tenido lugar en Panamá durante abril y junio de 2025, aunque puedan parecer excepcionales, constituyen una consecuencia lógica de la crisis del sistema capitalista global. En ese sentido, se encadenan con otros hechos parecidos ocurridos en el mundo y en Latinoamérica, como las revueltas juveniles en Chile y Colombia en años recientes, o las luchas de los indígenas ecuatorianos de la CONAIE, las movilizaciones democráticas en Honduras y Guatemala, así como la insurrección popular en Nicaragua contra la reforma del sistema de jubilaciones impuesto por el FMI en 2018.

Las causas de la explosión social que vive la población istmeña encuentran su razón de ser en profundos problemas estructurales heredados de la historia del país, es decir, la forma en que éste ha sido acoplado al mercado mundial capitalista desde el siglo XVI (transitismo), exacerbado por 40 años de decadencia capitalista con sus políticas neoliberales. De manera que, a los desequilibrios internos impuestos por la asignación de región de paso de mercancías definida desde los centros del poder hegemónico, han empeorado la situación de desigualdad impuesta por el capitalismo neoliberal, a sus habitantes.

Una explosión en tres tiempos

La explosión social que vive Panamá se ha producido en tres tiempos: julio de 2022, en lucha contra el alza de los precios (combustible, comida y medicinas); en octubre – diciembre de 2023, con movilizaciones masivas y paralización económica contra el contrato minero de la empresa First Quantum Minerals; en abril a junio de 2025, la huelga docente, de la construcción y bananera, así como la movilización de las comunidades campesinas e indígenas contra la reforma del sistema de jubilaciones (ley 462), contra la reapertura de la mina; contra el embalse del río Indio y contra el Memorando que permite el retorno de bases militares norteamericanas al país.

Podría pensarse que se trata de luchas distintas, pero no es así. Los tres acontecimientos hacen parte de una cadena unida por el creciente descontento de los mismos actores sociales: obreros de la construcción, trabajadores bananeros, docentes, comunidades rurales, particularmente indígenas (Ngabes-Buglés, Emberá-Wounnan y Gunas) y, transversalmente, jóvenes.

Todos comparten la convicción de que se enfrenta a una sociedad profundamente desigual, corrupta e injusta. Además de que han aprendido unos métodos de lucha con los que ponen en jaque al gobierno de turno y a la oligarquía dueña del país.

La maldición del “transitismo”

El “transitismo” es a Panamá como el monocultivo a otros países de la región. Es la asignación hecha por el mercado mundial capitalista a los habitantes del Istmo de Panamá, desde el siglo XVI, bajo la colonización española. Desde entonces hasta el presente, se ha impuesto una especie de determinismo geográfico por el cual el sistema mundial decidió que la sociedad istmeña sirva de puente de mercancías y personas entre ambos mares (Porras, 2022).

Historiadores y científicos sociales panameños han denominado a este “monocultivo” del tránsito como “transitismo”, una peculiaridad de la formación económico social panameña que deforma su estructura concentrando toda su actividad en la zona de tránsito, materializada hasta el siglo XIX como el sistema de mulas y botes por el Camino de Cruces y el río Chagres; desde 1855, por el ferrocarril transístmico; y desde 1914 por el Canal de Panamá (Castro, 2023).

Ese peso del transitismo ha producido una sociedad deforme, con un cuerpo raquítico y una cabeza gigante, con una economía controlada por comerciantes y banqueros que dominan la zona de tránsito, y se chupan el 80 a 90% de la riqueza económica. Con un “interior” y una producción agrícola e industrial famélica, lo cual obliga a la población rural a emigrar a los barrios periféricos de la ciudad de Panamá, con deficitarios servicios públicos y un desempleo crónico disfrazado de “cuentapropismo” e informalidad.

Esa desigualdad estructural es la que explica las continuas guerras campesinas que asolaron al Istmo hasta la Guerra de los Mil Días; y es la que explica las reiteradas explosiones sociales urbanas del siglo XX.

El siglo XX fue la lucha contra el transitismo colonialista

Contrario a las falacias propaladas por los ideólogos defensores del sistema, el Canal de Panamá controlado por Estados Unidos, la Zona del Canal, la economía del dólar, la “vocación” comercial del Istmo, nunca han producido una sociedad próspera y equilibrada. La pobreza y el desempleo crónico han sido la norma.

Junto a la belleza de la ciudad norteamericana de Balboa, cruzando la cerca de ciclón, estaban los barrios populares del El Chorrillo, el Marañón o Santa Ana, donde la miseria era la norma.

Esto ha sido así salvo el breve período histórico, una década, que duró el régimen populista dirigido por Omar Torrijos, teñido parcialmente de keynesianismo intentó atenuar un poco la desigualdad. Tratando de construir un proyecto de Estado independiente y soberano, en el que hubo una política social para atenuar la desigualdad social, con el objetivo de unificar a las clases populares bajo la consigna de presionar a Estados Unidos por un tratado sobre el canal hiciera desaparecer el sistema colonial impuesto en 1903 (Ayala, 2022).

Este tratado se firmó en 1977 y es el que determinó que, a partir del siglo XXI, dejara de existir la Zona del Canal, se retiraran las bases militares y la administración del canal fuera asumida por nacionales.

La década de 1980: neoliberalismo, crisis política e invasión norteamericana

Pero luego llegó la década de 1980 y hubo un giro de la realidad. Torrijos murió en circunstancias dudosas en 1981. A partir de 1984 el general Manuel Noriega en alianza con Estados Unidos impuso el primer gobierno neoliberal mediante un fraude electoral. Y empezó el desmontaje de lo poco que había avanzado el Estado de bienestar, lo cual condujo a las protestas en las calles, la crisis política y la invasión norteamericana de 1989, con sus centenares de muertos.

La invasión del 20 de diciembre de 1989 tuvo varios objetivos desde el punto de vista de los intereses norteamericanos (Beluche, 1994):

1. Imponer el régimen títere a los designios de Washington con alternancia electoral de partidos, para que parezca democrático;

2. Que ese régimen continuara la aplicación del esquema neoliberal de privatizaciones y recortes de derechos económicos y sociales;

3. Definir los criterios con que se iba administrar el Canal de Panamá para que estuviera en manos leales al imperialismo norteamericano;

4. Intentar renegociar la permanencia de una base militar que, al fracasar en 1997, se cambió por “acuerdos de seguridad”.

Décadas de gobiernos neoliberales y llegó la COVID

Cuarenta años de neoliberalismo empeoraron las cosas. Se privatizaron y desmantelaron las industrias estatales. Se eliminaron sustanciales derechos laborales y se impuso el despido sin causa justificada. Salvo para una élite de grandes propietarios se acabaron los incentivos en a la producción agropecuaria y se fomentó el “libre comercio”. Se deterioraron los servicios básicos de salud y educación para fomentar la medicina y la educación privadas. Se impusieron reformas que deterioraron el sistema de jubilaciones.

Llegó la pandemia de la COVID, en 2020, convirtiendo lo malo en pesadilla económica y social. De golpe el gobierno empresarial de Laurentino Cortizo suspendió todos los contratos y convenciones laborales, permitiendo a los empresarios cerrar operaciones sin pagar salarios ni derechos laborales, ni siquiera las cuotas de la seguridad social descontadas. Solo una pequeña fracción de la fuerza laboral conservó sus empleos, mientras el 30% perdió todo sustento. Solo se mantuvo estable el sector de los empleados públicos (Beluche, 2022).

El gobierno apenas dio un pequeño subsidio familiar de 100 dólares mensuales, en un momento en que la canasta básica alimenticia rondaba los 300 dólares mensuales. En sentido contrario, el gobierno se prodigó con los banqueros y grandes empresarios a quienes otorgó subsidios millonarios. Esos subsidios, unos mil millones de dólares para la banca local, se obsequiaron sin que a cambio los bancos condonaran las hipotecas de pequeños y medianos prestamistas a quienes se procedió a embargar sin piedad.

Con la reactivación económica de 2021, la mayor parte de esos despedidos y suspendidos no recuperó sus empleos. Pese a que en Panamá la inflación no alcanza cifras extraordinarias como en Venezuela o en Argentina (en junio de 2022 llegó al 5,2% respecto al año anterior), el aumento de los precios, dada la precariedad laboral y salarial, conduce a las familias a la desesperación (Beluche, 2022).

El estallido de julio de 2022

En ese marco se produjo la crisis de 2022, cuando la tasa de desempleo abierto y subempleo (o informalidad) sobrepasaban el 60% de la fuerza laboral, con gran parte de las familias sobreviviendo con los restos del subsidio estatal.

Los niveles de pobreza eran alarmantes. La pobreza extrema llegó al 10% de las familias, mientras que la pobreza relativa afectaba a más del 20%. En las zonas rurales y comarcas indígenas la pobreza sobrepasó el 80% de las familias, en particular entre la nación Ngäbe-Buglé, constituye la columna vertebral de la mano de obra agrícola.

Fue ese año cuando inició la supuesta “recuperación” económica norteamericana fomentada por Biden, que se contagió en seguida al resto del mundo como inflación de los precios del combustible y los alimentos, sin que ello significara recuperación del empleo y de los ingresos de la clase trabajadora. Al menos en Panamá.

Transportistas, educadores, obreros de la construcción, bananeros, comunidades rurales e indígenas procedieron a bloquear la carretera Panamericana en diversos puntos para exigir control de precios. Mediante los llamados “bastiones de lucha”, un grupo de personas se reunía en un sector de la carretera y lo bloqueaba. Con lo cual se logró parar la economía del país durante dos semanas, hasta que el gobierno aceptó sentarse a negociar con los sectores en lucha.

Con dos o tres semanas de movilización y bloqueo se obligó al gobierno a un “diálogo” que fuera televisado, pudiendo la nación ver como los ministros eran puestos en ridículo al poner al descubierto su calidad de los grandes consorcios farmacéuticos, de los monopolios del combustible y las cadenas de supermercados. Aunque el gobierno ganó tiempo y burló los acuerdos la gente ya había aprendido el método de lucha que lo podía doblegar.

Endeudamiento público, subsidio a la oligarquía y desigualdad social

¿Cómo hizo el gobierno de Cortizo para capear la crisis de la COVID? Ejecutando la política económica privilegiada de endeudamiento estatal y subsidio a los grandes capitalistas. Desde la reversión del canal a manos panameñas, la política estatal ha consistido en subsidiar el funcionamiento del Estado con deuda y bonos, a la vez que amplía la cantidad de poderosos sectores económicos exonerados de impuestos e incluso que practican la evasión fiscal. En el fondo lo que se está hipotecando es el propio canal.

Estimaciones la evasión fiscal anual en Panamá ronda entre 300 millones de dólares según algunos, o sobre pasa los 1,000 millones de dólares según otros. Lo peor es que los sectores punta de la economía, vinculados a la zona de tránsito (puertos, aeropuertos, Zona Libre de Colón, zonas especiales, incluso inversiones turísticas, etc.) están exonerados de impuestos (Marciscano, 2025).

La industria marítima, que representa el 33.5% del PIB, en 2019, significaba mover unos 26 mil millones de dólares anuales, su tributación totalizaba 603.4 millones, apenas el 2.3% de ese capital. En cambio, un docente universitario tributa de su salario el 7.35% en impuesto sobre la renta, y si se le suma el impuesto educativo sube hasta el 8.6% (Beluche, 2021).

Mientras la gran burguesía nacional y extranjera es beneficiada con las exoneraciones y evasiones, la situación social de la clase trabajadora, especialmente la juventud, es realmente difícil. Sobre la base de una población económicamente activa de poco más de 2 millones de personas, la tasa de desempleo abierto es del 9,5%, mientras que el empleo informal sobre pasa el 49%. Sumados ambos indicadores tenemos que la precariedad laboral afecta a casi el 60% de la clase trabajadora (INEC, 2024).

Pero los números se agravan si ponemos la lupa sobre la juventud (15 a 29 años), pues allí el desempleo supera el 17%, y si precisamos sobre las mujeres, la tasa de desempleo juvenil femenina en Panamá supera el 23% (Quevedo, 2025).

La lucha contra la minera en 2023

En octubre de 2023, el gobierno de Laurentino Cortizo pretendió legalizar un leonino contrato con la transnacional canadiense First Quantum Minerals para la explotación de cobre de una mina a cielo abierto en la provincia de Colón, distrito de Donoso.  Esta empresa venía explotando la mina desde hacía 20 años con un contrato que fue declarado inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia en 2019. Pese a que el primer contrato fue anulado la empresa prosiguió con la extracción con la anuencia cómplice del gobierno, el cual quiso otorgarle un segundo contrato por otros 20 años.

La indignación explotó ante la descarada corrupción del gobierno en favor de First Quantum. La explosión fue mayor entre la juventud, el sector más concientizado frente a los problemas de la preservación ambiental, pero también el más afectado por la crisis social creciente, como se ha señalado. Las movilizaciones convocadas en la ciudad de Panamá por jóvenes profesionales y de capas medias, mediante el esquema novedoso llamado “Sal de las Redes” fueron masivas, en números que no se veían desde hacía mucho tiempo. La asistencia se contaba por decenas de miles de personas.

Paralelamente también salieron a la calle los sectores que habían luchado en 2022. Trabajadores de la construcción, bananeros, educadores, estudiantes, a los que se sumaron los pescadores de la zona de Donoso, vecina de la mina, quienes bloquearon el puerto de la minera con sus botes. Se repitieron los ya probados métodos de lucha con los bloqueos que nuevamente paralizaron al país. Las movilizaciones y bloqueos se sostuvieron hasta lograr que la Corte Suprema de Justicia volvió a declarar inconstitucional el nuevo contrato.

La gente celebró la victoria con júbilo y sumó otra experiencia de lucha victoriosa a su memoria. Las experiencias de 2022 y 2023 sostienen las movilizaciones de 2025.

Deuda pública y la ofensiva neoliberal de José R. Mulino

En cinco años de administración del presidente Cortizo casi duplicó la deuda pública, que escaló desde unos 30 mil millones de dólares hasta los 56 mil millones de la actualidad (Hernández, 2025). Siempre jugando con la relación deuda/PIB, ya que este último mantuvo un crecimiento constante. Sobre un PIB estimado en 2025 de 92,000 mil millones de dólares, estamos hablando de que la deuda representa un 60%.

Pese a que de hecho hubo una recuperación del crecimiento económico, el subsidio directo al gran capital, fomentando exoneraciones y evasión fiscal, y sobre endeudando al país, llegaron a tal extremo que incluso los gastos de funcionamiento, como salarios de los empleados públicos se pagaban de nuevos sobregiros.

En marzo de 2024 y en medio del proceso electoral presidencial, la agencia calificadora de riesgos “Fitch” bajó la calificación de Panamá aduciendo que el país enfrentaba “desafíos fiscales y de gobernanza que se han visto agudizados por los acontecimientos en torno al cierre de la mayor mina del país” (Reuters, 2024).

De manera que, cualquier candidato o candidata que se eligiera, salvo que fuera rupturista con el neoliberalismo, característica que sólo tuvo la candidatura de la profesora Maribel Gordón, empezaría el nuevo gobierno con la agenda marcada por Fitch, con la anuencia de los gremios empresariales panameños agrupados en el Consejo de la Empresa Privada (CONEP) y la Cámara de Comercio, con el respectivo eco de los medios de comunicación de masas controlados por ellos.

Salió electo José R. Mulino, designado de manera ilícita por Ricardo Martinelli quien fue condenado por blanqueo de capitales a diez años de prisión, pero que no cumplió al refugiarse en la embajada de Nicaragua. Martinelli y Mulino lograron convencer a un tercio del electorado en que volverían a revivir la “prosperidad” de su primer gobierno (2009-2014). Durante el proceso Mulino logró un acuerdo de trastienda con la burguesía tradicionalmente enemiga de Martinelli, agrupada en la junta directiva del Banco General.

Además, Mulino logró del beneplácito de la embajadora de Estados Unidos, ya que era conocido por su papel de vicecanciller del gobierno nacido de la invasión de 1989, y por su carácter represivo como ministro de seguridad del gobierno de Martinelli (2009-2014).

La ofensiva neoliberal y represiva de Mulino:

De manera que la racionalidad detrás de las medidas económicas de Mulino es la capear la crisis fiscal panameña:

1. Apropiándose y privatizando parcialmente los ahorros de las jubilaciones de la clase trabajadora panameña. Unos 10,000 millones de dólares en este momento según algunos economistas.

2. Poner a funcionar la mina de cobre de Donoso (First Quantum M.).

3. Impulsar un nuevo megaproyecto con los fondos del Canal de Panamá construyendo una represa en el río Indio y trasvasando el agua al lago Gatún, cuyo costo se estima en al menos 2,000 millones de dólares, cuya licitación ganarán sectores del poder económico dominante.

La otra arista del plan Mulino es la política de seguridad que a su vez tiene dos patas:

1. La interna, es el diseño y ejecución de un plan represivo que pretende evitar a toda costa que los sectores en lucha cierren las vías paralizando la economía, como en 2022 y 2023. Para ello se invirtió en contratar cientos de agentes, invertir en su entrenamiento y armamento. La ejecución la hemos visto desde el inicio de las protestas en marzo, con la dura represión contra cualquier cierre, arrestos masivos y judicialización de activistas. El intento de desarticulación del Suntracs por la vía judicial para desactivar la vanguardia del movimiento sindical.

2. La externa, que ha sido la sujeción del país a los interese militares norteamericanos, que inició desde que empezó su mandato, antes de que Donald Trump fuera electo, cuando dijo que “la frontera de Estados Unidos empezaba en Darién”, a propósito del problema migratorio, y como muy bien le recordara John Bolton recientemente (Berríos Riaño, 2025).

A esa actitud siguió el completo sometimiento a la voluntad del secretario de Estado, Marcos Rubio, primero, y del secretario de Defensa, Pete Hegseth, después. Lo más grave ha sido la firma del Memorando de Entendimiento (Gil, 2025), que permite la presencia de bases militares norteamericanas en Panamá, las cuales habían desaparecido con la ejecución del Tratado Torrijos Carter desde 1999.

¿Cómo terminará esta crisis?

Lo que se dirime en la lucha de 2025 es la esencia del país que hay que construir. Hay en conflicto dos proyectos de nación distintos y en choque.

Para la burguesía es clave imponer las reformas económicas a sangre y fuego, así como atar su futuro al imperialismo yanqui, igual que hace cien años atrás, cuando regalaron el canal a cambio de unas migajas en 1903. De igual modo es vital para la clase dominante panameña asestar un golpe mortal al sindicalismo tratando de descabezar a su vanguardia, el Suntracs. ¿Podrán?

Para la clase trabajadora, es vital defender su seguridad social y sus pensiones, de ello depende su vida, así como la defensa de la soberanía sobre el canal, de la que depende la prosperidad, así como sus gremios docentes y sindicales.

Eso explica la fuerza del choque que se ha producido, y que, pese a la dura represión, la movilización se ha sostenido, alimentada por una indignación creciente del pueblo panameño. Pero lo que se dirime no es una simple demanda reivindicativa, es un proyecto de país. ¿Está la vanguardia de luchadores consciente de ello?

¿Las y los miles de activistas docentes, obreros, bananeros, estudiantes, comuneros que han estado en la calle luchando están conscientes de que libran una batalla política por la dirección del Estado? ¿Se ha reflexionado de que el problema no es solo Mulino sino toda la clase empresarial que está detrás de su proyecto económico? ¿La dirigencia, al menos, ha cavilado respecto a que la única manera de vencer a la plutocracia corrupta y vendepatria es construyendo un proyecto político alternativo?

Ese es el reto y es donde está la gran debilidad del movimiento popular panameño: que la vanguardia que lucha asuma la construcción de un proyecto político alternativo, que dispute el poder a la burguesía antinacional y corrupta que nos gobierna. Si de las huelgas y movilizaciones de 2025 germinara la cimiente de un proyecto político popular, antineoliberal y bolivariano, habríamos ganado, aun si se perdiera la lucha contra la Ley 462.

La victoria o la derrota en Panamá también depende de factores externos, porque se sigue imponiendo en el mundo la ola de gobiernos de ultraderecha y neofascistas, el movimiento popular panameño caminaría con un viento en contra demasiado fuerte. Pero si las movilizaciones lograran asestar derrotas a esos proyectos en otros países, en particular en Estados Unidos al régimen de Donald Trump, sin duda el pueblo panameño lucharía con viento a favor.

Tomemos fuerza moral para la enorme tarea por venir admirando el sacrificio del pueblo mártir y heroico de Palestina.

Bibliografía

Ayala, R. (2022). Sociología histórica del torrijismo. San José: ASKBOOKS.

Beluche, O. (1994). Diez años de luchas políticas y sociales en Panamá 1980-1990 (Segunda ed.). Panamá: ARTICSA. Obtenido de https://bdigital.binal.ac.pa

Beluche, O. (Junio de 2021). “La avaricia en tiempos del COVID”. Revista Panameña de Ciencias Sociales(5), 135-146.

Beluche, O. (24 de julio de 2022). “Panamá: problemas en la Dubai centroamericana”.

Berríos Riaño, A. (1 de junio de 2025). John Bolton asegura que Mulino pidió tropas estadounidenses para Darién, el presidente panameño lo desmiente. La Estrella de Panamá.

Castro, G. (13 de septiembre de 2023). “Panamá: transitismo en autofagia”.

Gil, J. M. (9 de abril de 2025). “Estados Unidos vuelve a Sherman y Rodman: Panamá firma acuerdo clave con el Pentágono”. La Prensa.

Hernández, R. K. (23 de mayo de 2025). “MEF niega recortes; deuda pasó los $ 56 mil millones”. La Prensa.

INEC. (octubre de 2024). Instituto Nacional de Estadísticas y Censo – Panamá. Obtenido de Estadísticas del Trabajo: Encuesta de Mercado Laboral, Octubre de 2024:

Marciscano, E. (9 de junio de 2025). “Evasión e inequidad fiscal: el problema de las deterioradas finanzas públicas”. La Estrella de Panamá

Porras, A. E. (21 de marzo de 2022). “El transitismo panameño, modelo económico, historia oficial y narrativa única”. La Estrella de Panamá.

Quevedo, R. (1 de mayo de 2025). “Necesitamos empleos, no huelgas”. La Prensa.

Reuters. (28 de marzo de 2024). “Fitch saca a Panamá de su grado de inversión por problemas fiscales y de gobernanza”. La Voz de América.

Panamá: una explosión social en tres tiempos

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Humano se hace, no se nace

Por: Jorge Majfud

Cuando nace un niño, lo que nace no es un humano: es un pequeño, adorable animal con la capacidad de convertirse en humano, reconocido desde antes de nacer como humano por sus padres y por la sociedad. El amor de los padres no lo hace humano. También los lobos aman y protegen a sus crías. Poco a poco se convertirá en un individuo, algo que no existe fuera de la sociedad, porque no existe un individuo sin sociedad.

No entraré en consideraciones ontológicas sobre qué es un ser humano (“un bípedo implume”) para no complicar algo que puede ser entendido de una forma más fácil. Consideramos algo por demás obvio: el color amarillo de ese tigre que procede de su pantalla de teléfono, computadora o televisor no existe. Esto es extremadamente fácil de entender. Las pantallas sólo pueden emitir en un tubo de rayos catódicos del siglo XX o en cada pixel de nuestro tiempo tres ondas visibles específicas: rojo, azul y verde. Ni una más. Tampoco es necesario―bastante costó el azul. El amarillo es sólo la combinación de rojo y verde con una misma intensidad.

Tampoco tenemos en nuestras retinas células sensibles al amarillo. De los siete millones de conos que poseemos los humanoides, ninguno es sensible al amarillo. Sólo detectan tres colores. ¿Parecen pocos? Sí, si consideramos que un pequeño pájaro posee cinco tipos de conos, y pueden ver la luz ultravioleta. Pero los humanoides somos privilegiados al poseer una célula retiniana más que los jabalíes y los ciervos, que sólo poseen dos y, por lo tanto, ven al tigre de color verde.

Entonces, ¿son los tigres verdes o amarillos? La afirmación también parece una provocación inútil, pero si decimos que los tigres son amarillos, estamos omitiendo dos cosas: uno, que son amarillos para los humanoides, pero verdes para otras especies. De hecho, que los tigres sean verdes es más lógico, desde el punto de vista de la evolución a su favor (ya que mejora su camuflaje) y es una ventaja evolutiva de los humanos, ya que mejora la visibilidad del peligro en la selva. Es muy probable que a este simple detalle los humanos, o al menos los asiáticos, le deban su exitosa sobrevivencia. Por otro lado, como mencioné más arriba, lo que significa “amarillo” en el tigre es un fenómeno puramente mental que no existe en el mundo exterior. Es una ilusión. Una ilusión consistente, por lo cual no podemos decir exactamente qué ven otros humanos cuando en un cruce con semáforo se enciende la luz roja, pero sí podemos decir que, sea lo que sea, es siempre lo mismo, por lo cual no hay accidentes si todos estamos atentos al cambio de color. (Los daltónicos no pueden distinguir verde de rojo, pero saben que el rojo está abajo.)Anuncio publicitario

Está de más decir que lo mismo aplica a los olores. Los olores no existen fuera del cerebro de algún animal. Una rosa emite químicos. El olor no es una realidad sino un efecto neuronal. Nada más. Podíamos seguir con los sonidos: Nocturna de Chopin, fuera del cerebro humano, es sólo una secuencia de vibraciones de moléculas de aire. Se convierten en “sonido” dentro del cerebro animal. A eso, debemos agregar el factor humano, es decir, el factor cultural: Nocturna, como cualquier otro sonido (un disparo de revólver, por ejemplo), está fuertemente ligada a una experiencia humana que, además de sonido, se convierte en significados y emociones.

Ahora, consideremos de la misma forma eso que llamamos ser humano y, más específicamente, individuo. El individualismo es un dogma capitalista (uno de los más destructivos de la historia), pero el individuo también es una construcción, aunque mucho más universal. Está centrada en la ilusión de que un humanoide nace ser humano y todo su ser se concentra en un cuerpo humanoide, independiente, que vive asociado con otros para formar una sociedad y una cultura. El error radica en que el individuo es parte de una cultura y de una evolución histórica de decenas de miles de años. La cultura crea más al individuo humano que el individuo humano crea cultura. Una cultura puede existir sin muchos individuos, siempre y cuando existan “individuos”, pero no viceversa.

Consideremos el caso de “el individuo”. Su condición está definida por una sociedad. Todo lo que desea, aspira, teme, rechaza, promueve; todas sus alegrías, tristezas, éxitos, fracasos están definidas en relación a una sociedad, a lo que esa sociedad espera o no espera de él, a lo que esa sociedad le provee o le impone. Consideremos una persona que naufraga y sobrevive nadando hacia una isla sin humanos. Esa persona podrá vivir por años sin ver a un solo ser humano, pero la sociedad y la cultura que dejó (los otros) nunca la abandonarán. Todas sus emociones podrán cambiar, pero hasta el último momento de su vida, el mundo perdido estará en ella, como una lengua materna y los recuerdos infantiles (“las raíces son lo último que se seca”) permanecen hasta el último minuto de conciencia de un ser humano, ya sea que acepte o que rechace ese pasado, como nostalgia o como trauma. Es decir, seguirá siendo un individuo humano porque seguirá estando definido y condicionado por esa sociedad que perdió.

Ahora consideramos que esa mujer náufraga, siete o nueve meses después no sobrevive a un parto, pero su hija sí porque, supongamos, es salvada del hambre por la leche de una loba, como afirma el mito fundacional de Roma―dejemos de lado que es probable que haya sido una confusión lingüística, ya que en italiano y en latín loba y prostituta (lupa-lupanar) es lo mismo.

Esa niña no sería un ser humano, aunque si alguien llegase a esa isla la identificaría como tal y la rescataría de su supuesta desgracia inhumana. No sería un ser humano sino una loba con cuerpo humanoide y con habilidades humanoides, como la de articular un lenguaje verbal que nunca desarrollará. Sería una loba experta en la caza de conejos que por las noches aullaría llamando a un lobo macho de su clan o de un clan ajeno. Si no lo hiciera, de todas formas, no se representaría como un individuo humano, sino como una loba diferente.

De la misma forma que los recién nacidos, los proto humanos (humanoides) tienen derechos humanos que todos defendemos, es posible que la sensibilidad de los seres humanos un día extiendan esos derechos al resto de los no humanos, de la misma forma que hace algunos siglos se dejó de considerar un grupo de humanos como elegidos por sus dioses y con derechos especiales sobre las vidas ajenas y se universalizó la idea de la igualdad ―la igualdad de derechos, lo que incluye el derecho a ser diferente.

Claro, nada de esa evolución evita que hoy existan cavernícolas que se burlan de ideas como que los humanos no existen, como el color amarillo o el olor de una rosa o Nocturno de Chopin, pero están seguros de que son seres humanos reales y con derechos especiales sobre el resto de la Humanidad.

Rebelión

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Los Diez Mandamientos llegan a las aulas: Trump y los suyos empujan la educación religiosa

Por: Jesús Jank Curbelo

Hace una semana, el gobernador de Texas, Greg Abbott, firmó la SB-10, una ley que ordena exhibir los Diez Mandamientos cristianos en cada aula pública del Estado. Esto significa que estarán repetidos más de 9.000 veces, frente a los 5,5 millones de estudiantes que entrarán a esas aulas en septiembre próximo. Texas se une así a una creciente lista de Estados gobernados por republicanos que, junto a Donald Trump, están impulsando la educación religiosa en las escuelas públicas del país.

“Yo soy el Señor tu Dios. No tendrás dioses ajenos delante de mí…”, así comienza el texto, que viene íntegro en el documento de la ley texana y debe ser reproducido en inglés, sin versiones, con un tamaño mínimo de 40 x 50 centímetros, más o menos lo que mide el respaldo de una silla escolar. La norma, que entrará en vigor el 1 de septiembre, con el inicio del curso escolar, también permite que los estudiantes y profesores puedan dedicar un rato cada día a leer la Biblia o a rezar voluntariamente, siempre que los menores cuenten con el consentimiento de sus padres.

Abbott defendió la nueva legislación como una reivindicación de los pilares fundacionales de Estados Unidos, entre ellos “la fe y la libertad”. Mientras tanto, el vicegobernador Dan Patrick dijo al respecto: “Poner los Mandamientos en nuestras aulas asegura que nuestros estudiantes reciban la misma brújula moral fundacional que los antecesores de nuestro Estado y de nuestro país”.

El Gobierno de Texas ha impulsado políticas de este tipo durante años. Desde 2021, las escuelas públicas tienen permiso para mostrar el lema nacional, In God We Trust (En Dios Confiamos). Y en 2024, el Consejo de Educación local autorizó que se impartieran clases relacionadas con la Biblia como parte del contenido de los grados de primaria. Este currículo es opcional, pero, según el texto, los estudiantes que lo adopten recibirán un incentivo de hasta 60 dólares.

Sin embargo, varias familias presentaron recientemente una demanda colectiva ante el Tribunal Federal de Dallas contra la SB-10. Se trata de un grupo compuesto por cristianos, judíos, musulmanes y miembros de la Nación del Islam. Argumentan que la nueva ley viola la Primera Enmienda de la Constitución, la cual prohíbe al Gobierno establecer una religión oficial o interferir en el libre ejercicio de las creencias individuales.

Los demandantes, además, consideran que estos carteles podrían presionar a los alumnos a adoptar una doctrina religiosa particular. Según medios locales, hasta el momento cuentan con el respaldo de organizaciones como la American Civil Liberties Union (ACLU) y la Freedom From Religion Foundation.

¿Aulas o frentes ideológicos?

En junio de 2024, Luisiana aprobó una ley similar a la firmada por Abbott. Reconocida como HB-71, la normativa exigía colgar en las aulas públicas tanto los Diez Mandamientos como otros documentos históricos, incluida la Declaración de Independencia. La ley fue suspendida por un juez federal en noviembre y el Quinto Circuito ratificó el fallo siete meses más tarde. Ese tribunal tiene jurisdicción sobre Texas, lo cual hace pensar a muchos que la SB-10 podría terminar de la misma manera. Los jueces declararon que la ley de Luisiana era “claramente inconstitucional”, pues tenía una intención más religiosa que educativa.

Asimismo, la gobernadora Sarah Huckabee Sanders autorizó en Arkansas, en abril pasado, una norma que obliga a exhibir los Diez Mandamientos en los edificios públicos, entre ellos las escuelas y bibliotecas. La ACLU y siete familias locales demandaron al Estado el 11 de junio. “El derecho a decidir qué creencias religiosas seguir, si las hay, pertenece a las familias y las comunidades religiosas, no al Gobierno”, manifestó John Williams, director legal de la ACLU en Arkansas. “No permitiremos que los políticos abusen de nuestras escuelas públicas para imponer las Sagradas Escrituras a los niños”, agregó.

Dakota del Sur también tiene un proyecto de ley en esa dirección, que se encuentra a la espera de ser aprobado definitivamente. En cada caso, los políticos alegan que exponer los Mandamientos es un acto patriótico. Estas iniciativas forman parte de una ofensiva que pretende instaurar el cristianismo en los espacios públicos, sobre todo en las escuelas. Los conservadores que promueven esto se apoyan en antecedentes legales, como un caso de 2022 donde el Tribunal Supremo amparó a un entrenador escolar de fútbol americano que defendía su derecho a rezar en el terreno después de los partidos.

El presidente Trump no se ha pronunciado hasta el momento sobre la ley texana. Sin embargo, apoyó la ley de Luisiana y ha alentado a legisladores de otros Estados a impulsar medidas similares. “Me encantan los Diez Mandamientos en las escuelas públicas, privadas, y en muchos otros lugares. Léanlos. ¿Cómo podemos equivocarnos como nación?”, escribió en sus redes sociales. Añadió que “este podría ser, de hecho, el primer gran paso en el reavivamiento de la religión, que se necesita con desesperación en nuestro país”.

Opiniones divididas

Katherine Benson es venezolana, tiene 39 años y vive en Dallas con su esposo y sus dos hijos, que estudian en sexto y séptimo grado en una escuela pública. Son una familia que practica el judaísmo. Para Benson la enseñanza de los preceptos cristianos es fundamental, incluso en los colegios.

“De ellos se deriva hasta la actitud que uno debe tener en la vida y, en mi opinión, también las normas jurídicas. Seas quien seas, pertenezcas a la religión que pertenezcas, debes conocer los Diez Mandamientos”, asegura. También destaca que de ellos se derivan los 613 mitzvot (mandamientos judíos), “que nos permiten tener una vida más consagrada a Dios y un comportamiento de amor al prójimo para vivir mejor dentro de la sociedad”.

Shirin Bahavi, de 42 años, nació en Irán y creció como musulmana. Sin embargo, cuando llegó a Estados Unidos, se desvinculó de esa religión. Ahora vive con su hija, que cursa el décimo grado en una high school al norte de Texas. Para Bahavi, que pongan o no los mandamientos cristianos en las aulas no tiene relevancia.

“No practico mi estúpida religión y no me importan las otras”, afirma. “La religión es personal. La forma en que adoramos y rezamos a Dios depende de nosotros. Por eso, estoy en contra de cualquier fuerza religiosa”. Según su experiencia, el hecho de que se enseñen determinados valores religiosos en la escuela no determina necesariamente cómo actuará un niño cuando crezca.

“Cuando me hablaron de la nueva ley, busqué un artículo relacionado con el tema y lo lancé al grupo de WhatsApp del aula de mi hijo de 10 años, que va a comenzar el quinto grado en septiembre”, recuerda Magda, una migrante de 37 años que vive en Texas y pidió anonimato por su estatus legal. Según cuenta, el asunto generó un debate intenso: desde una madre que escribió “Aleluya” hasta un padre que citó a Karl Marx con “La religión es el opio de los pueblos”.

“Creo que la esencia de Estados Unidos es la diversidad cultural y la libertad de pensamientos”, dice Magda. “No tengo cultura religiosa, pero creo en el bien, en lo justo y en lo noble. De eso se tratan los Diez Mandamientos y todas las religiones del mundo. No hay que encasillarlas, solo hay que transmitirlas a nuestros hijos desde nuestras creencias, respetando cada una”.

Por otra parte, una maestra suplente de una escuela primaria en Houston, que también solicitó ocultar su nombre, opina que “educar y adoctrinar son cosas muy diferentes”. “Inculcar mensajes sin pasar por el análisis crítico y el aprendizaje personal es un error, implica repetir mensajes vacíos y segregar a quienes no practican la religión. Educar a las nuevas generaciones es clave, pero imponer una doctrina específica viola la libertad individual y, por tanto, viola la Primera Enmienda”, señala.

El Quinto Circuito, en el caso de Luisiana, consideró que imponer un texto religioso en las aulas públicas es inconstitucional. Si el Tribunal de Dallas falla contra la nueva ley texana, el caso probablemente llegará al Tribunal Supremo. Si este último falla a favor, Texas podría convertirse en un modelo a seguir para otros Estados. Si no, la ofensiva religiosa podría quedar en pausa.

https://elpais.com/us/2025-06-30/los-diez-mandamientos-llegan-a-las-aulas-trump-y-los-suyos-empujan-la-educacion-religiosa.html

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