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La educacion, o el suicidio cultural de occidente.

Por:  ALICIA DELIBES

En 1964 el prestigioso filósofo y sociólogo francés Pierre Bourdieu publicaba Los herederos, que estaba llamado a convertirse en la biblia de todos los pedagogos sesentayochistas. En ese libro, que tanta influencia va a tener después, Bourdieu, como buen marxista, dio una vuelta de tuerca más a la teoría de la lucha de clases como motor de la historia. Y esa vuelta de tuerca fue considerar que las clases no sólo vienen determinadas por la posesión de bienes materiales, sino también por la diferencia de conocimientos y hábitos culturales. De manera que, igual que un marxista convencido debía luchar por acabar con las clases sociales, también debía esforzarse por acabar con esas diferencias culturales, que eran otra expresión de la opresión de unos privilegiados sobre el resto.

Cincuenta años después de su publicación, François-Xavier Bellamy, nacido en 1985, profesor de Filosofía formado en la Escuela Normal Superior de París, ha escrito Les déshérités (Los desheredados), un libro en el que el autor clama por la recuperación de la escuela como transmisora de conocimientos. Según Bellamy, aquellos estudiantes que en mayo de 1968 tomaron las calles de París reclamando una escuela libre y democrática, al convertirse en padres y maestros han renunciado a transmitir a sus hijos y alumnos el legado cultural que ellos habían recibido.

El libro de Bellamy comienza con el emocionante relato de lo sucedido en la Ópera de Roma el 12 de marzo de 2011. Se conmemoraban los 150 años de la unidad italiana con la representación del Nabucco de Verdi, dirigida por el maestro napolitano Riccardo Muti. Al poner fin al coro de los hebreos, el famosísimo Va, pensiero, entre los ensordecedores aplausos se alzaron varias voces pidiendo el bis. «De pronto, -escribe Bellamy- se hace el silencio. (…) un escalofrío recorre el patio de butacas. El maestro se vuelve hacia la multitud: ‘Estoy de acuerdo'». [En el vídeo, a partir del minuto 7]

No es amigo Muti de hacer concesiones al público. Una decisión tan extraordinaria exigía una explicación y se la dio al público:

«Ya no tengo treinta años, he vivido mi vida; pero como italiano que ha recorrido mucho mundo, me avergüenzo de lo que pasa en mi país. Accedo a vuestra petición de bis por Va, pensiero. No es solo por la alegría patriótica que me hace sentir, sino porque esta tarde, mientras cantaba el coro «Oh mi país, tan bello y perdido», he pensado que, si continuamos así, vamos a matar la cultura sobre la cual la historia de Italia ha sido construida. Y si es así, nuestra patria estaría verdaderamente «bella y perdida», y nosotros con ella».

Esa misma noche, en Asnières-sur Seine, banlieu del oeste de París, un chico de 15 años era asesinado en la puerta del liceo en el que, curiosamente, Bellamy había empezado su vida profesional como profesor de Filosofía. Un liceo conflictivo de los muchos en los que la educación francesa muestra su tremendo fracaso. «Si no se encuentra un remedio», escribe el profesor Bellamy, «Francia, como Italia, tendrá que entonar el canto fúnebre de la cultura».

Para Bellamy la crisis que atraviesa la enseñanza francesa es fruto de una opción deliberada según la cual la escuela debe dejar de transmitir el legado cultural de nuestros antepasados. «La crisis de la cultura, de la educación, de la familia, de las autoridades tradicionalmente investidas de la responsabilidad social de la transmisión, no es un fracaso. Al contrario, es el resultado de un trabajo reflexionado». Bellamy señala aDescartes, Rousseau y al citado Pierre Bourdieu como responsables intelectuales de las políticas que han llevado a ese desprecio oficial de la transmisión de saberes.

El Discurso del método (1637) de René Descartes fue «el primer acontecimiento de una revolución (…) cuyas consecuencias serán inmensas». Descartes, que había sido un extraordinario alumno del colegio real regentado por los jesuitas, La Flèche, y que gozaba ya entonces de una gran reputación intelectual en toda Europa, en El discurso del método pone en cuestión todo lo que había aprendido a lo largo de su educación. Había sido el mejor alumno del mejor colegio de Francia en el siglo más avanzado y, sin embargo, sentía que una creciente inseguridad se apoderaba de sí mismo. Era tanta la información que tenía, había leído tanto lo que otros habían escrito que temía que otros hablaran por su boca y que ninguno de sus pensamientos fuera propiamente suyo. No soy yo el que piensa, otros lo hacen por mí. Llega así a la conclusión de que la transmisión de los saberes y de la cultura ofusca la razón y dificulta la creatividad. Para Descartes, la educacióndebe poner buen cuidado en preservar la inteligencia natural del hombre, «no buscar otra ciencia que aquella que se puede encontrar en uno mismo», preservar «la luz natural de la razón».

Cien años después, Rousseau, en el Discurso sobre las ciencias y las artes (1750), cuestiona el valor de los saberes transmitidos con el argumento de que «cuanto más perfeccionado está el hombre por la cultura, más se aleja de la naturaleza». Más tarde en Emilio (1762), el libro que más influencia ha tenido en la pedagogía moderna, explicará cómo educar a ese hombre para que no se aleje de la naturaleza, cómo mantenerle en la feliz ignorancia. Emilio deberá crecer lejos de la influencia de padres y preceptores, sin amigos, sin libros, sin estudios. El educador no debe enseñarle nada más que aquello que precise para sobrevivir. Pues para Rousseau «más vale la pureza de la ignorancia que la alienación de la transmisión».

El tercer paso de esta revolución anticultural lo dará dos siglos más tarde Bourdieu con el citado Les héritiers (1964), un libro que fue leído por los estudiantes del 68 como si fuera el evangelio. Bourdieu aporta todo tipo de datos estadísticos para demostrar que los hijos de la clase dominante tienen más posibilidades de triunfar en la escuela que los hijos de familias desfavorecidas. El conocimiento, la cultura, es un capital que se lega de padres a hijos y, por tanto, ser una persona culta es un privilegio de la clase dominante.

En 1979 se publicó un nuevo libro de Bourdieu sobre la escuela tituladoLa distinction. Aquí se sirve de la estadística para demostrar que la transmisión de conocimientos impide la movilidad social. La cultura entendida como el conjunto de saberes, costumbres y formas de comportarse en el mundo viene impuesta por la clase dominante y se utiliza para hacer distinciones entre los hombres. Aquellos que pertenecen a la clase burguesa aspiran a adquirir la cultura de las élites, mientras que la clase obrera se tiene que conformar con aprender lo necesario para sobrevivir.

Así fue cómo, según Bellamy, la propia cultura francesa engendró el instrumento de su destrucción. Descartes soñaba con un hombre que hubiera nacido con la plenitud de su inteligencia y que nunca hubiera sido niño, Rousseau puso como modelo un hombre que siempre permanecería niño, contribuyendo así a la creación de la emblemática figura del buen salvaje. Finalmente, Bourdieu llevó a la escuela la lucha de clases.

El hombre sin cultura no es un hombre. Un país que se niega a transmitir su herencia cultural está abocado a caer en la barbarie. Eso es lo que Riccardo Muti quiso decir aquella noche en la Ópera de Roma y eso es lo que quiere mostrar Bellamy con este libro. Los saberes, los conocimientos que adquiere un niño a lo largo de su educación configuran su personalidad. Sin ellos no es nada.

Bellamy critica a los pedagogos posmodernos que han encontrado en las tecnologías la coartada perfecta para enterrar definitivamente la enseñanza tradicional. El profesor Google puede facilitar toda la información que el alumno precise en un tiempo récord. ¿Para qué entonces malgastar el tiempo y el esfuerzo en transmitir conocimientos? Hoy los niños lo que tienen que hacer en la escuela es aprender a aprender. La tecnología viene así a completar la revolución anticultural iniciada por Descartes hace cuatrocientos años.

La cultura que uno adquiere a lo largo de su vida, dice Bellamy, no es como una maleta que se va llenando de contenidos, uno es lo que sabe, lo que ha aprendido a lo largo de su vida. Sin civilización el hombre sería el más desvalido de los animales, sin cultura carecería de humanidad. El esfuerzo por aprender, por recordar, por leer, por escribir, construye al individuo como ser humano. Y para aprender, para construirse a sí mismo el niño necesita maestros, necesita libros y necesita condiscípulos.

«Hemos decretado que la lengua era fascista, la literatura sexista, la historia chovinista, la geografía etnocentrista y las ciencias dogmáticas -y ahora no comprendemos por qué los niños terminan por no saber nada». Y al final, sin saberes, sin cultura, ¿qué quedará del hombre?, se pregunta Bellamy. Cuando ya se haya destruido toda la cultura «sólo quedará la barbarie».

El autor cerró el último capítulo de su libro con una llamada de urgencia: «Podemos superar la crisis de la transmisión, pero hay que hacerlo pronto, porque la desculturización progresiva y de cada vez más gente solo puede significar que el mundo se hace cada vez más salvaje».

Era el final del verano de 2014. Quince meses más tarde añadió un post scriptum (que ya aparece en la reedición francesa que yo he leído): «No sabía hasta qué punto los inviernos que siguieron iban a confirmar mi sombrío presentimiento». El 7 de enero diez periodistas y dos policías son asesinados en un atentado a la sede de la revista Charlie Hebdo; el 8 de enero un policía es asesinado en Montrouge. El 9 de enero, cuatro clientes de un supermercado de Vincennes son asesinados. Algunos meses más tarde, el 13 de noviembre, varios terroristas siembran de muertos las calles de París. «Víctimas, sin duda, de la locura de los criminales; pero víctimas también, y al mismo tiempo de nuestras propias abdicaciones».

La gran diferencia entre los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York y estos de París, dice Bellamy, es que estos crímenes han sido cometidos por jóvenes nacidos en Francia que han estado sentados durante años en los bancos de nuestras escuelas. «Hace falta que el mal sea muy profundo para que, después de miles de horas pasadas en la escuela de la República, un joven se revuelva con tanta violencia contra su propio país, contra el hombre, y contra lo que hay en él mismo de humano».

Publicado primeramente en: http://www.expansion.com/actualidadeconomica/analisis/2016/04/24/571c68d1e2704e37048b4570.html

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Mis hijos tienen permiso de no hacer la tarea

KARLA LARA

ABRIL, 2016 

Las tareas en casa pueden ser un momento de tensión, de desgaste, de aburrimiento, somos los padres los responsables de velar por la felicidad y el sano desarrollo de nuestros hijos: estoy hasta la coronilla de las tareas…

Estoy hasta la coronilla de las tareas. Mis hijos han estado expuestos a la pedagogía Waldorf (en su etapa preescolar) y a la pedagogía constructivista (en su incipiente educación básica) y existe un universo de diferencia entre ambas y sí, ha sido nuestra elección que transiten por ambas opciones en su formación. Viniendo entonces de un sistema fincado en los valores, en donde la fortaleza de la identidad y la voluntad del niño son prioridad en su formación, ha sido un fuerte contraste enfrentarnos a la escuela tradicional, pero como bien sabemos los niños tienen esta capacidad fabulosa de adaptarse que los adultos vamos restringiendo… Y bueno, uno de los temas que definitivamente no terminamos de asimilar como familia es “la tarea” y no en sí misma la actividad de traer algún deber adicional a casa, sino la cantidad excesiva de tarea que les dejan desde el colegio.

Mis hijos escolarizados tienen 7 y 5 años de edad y es un exceso inaceptable la cantidad de deberes que traen a casa y por eso definitivamente hemos decidido que mis hijos tienen permiso de no hacer la tarea. Les cuento:

Personalmente me ha costado mucho trabajo entender que los métodos de educación no han cambiado a través de los años. Corren tiempos en que todo cambia a una velocidad increíble y la educación tradicional sigue siendo la misma: enseñanza a través de la disciplina impositiva, la repetición para la asimilación, las mismas materias, los mismos libros de texto, el mismo sistema que mantiene a los niños sentados más del 50% de su día… y tristemente las tareas. Y digo tristemente porque no me parece que los deberes en casa enseñen nada a los niños. Puede, que de vez en vez, lleguen con la tarea a reforzar la adquisición de cierto conocimiento, pero no es que la tarea resuelve la capacidad de aprendizaje…, las planas por ejemplo: someten al niño a un tiempo estático para trazar algo que, generalmente no es de su interés, en materiales poco atractivos como papel y lápiz y generalmente, a pesar de las planas, el niño vuelve a equivocarse en una evaluación a pesar de haber repetido infinitas veces una palabra, una letra, un enunciado… ¿Porqué?, por la sencilla razón de que no sirve, no es estimulante ni atractivo. La tarea no cumple el objetivo de enseñar y formar al niño. La tarea en exceso lo cansa, lo aburre, lo somete y marchita en él la voluntad innata de aprender…

Los niños quieren aprender, les interesa saber y descubrir del mundo que los rodea, que los afecta y eso no sucede haciendo tareas. Es una reverenda tontería dejar a los niños deberes en vacaciones para que “no olviden o para que trabajen y practiquen”, ¡De qué me hablan!, bien dicen que “lo que bien se aprende no se olvida” y de verdad creo que la cantidad de tareas es directamente proporcional a la incapacidad de los profesores para enseñar a los niños y mantenerlos interesados en el aprendizaje.

Recién ayer se reiniciaron clases luego de vacaciones y mis hijos volvieron a casa con una cantidad de deberes impensable, eran las 7 de la tarde y no podían terminar de organizar su elaboración (ni ellos, ni yo), de pronto caí en la cuenta de que estábamos cansados cada uno a su nivel, con ganas de hacer otras muchas cosas (como cenar, o convivir, o descansar) y no en la tarea sin sentido que parecía mas un castigo luego del período de descanso y viviendo esa frustración, me levanté de la mesa y les pedí que cerraran sus cuadernos y que guardaran sus cosas… Me salió del alma decirles que yo sabía cuánto les gusta aprender y lo lindo que puede ser la escuela, y que sí, que hacer la tare era una obligación, pero que, en esta casa, a partir de ayer, mis hijos tienen permiso de NO HACER LA TAREA, porque es mucho mas importante y trascendente en sus vidas que se alimenten en calma, que gocen su casa y a su familia, que hagamos actividades juntos, que tomen una baño pausado y que JUEGUEN, sí, que tengan su tiempo libre como sea que quieran ocuparlo para el juego creativo libre de instrucciones, que tengan su momento y espacio lúdico lejos de la escuela y que es TAN IMPORTANTE para su desarrollo (o más) que aprender operaciones o verbos, o que repetir planas y numeraciones sin sentido… Y les dije que, quizá eso iba a afectar sus evaluaciones en la parte proporcional de las tareas no hechas pero que, ni a su papá ni a mi, nos afecta, porque sabemos sus capacidades pero sobre todo, queremos su felicidad.

A mi me interesa tener y criar niños y niñas pensantes, capaces desafiar y de retar lo que van conociendo, no quiero niños autómatas que hagan lo que hace el promedio, no me importa mas que no hagan la tarea, pueden hacerlo si es su deseo o su interés, pero no es mas un deber, porque el verdadero deber que me importa es que sean felices y que tengan inteligencia emocional y para eso necesitan sus tardes…, igual que los adultos necesitamos nuestros tiempos…, los niños son tan capaces, tan creativos, tan intensos, tan maravillosos, y no podemos verlo si los tenemos confinados a una silla, a una mesa, a un “deber”, lo niños deben disfrutar la vida, gozar su infancia…, para sufrir y tener que hacer las cosas sin opción habrá mucho tiempo después y aún y todo tengo mis dudas, porque todo en la vida es una elección y quiero que aprendan desde ya que pueden, SI, QUE PUEDEN elegir hacer una cosa o no y que sí, aun cuando ello tenga consecuencias no debe comprometer su felicidad ni su estabilidad emocional, ni su energía…

La vida tiene mucho que enseñar, la casa tiene mucho que enseñar, la familia, la amistad, los niños aprenden jugando y no es el hilo negro. Con esta decisión les regalo a mis hijos el tiempo de juego y de vida que necesitan para aprender.

Así que, mis hijos tienen permiso de no hacer la tarea y yo tengo la responsabilidad de ofrecerles mejores alternativas para pasar sus tardes, con actividades que fomenten su sano y feliz desarrollo neurológico y emocional y que me digan madre rebelde o no…, ya veremos el resultado, por lo pronto seré congruente con mi labor de que criar niños sanos y felices y equilibrados y estables y tranquilos, porque si lo logro desde ahora, seguramente tendrán valiosas herramientas que podrán usar en su juventud y en su edad adulta para hacer las elecciones necesarias que los lleven a mantener su felicidad. Y cuando recuerden la escuela recordarán a su madre loca pasando las tardes con ellos o podando sus intereses reales y no tendrán un unirecuerdo: hacer tarea hasta el infinito…, eso sí que no me interesa. Quiero que mis hijos sean felices por elección, quiero que reten estereotipos cuando les haga sentido, me tomo personal que la felicidad de mis hijos es mas importante que sus calificaciones.

@KarlaDoula

Fuente del artículo: http://mamanatural.com.mx/2016/04/mis-hijos-tienen-permiso-de-no-hacer-la-tarea/

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México:Infancia, ¿Sueño o pesadilla?

ElInformador/23 de abril de 2016/ESPECIAL / V. Arias

México ocupa el décimo cuarto lugar en mortalidad infantil absoluta

Los aspectos negativos del mundo impactan con especial crudeza en los niños, personas inexpertas e irreflexivas

La infancia puede ser una etapa asombrosa. Por definición de la ONU, un niño es un ser humano que tiene pocos años, inexperto e irreflexivo. Pensar en la niñez es remontarnos a los juegos, la imaginación, las risas y donde la única preocupación es no aburrirse. Pero solo pocos son los afortunados, o deberíamos decir que muchos son los afectados.

En México es difícil subsistir, las condiciones económicas, la desigualdad social, las violaciones a los derechos humanos, la violencia y la falta de educación, son factores que afectan de alguna u otra manera a todos los ciudadanos. Pero cuando se es niño, a su vez, se es vulnerable, inexperto y se está indefenso. Entonces México se vuelve un lugar hostil y aún más arbitrario para la infancia. A los niños, todos estos problemas les dan una doble bofetada en la cara.

Nuestro país ocupa el décimo cuarto lugar en mortalidad infantil absoluta. 1,759 niños mueren por cada 100 mil que nacen. Pero si el problema terminara ahí, sería menos trágico. Hay niños en las calles que viven en condiciones de pobreza, y abandonan los juegos y la recreación para irse a trabajar. Ellos se enfrentan todos los días a explotación laboral, con jornadas completas y con salarios muy por debajo del mínimo, o incluso sin remuneración alguna.

Hay niños y niñas que deben prostituirse, y por si fuera poco, a precios que son ínfimos. En las calles también hay niños que mueren de hambre, 2.6 millones están en condiciones de desnutrición. Y el 46% abandona la escuela y la recreación para enfrentarse al mundo real. Sí, estos niños dejan sus juegos, el desarrollo íntegro, tanto cognitivo como emocional, para enfrentarse a una sociedad cruel, que muchas veces los deja fuera, y ellos deben abrirse camino a cualquier precio.

http://www.informador.com.mx/mexico/2016/657436/6/infancia-sueno-o-pesadilla.htm

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Educación ambiental, necesaria para cuidado responsable del planeta

www.lagranepoca.com/14-04-2016/

México, 22 Abr (Notimex).- Académicos de la UNAM coincidieron en que si se quiere cuidar al planeta es necesario dar a la población mundial educación ambiental, y que los gobiernos emprendan acciones enfocadas a conservar y proteger la vida en el orbe.

En conferencia de prensa, con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Tierra, destacaron que buena parte de las áreas arboladas del mundo se han destruido, lo cual no sólo implica un proceso importante de deterioro ambiental, sino también económico.
Y es que la diversidad biológica, además de generar recursos alimentarios, repercute en aspectos como la calidad del agua y del aire, así como en la pérdida de especies.

Elizabeth Solleiro Rebolledo, integrante del posgrado en Ciencias de la Tierra, destacó la importancia de cuidar el suelo, porque desde siempre la agricultura ha sido base para el avance de los pueblos, “de modo que si conservamos los recursos naturales tendremos asegurada la base de nuestro desarrollo en el futuro”.

Sin embargo, en los últimos años se han destruido los recursos y en muchos de los casos desconocemos las funciones de la tierra para la vida en el planeta, por ejemplo, los árboles no sólo proporcionan oxígeno, también absorben gases contaminantes y dan alimentos.
En su oportunidad, Alfonso Valiente, investigador del Instituto de Ecología, mencionó que México tiene casi 60 por ciento de los pinos y cerca de 30 por ciento de encinos a nivel mundial. El problema es que muchos de los bosques de estas especies sufren una tala importante.

Este proceso de extracción de la madera afecta o elimina a otras especies, cuya función es vital para procesos como la polinización, o la subsistencia de bacterias y hongos, responsables de todos los ciclos biogeoquímicos del mundo; por ello, urgió a entender que si se acaba con esos organismos también se termina con la vida, alertó.

A su vez, Dante Morán Zenteno, investigador del Instituto de Geología, dijo que conmemorar el Día Internacional de la Tierra, hoy 22 de abril, es un recordatorio de que el planeta es sensible y se puede desestabilizar, sobre todo la biósfera y el suelo, a partir de procesos que ocurren lentamente.
Aunque fue hace pocos años cuando los especialistas empezaron a hablar de los problemas ambientales como algo global, hoy es urgente que el mundo trabaje coordinadamente en las soluciones, enfatizó.

En la actualidad, destacó, algunos investigadores buscan comparar las emisiones de CO2 de hace 450 millones de años con las actuales para saber en qué tasas se acumuló en el pasado y a qué tasa lo acumulamos en el presente.

Información de imagen: Niños en México festejando el Día de la Tierra. (Getty Images/Creative)

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Mexico: Apostar a la educación porque democratiza la vida cotidiana

www.desdepuebla.com/24-04-2016/Por: Arlette Hernández

La educación es la única herramienta que democratiza la vida cotidiana del ser humano, expresó el presidente la AMTM, Jesús Padilla Zenteno en el octavo Congreso Internacional de Transporte que se lleva a cabo en la Ciudad de México.

Durante la firma de convenio entre la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM), el Instituto Tecnológico Tláhuac II (ITT II) y el Centro para el Fomento de la Educación y la Salud de los Operarios del Transporte Público de la Ciudad de México A. C. (CENFES), el titular de la AMTM explicó que el objetivo de este convenio es la profesionalización de los operadores de transporte, donde se contempla la donación de un vehículo para su capacitación.

“Sabemos que el operador de transporte público no siempre es respetuoso, por eso el papel de la profesionalización es fundamental, pues lo que se busca es tratar al usuario como cliente y no como bulto, necesitamos reconocer que los usuarios tienen dignidad”, expresó.

Padilla Zenteno además se dirigió a los estudiantes del ITT II, a quienes dijo que el papel que juegan los jóvenes es fundamental, “tenemos que apostarle a un México mejor, no solamente en el tema de la movilidad; la educación tiene que ser para todos, es la única herramienta que democratiza la vida cotidiana del ser humano, por eso nos entusiasma estar permanentemente cerca de la academia”, expresó.

“Si no lo hicimos bien, pueden reclamar, están obligados a hacer política y no dejar que los políticos decidan por ustedes, pero si no van a intervenir, no se vale quejarse, tienen que saber qué está pasando y actuar en consecuencia”, concluyó Padilla.

Además del Presidente de la AMTM, Jesús Padilla, el convenio fue firmado por Miriam Téllez Ballesteros, directora Genral del CENFES; Juan Foncerrada del Instituto de Capacitación para el Trabajo de la Ciudad de México (ICAT-CDMX) y Manuel Uribe, director del Instituto Tecnológico de Tláhuac II.

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SEP descontará el día a siete mil maestros que marcharon en Chiapas.

La dependencia dijo que mil escuelas y 274 mil 654 alumnos se vieron afectados por la movilización.

America del Norte/ Mexico/24.04.2016/Autor y Fuente: http://www.publimetro.com.mx/

La Secretaría de Educación Pública (SEP) informó que descontará el salario a siete mil 847 maestros  que faltaron a clases por marchar este viernes en Chiapas y dejar sin clases a miles de alumnos de esa entidad.

A través de un comunicado, la dependencia federal dijo que de acuerdo con información de la Secretaría de Educación chiapaneca, como resultado de la manifestación de los docentes, mil escuelas y 274 mil 654 alumnos de nivel de Educación Básica  se vieron afectadas por la falta de profesores.

Asimismo, indicó que los docentes que participaron en la marcha fueron seis mil 761 federalizados y mil 86 estatales, «a quienes se les descontará el día por faltar a su responsabilidad de dar clases, sin justificación».

La SEP reiteró que en este país se respeta la libre manifestación y la expresión de las ideas, pero nadie tiene derecho a dejar sin clases a las niñas, niños y jóvenes de cualquier estado de la república.

Fuente: http://www.publimetro.com.mx/noticias/sep-descontara-el-dia-a-siete-mil-maestros-que-marcharon-en-chiapas/mpdx!rkgxXQvyIOlk/

Imagen: http://www.publimetro.com.mx/_internal/gxml!0/r0dc21o2f3vste5s7ezej9x3a10rp3w$lajavq6p8lgy0dua8fx9jhp9c743oq2/maestros_cuartoscuro%20.jpeg

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Toward Racial, Economic and Social Justice

The Slaughter-Bench of Race

It seems that it is an everlasting open hunting season in the United States and the kills are Black men. The senseless killing of unarmed Black young man Michael Brown by a White police officer and the grand jury’s decision to allow the officer to walk without facing a trial through a faltering prosecutorial process (that aims to defend when the target of indictment is a police officer) has brought Ferguson, Missouri, and other communities across the country to their feet in loud and incendiary protest.

Approximately 50 protesters on a 120-mile march from Ferguson to Jefferson City decrying the shooting death of Brown were met with counter-protesters all along the route. Especially stomach-churning was the reception given to the protesters in the sleepy hollow of Rosebud, where the caterwauling and public scouring was most intense as 200 residents screeched at the protesters to “go home and get jobs” along a route littered with 40-ounce beer bottles, watermelons, Confederate flags and fried chicken, and where at least one concerned citizen was wearing a makeshift white hood, redolent of the vile knights of the “Invisible Empire.”

While the corporate media has suggested that the violent response by some protesters – property damage and looting in some instances – diminishes the authentic call for “change” – i.e., a demilitarization of the police, improved police-community relations, urban job creation, increased sensitivity training regarding race among police force recruits – it is hard to ignore the storied observation by Frantz Fanon that violence is oftentimes the only possible response by communities that have lived through centuries of violence – slavery, joblessness, poverty, police profiling, the school-to-prison pipeline and a military-industrial complex that thrives upon the deaths and killing of Black and Brown young men.

In the wake of this blow to the Black community, we have seen a string of similar White police killings of unarmed Black men and an unwillingness to indict them. These include the killing of Eric Garner who was caught on video repeating the words, “I can’t breathe,” 11 times as a New York Police Department officer had him in a chokehold that has been banned by the NYPD for years; the killing of Rumain Brisbon in Phoenix, Arizona; the killing of a 12-year-old boy, Tamir Rice, who was holding a toy gun in a park and shot within two seconds of police arriving on the scene; and the killing of Akai Gurley, a young man who was fatally shot by a rookie NYPD officer in a dark public housing stairwell in Brooklyn. With the growing confidence among White police officers that Black men are fair game for killing without consequences, how many more of our Black children’s lives will we lose?

In the cases of Eric Garner, Tamir Rice and Akai Gurley, the police did not make any effort to assist their dying victims. In the case of Gurley, the officers who shot him – in true “cover your ass fashion” – decided to text their union representative while ignoring calls from the police and medics. Six and a half minutes went by before they finally radioed for assistance. It wasn’t until a detective and FBI agent arrived at the scene of the Tamir Rice slaying that the victim received any first aid. In Eric Garner’s case, numerous police officers stared at his unconscious handcuffed body for seven crucial minutes instead of performing urgent CPR or frantically seeking professional medical assistance. In the case of Michael Brown, we know that his body lay lifeless on a Ferguson street for four hours before it was carted off to the local morgue. While some have attempted to justify police killings of Black men as a function of the job demand for quick decisions and their own survival instincts, this unconscionable and merciless failure to attempt to save these men’s lives, points to something much deeper.

Astonishingly, we are now hearing backlash against protesters that Black men must be suicidal since they are acting in ways that are surely to get them killed. It seems no matter what the circumstance, the narratives shift in order to maintain the sanctity of the White cop. The institutionalized and pretentious discourse of conservative talk show hosts now includes remarks to the effect of: “If Garner can say ‘I can’t breathe’ 11 times, then he can breathe” (obviously these self-proclaimed “critics” don’t realize that being pinned down by police may prevent lungs from re-expanding, forcing out the functional reserve capacity of air while the expiratory reserve volume – which is not oxygenated and basically exists as carbon dioxide gas – still permits vocalization). This vicious insensitivity from the frenetic ranks of these racist prodigies have ripped away any cosmetic prostheses hiding the seething subterranean animus of the White population who have inherited a historical proclivity to blame Blacks for their own suffering and who continue to do so with an increasingly smug impunity.

Given the rancid history of racial violence in the United States, should we be aghast at the audacity of White police officers who continue to shoot first and show little restraint prior or remorse after, and at the imperviousness of prosecutors and grand juries that see only through the dominant lens, justifying the growing epidemic of Black killings by White cops as a “natural” reaction to fearing for their lives? Protesters are demanded to show restraint in a country that has shown no restraint in killing Black communities and other communities of color – physically, psychologically and economically. While we do not advocate for violence, we understand how centuries of pain and humiliation can result in a pent-up rage that eventually explodes.

More recently, African-Americans face the grim new reality of moving from the super-exploited sector of the working class to being even more marginalized as capitalists switched from drawing on Black labor in favor of Latino/a immigrant labor as a super-exploited workforce. As a result of increased structural marginalization, African-Americans are subject to whatWilliam Robinson describesas “heightened disenfranchisement, criminalization, a bogus ‘war on drugs,’ mass incarceration and police and state terror, seen by the system as necessary to control a superfluous and potentially rebellious population.”

Racism is not a natural phenomenon, but one that has been produced within each and every institution of our society. Racism is exacerbated through a capitalist production process that teaches us that some people have a God-given right to pursue their own economic and social interests with little regard for the right of every human being and other living organism to thrive in the world free of fear for their own survival and with dignity and freedom. Racism stems from a world that has lost its ability to recognize its social nature and absolute need to love one another. While we must work to make people safe today, we must also consider the long-term goal of anti-racist struggle, which in our view is one and the same as class struggle, such that a new world order, one free from class and founded on love, interdependence, social responsibility, equality and freedom can thrive.

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