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Entrevista a Víctor Carrión: “Sobreproteger a los niños les puede crear mucho estrés”

Por Cristina Galindo.

Este psiquiatra infantil lleva dos décadas investigando en la Universidad de Stanford cómo el estrés moldea el cerebro de los menores. Defiende la necesidad de enseñarles a ser más resilientes. Ha puesto en marcha en las escuelas de San Francisco un programa de yoga y relajación para ayudar a los alumnos a gestionar la ansiedad. En esta conversación, recomienda a los padres que den a sus hijos autonomía. Y observa con preocupación el uso excesivo de la tecnología.

CÓMO ENSEÑAR a los niños a ser más resilientes? ¿Cómo educarles para que sepan enfrentarse a las dificultades cotidianas? Padres y profesores se hacen esta pregunta a menudo y Víctor Carrión tiene algunas respuestas. El psiquiatra infantil, nacido en Puerto Rico hace 45 años, investiga en la Universidad de Stanford (Estados Unidos) cómo el estrés moldea el cerebro de los niños y hasta qué punto afecta al comportamiento y al rendimiento académico. Está convencido de que hay que guiar a los menores para que aprendan a gestionar la ansiedad desde pequeños, y por ello él y su equipo han impulsado en varias escuelas públicas de San Francisco un programa para enseñar unos cuantos trucos a 3.500 alumnos, que reciben a diario clases de yoga y relajación, con unos resultados, dice, bastante prometedores.

Son muchas las situaciones que generan estrés en los niños: el miedo a no cumplir con las expectativas sociales y académicas, a no hacer amigos, problemas familiares, con los profesores… Las investigaciones de Carrión han concluido que, en un nivel óptimo, este estrés puede ser positivo o fácil de controlar. Pero en otros casos no basta con la meditación. Cuando los episodios son muy frecuentes o intensos (malos tratos físicos o psicológicos, acoso escolar, abandono, conflictos bélicos y catástrofes naturales) suele ser necesario recibir tratamiento. Se estima que cerca de un tercio de los niños sufren alguna experiencia traumática, más o menos grave, antes de llegar a los 18 años. De ellos, al menos un 6% llegará a sufrir estrés postraumático, cuyas secuelas pueden dejarse ver también en la edad adulta.

Dibujo realizado por una niña. La dirección de los trazos y que estos ocupen todo el folio apuntan a un problema de ansiedad.
Dibujo realizado por una niña. La dirección de los trazos y que estos ocupen todo el folio apuntan a un problema de ansiedad. SOFÍA MORO

Sentado en el salón de un luminoso apartamento con vistas a la Plaza Mayor de Madrid, cedido por un conocido para la entrevista, Carrión conversa sobre la especial vulnerabilidad de los niños y cómo enseñarles a ser más fuertes y autónomos. Está de visita unos días en España para realizar un taller con profesionales de la salud de la Comunidad de Madrid organizado por la psicóloga clínica y terapeuta de familia Susana de ­Cruylles. El hablar de Carrión, suave y pausado, y su expresión relajada hacen que resulte muy fácil imaginarle dirigiendo con éxito una terapia antiestrés.

Afirma que se puede enseñar a los niños a ser más resilientes. Por supuesto. En primer lugar, es importante tener el apoyo de un adulto en el que confiar, sea un familiar, un maestro, un entrenador… Alguien interesado en su vida y a quien el niño pueda hablar de las cosas que le hayan molestado. Así les vamos guiando. Por ejemplo, explicarles que sus temores, como sacar malas notas, los tenemos todos. También es bueno que practiquen deportes o realicen actividades artísticas que les ayuden a gestionar el estrés cotidiano.

¿Qué importancia tiene la escuela? Mucha. Allí pasan buena parte del día. Allí se relacionan y conviven con muchas otras personas. Por eso pusimos en marcha el proyecto de San Francisco. Hemos añadido en el ­currículo escolar una nueva actividad que incluye yoga y mindfulness. Llevamos tres años. Hemos comparado estos colegios con otros que no tienen estas actividades y, aunque los resultados que tenemos son muy preliminares, hemos visto que hay un menor ­absentismo y los niños duermen mejor. Falta por ver si influye en el rendimiento académico. También ­enseñamos a los maestros a conocer qué estresa a los niños para entenderlos y saber cuándo necesitan ayuda.

“Si tengo unos padres que siempre me están diciendo qué quieres hacer, qué te quieres poner, al final empiezo a pensar que no tienen idea de nada”

El mindfulness parece ahora la panacea. Consiste en hacer unos ejercicios de meditación y respiración que te ayudan a centrarte más en ti y en el momento que estás viviendo, sin juzgar, vivir el momento. Está resultando una herramienta genial de gestión del estrés y la concentración. Al principio, los niños de nuestra investigación se movían sin parar por el aula. Era difícil decirles siéntate y céntrate en esto. Así que les animamos a moverse con el yoga. Combinamos las dos cosas. Vimos enseguida que les beneficiaba, les hacía sentir bien y lo decían. Hay juegos para respirar profundamente. Parece una tontería, pero si uno respira mejor, con una buena postura, lleva más oxígeno a los músculos y los relaja. Son técnicas de prevención. Pero cuando ya hay niños con síntomas de estrés importante hay que ir a terapia.

¿Y qué papel desempeñan los padres? Ahora se habla mucho del apego. Hay que proteger al niño, intentar que no le pase nada malo, estimularle para que se desarrolle y ayudarle a afrontar las dificultades, porque esas dificultades le hacen crecer como persona. El adulto debe acompañarle y ayudarle a entender lo que sucede, pero tiene que darle autonomía. Es importante enseñarle que a veces se sentirá frustrado y dejar que, en la medida de lo posible, solucione él mismo sus problemas. Eso le puede ayudar a gestionar el estrés en el futuro. Pero si se lo haces todo, no le ayudas a aprender cómo enfrentarse al mundo. El niño sobreprotegido es más vulnerable al estrés. Hay apegos que son excesivos. No es fácil, pero se trata de encontrar el equilibrio.

¿Sobreproteger a los niños les causa ansiedad? Les puede crear mucho estrés. Insisto en que los niños se tienen que sentir cuidados. Pero también que las personas que se encargan de su cuidado tienen autoridad, que saben qué hay que hacer. Si tengo unos padres que siempre me están diciendo qué quieres hacer, qué te quieres poner, qué quieres comer, adónde quieres ir…, empiezo a pensar que no tienen ni idea de nada, que soy yo, el niño, quien debe tomar las decisiones. Y eso causa mucha ansiedad. Los niños piensan así. Hay que encontrar el equilibrio entre dejarles que a veces decidan por sí mismos algunas cosas y que lo decidan todo. Conviene apoyarlos para que tengan experiencias de engrandecimiento y crecimiento emocional y social. Que sean autónomos.

¿Qué etapa de la vida de un niño es más importante? ¡Todas! Cada minuto es crítico. Pero la etapa de 0 a 5 años es esencial porque se desarrolla mucho el cerebro. También es importante la edad escolar, entre los 7 y 8 años, y la adolescencia temprana. Hemos visto que la parte frontal del cerebro es clave y sabemos que esa parte se desarrolla hasta la veintena y más. Así que hay mucho margen para que se produzcan cambios positivos.

Estar enganchados al móvil, a la tableta, al ordenador…, ¿es una nueva fuente de generación de estrés? Por supuesto que afecta. No solo al cerebro, que se ve estimulado de forma constante, sino que también genera un problema de conexión. Los chavales suelen decirnos que se sienten desconectados de su entorno. No perciben que participen en los asuntos de la familia, en la clase, con los amigos. Hay escuelas en las que todos los niños tienen tableta y a veces la relación es con ese aparato y no con el resto de la clase, con el compañero de al lado. Es importante disfrutar de la tecnología y de lo nuevo, de los avances, pero todo debe tener sus límites. De la misma forma que hay que poner límites en cuanto a la comida, el dormir…, hay que poner límites al uso de la tecnología. De nuevo, buscar ese equilibrio. Me gustan esas familias que, antes de sentarse a la mesa a cenar, pasan una cesta para que todos dejen allí su móvil.

El acoso ahora llega además por el móvil.El acoso ha sido siempre un ­problema. Afecta a la víctima, al per­petrador, que normalmente ha sido víctima a su vez de bullying de alguna forma, el ­sistema, los padres… Pero la dificultad específica del ciberbullying es que suele suceder en silencio. Cuando yo era niño, se veía al acosador, quién era. Ahora no siempre se sabe. Solo lo sabe el niño. El ciberacoso puede llegar a ser muy cruel.

¿Cómo perjudica el estrés a los niños? El estrés es necesario, es clave para desarrollarnos. En un nivel óptimo, mejora nuestro rendimiento. Estar preocupados por el examen de mañana nos hace esforzarnos más. Es una señal de que nos importa. Pero si el estrés sobrepasa unos límites, el rendimiento empieza a bajar y puede afectar al desarrollo académico, emocional, cognitivo y social. El estrés depende de una acumulación de experiencias. Cuando un niño vive un acto terrorista, un episodio violento o un desastre natural, como un huracán, puede llegar a desarrollar un trastorno de estrés. Pero lo que ves más a menudo es una vida con acumulación de distintas vivencias traumáticas que van sumándose, como violencia en el hogar, pobreza, problemas en el colegio. Ahí aparece el estrés traumático, que es crónico. Y que debe ser tratado.

¿Esos niños se convierten en adultos enfermos?Exactamente. Si no se trata, se pueden desarrollar trastornos de estrés traumático crónico, adicciones a las drogas y al alcohol, depresión y ansiedad, problemas en las relaciones sociales. Es muy habitual que se autolesionen. Hay que reconocerlo y tratarlo temprano, porque el cerebro de un niño no está completamente desarrollado y es más vulnerable al estrés que un adulto. Por eso es importante el diagnóstico. A veces está muy claro, pero no siempre se tiene el trastorno al completo, no se tienen todos los síntomas, y es más difícil verlo. Por eso son necesarios profesionales de la salud formados, y que los padres y los profesores tengan información. Existe también el problema de que mucha gente, suele ser la familia, no quiere ver el problema. Es una lástima porque en verdad se responde muy bien a la terapia.

Se suele decir que los niños lo superan todo, que se adaptan bien, que todo lo olvidan. Muchas personas están convencidas de que un niño puede superar cualquier problema porque es joven. Es completamente lo opuesto. No hay nada en la literatura científica que concluya que por ser niño exista una protección especial. Los niños se enteran más de lo que creemos y les afecta más de lo que parece.

¿Un solo evento puede cambiar la vida? Si uno va a Haití después del terremoto, lo que se ve es que los niños con más estrés traumático ya habían vivido anteriormente experiencias estresantes. La mayoría de las veces no basta con un solo evento. Puede pasar si la persona es especialmente vulnerable desde el nacimiento, aunque todavía sabemos poco de la influencia que tiene la genética en la fortaleza personal. Por otra parte, en términos de estrés cotidiano vemos que las expectativas académicas y sociales excesivas o poco realistas que algunos padres tienen en relación con sus hijos pueden provocar mucho estrés. Sobre todo puede haber dificultades cuando ese joven no se siente conectado a unos amigos, familiares o algún apoyo de referencia.

¿Hay más traumas ahora que antes? Siempre han existido. Incluso hay traumas históricos que han pasado de generación en generación. Como la esclavitud o el Holocausto. Continúan afectando a generaciones posteriores.

Algunos dicen que a veces se piensa demasiado en el pasado. Hay que reconocer lo que pasó y que se hable de ello, porque si no se repara el problema, no desaparece. La reparación es importante. Si algo no ha sido procesado cognitivamente, el problema sale somáticamente, en enfermedades mentales y generales. El sueño, por ejemplo, es importante. Si no hay suficientes etapas profundas durante el sueño, se tienen problemas procesando los eventos del día. Cuando no se procesan las cosas, no se crea una narrativa de lo que ha pasado y cómo nos ha afectado. Lo que queda en la memoria son unas señales o imágenes que no se procesan. Entonces, cuando uno les hace frente en su vida cotidiana reacciona de una forma y no sabe por qué. Puede ser una reacción pequeña o a veces grande.

“Las expectativas académicas o sociales poco realistas que algunos padres tienen en relación con sus hijos
pueden provocar mucho estrés”

¿Cómo son esas reacciones? Un chaval que de repente sale corriendo de la clase, sin un motivo aparente. Se le etiquetará casi seguramente como problemático, y cuando uno es niño, el desarrollo de la identidad es muy importante y se absorben esos nombres fácilmente y se incorporan a su personalidad. Pero quizá hay algo detrás de su comportamiento. Puede que esté respondiendo a algo que pasa en la clase. Quizá el volumen de las voces haya subido y le recuerde que, cuando eso pasa en casa, está a punto de haber violencia de algún tipo. Echar a correr es lo mejor que puede hacer. El cuerpo aprende de manera automática que, cuando oye ruidos fuertes, hay que huir. Ese niño responde así y no sabe ni por qué. Durante la infancia, las vivencias y los sentimientos no siempre se relacionan. Hay que ayudarles a hacer esa conexión, porque ellos no las ven. Cuando esto sucede, se les debe ayudar a entender qué pasa y se les debe ofrecer alternativas a huir de la clase, otras vías de escape.

¿Reaccionará igual el hermano de ese niño que haya vivido en casa lo mismo que él? Hay cierta predisposición. La resiliencia es una fórmula matemática en la que hay muchas variables. Hay factores genéticos que nos hacen más vulnerables al estrés y eso cambia de persona a persona. Como decía antes, todavía no sabemos mucho de esa vulnerabilidad genética. Es algo que estamos investigando. Pero sabemos que el estrés influye en el desarrollo del cerebro y afecta a áreas que son importantes en términos de regulación de las emociones y de la función ejecutiva (realización, concentración, atención).

Usted es más partidario de la terapia que de la medicación para tratar a los niños con problemas. ¿Se les da demasiados fármacos? Sí. En Estados Unidos hay estudios que demuestran que están sobremedicados. Los hay que necesitan fármacos, pero también terapia. Cuando estudiaba psiquiatría infantil en los noventa, algunos niños llegaban a la consulta con notitas del profesor en las que me decían que el niño sufría déficit de atención e hiperactividad (TDAH), que le diera Ritalin [un popular fármaco destinado a calmar los síntomas de ese trastorno]. Pero después veía que muchos de ellos sufrían en realidad las consecuencias del estrés. Sus miedos y la tendencia a huir de las situaciones y meterse en peleas se confundían con la falta de atención, hiperactividad y agresión asociados al TDAH. El problema es que si a un niño con un trastorno de estrés le das Ritalin, no solo no mejora, sino que puede empeorar.

¿El sistema de salud está preparado para atender esos problemas infantiles? Hay carencias en todo el mundo. En temas de salud mental hay siempre tres problemas que dificultan el tratamiento: el acceso a los servicios sanitarios, los recursos limitados que restringen mucho el número de terapeutas a disposición de los pacientes y la falta de interés de los responsables públicos en la prevención. Hay que trabajar para que los niños que lo necesiten puedan ser tratados.

Fuente de entrevista: https://elpais.com/elpais/2017/11/27/eps/1511804677_284019.html

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Diabetes: ¿quién atiende a los niños diabéticos en el colegio?

Por Carolina García.

Uno de los principales problemas de las familias a la hora de escolarizar al menor es saber quién se ocupará del cuidado constante que demanda la enfermedad

El niño con diabetes mellitus tipo 1, sobre todo a edades tempranas, lo tiene complicado a la hora de la escolarización. O por lo menos al acceso a una escolarización acorde con sus necesidades. El pequeño y la familia se encuentran con centros que carecen de servicios de atención o con un conjunto de docentes que carecen de formación acerca de la enfermedad.

Ana Ibáñez es la madre de Martina, de tres años. A la pequeña le diagnosticaron el pasado 19 de agosto diabetes mellitus tipo 1. La niña va a un colegio en Barcelona en el que carecían de un enfermero para a ayudarle a controlar las subidas y bajadas de azúcar propias de la patología que padece. La maestra es, junto a la progenitora, que acudía al centro varias veces al día, la que se ocupaba de hacer los controles de la pequeña. “Pero ella es humana, en el aula hay 27 alumnos, entre los que está también un pequeño con necesidades especiales. Ha sido duro. Mi hija era invisible para el sistema y ella necesitaba constantemente a alguien que gestionara su enfermedad (puede pasar de tener una glucemia de 350 a 60 en 30 minutos)”, explica la madre por teléfono a EL PAÍS. La familia solicitó la ayuda necesaria, alguien capaz de atender a la niña y dar tranquilidad a la madre. Ibáñez lo consiguió el pasado día 27 de septiembre.

La angustia de Ibáñez no es única. Son muchos los padres con niños que padecen esta enfermedad los que critican la falta de atención médica y formación de los trabajadores en los centros educativos.

La diabetes tipo 1 es congénita. A la glucosa que circula por la sangre se le denomina glucemia. Los síntomas más característicos son que el pequeño tiene más ganas de orinar; más sed y más ganas de comer de lo habitual y pierde peso rápidamente. La enfermedad no tiene cura. «La diabetes tiene un impacto importante en la vida del niño que la padece, pero también de sus familiares, ya que implica tener que introducir nuevas rutinas necesarias para conseguir un adecuado control», explica Roque Cardona Hernández, pediatra endocrinólogo del Hospital Sant Joan de Déu y asesor científico de la Fundación para la Diabetes. «En un primer momento es normal que muchos experimenten sentimientos de negación, rabia y culpabilidad, que afortunadamente van disminuyendo posteriormente según van afrontando el duelo. Nuestra labor como equipo de diabetes es intentar que se sientan apoyados y proporcionar las mejores herramientas para asegurar un buen control desde el primer momento», afirma.

La Fundación para la Diabetes explica que la “falta de asistencia médica y formación en los centros” es una de las principales quejas de las familias. Según los últimos datos recogidos en un informe de 2015, “un 70% de los padres reclama un enfermero en el colegio. Además, demandan una mayor información general para los profesores (84%)». En ocasiones, la solución adoptada por los padres es acudir al propio centro a diario para supervisar la salud de su hijo –uno de cada dos padres o madres ha tenido que modificar su actividad laboral para atender al niño–, como era el caso de Ana Ibáñez, dificultando la conciliación de la vida familiar y laboral, y en muchos casos teniendo una repercusión económica negativa para la familia.

Para la mayoría, reclamar un profesional de enfermería está sirviendo para sensibilizar, y en muchos casos logran conseguirlo. Existe un protocolo para la solicitud. “Primero, hay que confiar en la buena fe de los colegios, porque el trámite de petición lo hace el centro a la Dirección de Área Territorial a la que pertenezca. La petición se hace por escrito y se debe adjuntar un informe médico”, explica desde la Fundación. “Nosotros recomendados que los padres también hagan este proceso de forma particular. Lo más importante es que estos conozcan los procesos a seguir para que su hijo esté bien atendido en clase”, añade. Efectivamente, «la presencia de Enfermería Escolar es un elemento altamente deseable para la atención y cuidado de los niños con diabetes ya que facilita la labor de los docentes y evita que los padres tengan que desplazarse hasta los centros para proporcionar los cuidados necesarios», dice Cardona Hernández. «Además, su presencia permitiría que se realizaran otras labores, como educación sanitaria y promoción de hábitos de vida saludable y atención de otras enfermedades. Su implantación en los colegios públicos depende de las autoridades educativas. La gran mayoría no cuentan con un profesional de enfermería», agrega el experto.

Menos enfermería y más formación

Pero no todos los progenitores piensan que un enfermero es la mejor opción para la correcta escolarización de sus hijos con diabetes. María Palacios, madre de cinco hijos de los que uno, Lucas, padece la enfermedad, cree que es mejor que “haya una integración total del menor en el aula”: “Yo no quiero que mi hijo salga de clase cuando tenga un descontrol en los niveles de azúcar. Quiero que el adulto que está con él sepa lo que tiene que hacer. Me agobia pensar que cuando el profesor vea a mi hijo pálido, le haga salir del aula y tenga que desplazarse hacia la enfermería –un lapso en el que no sabemos lo que le puede ocurrir o que la tardanza obligue a que mi hijo se desmaye y tenga que medicarse– y, por fin, llegar y que le vean. Si se forma a la persona que está con él de forma permanente, me siento más segura, porque así será capaz de actuar en la inmediatez cuando pase algo”.

Lucas tenía un año y 11 meses cuando le diagnosticaron, “y fue muy duro”: “Aunque en casa somos capaces de relativizar, ya que tenemos otro hijo con discapacidad, fue terrible”. Esta madre, que nunca ha dejado de trabajar, controla la situación de su pequeño, ahora en cuarto de Primaria en un colegio privado de Madrid, las 24 horas: “Cuando empezó infantil tuve la gran suerte de que su maestra tenía una hija con diabetes y la misma doctora que mi hijo. Fueron tres años bastante tranquilos, ya que el centro, después de ser muy pesada, permitió que Lucas tuviera la misma profesora ese tiempo”.

El paso a Primaria del niño fue también bien. “Conseguí hablar con los profesores, que entendiesen que era importante que mi hijo no saliera de clase. Y, gracias a la información que me dieron del Ramón y Cajal, les di una charla de unas dos horas para formarlos. Esto consiguió que supieran qué hacer si veían a mi hijo más pálido de lo normal”, relata. “El otro objetivo que he conseguido es que Lucas lleve el móvil a clase. Esto me facilita mucho la vida porque sé como está en cada momento. Conseguí montar un grupo de WhatsApp en el que sus profesores diarios estaban en él. Ahora, soy yo todavía la que le controla el azúcar, pero creo que en algunos meses seré capaz de darle una cifra y que él sea consciente de lo que tiene que hacer”, añade. “Soy de la firme creencia que es más importante la formación de los docentes a que el colegio cuente con un enfermero preparado, esto último no me da tranquilidad. La confianza y calma me la da saber que cuando le pase algo, en el momento que le pase, alguien sabrá actuar. Hay que relativizar la diabetes y en esto ayuda mucho que el colegio comprenda y actúe con información para el bienestar del menor, su familia y el centro”, explica esta madre.

“Efectivamente, las personas con diabetes, con una adecuada formación, pueden desarrollar cualquier actividad. Es importante reseñar que la diabetes, salvo que venga asociada a complicaciones crónicas graves (retinopatía avanzada, fracaso renal) no es causa alguna de minusvalía”, reitera Cardona Hernández.

Fuente del artículo: https://elpais.com/elpais/2018/10/04/mamas_papas/1538649441_567427.html

 

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Conferencia «El desafío de construir la igualdad de género desde la escuela» Graciela Morgade

Por Sitio Conectate UEPC

Compartimos esta conferencia desarrollada en el marco del 1º Encuentro de las Primeras Jornadas de Formación en Género “El desafío de construir la igualdad de género desde la escuela”. La apertura de este ciclo de capacitación estuvo a cargo de Graciela Morgade, docente e investigadora de la UBA.

Fuente de la reseña: https://www.youtube.com/watch?v=HAhp8SXq2ac.

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Colombia no quiere educar a los pobres

Por Germán Manga

La movilización que impulsan las 32 universidades públicas para que se atienda la grave crisis económica que enfrentan, subraya la urgencia de que el nuevo gobierno emprenda los profundos cambios que necesita la educación en Colombia.

Cada año 300.000 colombianos, en su mayoría pertenecientes a las familias más pobres, terminan bachillerato y no tienen ninguna posibilidad de ingresar a la universidad.

En nuestro país la educación gratuita y de alta calidad es un derecho universal, pero solo en la letra de la colección de sueños irrealizables que es nuestra Constitución Política. Solo 33 por ciento de los niños menores de 6 años, reciben educación inicial. De cada 100 que ingresan a primaria apenas 39 terminan el bachillerato. En la dura realidad, el único camino asegurado para recibir educación -sobre todo de calidad- en Colombia, es ser rico, poderoso, tener influencias y contactos, o ser excesivamente afortunado, casi tanto como los que se ganan las loterías o el Baloto.

Pocos conocen mejor esa realidad -sus motivos profundos, sus duras expresiones, sus trágicas consecuencias- que los rectores, los profesores, demás trabajadores y alumnos de las 32 universidades públicas que hay en el país, 85 por ciento de cuyos estudiantes pertenecen a los estratos 1, 2 y 3-.  Por eso están organizando una gran movilización el próximo 10 de octubre. Nada más prioritario ni urgente en la agenda colectiva que enderezar el rumbo de nuestro maltrecho y abandonado sistema educativo.

El gran deterioro del funcionamiento y de las finanzas de las universidades públicas viene de la Ley 30 de 1992, que ató el crecimiento de los presupuestos al índice de Precios al Consumidor, lo cual generó un creciente desfase entre los ingresos y el valor de las obligaciones en calidad y cobertura. También les congeló la planta de profesores y las obligó a financiar parte de sus actividades con recursos propios.

25 años después, el resultado en lo económico es desastroso. En 1993 los aportes de la nación a las universidades públicas representaban 73 por ciento sus recursos y para el año 2016 habían disminuido a 48 por ciento. Por ese motivo las universidades que se encargan de educar a la mayoría de los colombianos más pobres están en la ruina, con buena parte de sus edificios, aulas y mobiliarios deteriorados, equipos obsoletos, enormes carencias en recursos educativos y un cúmulo de obligaciones y necesidades que hasta ahora no logran atender. El Sistema de Universidades Estatales SUE reporta a la fecha, un déficit de 434.874 millones de pesos para terminar de cumplir las obligaciones de este año y un desfinanciamiento acumulado de 3,2 billones de pesos en funcionamiento y 15 billones de pesos en inversión.

La Reforma Tributaria de 2016 incluyó posibles soluciones a esta crisis y destinó recursos que después fueron desviados al Icetex y 4 billones de pesos al programa Ser Pilo Paga. El remedio terminó por agravar la enfermedad.

El panorama en cuanto a educación técnica y tecnológica es aún peor. Debería ser la instancia clave para articular la educación con las necesidades del desarrollo, para formar para el trabajo a centenares de miles de colombianos marginados del sistema educativo pero el gobierno apenas destina a la educación técnica superior, el equivalente a la cuarta parte de la inversión que reciben las universidades.

Nuestra educación técnica es una de las más atrasadas del continente en cuanto a cobertura y calidad. Por falta de recursos, de voluntad política, de responsabilidad con los estudiantes colombianos, integrar el sistema de educación terciaria (técnica, tecnológica y universitaria) como lo plantean las normas, no pasa de ser una quimera. Tampoco ahí hay oportunidades para los colombianos más pobres. Para los que más necesitan.

Lo sorprendente y loable es que, aún en condiciones tan adversas, las universidades públicas han cumplido cabalmente su labor. Más de la mitad cuentan con Acreditación Institucional de Alta Calidad y, con base en generar recursos propios, han alcanzado logros tan sobresalientes como aumentar en 124 por ciento la cobertura entre los años 2000 y 2018. Además de que la mayoría de sus estudiantes son los colombianos más pobres, las universidades públicas son las únicas que están presentes en las regiones más vulnerables del país.

Por todo lo anterior es crucial que el Estado y toda la sociedad pongan fin a la indolencia y a la indiferencia frente a este tema que acapara las claves del progreso y de un futuro mejor para los colombianos. El nuevo gobierno debe asumir con máxima seriedad el reto de atender la crisis -no solo de las universidades públicas- y emprender los profundos cambios que necesita la educación en Colombia -en presupuestos y organización, en currículums, en calidad, en cobertura, en inversión en ciencia y tecnología, en formación de maestros, etc., etc.-. Seguimos muy rezagados respecto de los demás países de nuestra región y del mundo y la meta de ser en el año 2025 “el país más educado de Latinoamérica” no pasa de ser un mal chiste.

Oportuna la movilización de las universidades públicas que ojalá logre la atención y el respaldo de la población. Como hay que apoyar a la ministra María Victoria Angulo en la abolición del programa Ser Pilo Paga. Es indefensable que un país como el nuestro, con uno de los menores porcentajes de inversión en educación superior de América Latina, destine a un club de universidades de élite, -para educar 40.000 estudiantes de ese programa-, el mismo presupuesto que destina a universidades estatales para atender más de 600.000. Intensivo, arrogante, impúdico al respecto, el lobby de la Universidad de los Andes, en defensa de las rentas de esa figura “hecha en casa” que perpetúa los privilegios con base en mantener a las mayorías en la ignorancia. “Por la plata baila el mono” dice el refrán, algo que por lo visto también es verdad en algunos sectores de la educación superior.

Fuente del artículo: https://www.semana.com/opinion/articulo/problemas-de-la-educacion-superior-en-colombia-columna-de-german-manga/585735
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Brasil y Colombia, batalla por la calidad educativa

América del Sur/ Brasil/ 09.10.2018/ Fuente: www.educacionyculturaaz.com.

Los sistemas educativos de Brasil y Colombia enfrentan, al igual que nuestro país, el enorme reto de elevar la calidad educativa, así lo comentaron las ex ministras de educación de ambos países, María Do Pilar Lacerda y Nohemy Arias Otero, respectivamente, en su participación en el Foro Nacional de consulta que pasó revista al modelo educativo de la Educación Básica convocado por la Secretaría de Educación Pública (SEP).María Do Pilar Lacerda ex secretaria nacional de Educación Básica del Ministerio de Educación de Brasil, de 2007 a 2012, señaló que el Plan Nacional de Desarrollo de la Educación (PDE) que empezó en 2007, respondió a las demandas sociales que exigían una mejor calidad educativa para combatir los bajos índices de logro académico señalados por pruebas nacionales e internacionales.

Entre los retos que enfrenta el sistema educativo brasileño, señaló Lacerda que les hace falta incluir a 3 millones 400 mil niños y jóvenes, que están fuera de la escuela con edades entre 4-5 15 y 17 años.

El PDE fue criticado al principio, reconoció la ex ministra de Educación de Brasil, pero éste ganó legitimidad cuando el ministro de educación fue a los 27 estados de la República de aquel país. Con ello se logró articular un plan de acciones interrelacionadas para que a partir del conocimiento del estado de la educación brasileña, se elaborara un plan para transferir recursos con un mejor criterio.

A partir de ahí, se creó el Programa “Dinero Directo a la Escuela”, señaló María Do Pilar Lacerda, programa en el que se destina dinero adicional a las escuelas con los peores resultados educativos por un periodo de dos años, explicó la ex funcionaria carioca.

Entre otros desafíos que contempla el sistema educativo brasileños están garantizar la carga horaria mínima de 800 horas al año a mil 400. Además, fortalecer la formación continua para los maestros, transformar la escuela en un espacio público comunitario y lo más trascendente, invertir 10 por ciento del PIB en educación, como ya lo había advertido Educación Futura.

Colombia, saber para mejorar

En su oportunidad, Nohemy Arias Otero, ex ministra de Educación de Colombia (2002 y 2011), señaló que en su país, en 2005, se realizó un ejercicio similar al que México realiza ahora (los foros de consulta); derivado de esta convocatoria surgió el Plan Decenal de Educación en 2006.

En el devenir del sistema educativo colombiano, señaló que a partir de 2001 emprendieron una descentralización educativa que en 2002 continuó con la profesionalización docente, expuso Arias Otero.

La ex ministra señaló como indispensable contar con un sistema de información sobre el sistema educativo, así como con una buena infraestructura tecnológica para su consulta. Entre las simetrías del sistema educativo colombiano con el mexicano, Arias Otero señaló que 80 por ciento del gasto educativo de Colombia se destina a la nómina docente.

Ahora al sistema educativo colombiano le queda por delante perseverar en una comunicación permanente con todos los actores incluyendo el sindicato, así como distribuir recursos con un criterio de equidad y eficiencia; en suma, establecer una relación directa entre gasto, cobertura y calidad.

Fuente de la noticia: http://www.educacionyculturaaz.com/educacion/brasil-y-colombia-batalla-por-la-calidad-educativa

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Cuba: Estudiantes universitarios que den clases no tendrán que aprobar asignaturas básicas

Centro América/ Cuba/ 09.10.2018/ Fuente: www.cibercuba.com.

Estudiantes universitarios que dan clases no estarán obligados a aprobar asignaturas básicas como Matemática, Español e Historia, según la nueva medida aplicada por autoridades de la Educación en la provincia de Sancti Spíritus.

Cerca de 90 estudiantes que se forman en una licenciatura por el programa de curso por encuentros y quienes además ejercen una labor pedagógica frente a las aulas, se eximen de aprobar las asignaturas básicas, informó esta semana el periódico local Escambray.

De acuerdo con declaraciones al medio de la doctora en Ciencias Pedagógicas Maité Suárez Pedroso, la medida será adoptada por estos estudiantes durante en primer año de la carrera.  En un principio, los alumnos beneficiados con la medida corresponden a las facultades de Ciencias Pedagógicas y Ciencias Técnicas y Empresariales.

Dicha transformación en la Educación Superior, indicó, tiene como objetivo favorecer la cobertura docente del territorio, “que representa la mayor dificultad del Ministerio de Educación en Sancti Spíritus”. Al igual que en el resto del país, los maestros espirituanos cobran un salario mensual por debajo de la media, equivalente a 21 dólares.

Suárez Pedroso señaló que esta alternativa tiene como antecedente que -desde hace dos cursos- se trasladaron los requisitos del ingreso y se establecieron como parte del contenido a vencer durante el primer año de curso todos los matriculados en este sistema, que tiene 24 carreras.

“A pesar de que la Matemática constituye la materia de mayor dificultad para los estudiantes en general, ellos disponen de varias opciones para vencer las asignaturas básicas, ya que pueden presentarse al examen ordinario, extraordinario, mundial, e incluso pueden repetir el año solo por una sola”, dijo.

Según datos aportados por el periódico, al cierre del curso escolar pasado, el índice de alumnos aprobados en estas asignaturas osciló entre apenas un 54% y 62%, cifra que mostró -no obstante- un avance en las calificaciones registradas años anteriores.

En agosto pasado, autoridades del sector educativo en Cuba confirmaron que el país abriría el nuevo curso escolar con un déficit de más de 10.000 profesores, con énfasis en provincias como La Habana, Matanzas y Artemisa.

La ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez Cobiella, confirmó que el Mined evaluó unos 12 territorios y en cada recorrido debió insistir en el tema de la cobertura. Provincias como Sancti Spíritus y Pinar del Río, que no declaran déficit de educadores, comenzaron a implementar varias “alternativas”.

“Eso siempre nos pone un bombillo rojo, porque son maestros fuera de la plantilla de la escuela y en determinado momento puede existir inestabilidad, detalló la titular del ramo”, dijo la titular.

Fuente de la noticia: https://www.cibercuba.com/noticias/2018-10-07-u73624-e73624-s27061-cuba-estudiantes-universitarios-den-clases-no-tendran

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Un expresidente que aporta todo a la educación de Panamá El expresidente de la República

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El expresidente de la República de Panamá Arístides Royo (1978-1982) tomó posesión como el director de La Academia Panameña de la Lengua, aunque no se considera escritor; ya que cree que quien escribe, no pude vivir sin hacerlo.

“Yo lo que no puedo es vivir sin leer y gano más conocimiento al disfrutar leer. Soy abogado y mis libros se basan en la legislación de Panamá; quiero irme por la línea editorial de darle a conocer a los lectores sobre los tratados Torrijos-Carter, ya lo tengo escrito y pronto lo voy a publicar”, destacó.

El doctor Royo se ha destacado a nivel nacional e internacional con diversas obras literarias que se enfocan en la historia de Panamá, entre ellas: Proyecto de Código Penal de Panamá (1970), Las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos (1979), Mensajes del Presidente a su pueblo (1981), El Canal de Panamá, pasado, presente y futuro (1996), Estrategias para la negociación de los Tratados del Canal de Panamá (1997), Laberinto de ausencias (2000), La frustrada derogatoria de la ley 96-70.

Fiscal del idioma
El doctor Royo también expresó “que la educación del español es más práctica y más divertida; sin embargo, se deberían agilizar más los planes y programas de estudios para así impulsar más la lectura en todas las escuelas”.

Considera que al estudiante deberían ponerlo a leer más en su hogar antes de mandarlo a hacer tareas, ya que sería feliz y más culto a la vez.

“Nos preocupa que el habla incorrecta y la ausencia de lectura afecte la capacidad para escribir y hablar. No es una tarea fácil, por lo tanto se debe unir el estado y los centros educativos para así tener jóvenes más capacitados en el idioma español”.

Royo expresó que el periodismo, en la actualidad, es más libre y más crítico que en años anteriores, pero que las denuncias no se agilizan de la manera más adecuada.

 

Directiva de la Academia Panameña de la Lengua
El doctor Arístides Royo es el nuevo director de la Academia Panameña de la Lengua. Afirmó que su idea es brindar seminarios a la educación panameña para así mejorar el correcto uso de este idioma. Su objetivo es impulsar que se estudien más las carreras de Humanidades.

 

Margarita Vasquez y Aristides Royo

 

Datos
Cursó su primaria en la Escuela Pedro J. Sosa y llevó a cabo sus estudios secundarios en el Instituto Nacional, en el cual recibió el título de Bachiller en Humanidades, en 1959. Estando en el Instituto ocupó cargos en las Directivas de la Asociación Federada (AFIN) y presidió la Asociación de Graduandos. El título de Licenciado en Derecho lo obtuvo en la Universidad de Salamanca, España. En el año 1973 fue nombrado Ministro de Educación, luego ocupó la dirección General del IFARHU; fue profesor de la UP.

Fuente de la reseña: https://metrolibre.com/vida-y-cultura/145903-un-expresidente-que-aporta-todo-a-la-educación-de-panamá.html

 

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