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Panamá en pie de lucha: docentes, ambientalistas e indígenas movilizados declaran huelga indefinida

Por Aldo Santiago

Foto de portada: Bienvenido Velasco

Las calles y campos en Panamá son testigos, desde hace 15 días, de una serie de movilizaciones que aglutinan a múltiples sectores de la sociedad. Trabajadores, docentes y estudiantes universitarios, así como ambientalistas y comunidades campesinas e indígenas rechazan una serie de acciones del gobierno panameño que, argumentan, vulneran a los servicios de salud pública, al medioambiente e incluso ceden frente a las presiones de EEUU y su intervencionismo militar en el istmo centroamericano.

Las mayores protestas se han suscitado tanto en la ciudad capital, así como en las provincias de Chiriquí y Veraguas, donde se han realizado bloqueos carreteros, marchas masivas y concentraciones frente a instituciones gubernamentales.

La respuesta gubernamental, documentada por organizaciones sociales y medios independientes locales, ha sido detenciones arbitrarias, criminalización de la protesta social y represión a las movilizaciones.

Acorde a reportes de Radio Temblor, las manifestaciones han sido reprimidas con detenciones y judicialización de activistas. “El gobierno desconoce el movimiento social, tildándolo de comunista de izquierda, para deslegitimar la lucha que llevan adelante por la justicia y en contra de la corrupción. Además, amenazan a los docentes con descontarle salario y destituirlos”, señala.

En un análisis del medio independiente con participación de la socióloga Briseida Barrantes Serrano, ella argumenta que uno de los principales detonantes de las movilizaciones yace en lo que los movimientos consideran como una “decisión arbitraria”, por parte de la Asamblea Nacional, para modificar la Ley de la Caja del Seguro Social (CSS).

La Alianza Pueblo Unido por la Vida llama a una huelga general.

El pasado marzo, bajo el argumento de que la CSS está en quiebra, diputados aprobaron la Ley 462 que propone una reorganización de la CSS encaminada al mejoramiento de sus finanzas, pero que, acorde a Barrantes, fue el pretexto para aprobar una ley que “se centra en privatizar los servicios públicos bajo formas diversas, eliminando o queriendo eliminar conquistas de los sectores mayoritarios que han luchado toda la vida en este país por mejorar las condiciones de vida para todas las personas”.

Las comunidades indígenas, especialmente los pueblos Ngäbe-Buglé y Guna, también han participado en la actual huelga al encabezar marchas en sus territorios y bloqueos carreteros, adhiriéndose a las demandas, principalmente contra las pretensiones del gobierno panameño de una posible reactivación de la mina de cobre en Donoso, la cual fue cerrada desde 2023 después que la Corte Suprema de Panamá determinó que la concesión gubernamental era inconstitucional.

Mediante rueda de prensa, este sábado (10), educadores y representantes de comunidades indígenas de Panamá hicieron un llamado a la resistencia popular, expresando su firme rechazo a la Ley 462 y exigiendo su derogación inmediata. La reunión, celebrada en Santiago de Veraguas, sirvió como plataforma para manifestar otras demandas sociales y denunciar violaciones a los derechos humanos y laborales de quienes participan de las protestas.

“Nadie, nadie está solicitando mesa de diálogo. Lo que queremos es la derogación de la Ley 462, que quede eso bien claro”, afirmaron los participantes, dejando claro que las movilizaciones continuarán hasta lograr este objetivo.

Además, insistieron en que sólo después de la derogación de la ley se abrirán a discutir otros temas críticos para el país. Entre ellos, destaca el rechazo al memorando de entendimiento firmado entre el gobierno panameño y Estados Unidos, el cual, según los manifestantes fue firmado “sin consultar con el pueblo”, por lo cual exigieron su anulación inmediata.

¿Acuerdo o intervención?

El 9 de abril, en el marco de la visita a Panamá del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, el ministro de Seguridad Pública panameño, Frank Alexis Abrego, con presencia del presidente José Raúl Mulino como testigo, firmó un memorando de entendimiento que contempla el uso por parte de tropas de EE.UU. de instalaciones de seguridad panameñas.

El secretario de Defensa de Estados Unidos justificó la firma del memorando debido a que “empresas con sede en China continúan controlando infraestructura crítica en la zona del canal” de Panamá, lo que, de acuerdo a las autoridades norteamericanas, representa la posibilidad de que el país asiático realice actividades de vigilancia en la zona clave para el comercio internacional, por donde transita alrededor del 40% del tráfico de contenedores de Estados Unidos y el 5% del comercio mundial.

“Esto hace que Panamá y Estados Unidos sean menos seguros, menos prósperos y menos soberanos. Y como ha señalado el presidente Donald Trump, esa situación es inaceptable”, declaró Hegseth durante su paso por el país centroamericano, respaldando con ello las amenazas del presidente Trump, quien desde que llegó a la Casa Blanca, en enero pasado, ha polemizado con sus declaraciones para “recuperar” el canal construido por EEUU durante el siglo XX y cuya administración fue devuelta a Panamá en el año 1999.

Por su parte, Luis Arturo Sánchez, secretario de la Asociación de Educadores Veragüenses, organización activa en las movilizaciones de las dos últimas semanas denuncia que el acuerdo firmado representa que “este gobierno ha hecho que Panamá retroceda casi más de 100 años”, argumentando que permitiría la instalación de bases militares extranjeras, amenazando la soberanía panameña.

El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, fue testigo de la firma de un memorando de entendimiento entre EEUU y Panamá.

A esta acusación se suman las declaraciones de los centros de investigación panameños miembros de la red del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, quienes aseveran que el memorando viola la Constitución Política panameña y el Tratado de Neutralidad del Canal. “Su firma constituye una traición a los mártires del 9 de enero y permite el retorno de bases militares en nuestro territorio. Solicitamos a las autoridades rectificar esa decisión y defender al país sin sumisión ni entreguismo. Así como el establecimiento de una estrategia de unidad latinoamericana que permita enfrentar los ataques imperialistas como se hizo en el pasado”.

La semana pasada, como respuesta a las protestas, el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, descartó que se vaya a entablar una renegociación de los términos firmados con Washington. Sus declaraciones sucedieron un día después de que la embajada estadounidense difundiera un comunicado donde ratifica que el memorando crea un marco para que se realicen actividades conjuntas, entre ellas, entrenamiento, almacenamiento de equipo, asistencia humanitaria y mejoras de infraestructura, en sitios que permanecen “completamente bajo control panameño”.

Reactivación minera

A las demandas que alimentan el rechazo popular se suma la amenaza minera, debido a la pretensión del presidente Mulino de reiniciar operaciones para la extracción de cobre en Donoso, provincia de Colón, después de que a finales de marzo declarara que comenzaría a examinar el futuro de la mina.

Organizaciones sociales acusan que grupos empresariales están presionando al presidente, al mismo tiempo que la dueña de la mina Cobre Panamá, First Quantum Minerals, anunció que ha suspendido los arbitrajes que había iniciado contra el Estado panameño por el cierre de la mina en 2023, debido a conversaciones con el gobierno para acordar una eventual reapertura.

Vista general de la mina Cobre Panamá, de la canadiense First Quantum Minerals, en el país centroamericano.

El 28 de noviembre de 2023, tras fuertes movilizaciones sociales, la Corte Suprema de Panamá dictaminó por unanimidad que la concesión minera, con vigencia de 20 años, era inconstitucional, obligando con ello al ex presidente Laurentino Cortizo para iniciar el proceso para cerrar la mina. Días antes del fallo de la corte, el Congreso aprobó una moratoria para nuevas concesiones de minería metálica en Panamá.

“El tema de la minería no se va a negociar y se tiene que respetar el fallo de la corte. Se tiene que respetar la ley que determina que en Panamá no se puede hacer proyecto minero”, sostuvo un educador durante rueda de prensa el pasado sábado (10), en Santiago de Veraguas.

Para esta semana, las diferentes organizaciones sociales convocaron a intensificar las acciones de protesta y manifestaciones pacíficas en diferentes puntos del país. Al cierre de esta edición se reporta nueva represión policial contra movilizaciones en la provincia de Colón.

Panamá en pie de lucha: docentes, ambientalistas e indígenas movilizados declaran huelga indefinida

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¿Por qué el muro de silencio sobre el genocidio en Gaza comienza finalmente a resquebrajarse?

Por: Jonathan Cook

¿Quién podría haber imaginado hace 19 meses que se necesitaría más de un año y medio con Israel masacrando y matando de hambre a niños [y adultos] de Gaza para que aparecieran las primeras grietas en lo que ha sido un sólido muro de apoyo a Israel por parte de las instituciones occidentales?

Finalmente, algo parece estar a punto de ceder.

El diario financiero británico, The Financial Times, fue el primero en romper filas la semana pasada para condenar el “vergonzoso silencio de Occidente” ante el ataque asesino de Israel contra el pequeño enclave. En un editorial —la voz del periódico—, el Financial Times acusó a Estados Unidos y a Europa de ser cada vez más cómplices, ya que Israel ha convertido Gaza en un lugar inhabitable, en alusión al genocidio, y señaló que el objetivo era expulsar a los palestinos de su tierra, en referencia a la limpieza étnica.

Por supuesto, ambos graves crímenes cometidos por Israel han sido evidentemente ciertos no sólo desde la violenta salida de Hamás de Gaza en un solo día, el 7 de octubre de 2023, sino durante décadas.

Tan preocupante es el estado de la información occidental, proveniente de unos medios no menos cómplices que los gobiernos criticados por el Financial Times, que debemos aprovechar cualquier pequeño indicio de progreso.

A continuación, The Economist intervino, advirtiendo que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y sus ministros estaban impulsados ​​por el “sueño de vaciar Gaza y reconstruir los asentamientos judíos allí”.

El fin de semana, The Independent decidió que el “silencio ensordecedor sobre Gaza” debía terminar. Era hora de que el mundo despertara ante lo que está sucediendo y exigiera el fin del sufrimiento de los palestinos atrapados en el enclave.

En realidad, gran parte del mundo despertó hace muchos, muchos meses. Han sido la prensa y los políticos occidentales los que han estado dormidos durante los últimos 19 meses de genocidio.

A continuación, el lunes, el supuestamente liberal The Guardian expresó en su propio editorial el temor de que Israel esté cometiendo “genocidio”, aunque solo se atrevió a hacerlo al formular la acusación como una pregunta.

Escribió así sobre Israel: “Ahora planea una Gaza sin palestinos. ¿Qué es esto, si no genocida? ¿Cuándo actuarán Estados Unidos y sus aliados para detener el horror, si no es ahora?”.

El periódico podría haber planteado una pregunta más apropiada: ¿Por qué los aliados occidentales de Israel, así como medios como The Guardian y Financial Times, han esperado 19 meses para denunciar el horror?

Y, como era previsible, cerrando la marcha, apareció la BBC. El miércoles, el programa PM de la BBC optó por dar protagonismo al testimonio de Tom Fletcher, jefe de asuntos humanitarios de las Naciones Unidas, ante el Consejo de Seguridad. El presentador Evan Davis afirmó que la BBC había decidido “hacer algo inusual”.

Inusual, sin duda. Reprodujo el discurso de Fletcher completo, sus 12 minutos y medio. Esto incluyó el comentario de Fletcher: “Por los asesinados y aquellos cuyas voces han sido silenciadas: ¿qué más pruebas necesitan ahora? ¿Actuarán con decisión para prevenir el genocidio y garantizar el respeto del derecho internacional humanitario?”.

En menos de una semana, la palabra “genocidio” había pasado de ser tabú en relación con Gaza a convertirse en algo casi común.

Grietas crecientes

Las grietas también son evidentes en el Parlamento británico. Mark Pritchard, diputado conservador y defensor de Israel de toda la vida, se levantó desde la bancada para admitir que se había equivocado con respecto a Israel y lo condenó “por lo que le está haciendo al pueblo palestino”.

Fue uno de los más de una docena de diputados y pares conservadores de la Cámara de los Lores, todos ellos antiguos defensores acérrimos de Israel, que instaron al primer ministro británico, Keir Starmer, a reconocer de inmediato un Estado palestino.

Su decisión se produjo tras una carta abierta publicada por 36 miembros de la Junta de Diputados, un organismo de 300 miembros que afirma representar a los judíos británicos, en la que discrepaban de su continuo apoyo a la masacre. La carta advertía: «A Israel le están arrancando el alma».

Pritchard dijo a sus colegas parlamentarios que era hora de “defender la humanidad, defender nuestra posición en el lado correcto de la historia, de tener la valentía moral de liderar”.

Lamentablemente, todavía no hay indicios de ello. Una investigación publicada la semana pasada, basada en datos de la autoridad fiscal israelí, demostró que el gobierno de Starmer ha mentido incluso sobre las restricciones muy limitadas a la venta de armas a Israel que afirmó haber impuesto el año pasado.

A pesar de una aparente prohibición de los envíos de armas que podrían utilizarse en Gaza, Gran Bretaña ha exportado de forma encubierta más de 8.500 municiones diversas a Israel desde la prohibición.

Esta semana se conocieron más detalles. Según cifras publicadas por The National, el gobierno actual exportó más armas a Israel en los tres meses posteriores a la entrada en vigor de la prohibición que el anterior gobierno conservador entre 2020 y 2023.

Tan vergonzoso es el apoyo del Reino Unido a Israel en medio de lo que la Corte Internacional de Justicia (la Corte Mundial) ha descrito como un “genocidio plausible”, que el gobierno de Starmer necesita fingir que está haciendo algo, aunque en realidad continúa armando ese genocidio.

Más de 40 parlamentarios escribieron al ministro de Asuntos Exteriores, David Lammy, la semana pasada, pidiéndole que respondiera a las acusaciones de que había engañado a la opinión pública y al Parlamento. “La opinión pública merece conocer la magnitud de la complicidad del Reino Unido en crímenes de lesa humanidad”, escribieron.

Hay cada vez más rumores en otros lugares. Esta semana, el presidente francés, Emmanuel Macron, calificó el bloqueo total de Israel a la ayuda a Gaza de “vergonzoso e inaceptable”. Añadió: “Mi trabajo es hacer todo lo posible para detenerlo”. Ese “todo” parecía reducirse a nada más que a plantear posibles sanciones económicas.

Aun así, el cambio retórico fue sorprendente. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, denunció de forma similar el bloqueo, calificándolo de “injustificable”. Y añadió: “Siempre he recordado la urgencia de encontrar una manera de poner fin a las hostilidades y respetar el derecho internacional y el derecho internacional humanitario”.

“¿Derecho internacional? ¿Dónde ha estado eso durante los últimos 19 meses?”

Hubo un cambio similar de prioridades al otro lado del Atlántico. El senador demócrata Chris van Hollen, por ejemplo, se atrevió recientemente a calificar las acciones de Israel en Gaza de “limpieza étnica”.

Christiane Amanpour, de la CNN y referente del consenso en Washington, sometió a la viceministra de Asuntos Exteriores de Israel, Sharren Haskel, a un interrogatorio inusualmente duro. Amanpour prácticamente la acusó de mentir sobre el hambre que Israel está causando a los niños.

Mientras tanto, Josep Borrell, el anterior responsable de política exterior de la Unión Europea, rompió otro tabú la semana pasada al acusar directamente a Israel de preparar un genocidio en Gaza.

“Pocas veces he escuchado al líder de un Estado esbozar con tanta claridad un plan que se ajuste a la definición legal de genocidio”, declaró, y añadió: “Nos enfrentamos a la mayor operación de limpieza étnica desde el final de la Segunda Guerra Mundial”.

Borrell, por supuesto, no tiene influencia alguna sobre la política de la UE en este momento.

Un campo de exterminio

Todo esto supone un progreso dolorosamente lento, pero sí sugiere que un punto de inflexión podría estar cerca.

De ser así, hay varias razones. Una —la más evidente— es el presidente estadounidense Donald Trump.

Era más fácil para The Guardian, el Financial Times y los diputados conservadores de la vieja guardia observar en silencio el exterminio de los palestinos de Gaza cuando detrás de él estaban, amablemente, el tío Joe Biden y el complejo militar-industrial estadounidense.

A diferencia de su predecesor, Trump olvida con demasiada frecuencia la parte donde se supone que debe minimizar los crímenes israelíes o distanciar a Estados Unidos de ellos, incluso cuando Washington envía las armas para perpetrarlos.

Pero también hay muchos indicios de que Trump, con su constante ansia de ser visto como el madamás, está cada vez más molesto por verse superado públicamente por Netanyahu.

Esta semana, mientras Trump se dirigía a Oriente Medio, su administración logró la liberación del soldado israelí Edan Alexander, el último ciudadano estadounidense vivo cautivo en Gaza, eludiendo a Israel y negociando directamente con Hamás.

En sus comentarios sobre la liberación, Trump insistió en que era hora de “poner fin a esta guerra brutal”, una observación que, obviamente, no había coordinado con Netanyahu.

Cabe destacar que Israel no está en la agenda de Trump para Oriente Medio.

Ahora mismo parece un momento relativamente seguro para adoptar una postura más crítica hacia Israel, como presumiblemente aprecian The Financial Times y The Guardian. Además, el genocidio israelí está llegando a su fin. No ha entrado comida, agua ni medicinas en Gaza durante más de dos meses. Todos están desnutridos. No está claro, dada la destrucción del sistema de salud de Gaza por parte de Israel, cuántos han muerto ya de hambre.

Aya, la madre de la bebé palestina Yenan Alskafi, muestra una foto en su teléfono móvil de su hija, quien murió de desnutrición debido al bloqueo israelí en Gaza el 3 de mayo de 2025 (Reuters).

Pero las imágenes de niños en los huesos saliendo de Gaza recuerdan incómodamente a las imágenes de hace 80 años de niños judíos esqueléticos encarcelados en campos nazis.

Es un recordatorio de que Gaza, estrictamente bloqueada por Israel durante 16 años antes de la fuga de Hamás el 7 de octubre de 2023, se ha transformado en los últimos 19 meses de un campo de concentración a un campo de exterminio.

Parte de los medios de comunicación y la clase política saben que la muerte masiva en Gaza no puede ocultarse por mucho más tiempo, ni siquiera después de que Israel haya prohibido la entrada a periodistas extranjeros al enclave y haya asesinado a la mayoría de los periodistas palestinos que intentaban documentar el genocidio.

Actores políticos y mediáticos cínicos intentan esgrimir excusas antes de que sea demasiado tarde para mostrar arrepentimiento.

El mito de la “guerra de Gaza”

Y finalmente, está el hecho de que Israel ha declarado su disposición a asumir la responsabilidad directa del exterminio en Gaza, en sus propias palabras, “capturando” el pequeño territorio.

El tan esperado “día después” parece estar a punto de llegar.

Durante 20 años Israel y las capitales occidentales han conspirado con la mentira de que la ocupación de Gaza terminó en 2005, cuando el entonces primer ministro israelí, Ariel Sharon, expulsó a unos pocos miles de colonos judíos y retiró a los soldados israelíes a un perímetro altamente fortificado que rodeaba el enclave.

En un fallo del año pasado, el Tribunal Internacional desestimó esta afirmación, enfatizando que Gaza, así como los territorios palestinos de Cisjordania y Jerusalén Este, nunca habían dejado de estar bajo ocupación israelí, y que la ocupación debía cesar de inmediato.

Lo cierto es que, incluso antes de los ataques de Hamás de 2023, Israel había estado asediando Gaza por tierra, mar y aire durante muchísimos años. Nada, ni personas ni comercio, entraba ni salía sin la autorización del ejército israelí.

Las autoridades israelíes instituyeron una política secreta de someter a la población a una “dieta” estricta —un crimen de guerra entonces como ahora—, una política que aseguraba que la mayoría de los jóvenes de Gaza sufrieran una desnutrición progresiva.

Los drones zumbaban constantemente, como lo hacen ahora, observando a la población desde el cielo las 24 horas del día y, ocasionalmente, sembrando la muerte. Los pescadores recibían disparos y sus barcos se hundían por intentar pescar en sus propias aguas. Los cultivos de los agricultores eran destruidos por herbicidas rociados desde aviones israelíes.

Y cuando le apetecía, Israel enviaba aviones de combate para bombardear el enclave o soldados en operaciones militares, matando a cientos de civiles a la vez.

Cuando los palestinos de Gaza salían semana tras semana a protestar cerca de la valla perimetral de su campo de concentración, francotiradores israelíes les disparaban, matando a unos 200 y mutilando a muchos miles más.

Sin embargo, a pesar de todo esto, Israel y las capitales occidentales insistieron en la historia de que Hamás “gobernaba” Gaza y que era el único responsable de lo que allí ocurría.

Esa ficción fue muy importante para las potencias occidentales. Permitió a Israel evadir la responsabilidad por los crímenes de lesa humanidad cometidos en Gaza durante las últimas dos décadas, y permitió a Occidente evitar las acusaciones de complicidad por armar a los criminales.

En cambio, la clase política y los medios de comunicación perpetuaron el mito de que Israel estaba involucrado en un “conflicto” con Hamás, así como en “guerras” intermitentes en Gaza, incluso cuando el propio ejército israelí calificaba sus operaciones para destruir barrios enteros y matar a sus residentes de “segar la hierba”.

Israel, por supuesto, veía Gaza como su propia hierba. Y eso se debe precisamente a que nunca dejó de ocupar el enclave.

Incluso hoy, los medios de comunicación occidentales se confabulan con la ficción de que Gaza está libre de la ocupación israelí al presentar la matanza que allí se produce, y la hambruna de la población, como una “guerra”.

Pérdida de cobertura

Pero el “día después”, marcado por la promesa israelí de “captura” y “reocupación” de Gaza, plantea un dilema para Israel y sus patrocinadores occidentales.

Hasta ahora, todas las atrocidades de Israel se han venido justificando por la violenta irrupción de Hamás el 7 de octubre de 2023.

Israel y sus partidarios han insistido en que Hamás debe devolver a los israelíes que tomó cautivos antes de que pueda haber una “paz” indefinida. Al mismo tiempo, Israel también ha mantenido que Gaza debe ser destruida a toda costa para erradicar a Hamás y eliminarlo.

Estos dos objetivos nunca parecieron coherentes, sobre todo porque cuantos más civiles palestinos Israel mataba para “erradicar” a Hamás, más jóvenes reclutaba Hamás en busca de venganza.

El flujo constante de retórica genocida de los líderes israelíes dejó claro que creían que no había civiles en Gaza —ningún “no involucrado”— y que el enclave debía ser arrasado y la población tratada como “animales humanos”, castigada “sin comida, agua ni combustible”.

El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, reiteró ese enfoque la semana pasada, prometiendo que “Gaza será completamente destruida” y que su población sería sometida a una limpieza étnica, o, como él mismo lo expresó, obligada a “marcharse en masa a terceros países”.

Las autoridades israelíes le han hecho eco, amenazando con “arrasar” Gaza si no se libera a los rehenes esta semana. Pero, en realidad, los cautivos retenidos por Hamás son solo un pretexto conveniente.

Smotrich fue más honesto al observar que la liberación de los rehenes 2no era lo más importante”. Su opinión es aparentemente compartida por el ejército israelí, que, según informes, ha puesto ese objetivo en último lugar en una lista de seis objetivos de “guerra”.

Para el ejército, son más importantes el “control operativo” de Gaza, la “desmilitarización del territorio” y la “concentración y movimiento de la población”.

Con Israel a punto de volver a estar, de forma indiscutible y visible, al mando directo de Gaza —una vez despojadas las historias de portada sobre una “guerra”, sobre la necesidad de eliminar a Hamás y las bajas civiles como “daños colaterales”—, la responsabilidad de Israel por el genocidio también será indiscutible, al igual que la connivencia activa de Occidente.

Por eso, más de 250 exfuncionarios del Mossad, la agencia de espionaje israelí, incluidos tres de sus exdirectores, firmaron una carta esta semana denunciando la ruptura del alto el fuego por parte de Israel a principios de marzo y su regreso a la “guerra”.

La carta calificaba los objetivos oficiales de Israel de “inalcanzables”.

De igual manera, los medios israelíes informan de que un gran número de reservistas militares israelíes ya no se presentan cuando se les llama para que regresen al servicio en Gaza.

Limpieza étnica

Los patrocinadores occidentales de Israel deben ahora lidiar con el “plan” israelí para el devastado territorio. Su perfil se ha clarificado bastante en los últimos días.

En enero, Israel ilegalizó formalmente a la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, UNRWA, que alimenta y cuida a la gran proporción de la población palestina expulsada de sus tierras históricas por Israel en las primeras fases de su colonización de la Palestina histórica, que duró décadas.

Gaza está repleta de refugiados de este tipo, resultado del mayor programa de limpieza étnica de Israel en 1948, durante su creación como “Estado judío”.

Eliminar a la UNRWA había sido una ambición largamente acariciada, una medida de Israel diseñada para liberarse del yugo de las agencias de ayuda que han estado atendiendo a los palestinos, ayudándolos así a resistir los esfuerzos israelíes de limpieza étnica, así como para supervisar la adhesión de Israel, o más bien la falta de ella, al derecho internacional.

Para completar los programas de limpieza étnica y genocidio en Gaza, Israel ha tenido que crear un sistema alternativo al de la UNRWA.

La semana pasada, aprobó un plan que pretende utilizar contratistas privados, en lugar de la ONU, para entregar pequeñas cantidades de alimentos y agua a los palestinos. Israel permitirá la entrada de 60 camiones al día, apenas una décima parte del mínimo absoluto requerido, según la ONU.

Hay varias condiciones. Para tener alguna esperanza de aspirar a esta ayuda tan limitada, los palestinos deberán recogerla en puntos de distribución militares ubicados en una pequeña zona en el extremo sur de la Franja de Gaza.

En otras palabras, unos dos millones de palestinos tendrán que apiñarse en un lugar sin posibilidad alguna de poder acomodarlos a todos, e incluso así solo recibirán una décima parte de la ayuda que necesitan.

También tendrán que reubicarse sin ninguna garantía por parte de Israel de que no seguirá bombardeando las “zonas humanitarias” a las que se les ha conducido.

Estas zonas de distribución militar se encuentran justo al lado de la única y corta frontera de Gaza con Egipto, justo donde Israel ha estado intentando expulsar a los palestinos durante los últimos 19 meses con la esperanza de obligar a Egipto a abrir la frontera para que la población de Gaza pueda ser sometida a una limpieza étnica en el Sinaí.

Según el plan israelí, los palestinos serán examinados en estos centros militares utilizando datos biométricos antes de tener alguna esperanza de recibir alimentos con un mínimo de calorías controladas.

Una vez dentro de los centros, pueden ser arrestados y enviados a alguno de los campos de tortura de Israel.

La semana pasada, el periódico israelí Haaretz publicó el testimonio de un soldado israelí convertido en denunciante que confirmaba las versiones de médicos y otros guardias, de que la tortura y los abusos son moneda corriente contra los palestinos, incluidos los civiles, en Sde Teiman, el más conocido de esos campos.

Guerra contra la ayuda humanitaria

El viernes pasado, poco después de que Israel anunciara su plan de “ayuda”, disparó un misil contra un centro de la UNRWA en el campo de Yabalia, destruyendo su centro de distribución de alimentos y almacén.

El sábado, Israel bombardeó tiendas de campaña utilizadas para preparar comida en Jan Yunis y la ciudad de Gaza. Ha estado atacando comedores sociales y panaderías para obligarlos a cerrar, en un eco de su campaña de destrucción contra los hospitales y el sistema de salud de Gaza.

En los últimos días, un tercio de los comedores comunitarios apoyados por la ONU —el último recurso de la población— han cerrado porque sus reservas de alimentos se han agotado, al igual que su acceso al combustible.

Según la agencia de la ONU, OCHA, esa cifra aumenta día a día, lo que provoca una hambruna generalizada.

La ONU informó esta semana que casi medio millón de personas en Gaza —una quinta parte de la población— se enfrentaba a una hambruna catastrófica.

Como era de esperar, Israel y sus macabros apologistas están restando importancia a este mar de inmenso sufrimiento. Jonathan Turner, director ejecutivo de Abogados del Reino Unido por Israel, argumentó que los críticos condenaban injustamente a Israel por matar de hambre a la población de Gaza e ignoraban los beneficios para la salud de reducir la obesidad entre los palestinos.

En una declaración conjunta la semana pasada, 15 agencias de la ONU y más de 200 organizaciones benéficas y grupos humanitarios denunciaron el plan de ayuda de Israel. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) advirtió que Israel estaba obligando a los palestinos a elegir entre el desplazamiento y la muerte.

Pero lo que es peor, Israel está esgrimiendo su argumento una vez más para cambiar la realidad.

Los palestinos que se nieguen a cooperar con su plan de “ayuda” serán culpados de su propia hambruna. Y las agencias internacionales que se nieguen a apoyar la criminalidad israelí serán tildadas de “antisemitas” y de responsables del creciente número de muertes por hambruna en la población de Gaza.

Hay una manera de impedir que estos crímenes sigan degenerando. Pero se requerirá que los políticos y periodistas occidentales tengan mucha más valentía de la que se han atrevido a mostrar hasta ahora. Se necesitará más que florituras retóricas. Se necesitará más que lamentaciones públicas.

¿Serán capaces de algo más? No se les ocurra contener la respiración.

Jonathan Cook es autor de tres libros sobre el conflicto palestino-israelí. Ha ganado el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Vivió en Nazaret durante veinte años, de donde regresó en 2021 al Reino Unido. Sitio web y blog: www.jonathan-cook.net

Texto original; , Middle East Eye, traducido del inglés por Sinfo Fernández.

Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2025/05/18/por-que-el-muro-de-silencio-sobre-el-genocidio-en-gaza-comienza-finalmente-a-resquebrajarse/

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Entrevista a Aurora Gómez «Una búsqueda con ChatGPT consume 10 veces más que una búsqueda en el Google antiguo»

Por: Olivia Carballar

Tu Nube Seca Mi Río trata de sensibilizar y actuar sobre el impacto ecosocial de los centros de datos. Hace unas semanas, fue referenciado por Naomi Klein en ‘The Guardian’. «Yo es que lo tengo que decir porque estoy muy orgullosa», afirma Aurora Gómez, la persona que está detrás del colectivo.

Si eres de los que se resisten a dejar las redes sociales por miedo a que el mundo se olvide de ti, puede que te interese esta entrevista. «En la España árida y con estrés climático, uno de los grupos que pide una moratoria a los nuevos centros de datos se autodenomina Tu Nube Seca Mi Río. El nombre es apropiado, y no solo para España. Se está tomando una decisión indescriptiblemente desalentadora ante nuestros ojos y sin nuestro consentimiento: máquinas sobre humanos, lo inanimado sobre lo animado, las ganancias por encima de todo lo demás». Quien escribe estas palabras es nada más y nada menos que Naomi Klein.

«Yo es que lo tengo que decir porque estoy muy orgullosa», afirma Aurora Gómez, la persona que está detrás de ese colectivo. Porque ni todos los días una sale en The Guardian ni todos los días te cita la autora de La doctrina del shock. «Y nos ha citado sin necesidad de estar en las redes sociales privativas. Yo solo estoy en Mastodon», argumenta como ejemplo de que habitar Internet de otro modo es posible.

Foto:
«Soy huérfana de río», dice Aurora Gómez. «Este es el mío adoptivo, el Júcar, a su paso por Cuenca». CEDIDA

De profesión psicóloga, Gómez viene de 25 años de lucha por el software libre y los derechos digitales. «Si bajas la resolución de la cámara, podremos hablar mejor. O si puedes cerrar pestañas», avisa ante las interrupciones al inicio de la entrevista, por videoconferencia. Fue unos días antes del apagón. Finalmente, optamos por el teléfono. «Ahora sí».

¿Cómo surge Tu Nube Seca Mi Río?

Somos un colectivo activista que nació con la idea de sensibilizar sobre el impacto ecosocial de los centros de datos. Empezamos hablando de impacto ambiental y tuvimos que hablar también de lo social, porque nos dimos cuenta de que los impactos iban, además, hacia la población. El colectivo surgió cuando anunciaron el centro de datos de Meta en Talavera de la Reina. Yo, que soy de Castilla-La Mancha, pensé que si lo ponían ahí, nos lo iban a poner en más sitios. Y no iba muy desencaminada. En mi región estamos enfrentando no solo el tema de los centros de datos sino también el extractivismo minero de las tierras raras.

Ahora empezamos a escuchar más que la IA consume mucha agua. ¿De qué impacto estamos hablando?

Hasta hace poco no sabíamos que los centros de datos consumían agua. Lo único que hacían, para refrigerarse, era consumir mucha energía. Y eso ya era un problema climático impresionante y deslocalizado. Pero cuando aparece la inteligencia artificial y otros tipos de demandas energéticas como el streaming o los juegos multijugador online, la cosa cambia. Los centros de datos hacen tres funciones. Son como una gran caja de zapatos y dentro están los ordenadores, que tienen que almacenar la información, procesar la información y distribuir la información. Y es en la parte de procesar la información donde la inteligencia artificial consume muchos más recursos. Antes era mucho menor, pero ahora es un gran problema. Es decir, han crecido los denominados centros de datos de hiperescala, que son los que utilizan energía y agua para refrigerarse. Y, en breve, van a suponer la mitad de los centros de datos en todo el mundo.

Entre quienes defienden el uso de la IA generativa, argumentan que con ella necesitan hacer menos búsquedas que antes, con lo que el impacto ecológico sería menor. ¿Esto es así?

Es absolutamente falso. Primero, porque la información no suele ser verídica. Segundo, porque una búsqueda con ChatGPT consume 10 veces más que una búsqueda en el Google antiguo. Imagínate la diferencia de lo que estamos hablando en tan poquito tiempo. Y, en tercer lugar, todas estas visiones tecnooptimistas de la IA son visiones colonizadoras, racistas y lanzadas desde el privilegio, porque tú estás dando por hecho que tu derecho a buscar esa información o hacer una imagen del Estudio Ghibli está por encima del derecho de alguien a beber agua en otra parte del mundo. Es decir, es un privilegio atroz pensar que tenemos derecho a usar la inteligencia artificial porque sí. ¿Por qué alguien se cree con el derecho a pisotear la salud, el clima o los derechos laborales de otras personas?

Hay gente comprometida con el medioambiente que dice que prefiere no saber las consecuencias. 

Sí. Es que hay gente que se ha comido el discurso tecnooptimista y no se ha dado cuenta de que ese discurso viene totalmente imbricado con el capitalismo. Y me voy a retrotraer. En la primera revolución industrial coexistían a la vez la esclavitud y las primeras fábricas. En las plantaciones de esclavos, los esclavos se estaban rebelando, estaban con sus movimientos abolicionistas. Y en las fábricas, los movimientos obreros estaban diciendo también «oye, queremos derechos laborales, queremos salud». Ellos no estaban conectados, pero los jefes eran los mismos.

Entonces, gente como Charles Babbage lo que hizo fue decir: vamos a utilizar la automatización que separa una tarea compleja en tareas más pequeñas de tal manera que le quitemos valor a la gente. Es decir, que en la idea misma de lo que es la raíz de la IA ya hay una base colonial, capitalista y extractivista. No es un fallo de diseño, es el diseño.

Es otro invento del sistema, dicen algunos lectores, porque lo que te llevaba un día, ahora te lleva un minuto. 

Te voy a poner un ejemplo que me gusta mucho. Yo soy de una zona de Ciudad Real muy cerquita de Almagro. Almagro es superbonito, con su teatro y demás, pero tiene una característica muy curiosa: el encaje de bolillos. Allí se hace mucho porque la gente lo trajo de sus migraciones a Holanda. Y es algo que requiere una habilidad manual espectacular. ¿Pero sabes qué hacen las mujeres de Almagro mientras hacen bolillos? Hablar entre ellas. El bolillo es secundario y hablar entre ellas es lo principal. Lo principal es que salen a la puerta de su casa las noches de verano más tórridas para poder hablar en grupo. Y se oye ese sonido que tengo grabado en la mente: tuturrutu-tuturrutu. Podían haberlo hecho muy rápido, con un telar, con mucho ruido, sin hablar y ser, así, eficaces. Pero la eficacia es algo que solo le importa al capitalismo.

¿Y por qué se eligen determinados lugares para esos centros de datos?

La mayoría de los sitios que se están eligiendo son regiones con alto estrés hídrico. O sea, desiertos. Son zonas despobladas, con muy bajo poder. A esas empresas les da igual que haya agua porque se la van a llevar ellas. Tienen contratos preferentes. Y eso es lo que ya hemos visto. Por ejemplo, en Estados Unidos, tú ves el mapa de las regiones secas, donde habría un cowboy por ahí dando vueltas, y es ahí donde están todos los centros de datos. Arizona, Virginia… En España, Aragón es la región que más está creciendo con diferencia. La siguiente va a ser Castilla-La Mancha. Y luego Andalucía. Madrid y Barcelona tienen los centros de datos antiguos. Porque en Madrid y Barcelona el terreno es más caro y nos les sale rentable. Básicamente, estos centros de hiperescala irán en la España despoblada.

Algunos gobiernos, además, promueven estos centros. ¿Deberían exigir a las empresas que informen del uso de agua que conlleva su actividad?

Hay una directiva europea aprobada en septiembre del año pasado que dice que tienen que informar de cuánto gastan, pero no se está aplicando. ¿Sabes el meme este de la independencia de Cataluña? ¿Primero que sí y luego que no? Pues cuando Escrivá, como ministro para la Transformación Digital, dijo en la misma noticia que iban a legislar sobre la IA y los centros de datos para que no consuman tanta agua y su uso sea transparente, yo dije: «¡Bien!». Pero a continuación añadió: «Y entonces vamos a hacer un kit digital para que todos los autónomos, pequeñas pymes, utilicen la IA». Y yo dije: «¡No!». Tienen un cacao con la transición ecológica y digital…

¿Y qué pasó con el decrecimiento? Se volvió a escuchar mucho cuando preguntó la reina Letizia. ¿Y ahora?

Yo la escribo a diario, muchas veces. Nosotros, por ejemplo, hablamos de decrecimiento digital. Hay gente que utiliza los términos de permacomputación o de ecofeminismo de datos, como Ana Valdivia. Hay muchas maneras de afrontar cómo podría ser un mundo con otro tipo de tecnología diferente.

En ‘La Marea’, que también ha dejado la redes del ‘mal’, nos anima oír esto.

Claro. No necesitamos estar en esos otros sitios del mal y alimentar el mal. Somos nosotros los que creamos contenido y los que queremos interaccionar. Y para esas dos cosas no necesitamos esas herramientas del mal.

Pero es difícil en mitad de la gran ola.

El fallo es verlo de manera individual. Yo llevo 25 años luchando, con lo cual para mí es medianamente fácil. Pero ¿te acuerdas de lo de la huella de carbono? Ahora están intentando hacer lo mismo: trasladar las culpas individuales. Pero nosotros no tenemos poder de manera individual, tampoco en una sociedad digital. Lo tenemos en colectivo.

Un ejemplo de nuestra capacidad de acción es lo que está pasando en las escuelas. Las asociaciones de familias se están juntando y haciendo pactos contra las pantallas, que no van a permitir que sus hijos e hijas utilicen móviles hasta los 16 años. De esa manera, sí puedes sacar a tus hijos de la pantalla .  Y es lo que te decía antes de los esclavos de las plantaciones en Jamaica y los luditas en Londres. No se conocían, pero yo, por ejemplo, la siguiente reunión que tengo es con alguien de Irlanda. Y a diario hablo con muchos colectivos, franceses, portugueses… Es una cascada de activismos que van levantándose, y cada uno lo hace porque ha visto a otro y le ha inspirado.

Y actuando.

Sí, porque más allá de la parte de visibilización, ya estamos con la parte de lucha. Por ejemplo, hemos hecho alegaciones a los centros de datos de Amazon de manera colectiva, con Ecologistas en Acción. Que las actuaciones tengan consecuencias.

En resumen: ¿es entonces imposible tener IA sin consumo de agua?

Aunque resolvieras el problema aquí con los centros de datos, seguiríamos teniendo una cadena de impactos ecosociales en toda la cadena de suministro, en otra parte del globo; es decir, sería imposible.

Fuente: https://www.lamarea.com/2025/05/20/aurora-gomez-una-busqueda-con-chatgpt-consume-10-veces-mas-que-una-busqueda-en-el-google-antiguo/

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Panamá: El secretario general del Sindicato Único Nacional de Trabajadores de la Construcción denunció el allanamiento a la sede sindical

Saúl Méndez confirma que fue allanada la sede del Suntracs en David

Por Bernabé Yangüez

La sede del Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción y Similares (Suntracs) en la ciudad de David, Chiriquí, fue allanada este martes, así lo conformó el secretario general del sindicato, Saúl Méndez.

”La persecución llegó al edificio del Suntracs, en David, allí se está allando nuestra sede sindical, por parte del fiscal que lleva la causa de Jaime Caballero”, detalló.

Méndez definió el proceso legal que atraviesa Caballero como una causa “política” y su detención preventiva como propia de un “preso polítca”.

A Caballero se le siguen dos procesos, uno en David, por el cual tiene la medida cautelar de reportarse los 15 y 30 de cada mes por supuestamente atentar contra la personalidad interna del Estado y otro en Panamá por un presunto blanqueo de capitales, por la cual se le ordenó detención provisional por seis meses.

Este 16 de mayo la audiencia de control de garantías realizada en la sede del sistema penal acusatorio de Plaza Ágora, la jueza legalizó la aprehensión de Caballero, formalizó la imputación de cargos por delitos contra el orden económico en la modalidad de blanqueo de capitales y se concedió al Ministerio Público seis meses para llevar adelante la investigación.

La jueza de garantía también aplicó la medida cautelar de detención preventiva y la defensa apeló la medida, por lo que la audiencia de apelación será este 30 de mayo.

LA ESTRELLA

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La tecnología desnuda en educación

Por: Cristóbal Suárez Guerrero

La tecnología forma parte de nuestras vidas, y en esa convivencia la transformamos, pero también nos transforman, incluso desde hace más de 3 millones de años. Pero no todas las tecnologías son iguales, las digitales, dada su complejidad y su envolvente presencia, también influyen en la construcción de nuestra imagen y de las relaciones sociales, así como en la noción de realidad y sobre cómo intervenir en ella (Floridi, 2015). No somos ajenos a ellas y, contrariamente a lo que se dice sobre su capacidad de deshumanización, hay que considerar que, como las anteriores, forman parte consustancial de nuestro desarrollo (Diéguez, 2024). Pero, lo singular de las tecnologías digitales es que, además de permitirnos realizar muchas -y mejores- acciones, representan un desafío del pensamiento que exige ir más allá del escaparate de herramientas, la tecnología desnuda, y examinar tanto sus connotaciones internas y externas para darles significado.

Asumiendo que ninguna tecnología es neutral, puesto que cada una ofrece una forma concreta de hacer algo ajustada a su concepción y diseño, también nos invita a reimaginar -en conjunción a otros factores- modos de acción y representación de procesos tan delicados y ambiciosos como la educación. Y es ahí, aupado sobre su vertiginoso potencial, donde también descansa una narrativa sobre el valor y el poder de la tecnología digital en la educación. La narrativa EdTech, incluso donde no cabe pensar la educación sin tecnología (Dussel & Williams, 2023), es parte del imaginario pedagógico que tiene una gran influencia en las decisiones educativas (Matthews, 2020), pero también en la forma de delinear su futuro, donde, al parecer, la tecnología siempre está por delante (Selwyn et al., 2019).

Por ello no es de extrañar que surjan esfuerzos por desentrañar este tipo de narrativas EdTech, como aquellas sobre Inteligencia Artificial (IA) generativa que, según Cave et al. (2020) tienen un impacto real tanto en su devenir, su implementación o su regulación. Es más, la importancia de este mundo simbólico, la narrativa IA, es clave para entender que las diversas herramientas de IAtambién constituyen retos epistemológicos con implicaciones en la forma de entender y atender el aprendizaje (Silander, 2024). Pues bien, con toda la importancia que tiene la narrativa en las proyecciones y en las decisiones que tomamos sobre la tecnología en educación (Tondeur et al., 2017), y dada la alta complejidad de la actual tecnología digital, en esta entrada busco examinar una idea que tiene cierto prestigio en la narrativa EdTech: cuando hablamos de tecnología pensamos en herramientas.

Al hablar de tecnología digital en educación, especialmente en la prensa y la publicidad, tenemos una fuerte fijación en su parte más visible, las herramientas y sus grandes prodigios: las 10 aplicaciones móviles que revolucionarán el mundo educativo; el bot que personaliza, asiste y mejora el rendimiento escolar; la plataforma que gestiona eficazmente la atención a la diversidad; las aulas inmersivas 3D que garantizan la motivación del alumnado, etc. Y esto es lógico, ya que si hablamos de estas tecnologías en educación es preciso hablar de herramientas, claro, pero esto es una parte. Dado el brillo, la velocidad o la intensidad con que aparecen o se publicitan en el espectro educativo, existe la tendencia a centrarnos en las herramientas desnudas de sus complejidades tanto “de fábrica”, internas, como del contexto educativo, externas. ¿Cuál es la idea? A la complejidad educativa, en sí misma ya densa, heterogénea y multivariable, se le añade la de la tecnología actual que merece otra exigencia pedagógica. Una que, en principio, distinga que no es lo mismo desarrollo tecnológico en educación que desarrollo educativo con tecnología (Suárez-Guerrero et al., 2020).

Para empezar, existe una diferencia entre prestar atención a la herramienta y la tecnología: “El término tecnología es un paraguas bajo el que se incluyen, pues, elementos diversos. Aunque en el uso común es habitual identificar la tecnología con las máquinas o los aparatos, lo cierto es que tales cosas son la punta del iceberg de procesos más amplios y complejos” (Diéguez, 2024, p. 22). Cuando nos enfocamos solo en la herramienta, artefacto o aparato, ya sea por seducción o por aversión, dejamos de lado lecturas imprescindibles que forman parte de la tecnología, como el conocimiento científico implícito, las finalidades y valores de su diseño, las habilidades requeridas para su uso o las formas de producción. Cada potencial uso de la tecnología digital en educación también es una invitación a todo lo que ha dado forma y sostiene, incluida la herramienta. Así, ya que no es posible pensar una herramienta como neutral, no cabe una comprensión de la tecnología desnuda de sus complejidades que le son consustanciales y, por ello, hoy más que nunca no nos vale una narrativa educativa centrada únicamente en su funcionalidad o publicidad, sino abrir el foco a un análisis más amplio que permita entenderla mejor.

Pero, ir más allá del espectáculo mediático que se monta sobre las herramientas no es un esfuerzo mecánico, sino comprensivo. Esta exigencia pedagógica sobre el mundo EdTech supone, como señala Williamson (2021), examinar -claro está- una serie de herramientas (hardware/software), y asimismo entender la cada vez más intrincada variedad de actores (humanos y no humanos), organizaciones (públicas, privadas o multisectoriales), prácticas (docentes, diseñadores o promotores) y discursos educacionales de encuadre presentes en la tecnología. Dada la complejidad de la tecnología digital no cabe detenerse solo en la herramienta en sí, sino abrir el análisis a los condicionantes, las condiciones, los actores, los valores y las expectativas implícitas en sus diseños internos, pero también analizar y evaluar cómo la tecnología digital -además de la herramienta- se articula, alinea o sintoniza con los propósitos y contextos educativos donde se piensa aplicar. Por ejemplo, se puede aprovechar el potencial de un aula virtual y emplear datos para mejorar la experiencia de aprendizaje, pero también debemos preguntarnos sobre la calidad de esos datos, la propiedad y el tipo de acceso permitido, la competencia para analizarlos adecuadamente, la privacidad o los sesgos implícitos. Que la herramienta funcione no es la única razón, sí una parte, para admitirla en educación.

Las herramientas digitales no se “instalan” en una abstracción, sino en contextos educativos definidos. Pensar la tecnología desnuda de sus concionantes sociales, políticos, económicos o culturales que rodean a la educación, y que le dan cabida y sentido, puede llevar a un reduccionismo tecnológico que, por ejemplo, entienda el aprendizaje como una especie de acto reflejo producto de la exposición o uso de la herramienta o, más aún, entienda la herramienta como suficiente para revolucionar lo educativo. Como se sabe, la educación “no es analítica, estable y ordenada, sino sistémica, dinámica y cambiante” (Galán et al., 2014, p. 297) donde que intervienen muchos factores y, como señala Meirieu (2003) al distinguir entre la fabricación de objetos y la formación de personas, lo normal es que las cosas no funcionen como se espera; esta naturaleza exige una narrativa menos mecanicista de la tecnología. Para ir más allá de ese reduccionismo Edtech, que poco favor le hace a la comprensión amplia de la tecnología digital en educación, se pueden ensayar otros encuadres que examinen la tecnología articulada con los otros factores que también explican la educación, y la educabilidad mediada. Esta vocación holista podría ayudar a superar el vano esfuerzo, caracterizado como mito EdTech de la “bala de plata” (Suárez-Guerrero et al., 2023), de suponer que a la introducción de una poderosa herramienta le sigue, de forma causal, un cambio significativo -rondando casi lo mágico- en educación. Los negacionistas y los entusiastas de la tecnología digital tienen el mismo punto de apoyo, ese determinismo causal, ya que si no fuese así no podrían asumir que la tecnología se basta por si sola para ser causa de grandes efectos -buenos o malos- en educación.

Esta fijación por la herramienta, más cuando está en el pico de expectativa, además de llevarnos a posiciones extremas donde todo o nada es posible con tecnología, olvidan que la tecnología -por muy eficaz, inteligente o envolvente que sea- no está sola y coparticipa, se articula, con los otros factores que intervienen tanto en el aprendizaje como en la educación. Es más, como ya lo mencionaba Francisco Martínez (2016), este énfasis puesto en lo que puede hacer la herramienta deja en un segundo plano la explicación pedagógica, clave para delinear nuestras decisiones y acciones en didáctica o investigación.

La tecnología “funciona” en relación con muchos aspectos de la educación que no pueden soslayarse. Pensar que las herramientas digitales pueden ser el Santo Grial o la Caja de Pandora, según se vea, es invisibilizar la complejidad educativa. Por ello, cuando hablamos de la relación educación y tecnología sabe a poco un debate sobre su eficacia, hace falta una atención holista que examine el papel de tecnología digital -con todas sus complejidades- en el desarrollo de un proyecto humano que, por si no ha quedado claro, es más ambicioso que el propio proyecto tecnológico. Por ejemplo, se puede -y se debe- analizar la eficacia didáctica de las herramientas de IA, sin duda, pero también preguntarnos, si la promesa de automatización o las garantías de trasparencia de la IA actual encajan con los principios de los sistemas educativos. Que la herramienta funcione no es la única razón, sí una parte, de convertirse en deseable en educación.

Pues bien, y a modo de invitación, para remontar la narrativa EdTech centrada en la herramienta cabe generar otras problematizaciones -entendida como la caracterización de tópicos de estudio y análisis- de la tecnología digital en educación. Algunas ideas, grosso modo, desde lo que se puede entender como pedagogía digital crítica (Aguilera & Salazar, 2023; Suárez-Guerrero et al., 2024). Es posible, claro está, emplear herramientas de IA en la enseñanza, pero sin dejar de atender los dilemas de la algoritmización de la experiencia educativa (Giró Gràcia, & Sancho Gil, 2022), los límites que supone el cálculo estadístico en la experiencia educativa (Selwyn, 2024) o plantera el reto ético que las envuelve (Popenici, 2022); se puede, y debe, hablar del potencial didáctico de las herramientas digitales, pero además entender la forma de apropiación simbólica de la tecnología, una apropiación que supone expectativas, roles, hábitos y cultura escolar (Jarquín Ramírez, & Díez Gutiérrez, 2022); es importante conocer la capacidad de gestión del aprendizaje de los LMS (Learning Management Systems) en modalidades como el e-learning, pero también abrir el espectro a la noción de plataformización que admite otros puntos de análisis sobre la experiencia educativa mediada y mediatizada (Rivera-Vargas et al, 2023); claro que es posible automatizar procesos de evaluación del aprendizaje usando analíticas de datos, pero también exigirnos hablar de agencia, legibilidad y negociabilidad en la datificación de la experiencia educativa (Kuhn & Raffaghelli, 2023) y, por supuesto, frente al evidente imperativo comercial de que las herramientas funcionen, hay que buscar que sean significativas a la experiencia humana; no nos basta la eficacia, en educación hay que apostar por la equidad, justicia y desarrollo. Estas y otras visiones enriquecen la mirada sobre la herramienta ya que crean otros puntos de referencia para atender su complejidad y que, más temprano que tarde, inciden en nuestra imagen y práctica educativa.

Ya que existe una narrativa EduTech que estimula la tecnología digital como el producto estrella de la educación, hay que insistir en mirar más allá de los escaparates tecnológicos y construir una narrativa densa, contextual, política, exigente, utópica y crítica que arrope la desnudez con que se suele mirar la tecnología. Además de comprobar que la tecnología funcione, en educación necesitamos que tenga sentido y eso requiere, como vimos, atender la complejidad propia de la tecnología y, claro, la complejidad educativa donde se inscribe. Para ello, además de todo lo señalado, se puede recuperar un viejo ejercicio que también es parte de la tarea pedagógica: hacer preguntas (Meirieu, 2022; Suárez-Guerrero et al., 2020).

En pocas palabras, no basta con que una herramienta funcione en educación, hay que exigir -y exigirnos- un análisis de la tecnología en sentido integral, pero sobre todo sin perder la vocación educativa por un proyecto humano más justo y democrático. No se trata de huir de una amenaza tecnológica, como tampoco adherimos a lo que venga, se trata de ensayar una mirada, como comentara Neil Selwyn, crítica e ilusionante sobre la educación con tecnología.

Referencias

Aguilera, E., & Salazar, C. (2023). Critical Digital Pedagogy in the Platform Society. Oxford Research Encyclopedia of Education. https://doi.org/10.1093/acrefore/9780190264093.013.1888

Cave, S., Dihal, K., & Dillon, S. (eds.) (2020). AI Narratives: A History of Imaginative Thinking about Intelligent Machines Get Access Arrow. Oxford University Press.

Diéguez, A. (2024). Pensar la tecnología. Una guía para comprender filosóficamente el desarrollo tecnológico actual. Shackleton books

Dussel, I., & Williams, F. (2023). Los Imaginarios sociotécnicos de la política educativa digital en México (2012-2022). Profesorado, Revista De Currículum Y Formación Del Profesorado27(1), 39–60. https://doi.org/10.30827/profesorado.v27i1.26247

Floridi, L. (Ed.) (2015). The onlife manifesto: Being human in a hyperconnected era. Springer Nature. https://link.springer.com/book/10.1007/978-3-319-04093-6

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Giró Gràcia, X., & Sancho Gil, J. M. (2022). La Inteligencia Artificial en la educación: Big data, cajas negras y solucionismo tecnológico. RELATEC21(1), 129-145. https://doi.org/10.17398/1695-288X.21.1.129

Jarquín Ramírez, M. R., & Díez Gutiérrez, E. J. (2022). Google en Iberoamérica: expansión corporativa y capitalismo digital en educación. Revista Española de Educación Comparada, 42,240–260. https://doi.org/10.5944/reec.42.2023.34322

Kuhn, C., & Raffaghelli, J. E. (2023). Something Important is Going on With Data: Educators’ Search for Political Agency to Act as Professionals in Complex Datafied Contexts. In: S. Hayes, M. Jopling, S. Connor & M. Johnson (eds). Human Data Interaction, Disadvantage and Skills in the Community. (pp. 53-77). Springer, Cham. https://doi.org/10.1007/978-3-031-31875-7_4

Martínez Sánchez, F. (2016). Sentado en el andén. RiiTE Revista interuniversitaria de investigación en Tecnología Educativa, 0, 17-22. https://doi.org/10.6018/riite/2016/258131

Matthews, A. (2020). Sociotechnical imaginaries in the present and future university: a corpus-assisted discourse analysis of UK higher education texts. Learning, Media and Technology46(2), 204–217. https://doi.org/10.1080/17439884.2021.1864398

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Tondeur, J., Van Braak, J., Ertmer, P. A., & Ottenbreit-Leftwich, A. (2017). Understanding the relationship between teachers’ pedagogical beliefs and technology use in education: a systematic review of qualitative evidence. Educational technology research and development, 65, 555-575 https://doi.org/10.1007/s11423-016-9481-2

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La tecnología desnuda en educación

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Trump y el cierre del Departamento de Educación, ¿giro al homeschooling?

Por: Horacio Sánchez de Loria* y Roberto Dante Flores**

En EE.UU ya son más de 3 millones, desde preescolar hasta los 12 años, los niños educados en sus propios hogares, lejos de las escuelas. Trump desmantela el sistema educativo y lo acusa de difundir la cultura woke. Cerró escuelas, prohibió palabras y peligra la instrucción de pobres y discapacitados.

El 19 de marzo, rodeado de estudiantes, Donald Trump dispuso el desmantelamiento del Departamento de Educación, equivalente a un ministerio según la configuración administrativa establecida por el presidente Jimmy Carter en 1979.

No es una medida aislada, sino que forma parte de la batalla cultural emprendida en forma virulenta, que en este caso beneficia al homeschooling, enseñanza en la casa. Desde sus orígenes en los Estados Unidos las familias educaban a sus hijos en sus propias casas.

Resulta significativo que Massachusetts, un tradicional Estado, fuera el primero en aprobar una ley de educación obligatoria (1789). Esa fue la cuna de la educación estadounidense y aún sigue siendo un faro de cultura con sus prestigiosas universidades: Harvard, MIT, etc. Pero definitivamente se estableció el sistema moderno de educación en el año 1852, a instancias del abogado y educador Horace Mann. Un argentino, Domingo Faustino Sarmiento, admirado por ese programa educativo visitó Boston, y años después contrató a sus maestras para enseñar en Argentina.

Luego de Massachusetts, otros Estados comenzaron a hacer obligatoria la asistencia a las escuelas e incluso prohibieron la educación en casa. Pero a mediados del siglo XX volvió el interés por el homeschooling, impulsado por el cuestionamiento social a la educación pública y el auge de las ideas de desescolarización. Posteriormente–en el contexto de las protestas de los estudiantes contra su participación en la guerra de Vietnam– John Holt, y otros educadores, promovieron por todo el país la enseñanza sin escuela.

Para la década de 1980 los Estados comenzaron a legalizar el homeschooling, reconociendo las diversas razones por las que los padres optan por esta vía educativa. El número de familias que educan a sus hijos en casa aumentó paulatinamente, alcanzando 3,1 millones de niños desde preescolar a los 12 años. Representan el 6 % del sistema educativo estadounidense y se ha extendido a otros países, incluso Argentina (National Home Education Research Institute, 2025).

La profesora de Harvard Elizabeth Bartholet señala que la mayoría de esas familias (según estimaciones, hasta el 90%) se rigen por creencias religiosas que buscan alejar a sus hijos de la cultura dominante. Y algunos de los padres son «ideólogos religiosos extremistas» que cuestionan la ciencia y promueven la sumisión femenina y la supremacía blanca (Harvard Magazine, 2020).

Ahora Trump argumenta que la oficina federal de Educación es innecesaria en un país donde los Estados regulan en gran medida la materia. Pero lo más importante: subraya que ha sido un cauce para expandir la cultura woke.

Es cierto que la financiación federal representa una porción relativamente pequeña –alrededor del 10%– de los presupuestos de las escuelas de gestión estatal. Sin embargo, hay Estados como Mississippi o Alaska, que dependen de este dinero para financiar más del 20% de los costos de los distritos escolares.

La pregunta ahora es: la secretaria de Educación Linda McMahon, ¿dejará de proveer dinero para ayudar a estudiantes pobres y discapacitados? Además, ¿que pasará con los préstamos estudiantiles?

Es cierto que la medida requeriría de una ley del Congreso, pero sabemos que las normas legales han perdido eficacia en el país del Norte, lo que augura una decadencia mayúscula. Varias de las casi 150 órdenes ejecutivas (decretos) que ha firmado Trump en pocos meses de gobierno violan disposiciones constitucionales que han sido denunciadas, pero a él poco le importa.

Ha cerrado decenas de bibliotecas, recortado subsidios a las universidades acusadas de permitir las protestas en favor de los palestinos o fomentar el wokismo. Utilizó el escándalo del watergate al Servicio de Impuestos Internos, Internal Revenue Service, como arma política contra sus adversarios. También prohibió alrededor de 200 palabras en la comunicación gubernamental, amén del apoyo a la censura sobre miles de libros, entre ellos 1984, de George Orwelll, o The Handmaid Tale, de Margaret Atwood.

La Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, USCCB, al tiempo que recuerda que son los padres los principales educadores de sus hijos y deberían tener libertad para elegir la más adecuada, advierte sobre el peligro que corren los niños pobres y discapacitados de todas las escuelas del país con estas medidas.Evidentemente, todas ellas no tienen como horizonte el bien común, y fomentan aún más el individualismo, en una sociedad modelada por ese flagelo social.

* Miembro de la Academia Nacional de la Historia
** Historiador, Universidad de Buenos Aires

https://www.perfil.com/noticias/opinion/trump-y-el-cierre-del-departamento-de-educacion-giro-al-homeschooling.phtml

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Nada es gratis: la Inteligencia Artificial y el trabajo apropiado

Por Andrea Navarro

La inteligencia no surge de manera espontánea, requiere un proceso de formación, de exposición a ejemplos, de aprendizaje guiado por experiencia acumulada. En el caso de la inteligencia artificial, ese aprendizaje depende en gran medida de los datos que se le proporcionan. Sin una base de información, un modelo no puede identificar patrones, generar respuestas ni tomar decisiones. Alimentar a una IA implica diseñar, obtener, procesar y refinar los datos utilizados para entrenarla.

El conjunto de entrenamientos

El conjunto de entrenamiento o dataset es un elemento central en el desarrollo de un modelo de inteligencia artificial. La calidad, el tamaño y la composición de estos datos determinan el rendimiento, la precisión y también los posibles sesgos del modelo resultante. Es a partir de este conjunto que una IA “aprende” a realizar tareas.

Aspectos como el etiquetado, la variedad, el balance, la representatividad, la cantidad, y la presencia de sesgos o errores impactan directamente en la capacidad del modelo para desempeñarse de forma adecuada. Por eso, la creación y obtención de conjuntos de entrenamiento masivos y de alta calidad se ha convertido en una pieza clave dentro de la industria tecnológica.

Creación de datasets

Las empresas suelen almacenar datos relacionados con operaciones internas, rendimiento de sistemas, comportamiento de usuarios y datos de clientes. Esta información, recolectada de manera sistemática, puede ser utilizada posteriormente para construir conjuntos de entrenamiento para modelos de inteligencia artificial.

En el ámbito de la investigación científica o técnica, los datasets se generan a partir de datos antiguos y nuevos, acumulados progresivamente a lo largo de la experiencia. Los equipos recolectan, categorizan y almacenan información relevante de forma estructurada, haciendo que el conjunto de entrenamiento crezca y se refine con el tiempo.

En otros casos, los conjuntos de entrenamiento se generan de forma automática a partir del uso cotidiano de un sistema, software o servicio. Un ejemplo claro de esto son los algoritmos de recomendación de plataformas como Netflix, Spotify o YouTube, que recopilan datos sobre el consumo de contenido, palabras clave, categorías, historial de reproducción y feedback del usuario (como «me gusta», tiempo de visualización, o saltos de contenido). A partir de estos patrones, los sistemas aprenden a predecir gustos y preferencias de usuarios con perfiles similares.

Del mismo modo, empresas como Google y Amazon recolectan métricas de navegación, búsquedas, clics, interacciones, historial de compras, tiempo de permanencia en páginas, y otras señales que permiten entrenar modelos para personalizar resultados, optimizar anuncios, mejorar experiencias de compra o detectar fraudes.

Sin embargo, cuando se quiere que una IA aprenda a realizar una tarea específica que no responde a la operación cotidiana es necesario crear con un conjunto de entrenamiento diseñado especialmente para ese propósito. Esto implica no solo reunir una gran cantidad de datos relevantes, sino también asegurarse de que estén correctamente clasificados, etiquetados, organizados y normalizados. En el caso del aprendizaje supervisado, por ejemplo, cada dato debe incluir la «respuesta correcta» asociada. Si se desea entrenar un modelo para distinguir entre gatos y perros en imágenes, no basta con recolectar miles de fotos de animales en distintos contextos: también es indispensable que cada imagen esté claramente etiquetada como “gato”, “perro” o “ninguno”, y que haya una diversidad suficiente de razas, ángulos, calidades y escenarios para que el modelo generalice bien. Esta necesidad de precisión y volumen convierte la construcción de datasets específicos en una tarea altamente laboriosa. En algunos casos estas tareas de clasificación, corrección o generación de datos han sido obtenidas a través de trabajo humano remunerado, este es el caso en plataformas como Amazon Mechanical Turk[1] o Scale AI[2] donde se les paga a usuarios por completar tareas de clasificación, anotación y etiquetado . En los casos de datasets abiertas, aquellas son de acceso público, se ha utilizado crowdfunding para obtener la financiación requerida para cubrir estos costos. Proyectos como Mozilla Common Voice[3] han utilizado crowdsourcing logrando crear un dataset abierto a partir de la colaboración voluntaria de usuarios. Existen, sin embargo, otras metodologías menos directas que permiten obtener estos datos de los usuarios.

reCAPTCHA – El trabajo como parte de un servicio

Uno de los primeros casos populares de uso de habilidades humanas a gran escala para asistir a algoritmos de inteligencia artificial fue reCAPTCHA, desarrollado originalmente por el equipo del investigador Luis von Ahn y adquirido por Google en 2009. Esta tecnología reemplazó al CAPTCHA tradicional —que pedía a los usuarios ingresar letras o números distorsionados para verificar que no eran bots— por un sistema en el que los usuarios debían transcribir palabras difíciles de leer, extraídas de libros y periódicos digitalizados. Así, además de verificar que se trataba de un humano, el usuario ayudaba a entrenar algoritmos de reconocimiento óptico de caracteres (OCR).
Gracias a esta estrategia, Google logró en solo dos años digitalizar la totalidad del archivo de Google Books (la cifra exacta no es pública) y más de 13 millones de artículos del New York Times[4]. Parte de ese contenido se encuentra disponible en la plataforma Google Books, en versiones gratuitas o pagas, dependiendo de las restricciones de derechos de autor.

En 2015, Google enfrentó una demanda que argumentaba que los usuarios estaban realizando trabajo no remunerado al completar reCAPTCHAs[5]. Aunque el caso fue desestimado, abrió un debate sobre el uso de tecnologías que aprovechan el trabajo humano de manera gratuita para generar valor económico.

En 2012, reCAPTCHA evolucionó nuevamente: en lugar de texto, comenzó a mostrar imágenes y números provenientes de Google Street View, pidiendo a los usuarios identificar números de calles o fachadas, lo que ayudaba a mejorar los datos de Google Maps. Más adelante, introdujo los clásicos desafíos en cuadrícula, donde los usuarios deben identificar objetos como semáforos, bicicletas o autos, contribuyendo así a entrenar sistemas de reconocimiento de imágenes.

Desafíos virales – Trabajo disfrazado de entretenimiento

En el ámbito de las redes sociales, es posible generar conjuntos de entrenamiento mediante la colaboración de los usuarios, a través de desafíos, consignas o propuestas virales que promueven la creación masiva y rápida de contenido específico. Al estar acompañados de etiquetas o hashtags, estos contenidos pueden ser fácilmente filtrados y recolectados para su posterior procesamiento.

Uno de los ejemplos más comentados fue el “10-Year Challenge”[6], que se volvió viral en Facebook en 2019. El desafío invitaba a los usuarios a publicar una foto actual junto a una de hace exactamente diez años. Aunque Facebook ya contaba con acceso a las imágenes subidas por sus usuarios, este reto ofrecía una forma directa y estructurada de obtener pares de imágenes con diez años de diferencia de una misma persona, sin necesidad de búsquedas ni procesamiento adicional. Esta viralización masiva generó más de cinco millones de ejemplos potenciales en pocas semanas, lo que llevó a especulaciones sobre si la iniciativa pudo haber sido utilizada para entrenar modelos de reconocimiento facial capaces de predecir el envejecimiento o rejuvenecimiento facial.

Otro caso llamativo fue el Mannequin Challenge, que se popularizó en 2016. En este desafío, los participantes grababan videos en los que permanecían completamente inmóviles mientras la cámara se desplazaba alrededor de ellos, generando escenas con múltiples perspectivas estáticas. Más adelante, los videos etiquetados con el hashtag #MannequinChallenge fueron recopilados para construir un dataset público con el mismo nombre, utilizado para entrenar modelos de aprendizaje automático enfocados en la estimación de profundidad a partir de video[7].

A pesar de estos ejemplos, la falta de transparencia en la gestión de los datos y el control que ejercen los algoritmos de recomendación sobre qué contenidos se viralizan hacen difícil distinguir cuándo un desafío es una expresión orgánica de la comunidad o cuándo responde a una estrategia encubierta para recolectar datos con fines de entrenamiento.

Co-Pilot – Autoría y Licencias

GitHub Copilot fue lanzado para uso general en 2022. Es una herramienta de autocompletado de código desarrollada por GitHub en colaboración con OpenAI. Está basada en Codex, una versión del modelo GPT especialmente entrenada para generar código fuente. Los datos utilizados para su entrenamiento incluyen la totalidad de los repositorios públicos de GitHub, así como documentación técnica, comentarios y fragmentos de código obtenidos de diversas fuentes públicas en internet[8]. Copilot cuenta con una versión paga, y una gratuita disponible para estudiantes y mantenedores de proyectos open source.

GitHub, adquirido por Microsoft en 2018, es una de las plataformas más importantes para el almacenamiento, colaboración y administración de proyectos de software que utilizan el sistema de control de versiones Git. Antes de su adquisición por parte de Microsoft, estaba estrechamente asociado al movimiento del software libre y de código abierto.

El lanzamiento de Copilot generó un fuerte debate dentro de la comunidad de software libre. Una de las principales críticas fue que el modelo puede generar fragmentos de código muy similares —o incluso idénticos— a los utilizados durante su entrenamiento, sin incluir las atribuciones correspondientes. Esto podría constituir una violación de las licencias open source, especialmente de aquellas como la GPL (General Public License), que prohibe que cualquier software derivado se le aplique una licencia más restricitva . Además, se considera una contradicción con los principios de colaboración y transparencia que rigen el software libre.

La Free Software Foundation (FSF) expresó públicamente sus inquietudes éticas y legales en torno a Copilot, señalando que su uso podría agravar desigualdades estructurales en la industria tecnológica. La FSF ha planteado una serie de preocupaciones clave, entre ellas la posibilidad de que Copilot genere código que infrinja licencias como la GPL, la dificultad para que los usuarios verifiquen si el código producido respeta los términos de las licencias originales, y la legalidad del uso de software de código abierto para entrenar modelos comerciales bajo el principio de uso justo o fair use[9].

A esto se suma otra preocupación: las entradas que los usuarios proporcionan a Copilot (prompts, código, instrucciones) pueden ser utilizadas por el sistema para continuar su entrenamiento. Esto ha derivado en filtraciones involuntarias de datos sensibles, como claves privadas, contraseñas y credenciales embebidas en el código, lo que plantea serios riesgos de seguridad[10][11].

La complejidad legal se acentúa por la diversidad de licencias de software libre. Mientras que algunas permiten la reutilización libre del código, otras exigen atribución o imponen condiciones específicas. Algunas licencias libres sólo permiten la reutilización de código dentro de proyectos que adopten la misma licencia, lo que significa que incorporar sin saberlo una línea de código generada por Copilot basada en un repositorio con licencia GPL puede convertir todo un proyecto en código abierto. Dado que Copilot no proporciona información sobre la fuente, autor o licencia de sus sugerencias, es imposible determinar si el código generado es original, derivado o incluso si está protegido por copyright o sujeto a restricciones.

Se han presentado demandas legales contra GitHub y Copilot, tanto por violaciones de derechos de autor como por el incumplimiento de licencias open source. Mientras algunas de estas demandas fueron desestimadas, los casos centrados en licencias siguen activos. Para muchos críticos, este escenario representa una nueva forma de piratería automatizada, con implicancias legales aún no resueltas.

Generadores de imágenes y copyright

Los generadores de imágenes han experimentado un notable avance técnico en los últimos años, permitiendo crear imágenes que simulan estilos artísticos, medios y contenidos diversos a partir de simples descripciones en lenguaje natural. Sin embargo, el origen de los datasets utilizados para entrenar estos modelos ha generado controversias y demandas legales, especialmente por parte de artistas y creadores cuyos trabajos fueron incluidos sin autorización.

Entre estos modelos, Stable Diffusion ha mostrado un nivel de transparencia relativamente alto en comparación con otras herramientas similares. Su principal fuente de datos fue LAION-5B, un dataset de pares imagen-texto compuesto por más de 5.000 millones de ejemplos recolectados de contenido público en internet. Este conjunto incluye imágenes y descripciones obtenidas de redes sociales, sitios especializados en arte como ArtStation y DeviantArt, y otras plataformas como Pinterest, Flickr y Wikimedia Commons. Aunque el objetivo declarado de este dataset era democratizar la investigación en modelos generativos, su uso ha sido objeto de denuncias por parte de artistas que alegan que sus obras protegidas por derechos de autor fueron incluidas sin consentimiento. [12][13]

Estas demandas han puesto de relieve vacíos legales en torno al uso de obras protegidas para el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial, especialmente en lo que respecta a la minería de datos y a la interpretación del fair use o excepciones similares en distintas jurisdicciones. En el caso de LAION, su carácter de dataset público y de uso no comercial ha permitido cierto margen legal que es mantenido aunque empresas reutilicen ese conjunto con fines comerciales.

Por otro lado, modelos como Midjourney y DALL·E (de OpenAI) han sido mucho menos transparentes sobre las fuentes específicas utilizadas para su entrenamiento. Aunque se presume que utilizan datasets similares a LAION, el estilo de muchas de las imágenes generadas ha llevado a sospechas de que emplean datos adicionales obtenidos mediante web scraping (la extracción automatizada de datos de sitios web públicos) incluidos portafolios de artistas profesionales.

Mientras el debate legal continúa, muchas empresas que desarrollan estos generadores mantienen los derechos sobre las imágenes producidas por sus modelos, aunque permiten a los usuarios utilizarlas con fines comerciales. Sin embargo, los términos de uso de estas plataformas suelen indicar que cualquier responsabilidad legal derivada de un posible uso indebido o infracción de copyright recae exclusivamente en el usuario. Esto implica un riesgo legal latente en el uso de estas herramientas dependiendo del marco legal vigente [14].

GDPR y legislación

El Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) de la Unión Europea establece un marco riguroso para la recopilación y el procesamiento de datos personales, incluyendo su uso en el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial (IA). La legalidad de este uso depende de varios factores, como la base jurídica que lo sustenta, la naturaleza de los datos involucrados y las salvaguardas implementadas para proteger los derechos de las personas. El GDPR es actualmente la regulación de protección de datos más estricta a nivel global, por lo que muchas empresas internacionales lo adoptan como estándar para operar en Europa sin tener que adaptar sus políticas por región.

En diciembre de 2024, el Comité Europeo de Protección de Datos (EDPB) emitió una opinión en la que afirmó que el «interés legítimo» puede servir como base legal para entrenar y desplegar modelos de IA, siempre que se realice una evaluación exhaustiva y se implementen medidas adecuadas. Entre estas se incluyen garantizar el anonimato, filtrar datos personales, evitar que estos aparezcan como salida del modelo, asegurar la transparencia, implementar pruebas rigurosas, auditorías periódicas y medidas de seguridad robustas. Esto reconoce la legalidad del entrenamiento de modelos de IA incluso si los datos utilizados pueden clasificarse como datos personales. [15]

Estas regulaciones están comenzando a impactar en la industria tecnológica, aunque su aplicación sigue limitada principalmente al ámbito de influencia del GDPR. Un ejemplo claro es el caso de Meta, que utiliza publicaciones y fotografías públicas de usuarios de Facebook e Instagram para entrenar modelos de IA. Mientras que los usuarios europeos pueden optar por no participar en esta recolección (lo que llevó a Meta a suspender el lanzamiento de su IA en Europa) esta práctica continúa en otras regiones sin restricciones similares. [16]

Asimismo, la plataforma X (anteriormente Twitter) ha estado bajo investigación por utilizar datos personales de sus usuarios para entrenar su modelo de IA, Grok, sin el consentimiento adecuado. A raíz de estas investigaciones, X se vio obligada a suspender el procesamiento de estos datos para los usuarios de la Unión Europea [17]

Conclusión

La inteligencia artificial no surge en el vacío ni su funcionamiento se limita a su código fuente: se construye sobre inmensas cantidades de datos generados por seres humanos. Parte de estos conjuntos de datos es creada conscientemente por personas que colaboran de forma remunerada o voluntaria. Sin embargo, una porción aún mayor proviene de individuos que muchas veces no son conscientes de su participación. Los usuarios no solo contribuyen al entrenamiento de modelos al utilizar servicios, navegar por internet o interactuar con plataformas; también lo hacen al producir contenido, como escribir textos, tomar fotografías, grabar videos, crear código o publicar en redes sociales. Incluso al interactuar directamente con sistemas de IA, están alimentando su aprendizaje. Esta situación es evidente y cada vez más común en modelos de lenguaje ampliamente utilizados como ChatGPT, Gemini o DeepSeek, cuyo entrenamiento se basa en grandes volúmenes de datos cuyo origen no es transparente para los propios usuarios

Esta realidad plantea dilemas éticos y legales complejos en torno a la autoría, el consentimiento, el uso justo de la información y la noción misma de trabajo. A medida que los modelos se vuelven más poderosos, también crece la necesidad de establecer marcos regulatorios claros, transparentes y equitativos que protejan los derechos de usuarios, creadores y comunidades.


Referencias[1] Amazon Mechanical Turk. (s. f.). Recuperado 11 de abril de 2025, de https://www.mturk.com/[2] Accelerate the Development of AI Applications | Scale AI. (s. f.). Recuperado 11 de abril de 2025, de https://scale.com/[3] Mozilla Common Voice. (s. f.). Recuperado 11 de abril de 2025, de https://commonvoice.mozilla.org/[4] Morreale, F., Bahmanteymouri, E., Burmester, B., Chen, A., y Thorp, M. (2024). The unwitting labourer: Extracting humanness in AI training. AI & SOCIETY, 39(5), 2389-2399. https://doi.org/10.1007/s00146-023-01692-3[5] Avanesi, V., y Teurlings, J. (2022). «I’m Not a Robot,» or am I?: Micro-Labor and the Immanent Subsumption of the Social in the Human Computation of ReCAPTCHAs. International Journal of Communication, 16, 1441-1459.[6] Martin, N. (s. f.). Was The Facebook «10 Year Challenge» A Way To Mine Data For Facial Recognition AI? Forbes. Recuperado 7 de abril de 2025, de https://www.forbes.com/sites/nicolemartin1/2019/01/17/was-the-facebook-10-year-challenge-a-way-to-mine-data-for-facial-recognition-ai/[7] Social media virals as training data for AI algorithms. (s. f.). Recuperado 7 de abril de 2025, de https://www.linkedin.com/pulse/social-media-virals-training-data-ai-algorithms-oguzhan-gencoglu[8] Verdi, S. (2023, mayo 17). Inside GitHub: Working with the LLMs behind GitHub Copilot. The GitHub Blog. https://github.blog/ai-and-ml/github-copilot/inside-github-working-with-the-llms-behind-github-copilot/[9] GitHub Copilot is ‘unacceptable and unjust,’ says Free Software Foundation. (s. f.). InfoWorld. Recuperado 7 de abril de 2025, de https://www.infoworld.com/article/2268189/github-copilot-is-unacceptable-and-unjust-says-free-software-foundation.html[10] GitHub Copilot Security and Privacy Concerns: Understanding the Risks and Best Practices. (2025, marzo 27). GitGuardian Blog – Take Control of Your Secrets Security. https://blog.gitguardian.com/github-copilot-security-and-privacy/[11] Cai, Y. (2023, marzo 11). Legal and Ethical Concerns behind Github Copilot. SI 410: Ethics and Information Technology. https://medium.com/si-410-ethics-and-information-technology/legal-and-ethical-concerns-behind-github-copilot-3359d25c0001[12] Robert Kneschke vs. LAION e.V.: Legal Battle over AI and Copyright. (s. f.). Recuperado 10 de abril de 2025, de https://www.fairlicensing.com/en/blog/robert-kneschke-vs.-laion-e.vlegal-battle-over-ai-and-copyright[13] Schuhmann, C., Beaumont, R., Vencu, R., Gordon, C., Wightman, R., Cherti, M., Coombes, T., Katta, A., Mullis, C., Wortsman, M., Schramowski, P., Kundurthy, S., Crowson, K., Schmidt, L., Kaczmarczyk, R., y Jitsev, J. (2022). LAION-5B: An open large-scale dataset for training next generation image-text models. https://arxiv.org/abs/2210.08402[14] Part 10: Copyright and AI: Responsibility of providers and users. (s. f.). Recuperado 11 de abril de 2025, de https://www.vischer.com/en/knowledge/blog/part-10-copyright-and-ai-responsibility-of-providers-and-users/?utm_source=chatgpt.com&cHash=f1c2f719b3c2939909a237f8b0eb7a67[15] EU Privacy Regulators Confirm That Legitimate Interest Is a Valid Legal Basis for AI Model Training and Deployment. (s. f.). Wilson Sonsini Goodrich & Rosati Professional Corporation Home Page – Palo Alto, Silicon Valley, San Francisco, New York, Seattle, San Diego, Washington, D.C., Shanghai, Hong Kong, Brussels – EU Privacy Regulators Confirm That Legitimate Interest Is a Valid Legal Basis for AI Model Training and Deployment. Recuperado 10 de abril de 2025, de https://www.wsgr.com/en/insights/eu-privacy-regulators-confirm-that-legitimate-interest-is-a-valid-legal-basis-for-ai-model-training-and-deployment.html[16] Taylor, J. (2024, septiembre 11). Meta’s AI is scraping users’ photos and posts. Europeans can opt out, but Australians cannot. The Guardian. https://www.theguardian.com/technology/article/2024/sep/11/meta-ai-post-scraping-security-opt-out-privacy-laws[17] Murphy, H., y Hammond, G. (2024, julio 26). Musk’s X faces questions from watchdog over AI data grab. Financial Times. https://www.ft.com/content/1e8f5778-a592-42fd-80f6-c5daa8851a21

Nada es gratis: la Inteligencia Artificial y el trabajo apropiado – Por Andrea Navarro

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