España / 30 de septiembre de 2018 / Autor: Mariano Jabonero / Fuente: El País
El XXVI encuentro de ministros del ramo de la región, que tiene lugar mañana en La Antigua Guatemala, debatirá sobre cómo garantizar calidad, inclusión y equidad en la educación
Estados Unidos / 30 de septiembre de 2018 / Autor: Jaime Parra / Fuente: BioBioChile
John Corcoran fue un maestro en el estado de Nuevo Mexico, Estados Unidos, por cerca de 17 años. Enseñó educación física, ciencias sociales, e incluso ramos de tipeo en computadoras. Sus alumnos lo estimaban, y era visto como una gran ayuda para la comunidad escolar.
Sin embargo, Corcoran tenía un secreto: nunca aprendió a leer o escribir.
En entrevista con el medio británico BBC, confesó que cada día vivía con pánico de que alguien lo fuera a descubrir.
“Recuerdo el miedo que sentía cada día. No podía ni leer la lista. Tenía que pedirle a los estudiantes que pronunciaran sus nombres en voz alta”, afirmó.
John Corcoran | John Corcoran Foundation
Sin embargo, tenía tácticas con las cuales podía evitar los problemas más graves causados por su analfabetismo. “Identificaba siempre a dos o tres estudiantes que podían leer y escribir mejor que el resto, y les pedía que fueran mis asistentes. No sospechaban nada. Nadie sospecharía algo así de un profesor”, explicó.
En la universidad, logró pasar sus clases gracias a la ayuda de sus amigos, quienes completaban tareas por él, o le ayudaban a obtener las respuestas a los exámenes de selección múltiple, para que él las aprendiera de memoria.
Las clases de Corcoran se realizaban en un salón con una ventana en el primer piso, lo cual le permitía pedirle ayuda a un amigo que se sentaba afuera para resolver y responder todo. Para las pruebas escritas, le pasaba su cuaderno o hoja para que completara todo por él.
John Corcoran | John Corcoran Foundation
Corcoran podía salirse con la suya gracias a que su asiento estaba casi al final de la enorme sala de clases, con decenas de estudiantes entre él y su profesor.
De esta forma, logró esconder su analfabetismo durante su carrera profesional. Luego de retirarse de la docencia en el año x, comenzó a trabajar en la industria de bienes raíces, donde tuvo mucho éxito gracias a su carisma y contactos.
“Algunas veces me sentía como un buen profesor, porque trabajaba duro y me importaba lo que hacía. Pero estaba equivocado. No pertenecía a la sala de clases, estaba traspasando. No debía haber estado ahí, y lo que hacía me enojaba todo el tiempo. Pero me sentía atrapado, como que no le podía decir a nadie”, confesó al medio británico.
Sin embargo, la vergüenza que sentía por su no saber leer lo llevó a aprender en 1976, y a confesarse a través de un discurso público, donde admitió todo.
Su historia fue utilizada en los medios e instituciones educacionales para ayudar a toda persona que se sintiera en menos por su analfabetismo a no pensar que estaban solos, y para inspirarlos a seguir sus pasos para poder aprender a leer.
John Corcoran | John Corcoran Foundation
Corcoran se convirtió en una de las caras más reconocibles de la lucha contra el analfabetismo, escribiendo un libro que publicaría en 1994 titulado “El profesor que no podía leer”.
El hombre llegó a ser parte de múltiples instituciones dedicadas a combatir los problemas de lectura en Estados Unidos, como el Instituto Nacional para el Alfabetismo y creando su propia fundación dedicada a ayudar a los niños que no pueden leer, bautizada como la John Corcoran Foundation.
Su historia ha inspirado a muchos a seguir sus pasos, ya sea para poder superar su propio analfabetismo, o buscando tener un impacto positivo en su comunidad.
México / 30 de septiembre de 2018 / Autor: Redacción / Fuente: El Financiero
Incremento a la inversión en ciencia, una reforma universitaria estructural y para educación media superior son algunos de los puntos presentados por el Centro de Estudiantes Universitarios de la UNAM.
Alumnos pertenecientes a la Central de Estudiantes Universitarios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) solicitaron al virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, invertir el 8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en educación, movilidad, alimentación, mejoramiento de infraestructura y medidas contra la violencia en los campus.
«Con la mayoría en el Congreso de la Unión obtenido por la coalición más votada, y con el diálogo entre poder ejecutivo, legisladores, autoridades universitarias, estudiantes, trabajadores y especialistas en la materia, no existirán obstáculos significativos para iniciar la Reforma Universitaria estructural que termine con la exclusión de quienes pertenecen a las clases más desfavorecidas .
«(Y) garantizar el 8 por ciento del Producto Interno Bruto a la educación, y el 1 por ciento para ciencia y tecnología, estándar recomendado por la UNESCO», además de que buscan contar con una perspectiva de género y de derechos humanos, señala el comunicado de la Central.
De acuerdo con cifras de 2017 de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), México dedicó tan solo el 0.5 por ciento al rubro dedicado en investigación y desarrollo, cifra que es semejante a países de África como Uganda o Tanzania.
«El no proporcionar a la ciencia el lugar que merece en la sociedad se traduce en dependencia tecnológica, bajos salarios y altos niveles de pobreza.
«Al examinarse con detalle los datos reportados por la UNESCO sobre investigación y desarrollo en México, es posible identificar al menos tres aspectos más que requieren atención urgente: el número de investigadores que laboran en territorio nacional, la distribución por género de los mismos y la participación de diferentes actores sociales para ofrecer recursos para investigación y desarrollo», explica el doctor Alfredo Sandoval Villalbazo, coordinador del Programa de Servicio Departamental de Física del Departamento de Física y Matemáticas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.
Hasta noviembre de 2017, en México había 241 investigadores en el Sistema Nacional de Investigadores pertenecientes al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y, comparado con países como Malasia que tienen más de dos mil investigadores por cada millón de habitantes, es un rubro que se debe de reforzar, de acuerdo con Sandoval Villalbazo.
Asimismo, la Central de Estudiantes Universitarios, integrada por más de 35 mil alumnas y alumnos, llamaron a López Obrador y al elegido para ser el titular de la Secretaría de Educación Pública en su administración, Esteban Moctezuma Barragán, a impulsar una reforma que permita todos estos cambios a favor de la comunidad estudiantil, tanto de educación media superior como de superior.
«(…) Sostenemos que es acuciante una Reforma Universitaria y de los centros de enseñanza superior y media superior del país, además del incremento del presupuesto a las universidades públicas, acompañado de un empleo transparente y eficiente del mismo», señala el documento.
Muchos laboratorios argentinos carecen de los fondos para realizar su trabajo diario debido a un retraso en los pagos por parte del gobierno, que pretende recortar los presupuestos de investigación en 2019. Esta situación preocupa profundamente a los científicos del país: «El sistema de ciencia y tecnología de Argentina está colapsando», advierte el biólogo molecular Alberto Kornblihtt, que dirige el Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias del Consejo Nacional de Investigación Científica y Técnica (Conicet), según recoge un artículo de Science Magazine, firmado por la periodista especializada Valeria Román.
«El 19 de septiembre, el gobierno de centroderecha de Macri presentó un presupuesto equilibrado para 2019 que espera satisfaga lo suficiente al Fondo Monetario Internacional para ayudar a garantizar un paquete de préstamos para hacer frente a la crisis económica», explica Román. Una de las medidas de este plan de austeridad ha consistido en convertir el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva en una secretaría dependiente del Ministerio de Educación, y bajar su presupuesto de 3,7 mil millones de pesos (aproximadamente 96 millones de dólares) en 2018 a 3,4 mil millones de pesos (alrededor de 88 millones de dólares). Con la inflación incorporada, además, la inflación es mucho mayor: el equivalente a un recorte del 35%, según cifras de Fernando Peirano, profesor de la Universidad Nacional de Quilmes. La Comisión Nacional de Actividades Espaciales sufrirá un recorte de fondos del 20%, a 1.900 millones de pesos. Conicet, que paga la mayoría de los sueldos de los investigadores, verá su presupuesto aumentar en un 27%, de 13.300 millones de pesos a 16.400 millones de pesos, pero incluso eso no es suficiente para mantenerse al día con la tasa de inflación esperada para este año.
Por su parte, el Centro de Farmacología y Estudios de Botánica, dirigido por Ana Franchi, ha recibido hasta este año solo el 20% del presupuesto anual para cosas como suministros, servicios, limpieza y seguridad, por lo que de adoptarse el presupuesto del gobierno, afirma, significará el «colapso del próximo año» de su instituto. Franchi y otros directores de instituto han tenido infructíferas reuniones con Barañao y con la junta directiva de Conicet. Según la física Susana Hernández, presidenta de la Asociación Argentina para el Avance de la Ciencia, los recortes se producen justo cuando la comunidad científica argentina estaba debatiendo una estrategia científica nacional para 2030: «La política actual de ajuste del cinturón está desalentando esa iniciativa. Al reducir el presupuesto, el gobierno no convierte a la ciencia en una prioridad para el futuro».
Mientras tanto, la caída del peso, que ha perdido más del 50% de su valor en lo que va del año, cuenta Román, tiene consecuencias dramáticas para los investigadores que dependen de suministros y equipos del exterior. El inmunólogo Gabriel Rabinovich, subdirector del Instituto de Biología y Experimental de Medicina Experimental del Conicet, asegura que esto provoc que una máquina que necesita para detectar rápidamente proteínas en sus estudios sobre cáncer e inmunología sea prohibitivamente costosa. Con tales alzas, «es imposible competir con investigadores de países desarrollados», concluye.
Si bien somos líderes en Sudamérica y nuestra fuerza laboral goza de la misma salud que la de las grandes potencias del norte, seguimos lejos en calidad y especialización educativa.
El capital humano, conocido como el motor de las economías, se confirmó como uno de los fuertes de Chile. El Banco Mundial (BM) encargó un inédito sondeo al Instituto de Métrica y Evaluación de la Salud (IHME) para medir en 194 países el potencial de su gente para hacer crecer sus mercados. Y Sorpresa: el país se posiciona dentro del top 50, codeándonos con las naciones desarrolladas del hemisferio norte.
El estudio se basa en calcular el potencial de las personas en edad de trabajar, en este caso, entre 20 y 64 años. El ranking, por lo demás, se calcula poniendo en la juguera tres factores: salud de quienes integran la fuerza de trabajo, años dedicados a logros académicos y la calidad de la educación. Entre 1990 y 2016, Chile pasó del puesto 57 al 50, y se ubica como líder en el cono sur, superando a Argentina (66º), Brasil (71º), Uruguay (77º) y Paraguay (96º). En Latinoamérica, por lo demás, solo nos sobrepasa Cuba (41º).
«En términos absolutos, la posición 50 puede no ser tan vistosa, pero si analizamos el resultado respecto a los países de la región, nuestro mercado natural, estamos muy bien posicionados», dice Washington Saavedra, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Central.
Estos indicadores, dice el economista, «tratan de mostrar algo del país, hacen una especie de marca. Es particularmente bueno porque son índices que se consultan para invertir. Las compañías los revisan para entrar hacer negocios a Chile».
La tarea pendiente
Si hablamos de compararnos con los integrantes del top 50, hay dos consideraciones. La salud de nuestros trabajadores tiene poco que envidiarles a los de los países desarrollados. En escala de 0 a 100, Chile consigue 88 puntos. Finlandia, el número 1 de la lista, apenas nos supera en una unidad (89).
No obstante, eso contrasta fuertemente con la calidad y años que le dedicamos a la especialización laboral: mientras la fuerza productiva de los países top dedica entre 15 y 13 años a los logros educativos, nosotros solo destinamos 11, al igual que España, Grecia y Portugal. En cuanto a calidad de educación (learning), países como Singapur (13º) y Japón (14º) llegan a 98 y 94 puntos sobre 100, respectivamente, mientras Chile se queda en 78.
Mauricio Bravo, investigador del Centro de Políticas Públicas de la Universidad del Desarrollo, explica que «el indicador clave es la calidad de educación. Sumar más años de educación sin la calidad son años perdidos. Está demostrado que el desarrollo económico está estrechamente ligado a eso».
El experto señala que es importante, ante el envejecimiento de la población, un país como Alemania que compensa la pérdida de fuerza laboral joven, con personas mayores bien capacitadas. Lo que sí destaca, es que el estudio revela que»en 40 años Chile tendrá adultos mayores con muy buena salud», lo que es muy positivo.
¿Nos falta estudiar más años? Saavedra relativiza ese dato. «Más importante es la productividad. Probablemente países como Finlandia sacan 4 o 5 años de diferencia por la costumbre de hacer post grados y especializaciones, pero los jóvenes chilenos cada vez siguen más esa tendencia y pronto podremos equipararlos. Lo importante es trabajar en la brecha de la calidad, esa no se equiparará tan fácil si no se trabaja en eso».
La agenda semanal de Jack está completamente llena y seguirá así por todo el mes.
El lunes, su despertador suena a las seis de la mañana.
A las 7:30 am, el niño de 12 años ya está resolviendo problemas de matemáticas.
Los martes, después de las clases de mandarín, tiene tiempo para una siesta cronometrada de 45 minutos.
Otro de sus momentos libres es el viernes, entre 16:50 y 17:15.
Incluso el sábado, Jack tiene tareas y clases de ciencias, matemáticas, mandarín e inglés, pero ese es el día menos ocupado de todos y en el que se puede relajar por cerca de dos horas.
El domingo, la jornada se reanuda y, como todos los días, se extiende hasta las nueva de la noche, cuando se va a dormir.
Dura preparación
La rutina de Jack y otros miles de alumnos como él es parte de la preparación para el examen final de la primaria en Singapur, ciudad-estado habitada por poco más de 5,8 millones de personas.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionEl sueldo promedio de los profesores varía entre US$1.600 y US$3.500.
«En general, no se queja porque su cronograma no es tan intenso como el de otros», dice la madre de Jack, una trabajadora bancaria de 42 años llamada Sheryl Iow.
«Siempre que hablo con otros padres, siento que tengo que comprar aún más libros de pruebas para mi hijo», afirma.
Singapur tiene uno de los sistemas educativos más admirados del mundo.
Encabeza la lista de resultados de la influyente prueba PISA, aplicada por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) en 75 países para evaluar el desempeño de los estudiantes en ciencias, matemática y lectura.
El buen desempeño del país se debe a varios factores, como el tener una burocracia gubernamental formada en las mejores universidades del mundo, con una misión bien definida: transformar Singapur, excolonia británica, en uno de los países más ricos, desarrollados y educados del mundo.
Bien pagados
Otra pieza del éxito de Singapur es la alta calificación de los profesores, según Clive Dimmock, de la Universidad de Glasgow, en Reino Unido, invitado a Singapur por el Instituto Nacional de Educación (NIE, por sus siglas en inglés) de ese país para guiar un programa de liderazgo.
Los salarios en el sector educativo de Singapur equivalentes a los de los rubros industrial y bancario, y atraen a los mejores alumnos recién graduados en las universidades.
El sueldo promedio inicial varía entre 1.600 dólares de Singapur y 3.000 (US$1.800-US$3.300). Además, los maestros reciben bonos por desempeño en el aula y pagos por trabajar horas extra.
Cada profesor debe participar en al menos 100 horas de actividades adicionales de formación.
Alrededor del 20% del presupuesto total del estado se destina a la educación.
«No se ahorra en las instalaciones de preparación, así que tienen tecnología, laboratorios y excelentes libros», afirma Dimmock.
Pasado de pobreza y analfabetismo
Pero antes de ser una potencia económica y educativa, Singapur estaba entre los países más pobres de Asia.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionPara los investigadores, las clases particulares de refuerzo son uno de los motivos del éxito educativo de Singapur.
En 1965, cuando Singapur se independizó, sólo la élite tenía acceso a la educación.
Para levantarse,lo que el país podía hacer era invertir en su población, su único «recurso natural».
Ahora tiene un gobierno autoritario que limita las libertades individuales y de prensa, y un sistema en el que la obediencia es una garantía de seguridad social y bienestar, y un elemento central en el engranaje de la educación del país.
Escuelas de élite
La sensación de siempre estar perdiendo algo —llamada kiasu— forma parte de la psique de la población.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionLos niños en Singapur están en competencia desde la primaria.
Para la exprofesora Dawn Fung, «la vida es muy difícil para los niños cuya familia tiene terror de que estos fracasen o no alcancen buenas notas», afirma.
Cuanto mejor es el desempeño de los niños en las escuelas, mayores son sus posibilidades de conseguir una vacante en una «escuela de élite» y luego en una buena universidad.
Para alcanzar estos objetivos, los niños se preparan desde pequeños para pasar el examen de final de la primaria (PSLE, por sus siglas en inglés), que determina en qué tipo de escuela los alumnos cursarán la secundaria.
«Esa carrera empieza a los dos años de edad», afirma Fung.
Es por esta razón que la mayoría de los niños de Singapur reciben clases particulares.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionLas tareas para casa son una parte común de la agenda educativa de los niños de Singapur.
Sheryl Iow, madre de Jack, paga más de 1.000 dólares de Singapur al mes en clases particulares para su hijo.
La industria de la enseñanza privada extracurricular es bastante lucrativa. De acuerdo con un reportaje del periódico local StraitTimes, llega a mover 1.000 millones de dólares de Singapur al año.
«Algunos padres gastan cientos o miles de dólares cada mes, aunque saben que las clases puede no elevar significativamente las notas de los hijos», dice el artículo.
Por el contrario, Clive Dimmock reconoce que las clases particulares son un motor importante para que los hijos salgan mejor en los exámenes de la escuela.
Sin embargo, a pesar de la agenda apretada con clases adicionales y del esfuerzo, Jack no alcanzó el puntaje necesario en el PSLE para estudiar en la escuela de élite que él deseaba.
Enseñanza en casa
Para Dawn Fung, la industria de las clases extras muestra que los exámenes son muy difíciles para los niños.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionAlgunas familias optan por que sus hijos reciban instrucción en casa.
«¿Por qué no hacerlos más fáciles? ¿Por qué nuestros hijos no hacen pruebas apropiadas para sus edades?», se pregunta la exprofesora.
Cuando se convirtió en madre, Fung decidió salirse del sistema tradicional de escolarización y optó por el modelo de educación en casa.
«Creo que es incorrecto formar parte de un sistema que nos hace infelices. Es cruel insertar a los niños en un sistema educativo que no se comprometa con un resultado de aprendizaje positivo», afirma la madre de dos niñas de 6 y 8 años, y de un bebé de ocho meses.
Como todas las familias que optan por la educación en casa en Singapur, Fung está obligada a aplicar el currículo nacional y sus hijas tienen que tomar la PSLE.
El puntaje que obtengan no puede estar por debajo del promedio nacional.
Estigma, ansiedad y suicidios
A Sheryl Iow, madre de Jack, le preocupa que su hijo sea estigmatizado por no obtener el puntaje que necesitaba en el PSLE.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionEl sector educativo atrae a los mejores graduados universitarios debido a los altos salarios.
«Está triste», cuenta la mujer. El pequeño, que sueña con ser piloto aeronáutico, se está preparando para dar una nueva prueba, a ver si esta vez consigue quedar entre los «mejores».
Un efecto secundario de la búsqueda de excelencia es el aumento del número de jóvenes afectados por ansiedad y estrés.
Además, es común encontrar reportajes que relacionan el suicidio juvenil con un mal desempeño en el colegio.
De acuerdo con Samaritanos de Singapur (SOS, por sus siglas en inglés), un centro de prevención de suicidios, el número de jóvenes que buscan ayuda ha aumentado en los últimos años.
El creciente número de suicidios llamó la atención de las autoridades.
Hace algunos meses, el ministro de Comunicación, Ong Ye Kung, admitió que el sistema presiona a los alumnos, y pidió reducir el estrés en la vida académica.
«(El ministerio) garantizará que el sistema educativo evolucione para ayudarlos a no ser muy duro con ustedes mismos», afirmó al pedir a los alumnos que cuidaran la salud mental unos de otros.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionLos niños en Singapur se preparan para ingresar a una escuela de élite al acabar la primaria.
Ahora se aplica una nueva política de «escuelas pensantes, nación aprendiz», que ve al alumno como parte de un proceso de aprendizaje, y no como una máquina de repetición de esquemas.
El lema «enseñar menos, aprender más» que se usa actualmente en las escuelas «es un estímulo para que los niños hagan las cosas a su manera, trabajen en grupo y piensen por sí mismos», afirma Dimmock.
Los alumnos «rezagados»
Pero los alumnos que no son incluidos entre los «mejores» reciben un tratamiento diferenciado.
El investigador Mattew Atencio, profesor Asociado y Codirector del Centro de Deporte y Justicia Social de la Universidad Estatal de California estuvo en Singapur en 2011 para investigar el papel de los profesores en el desempeño de alumnos que no eran considerados «brillantes».
Atencio reconoce que la educación del país es indiscutiblemente exitosa, pero cuestiona la creciente desigualdad generada por la meritocracia.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionEl ministro de Educación de Singapur pidió a los jóvenes que cuiden la salud mental unos de otros.
«Algunas familias no tienen altos ingresos económicos o recursos para pagar clases privadas, lo que impacta (el desarrollo de los alumnos) en futuras redes educativas, sociales y laborales», sostiene.
«Muchas veces (los padres) trabajan turnos seguidos, sin dormir (para financiar la educación de los hijos)», cuenta Atencio.
«Los sistemas educativos deben responder a las necesidades de los históricamente marginados y desfavorecidos, desde una perspectiva de justicia social», opina el investigador.
«Hay muchas contribuciones maravillosas para la sociedad que vienen de todos los sectores», señala el académico. «La educación no debería ser simplemente para reproducir los beneficios de y para la clase de élite».
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