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Estados Unidos: La millenial que Harvard cree que es ‘la próxima Einstein’

América del Norte/Estados Unidos/03 Septiembre 2017/Fuente:semana /Autor:semana

Sabrina Gonzalez Paterski es catalogada por la Universidad de Harvard como la nueva promesa del mundo de la ciencia. Construyó su propio avión a los 14 años, logró la nota más alta del MIT y Actualmente cursa su doctorado en gravedad cuántica.

Sabrina González Paterski es una joven de 23 años que a los nueve comenzó a construir su propio avión, diseñado por ella misma, y que tuvo la posibilidad de volar cuando cumplió 14. Sobre voló el lago Michigan, a su edad, ha logrado proezas que nadie más ha podido alcanzar.

Esta experiencia la documentó en un video que ella misma publicó en Youtube.

Es hija de una cubana y un estadounidense y la Universidad de Harvard, institución en donde estudia actualmente su doctorado centrado en la gravedad cuántica, la considera “la próxima Einstein”. En Harvard tiene toda la libertad académica para desarrollar su investigación, sin intervención de ningún personal del claustro.

En 2010 se graduó de la academia de Matemáticas y Ciencias de Illinois, luego entró a una de las universidades más prestigiosas del mundo: El Instituto Tecnológico de Massachusetts, lugar en donde obtuvo la nota más alta de toda la historia de esa universidad.

Curiosamente, González tuvo que esperar unos meses para ser aceptada en el MIT, una situación por la que también pasaron sus profesores Aleen Haggerty y Earll Murman. Pero en cuanto vieron el vídeo en los que la joven explicaba cómo había construido su avión casero dijeron: “Nuestras bocas quedaron abiertas después de ver esos vídeos. Su potencial está fuera de las listas“.

Pero una vez en la universidad apareció su fascinación por la física: los agujeros negros, el espacio y el tiempo. Por eso los expertos académicos la comparan con científicos como Eistein o Hawking.

Se dedica a estudiar la «gravedad cuántica», en donde intenta comprender el vínculo entre la gravedad dentro del contexto de la física cuántica. Un descubrimiento que cambiará la forma en que los seres humanos entienden el universo.

Fuente de la noticia: http://www.semana.com/vida-moderna/articulo/sabrina-gonzalez-paterski-la-nueva-einstein/538193

Fuente de la imagen: https://static.iris.net.co/semana/upload/images/2017/8/30/538194_1.jpg

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Siete mujeres en un ‘Abecedario Científico’

Europa/España/mujeresconciencia.com

Pedro Cifuentes (@krispamparo) es profesor de ciencias sociales, ilustrador, dibujante de webcómics, y muchas más cosas. Su blog Pizarra con garabatos contiene diferentes propuestas, en particular, parte de su trabajo como ilustrador. Os aconsejo que lo visitéis.

Hace unos pocos días decidió compartir su magnífico Abecedario Científico con una licencia creative commons que, como él mismo explica, “permite su distribución gratuita y reproducción para fines no-comerciales, siempre que mencionéis al autor, etc.”

El ‘Abecedario científico’ de Pedro Cifuentes.

Entre los veintitrés científicos elegidos hay siete mujeres, que vamos a nombrar a continuación para poder apreciar con más detalle las ilustraciones. Ellas son:

F

La enfermera y estadística Florence Nightingale (1820-1910), pionera en la práctica de la enfermería y notable estadística, precursora en la representación visual de la información.

Florence Nightingale © Pedro Cifuentes.

H

La actriz, inventora e ingeniera (amateur) de telecomunicaciones Hedy Lamarr (1914–2000) que inventó,  junto al compositor George Antheil,  una primera versión del espectro ensanchado.

Hedy Lamarr © Pedro Cifuentes.

J

La primatóloga Jane Goodall (1934), que ha dedicado su vida al estudio del comportamiento de los chimpancés en África, y a educar y promover estilos de vida más sostenibles en todo el planeta.

Jane Goodall © Pedro Cifuentes.

M

La física y química Maria Skłodowska-Curie (1867-1934), que fue la primera persona en recibir dos Premios Nobel en distintas especialidades –Física (1903, compartido con Antoine Henri Becquerel y Pierre Curie) y Química (1911)– y la primera mujer en ser profesora en la Universidad de París.

Marie Curie © Pedro Cifuentes.

R

La bióloga y divulgadora Rachel Louise Carson (1907-1964), en cuya obra más influyente, Primavera silenciosa (1962), advertía sobre los efectos nocivos de los pesticidas en el medio ambiente y apuntaba a la industria química como responsable de la creciente contaminación.

Rachel Carson© Pedro Cifuentes.

V

La médica Virginia Apgar (1909-1974), conocida por haber creado el test Apgar, un método utilizado para evaluar la salud de los recién nacidos, que ha conseguido reducir notablemente la mortalidad infantil en todo el mundo.

Virginia Apgar © Pedro Cifuentes.

Z

La antropóloga y folklorista Zora Neale Hurston (1891-1960), una de las figuras más importantes del Renacimiento de Harlem.

Zora Neale Hurston© Pedro Cifuentes.

Más información

Pedro Cifuentes, Abecedario Científico, Pizarra con garabatos, 18 julio 2017.

Un especial agradecimiento a Pedro Cifuentes por permitirnos reproducir sus ilustraciones en Mujeres con ciencia.

Sobre la autora

Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU y colaboradora en ::ZTFNews y la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

Fuente: http://mujeresconciencia.com/2017/07/28/siete-mujeres-en-un-abecedario-cientifico/

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What a nerdy debate about p-values shows about science — and how to fix it

The case for, and against, redefining “statistical significance.”


There’s a huge debate going on in social science right now. The question is simple, and strikes near the heart of all research: What counts as solid evidence?

The answer matters because many disciplines are currently in the midst of a “replication crisis” where even textbook studies aren’t holding up against rigorous retesting. The list includes: ego depletion, the idea that willpower is a finite resource; the facial feedback hypothesis, which suggested if we activate muscles used in smiling, we become happier; and many, many more.

Scientists are now figuring out how to right the ship, to ensure scientific studies published today won’t be laughed at in a few years.

One of the thorniest issues on this question is statistical significance. It’s one of the most influential metrics to determine whether a result is published in a scientific journal.

Most casual readers of scientific research know that for results to be declared “statistically significant,” they need to pass a simple test. The answer to this test is called a p-value. And if your p-value is less than .05 — bingo! — you got yourself a statistically significant result.

Now a group of 72 prominent statisticians, psychologists, economists, biomedical researchers, and others want to disrupt the status quo. A forthcoming paper in the journal Nature Human Behavior argues that results should only be deemed “statistically significant” if they pass a higher threshold.

“We propose a change to P< 0.005,” the authors write. “This simple step would immediately improve the reproducibility of scientific research in many fields.”

This may sound nerdy, but it’s important. If the change is accepted, the hope is that fewer false positives will corrupt the scientific literature. It’s become too easy — using shady techniques known as p-hacking, and outcome switching — to find some publishable result that reaches the .05 significance level.

Don’t be mistaken: This proposal won’t solve all the problems in science. “I see it as a dam to contain the flood until we make sure we have the more permanent fixes,” Ioannidis says. He calls it a “quick fix.” Though not everyone agrees it’s the best course of action.

At best, the proposal is an easy change to implement to protect academic literature from faulty change. At worst, it’s a patronizing decree that avoids addressing the real problem at the heart of science’s woes.

There is a lot to unpack and understand here. So we’re going to take it slow.

What is a p-value?

Mick Wiggins / Getty Creative Images

Even the simplest definitions of p-values tend to get complicated. So bear with me as I break it down.

When researchers calculate a p-value, they’re putting to the test what’s known as the null hypothesis. First thing to know: This is not a test of the question the experimenter most desperately wants to answer.

Let’s say the experimenter really wants to know if eating one bar of chocolate a day leads to weight loss. To test that, they assign 50 participants to eat one bar of chocolate a day. Another 50 are commanded to abstain from the delicious stuff. Both groups are weighed before the experiment, and then after, and their average weight change is compared.

The null hypothesis is the devil’s advocate argument. It states: There is no difference in the weight loss of the chocolate eaters versus the chocolate abstainers.

Rejecting the null is a major hurdle scientists need to clear to prove their theory. If the null stands, it means they haven’t eliminated a major alternative explanation for their results. And what is science if not a process of narrowing down explanations?

So how do they rule out the null? They calculate some statistics.

The researcher basically asks: How ridiculous would it be to believe the null hypothesis is true answer, given the results we’re seeing?

Rejecting the null is kind of like the “innocent until proven guilty” principle in court cases, Regina Nuzzo, a mathematics professor at Gallaudet University, explains. In court, you start off with the assumption that the defendant is innocent. Then you start looking at the evidence: the bloody knife with his fingerprints on it, his history of violence, eyewitness accounts. As the evidence mounts, that presumption of innocence starts to look naive. At a certain point, jurors get the feeling, beyond a reasonable doubt, that the defendant is not innocent.

Null hypothesis testing follows a similar logic: If there are huge and consistent weight differences between the chocolate eaters and chocolate abstainers, the null hypothesis — that there are no weight differences — starts to look silly. And you can reject it.

You might be thinking: Isn’t this a pretty roundabout way to prove an experiment worked?

You are correct!

Rejecting the null hypothesis is indirect evidence of an experimental hypothesis. It says nothing about whether your scientific conclusion is correct.

Sure, the chocolate eaters may lose some weight. But is it the because of the chocolate? Maybe. Or maybe they felt extra guilty eating candy every day, and they knew they were going to be weighed by strangers wearing lab coats (weird!), so they skimped on other meals.

Rejecting the null doesn’t tell you anything about the mechanism by which chocolate causes weight loss. It doesn’t tell you if the experiment is well designed, or well controlled for, or if the results have been cherry-picked.

It just helps you understand how rare the results are.

But — and this is a tricky, tricky point — it’s not how rare the results of your experiment are. It’s how rare the results would be in the world where the null hypothesis is true. That is, it’s how rare the results would be if nothing in your experiment worked, and the difference in weight was due to random chance alone.

Here’s where the p-value comes in: The p-value quantifies this rareness. It tells you how often you’d see the numerical results of an experiment — or even more extreme results — if the null hypothesis is true and there’s no difference between the groups.

If the p-value is very small, it means the numbers would rarely (but not never!) occur by chance alone. And so, when the p is small, researchers start to think the null hypothesis looks improbable. And they take a leap to conclude “their [experimental] data are pretty unlikely to be due to random chance,” Nuzzo explains.

And here’s another tricky point: Researchers can never completely rule out the null (just like jurors are not firsthand witnesses to a crime). So scientists instead pick a threshold where they feel pretty confident that they reject the null. That’s now set at less than .05.

Ideally, a p of .05 means if you ran the experiment 100 times — again, assuming the null hypothesis is true — you’d see these same numbers (or more extreme results) five times.

And one last, super-thorny concept that almost everyone gets wrong: A p<.05 does notmean there’s less than a 5 percent chance your experimental results are due to random chance. It does not mean there’s only a 5 percent chance you’ve landed on a false positive. Nope. Not at all.

Again: A p of .05 means there’s a less than 5 percent chance that in the world where the null hypothesis is true, the results you’re seeing would be due to random chance. This sounds nitpicky, but it’s critical. It’s is the misunderstanding that leads people to be unduly confident in p-values. The false-positive rate for experiments at p=.05 can be much, much higher than 5 percent.

Okay. Still with me? It’s okay if you need to take a break. Grab a soda. Catch up with Mom. She’s wondering why you haven’t called in a while. Tell her about your summer plans.

Because now we’re going to dive into…

The case against p<.05

erhui1979 / Getty Creative Images

“Generally, p-values should not be used to make conclusions, but rather to identify possibilities — like a sniff test,” Rebecca Goldin, the director for Stats.org and a math professor at George Mason University, explains in an email.

And for a long while, a sniff of p that’s less than .05 smelled pretty good. But over the past several years, researchers and statisticians have realized that a p<.05 is not as strong of evidence as they once thought.

And to be sure, evidence for this is abundant.

Here’s the most obvious, easy-to-understand piece of evidence: Many papers that have used the .05 significance threshold have not replicated with more methodologically rigorous designs.

A famous 2015 paper in Science attempted to replicate 100 findings published in a prominent psychological journal. Only 39 percent passed. Other disciplines have fared somewhat better. A similar replication effort in economic papers found 60 percent of findings replicated. There’s a reproducibility “crisis” in biomedicine too, but it hasn’t been so specifically quantified.

The 2015 Science paper on psych studies offered some clues to which papers were more likely to replicate. Studies that yielded highly significant results (less than p=.01) are more likely to reproduce than those that are just barely significant at the .05 level.

“Reporting effects that really aren’t there undermine the credibility of science,” says Valen Johnson, a co-author of the Nature Human Behavior proposal who heads the statistics department at Texas A&M. “It’s important that science adopt these higher standards, before they claim they have made a discovery.”

Elsewhere, researchers find evidence of an “epidemic” of statistical significance. “Practically everything that you read in a published paper has a nominally statistically significant result,” say Ioannidis. “The large majority of these p-values of less than .05 do not correspond to some true effect.”

For a long while, scientists thought p<.05 represented something rare. New work in statistics shows that it’s not.

In a 2013 PNAS paper, Johnson used more advanced statistical techniques to test the assumption researchers commonly make: that a p of .05 means there’s a 5 percent chance the null hypothesis is true. His analysis revealed that it didn’t. “In fact there’s a 25 percent to 30 percent chance the null hypothesis is true when the p-value is 05,” Johnson said.

Remember: The p-value is supposed to assure researchers that their results are rare. Twenty-five percent is not rare.

For another way to think about all this, let’s flip the question around: What if instead of assuming the null hypothesis is true, let’s assume an experimental hypothesis is true?

Scientists and statisticians have shown that if assuming experimental hypotheses are true, it should actually be somewhat uncommon for studies to keep churning out p-values of around .05. More often, assuming an effect is true, the p-value should come in lower.

Psychology PhD student Kristoffer Magnusson has designed a pretty cool interactive calculator that estimates the probability of obtaining a range of p-values for any given true difference between groups. I used it to create the following scenario.

Let’s say there’s a study where the actual difference between two groups is equal to half a standard deviation. (Yes, this is a nerdy way of putting it. But think of it like this: It means 69 percent of those in the experimental group show results higher than the mean of the control group. Researchers call this a “medium-sized” effect.) And let’s say there are 50 people each in the experimental group and the control group.

In this scenario, you should only be able to obtain a p-value between .03 and .05 around 7.62 percent of the time.

If you ran this experiment over and over and over again, you’d actually expect to see a lot more p-values with a much lower number. That’s what the following chart shows. The x-axis are the specific p-values, and the y-axis is the frequency you’d find them repeating this experiment. Look how many p-values you’d find below .001.

(And from this chart you’ll see: Yes, you can obtain a p-value of greater than .05 while your experimental hypothesis being true. It just shouldn’t happen as often. In this case, around 9.84 percent of all p-values should fall between .05 and .1.)

A change in the definition of statistical significance could nudge researchers into adopting more rigorous methods

The biggest change the paper is advocating for is rhetorical: Results that currently meet the .05 level will be called “suggestive,” and those that reach the stricter standard of .005 will be called statistically significant.

“Journals can still publish weak (and of course null) results just like they always could,” says Simine Vazire, a personality psychologist who edits Social Psychological and Personality Science (though is not speaking on the behalf of the journal)The language tweak will hopefully trickle down to press releases and news reports, which might avoid buzzwords such as “breakthroughs.”

The change, Vazire says, “should make it so that authors need stronger results before they can make strong claims. That’s all.”

Historians of science are always quick to point out that Ronald Fisher, the UK statistician who invented the p-value, never intended it to be the final word on scientific evidence. That “statistical significance” means the hypothesis is worthy of a follow-up investigation. “In a way, we’re proposing to returning to his original vision of what statistical significance means,” Daniel Benjamin, a behavioral economist at the University of California and the lead author of the proposal, says.

If labs do want to publish “statistically significant” results, it’s going to be much harder.

Most concretely, it mean labs will need to increase the number of participants in their studies by 70 percent. “The change essentially requires six times stronger evidence,” Benjamin says.

The increased burden of proof — the proposal authors hope — would nudge labs into adopting other practices science reformers have been calling for, such as sharing data with other labs to reach consensus conclusion and thinking more long-term about their work. Perhaps their first experiment doesn’t reach this new threshold. But a second experiment might. The higher threshold encourages labs to reproduce their own work before submitting to a publication.

The case against p<.005

erhui1979 / Getty Creative Images

The proposal has critics. One of them is Daniel Lakens, a psychologist at Eindhoven University of Technology in the Netherlands, who is currently organizing a rebuttal paper with dozens of authors.

Mainly, he says the significance proposal might work to stifle scientific progress.

“A good metaphor is driving a car and setting a maximum speed,” Lakens says. “You can set the maximum speed in your country to 20 miles an hour, and no one is going to get killed. You hit someone, they won’t die. So that’s pretty good, right? But we don’t do this. We set the maximum speed a little higher, because then we actually get somewhere a little bit quicker. … The same is for science.”

Ideally, Lakens says, the level of statistical significance needed to prove a hypothesis depends on how outlandish the hypothesis is.

Yes, you’d want a very low p-value in a study that claims mental telepathy is possible. But do you need such an extreme level testing out a well-worn idea? The high standards could impede young PhDs with low budgets from testing out their ideas.

Again, a p-value of .05 doesn’t necessarily mean the experiment will be a false positive. A good researcher would know how to follow up and suss out the truth.

Another critique of the proposal: It keeps scientific communities fixated on p-values, which, as discussed in the sections above, don’t really tell you much about the merits of a hypothesis.

There are better, more nuanced approaches to evaluating science.

Such as:

  • Concentrating on effect sizes (how big of a difference does an intervention make, and it is practically meaningful)
  • Confidence intervals (what’s the range of doubt built into any given answer?)
  • Whether a result is novel study or a replication (put some more weight into a theory many labs have looked into)
  • Whether a study’s design was preregistered (so that authors can’t manipulate their results post-test), and that the underlying data is freely accessible (so anyone can check the math)
  • There are also new, advanced statistical techniques — like Bayesian analysis — that, in some ways, more directly evaluate a study’s outcome

Ioannidis admits that “statistical significance [alone] doesn’t convey much about the meaning, the importance, the clinical value, utility [of research].”

Ideally, he says, scientists would retrain themselves not to rely on null-hypothesis testing. But we don’t live in the ideal world. In the real world, p-values are a quick and easy tool any scientist can easily use to run their tests. And in our real world, p-values still carry a lot of weight into saying what gets published.

With the proposal, “you don’t need to train all these millions of people in heavy statistics,” Ioannidis says. “And it would work. It would help.”

Redefining statistical significance is not an ideal solution to the problem of replication. It’s a solution that nudges people to adopt the ideal solution.

Though no one I spoke to said it directly, I wouldn’t be surprised if some scientists find that a bit patronizing. Why couldn’t they learn advanced statistics? Or come to appreciate more nuanced way of evaluating results?

The real problem isn’t with statistical significance; it’s with the culture of science

There’s a critique of the proposal the authors whom I spoke to agree completely with: Changing the definition of statistical significance doesn’t address the real problem. And the real problem is the culture of science.

In 2016, Vox sent out a survey to more than 200 scientists, asking, “If you could change one thing about how science works today, what would it be and why?” One of the clear themes in the responses: The institutions of science need to get better at rewarding failure.

One young scientist told us: «I feel torn between asking questions that I know will lead to statistical significance and asking questions that matter.”

The biggest problem in science isn’t statistical significance. It’s the culture. She felt torn because young scientists need publications to get jobs. Under the status quo, in order to get publications, you need statistically significant results. Statistical significance alone didn’t lead to the replication crisis. The institutions of science incentivized the behaviors that allowed it to fester.

Keep in mind, this is all just a proposal, something to spark debate. To my knowledge, journals are not rushing to change their editorial standards overnight.

This will continue to be debated.

But if it becomes that case where it’s still hard to publish “suggestive” results, and if it’s still difficult to secure grant money off “suggestive” results, then the institutions of science will not have learned their lesson. Yes, a lot of this is just tweaking the language of how we talk about science. But we have to make words “suggestive” and “null” results matter.

“‘Failures,’ on average, are more valuable than positive studies,” Ioannidis says.

Scientific institutions and journals know this. They don’t always act like they do.

Fuente: https://www.vox.com/science-and-health/2017/7/31/16021654/p-values-statistical-significance-redefine-0005

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Chile: Universidad de O´Higgins asume liderazgo de red latinoamericana de investigación en salud mental

América del Sur/Chile/elcachapoal.cl

El equipo del Instituto de Ciencias de la Salud de la UOH, encabezará una red colaborativa de centros que investigan en salud mental y cuidados comunitarios, y que reúne a nueve países.

El equipo de investigación del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O’Higgins, liderado por su director, el Dr. Rubén Alvarado, asumió el liderazgo de RedeAmérica 2, red de colaboración compuesta por nueve países y que tiene por finalidad central desarrollar investigación cuyos resultados aporten a mejorar servicios de salud mental en los países de América Latina, especialmente en aquellas personas que padecen una psicosis o trastornos mentales severos.

El académico de la UOH, Dr. Rubén Alvarado, detalló que esta red de universidades e instituciones, que corresponde a la segunda fase de RedeAmérica, donde solo participaban Estados Unidos, Colombia, Brasil, Argentina y Chile, y a la que ahora se sumó Bolivia, Ecuador, Guatemala y Perú, “busca a través de la investigación, contribuir directamente al desarrollo y fortalecimiento de los cuidados comunitarios de salud mental”, entregados a personas que tienen un diagnóstico de un trastorno mental severo.

En cuanto a los desafíos, explicó que la Universidad de O’Higgins en conjunto con la Universidad de Columbia, en Nueva York, institución que lideró RedeAmérica en su primera etapa, desde 2011 hasta 2017, ya se encuentra postulando a un nuevo proyecto al National Institute of Mental Health (NINH) de Estados Unidos, que es el equivalente a CONICYT en Chile, pero específico en salud mental en U.S.A, la principal fuente de recursos para la investigación en salud mental en el mundo.

El proyecto, encabezado por un equipo compuesto por el Dr. Rubén Alvarado, la Dra. María Soledad Burrone, los investigadores Eric Tapia y Sara Schilling, así como por el estudiante de PhD en Epidemiología en la Mailman School of Public Health de la Universidad de Columbia, Franco Mascayano, los cuales están becados por la Universidad de O’Higgins “está orientado en fortalecer la atención en Chile de centros comunitarios de salud mental de personas que padecen un primer episodio de psicosis”, explicó el director del Instituto de Ciencias de la Salud de la UOH.

El Dr. Rubén Alvarado detalló que se haría “una adaptación e implementación de un programa de tratamiento que actualmente existe en Estados Unidos, a la realidad en Chile”.

Colaboración internacional

Paralelo a esto, este equipo de la Universidad de O’Higgins también trabajará en un segundo proyecto para 2018. Este sería liderado por una académica e investigadora de la Universidad de Columbia, la Dra. Lisa Dixon, mientras que el equipo de la UOH apoyará la investigación, la cual se centrará en Perú.

“En este segundo proyecto tendremos un rol colaborador con el equipo del Ministerio de Salud y del Instituto de Salud Mental de Perú. Realizaremos un par de estudios pequeños, pero que son necesarios, como información previa, para hacer una postulación con mejores posibilidades de ganar. Información, por ejemplo, de cómo están funcionando los servicios, qué está pasando con las personas que sufren un primer episodio de psicosis, en Perú. Hace diez años lo hicimos en Chile y lo repetiremos como parte de los antecedentes necesarios para que la postulación tenga un mejor resultado”, señaló el director del Instituto de Ciencias de la Salud de la UOH.

La Universidad de O’Higgins asumió el liderazgo de RedeAmérica 2, en el encuentro realizado en Perú, oportunidad donde el equipo de investigación de la UOH llevó una propuesta de investigación para dicho país, la que consiste en evaluar el impacto que ha tenido la reforma de salud mental en sus redes asistenciales.

“Hace cinco años, el Perú comenzó a desarrollar por primera vez centros de salud mental comunitarios, entonces vamos a ayudarlos en el diseño general de la investigación- con la experiencia que adquirimos en Chile-, vamos a entrenar y supervisar gente para que ellos produzcan una información que permita saber cuál es el impacto en las personas que se atienden en estos servicios y en sus familias, cuánto mejor es respecto de lo que se hacía antes, y si está siendo efectiva”, concluyó el académico.

Fuente: http://elcachapoal.cl/ec/2017/07/21/universidad-de-ohiggins-asume-liderazgo-de-red-latinoamericana-de-investigacion-en-salud-mental/

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Serge Haroche: «La gente cree que la ciencia es parte de las instituciones y ya no confía en ellas»

«En España hay grandes científicos pero no una tradición de investigadores excepcionales»

Por TAMARA MONTERO SANTIAGO / LA VOZ

El día de su cumpleaños, y tras 20 años de trabajo, Serge Haroche (Casablanca, 1944) consiguió lo imposible: vio el gato de Schrodinger vivo y muerto a la vez. El haber conseguido medir y manipular estados cuánticos sin destruirlos le valió el premio Nobel de Física en el 2012. Estos días, este firme defensor de la ciencia básica está en Santiago como invitado número 35 del programa ConCiencia de la USC.

 -Dice que la ciencia tiene tiempos largos y los políticos las miras muy cortas. ¿Habrá algún día uno que entienda la importancia de la investigación básica?

-Sí y creo que tiene el efecto perverso de que los científicos son forzados a entrar en ese juego, el de exagerar sus investigadores, fingir que habrá un computación cuántica en diez años. Ir en esa dirección de intentar presentar la investigación de forma no sincera es negativo. La ciencia debe permanecer objetiva y no se debe obligar a forzar los resultados, a sobrepublicar. Se está cayendo en una ciencia más cuantitativa que cualitativa.

-En el ránking.

-Sí, en el ránking. No quiero decir que todos lo hagan, sino que el sistema está empujando a eso, a solo mirar el número de publicaciones y no a su contenido.

-Hay una corriente negacionista que duda por ejemplo de que exista el cambio climático o de la seguridad de las vacunas. ¿Cuál es la consecuencia? -Es mala, claro [sonríe]. El hecho de que haya un espíritu anticientífico, de que la gente confunda una opinión y una teoría y de que se hable de hechos alternativos es malo. La única forma de combatirlo es seguir diciendo lo que decimos y que no se le dé el mismo peso a ciencia y pseudociencia, aunque la controversia sea tentadora.

-¿No es frustrante?

-Por supuesto. Creo que es parte de la frustración de la gente por estar en una mala situación. En este momento populista la gente ya no confía en las instituciones y considera la ciencia una institución, así que no cree en ella. Y es frustrante porque la ciencia tiene los hechos y nada más.

-Dice que hay países que lo hacen mejor que otros en ciencia. ¿Cómo está España?

-España lo está haciendo bastante bien ahora. En los premios Jaime I he visto gente muy interesante, con mucha imaginación, en la dirección adecuada y España está bien en el sistema europeo. Pero siempre me ha sorprendido que España ha contribuido mucho a la civilización, al arte, a la literatura, pero no la ciencia. Hay grandes científicos pero no una tradición de científicos excepcionales.

«Con la física cuántica lo que va a pasar no está claro»

Serge Haroche siempre pone un ejemplo claro sobre la incógnita que supone el progreso científico. En la feria de París del año 1900, con un progreso científico en ciernes, se le pidió a la gente que imaginase el año 2000. Nadie predijo los teléfonos móviles y los ordenadores

-Las postales eran muy naif porque la ciencia básica no estaba suficientemente evolucionada. Con la física cuántica creo que estamos en una situación parecida, lo que va a pasar no está claro. Creo que va a haber un gran progreso en lo que a comunicaciones se refiere pero sobre todo en la simulación cuántica, que permite jugar con un sistema de átomos para intentar encontrar nuevas propiedades de la materia, como superconductividad a alta temperatura, o las propiedades que va a tener un medicamento. Ya hemos llegado muy lejos. Todos los dispositivos que usamos, como este smartphone que estás usando para grabarme, usan las leyes cuánticas. Estamos en una nueva generación de aplicaciones cuánticas, queremos dispositivos que usen directamente esas leyes extrañas. Pero lo que vaya a pasar en 30 años con esta investigación sigue siendo un misterio.

-Dice que hay un camino muy largo hacia la computación cuántica. ¿Cuáles son los obstáculos?

-El mayor obstáculo es la decoherencia, el proceso por el que mediante interacciones se rompe esa indeterminación cuántica. Lo que se está intentando ahora es, en un sistema con varios qubits, intentar protegerlos con otros. Pero para tener esos qubits necesitas una infraestructura enorme, muy difícil de controlar. Así que nadie sabe si va a funcionar ni cómo. Se trabaja en bits superconductores e iones.

-De completar ese camino, ¿a dónde llegaríamos?

-La verdad es que no lo sé, creo que me equivocaría. Se habla de la comunicación segura. En una máquina de este estilo una parte del sistema está ligada con otra de tal modo que si alguien intenta interceptar las comunicaciones, lo sabrías. Sería un sistema inmune al espionaje y al hackeo.

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2017/07/19/serge-haroche-gente-cree-ciencia-parte-instituciones-confia-/0003_201707G19P29992.htm

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¿John or Jenniffer? Sexismo en la ciencia

Reseña del artículo “Science faculty’s subtle gender biases favor male students.”

Reseña de Paula Bergero
¿Existe en los miembros de las instituciones de ciencia un sesgo en contra de las estudiantes mujeres?

Un grupo interdisciplinar de la Yale University, integrado por  Corinne Moss-Racusin, John Dovidio, Victoria Brescoll, Mark Graham y Jo Handelsman, publicaron en PNAS en el año 2012 un artículo de investigación realizado con el objetivo de relevar de modo experimental si existe en los miembros de las instituciones de ciencia un sesgo en contra de las estudiantes mujeres, que pudiera ser un factor contribuyente a la disparidad de género reconocida en el mundo académico. (1)

Para esto, los investigadores de los Departamentos de Biología, Psicología, Psiquiatría y la Escuela de Management de Yale, seleccionaron 127 personas de los Departamentos de Química, Biología y Física de 6 grandes universidades de Estados Unidos (3 públicas y 3 privadas, distantes geográficamente y con tradición en investigación). La selección fue realizada con el cuidado de que resultara una población representativa y generalizable (Los detalles de los estudios previos y los criterios de selección están en el Material suplementario del trabajo, bajo el título Materials and Methods: Subjects and Recruitment Strategy). A estos participantes se los convocó como evaluadores para considerar la postulación de un estudiante avanzado a un puesto en un dado laboratorio (digamos, extrapolando a nuestro ámbito, como si evaluaran un candidato para una beca doctoral). Los evaluadores creían que estaban evaluando un candidato real y además que participar de la evaluación los proveía de un antecedente para su propio CV. Los antecedentes de los candidatos ficticios fueron preparados por los investigadores en colaboración con un panel de investigadores con gran experiencia en la evaluación de recursos humanos y en la contratación de personal, con éxito tal que ninguno de los evaluadores del experimento manifestaron sospechas de que no se tratara de personas reales. Toda la información de los antecedentes generados fue mantenida constante, de modo de garantizar que cualquier diferencia en la calificación se debiera exclusivamente al género del postulante. Incluso los nombres asignados a los candidatos fueron previamente testeados para ser equivalentes en agrado, e igualmente reconocibles.

Así, los antecedentes de 63 Johns y 64 Jenniffers fueron aleatoriamente asignados (sólo uno por persona) a los evaluadores.   Cada evaluador tuvo que calificar la competencia del postulante, analizar su contratabilidad («hireability»), seleccionar un sueldo anual inicial y especificar el potencial para dirigir a alguien que podría ofrecer el candidato («career mentoring»).

Las conclusiones no son del todo inesperadas, pero aún así, no dejan de sorprender.  Los aplicantes hombres fueron calificados como significativamente más competentes y contratables que su (idéntica) versión femenina. Y se les concedió además más potencial de dirección («willigness to mentor»)

Otro resultado interesante del estudio es que el género de los evaluadores no afectó sus respuestas sobre el postulante: los hombres y mujeres que evaluaron los antecedentes mostraron el mismo sesgo contra Jenniffer (tabla 1). El estudio informa que los miembros evaluadores no exhibieron ninguna hostilidad ni desagrado explícito hacia las mujeres. La existencia de idéntico sesgo en hombres y mujeres en su rol de evaluadores tampoco sorprende, pero ayuda a entender por qué falla la concepción habitual de que la mera presencia de mujeres en los espacios de evaluación garantiza un adecuado equilibrio de género en el resultado final. El estudio reporta además que el campo disciplinar de los evaluadores, su edad y su posición en la universidad tampoco tuvieron efecto en las respuestas sobre el postulante, es decir, el sesgo a favor de los hombres no parece estar limitado a un subgrupo demográfico particular. ¿Qué interpretan los investigadores sobre este hecho? Que el sesgo parece no ser intencional y estaría originado por los estereotipos culturales predominantes más que por una intención consciente de perjudicar a las mujeres.

El sutil sesgo a favor de los hombres que informa el título del artículo ocasionó que en las 6 universidades de USA que participaron del estudio, la hipotética Jenniffer fue menos contratada, con motivo de haber sido percibida como menos competente que su gemelo académico John. Pero ese no fue todo su infortunio: cuando la contrataron, le pagaron del orden de 12% menos

En la tabla 1 los autores presentan los resultados de las evaluaciones en los 4 ítems (competencia, contratabilidad, mentoring y salario), discriminados por género del postulante y del evaluador. Excepto el salario, cada ítem tiene un rango de escala de 1 a 7 puntos. Resulta interesante observar que aún dentro de un mismo grupo (por ejemplo mujeres evaluando a John) existe una SD de alrededor de 1 punto en las puntuaciones otorgadas.

El trabajo de Moss-Racusin y colaboradores es más extenso y complejo que lo que se plasma en esta  breve reseña. La discusión y conclusiones del trabajo merecen una lectura completa; elegimos resaltar aquí un aspecto central: los resultados destacan la importancia de establecer criterios de evaluación y admisión de estudiantes que sean objetivos, transparentes y que los resguarden de la tendencia (no intencional) de usar diferentes estándares para hombres y mujeres.

El trabajo sugiere nuevas preguntas y cuestionamientos. Por ejemplo, la dispersión en las evaluaciones estimada en 1 punto pone en discusión la existencia del criterio objetivo y único de evaluación, basado exclusivamente en méritos académicos, tan frecuentemente esgrimido en nuestro ámbito.

La necesidad que plantean los autores de nuevos mecanismos de evaluación nos da pie para agregar, de modo más general, que si realmente se desea fomentar la presencia de la mujer y la niña en la ciencia, y garantizar la igualdad de oportunidades, entonces es necesario que la comunidad académica se ocupe activamente mediante políticas y recomendaciones concretas, provenientes de una adecuada mirada de género, que permitan irrumpir en la lógica dominante con soluciones creativas.

Paula Jenniffer Bergero

Investigadora Asistente CONICET

INIFTA – UNLP

Fuente: http://www.exactas.unlp.edu.ar/articulo/2017/4/13/john_or_jenniffer__2

Imagen tomada de: http://2.bp.blogspot.com/-dDmok78hr8Y/U5-tFNqWLtI/AAAAAAAAAI4/dJTtKJ4KLWo/s1600/STEM.jpg

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La crónica ética de los adolescentes de Ciudad Caribia

María Figueredo*

RESUMEN

El proceso de inflexión-acción que se presenta es una primera aproximación a sintetizar la crónica ética de los adolescentes de Ciudad Caribia, conceptualizada como las situaciones reales narradas por sus protagonistas, en el marco de los compromisos adquiridos consigo mismo y con los demás, saliéndonos de las definiciones Pedagógicas escolásticas tradicionales, pues tiene que ver nuestro enfoque con otra mirada, una que valora, cómo desde la cotidianidad en su quehacer diario los adolescentes de Ciudad Caribia construyen una nueva objetividad, que promueve permanentemente niveles de conciencias que les permite colocarse frente al Otro con reglas claras, para actuar responsablemente, desde la autonomía y reconocimientos mutuos. El propósito del artículo es socializar los procesos desarrollados en los encuentros del Grupo Estable de primeros auxilios “Ayudando a salvar vidas”, acciones que desde el Núcleo de Investigación “Gestión Educativa Local” (Nigel) venimos ejecutando con los estudiantes del Liceo Gran Cacique Guaicaipuro, donde abrigados por la Pedagogía de Contexto hemos tejido una urdimbre que trenza una cronología que hace posible presentar cómo las interacciones entre los diferentes y diversos sujetos que confluyen en el grupo se hilvana una ética-política quien en sus dimensiones entraña el trabajo colectivo por un bien tangible común. Los elementos presentados son producto de la investigación en curso que desarrollamos en la Ciudad socialista, ecológica, sustentable Caribia, hay en ellos la óptica de una hermenéutica interactiva crítica, un enfoque etnográfico colectivo desde el contexto local. Entre los hallazgos podemos resaltar que los adolescentes que confluyen y hacen vida en el grupo estables de primeros auxilios “Ayudando a salvar vida” construyen una eticidad-política basada en autodisciplina, la dignidad, reciprocidad, transparencia, el respeto, valoración de sí mismos, y reconocimiento del Otro, servicialidad y la convivencia armónica en el marco de la construcción común de las reglas que norman al grupo, además de la aceptación de los compañeros que se van sumando de manera voluntaria, emergiendo la cultura de la solidaridad y comunicatividad.

Palabras clave: Crónica ética, adolescentes, Ciudad Caribia.

A MODO DE INTRODUCCIÓN

El artículo proporciona un acercamiento a la crónica ética de los adolescentes de Ciudad Caribia, a partir de las relaciones e interacciones que se construyen desde la cotidianidad en los encuentros del grupo estable de primeros auxilios “Ayudando a salvar vidas”, cimentando una objetividad que desde la pedagogía de contexto1 permite colocarse frente al Otro con niveles de conciencia y reglas claras, que emergen del trabajo colectivo por el bien común, partiendo de las situaciones reales narradas por sus protagonistas.

En el marco de los procesos desarrollados2 los adolescentes estudiantes del Liceo “Gran Cacique Guaicaipuro” son el centro en torno al cual giran los esfuerzos del proceso de transformación educativa, curricular y pedagógica.

La crónica ética que se presenta narra desde la voz viva de sus protagonistas3 los compromisos adquiridos consigo mismo, con sus pares, con los diversos y diferentes agentes, actores y sujetos4 que participan desde la vida cotidiana en su proceso formativo y de aprendizaje.

En este sentido, la primera parte dibuja un boceto de la cronología de la objetividad de los adolescentes caribianos que emerge de las situaciones reales de su vida cotidiana, que promueve una ética

Un segundo instante en el punto de inflexión se presenta la dimensión ética-política del grupo estable que entraña el trabajo colectivo por el bien común.

Y en la tercera parte, se esboza los valores que transversalizan la eticidad-política del grupo estable, que define cómo se relacionan e interaccionan con sus pares, con los diversos y diferentes sujetos, agentes y actores de su entorno que actúan y participan en los procesos de enseñanza y aprendizaje, lo que genera la siembra de los principios y valores que se hacen en conjunto mediante la comunicatividad y el compromiso de los protagonistas que accionan para materializar los objetivos del grupo.

LA OBJETIVIDAD DE LOS ADOLESCENTES CARIBIANOS

El presentar la crónica ética de los adolescentes de Ciudad Caribia que se dibuja en el horizonte de sus acciones diaria, nos invita a reflexionar la experiencia vivida, la cronología que hace posible socializar lo que es la cimentación de una objetividad que rompe con los esquemas tradicionales de un orden pedagógico cultural establecido en donde todo está determinado de antemano.

De aquí, con esta mirada, se conceptualiza la crónica ética como método para enunciar las situaciones reales narradas por sus protagonistas, en el marco de los compromisos adquiridos consigo mismo y con los demás, saliéndonos de las definiciones escolásticas tradicionales, pues tiene que ver con otros ojos, los nuestros, cuando nos preguntamos ¿cómo desde la cotidianidad en su quehacer diario, los adolescentes de Ciudad Caribia construyen una nueva objetividad?, esta que al observarla críticamente promueve permanentemente niveles de conciencias distintos, que les permite colocarse frente al Otro con reglas claras, para actuar con responsabilidad, autonomía y reconocimiento mutuo, tal como lo plantea Maturana: “Convivir en la aceptación del otro como un legítimo otro es fácil. Allí encontramos en la experiencia5, ¿Cómo? Aceptando la legitimidad del otro6, los conduce a convivir consigo mismo y a transformarse en la convivencia con el Otro y los demás.

En este sentido, la crónica ética que nos presenta en su narrativa las acciones de los estudiantes del Liceo “Gran Cacique Guaicaipuro”, que forman parte del colectivo del grupo estable de primeros auxilios “Ayudando a salvar vida”, que en su accionar promueven reglas que construyen colectivamente y que son consensuadas, normando su vida. Como plantea Natasha “en los primeros encuentros echábamos mucha broma, ahora hemos comprendido que esto es un trabajo serio, que la vida de la persona depende de la atención que le brindemos”7.

Durante la construcción colectiva de su proyecto de aprendizaje servicio, donde definen sus objetivos de aprendizaje, investigación y servicio, entretejen una urdimbre que les permite llegar a acuerdos respetando las ideas del Otro, y formulan su papel de trabajo que materializan a partir de los aportes de cada uno como señalan Scarlett y Enyerbet: “todo fue poco a poco, a su tiempo, hablando y conociendo un poco más a nuestros compañeros, en un grupo siempre hay una amistad y respeto, si no lo hay, no podemos trabajar como tal”8.

Si analizamos unos u otros de los elementos planteados, podemos darnos cuenta que los mismos son piezas claves en la edificación de una objetividad que emerge de la cotidianidad del aprender a trabajar con los pares, en igualdad de oportunidades y equidad, donde todos tienen el derecho a elegir como dice Maturana y a equivocarse9, sin el temor de ser cuestionado, si no aportando a partir de su caja de herramienta en la construcción colectiva de otra mirada, de lo que representa el proceso de enseñanza y aprendizaje participativo, desarrollando capacidades que le permiten comprender la fuerza de los valores que emergen del trabajo colectivo por el bien común.

Por otra parte, el materializar el proyecto de aprendizaje servicio comunitario planteado por Figueredo como:

Estrategia experiencial de múltiples desempeños, que se anclan en situaciones reales y emergen en el marco de los intereses y necesidades de los estudiantes, permitiéndoles aprender hacer, reflexionar, y sistematizar, las prácticas situadas en el contexto, con sentido holístico e intercultural, promoviendo la construcción colectiva de conocimiento, la participación común y entre comunes, así como alcanzar aprendizajes, comunicación y empatía, que han de evaluarse por las actividades desarrolladas de carácter vivencial o inmerso en los procesos de la toma de conciencia desde la reflexión constante10.

Todo ello le permite actuar desde el trabajo colectivo al ejecutar su plan de acción, integrando los elementos que desde la pedagogía de contexto se caracterizan por potenciar las capacidades cognitivas, afectivas y creativas en que se encuentra inscrito el proceso de aprendizaje, que les permite construir y consolidar valores, estableciendo formas de actuar en redes de conocimiento y solidaridad entre distintos sujetos pedagógicos de la ciudad.

ÉTICA-POLÍTICA DEL GRUPO ESTABLE

Al plantear la ética-política del grupo estable de primeros auxilios “Ayudando a salvar vidas”, nos coloca en la dimensión que entraña el trabajo colectivo por un bien común, en la búsqueda de dibujar la ruta que los adolescentes de Ciudad Caribia en estos tiempos han construido; que se traduce en los principios y códigos que envuelven sus acciones en la convivencia diaria, influyendo en sus relaciones e interacciones con los diversos y diferentes sujetos, agentes y actores que asumen parte de su proceso formativo, vectores que podemos observar en los planteamientos realizados por la adolescente Sujeidys:

En el grupo todo tiene su tiempo, hay momentos para el “chalequeo y bochinche”, pero cuando estamos trabajando, aquí todos nos ponemos serios, porque la vida de las personas depende de la atención que le podamos brindar y si no nos enseriamos ponemos en riesgo a la persona que queremos ayudar y eso queda en nuestra consciencia11.

Si navegamos en la ética-política de los adolescentes descubrimos que su valoración significa el sentido común que se adquiere en la construcción colectiva, acción que ha demandado el encontrarse y convivir en grupos de estudiantes de diferentes edades y años de estudio, que en su dinámica diaria demanda asumir posturas orientadas al logro de los objetivos comunes, a partir del respeto y reconocimiento del Otro que es su par, que como sujeto de derecho y conocimiento ejerce su libertad para participar y tomar decisiones en beneficio de su colectivo, siendo la base gnoseológica de la convivencia cotidiana.

En atención al contexto que implica el trabajo en el grupo estable, donde confluyen adolescentes de diferentes edades, como se destacó en otro apartado, los aspectos de orden ético que han emergido se relacionan con el respeto, la honradez, el sentido del deber y la justicia, la solidaridad, el espíritu de servicio, la consideración, valoración y reconocimiento del Otro. Ello se manifiesta en el respeto como dice Natasha: “Hasta el momento he aprendido a respetar más la opinión de otros, a escuchar y aceptar su manera de pensar…12”.

Se trata entonces, de que en la interacción cotidiana de los adolescentes construyen un nuevo modelo de interpretación de la convivencia, en donde sus códigos les permiten compartir e intercambiar saberes, ser solidario, respetuoso, interesarse en el Otro y asumir la responsabilidad de sus acciones, así como aceptar racionalmente sus efectos negativos, edificando dominios cognitivos que explican su praxis de vivir ético propio de la coexistencia social, como plantea Maturana:

En fin, la responsabilidad se da cuando nos hacemos cargo de si queremos o no las consecuencias de nuestras acciones; y la libertad se da cuando nos hacemos cargo de si queremos o no nuestro querer o no querer las consecuencias de nuestras acciones. Es decir, responsabilidad y libertad surgen en la reflexión que expone nuestro quehacer en el ámbito de las emociones a nuestro quererlas o no quererlas en un proceso en el cual no podemos sino darnos cuenta de que el mundo en que vivimos depende de nuestro deseo13.

Todo ello, sobre la base del reconocimiento de todos los integrantes del grupo como sujeto de derecho participativo; su interlocutor que actúa con libertad, dignidad e igualdad, que respeta su entorno, la diversidad de pensamiento, la paz, la democracia, la responsabilidad mutua en su accionar, como dice Giorvi:

Mi relación con el grupo estable es un poco loca, a veces pienso que puedo hacer, cómo lo puedo hacer y mi posición en el grupo como compañero y creo que lo más importante es la comunicación y el compañerismo, para mí son las bases fundamentales en este proceso de adaptación, relación y aprendizaje14.

Como podemos apreciar la ética resulta de una práctica social construida sobre bases axiológicas15, que tiene que ver con el carácter y actitud de los adolescentes en el marco de la aceptación y respeto de sí mismo y del Otro, como explica Maturana que “sin aceptación y respeto por sí mismo uno no puede aceptar y respetar al otro, y sin aceptar al otro como un legítimo otro en la convivencia, no hay fenómeno social16”.

Lo que hace de manera consciente o inconsciente el fluir de la convivencia social, de la conducta individual y colectiva en el quehacer cotidiano, como miembro del grupo estable donde se está de manera voluntaria según sus intereses y necesidades. Al construir en el diálogo la realidad con el Otro, creando un modo particular de vivir juntos en coordinación del ser y hacer en el bienestar estético de una convivencia armónica signada por el respeto y reconocimiento mutuo.

VALORES QUE TRANSVESALIZAN LA ETICIDAD-POLÍTICA DEL GRUPO ESTABLE

En el ámbito de acción del grupo estable ha emergido una cultura que representa la eticidad-política que allanan la frontera del individualismo. En donde se combinan los sueños, los deseos humanos, la pasión y el creer en lo que se hace, donde los valores que se manifiestan en su accionar cotidiano potencian la capacidad del trabajo colectivo por el bien común, en un ambiente de respeto, justicia, equidad, reconocimiento del Otro y su valoración17.

Las normas que estructuran los encuentros de aprendizaje rompen con el disciplinamiento de la mente y el cuerpo como señala Castro-Gómez18 que el comportamiento de los niños era reglamentado, vigilado y sometido a la imposición de conocimientos, hábitos, valores y modelos culturales que le permitieran asumir su rol productivo en la sociedad. A lo que Figueredo refiere:

El quebrantar está lógica genera una cultura del respeto, una ética de valoración del Otro, del trabajo en colectivo por bien común, distinguiendo una formación donde cada uno de los sujetos, agentes y actores aportan elementos significativos en la producción de conocimiento, abiertos a una disertación permanente, impactado las acciones reales19.

Todo ello conduce a la construcción de un enfoque alternativo de la eticidad-política que emerge del trabajo colectivo, otorgando una identidad propia construida con el Otro, en el marco de la libertad planteando transformaciones permanentes; siendo la pedagogía de contexto la clave de una racionalidad diferente, que considera la praxis del grupo como acción-reflexión-acción que edifica relaciones e interacciones bajo la lógica del respeto, compromiso, comunicatividad, ejerciendo su libertad y el derecho a equivocarse, como dice Maturana: “Pienso que el derecho a equivocarse es fundamental, porque si uno no tiene derecho a equivocarse no tiene cómo corregir los errores porque no tiene cómo verlos”20.

Lo que nos permite plantear que la eticidad-política del grupo estable como estética está permeada por valores que la transversaliza como la autodisciplina, la dignidad, reciprocidad, transparencia, el respeto, valoración y reconocimiento del Otro, servicialidad y la convivencia armónica en el marco de la construcción colectiva de las reglas que norman al grupo, además de la aceptación de los compañeros que se van sumando de manera voluntaria emergiendo la cultura de la solidaridad y comunicatividad.

Estamos frente a la urdimbre de la realidad Caribiana, donde están naciendo nuevos tejidos con tramas de diversos colores, que expresan la voz de los adolescentes, que brotan desde abajo hacia arriba y de adentro hacia afuera, poniendo en hombro una objetividad nutrida por la participación protagónica, la convivencia armónica, el respeto a sí mismo, al Otro como dignidad, la humildad y servicialidad con su comunidad. Estos entramados que se tejen desde la vida cotidiana (son una artesanía de conocimiento y aprendizaje) en donde la solidaridad es horizontal y se ejerce en relaciones e intercambios de igual a igual, siendo un rasgo distintivo que caracteriza la eticidad-política que anima el encuentro entre pares (adolescentes), que creen en ellos, reconocen al Otro y lo valoran, lo que supone de acuerdo con Figueredo:

… capacidad para establecer relación e interacción armónica en una sociabilidad que avanza hacia la consciencia de sí mismo y la del Otro, como seres con quienes se comparten algunos intereses, pero que a su vez tienen su propia individualidad que tributa hacer el grupo heterogéneo y enriquece el debate y la reflexión al expresar y exponer su punto de vista, potenciando el diálogo y la producción de conocimiento21.

La eticidad-política arraigada en una práctica de libertad, en el ejercicio de la autonomía y emancipación del pensamiento que se revela y enfrenta contra las imposiciones, haciendo uso de su conciencia crítica.

De aquí, que podamos señalar que la eticidad-política de los adolescentes de Ciudad Caribia rompe con los parámetros tradicionales, al generar una identidad que les permite construir su sentido de pertenencia con su grupo estable, que lo asumen como nuestro, legitimando su accionar a partir de la edificación colectiva de sus normas y reglas de convivencia por consenso; con la convicción de que sus acciones individuales tienen incidencias en el grupo.

La eticidad-política que promueve una objetividad enmarcada en una reflexión crítica y dialógica que se generan en los encuentros de aprendizajes del grupo estable primeros auxilios “Ayudando a salvar vidas”, que demanda el respeto por las diferencias en la convivencia cotidiana, que crean prácticas solidarias, respetuosas y coherentes en su accionar.

A MODO DE REFLEXIÓN FINAL

La crónica ética de los adolescentes de Ciudad Caribia nos coloca en un proceso reflexivo que invita a pensar, repensar e impensar el surgimiento de la eticidad-política como estética que emerge del quehacer cotidiano de los estudiantes que voluntariamente se integran al grupo estable de primeros auxilios “Ayudando a salvar vidas”, eticidad que tiene su génesis en el sistema de interacciones y relaciones que se construyen en los encuentros de aprendizaje donde la dinámica del reconocimiento mutuo genera una cultura del trabajo solidario, respetuoso y por el bien común.

Por otra parte, permite construir la identidad con el grupo y su sentido de pertenencia, al navegar en los procesos de transformación interna que los hace consciente de su realidad.

Finalmente ayuda a comprender estas crónicas el tránsito entre la enseñanza secular, escolásticas, impuesta, muchas veces, o vaciada en vasijas vacías de contenidos, frente a una visión agitadora, en movimiento, apoyada en la experiencia y las vivencias que asumen cuando deciden las y los adolescentes valorarse y comprenderse como sujetos cognitivos, quienes se afirman en la trasformación de sus apreciaciones, actitudes, habilidades, a partir de la construcción común de valores y posturas ante la realidad en ejercicio pleno de la libertad cognoscitiva y política.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Castro-Gómez, Santiago (2000). Ciencias Sociales, violencia epistémica y el problema de la “invención del otro”. En: La colonialidad del saber eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas Edgardo Lander (Comp.) CLACSO-UNESCO: Caracas: Ediciones FACES/UCV.

Figueredo, María (2016). Grupos Estables. Acción Científica, social y comunitaria. Presentación elaborada por el grupo de Investigadores del Núcleo de Investigación “Gestión Educativa Local”. Mimeografiado. Caracas: UBV-Nigel.

Figueredo, María (2017). Las prácticas de los grupos estables en Ciudad Caribia. Mimeografiado. Caracas: UBV-NIGEL. Disponible en: otrasvoceseneducacion.org/archivos/195992.

Maturana, Humberto (1992). Emociones y lenguaje en Educación y política. Chile: Hachette/CED.

Maturana, Humberto (2010). El sentido de lo humano. Buenos Aires: Granica.

Maturana, Humberto (2015). 3 nuevos derechos humanos. Disponibles en: http//: www.conversandoenpositivo.cl › Home › Psicología › Relaciones Humanas. Consultado el 15-01-2017.

Romero, Lenin (2016). Un acercamiento al estudio de las insuficiencias en el metabolismo del “Buen vivir” en ciudad Caribia desde la investigación, acción, participación del grupo consolidado (2016-2018). Mimeografiado. Caracas: Nigel-UBV.

* Profesora María Figueredo de la Universidad Bolivariana de Venezuela, miembro fundadora del Núcleo de Investigación “Gestión Educativa Local”, desarrollo en la actualidad la línea de investigación: Gestión Escolar: La construcción social del Sujeto pedagógico y la pedagogía de contexto en el marco del Programa de Investigación Gestión escolar, prácticas socio educativas y producción de identidades. Dra. En Ciencias para el desarrollo estratégico, docente del PFG Gestión Social del Desarrollo Local, PFG Gestión de Salud Pública, PFA Doctorado y Maestría Ciencias para el desarrollo estratégico. Premio Nacional Ciencia y Tecnología 2015, como Grupo de Investigación Consolidado en la especialidad de Educación y Justicia Comunal. Correo electrónico kielita19@hotmail.com.
1 Figueredo, María (2017). Las prácticas de los grupos estables en Ciudad Caribia. Mimeografiado. Caracas: UBV-NIGEL. p.6. Disponible en: otrasvoceseneducacion.org/archivos/195992.
2 Ibídem. p. 4.
3 Giorvi Noriega, Natasha Hernández, Scarlett Esculpi, Sujeidys Salas, Elismar Sánchez y Anyolis Jiménez son sujetos de conocimientos valiosos.
4 Romero, Lenin (2016). Un acercamiento al estudio de las insuficiencias en el metabolismo del “Buen vivir” en ciudad Caribia desde la investigación, acción, participación del grupo consolidado (2016-2018). Mimeografiado. Caracas: Nigel-UBV. p. 7.
5 Testimonio local como lo expresado por el adolescente Giorvi Noriega después de su participación en la mesa educativa el 08 de febrero de 2017 “Fue muy agradable saber que nuestro liceo la comunidad nos aceptaron con total seriedad y que no se crea que se hace solo como una materia, sino con la finalidad de brindar apoyo y reforzar las áreas médicas.
6 Maturana, Humberto (2010). El sentido de lo humano. Buenos Aires: Granica. p. 45.
7 Entrevista realizada a la adolescente Natasha Hernández, estudiante de primer año del Liceo “Gran Cacique Guaicaipuro” 16-11-2016.
8 Scarlett Esculpi y Enyerbet Hernández estudiantes de segundo año del Liceo “Gran Cacique Guaicaipuro”. Entrevista realizada el 23-11-2016, durante la construcción del proyecto de aprendizaje servicio.
9Maturana, Humberto (2015). 3 nuevos derechos humanos. Disponibles en: http//: www.conversandoenpositivo.cl › Home › Psicología › Relaciones Humanas. Consultado el 15-01-2017. p. (s/p).
10 Figueredo, María (2016). Grupos Estables. Acción Científica, social y comunitaria. Presentación elaborada por el grupo de Investigadores del Núcleo de Investigación “Gestión Educativa Local”. Mimeografiado Nigel. Caracas: UBV. pp. 8-9.
11 Ideas expresadas por la adolescente Sujeidys Salas en el encuentro de grupo estable el día 22-02-2017, en el marco de la incorporación de nuevos estudiantes.
12 Entrevista realizada a la adolescente Natasha Hernández, estudiante de primer año del Liceo “Gran Cacique Guaicaipuro” 16-11-2016.
13 Maturana, Humberto (1992). Emociones y lenguaje en Educación y política. Chile: Hachette/CED. p. 35.
14 Entrevista realizada a la adolescente Giorvi Noriega, estudiante de tercer año del Liceo “Gran Cacique Guaicaipuro” 16-11-2016.
15 Los estudiantes del grupo estable “Ayudando a salvar vidas” proponen principios y valores que han marcado sus encuentros como colectivo que comparten objetivos comunes, por el bien común, dentro de los que se desatacan: humildad, responsabilidad, solidaridad, amor, respeto, amistad, compañerismo como valor más resaltante y la risa como lenguaje que los acerca e identifica.
16 Maturana, Humberto (1992). Op. Cit. p. 32.

17 Figueredo, María (2017). Las prácticas de los grupos estables en Ciudad Caribia. Mimeografiado. Caracas: UBV-NIGEL. p.13. Disponible en: otrasvoceseneducacion.org/archivos/195992.

18 Castro-Gómez, Santiago (2000). Ciencias Sociales, violencia epistémica y el problema de la “invención del otro”. En: La colonialidad del saber eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas Edgardo Lander (Comp.) CLACSO-UNESCO: Caracas: Ediciones FACES/UCV. p. 208.
19 Figueredo, María (2017). Op. Cit. p. 14.
20 Maturana, Humberto ((2015). 3 nuevos derechos humanos. Disponibles en: http//: www.conversandoenpositivo.cl › Home › Psicología › Relaciones Humanas. Consultado el 15-01-2017. p. (s/p).

21Figueredo, María (2017). Op. Cit. p.15.

Articulo enviado por su autora a la redacción de OVE

Imagen tomada de: http://fotos2013.cloud.noticias24.com/ccaribia40.JPG

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