Saltar al contenido principal
Page 6 of 6833
1 4 5 6 7 8 6.833

Dolores menstruales afectan la educación de niñas en Brasil

De cada diez estudiantes de primaria y secundaria que menstrúan, seis informan tener cólicos fuertes y moderados que alteran su rutina escolar y requieren el uso de medicamentos. Cerca de cuatro de cada diez alumnas (37.1%) faltan a clases mensualmente por dolores menstruales.

Los datos provienen de una investigación realizada por el Instituto Alana en alianza con el Instituto Equidade.info y se difundieron con motivo del Día Internacional de la Dignidad Menstrual, celebrado el jueves (28). La fecha tiene como objetivo promover el debate y combatir el estigma y la pobreza menstrual.

El relevamiento se realizó en febrero de este año con 2.551 estudiantes –de los cuales 770 son estudiantes que menstrúan–, 303 docentes y 181 directivos escolares de las redes de educación pública y privada de todas las regiones del país.

Síntomas menstruales

El sondeo inédito revela que el principal síntoma menstrual que impide a las alumnas asistir a clases es el cólico, mencionado por el 57,7% de las entrevistadas. Las demás manifestaciones relacionadas con la menstruación señaladas son:

  • cansancio y dolores corporales (30,1% de las entrevistadas);
  • dolores de cabeza (28%);
  • dolor de estómago (20,1%);
  • vergüenza y miedo a tener manchas o derrames (19,3%);
  • falta de baños o de productos de higiene (8,2%).

Ausencias y retrasos

Los datos recopilados revelan que los síntomas del flujo menstrual pueden provocar, aproximadamente, dos días de inasistencia al mes.

Sofia Reinach, una de las líderes del Instituto Alana, explica que el ausentismo en los días de dolor puede afectar el aprendizaje, el vínculo con la escuela y las oportunidades educativas a lo largo de la trayectoria escolar, por lo que debe abordarse con seriedad.

“Casi el 40% de las niñas en Brasil están perdiendo al menos un día de clase al mes a causa de los dolores menstruales: es una parte muy grande de la población que debe recibir atención para que esto no signifique un rezago escolar y una desventaja crónica en el aprendizaje”.

El Instituto Alana enfatiza que es necesario reconocer el dolor como un problema colectivo y sugiere la adopción de protocolos de faltas justificadas y orientación para el cuerpo docente. Se espera que los cambios puedan reducir la vergüenza de las alumnas y mejorar el registro de estos casos.

Desigualdad racial en la menstruación

El estudio también señala la disparidad racial. A pesar de que las niñas afrodescendientes manifiestan sentir menos cólicos fuertes, faltan más a clases.

En este recorte racial, pierden hasta 1,5 veces más días de clase (de dos a cinco días por mes) que las alumnas blancas: el 14,5% de las alumnas negras faltan de dos a cinco días al mes por motivos menstruales. Entre las alumnas blancas, el índice de inasistencias cae al 9,6%.

Cuando se observa la experiencia del dolor en el periodo menstrual, tampoco hay uniformidad entre los grupos raciales. Las niñas blancas reportan sentir un dolor más intenso. Entre las entrevistadas blancas, el 37,5% describe sus cólicos como fuertes. Entre las niñas y adolescentes afrodescendientes, ese índice es menor (25,9%). Al mismo tiempo, el 16% de las niñas afrodescendientes afirma no sentir cólicos menstruales, frente al 8,5% de las blancas que informan no sentir dolor en ninguna intensidad.

Sofia Reinach concluye que, en realidad, el indicador de dolores fuertes subestima el problema entre las alumnas afrodescendientes: ellas normalizan más sus dolores porque culturalmente se les enseña a creer que el dolor no debe considerarse como algo que requiera tratamiento.

“Las niñas negras definen menos su dolor como fuerte. Aparentemente, tienen un umbral de dolor más alto, por lo tanto, lo reconocen menos como un dolor incapacitante. Pero, en la práctica, el impacto del dolor las aleja de sus actividades y de la escuela”, concluyó Sofia Reinach.

La especialista defiende que los profesionales de los sectores de la educación y de la salud “desaprendan ese sesgo antiguo de que los cuerpos negros sienten menos dolor” o que son más resilientes.

“Es muy importante que esa percepción cambie, porque las niñas negras sienten dolor, pero hablan menos de ello. Los oídos de los profesionales tienen que estar más atentos. La escuela debe formar parte de una red de cuidado”, subraya Sofia.

Para que la niña afrodescendiente reciba el seguimiento adecuado y los impactos del dolor sean los menores posibles, la especialista en salud menstrual y dolor pélvico destaca la necesidad de que los profesores lo noten, que los directivos escolares pregunten al respecto y que se involucre a las familias.

Proyecto contra la pobreza menstrual

Rio de Janeiro (RJ), 27/05/2026 – Ana Clara Maimoni, Ação do Projeto Contra a Pobreza Menstrual, no Centro de Ensino Vila Planalto. Foto: Projeto Contra a Pobreza Menstrual/Divulgação

Ana Clara Maimoni, acción del Proyecto Contra la Pobreza Menstrual, en Vila Planalto. Foto: Divulgación del proyecto

En Brasilia, la estudiante de publicidad y propaganda Ana Clara Maimoni movilizó a vecinos y conocidos para recolectar toallas femeninas.

“Siempre me pareció un absurdo que los centros de salud den preservativos gratis, pero no den toallas sanitarias, y cómo esto afecta nuestra vida”.

Ana Clara logró recolectar cerca de 1 mil toallas femeninas, las cuales fueron donadas a una escuela donde las alumnas no tenían pleno acceso a ellas. El inventario fue suficiente para abastecer a las niñas durante seis meses.

Su proyecto contra la pobreza menstrual también incluyó una charla con profesionales de la salud para informar a las estudiantes en Vila Planalto, una zona económicamente vulnerable de la capital federal. “A las niñas les encantó y participaron mucho, hicieron varias preguntas”, comentó Ana Clara.

Según la estudiante, la escuela es un espacio estratégico para abordar este tema, y es justamente de la educación de lo que estas niñas terminan privadas cuando no tienen acceso al mínimo necesario para la dignidad menstrual.

“Muchas veces no hablan de eso porque todavía se considera un tabú en muchos lugares”, resalta.

Educación menstrual

Muchas estudiantes llegan a su primera menstruación sin ninguna orientación sobre el ciclo y, por este motivo, el Instituto Alana recalca la importancia de hablar sobre salud menstrual antes de la menarquia.

“Necesitamos adelantar los debates sobre salud menstrual en las escuelas hacia la primaria. Además, debemos tener una mirada atenta y ampliar las estrategias de cuidado para este grupo de edad en especial, para que las niñas con mucho dolor y con menarquia precoz tengan un seguimiento más cercano”, prioriza Sofia Reinach.

Trabajadoras de la educación

Las escuelas brasileñas sufren doblemente por las inasistencias, tanto de alumnas como de profesoras. En el universo encuestado, el 28,3% de las directoras escolares confirmaron tener cólicos fuertes y el 16,9% de las entrevistadas ya ha faltado al trabajo por motivos menstruales.

Dentro del salón de clases, el 15,8% de las profesoras describieron tener cólicos fuertes y una de cada diez docentes (12,1%) faltó al trabajo al menos una vez en el último año por motivos menstruales.

Considerando que el 37,1% de las alumnas faltan mensualmente por la menstruación y el 64% reportó cólicos moderados o fuertes, el estudio sugiere que el porcentaje más reducido entre las profesionales de la educación, en relación con las estudiantes, puede reflejar, en parte, un mayor acceso a diagnósticos, seguimiento y tratamiento del dolor entre las adultas, así como la responsabilidad de la vida profesional.

“Las profesoras faltan menos que las alumnas. A medida que avanza la vida, la responsabilidad aumenta y las profesionales ven su trabajo amenazado debido a los dolores, las profesoras se esfuerzan más por convivir con ese dolor en su entorno laboral”, observa el estudio.

Sofia Reinach defiende la adopción de políticas de salud menstrual en el entorno escolar que incluyan a estudiantes y trabajadoras, con protocolos adecuados para cada perfil. “Necesitamos entender que el dolor menstrual aleja a niñas y mujeres de la cotidianidad escolar y vuelve esto un fenómeno acumulativo. Las escuelas están sufriendo doblemente con estas faltas, tanto de alumnas como de profesoras”.

Desconocimiento de los varones

La menstruación todavía se comprende poco como una cuestión colectiva dentro de la escuela. Los datos muestran que el 36,8% de los estudiantes varones afirma no pensar mucho en el tema, casi el doble de lo registrado entre las niñas (19,7%).

La diferencia también aparece en la percepción sobre los impactos del ciclo menstrual en la rutina: cerca de una cuarta parte de los niños y adolescentes (23,7%) cree que la menstruación puede perjudicar el rendimiento escolar o la práctica deportiva, mientras que el 41,2% de las alumnas reconoce este efecto negativo.

“Es fundamental que el tema de la menstruación deje de ser un tabú. Y para ello, necesitamos incluir a los varones en las conversaciones cotidianas. Ya no es posible que la menstruación sea un asunto exclusivo de niñas y mujeres en su intimidad”, constata Sofia.

La idea es que los hombres niños y jóvenes dejen de ser espectadores pasivos o agentes de incomodidad y pasen a formar parte de una red de apoyo para ellas.

*Colaboró Alice Rodrigues, pasante de Agência Brasil en Río de Janeiro

Fuente de esta noticia: https://agenciabrasil.ebc.com.br/es/direitos-humanos/noticia/2026-05/dolores-menstruales-afectan-la-educacion-de-ninas-en-brasil

Comparte este contenido:

Miles de estudiantes y profesores se movilizan en Bélgica contra los recortes en educación

Violentas cargas y decenas de detenidos ayer en las manifestaciones de Bruselas y Namur contra el plan del Gobierno de subir un 35% las matrículas universitarias.

La segunda jornada de protesta multitudinaria convocada por colectivos estudiantiles y sindicatos docentes derivó este jueves en momentos de fuerte tensión a causa de la represión policial en el centro de Bruselas y en otras ciudades de Valonia. Alrededor de 3.000 manifestantes concentrados en las inmediaciones del Parlamento de la Federación Valonia-Bruselas y de la Estación Central de la capital manifestaron su firme rechazo al proyecto de ley que contempla severas medidas de recorte en el sector educativo. La movilización, que también se replicó en localidades como Namur, Charleroi, Lieja y diversas zonas de Henao, registró duras intervenciones policiales, que incluyeron el uso de gases lacrimógenos y disparos de munición «no letal» en el casco urbano bruselense. Según datos del diario Le Soir, hubo al menos dos decenas de detenidos solo durante la mañana.

El descontento social responde al plan gubernamental de la Comunidad Francesa de Bélgica para implementar un recorte que incrementará las tasas universitarias anuales de los 835 euros actuales a 1.194 euros para la mayoría de los estudiantes. Aunque la administración defiende que la cifra «sigue siendo baja en la comparativa internacional», la medida supone un incremento inmediato del 35% para las economías de miles de familias trabajadoras. Además del impacto financiero sobre el alumnado, la reforma afecta de forma directa al cuerpo docente de la educación secundaria, con el despido de almenos 2.000 docentes y la exigencia de impartir dos horas lectivas adicionales por semana sin percibir ninguna remuneración extra, junto con una revisión de las normativas de permanencia laboral.

Por su parte, las autoridades del Ejecutivo de la Comunidad Francesa defendieron la «urgencia» de la normativa bajo la excusa de «la necesidad de sanear las finanzas públicas». La jefa del Gobierno de la comunidad, Elisabeth Degryse, y la ministra de Educación, Valérie Glatigny, sostuvieron en una comparecencia de prensa que la homologación de las tasas con las universidades de la región de Flandes, mucho más rica de media, «permitirá liberar recursos esenciales que el Estado prevé reinvertir a largo plazo dentro del propio sector».

https://diariosocialista.net/2026/06/05/miles-de-estudiantes-y-profesores-se-movilizan-en-belgica-contra-los-recortes-en-educacion/

Comparte este contenido:

El presente no da lugar al futuro en América Latina

Por Aram Aharonian 

América Latina se encuentra en un momento de transición y cambio, cuando las decisiones tomadas hoy tendrán repercusiones a largo plazo. La región enfrenta desafíos como las migraciones masivas, el desempleo juvenil y la polarización política. Pero también tiene fortalezas como la estabilidad macroeconómica y la abundancia de recursos mineros y de energías renovables, tan apetecidos por las grandes potencias .

Es una estupidez perder el presente solo por el miedo de no llegar a ganar el futuro, señaló José Saramago.  El pánico a la inestabilidad suele empujar a las sociedades hacia una parálisis emocional. Sobre esta premisa, el Premio Nobel de Literatura  recuerda en La Caverna que el costo de protegerse contra la incertidumbre es, casi siempre, la renuncia a la propia vida. Esa fijación con el mañana anula la capacidad de acción y confina al individuo a la pasividad, en una espera eterna.

Saramago deja en claro que el capitalismo y el consumo masivo devoran la identidad de los ciudadanos, que la alienación progresiva hace que los habitantes del complejo pierdan su condición humana, que la comodidad de una ilusión confortable sustituye el contacto con la realidad, emulando a los prisioneros mitológicos.

El desasosiego que genera la transformación del entorno empuja a los personajes a mudarse al corazón de esa urbe artificial, en donde la búsqueda de una falsa estabilidad dentro del engranaje consumista despoja a las personas de su autonomía. El temor a la exclusión económica obliga a aceptar una supervivencia deshumanizada, alerta el intelectual portugués.

El presidente estadounidense Donald Trump ha dejado muy claro que quiere controlar el continente, y ha declarado explícitamente que “el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a cuestionarse”. Las tres naciones más grandes de la región —Brasil, México y Colombia, dirigidas por políticos progresistas— criticaron la captura estadounidense del presidente venezolano Nicolás Maduro con distintos grados de indignación y diplomacia.

Las reacciones divergentes muestran cómo el gobierno de Trump, cada vez más agresivo, está alterando la política de América Latina. Aunque sus respuestas públicas puedan ser diferentes, todos parecen compartir un objetivo común en una nueva era de intervencionismo estadounidense, dadas las experiencias recientes en Venezuela (ataque y secuestro del presidente Nicolás Maduro) y en el  bloqueo criminal a Cuba: la autopreservación.

“Por supuesto que queremos tener buenas relaciones con Estados Unidos. Es un país muy importante en todos los sentidos. Pero no hay forma de evitar condenar esta acción”, dijo Celso Amorim, principal asesor de política exterior del presidente brasileño  Lula da Silva. Añadió que antes del ataque a Venezuela, “las cosas avanzaban de forma positiva”, en referencia a la relación entre EEUU y Brasil. “Todavía espero que eso sea posible”.

Poco duró el optimismo: El gobierno de Donald Trump a través del Departamento de Estado dirigido por Marco Rubio anunció la designación de las bandas Primeiro Comando da Capital (PCC) y del Comando Vermelho (CV) como «Organizaciones Terroristas Extranjeras», lo que habilita sanciones financieras severas y amplía las herramientas legales de Washington. La medida fue rechazada por el gobierno de Lula, que la considera una intromisión en la soberanía brasileña.

En casa ¿cómo andamos?

La crisis actual de América Latina es similar a las de los años 1930, con síntomas que se repiten: disputa hegemónica, ascenso de derechas autoritarias proestadounidenses, fragilidad institucional, guerras latentes. No se trata de una crisis económica ni política: es una crisis civilizatoria. No está en juego únicamente la reproducción del capital, sino la reproducción de la vida. Y también están en juego los recursos minerales, energéticos, el agua, que significan el presente y el futuro de las sociedades.

Hace casi un siglo, el capitalismo encontró una salida tras luchas sociales, guerras, pactos forzados, que obligó a la intervención y regulación del Estado, que intervino, redistribuyó, reguló, lo que facilitó recomponer legitimidad. El capital cedió para no arder. Un siglo después, las condiciones han cambiado radicalmente: el capital aprendió a gobernar de otra manera, aprendió a tolerar la redistribución sin perder el control, siempre que el sentido del valor permaneciera intacto, señala René Ramírez.

En décadas recientes, frente a la obscenidad neoliberal, algunos gobiernos progresistas lograron reducir  la pobreza, ampliaron derechos, restituyeron la dignidad de millones, representaron un giro histórico… quizás sin haber evaluado la profundidad del problema que enfrentaban. Sí, redistribuyeron, pero no cambiaron el sistema.

El progresismo asume que la desigualdad es de ingresos o de oportunidades. Pero esa es sólo la superficie. Esta desigualdad está anclada en la larga duración del colonialismo: el colonizador organizó el mundo a su favor y reproduce el colonialismo aún hoy.

La riqueza se distribuyó históricamente de forma asimétrica. Y esa distribución no desapareció con la independencia formal. Se transformó en colonialismo interno: en estructuras de propiedad, en jerarquías raciales, en divisiones territoriales. Por eso, incluso en contextos de crecimiento o redistribución, las brechas persisten. Los avances progresistas fueron importantes, pero insuficientes para revertir la concentración patrimonial histórica.

La Pax Silica

Si hace décadas el orden mundial se cimentaba sobre el acero y el control de las rutas petroleras, hoy el tablero geopolítico se decide en una escala mucho más pequeña, casi invisible al ojo humano: los nanómetros: quien controle el diseño y la fabricación de los semiconductores controlará la economía del siglo XXI. Y es aquí donde aparece la denominada Pax Silica, la nueva y agresiva apuesta de la administración de Donald Trump para reescribir las reglas del juego tecnológico global.

Bajo el gobierno de Javier Milei, Argentina se ha convertido en el alumno modelo de esta nueva fase colonial. Washington ha firmado un acuerdo marco sobre minerales críticos y celebra el «gran liderazgo» de Milei en identificar proyectos prometedores de litio y cobre. Una alianza estratégica donde Argentina pone el recurso y EEUU se lleva el beneficio, incluso gestionando el ingreso del país al exclusivo grupo «Pax Silica».

Uno de los principales cuestionamientos a la reforma de la Ley de Glaciares en Argentina es la posibilidad de habilitar actividades extractivas (también de empresas extranjeras) en zonas anteriormente protegidas. La minería, especialmente la de litio, cobre y oro, puede implicar intervenciones que alteren la estabilidad de los glaciares y su entorno: contaminación por metales pesados, el uso de sustancias químicas, la alteración de cursos de agua y la fragmentación de ecosistemas de alta montaña.

Tras el giro político en Caracas, el agresor EEUU ejerce un control directo. El secretario del Interior, Doug Burgum, desembarcó en Caracas con representantes de gigantes mineras como Peabody Energy y Glencore. El objetivo es claro: acceder a las reservas de bauxita, níquel, oro y tierras raras, además del petróleo, abriendo estos sectores a la inversión extranjera incondicional o más bien a los capitales estadolunidenses.

Y, a pesar de las diferencias políticas, la administración Trump busca recomponer lazos con el gobierno de Lula da Silva, consciente de que Brasil es un «socio estratégico esencial» por sus reservas de tierras raras pesadas. La Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de EE.UU. (DFC) ya financia proyectos en Goiás (Serra Verde y Aclara). Washington no solo quiere el mineral, sino controlar el procesamiento, un eslabón clave hoy dominado por China.

Como dijo Saramago, es una estupidez perder el presente solo por el miedo de no llegar a ganar el futuro.

Aram  AharonianPeriodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

Comparte este contenido:

¿Debe la OMS declarar la crisis climática una emergencia de salud pública internacional?

Por: Julio Díaz, Cristina Linares Gil, Luis Andrés Gimeno Feliu 

Recientemente, un grupo de científicos pertenecientes a la Comisión Paneuropea sobre Clima y Salud ha planteado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que la crisis climática sea considerada una emergencia de salud pública de importancia internacional. Pero ¿puede considerarse realmente así?

La OMS ha reservado hasta ahora la declaración de Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII o PHEIC, por sus siglas en inglés) para amenazas agudas, principalmente infecciosas, como la gripe H1N1, el ébola, el zika, mpox y covid-19. Sin embargo, en ese reciente informe, la Comisión Paneuropea de Clima y Salud propone algo inédito: considerar la crisis climática como una ESPII.

La propuesta refleja un cambio profundo en la comprensión científica del riesgo sanitario global. El cambio climático ya no se percibe solo como un problema ambiental o económico: es un multiplicador sistémico de enfermedades, muertes e inequidades a través de la modificación de los determinantes sociales y ambientales de la salud.

La pregunta clave es si el cambio climático cumpliría los criterios establecidos por la OMS para declarar una ESPII. Según el Reglamento Sanitario Internacional (RSI) de la OMS, una ESPII es “un evento extraordinario” que:

– Constituye un riesgo para la salud pública de otros Estados mediante la propagación internacional.

– Puede requerir una respuesta internacional coordinada.

– Es “grave, repentino, inusual o inesperado”.

Una amenaza para la salud pública y los sistemas de salud

La evidencia científica acumulada en los últimos años muestra que el cambio climático afecta ya a la salud humana a través de múltiples mecanismos simultáneos que se retroalimentan. Las altas temperaturas son responsables del 95 % de las muertes relacionadas con factores meteorológicos extremos, con más de 62 000 fallecimientos atribuibles al calor en Europa en 2024 y más de 24 000 muertes atribuibles a las olas de calor en España en la década 2015-2024.

Además, la contaminación atmosférica está relacionada con el cambio climático no solo en cuanto a las fuentes de emisión, sino también porque favorece situaciones meteorológicas, como los anticiclones, que impiden la dispersión de contaminantes. Por otra parte, el cambio climático está aumentando en frecuencia e intensidad el material particulado proveniente del Sahara.

Ambos fenómenos están presentes durante las olas de calor en España, provocando un importante empeoramiento de la calidad del aire y potenciando los efectos sinérgicos sobre la salud de la temperatura y la contaminación. En este país, la contaminación atmosférica se relaciona anualmente a corto plazo con un rango de entre 10 000 y 20 000 muertes, 10 veces más que las atribuidas a las temperaturas durante las olas de calor.

Otro riesgo importante lo constituye la ocurrencia de incendios forestales cada vez más intensos y extensos, que empeoran la calidad del aire de países alejados miles de kilómetros de su foco. Por ejemplo, los incendios forestales de Canadá en 2023 se relacionaron con más de 80 000 muertes en EE. UU., Europa y Canadá.

Además, las alteraciones en el clima unidas al incremento de contaminación atmosférica están cambiando la distribución de los aeroalérgenos y los patrones estacionales de las enfermedades alérgicas.

Por otro lado, el cambio climático se relaciona con otros eventos meteorológicos extremos como sequías e inundaciones que a su vez provocan el desplazamiento de las poblaciones y agravan situaciones de pobreza y hambrunas. También empeora la disponibilidad y seguridad de los alimentos e influye en la distribución de enfermedades transmitidas por vectores, como mosquitos, que hacen que enfermedades tropicales como el dengue, el chikunguña o el virus del Nilo Occidental se estén expandiendo hacia regiones templadas de Europa. Asimismo, hace que se incrementen las infecciones transmitidas por garrapatas, ampliando su área de distribución.

La crisis climática además se relaciona con un aumento en la morbimortalidad en el área de la salud laboral y con impactos en salud mental asociados a desastres climáticos, desplazamientos forzados y pérdida de medios de vida.

¿Puede la crisis climática ser considerada una ESPII?

A continuación, analizamos si el cambio climático cumple los criterios establecidos por la OMS para las Emergencias de Salud Pública de Importancia Internacional:

1. ¿Es un evento grave?

Sin duda. La propia OMS considera el cambio climático como la mayor amenaza actual para la salud de la humanidad y el informe de la Comisión Paneuropea subraya que afecta simultáneamente a mortalidad, morbilidad, salud mental, enfermedades infecciosas, enfermedades cardiovasculares y respiratorias, nutrición y desigualdades sociales. Además, amplifica vulnerabilidades preexistentes.

2. ¿Tiene implicaciones internacionales?

Claramente sí. El cambio climático es, por definición, transfronterizo. Las emisiones de un país afectan a la salud de otros. Los incendios forestales generan contaminación atmosférica que cruza fronteras. Las enfermedades transmitidas por vectores expanden su rango geográfico. Los fenómenos extremos afectan a cadenas alimentarias, migraciones y estabilidad económica global.

3. ¿Requiere una respuesta internacional coordinada?

Probablemente este sea el criterio que mejor encaja con la crisis climática. Ningún país puede afrontar por sí solo los impactos sanitarios del cambio climático. La adaptación de sistemas sanitarios, los sistemas de alerta temprana, la vigilancia epidemiológica climática, la reducción de emisiones o la protección de poblaciones vulnerables exigen cooperación internacional. Las 30 Conferencias de las Partes (COP) celebradas para intentar mitigar las emisiones que provocan el cambio climático dan respuesta a esta necesidad de implicación internacional. Precisamente, la lógica de las ESPII es movilizar coordinación global, recursos y acción política rápida.

4. ¿Es “repentino” o “inesperado”?

Aquí aparece el principal debate. El cambio climático no es un evento súbito como un brote epidémico. Es un proceso progresivo y acumulativo. Sin embargo, sus manifestaciones e impactos en salud sí incluyen fenómenos agudos y extremos cada vez más frecuentes como los ya citados. Además, el Reglamento Sanitario Internacional no exige que todos los criterios sean simultáneamente repentinos, sino que el evento sea “grave, repentino, inusual o inesperado”. La excepcionalidad y magnitud de la crisis climática podrían justificar una interpretación evolutiva del concepto.

Implicaciones de declarar la crisis climática como ESPII

Declarar el cambio climático una ESPII podría tener sobre todo un enorme efecto político y comunicativo. La Comisión Paneuropea sostiene que esta clasificación ayudaría a situar la salud en el centro de la acción climática y aceleraría medidas urgentes para proteger a la población.

No resolvería la crisis climática, pero podría actuar como catalizador para reforzar la cooperación internacional, aumentar la financiación sanitaria y climática, combatir la desinformación y priorizar la adaptación de los sistemas de salud.

En el fondo, el debate refleja algo más profundo: la crisis climática no puede entenderse únicamente como un problema ambiental. Es una emergencia sanitaria global, una emergencia de salud pública de enorme complejidad, capaz de amplificar prácticamente todos los grandes riesgos para la salud del siglo XXI.

La cuestión quizá ya no sea si el cambio climático encaja exactamente en una categoría diseñada originalmente para epidemias, riesgos químicos o radiactivos, sino si las categorías actuales siguen siendo suficientes para describir la magnitud del desafío económico, social y de salud al que nos enfrentamos con la crisis climática.

Autor@s:

Julio Díaz. Codirector de la Unidad de Referencia de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano. Profesor de Investigación. ISCIII, Instituto de Salud Carlos III

Cristina Linares Gil. Codirectora del Dpto. de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano, Instituto de Salud Carlos III

Luis Andrés Gimeno Feliu. Medicina Familiar y Comunitaria. Centro de Salud San Pablo. Profesor titular, Universidad de Zaragoza

Este artículo ha sido escrito en colaboración con Jesús de la Osa, coordinador del Itinerario Formativo en Salud Global del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS).

Fuente: https://theconversation.com/debe-la-oms-declarar-la-crisis-climatica-una-emergencia-de-salud-publica-internacional-283786

Comparte este contenido:

Educación para la Paz como una política pública para el 2030

Ya está por terminar el desfile de promesas. Faltan días para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y el país está desbordado entre dos posturas de distinta procedencia ideológica. Frases sobre seguridad, empleo, infraestructura, crecimiento económico y lucha contra la corrupción. Los equipos de campaña de ambos candidatos diseñaron documentos con diagnósticos, metas e indicadores. Algunos hablan, aún sin propuestas concretas, de orden; otros, de reformas; y otros, de cambios estructurales. Lo triste es que el común de la población votante cree que así se construye el futuro del país: con promesas inanes. Aún votamos con los intestinos. Somos un país analfabeto democrático y político.

Entre esa lista de prioridades y promesas existe un asunto que suele aparecer como un capítulo breve o una línea secundaria: la paz. A veces se reemplaza con la alocución “seguridad”, como si fuera lo mismo. Peor renglón ocupa lo que me interesa compartir en esta columna: la educación para la paz. Continúa siendo tratada como un tema complementario cuando debería ocupar un lugar central en la discusión sobre el país que se quiere construir.

La paz en Colombia ha tenido una extraña costumbre institucional. Cada gobierno la redefine, la reorganiza y la vuelve a empezar. Los programas cambian de nombre, las estrategias desaparecen, los equipos técnicos se reemplazan y las prioridades se ajustan según la orientación política de la administración de turno. Lo construido por unos suele entrar en disputa con quienes llegan después. El resultado es una política pública sometida a ciclos electorales que terminan debilitando procesos que requieren continuidad histórica.

La educación para la paz ha sufrido ese problema durante décadas. Ha sido incorporada en leyes, políticas y programas institucionales, pero rara vez ha logrado consolidarse como un proyecto de largo plazo protegido de las disputas políticas. La escuela, las universidades y las organizaciones comunitarias terminan funcionando como espacios donde aparecen esfuerzos aislados que dependen más de la voluntad de personas concretas que de estructuras permanentes.

En Colombia existe una tendencia a entender la paz como un asunto que se negocia entre actores armados o que se administra desde oficinas gubernamentales. Esa lectura deja por fuera una dimensión que atraviesa la vida cotidiana. La paz también se construye en las relaciones sociales, en las formas de resolver conflictos, en la manera como se tramitan las diferencias y en la posibilidad de reconocer a quienes históricamente han quedado fuera de las decisiones públicas.

La educación ocupa un lugar central en ese escenario porque ahí se producen formas de comprender el mundo y de relacionarse con otros. Una escuela puede convertirse en un espacio donde se aprende a convivir con la diferencia o en un lugar donde se reproducen jerarquías, exclusiones y formas de violencia simbólica. Lo mismo ocurre con la universidad, con los medios de comunicación y con múltiples escenarios comunitarios.

Por esa razón, la discusión sobre educación para la paz no puede reducirse a la existencia de una asignatura o a la incorporación de ciertos contenidos en los planes de estudio. Durante años, muchos colegios incorporaron la Cátedra de Paz mediante actividades puntuales, talleres ocasionales o documentos administrativos elaborados para cumplir requisitos institucionales. En numerosos casos, la discusión quedó atrapada en procedimientos formales y perdió capacidad para modificar prácticas concretas.

La paz convertida en un listado de actividades termina produciendo un efecto contrario al esperado. Los estudiantes perciben rápidamente cuándo un discurso institucional carece de relación con las realidades que viven diariamente. Resulta difícil hablar de convivencia cuando las escuelas reproducen formas autoritarias de relación. Resulta complejo discutir reconciliación cuando los territorios siguen marcados por desigualdades profundas. También resulta problemático hablar sobre diálogo cuando los espacios educativos funcionan mediante esquemas verticales donde las voces juveniles ocupan posiciones marginales.

Los candidatos presidenciales deberían observar esa situación con mayor cuidado. Gobernar un país implica administrar problemas urgentes, pero también construir condiciones futuras. Colombia sigue siendo una sociedad atravesada por conflictos territoriales, desigualdades económicas, fragmentaciones sociales y violencias múltiples que cambian de forma y de actores. Pensar que esos problemas pueden resolverse únicamente mediante acciones policiales o decisiones jurídicas, desconociendo las realidades de los territorios marginados por el centralismo, representa una mirada miope.

La violencia urbana muestra esa situación con bastante claridad. Durante años, la discusión pública ha estado concentrada en estadísticas de homicidios, capturas o estructuras criminales. Son asuntos relevantes, pero las cifras suelen ocultar procesos sociales más complejos. Existen barrios donde generaciones enteras han crecido en medio de economías ilegales, estigmatización territorial y oportunidades reducidas. Existen jóvenes cuya relación cotidiana con el Estado aparece principalmente a través de instituciones de control y vigilancia.

La pregunta que debería hacerse cualquier candidato presidencial es relativamente sencilla: ¿qué tipo de ciudadanía espera construir durante los próximos años? Esa pregunta parece abstracta, pero tiene consecuencias muy concretas. Dependiendo de la respuesta, cambian las prioridades presupuestales, las políticas educativas y las formas de relacionarse con las comunidades.

Un gobierno progresista tendría una responsabilidad particular en ese escenario. Quienes se ubican políticamente en ese sector suelen hablar de justicia social, participación ciudadana y ampliación de derechos. Esos elementos guardan una relación directa con la educación para la paz porque permiten pensar la convivencia desde condiciones materiales concretas y desde relaciones sociales más equitativas.

Sería deseable que el próximo gobierno mantuviera una orientación progresista. No por lealtades partidistas ni por afinidades ideológicas personales. La razón tiene que ver con la posibilidad de continuar procesos que han comenzado a abrir espacios de discusión sobre inclusión, diversidad, memoria histórica y participación territorial. Existen avances que requieren tiempo para consolidarse y que podrían perderse si cada administración decide comenzar nuevamente desde cero.

Sin embargo, la democracia implica la posibilidad de alternancia política. Los resultados electorales pueden producir escenarios distintos y esa realidad también debe asumirse con responsabilidad. Si el próximo gobierno pertenece a una corriente diferente, la educación para la paz tampoco debería convertirse en una víctima secundaria de disputas ideológicas.

Los candidatos deberían comprometerse desde ahora con un principio básico. Lo construido institucionalmente en materia de paz y educación debe ser evaluado, corregido cuando sea necesario y fortalecido cuando existan resultados positivos. Destruir procesos únicamente porque fueron impulsados por administraciones anteriores representa una práctica costosa para cualquier sociedad.

Colombia conoce bien las consecuencias de esa lógica. Cada cambio gubernamental trae modificaciones administrativas que interrumpen experiencias locales, reemplazan equipos técnicos y suspenden iniciativas comunitarias. Muchos proyectos terminan desapareciendo antes de mostrar resultados porque las temporalidades políticas rara vez coinciden con las temporalidades sociales.

La construcción de paz necesita tiempos largos. Las relaciones sociales no cambian con la velocidad de un decreto presidencial ni con la duración de un período gubernamental. Las transformaciones culturales requieren permanencia, acumulación de experiencias y aprendizajes colectivos. Las comunidades necesitan confianza para participar, y esa confianza difícilmente aparece cuando las reglas cambian cada pocos años.

Existen experiencias territoriales que muestran caminos posibles. Diversas comunidades han desarrollado procesos pedagógicos relacionados con memoria, convivencia, cultura ciudadana y participación juvenil. Algunas iniciativas han surgido en territorios marcados por el conflicto armado; otras han aparecido en contextos urbanos atravesados por violencias cotidianas. Muchas veces esos procesos permanecen invisibles para las políticas nacionales.

Ahí aparece otro problema frecuente. La educación para la paz suele diseñarse desde oficinas centrales con escasa relación con las particularidades territoriales. Colombia presenta diferencias culturales, sociales y económicas enormes. Las realidades del Caribe colombiano, del Pacífico, de la Amazonía o de regiones fronterizas contienen dinámicas específicas que requieren respuestas situadas.

Los territorios no representan simples lugares donde se implementan programas diseñados desde arriba. Son espacios donde existen capacidades organizativas, conocimientos locales y formas particulares de comprender los conflictos. Ignorar esas experiencias produce intervenciones desconectadas de las condiciones reales donde pretenden operar.

Los candidatos presidenciales deberían abandonar la idea de que gobernar significa llegar con soluciones terminadas. Escuchar territorios implica reconocer capacidades existentes y construir políticas con quienes habitan esas realidades. La educación para la paz necesita esa lógica porque trabaja precisamente sobre relaciones humanas y experiencias sociales concretas.

También resulta necesario revisar qué entendemos por éxito en materia educativa. Durante años, buena parte de la discusión pública ha estado concentrada en pruebas estandarizadas, resultados académicos y cobertura institucional. Esos indicadores aportan información relevante, pero dejan preguntas abiertas sobre convivencia, participación democrática y construcción de ciudadanía.

Una sociedad puede mejorar determinados indicadores educativos y mantener profundas fracturas sociales. Puede aumentar coberturas y conservar exclusiones históricas. Puede mostrar crecimiento económico y seguir reproduciendo formas cotidianas de violencia. La educación para la paz obliga a mirar dimensiones que frecuentemente quedan fuera de las métricas tradicionales.

La campaña presidencial representa una oportunidad para discutir esos asuntos antes de que las urgencias administrativas ocupen toda la agenda pública. Sería valioso escuchar propuestas concretas sobre formación docente, participación juvenil, fortalecimiento comunitario y articulación entre educación y construcción territorial de paz.

También sería valioso escuchar algo más sencillo y quizá más difícil: una disposición clara para reconocer que las políticas públicas no pertenecen a los gobiernos sino a la sociedad. Lo construido mediante recursos públicos y participación ciudadana no debería convertirse en propiedad política temporal de una administración específica ni en réditos politiqueros a futuro.

La educación para la paz necesita convertirse en una política con capacidad de sobrevivir a los ciclos electorales. Requiere acuerdos mínimos que permitan proteger procesos relevantes más allá de diferencias ideológicas legítimas. Ningún gobierno debería tener el poder de borrar completamente lo que otros construyeron cuando existen experiencias, aprendizajes y capacidades acumuladas.

Dentro de los siguientes días, los dos candidatos culminarán sus recorridos por plazas, universidades, barrios y municipios buscando votos. Escucharán reclamos sobre seguridad, empleo y servicios públicos. En medio de esas conversaciones, tal vez valga la pena formular una pregunta adicional: cuando lleguen a la Casa de Nariño, ¿piensan gobernar para el próximo período presidencial o piensan construir condiciones para las próximas generaciones?

La respuesta no debería aparecer en un discurso de campaña. Tendrá que observarse en la manera como decidan tratar aquello que el país ya construyó. Porque la paz no tendría que cambiar de dueño cada cuatro años; debería sembrarse en los territorios para que sea cosechada en el futuro de las comunidades, no de los políticos.

David Luquetta, antropólogo y doctor en ciencias sociales.

Educación para la Paz como una política pública para el 2030

Comparte este contenido:

Educación superior en crisis: Paraguay retrocede en rankings internacionales

La inversión en ciencia apenas llega al 0,14% del PIB nacional. La Universidad Nacional de Asunción lidera la lista local pero ocupa puestos marginales a nivel mundial.

La educación universitaria en Paraguay enfrenta un panorama crítico. El país registra apenas 142 investigadores por cada millón de habitantes. Esta cifra resulta ínfima frente al promedio mundial de 1.521. Además, la inversión en investigación y desarrollo alcanza solo el 0,14% del Producto Interno Bruto (PIB).

Según el Ranking Scimago 2024, la Universidad Nacional de Asunción (UNA) sitúa su nombre en el puesto 6.952 a nivel global. En el ámbito de Latinoamérica, la institución ocupa la posición 280. Por su parte, el ranking Nature Index (2023-2024) posiciona a la UNA en el lugar 6.307 del mundo. En esta misma medición destaca la Universidad Nacional de Concepción, la cual lidera el área de ciencias clínicas en el país.

La crisis académica también afecta la graduación de los alumnos. En la Facultad de Ingeniería de la UNA (FIUNA), solo el 19,05% de los estudiantes termina la carrera en un plazo razonable. Muchos jóvenes demoran hasta 11 años para obtener el título.

Este escenario de debilidad institucional coincide con reveses en la calidad internacional. El Sistema de Acreditación Regional de Carreras Universitarias (Arcu-Sur) —mecanismo oficial del MERCOSUR— valida estándares de excelencia en la región. En mayo de 2026, la Resolución N.º 142 de la ANEAES confirmó una noticia negativa: la carrera de Ingeniería Civil de la FIUNA ya no cuenta con esta acreditación regional. Este rechazo refleja los problemas estructurales que frenan el avance de la tecnología paraguaya.

https://www.hoy.com.py/nacionales/2026/05/31/educacion-superior-en-crisis-paraguay-retrocede-en-rankings-internacionales

Comparte este contenido:

La migración cognitiva en los estudios de movilidad: Un debate necesario

Por: Luis Bonilla-Molina/Luz Palomino Mayorga

Resumen

Las migraciones son un campo de estudio que ha adquirido especial relevancia en el marco del capitalismo como sistema mundo. Así como el capitalismo no es una inteligencia centralizada, su naturaleza es altamente sensible a la innovación, sufriendo adaptaciones en cada una de las revoluciones industriales. Estas adaptaciones han impactado a las dinámicas migratorias, como parte estructural y funcional a su metabolismo. El desplazamiento corporal entre territorios por parte de capas de la población, especialmente en los periodos Taylorista y Fordista -extendidas al presente-, generó dinámicas de control biopolítico y explotación que han sido ampliamente estudiadas por la teoría migratoria. La llegada de la tercera revolución industrial y la apertura del periodo posfordista, a partir del auge de lo digital-virtual ha producido el emerger de nuevas formas de dominación, control, acumulación, explotación y reproducción. La sustitución de la centralidad fabril por la metrópolis y la sociedad como fábrica ampliada, y la centralidad del obrero social como sujeto político que expande la concepción de proletariado industrial, han dado origen al cognitariado y el precariado, la producción de mercancías inmateriales basadas en la apropiación de subjetividades, emociones, la captura de datos y flujos de información, que han hecho aparecer nuevas dinámicas de trabajo, riqueza y plusvalía. En ese contexto, el capitalismo cognitivo está produciendo formas de migración que exceden las concepciones clásicas de movilidad corporal, las cuales subsisten y se solapan con las formas clásicas de migración. El propósito de este trabajo es explorar la migración cognitiva como nuevo campo de estudio de la teoría migratoria, para lo cual resulta de especial interés la producción intelectual de la escuela operaria y el posoperaismo, así como las distinciones entre capitalismo digital y capitalismo cognitivo, tecnofeudalismo y capitalismo renovado, las teorías del lenguaje y la comunicación como valor y el impacto de la internacionalización educativa en este reacomodo.  Se trata de estudiar las nuevas formas de apropiación del trabajo vivo -incluida la migración- que ocurren a partir de la aceleración de la innovación digital-virtual en el marco del capitalismo cognitivo.

Palabras claves:  migración cognitiva – trabajo vivo – biopolítica — lenguaje, emociones y subjetividades – sedentarismo corporal  — trabajo en el capitalismo cognitivo/digital

Introducción

En la teoría clásica de las migraciones el desplazamiento corporal tiene una centralidad importante. Para Ravenstein (1885;1889), la migración es un proceso de redistribución espacial de la población, derivado de desigualdades económicas, que se estructura con patrones regulares o “leyes migratorias”, introduciendo los factores de atracción—repulsión —push-pull— que toman cuerpo en regularidades empíricas como dirección, distancia, género, profesión u oficio, entre otras. Décadas después, Everett Lee (1966), explica la migración como resultante de la interacción entre factores de expulsión, atracción, destacando los obstáculos intervinientes (distancia, costos, leyes migratorias, idioma, reconocimiento de estudios), a partir del concepto de selectividad migratoria (edad, educación, género, aspiraciones), con una visión dinámica que incorpora los factores subjetivos (positivos, negativos, neutros), medios y características individuales, formalizando el modelo push-pull, valorando el peso de las decisiones individuales. Serían Gino Germani (1971) y Wilbur Zelinsky (1971) quienes enfatizarían la relación entre migración y modernización capitalista, abordando etapas históricas de movilidad, al valorar la migración como un proceso transicional mediado por relaciones estructurales como el crecimiento socioeconómico, propio del desarrollo desigual y combinado (NOVACK, 1974) del capitalismo tardío (MANDEL,2023). Estas premisas empalmarían con los trabajos de Harris y Todaro (1970) centrado en el modelo económico de migración rural-urbana —propios de la perspectiva marxista de oposición ciudad/campo en el capitalismo— introduciendo el empleo y la precarización laboral como  variables estructurales. Siempre serían cuerpos desplazándose.

Esto facilitaría el encuentro entre las perspectivas sociológicas y demográficas, como lo evidencian los trabajos de Joaquín Arango (2007) —desplazamiento con cambio de residencia significativo y cierta permanencia— y Simmons (1991) —cambios en residencia, mercado laboral y relaciones sociales—cuya influencia sigue marcando a una parte importante de la reflexión migratoria. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM, 2019) incluso va más allá, al entender a los migrantes como personas que se desplazan fuera de su residencia habitual, independientemente de la causa o estatus. El desplazamiento corporal continúa teniendo especial centralidad.

Los enfoques críticos en los inicios del posfordismo, si bien generan un giro epistemológico — crítica al reduccionismo económico —mantienen la idea de cuerpos en desplazamiento, como lo evidencian los trabajos de Massey (1993) que integran los niveles micro, meso y macro para desarrollar su tesis de redes migratorias y causación acumulativa. Por su parte, Stephen Castles y Mark Miller (2009) ampliaría el horizonte al incorporar el impacto generacional y los vínculos institucionales que se generan. Luego vendrían los estudios interseccionales que mantendrían el encuadre de movilidad corporal.

Nuestra perspectiva evoluciona a partir de los aportes de Inmanuel Wallerstein (2004) — sistema mundo capitalista y división centro-periferia— y muy especialmente las ideas de Marx (2011) respecto a la influencia del desarrollo tecnológico en la organización social. Así como el fuego marcó un antes y después en la civilización, lo digital marca un giro copernicano en la estructura económica, política y social de los cuales, con la Inteligencia Artificial solo estamos viendo la punta del iceberg (Kurzweil,2024). Sin embargo, cuando avanzamos en el estudio del posfordismo y la migración, comprendemos que la perspectiva centro—periferia pierde centralidad y que el marxismo necesita ampliarse para comprender la complejidad económico-social-cultural-laboral propia del inicio de la transición entre tercera y cuarta revolución industrial (radicalidad posfordista).

Los aportes de Alejandro Portes (1997) —migrantes que mantienen vínculos simultáneos entre países—, Nina Glick Schiller (1992) — redes sociales que atraviesan fronteras nacionales—, Hein de Haas (2021) —impacto de las políticas globales en la migración—nos permitieron ampliar el horizonte, al punto de problematizar los límites del concepto migratorio clásico, que circunscriben las dinámicas de movilidad al desplazamiento de cuerpos, en medio de una creciente influencia de lo digital—virtual deslocalizado—desterritorializado en el mundo del trabajo, el afecto y las relaciones sociales posfordistas. Esto implica, entender la migración en su relación con las revoluciones industriales en el marco del capitalismo, subrayando que el mercado no se desarrolla de manera lineal ni homogénea en todos los lugares, siendo el posfordismo el detonante de nuevas formas de sociabilidad, trabajo, aprendizaje y de aproximación a otros territorios distintos al que se habita en términos corporales. El posfordismo inicia un peligroso proceso de disociación masiva entre cuerpo y mente, de lo cual el scroll digital es solo una de sus expresiones.

La evidencia empírica —y la propia experiencia académica de los autores— nos ha colocado en la disyuntiva de entender y explicar el hecho de vivir en un lugar —tradicional o como resultado de desplazamiento corporal migratorio— desde el cual, ahora, se tiene que trabajar de manera virtual, en tres o cinco países durante el breve periodo de veinticuatro horas, con distintos patrones y leyes de empleo digital, teniendo que adaptarse a cada uno de ellos. Esto comporta no solo aprender culturas sociales y organizacionales diferenciadas, sino saltar entre ellas en un breve espacio temporal, teniendo que adaptar comportamientos y desempeños, con un gran componente cognitivo de movilidad mientras el sedentarismo corporal se hace creciente.

Advertimos que no pretendemos decir que las migraciones que implican desplazamiento físico han desaparecido o perdido su valor de estudio, sino destacar que se están dando nuevos fenómenos migratorios que exceden la tradición conceptual—interpretativa, los cuales deben ser estudiados, analizados y comprendidos. Ambos fenómenos coexisten y muchas veces se entrecruzan o solapan, destacando la importancia de actualización permanente de los estudios migratorios.

Producción, innovación tecnológica y migración

Desde el punto de vista de la gestión de la producción, el capitalismo industrial ha tenido cuatro grandes momentos. El primero de expansión y empirista, entre 1760—1910, el segundo el taylorista entre 1910—1930, el tercero el fordista entre 1930 y mediados de los setenta, y el cuarto el posfordismo desde mediados de los setenta hasta el presente. Estos no son periodos estancos, que cortan e invalidan los otros momentos, desarrollándose de manera desigual y combinada (NOVACK; 1974) en las distintas regiones y entre países. Incluso, en la égida posfordista aún subsisten de manera relevante dinámicas fordistas o tayloristas en algunos países y territorios, eso sí en línea de convergencia hacia el modelo hegemónico. La innovación científico—tecnológica juega un papel central en estas dinámicas (especialmente lo digital—virtual), junto a la globalización neoliberal y la financiarización de la economía.

El postfordismo es el resultado de las tensiones de la lucha de clases a partir de la tercera revolución industrial, la tendencia creciente a la automatización, la crisis de sobreproducción (saturación del mercado, cambios en los patrones de consumo, inflación, crisis del petróleo) con caída del consumo, pero sobre todo, es una adaptación del capitalismo —producción, reproducción, explotación y acumulación — a la inusitada aceleración de la innovación, así como la acumulación exitosa de mecanismos de lucha de la clase trabajadora en el fordismo.

El término posfordismo surge de los debates sobre la caracterización del fordismo (Gramsci, Cuadernos de la Cárcel, 1934), así como los planteamientos de la Escuela de la Regulación Francesa respecto a la crisis del fordismo (AGLIETTA,  M; 1979) y se profundiza con las discusiones sobre los efectos de la regulación en la acumulación, expuestos en lo trabajos de BOYER (2001) — crisis del fordismo, transformación hacia nuevas formas de acumulación—, así como las reflexiones de JESSOP (1991) —condensación de relaciones sociales, el Estado como configurador de las condiciones de acumulación— y LIPIETZ (1993) – paso del fordismo al posfordismo, regulación internacional, división internacional del trabajo—;  mientras que en otros círculos marxistas, neomarxistas y posmarxistas el posfordismo se introduce con fuerza al analizar las transformaciones del capitalismo tardío, esfuerzo en cual juega un papel central la Revista Marxism Today.

La escuela operaria italiana, posfordismo y migraciones

La llamada Escuela Operaria Italiana (operaismo), surgió en las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo XX en Italia, como corriente marxista heterodoxa, cuyos aportes y debates que llevaron a su evolución, son de singular importancia para nuestra comprensión de nuevas formas de migración que incluyen la migración cognitiva.

Los aportes de Ranierio Panzieri (1931—1964), especialmente con los artículos “los usos socialistas de la investigación obrera” (1961) y su “Tesis sobre el control obrero” (1961) le impondrían un sello metodológico a esta escuela fundando los Quaderno Rossi (1959—1964) e introduciendo la metodología de encuesta obrera. Por su parte, Mario Tronti (1931—2023), autor de “Operari e Capitale” (1966) y fundador de la Revista Classe Operaria (1964—1967), propondría la teoría de la clase en conflicto activoautonomía política de la clase obrera y criticaría el papel de los partidos comunistas, aspectos centrales para comprender las nuevas opresiones y abordar el posfordismo. Finalmente, Sergio Bologna desarrollaría el concepto de trabajo autónomo, composición de clase avanzada, ruptura con el obrero masa—fordista (1977; 2006), sustanciales para nuestra perspectiva de los estudios migratorios.

El surgimiento de esta escuela es importante, porque ocurre en la convergencia de dos elementos sustantivos para las dinámicas migratorias: la llegada y expansión de la tercera revolución industrial, y el fin del periodo fordista. En este sentido, resulta significativo el diálogo que sostiene Brett Neilson (2013) con el operaismo en materia de migraciones.

Esta escuela operaria invierte la lógica del análisis clásico marxista, señalando que no es el capital el que organiza al trabajo, sino las luchas obreras las que obligan al capital a transformarse. En esta perspectiva, las luchas de la clase trabajadora en el periodo de gestión fabril empirista obligaron a las clases dominantes a implementar el taylorismo como modelo de organización del trabajo, así como las formas de lucha de los trabajadores en el contexto de la revolución bolchevique resultaron ser uno de los elementos que facilitaron el arranque y despliegue del periodo fordista. En consecuencia, el posfordismo, el trabajo inmaterial y la movilidad laboral (incluida las migraciones) constituyen respuestas del capital a las luchas que escenifica el trabajo vivo en el periodo de las posguerras mundiales. Es más fácil controlar a los trabajadores si la producción se limita a lo que se requiere (Justo a Tiempo), se externaliza y terciariza una parte importante de la producción de mercancías para disminuir el peso del encargo social (outsourcing),  a partir de las experiencias de explotación/acumulación exitosas (benchmarking) y la precarización se justifica con los modelos de mejora continua (calidad total), que van facilitando que las antiguas corporalidades laborales se distancien, aunque su fuerza productiva, ya sea desconcentrada y deslocalizada, física o cognitiva, haga sinergia y link entre la producción de mercancías inmateriales y materiales.

En Operai e Capitale (1966) Mario Tronti coloca como elementos centrales de análisis el Trabajo vivo, las formas como el capital reacciona a la autonomía obrera y la fábrica como lugar del conflicto político. En ese sentido, las migraciones  son asumidas como mecanismos de disciplinamiento salarial y respuestas a la conflictividad en los centros de trabajo. El migrante aparece como un trabajador desarraigado, más fácil de explotar.

Para Tronti, el trabajo vivo es una actividad humana concreta, construcción social, por lo tanto colectiva, que produce valor, pero que no se agota en el capital, porque es movimiento, subjetividad, conflicto y potencia política. Esta mirada resultaría de gran relevancia para entender las implicaciones del paso del fordismo al posfordismo, tanto en el trabajo como en las dinámicas migratorias.

Raniero Panzeri (1972) enfatiza en el cuestionamiento a la supuesta neutralidad de la tecnología, destacando que la maquinaria incorpora relaciones de poder que no siempre se explicitan. En consecuencia, la migración laboral acompaña la reorganización tecnológica, y el trabajador migrante es integrado como fuerza de trabajo subordinada a la racionalidad técnica del capital.

El pos—operaismo

Como resultado de la crisis del operaismo a finales de los sesenta y en los setenta, del siglo veinte, surgió el pos—operaismo o autonomismo marxista, a partir del llamado Otoño Caliente (1969), la represión estatal y disolución de Potere Operario en Italia. La ideal central de esta escuela es que el obrero—masa industrial se desplaza hacia el trabajo inmaterial, el capitalismo cognitivo, la biopolítica y la multitud como estructura social difusa. Sus teóricos desarrollan la noción de posfordismo como forma de acumulación centrada en trabajo cognitivo e industrias flexibles (VIRNO, P.; 2001), trabajo inmaterial y capitalismo cognitivo (LAZZARATO, M;1997) de primer orden para desarrollar la noción de cognitariado y trabajar las migraciones cognitivas.

Pero serían los trabajos de Antonio Negri (1979;2020) los que le darían un sello al posoperaismo, al destacar la crisis del fordismo, el emerger del obrero social y la autonomía del trabajo respecto a la fábrica. Para Negri, la ciudad se convierte en la fuente de la producción y el consumo interactuando, haciendo que la vieja fábrica industrial no tenga la centralidad en la reproducción social que tenía hasta ahora en el fordismo. En el campo de las migraciones esto implica una comprensión de la movilidad del trabajo vivo, al formar parte el migrante del obrero social, así como de las respuestas del capital que fomentan la precarización, la segmentación jurídica y el control de fronteras. El trabajo productivo que permite la acumulación del capital deja de estar localizado en la fábrica industrial, convirtiendo a la sociedad en la fábrica productiva por excelencia.

Por su parte, Sergio Bologna (2006) enfatiza en la crisis del empleo estable, y las formas de dominación y control que toman el trabajo autónomo y precarizado. Al apoyarse el posfordismo en la movilidad permanente de la población —migraciones en sentido amplio— obligada a disputar un lugar en las nuevas formas de gestionar el trabajo, se crea la figura de trabajo autónomo forzado, caracterizado por elementos como la normalización de la subcontratación, elementos relevantes en la migración cognitiva.

Surge entonces un debate sobre nuevas tipologías de mercancías y el trabajo inmaterialMaurizzio Lazzarato (1997) aporta la idea que la producción de conocimiento, afectos y comunicación están dando origen a formas de trabajo que van más allá del trabajo material. Por su parte, Christian Marazzi (2009) aborda la centralidad del lenguaje y la comunicación en las nuevas formas de acumulación, trabajo inmaterial y reproducción ampliada del capital.

El trabajo inmaterial se refiere a las formas de trabajo posfordista que no producen objetos físicos tangibles —al estilo de la fábrica industrial— sino mercancías intangibles que involucran conocimiento, comunicación, emociones y relaciones sociales, que se presentan como informaciónservicios —no existentes en los periodos empírico, taylorista y fordista o redefinidas en esta nueva fase—  y experiencias.  Se trata de un trabajo que produce subjetividades (Lazzarato;1997), identidadesafectosestilos de vida y formas de relación, además de convertir al lenguaje en mercancía de amplia circulación (Marazzi, 2009). El obrero social no solo fabrica “cosas” sino que fabrica al trabajador mismo a través de su labor, comunicación y emociones, y la sociedad en su conjunto se ha convertido en una fábrica posfordista.

Aquí surge otra novedad, la tendencia a la expansión del trabajo no remunerado sobre el remunerado, en la lógica de acumulación capitalista. La llegada del internet, los buscadores web y las redes sociales creó la necesidad de una materia prima, los datos y la circulación informacional, que se produce, extrae y estratifica mediante el uso masivo no remunerado en estas plataformas digitales, presentado como momentos de ocio, disfrute y diversión para legitimar su no remuneración. Millones de seres humanos conectados a la internet y las redes sociales producen datos e información, trabajando al unísono, creyendo que están en modo ocio. La obtención de datos permite optimizar los modelos de Justo a Tiempo, Outsourcing, Benchmarking y Calidad Total, redireccionando no solo la producción sino el consumo, gestionando la creación de necesidades. El trabajo remunerado en este esquema digital—virtual pasa a ser el mínimo necesario para mantener la estructura funcional y garantizar su orientación a los fines del capital; esto explica en buena medida los niveles de acumulación de ganancia de la industria tecnológica. En esa perspectiva la migración cognitiva aparece como nuevo fenómeno, que potencia la acumulación limitando el impacto de los modelos clásicos de movilidad corporal.

Esto adquiere especial relevancia cuando analizamos el trabajo de los migrantes, especialmente  en las llamadas economías creativas, la gig economy (Uber, Deliveroo), donde participa en labores de plataformas, servicios y trabajo inmaterial precario y deslocalizado. Estas economías creativas adquieren dinámicas trasnacionales que fomentan la internacionalización del modelo. El capital, en este contexto, gestiona la movilidad como recurso productivo y producción diferencial de ciudadanía.

Posteriormente, Lazzarato trabajaría la formación y fractura del Estado, guerra civil nacional y Estado, y el estado de guerra civil mundial (2019), en la cual la migración es el resultado de la conmoción continuada producto de la decadencia del modelo de organización del poder propio del Tratado de Westfalia. Para Berardi (2017;2023; 2025) esto es sintomático de la superación de la democracia como sistema político ideal de la burguesía, propio del periodo liberal, paradigma disminuido en la égida neoliberal, amenazado de ser sustituido por formas autoritarias de gobernanza en el iliberalismo.

Paolo Virno (2001) amplía los elementos del posfordismo a la crisis del Estado, con la desaparición de la noción de pueblo — consenso mínimo — y el resurgimiento de la categoría multitud, la irrupción del General Intellect y el lenguaje como fuerza productiva. En Virno (2001) la migración revela el carácter nómada del trabajo vivo en el posfordismo, afectado por la fractura del Estado, la pluralidad inmanente a las multitudes y el Estado de guerra civil mundial (Lazzarato, 2019).

Por eso, para Sandro Mezzadra (2001;2013) el capital no bloquea la migración, sino que la modula, la segmenta, porque la mano de obra diferenciada constituye una ilegalidad funcional, como acto de autonomía del trabajo. Esto no ocurre sin resistencias, contradicciones y conflictos, en todo el espectro de las clases sociales; mientras los trabajadores de plataformas luchan porque se le reconozcan sus derechos y formas de organización sindical propias del periodo fordista, las burguesías pujan por eliminar los residuos del Estado de Bienestar, especialmente los derechos adquiridos, contrataciones colectivas, modelos integrales de seguridad social y la elevación de la edad de jubilación. Lejos de desaparecer la lucha de clases, adquiere nuevas formas y expresiones en el posfordismo y en el medio se amplían los modelos migratorios funcionales a la reproducción y acumulación del capital, dando paso al surgimiento de la migración cognitiva.

Incluso en el periodo iliberal que encarna la segunda presidencia de Donald Trump con su “cierre de fronteras”, “expulsión de la migración” y declaración de que la “era de las migraciones llegó a su fin”, eso genera conflictos con las burguesías nacionales norteamericanas, especialmente las sureñas que ven amenazada su producción porque los locales no están dispuestos a cubrir las vacantes de trabajo material repetitivo. Pero la expulsión física de los migrantes no elimina los puestos de trabajo inmaterial, sino que profundiza las condiciones de precariedad laboral en las que se produce. Sin embargo, Mezzadra no cierra el círculo del análisis del capitalismo cognitivo en el plano de las migraciones, dejando pendiente el análisis de las migraciones cognitivas.

En el tránsito de la tercera a la cuarta revolución industrial, la diferencia entre trabajo material e inmaterial se hace cada vez más evidente. Ambos existen, pero con tendencia al creciente impacto del segundo por la automatización, robotización, uso masivo de inteligencia artificial y manejo de datos. Eso agudiza el control fronterizo selectivo (Neilson, 2013) en la fábrica ampliada que se ha convertido el mundo, mientras unos tienen que desplazarse de territorio para trabajar, otros pueden laborar para otros territorios -en plural- desde el propio lugar habitual de residencia, en modelos migratorios combinados, ya sea de maquila o cognitivos. El capitalismo neoliberal necesita sujetos móviles, parciales y desiguales, donde la ciudadanía se convierte en un instrumento de trabajo regular y su negación en desregulación (trabajo esclavo). Brett Neilson intenta actualizar la escuela operaria llevando la fábrica a la noción de frontera, el obrero masa al migrante precarizado, la logística posfordista a nuevos niveles de autonomía del trabajo vivo.

En ese contexto llega la cuarta revolución industrial, la inteligencia artificial y el análisis de metadatos, con el discurso iliberal que construye una narrativa del migrante como el salvaje anti—civilización, peligro para la normalidad social, engendro que encarna no solo la antítesis del éxito, sino que coloca en riesgo su logro por parte del no-civilizado. Entonces ¿realmente se acabaron las migraciones? ¿el capitalismo cambió su naturaleza en este sentido? ¿o tenemos que ver las nuevas formas que toma la migración en tiempos de aceleración de la innovación?

Régimen predictivo, sedentarismo corporal y migración cognitiva

El desarrollo desigual y combinado (NOVACK; 1974) del capitalismo tardío (MANDEL, 2023) hace que sobrevivan varios mundos en un mismo tiempo histórico. Las dos primeras revoluciones industriales trajeron la ilusión de desarrollo y cubrimiento de las necesidades básicas —agua potable, electricidad— para toda la población del mundo. Pero, en 2022 había 685 millones de personas sin acceso a la electricidad, un aumento de 10 millones respecto al año anterior, siendo África subsahariana la región que concentra el 80% de ese déficit mundial (AIE; IRENA; UNSD; World Bank; OMS; 2025). Ese mismo año, se registraron dos mil millones de personas —el 26% de la población mundial— carentes de agua potable gestionada de forma segura (UNESCO, 2023), con 2,1 millones que no cuentan con servicios básicos de agua potable (OMS; UNICEF, 2025). Ello, a pesar de la llegada de la informática y la robótica —tercera revolución industrial—  las redes sociales, internet y los metadatos de la cuarta revolución industrial. Solo el uso diario de inteligencias artificiales como ChatGpt, Gemini, Grook o DeepSeck, hacen un uso descomunal de electricidad y agua. Estudios (Business Energy UK, 2025; IEEE Spectrum, 2025; Epoch AI, 2025; Google Cloud Blog, 2025; NPR & otros reports locales; 2024—2025; Estudios en arXiv y reportes de DeepSeek, 2025) muestran que, por ejemplo, ChatGpt con 2.5 mil millones de consultas diarias consume 148—150 millones de litros de agua y 40—47 millones de kwh de electricidad, Grook para el funcionamiento diario de su data center en Memphis consume 1—5 millones de galones de agua para su enfriamiento. Es decir, el uso de la tecnología de punta refleja las desigualdades en el acceso para cubrir las necesidades básicas de millones de seres humanos. Ese es el desarrollo desigual y combinado del capitalismo tardío. Esto se refleja en las migraciones, que pueden ser simultáneamente dinámicas propias de la dos primeras revoluciones industriales, la tercera o cuarta revolución industrial. En este punto nos concentraremos en el modelo de migraciones de la cuarta revolución industrial.

Una parte de los estudios posfordistas en su impacto en la compresión de las migraciones, exigen analizar lo digital—virtual como campo de expresión de inusitadas maneras de migrar, fenómeno que apenas comienza a ser visualizado. Se trata de lo que denominamos como migración cognitiva.  Veamos de que se trata.

El desplazamiento del trabajo vivo de la fábrica a la metrópolis (NEGRI; 2020), reconfiguraron la forma de entender la producción y la inserción de la migración, trayendo nuevas categorías como cognitariado y precariado. Insistimos, lo nuevo no suprime lo tradicional, sino que construye una dialéctica que es necesario comprender para estudiar las dinámicas migratorias.

La Teoría del Capitalismo Cognitivo es sustancial en los debates del operaismo y posoperaismo italiano. Yann Moulier—Boutang es reconocido como uno de los principales formuladores del término, postulándolo como expresión de una nueva fase del capitalismo.

El capitalismo cognitivo es un régimen de acumulación en el cual el conocimiento, la innovación y la cooperación social se convierten en las principales fuentes de valor, sustituyendo progresivamente a la centralidad del trabajo industrial material (MOULIER—BOUTANG, 2007, p. 33)

Para MOULIER—BOUTANG (2007) el conocimiento es un bien no rival, cuyo uso por parte de un sujeto no impide su uso simultáneo por parte de otros —característica opuesta a los bienes materiales—  haciendo que el conocimiento pueda reproducirse y circular sin agotarse. Esta condición  tensiona la lógica estructural clásica del capitalismo, el mercado y la circulación de mercancías, que necesita escasez para valorizar. Esa es la razón por la cual el conocimiento no sea aún reconocido jurídicamente como cualquier otra mercancía clásica, porque ello demandaría normas legales y políticas especiales y específicas, pero ello no impide su concreción en los procesos de trabajo y acumulación. Sin embargo, fenómenos crecientes como la bibliometría académica y los rankings apuntan a construir hegemonía cultural y social para avanzar en esa dirección.

Por otra parte, dado que el conocimiento es por naturaleza común, tiene un carácter expansivo y cooperativo, el capitalismo se ve forzado a crear mecanismos artificiales de apropiación privada para permitir la captura de valor, proceso que para Moulier—Boutang se constituye en una privatización intencionada de carácter institucional y jurídica. Estos dispositivos, paradójicamente frenan la innovación, no crean conocimiento, restringen la circulación de novedades e intentan convertir un bien común en fuente de renta. La burguesía necesita controlar los flujos de innovación para poder garantizar la captura de la ganancia, lo cual potencia la contradicción entre innovación y reproducción ampliada. Al intentar controlar estos flujos de innovación el capital crea mecanismos institucionales que desaceleran la producción de innovación, pero eso no evita que por los márgenes o fuera de ellos, la innovación siga un curso que potencia las contradicciones inter capitalistas por su control. Esto se expresa en fenómenos como las idas y vueltas en políticas públicas educativas sobre la lectura física—analógica versus la lectura digital, que vemos cada cierto tiempo en formas de compras masivas de equipos de conexión con fines educativos por parte de gobiernos que luego son reorientadas hacia la lectura en libros, o trabajo en aulas sin dispositivos algorítmicos; ello refleja pujas por el control de la ganancia derivada de la innovación y no diferencias estratégicas de orientación porque quienes las encarnan son factores ideológicos pertenecientes al espectro del estatus quo del sistema, no fuerzas antisistema. Otro ejemplo, es la bibliometría universitaria, montada sobre dispositivos de reconocimiento que demandan citas de fuentes para sustentar ideas y propuestas, que por la complejidad de su reconocimiento y circulación, terminan promoviendo la reproducción más que la producción de lo nuevo, la tradición por encima de la innovación. Cómo cuesta que la academia acepte ideas nuevas, si estas no son la ampliación de formulaciones engendradas por otros y masificadas en los sistemas de indexación que marchan a la velocidad de las dos primeras revoluciones industriales, creando un sin sentido, una especie de Mito de Sisifo renovado.

Las nuevas formas de migración y la informalidad laboral adquieren especial centralidad en el posfordismo. El capital tecnológico y de la innovación necesita promoverlas para escapar de los controles que frenan la aceleración de la innovación. Surge la necesidad de la migración cognitiva como expresión de esta realidad, pero también abre puertas a ideas extravagantes como las propuestas de virtualización total de los sistemas escolares, para potenciar la captura de presupuestos y excedentes usados en la agenda social.

Esta dinámica se aprecia con las políticas de internacionalización universitaria orientadas a la bibliometría, la acreditación para el aseguramiento de la calidad, los rankings o clasificaciones, los modelos de movilidad académica y reconocimiento de estudios formulados a partir del Proceso de Bolonia, que han entrado en una especie de dinámica de Uróboro donde la repetición y la tradición, revestidas de gramática nueva, en realidad impiden la ampliación de la innovación.

Se genera un desplazamiento de la explotación hacia la captura de externalidades sociales. Para MOULIER—BOUTANG (2007) en el capitalismo cognitivo la explotación ya no se basa principalmente en la extracción de plusvalía dentro del tiempo de trabajo medidosino en la captura de esas externalidades producidas por la cooperación social. Estas externalidades se expresan en lenguaje, cultura, redes sociales, innovación colectiva, afectos y comunicación.  Si bien el capital no organiza directamente estas actividades, como en el modelo fabril, se apropia de sus resultados convirtiéndolos en valor económico mediante plataformas —al estilo del trabajo no remunerado como scroll digital masivo por parte de usuarios o  la monetización marginal en TikTok— marcas y derechos de propiedad intelectual (que actúan como imposición artificial de escasez).

La idea de capitalismo cognitivo tiene un impacto directo en los estudios migratorios y la noción de migración cognitiva que ampliaremos más adelante. Los estudios migratorios son increpados para superar la visión clásica del trabajo material del migrante y los conceptos de mano de obra calificada, incorporando términos y conceptos como migraciones altamente calificadas, circulación de saberes, migración académica y científica, trabajadores digitales y de plataformas, nómada digital, entre otras.

Otro elemento novedoso es la migración como infraestructura del conocimiento global, que hace que los países centrales importen fuerza de trabajo cognitiva ya formada, como mecanismo de externalización de los costos en materia de educación, salud y reproducción social. En este sentido, al capitalismo centrado en plataformas y lo virtual—digital como eje de acumulación, le resulta “más económica” la migración cognitiva trasnacional que la migración solo de cuerpos de un territorio a otro; la migración cognitiva eleva exponencialmente la desterritorialización facilitando la sobre explotación laboral.

En la lógica de HARVEY (2004), “la movilidad del trabajo cognitivo constituye una forma de acumulación por desposesión del conocimiento producido en otros territorios” (MOULIER—BOUTANG, 2007, p. 141). De igual manera, adquiere relevancia para los estudios migratorios la precarización y segmentación del migrante cognitivo en contextos de frontera productiva (MEZZADRA y NEILSON;2001;2013) y subjetivación (LAZZARATO;1997), así como la “reorganización de las relaciones centro—periferia en torno al control del conocimiento y de los derechos de propiedad intelectual” (VERCELLONE, 2007, p.27).

En ese sentido, en el capitalismo cognitivo la migración no es solo efecto del subdesarrollo, sino una condición estructural de la acumulación contemporánea, en la cual el conocimiento que es producido socialmente es apropiado de manera privada. En este contexto, la movilidad cognitiva se convierte en un recurso productivo de carácter estratégico.

Esto postula diferencias con el trabajo material o clásico. El concepto de Trabajo Inmaterial plantea que se entiende como “la actividad que produce el contenido informacional del mercado” (LAZZARATO, 1997, p. 18), “no solo mercancías, sino también subjetividades, relaciones sociales y formas de vida” (LAZZARATO, 1997, p.20). Para Negri y Hardt (2001) el trabajo inmaterial es biopolítico, mecanismo para producir directamente lo social y se expande más allá del espacio de la fábrica.

En consecuencia, “el trabajo inmaterial se torna en el principal productor de valor en el capitalismo cognitivo, aunque todavía su medición escape de las categorías clásicas de tiempo de trabajo” (MOULIER—BOUTANG, 2007, p.45), conectando trabajo inmaterial con conocimiento común y captura de externalidades sociales. El sujeto del trabajo inmaterial es el cognitariado.

En la Teoría Crítica de la Internacionalización Universitaria el cosmopolitismo (POPKEWITZ;2009) y el reordenamiento de prioridades educativas del capitalismo en cada revolución industrial resultan fundamentales. Así la migración calificada —académica y estudiantil— aparece modulada por las políticas de internacionalización hegemónicas (BONILLA—MOLINA, L. et al, 2025).  Esto adquiere especial relación con el cognitariado como categoría analítica.

El término cognitariado es acuñado en Europa a finales de la década de 1990 e inicios del siglo XXI en el contexto de los debates sobre el ocaso del fordismo, la expansión del posfordismo, el capitalismo cognitivo, y la centralidad del conocimiento, la información y la comunicación en la producción de valor. Estas discusiones fueron marcadas por la influencia del operaismo y posoperaismo italiano, la economía política marxista crítica y los estudios sobre trabajo inmaterial.  Yan Moulier—Boutang es considerado como el principal teórico del cognitariado, al articular el término a la teoría del capitalismo cognitivo.

El cognitariado designa a la nueva clase trabajadora cuya principal fuerza productiva es el conocimiento, la creatividad y la cooperación social, sometida a formas renovadas de explotación y precarización (MOULIER—BOUTANG, 2007, p.83)

Es decir, el cognitariado pasa a ser el proletariado del conocimiento, compuesto por trabajadores cognitivos, comunicacionales y afectivos, quienes laboran en situaciones de precariedad, flexibilización y marcos globalizados que trascienden los antiguos conceptos de fronteras nacionales.

Negri y Hardt (2001) amplían el concepto al señalar que “trabajo inmaterial produce no solo mercancías, sino relaciones sociales, lenguajes y formas de vida” (HARDT; NEGRI; 2001, p. 290). Es decir, el cognitariado es la expresión concreta de la multitud productiva, el sujeto del general intellect marxista adaptado a la nueva realidad concreta del posfordismo y la cuarta revolución industrial. Por su parte, Maurizio Lazzarato (1997) aporta en la comprensión del contenido del trabajo del cognitariado al señalar que “el trabajo inmaterial implica la producción de subjetividad y de cooperación social (LAZZARATO, 1997, P. 18), siendo un productor de valor más allá de los límites de la fábrica y la propia metrópoli delimitada por fronteras, cuya sociabilidad está marcada por su integración a redes globales de información.  Carlo Vercellone profundiza en la dimensión económica del término al puntualizar que “en el capitalismo cognitivo, el conocimiento deviene en la principal fuerza productiva, desplazando al tiempo de trabajo abstracto como medida exclusiva de valor” (VERCELLONE, 2007, P. 15).

El concepto de cognitariado tiene un impacto directo en los estudios migratorios, especialmente al desplazar el foco clásico de la migración laboral, más allá del encuadramiento industrial productivo y las nociones de mano de obra barata, incluyendo la migración altamente calificada, la circulación de talentos, la movilidad académica y los trabajadores de plataformas digitales.  La migración se torna constitutiva de la producción cognitiva, e incluye formatos intermitentes de desplazamiento y sedentarismo corporal.

Desde la perspectiva de los estudios del cognitariado, los Estados centrales atraen trabajo cognitivo ya formado, externalizando los costos de educación, formación especializada y reproducción social. Insistimos, en este sentido, “la movilidad del cognitariado es una forma de acumulación por desposesión del conocimiento” (MOULIER—BOUTANG, 2007, p. 141).

El cognitariado migrante se enfrenta a visas temporales —incluidas las de nómadas digitales— reconocimiento desigual de títulos, ciudadanía limitada. En el caso de desplazamiento físico, la frontera  opera como filtro de cualificación y dispositivo de control salarial, en concordancia con las ideas de fronteras productivas de Mezzadra y Neilson, así como de la subjetivación de Lazzarato. Desde la teoría crítica este fenómeno migratorio aparece como fuga de cerebros y circulación desigual de saberes, ya que “el capitalismo cognitivo reorganiza la dependencia en torno al control del conocimiento” (VERCELLONE, 2007, p.27).

En el caso de la migración cognitiva con sedentarismo corporal, esto multiplica las posibilidades de precarización laboral multifactorial, debido a los desarrollos desiguales de normativas jurídicas entre los países en los cuales se trabaja de manera virtual-digital, la inexistencia de marcos jurídicos que garanticen la igualdad de derechos para quienes no están formalmente registrados en los sistemas nacionales migratorios, haciendo que la frontera opere como un dispositivo de limitación a la exigencia de igualdad de ciudadanía.

El emerger del cognitariado como categoría analítica permite comprender que la migración no es solo exclusión por pobreza, sino una estrategia de vida en las nuevas condiciones estructurales del capitalismo cognitivo, para el cual la movilidad es una fuente de valor y, en consecuencia, objeto de control político.

Young woman standing at Berlin train station using smartphone with cognitive data graphics around her head
f.

Precariado

El debate sobre los límites de clase del concepto de cognitariado dio origen a otro término, el de Precariado. La concepción de precariado surge a comienzos del siglo XXI en el contexto de crisis del empleo fordista y del Estado de Bienestar Keynesiano, la expansión creciente del empleo flexibilizado, temporal y desregulado, la financiarización de la economía que excede los parámetros de la teoría del valor, la reconfiguración de la ciudadanía y las modificaciones en los know-how laborales. El precariado describe una nueva concepción estructural del trabajo. Fue formulada inicialmente por Guy Standing al señalar que “el precariado es una clase en formación, caracterizada por la inestabilidad crónica en el trabajo, los ingresos, la identidad ocupacional y los derechos sociales” (STANDING, 2011, p. 7).

Para Standing, el precariado está sometido a siete carencias de seguridad: empleoingresosrepresentacióntiempohabilidadesprotección social e identidad laboral. Otros autores amplían el término al incorporar la idea de precarización como proceso histórico (CASTEL;1998), inseguridad social y marginalidad (Wacquant;2001) y precariedad como forma de gobierno, en la perspectiva foucaultiana (LOREY; 2015).

El término precariado no debe ser visto como excluyente de cognitariado, sino como una diferenciación que coloca a la lucha de clases en el centro (cognitariado) o como un elemento menor (precariado). La noción de precariado procura describir la condición  jurídica y material bajo la cual se produce el trabajo basado en conocimiento, comunicación y creatividad, es decir, la forma social (de clase) de existencia del cognitariado. No obstante, Standing apunta que el precariado no es una fracción del proletariado ni del cognitariado, sino una clase distinta, con intereses fragmentados, Identidades inestables y potencial político ambivalente, haciendo aparecer el término cognitariado como demasiado optimista, mientras que el precariado es epicentro de vulnerabilidad, desposesión e inseguridad existencial.

Los migrantes pasan a ser población en movilidad sometida a  formas precarias en el mercado laboral, no como negación eventual sino como proceso estructural. En los estudios migratorios el precariado puede aparecer como ciudadanía diferencial y de estatus migratorio (visas temporales, trabajo informal, deportabilidad, derechos laborales limitados), precarización, racialización y género (raza, género, movilidad precaria, trabajo, mostrando que la precariedad se distribuye diferencialmente), precariedad global o regional (trabajo en cadenas globales de valor) y opresiones identitarias.

Capitalismo digital o tecnofeudalismo como marco de estudio migratorio

Las coincidencias y diferencias entre los conceptos de cognitariado y precariado, se han ampliado, trasladado y reconfigurado en los últimos años alrededor de la polémica que discurre entre Cédric Durand (tecnofeudalismo) y Evgeny Morozov (capitalismo digital), alimentados por debates más sectoriales como capitalismo de las plataformas (SRNICEK;2017) o capitalismo de la vigilancia (ZUBOFF;2019).

Surge entonces un matiz en el debate, entre capitalismo cognitivo y capitalismo digital. Como señalamos capitalismo cognitivo es un concepto desarrollado por corrientes del marxismo crítico vinculadas a la escuela operaria italiana, que sirve para describir un modo de acumulación de capital en el cual el conocimiento, la información y la creatividad se convierten en fuentes centrales de valor, haciendo que la producción intelectual, afectiva y comunicacional se conviertan en factores claves para la generación de plusvalía y la reproducción ampliada.

El capitalismo digital es en diferencia un concepto que tiene pretensiones más amplias, con menos perspectiva de la clase trabajadora. Se usa en sociología y economía política para describir el régimen de acumulación y dominación en el que la actividad social y económica se organiza alrededor  de la producción, intercambio, control de información y datos, mediante tecnologías digitales. En este enfoque analítico lo sustantivo consiste en establecer la relación del capitalismo actual con las redes digitales y plataformas, la centralidad de los datos como recurso económico y la penetración de las lógicas del mercado en aspectos de la cotidianidad mediados por lo digital—virtual. En esta perspectiva Christian Fuchs (2024) habla de analizar el asunto con una crítica dialéctica económico social, mientras Zuboff (2019) acuña el término capitalismo de la vigilancia, añadiéndolo la dimensión de control a las de explotación y la acumulación, y Tiziana Terranova (2004) redefine el término “trabajo libre” para explicar cómo los usuarios generan valor de manera no remunerada en plataformas digitales.

La noción de capitalismo digital impacta en los estudios migratorios al analizar el trabajo cognitivo altamente calificado y el trabajo digital precarizado de individuos y grupos poblacionales que se desplazan o laboran en marcos de sedentarismo corporal. Esto nos lleva a pensar la importancia de estudiar no solo los movimientos físicos de fuerza de trabajo, sino la movilidad de capacidades cognitivas en el trabajo digital (algo de especial interés para nuestra perspectiva), la fragmentación del mercado laboral digital conforme al estatus migratorio y la precariedad laboral de los migrantes.

El debate entre Cédrid Durand y Evgeny Morozov tiene sus orígenes en discusiones que ocurren desde mediados de la segunda década del siglo XXI en el marco de la consolidación del llamado capitalismo de las plataformas, el creciente poder monopólico de las Big Tech GAMAM (Google, Amazon, Meta, Apple, Microsoft), antes GAFAM, la financiarización de la economía digital y el aparente agotamiento explicativo de las categorías clásicas del capitalismo industrial. Si bien ambos autores comparten la crítica radical al neoliberalismo digital, divergen en la caracterización del modo de producción emergente.

Morozov no queda atrapado en la distinción entre capitalismo cognitivo o capitalismo digital, sino que se sitúa de manera crítica ante ambos, así como respecto a la idea de precariado. Morozov critica el solucionismo tecnológico, se concentra en analizar a empresas como Google, Amazon o Facebook en su modelo de acumulación y organización laboral, advirtiendo que la idea de capitalismo cognitivo puede ser mal interpretada, ocultando que sigue habiendo explotación en el posfordismo, solo que mediada digitalmente. El trabajo no desaparece sino se reconfigura y la innovación no implica progreso social. En síntesis, Morozov, aún con sus prevenciones, puede considerarse como un teórico del capitalismo cognitivo, pero en sentido afirmativo respecto a la lucha de clases y las mutaciones del capital.

Durand y Morozov coinciden en considerar que el capitalismo digital no puede entenderse solo como un nuevo sector económico, porque las plataformas reorganizan la produccióncirculaciónconstrucción de subjetividades y gobernanza del sistema. Pero difieren en la forma como esto afecta al capitalismo.

La tesis central de Cédrid Durand es que el capitalismo digital ha dado lugar a una mutación histórica regresiva, que no puede explicarse adecuadamente como “capitalismo avanzado”, sino como tecno—feudalismo (DURAND, 2020, p.17). Desde esta mirada, el tecnofeudalismo se caracteriza por el control privado de infraestructuras digitales esenciales (nubes, plataformas, datos), predominio de la renta sobre la ganancia productivadependencia estructural de los Estados, usuarios y trabajadores, subordinación del mercado a las relaciones de acceso y permiso.

El “capitalismo murió; fue sustituido por un sistema de feudos digitales” (VAROUFAKIS, 2023, p. 12), en ese sentido, “las Big Tech funcionan como señores feudales que controlan los medios de acceso a la vida económica y social” (DURAND, 2020, p. 42). Para Cédric la analogía feudal no es metafórica sino estructural, al entenderla como homologación de infraestructura con feudoacceso con vasallaje y renta digital con tributo. Durand es crítico de la lectura optimista del capitalismo cognitivo —Moulier—Boutang, Lazzarato— que, según él, subestiman el papel de la renta monopolista y de la dependencia infraestructural (DURAND, 2020, p. 63).

Por su parte, Morozov (2025) critica la idea que estamos regresando a la Edad Media o que el capitalismo digital representa una ruptura ontológica con el capitalismo histórico, asumiendo que el discurso del tecnofeudalismo oculta que estamos ante un capitalismo profundamente contemporáneo y aun plenamente capitalista. Morozov subraya que hablar de renta y servidumbre digital, subestima que la economía digital sigue siendo capitalista en términos tradicionales con infraestructuraacumulación de capital y explotación a través de las plataformas, que no erradica el mercado.  Para Morozov la renta digital es solo un aspecto del capitalismo, no su definición histórica, mientras que para Durand la prevalencia de la renta infraestructural es la condición definitoria de una nueva etapa regresiva. Morozov señala que el uso de metáforas medievales (señores, vasallos o siervos) pueden crear confusión a la hora de estudiar la economía digital, ya que el capitalismo no ha muerto sino evolucionado, conservando sus dinámicas básicas (mercado, competencia —aunque imperfecta—  acumulación y plusvalía, aunque con nuevas formas infraestructurales (MOROZOV, 2025).

Este debate es de especial importancia para entender el sistema capitalista en el presente, la forma como organiza el trabajo y las migraciones, pero sobre todo para comprender la articulación interpretativa entre movilidad como desplazamiento de corporalidades y migración cognitiva con sedentarismo corporal.

La migración cognitiva: la disociación esquizoide

Hasta ahora, las migraciones habían sido vistas como desplazamientos de corporalidades físicas, paso de cuerpos humanos por corredores migratorios e inserción sociolaboral de los mismos en los territorios de llegada. Las categorías de capitalismo cognitivo y capitalismo digital desafían esas premisas, porque ahora no es necesario desplazar los cuerpos para conseguir un empleo, incluso quienes se desplazan por razones humanitarias (refugio, asilo político) terminan trabajando para empresas e instituciones que se localizan en territorios geográficos distintos a los que le acogieron, porque la realidad del empleo digital ha hecho mutar al concepto de frontera.

Un profesor universitario que huye de la guerra en Siria y llega a un país de Latinoamérica sin traer en su maleta las notas y el título de doctor debidamente apostillado, termina siendo parte del cognitariado precarizado que da clases en línea para varias universidades de Latinoamérica, viviendo ocho o diez horas de su día frente a una pantalla, debiendo aprender la cultura, costumbres y conocimientos de los países donde están ubicadas las universidades para las que labora. La educación trasnacional se convierte en funcional a este modelo de trabajo y acumulación.

Los cuerpos físicos son sometidos a un sedentarismo corporal resultante de su condición de anormal y estatus migratorio precario (sin título reconocido) en el país de acogida, con la doble condición de migrante cognitivo explotado por las instituciones de otros países (cognitariado). Sus cuerpos “amarrados a una silla en un territorio, se “desconectan” de sus mentes que saltan en un día entre territorios, países, empleos y condiciones de trabajo variantes.

Los jóvenes frelancer dedicados a la generación de contenidos en las redes sociales de múltiples países en un mismo tiempo real, viven esas presiones migratorias de idiomas, perspectivas mercantiles, diferencias de escalas salariales, hegemonía política y religiosa, teniendo que aprender a hacer una especie de Chanel surfing o Chanel hopping mental como rasgo del trabajador en condición de migrante cognitivo.

Esto implica un giro en la propia definición de ruptura esquizoide presente en la Teoría de Deleuzze y Guattari (1972), que organizaba los cuerpos sin órganos, unificando las mentes en un inconsciente maquínico esquizoide. En Anti—Edipo: capitalismo y esquizofrenia (1972), Deleuzze y Guattari proponen el esquizoanálisis como alternativa crítica al psicoanálisis tradicional y su correlato en la sociología. El foco se desplaza de la interpretación del comportamiento social del sujeto individual y la familia (complejo de Edipo), al proceso de producción del deseo como máquina social y productiva (DELEUZE; GUATTARI, 1972). Deseo del que precisamente necesita apropiarse el capitalismo cognitivo para generar valor mediante la comunicación, emociones y subjetividades.

En este sentido, la ruptura esquizoide está referida a las dos formas radicalmente diferenciadas de subjetivación de la realidad social. La primera, la subjetivación estructurada por la normatividad psicoanalítica que produce lo neurótico en términos societales, y la subjetivación esquizoide —de especial interés para comprender la migración cognitiva— entendida como proceso de desterritorialización del cuerpo y la mente, donde el deseo puede escapar de las estructuras de codificación social y familiar; lo que parece haber ocurrido en el capitalismo cognitivo es que el cognitariado es atrapado por la subjetivación estructurada y el trabajo inmaterial se convierte en nuevas forma de neurosis social.

Esto lleva a la idea de cuerpos sin órganos (en este caso mente sin cuerpo), que para Deleuze y Guattari (1972) eran las formas de existencia y deseo que no estuviesen organizadas jerárquicamente por órganos y funciones estructurales, pero al ocurrir la ruptura entre mente y cuerpo en la migración cognitiva, las mentes ahora son directamente incorporadas a la producción de valor a través de la creatividad, la interacción digital, la colaboración en redes y la atención dirigida a la producción.

Este desplazamiento no es un asunto técnico, sino subjetivo, porque los trabajadores del cognitariado no operan como sujetos definidos por roles fijos, sino que se les exige capacidad de adaptación, flexibilidad, creatividad, atención, conectividad permanente, inteligencia emocional, empatía con la armonía laboral. Esto plantearía la posibilidad —que debe ser estudiada en la migración cognitiva— que la identidad laboral y la subjetividad desborden los marcos fijos de los formatos laborales y migratorios, reconfigurando procesos múltiples, rizomáticos y conectivos que escapen de la dominación y captura de toda creatividad.

Este proceso no es visto solo como una patología, sino como una ruptura con las dualidades (yo/otro – mente/cuerpo) que permite que el esquizo se convierta en sujeto nómada. Para Berardi (2023), el cognitariado y el trabajo cognitivo, implican no solo inteligencia, sino nervios tensos por la atención constante y ojos fatigados por pantallas, donde “cada residuo de materialidad y concreción desaparece de la operación laboral, y solo quedan las abstracciones simbólicas” (BERARDI, 2023, p.58).

En el trabajo digital, la aceleración de los ritmos genera pánico como psicopatología social, que proviene de la “expansión constante del ciberespacio respecto a las capacidades limitadas del cerebro individual y del cibertiempo” (BERADI, 2005, p.62). Las tecnologías cognitivas, como las redes sociales y la Inteligencia Artificial (IA) se convierten en fuente novedosa de modulación de los deseos hacia la competencia, sometiendo el espíritu libre del trabajo lo cual agrava la alienación, haciendo al esquizoide cognitivo un ser no revolucionario, sino capturado por patologías como el pánico y la depresión endémica.

Esto impacta a los estudios migratorios al reconceptualizar la migración entre la dualidad de autonomía nómada y las líneas de fuga que desafían la biopolítica estatal, versus la captura cognitiva para aumentar la acumulación en el marco del capitalismo digital. En el primero de los casos, la migración es vista como nomadología, movilidad social que resiste la segmentación rígida del Estado (DELEUZE y GUATTARI. 1987, p. 211), pero en la segunda esta vocación nómada es funcional a la dominación y producción de valor, planteando un campo interesante: los estudios de resistencias anticapitalistas en las migraciones.

El trabajo digital disuelve los límites “naturales” entre trabajo y vida, al incorporar al individuo no como una identidad fija, sino como un flujo de datos, intensidades, efectos de atención que se cruzan en redes algorítmicas.

Esto implica algunas novedades para los estudios migratorios. Los desplazamientos humanos ya no pueden ser vistos solo como movilidad territorial o laboral, sino también como procesos de movilidad de intensidades, habilidades, redes y flujos de datos.

Por otra parte, la migración cognitiva implica una reorganización comprensiva de los cuerpos y las mentes, conforme se insertan en redes globales e inciden en los dispositivos normativos de identidad nacional, ciudadanía, refugiado, asilado, ilegal.

No podemos ver el estudio de la migración cognitiva como un punto y aparte de la teoría sociológica en migraciones, ello sería absolutamente errado. De lo que se trata es de entender las similitudes históricas y las singularidades de coyuntura, en la forma como el modo de producción capitalista incorpora las migraciones a su lógica de mercado y reproducción ampliada en el posfordismo. Insistimos esto no hace desaparecer las formas clásicas de producción, reproducción y migración, sino que las amplía, e intercambia centralidad según el desarrollo tecnológico y las necesidades específicas del mercado.

Esto abre un nuevo campo de estudios migratorios que requiere recuperar la tradición analítica —ninguna teoría migratoria resulta suficiente para comprender y explicar esta nueva realidad, lo contrario requerimos de todo el arsenal teórico acumulado— a la par que se incorporan nuevas categorías y perspectivas.

El capitalismo en el largo periodo liberal concibió a la migración como cuerpos en movimiento que debían ser disciplinados para ser usados en la producción para elevarse el excedente, la plusvalía, la ganancia. La reproducción simbólica y material, la opresión de los cuerpos, la biopolítica y el biopoder, el mercado de trabajo segmentado, la movilidad controlada, los dispositivos normativos de identidades, la farmopornografía y la necropolítica, entre otras mostraron la multiplicidad de rostros de la opresión para los migrantes. Pero cada una de ellas no negaba ni superaba a la otra, por el contrario, eran como ”capas de una cebolla” que nos permitían comprender la complejidad de los estudios migratorios.

En el periodo neoliberal, la psicopolítica, infocracia y los estudios sobre el emprendimiento en el marco del capitalismo permiten entender las dinámicas migratorias, en contexto de liberalización de controles evidentes, con el propósito de entender las formas de dominación más profundas, con lugar de enunciación en los propios individuos.

La disminución de los ciclos de innovación científico—tecnológica ha hecho que en solo cinco décadas el neoliberalismo le ceda protagonismo al iliberalismo, y el régimen predictivo aparece como una forma de organización social, con profundo impacto en el tema del trabajo vivo, las migraciones y la acumulación de ganancias.

Pero, debido al desarrollo desigual y combinado del capitalismo tardío, esto ocurre de manera diferencial entre países, e incluso al interior de cada uno de ellos. Es decir, las formas liberales y neoliberales de la migración no desaparecen de “in su facto” por la llegada del iliberalismo, sino que sobreviven de manera diferencial en los territorios, aumentando la complejidad de los estudios migratorios. Un migrante latinoamericano, que se desplaza, por ejemplo, de Venezuela a México, Panamá o Perú, puede vivir en “carne propia” los controles migratorios del periodo liberal, las exigencias de autogestión de la vida del neoliberalismo y las demandas de disociación de cuerpo y mente del iliberalismo posfordista, viviendo en su desplazamiento, de manera simultánea, las formas de opresión de los periodos liberal, neoliberal e iliberal.

Nuestra perspectiva es que solo un corte transversal —y no solo longitudinal— de la “cebolla migratoria” nos permite explicar la complejidad de los fenómenos migratorios en el presente. Esto, en el marco de un capitalismo que es profundamente impactado por cada revolución industrial y que asume —ya sea de manera propia o como respuesta a las luchas de los trabajadores— formas de gestión empresarial que terminan convirtiéndose en modelos de gestión de la vida; el taylorismo, fordismo y los esquemas posfordistas actúan en este sentido.  Ese es el énfasis de nuestro de trabajo investigativo en el campo de las migraciones. —

Lista de referencias

AGLIETTA, Michel. Regulación y crisis del capitalismo. Siglo XXI, Madrid, 1979.

AIE; IRENA; UNSD; World Bank; OMS.Tracking SDG 7: The Energy Progress Report 2023. International Energy Agency, 2023.

ARANGO, J. Las migraciones internacionales en un mundo globalizado, en Inmigración en Canarias: contexto, tendencias y retos. Fundación Pedro García Cabrera, pp. 11—22, 2007.

BERARDI, Franco  Medio siglo contra el trabajo. Traficantes de sueños. España, 2023

BERARDI, Franco. Fenomenología del fin y mutación conectiva. Caja Negra. Buenos Aires, 2017.

BERARDI, Franco (Bifo). What does cognitariat mean? Work, desire and depression. Cultural Studies Review, v. 11, n. 2, p. 57–63, 2005. Disponível em: https://epress.lib.uts.edu.au/journals/index.php/csrj/article/view/3656/3818Attachment.png. Acesso em: 23 dez. 2025.

BOLOGNA, Sergio. La tribù delle talpe: scritti sulla composizione di clase. Feltrinelli, Milano, Italia, 1977

BOLOGNA, Sergio. Crisis de la clase media y trabajo autónomo. Madrid: Traficantes de Sueños, 2006.

BONILLA—MOLINA; GOES; PALOMINO et al. La internacionalización universitaria en la historia de Latinoamérica y el Caribe. Ediciones de la SEP—CDMX. México, 2026

BOYER, R.; SAILLARD, Y. Regulation Theory: The State of the Art.  Routledge, Reino Unido, 2001.

CASTEL, Robert. As metamorfoses da questão social. Petrópolis: Vozes, 1998.

CASTELLS, Manuel. A sociedade em rede. São Paulo: Paz e Terra, 1999.

CASTLES, Stephen; MILLER, Mark J. A era da migração. Lisboa: Fundação Calouste Gulbenkian, 2009.

DE HAAS, Hein. A Theory of Migration: The Aspirations—Capabilities Framework. Comparative Migration Studies, Ámsterdam, Vol. 9, N0. 1, 2021.

DELEUZE, Gilles; GUATTARI, Félix. Anti—Oedipus: capitalism and schizophrenia. Paris: Éditions de Minuit, 1972.

DELEUZE, Gilles; GUATTARI, Félix. A thousand plateaus: capitalism and schizophrenia. Minneapolis: University of Minnesota Press, 1987.

DURAND, Cédric. Tecnofeudalismo? Capitalismo digital e o futuro da economia. São Paulo: Autonomia Literária, 2020.

EVERETT S., L. A Theory of Migration, in Demography, Vol. 3, No. 1, pp. 47—51, Population Association of America, 1966

FUCHS, Christian. Critical theory foundations of digital capitalism. tripleC, v. 22, n. 1, p. 148–196, 2024.

GERMANI, G, Política y Sociedad en una época de transición. De la sociedad tradicional a la sociedad de masas. Paidós, Buenos Aires, 1971.

GLICK SCHILLER, Nina; BASCH, Linda; BLANC—SZANTON, Cristina. Towards a Transnational Perspective on Migration. New York Academy of Sciences, Nueva York, 1992

HAN, Byung—Chul. A sociedade da transparência. Petrópolis: Vozes, 2013.

HAN, Byung—Chul. Psicopolítica: o neoliberalismo e as novas técnicas de poder. Belo Horizonte: Âyiné, 2014.

HAN, Byung—Chul. Sociedade do cansaço. Petrópolis: Vozes, 2017.

HAN, Byung—Chul. No enxame: perspectivas do digital. Petrópolis: Vozes, 2018.

HAN, Byung—Chul. Infocracia: digitalização e a crise da democracia. Petrópolis: Vozes, 2022.

HARDT, Michael; NEGRI, Antonio. Império. Rio de Janeiro: Record, 2001.

HARVEY, David. O novo imperialismo. São Paulo: Loyola, 2004.

HARRIS, J.; TODARO, M. Migration, Unemployment and Development: A Two—Sector Analysis, in The American Economic Review, Vol. 60, No. 1, pp. 126—142, 1970.

JESSOP, B. State Theory: Putting the Capital State in its Place. Polity Press, Cambridge, 1991.

KURZWEIL, R. A singularidade está mais próxima: A fusão do ser humano com o poder da inteligência artificial. Editora Goya. Brasil

LAZZARATO, Maurizio. Lavoro immateriale. Verona: Ombre Corte, 1997.

LAZZARATO, Murizzio. ¿hacia una guerra civil mundial? Ediciones de Traficantes de Sueños. España, 2019.

LIPIETZ, A. Towards a New Economic Order: Post—Fordism, Democracy and Ecology. Editions Polity, UK, 1993

LOREY, Isabell. Estado de insegurança: governar a precariedade. São Paulo: Autonomia Literária, 2015.

MAKREVSKA, Trajanka; RUNCEV, Nikolce. Cognitive capitalism. Knowledge – International Journal, v. 51, n. 2, 2022.

MANDEL, E. El capitalismo tardío. Ediciones Viento Sur, Sylone y Verso. España. 2023

MARX, Karl. Grundisse: Manuscritos Econômicos de 1857—1858: Esboços da Crítica da Economia Politica. Boitempo Editorial, 2011.

MARX, Karl. O capital: crítica da economia política. Livro I. São Paulo: Boitempo, 2013.

MASSEY, D. et al. Theories of International Migration: A Review and Appraisal. Population and Development Review, Vol. 19, No. 3, pp. 431—466, Nueva York. 1993

MBEMBE, Achille. Necropolítica. São Paulo: N—1 Edições, 2011.

MEZZADRA, Sandro. Diritto di fuga. Verona: Ombre Corte, 2001.

MEZZADRA, Sandro; NEILSON, Brett. Border as method. Durham: Duke University Press, 2013.

MOULIER—BOUTANG, Yann. Le capitalisme cognitif. Paris: Éditions Amsterdam, 2007.

MOULIER—BOUTANG, Yann. Cognitive capitalism. Cambridge: Polity Press, 2011.

MOROZOV, Evgeny. Big tech: a ascensão dos dados e a morte da política. São Paulo: Ubu, 2019.

MOROZOV, Evgeny. Freedom as a service. London: Penguin, 2022.

MOROZOV, Evgeny. What the techno—feudalism prophets get wrong. Le Monde Diplomatique, ago. 2025.

NAIL, Thomas. Biopolitics of migration: an assemblage approach. Politics, v. 41, n. 3, p. 1376–1393, 2021.

NEGRI, Antonio. Marx oltre Marx. Milano: Feltrinelli, 1979.

NEGRI, A. De la fábrica a la metrópolis. Ediciones Cactus, 2020.

NEILSON, Brett; Mezzadra, Sandro. Border as Method. Duke University Press, Durham and London, 2013

NOVACK, George. La ley del desarrollo desigual y combinado de la sociedad. Buenos Aires: Ediciones Pluma, 1974.

OIM. Glosario de la OIM sobre Migraciones. Ediciones OIM, 2019.

OMS; UNICEF. Un cuarto de la población mundial sigue sin acceso a agua potable. 2025.

ONU‑Agua. Riesgo inminente de una crisis mundial del agua. UNESCO, 2023.

PANZIERI, R. Sull´uso socialista dell´inchiesta operaia. Quaderni Rossi, Milão, No. 1, pp. 67—72, 1961

PANZIERI, R. Tesi sul controllo operaio. Quaderno Rossi, No. 1, Italia, 1961

PANZIERI, Raniero. La ripresa del marxismo—leninismo in Italia. Torino: Einaudi, 1973.

PACE, Jonathan. The concept of digital capitalism. Communication Theory, v. 28, n. 3, 2018.

PETERS, Michael A.; BULUT, Ergin (org.). Cognitive capitalism, education and digital labor. New York: Peter Lang, 2011.

PIORE, Michael. Birds of passage. Cambridge: Cambridge University Press, 1979.

POPKEWITZ, Thomas S. El cosmopolitismo y la era de la reforma escolar. Ediciones Morata. España, 2009.

PORTES, A. Globalization from Below: The rise of Trasnational Communities. Princeton University Press, Princeton, 1997

RAVENSTEIN, E.G. The laws of Migration (I), in the Journal of the Statistical Society of London. Vol. 48/2, pp. 167—227, 1885

RAVENSTEIN, E.G. The laws of Migration (II), in the Journal of the Statistical Society of London. Vol. 52/2, pp. 241—301, 1889

SIMMONS, A.  Explaining Migration: Theory at the Crossroads. Estudios Demográficos y Irbanos, Vol. 6, No. 1, pp. 5—31, Colegio de México,

SRNICEK, Nick. Platform capitalism. Cambridge: Polity Press, 2017.

STANDING, Guy. The precariat: the new dangerous class. London: Bloomsbury Academic, 2011.

TAYLOR, Frederick W. Princípios da administração científica. São Paulo: Atlas, 1990.

TERRANOVA, Tiziana. Network culture and digital labor theories. London: Pluto Press, 2004.

TRONTI, Mario. Operai e capitale. Einaudi, Torino, 1971.

UNESCO. Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo 2023.

VAROUFAKIS, Yanis. Tecnofeudalismo: o que matou o capitalismo. São Paulo: Crítica, 2023.

VERCELLONE, Carlo. From formal subsumption to general intellect. Historical Materialism, v. 15, n. 1, p. 13–36, 2007.

VIRNO, Paolo. Gramática da multidão. Roma: DeriveApprodi, 2001.

WACQUANT, Loïc. Punir os pobres. Rio de Janeiro: Revan, 2001.

WALLERSTEIN, Immanuel. O sistema—mundo moderno. Porto: Afrontamento, 2004.

WILBUR ZELINSKY, The Hypothesis of the Mobility Transition, in Geographical Review, Vol. 61, No 2, pp. 219—249, 1971.

World Bank; IRENA; AIE; OMS; UNSD. Más de 666 millones de personas aún viven sin acceso a la electricidad. World Bank, 2023.

ZUBOFF, Shoshana. A era do capitalismo de vigilância. Rio de Janeiro: Intrínseca, 2019.

Comparte este contenido:
Page 6 of 6833
1 4 5 6 7 8 6.833
OtrasVocesenEducacion.org