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Intensifican guerra contra los pueblos

Por Raúl Zibechi

La ofensiva de las clases dominantes y de sus gobiernos es cada vez más violenta y peligrosa para la sobrevivencia de los pueblos. En los últimos tiempos hemos visto cómo los poderosos ya no disimulan, ni pretenden esconder la creciente militarización del mundo. En Estados Unidos, Trump envía soldados a la ciudad de Por-tland para acallar protestas; en Ecuador, los militares reprimen marchas pacíficas y asesinan indígenas; en Chiapas, militares y finqueros atacan bases zapatistas y destruyen sus cultivos e instalaciones “en común”.

Estamos ante un conjunto de guerras contra los pueblos, guerras civiles, de despojo, para liquidar cualquier resistencia, para desplazar comunidades con el objetivo de despejar territorios para acelerar la acumulación de riqueza. Como ya se ha dicho, Gaza es el espejo en el que debemos mirarnos para comprender lo que están haciendo, incluso, los gobiernos de nuestra América.

La reciente denuncia de la Asamblea de Colectivos de Gobiernos Autónomos Zapatistas (ACGAZ) Gobiernos en Común, debe ser tomada muy en serio. El gobierno entregó a particulares tierras zapatistas recuperadas en 1994, que están cultivando en común las bases de apoyo zapatistas con comunidades no zapatistas, cerca del caracol Dolores Hidalgo. En los videos que acompañan la denuncia puede verse claramente cómo el Ejército y la policía municipal acompañan a los usurpadores bendecidos por la “justicia” del Estado.

No sólo ingresaron a territorio zapatista desplazando bases de apoyo y campesinos no zapatistas, sino que destruyeron y robaron bienes y cultivos, lo que muestra el tipo de personas que son. Del comunicado del 24 de setiembre (ver enlacezapatista.ezln.org) me parece necesario destacar que estamos ante “un plan de los tres niveles de los malos gobiernos”. Aquí nadie debería hacerse el distraído: el gobierno federal es responsable junto al gobierno de Chiapas de la agresión al territorio zapatista para convertirlo en propiedad privada. ¿Por qué lo hacen? ¿Qué buscan?

A mi modo de ver, quieren destruir al movimiento zapatista, ya sea provocando enfrentamientos armados o bien forzándolos a retirarse como ya sucedió en Nuevo San Gregorio. Como todo tiene un límite (desde la paciencia hasta los intentos de diálogo), el comunicado advierte que “nos están obligando a defendernos”. Si lo hacen, serán inmediatamente catalogados como “terroristas”, como estos días sucede en Ecuador con los pueblos originarios que resisten al mal gobierno de Noboa.

Mi impresión, y puedo estar equivocado, es que en esta ofensiva hay algo nuevo, que está siendo iluminado por el genocidio en Gaza. Lo nuevo son dos cuestiones: la embestida se produce a la luz del día, amparados en la impunidad que creen tener por el apoyo social pasivo con que cuenta el gobierno de la 4T; la segunda, es que estamos ante un asalto militar con la participación directa de las fuerzas armadas. Esto indica que no sólo están dispuestos a desplazar, como en ocasiones anteriores (muchas veces efectuado por paramilitares), sino que ahora vienen dispuestos a matar a per-sonas desarmadas.

No es ninguna casualidad que hayan creado las FRIP o pakales, cuyo lema “Vencer o morir” no es sólo un culto a la muerte, sino que nos recuerdan a los kaibiles guatemaltecos, entrenados por los “boinas verdes” estadunidenses y auspiciados por el Estado de Israel, responsables de infinidad de crímenes durante el genocidio del pueblo maya en la década de 1980. Los kaibiles fueron definidos como “máquinas de matar” y luego de la guerra no pocos se integraron al cártel Los Zetas, marcando probablemente un camino a sus pares pakales.

Esperemos que la violencia del Estado no escale, pero eso sólo depende de ellos. Tal como están las cosas en el mundo, nadie puede asegurar que no estemos ante el inicio de un plan genocida (uno más) contra los pueblos de raíz maya, y contra el EZLN porque su presencia resulta molesta para los planes de negocios capitalistas.

En Ecuador, en respuesta al paro indígena y popular contra un nuevo paquete contra las economías de los pueblos, el gobierno de Noboa sacó a los militares a la calle invadiendo viviendas en la noche, disparando contra la población, no sólo contra manifestantes, y asesinando de forma cobarde al artesano kichwa Efraín Fueres, que recibió tres balazos. “El video del maltrato de los militares a un manifestante moribundo enciende las protestas contra Noboa”, titula El País.

Las redes gritaron: “terrorismo es militares armados y entrenados bajando de un tanque para patear el cadáver del campesino al que asesinaron”. Esta es la realidad del sistema hoy, en cualquier parte del mundo. No nos engañemos: están preparados para el asesinato masivo de nuestros pueblos. Por eso Gaza es tan revelador. Por eso Chiapas es tan importante. No nos hagamos ilusiones. Los gobiernos progresistas son un excelente escenario para planificar crímenes y despojos. Los encargados de perpetrarlos pueden ser cualquiera.

La Jornada

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Mundo Educativo: Fortalecimiento de la alfabetización en la escuela secundaria: lo que los educadores necesitan saber

Fortalecimiento de la alfabetización en la escuela secundaria: lo que los educadores necesitan saber

La alfabetización siempre ha sido la base del aprendizaje, pero para los estudiantes de secundaria, hay mucho en juego. Estos años marcan la transición crucial de aprender a leer a leer para aprender .

Cuando los estudiantes ingresan a sexto, séptimo u octavo grado aún con dificultades en las habilidades fundamentales, cada asignatura se vuelve más difícil: los laboratorios de ciencias, los textos de estudios sociales e incluso los problemas matemáticos requieren competencia lectora. Para los educadores, el reto no es solo abordar las deficiencias, sino también fomentar la confianza que ayude a los adolescentes a creer que pueden tener éxito.

La brecha de confianza

Al llegar a la secundaria, muchos estudiantes son muy conscientes de que están atrasados ​​con respecto a sus compañeros en lectura. Las intervenciones que parecen demasiado elementales pueden minar la motivación. Como explicó la Dra. Michelle D. Barrett, vicepresidenta sénior de Investigación, Políticas e Impacto de Edmentum:

Si tienes un estudiante de secundaria que aún tiene deficiencias en las habilidades básicas de lectura, necesitas un currículo e instrucción adecuados para su edad. No puedes darle algo que parezca infantil; eso solo lo desanima.

Diseño para la participación

Las investigaciones demuestran que la participación es tan importante como la instrucción, especialmente para los adolescentes. «Si los estudiantes no participan, si no asisten a la escuela, entonces tenemos un verdadero problema», afirmó Barrett. «Se trata de asegurar que, incluso si los estudiantes tienen carencias, reciban apoyo con un currículo que les resulte relevante y atractivo».

Para satisfacer esa necesidad, programas digitales como Exact Path de Edmentum adaptan tanto el diseño como el contenido a la edad del alumno. «Un estudiante de secundaria no quiere las caricaturas que reciben nuestros alumnos de primer grado», señaló Barrett. «Eso es realmente importante, no solo para la participación, sino también para su confianza y su disposición a seguir adelante».

Midiendo lo que funciona

Los educadores también necesitan datos sólidos para orientar las intervenciones. «Todo se reduce a cómo se diferencian para esos estudiantes», dijo Barrett. «Es necesario contar con evaluaciones excelentes, contenido atractivo basado en la evidencia y una manera para que los estudiantes sientan y comprendan el éxito».

Exact Path comienza con una evaluación universal y luego crea rutas de aprendizaje personalizadas basadas en progresiones de lectura basadas en la investigación. Más de 60 estudios realizados en los últimos dos años han mostrado resultados consistentes. «Cuando los estudiantes completan ocho habilidades por semestre, observamos un crecimiento significativo en todos los grados, ya sea medido por NWEA MAP, STAR o evaluaciones estatales», agregó Barrett.

Ese crecimiento se extiende a diversos grupos. «En un gran distrito urbano, descubrimos que la magnitud del efecto en los estudiantes que reciben servicios de educación especial duplicaba la de sus compañeros», afirmó Barrett. «Esto nos indica que el programa puede ser una intervención de alfabetización muy eficaz para los estudiantes con mayor riesgo».

Soportes en capas para un mayor impacto

Barrett enfatizó que el progreso en lectoescritura es más sólido cuando se combinan múltiples apoyos. «Con el currículo digital, los estudiantes obtienen mejores resultados. Pero con un docente, además de ese currículo digital, obtienen mejores resultados aún. Si se añade tutoría intensiva, los resultados mejoran aún más», afirmó.

El seguimiento y el reconocimiento del progreso también contribuyen a generar confianza. «Los estudiantes perseverarán cuando puedan alcanzar el éxito», añadió Barrett. «Celebrar el crecimiento, incluso en pequeños incrementos, es fundamental para la motivación».

Una misión compartida

Si bien herramientas como Exact Path ofrecen apoyo basado en investigaciones, Barrett enfatizó que mejorar la alfabetización es, en última instancia, una responsabilidad compartida. «Los líderes del distrito deberían preguntarse: ¿Cómo está atendiendo este programa a estudiantes de diferentes orígenes? ¿Funciona para estudiantes multilingües, estudiantes con PEI y estudiantes en riesgo?», dijo.

El objetivo más amplio, enfatizó, es preparar a los estudiantes para el aprendizaje permanente. «La secundaria es una etapa crucial. Si podemos ayudar a los estudiantes a desarrollar su alfabetización y confianza, no solo estaremos mejorando sus calificaciones, sino que les brindaremos las habilidades necesarias para tener éxito en todas las materias y en la vida».

Fuente: Laura Ascione / eschoolnews.com

Fuente de la Información: https://www.redem.org/fortalecimiento-de-la-alfabetizacion-en-la-escuela-secundaria-lo-que-los-educadores-necesitan-saber/

 

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Descalzos, hambrientos y sin dónde ir: la lógica brutal impuesta a los niños de Gaza

Descalzos, hambrientos y sin dónde ir: la lógica brutal impuesta a los niños de Gaza

Este es un resumen de lo dicho por el portavoz de UNICEF, James Elder, a quien se le puede atribuir el texto citado, en la conferencia de prensa de hoy en el Palacio de las Naciones en Ginebra.

GAZA, 3 de octubre de 2025 – La ciudad de Gaza sigue albergando a decenas de miles de niños. Niños descalzos empujan a sus abuelos en sillas de ruedas entre los escombros. Niños amputados se abren paso entre el polvo. Madres cargan a sus hijos con la piel sangrando por erupciones. Los niños se estremecen ante los incesantes ataques aéreos. Y otros niños miran al cielo, siguiendo el fuego desde helicópteros y cuadricópteros.

La pregunta que me hacen en toda la ciudad de Gaza —mujeres, ancianos y niños— es: «¿Adónde puedo ir que sea seguro? 

«. Y la respuesta sigue siendo la misma después de casi dos años: A ningún sitio.

Ningún lugar es seguro en la Franja de Gaza.

Sin embargo, hoy se ha advertido a otros 200.000 civiles que abandonen la ciudad de Gaza, además de las más de 400.000 personas que se han visto obligadas a trasladarse al sur. Un hospital de la ciudad de Gaza, el Patient Friendly Hospital donde estuve ayer, atiende a diario a entre 60 y 80 niños ingresados ​​por desnutrición y otras enfermedades.

La Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) para bebés y recién nacidos del hospital Al Helou está desbordada. Este hospital fue bombardeado la semana pasada.

La lógica impuesta a la gente de Gaza es brutal y contradictoria. El norte ha sido declarado territorio hostil: los que permanecen deben ser tildados de sospechosos. Seamos claros: la emisión de una orden de evacuación general o generalizada a los civiles no significa que los que se quedan pierdan su protección como civiles.

El sur, las llamadas «zonas seguras», también son lugares de muerte. Al-Mawasi, ahora uno de los lugares más densamente poblados del planeta, está terriblemente superpoblado y desprovisto de lo esencial para la supervivencia. El 85 % de las familias vive a menos de diez metros de aguas residuales, excrementos animales, montones de basura, agua estancada o plagas de roedores. Dos tercios no tienen acceso a jabón. Hablé con docenas de personas en la ciudad de Gaza y todas me dijeron lo mismo: no tienen dinero para mudarse; no tienen espacio ni tiendas de campaña donde instalarse, y el sur también es peligroso.

De hecho, la noción misma de «zonas seguras» en el sur es absurda: las bombas caen del cielo con una previsibilidad escalofriante. Las escuelas designadas como refugios temporales quedan reducidas a escombros con regularidad. Las tiendas de campaña instaladas en terrenos baldíos no ofrecen protección contra la metralla. Con frecuencia quedan envueltas en el fuego de los ataques aéreos.

Hace dos días, conocí a niños en el hospital Nasser que habían quedado paralizados, quemados o con extremidades amputadas tras impactos directos en las tiendas de campaña, todo ello aproximadamente a las dos de la mañana. Unos días antes, en el hospital Al Aqsa, conocí a muchos niños que habían recibido disparos de cuadricópteros.

Cuando el mundo se adapta y normaliza este nivel de violencia y privaciones, algo se rompe profundamente. La fuerza del derecho internacional no reside en las palabras escritas, sino en la determinación de los países de defenderlo.

Mientras tanto, la situación de las madres y los recién nacidos nunca ha sido peor.

En Nasser, los pasillos del hospital están llenos de mujeres que acaban de dar a luz. En seis misiones a Gaza, nunca lo había visto así. Madres primerizas y recién nacidos vulnerables yacen en el suelo. Tres bebés prematuros comparten una sola fuente de oxígeno: cada niño respira durante veinte minutos, antes de dar paso al siguiente. Una bebé prematura, Nada, que estuvo en cuidados intensivos durante 21 días, recibe el alta y ahora espera afuera, tumbada en el suelo del pasillo con su madre. Nada pesa dos kilogramos, menos de la mitad de lo que debería.

Las mujeres están sufriendo abortos espontáneos en el agotador viaje de norte a sur. Los médicos temen que los virus invernales se hayan adelantado. Los informes indican que 1.000 bebés han muerto en los últimos dos años, y desconocemos cuántos más han muerto por enfermedades prevenibles.

Mientras tanto, los trabajadores de primera línea están haciendo lo imposible. UNICEF y nuestros aliados siguen suministrando alimentos terapéuticos listos para usar (RUTF) a bebés desnutridos en la ciudad de Gaza; mientras tanto, en toda la Franja de Gaza reparan tuberías de agua; entregan asistencia en efectivo; brindan apoyo para traumatismos, junto con equipos de emergencia para bebés en hospitales, sesiones de salud mental y recolección de residuos. Pero hasta que se eliminen todas las restricciones a la entrada y entrega de ayuda humanitaria, la provisión de ayuda vital seguirá siendo lamentablemente insuficiente.

Los medios de comunicación en esta sala de prensa han tenido la generosidad de escuchar el informe de UNICEF docenas de veces desde que presenciamos por primera vez la masacre en Gaza. Durante ese tiempo, hemos informado sobre una guerra contra la infancia, una hambruna y un brote de polio. Siempre y solo con datos y testimonios. Y, sin embargo, de alguna manera, la situación hoy es peor que en cualquier otra época. Todos tenemos cierta responsabilidad, pero solo hay una víctima. Ayer, hoy, y sin acciones significativas, mañana. Los niños palestinos.

Contactos de prensa

Ricardo Pires
Gerente de Comunicación y Portavoz Adjunto
UNICEF Ginebra
Teléfono:+41 79 481 5021
Correo electrónico: rpires@unicef.org

Acerca de UNICEF

UNICEF, la agencia de las Naciones Unidas para la infancia, trabaja para proteger los derechos de todos los niños, en todas partes, especialmente de los más desfavorecidos y en los lugares más difíciles de alcanzar. En más de 190 países y territorios, hacemos todo lo posible para ayudar a los niños a sobrevivir, prosperar y alcanzar su máximo potencial.

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Fuente de la Información: https://www.unicef.org/press-releases/shoeless-starving-and-nowhere-go-brutal-logic-imposed-gazas-children

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El equipo propuesto por Tony Blair para Gaza: multimillonarios, sionistas y una funcionaria de la ONU

El equipo propuesto por Tony Blair para Gaza: multimillonarios, sionistas y una funcionaria de la ONU

Oscar Rickett

A principios de esta semana se filtró un borrador del plan sobre cómo sería el gobierno de Gaza bajo el mandato del ex primer ministro británico Tony Blair.

Blair, que llevó a Gran Bretaña a la guerra de Iraq y que desde que dejó el cargo se ha dedicado a viajar por todo el mundo ganando dinero y acumulando influencia, está siendo considerado para dirigir una autoridad de transición en el enclave palestino.

El plan para la Autoridad Internacional de Transición de Gaza (GITA, por sus siglas en inglés) revela una jerarquía en la que una junta internacional de multimillonarios y empresarios ocupa la cima, mientras que los administradores palestinos «neutrales» y altamente seleccionados se encuentran en la base.

La administración trabajaría en estrecha colaboración con IsraelEgipto y Estados Unidos y, según fuentes israelíes citadas por Haaretz, cuenta con el respaldo de la Casa Blanca.

Según el borrador, la GITA estará dirigida por una junta internacional que tendrá «la máxima autoridad política y jurídica sobre Gaza durante el período de transición».

En el documento se mencionan cuatro nombres como posibles candidatos para esta junta. Ninguno de ellos es palestino. Uno es Sigrid Kaag, coordinadora especial de la ONU para el proceso de paz en Oriente Medio.

Los demás se describen como «figuras internacionales destacadas con experiencia ejecutiva y financiera».

Se trata de Marc Rowan, multimillonario propietario de una de las mayores empresas de capital privado de Estados Unidos; Naguib Sawiris, multimillonario egipcio del sector de las telecomunicaciones y la tecnología y Aryeh Lightstone, director ejecutivo del Abraham Accords Peace Institute.

No hay indicios de que se haya contactado con ninguna de estas figuras para ofrecerles dicho cargo.

Middle East Eye analiza más detenidamente el posible equipo de Blair para Gaza.

Aryeh Lightstone

Empresario y rabino, Lightstone ha participado activamente en la creación y el desarrollo de la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF, por sus siglas en inglés), el mecanismo de distribución de ayuda respaldado por Estados Unidos e Israel en cuyas instalaciones en Gaza han muerto más de 2.000 personas y varios miles más han resultado heridas.

Descrita por Médicos Sin Fronteras (MSF) como un «sistema de inanición y deshumanización institucionalizadas» y como «asesinato orquestado», la GHF sustituyó a la ONU como principal distribuidora de ayuda en Gaza a principios de este año.

Lightstone, que fue asesor principal de David Friedman cuando este acérrimo defensor del movimiento colonizador israelí era embajador de Estados Unidos en Israel durante el primer mandato del presidente Donald Trump, es ahora un estrecho confidente y ayudante del enviado para Oriente Medio Steve Witkoff.

Autor de un libro sobre Oriente Medio elogiado por el yerno de Trump, Jared Kushner, que también participa en el plan Blair y ha hablado a menudo del potencial «muy valioso» de las «propiedades frente al mar» de Gaza, Lightstone es oficialmente el director ejecutivo del Abraham Accords Peace Institute, un grupo que se describe a sí mismo como «una organización estadounidense no partidista y sin ánimo de lucro dedicada a… estos históricos acuerdos de paz».

El propio Lightstone participó en las conversaciones y en la aplicación de los Acuerdos de Abraham, por los que Israel estableció oficialmente relaciones con varios Estados árabes, entre ellos los Emiratos Árabes Unidos.

Aryeh Lightstone en Jerusalén en 2020 (Captura de Youtube)

A principios de este año el Jewish News Syndicate informó de que The Heritage Foundation, un think tank estadounidense de derechas, había adquirido el Abraham Accords Peace Institute, fundado por Kushner e integrado por figuras vinculadas al Kohelet Policy Forum, una iniciativa de derechas para remodelar Israel financiada por multimillonarios estadounidenses.

Lightstone es un agudo crítico de la ONU y, según documentos obtenidos por Haaretz, ha participado en la redacción de escenarios para «el día después» en Gaza en cooperación con la Casa Blanca.

Según esos documentos, cuando se planteó el tema de una solución de dos Estados para Israel y Palestina en las discusiones con la ONU, Lightstone habría dicho que «no era el momento adecuado para dar ese paso y que la prioridad debía ser eliminar a Hamás del panorama».

En 2018, cuando Lightstone era asesor principal de Friedman, los formularios de divulgación revelaron que tenía vínculos financieros con entidades involucradas en la política de Israel o que podían tener negocios con su Gobierno.

Uno de estos grupos, la Shining City Community, financiada de forma anónima, que había donado alrededor de un millón de dólares a Im Tirtzu, una organización que afirma «trabajar duro para proteger el sionismo y el Estado de Israel», le debía a Lightstone hasta 50.000 dólares.

En 2016, incluso el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, criticó a Im Tirtzu por organizar una campaña que tildaba de «agentes extranjeros» a cientos de figuras culturales israelíes por su afiliación a supuestos grupos de izquierda.

Lightstone ocupó durante un tiempo el cargo de director ejecutivo de Shining City, afirmando que se centraba en «desarrollar la educación de los funcionarios estatales y federales sobre los peligros» de los boicots a Israel.

Naguib Sawiris

Con un patrimonio cercano a los 10.000 millones de dólares, Sawiris proviene de una familia de multimillonarios. Su padre, Onsi, magnate de la construcción, fundó Orascom, que se convertiría en el primer conglomerado multinacional de Egipto.

Ahora, con 71 años, Sawiris amasó la mayor parte de su fortuna en el sector de las telecomunicaciones —fue cofundador de Mobinil, la operadora de telefonía móvil más antigua de Egipto, ahora Orange Egypt— y en la minería. Está muy involucrado en la industria del oro a través de su sociedad de cartera con sede en Luxemburgo, La Mancha.

El multimillonario egipcio mantiene una relación duradera con Blair, que podría incluso ser anterior al mandato de este último como primer ministro.

Blair figuraba en la lista de invitados a la boda del hijo de Sawiris, Ansi, que tuvo lugar en 2020 a los pies de las pirámides de Giza. En 2013, ambos fueron fotografiados juntos cerca del lugar donde Blair se alojaba, en una villa propiedad del magnate mediático italiano de derechas y expresidente Silvio Berlusconi.

Según se informa, se han celebrado otras reuniones a bordo del lujoso yate de Sawiris en Saint Tropez, en su avión privado, en El Cairo y en Sudáfrica.

Naguib Sawiris fotografiado en 2018 con el actor de Hollywood Sylvester Stallone (AFP).

El magnate ha desarrollado una gran afinidad por la isla griega de Mykonos, donde ha comprado propiedades y ha llevado a sus músicos y actores egipcios favoritos para que actúen y se diviertan allí. En 2017, él y Blair fueron fotografiados en Mykonos en un restaurante de lujo frecuentado por Tom Hanks y el empresario británico Philip Green.

Sawiris participó en la «reconstrucción de Afganistán» tras la invasión del país liderada por Estados Unidos y Reino Unido, y fue en esa época cuando también trabajó con Blair.

«Sawiris ya ha asesorado a Blair anteriormente. Su principal experiencia es en la creación de redes móviles, por lo que creo que se encargará más de la infraestructura o la reconstrucción», explicó a MEE Nihal El Aasar, escritora e investigadora egipcia.

«Es el hombre más rico de Egipto, pero también le gusta involucrarse en la política. Está todo el tiempo en Twitter [X], pero no es tan malo como Elon Musk en lo político», dijo, y añadió que Sawiris ha criticado la administración del presidente egipcio Abdel Fatah al-Sisi y le gusta proyectar una imagen de «equilibrio».

«Pero sigue pensando que el problema de Egipto es que el ejército está demasiado involucrado en la economía y no deja que reine el libre mercado», dijo El Aasar. «Es un purista del libre mercado».

Dada la enorme inversión y participación de los Emiratos Árabes Unidos en Egipto, Sawiris, que mantiene su dinero fuera del país, ha desarrollado estrechos vínculos con los emiratíes, que comparten la visión de Blair de Gaza como una zona de capital libre inspirada en Dubái.

En 2024, Sawiris creó una plataforma mediática llamada Moniify, una especie de CNBC orientada al dinero para los millennials. Tenía su sede en Dubái y se inauguró a principios de ese año con una fastuosa fiesta en la que el egipcio pinchó como DJ.

Pero sólo unas semanas después, la empresa se vino abajo, el personal perdió sus puestos de trabajo y se quedó sin ningún sitio adónde ir.

Sawiris, un acérrimo crítico de la Hermandad Musulmana, fundó el partido de centroderecha Egipcios Libres tras la Primavera Árabe. Es un ferviente creyente en el capitalismo occidental, pero ha criticado a Israel y a Estados Unidos, y se ha reunido con el presidente norcoreano Kim Jong Un.

«Israel no desea lo mejor para Egipto, ni tampoco Estados Unidos. Nadie desea lo mejor para Egipto excepto los propios egipcios», afirmó Sawiris en una entrevista a principios de este año.

Marc Rowan

Marc Rowan, uno de los financieros más ricos de Wall Street, tiene un patrimonio estimado en 10.200 millones de dólares, según Bloomberg.

Este judío estadounidense de 63 años es el director ejecutivo de la empresa Apollo Global Management, descrita por la CNN como «un gigante del capital privado, un sector conocido por sus normas despiadadas y su afán de lucro a toda costa».

Las empresas de capital privado, junto con los fondos de cobertura y los capitalistas de riesgo, conforman el oscuro mundo del «capital privado», un mercado con un valor superior a los 24 billones de dólares.

Apollo gestiona activos por valor de 840.000 millones de dólares, incluida una cantidad significativa en nombre de inversores de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. «Abu Dabi y los Emiratos son, con diferencia, los mayores inversores de Apollo», afirmó Rowan durante una entrevista en Israel el año pasado.

En esa entrevista, realizada por el inversor de capital riesgo israelí Michael Eisenberg, Rowan se describió a sí mismo como un «orgulloso partidario de Israel» y de su ejército, calificó al país como «nuestro refugio» y dijo que era «un lugar único y especial, y que nosotros somos el pueblo elegido».

Dijo que «probablemente estaba en Abu Dhabi» el día del ataque liderado por Hamás contra Israel el 7 de octubre. «Ahora hay una oportunidad para cambiar la ecuación», dijo Rowan, en referencia a lo que pensó después del ataque, «y la ecuación es Irán».

En mayo de 2024, dijo en relación con el genocidio de Israel en Gaza: «Lo que veo es una guerra justa». Pero añadió que «la idea de que hemos perdido la narrativa es una locura».

Marc Rowan fotografiado en 2025 (AFP).

En 2020 Rowan y su esposa Carolyn contribuyeron con un millón de dólares a la campaña presidencial de Donald Trump. En 2024 se presentó a una entrevista para ser secretario del Tesoro de Trump, y se dice que el presidente quedó impresionado con él.

Rowan forma parte del consejo de administración de la escuela de negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania y es uno de los principales donantes de la universidad.

En la segunda mitad de 2023, lideró una campaña para que se destituyera al presidente y al rector de la universidad después de que esta organizara un festival llamado Palestine Writes, en el que participó Roger Waters, de Pink Floyd, a quien Rowan consideraba parte de un grupo de «antisemitas y agitadores del odio y el racismo muy conocidos».

Después del 7 de octubre de 2023, Rowan se enfureció por lo que percibió como el fracaso de la universidad a la hora de reconocer el dolor causado por el ataque a Israel.

Tras organizar lo que un académico denominó «una hostil toma de poder republicana de una institución en crisis», Rowan consiguió que la presidenta de la universidad, Liz Magill, dimitiera.

A medida que las protestas a favor de Palestina se extendían por los campus universitarios de Estados Unidos, Rowan las denunció: «No es ser antisemita. Es ser anti-EE. UU.».

Sigrid Kaag

Sigrid Kaag, con diferencia el nombre menos controvertido de esta lista, es una respetada tecnócrata europea que ocupó el cargo de coordinadora humanitaria y de reconstrucción de la ONU para Gaza desde finales de 2023 hasta mediados de 2025.

Antes de eso, Kaag fue funcionaria de la ONU en Beirut, Damasco y Jerusalén, así como ministra en su país natal, los Países Bajos.

Kaag, que pertenece a un partido liberal holandés, dijo en una entrevista reciente que ella, al igual que otros diplomáticos y trabajadores humanitarios, «nunca esperó que el conflicto [en Gaza] durara tanto tiempo».

 Sigrid Kaag fotografiada en Gaza en 2024 (AFP).

«Gaza ha sido destruida hasta tal punto que parece un paisaje lunar», dijo Kaag.

En una referencia que probablemente no agradaría al colaborador de Blair, Kushner, Kaag dijo sobre el genocidio de Israel en Gaza: «La vida se ha vuelto insoportable hasta tal punto que de repente se oyen propuestas como ‘bueno, podemos convertir Gaza en la Riviera’ y la gente debería emigrar voluntariamente».

La política neerlandesa ha afirmado que lo que está ocurriendo en Gaza «nos perseguirá a todos» y que es «una mancha en nuestra conciencia colectiva».

Al hablar de su trabajo en la administración de la ayuda en Gaza, afirmó que Israel había «traumatizado gravemente y privado» a la población de «básicamente todo lo que constituye la dignidad humana».

«La voluntad política lo es todo. El resto son tecnicismos, se pueden arreglar», dijo sobre la distribución de la ayuda. Kaag afirmó que obligar a que la ayuda se entregara a través de la GHF en lugar de la ONU había supuesto la «militarización de la ayuda» y que las acusaciones de que Hamás había estado apropiándose de la ayuda anteriormente «no estaban probadas».

Oscar Rickett es un periodista que ha escrito y trabajado para Middle East Eye, VICE, The Guardian, openDemocracy, la BBC, Channel 4, Africa Confidential y otros medios.

Texto en inglés: Middle East Eyetraducido por Sinfo Fernández.

Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2025/10/05/el-equipo-propuesto-por-tony-blair-para-gaza-multimillonarios-sionistas-y-una-funcionaria-de-la-onu/

Fuente de la Información: https://rebelion.org/el-equipo-propuesto-por-tony-blair-para-gaza-multimillonarios-sionistas-y-una-funcionaria-de-la-onu/

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El Manifiesto, un texto vivo

Este artículo es el resultado de un encuentro en el Centro de Estudios Marxistas. Estas reuniones buscan fomentar tanto la autoformación como la reflexión crítica. Por lo tanto, se basan en gran medida en el trabajo previo de camaradas dentro y fuera de nuestro movimiento.

El Manifiesto del Partido Comunista (habitualmente referido como El Manifiesto Comunista, NdR), escrito en vísperas de la revolución de 1848, es la obra más famosa y difundida de Marx (y de Engels, aunque su papel es menos significativo). A pesar de su fama, este breve texto no es en absoluto un tratado de teoría política de alcance universal. Sin embargo, su espíritu revolucionario lo lleva más allá de su tiempo, y es precisamente porque nació de circunstancias únicas que continúa interpelándonos.

Para esclarecer esta paradoja, es importante volver primero a las condiciones en las que se redactó El Manifiesto, antes de abordar dos de sus temas centrales: primero, la cuestión de la lucha de clases y el “partido”, y luego, la de la reapropiación comunista. Para Marx, el comunismo no designaba un proyecto integral, sino un esfuerzo a largo plazo para derrocar toda dominación de clase, reapropiarse de nuestras actividades sociales y construir otro mundo. “¡Proletarios de todos los países, uníos!”: con este llamado a la movilización, que nunca ha sido más urgente que hoy, concluye.

El preludio de la revolución de 1848

En vísperas de 1848, Alemania estaba fragmentada. Marx nació en Renania, donde los ejércitos de la Convención impusieron la ley revolucionaria durante un tiempo, antes de su anexión por Prusia, un estado feudal y policial, en el Congreso de Viena. En esta región rural, marcada por un relativo desarrollo económico y una creciente desigualdad, las protestas surgieron pronto.

Así, en 1832, en Hambach, no lejos de Tréveris, su ciudad natal, una manifestación política congregó a casi 30.000 personas durante dos días. Exigían libertad religiosa, una Constitución, la unidad alemana, y algunos participantes incluso se atrevieron a mencionar una inminente revolución armada. En 1835, el poeta Georg Büchner escribió el primer manifiesto de la revolución social en Alemania, lanzando el famoso lema: “¡ Paz a las casas, guerra a los palacios!”. El Manifiesto también se inspira en esta cultura alemana rebelde.

Si bien estas revueltas populares fueron violentamente reprimidas por las autoridades prusianas, gradualmente surgió una prensa crítica que representaba los intereses liberales, pero también las aspiraciones democráticas. Marx, quien se había acercado a los movimientos de protesta hegelianos, se involucró en este periodismo de investigación y opinión en 1842 (a los 24 años), alcanzando rápidamente un papel destacado en la Gaceta Renana (Rheinische Zeitung).

En 1843, tras la prohibición del Rheinische Zeitung por parte del gobierno prusiano, Marx rompió con un bando liberal que nunca había sido suyo y que se había mostrado incapaz de oponerse a la censura. Se exilió en París, la capital de la revolución, no sin haber escrito previamente numerosas obras, entre ellas una crítica detallada de la concepción hegeliana del Estado.

En París, conoció a Engels, quien durante mucho tiempo se había declarado socialista. Horrorizado por sus inclinaciones políticas, su padre lo envió a Manchester a trabajar en una de sus hilanderías. Pero allí, su experiencia en el mundo industrial (así como su encuentro con Moses Hess) lo llevaron a proclamarse comunista, antes que Marx. El término, aunque no está claramente definido, se refiere principalmente al rechazo de la propiedad privada en un contexto de intensos debates sobre las opciones socialistas, comunistas y anarquistas que se extendían por toda Europa.

Por su parte, Engels se vio particularmente influenciado por las huelgas que, durante la crisis económica de 1842, congregaron a varios millones de trabajadores ingleses. Estas contradicciones, según él, estaban destinadas a desembocar en una revolución social. Surgido a finales de la década de 1830, el cartismo fue, de hecho, la primera organización de masas en Europa, en una época en la que no existían partidos políticos modernos. La opción de Marx fue algo diferente desde el principio: consideraba que la revolución social debía ser también una revolución política, y más aún una revolución de la política, contra su confiscación en forma de un estado separado, vuelto contra los trabajadores.

En este contexto, Marx ve el auge de las ideas revolucionarias como resultado de contradicciones históricas, de las que nunca son simplemente un reflejo: en ciertos casos, pueden contribuir a inventar y guiar el futuro, aunque estén determinadas por las circunstancias presentes. El Manifiesto se concibe como un texto de intervención, cuyo objetivo es transformar el conocimiento y la acción conjuntamente y a través de la acción. De ahí el optimismo extremo de este texto extravagante: en vísperas del levantamiento europeo de 1848, ¡todo parece posible!

Este texto militante es, sin embargo, un gran texto teórico y prospectivo: el término comunismo designa sobre todo una invención colectiva permanente, que aspira a devolver a los seres humanos el control de su vida social e individual, y no una utopía. Marx identificó al proletariado como el principal actor de la revolución venidera, que, al aliarse con otros pueblos explotados, derrocará los restos del feudalismo al mismo tiempo que el capitalismo en formación, la forma suprema de dominación de clase, centrada en la desposesión radical de los trabajadores.

El Manifiesto refleja todas las contradicciones de su época. En el Congreso de Viena de 1815, las grandes potencias rediseñaron el mapa de Europa y del mundo. Pero esta Europa rediseñada dispersó y oprimió a los pueblos, alimentando las demandas de liberación nacional y justicia social. A nivel global, Occidente impuso su dominio sobre el resto del mundo a medida que el capitalismo iniciaba su expansión global: El Manifiesto anticipó este proceso de globalización. La colonización y la esclavitud, ligadas al comercio triangular, fueron consecuencia de su lento surgimiento, pero a su vez aceleraron su ascenso. Y la crisis actual también es económica, habiéndose vuelto periódica a pesar del aumento de la producción.

La inestabilidad de este edificio no tiene precedentes: desde 1830, se sucedieron oleadas revolucionarias en todo el mundo, y El Manifiesto, que pretende acelerar y acompañar el proceso revolucionario, se propone ofrecer un análisis histórico coherente de esta realidad y sus contradicciones. Pues son estas contradicciones las que abren brechas en la historia y perfilan posibilidades sin precedentes para la emancipación colectiva. Pero a condición de que las comprendamos y actuemos en consecuencia, de manera resuelta, consciente y organizada. A pesar de la distancia que nos separa de aquella época, esta tarea es más relevante que nunca: se llama lucha de clases.

Lucha de clases y partido de clase

En El Manifiesto, la lucha de clases es central, la fuerza impulsora, y sus primeras líneas son famosas: “La historia de toda la sociedad hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases”. Las clases no son entidades inmutables, sino el resultado de esta lucha constante y contradictoria. Pero también son función del lugar que ocupan los grupos sociales en la producción de riqueza. Finalmente, se caracterizan por formas de conciencia más o menos elaboradas, que les permiten construir sus propios intereses como fuerzas políticas. ¿Con quién unirse, cómo, en qué medida y con qué propósito? Estas preguntas políticas y estratégicas recorren todo el texto.

En este mundo cambiante anterior a 1848, la ira de las poblaciones ante la injusticia y la pobreza había ido en aumento durante mucho tiempo. Esta prolongada efervescencia de revuelta dio origen a movimientos políticos de protesta, en pleno proceso de modernización. Sus objetivos eran distintos, pero no necesariamente incompatibles: el movimiento liberal exigía una Constitución asociada a un sistema parlamentario basado en la propiedad, mientras que la tendencia democrática abogaba por una república que otorgara derechos políticos más amplios. Por su parte, un movimiento igualitario radical, derivado del babouvismo, reclamaba la revolución social.

La Liga de los Justos pertenece a este último movimiento. Cuando Marx y Engels se acercaron a ella, ya llevaba más de diez años existiendo y reunía a artesanos y obreros alemanes emigrados, organizados en Suiza, París y Londres. En París, la Liga participó en la insurrección blanquista de mayo de 1839 y sufrió la violenta represión que siguió a su fracaso. Por su parte, el grupo suizo estaba liderado por Wilhelm Weitling, seguidor del comunismo cristiano y de inspiración babuvista, poco respetuoso con el rigor teórico, pero carismático partidario de la vía insurreccional. Los dirigentes londinenses de la Liga, por su parte, defendían una línea menos ofensiva y deseaban, sobre todo, transformar la organización secreta inicial en una entidad legal. Para Marx y Engels, este objetivo era perfectamente compatible con una opción abiertamente revolucionaria.

Engels recordaría más tarde que la condición que Marx y él mismo habían establecido para su participación era la supresión del “culto supersticioso a las autoridades”. Por lo tanto, su victoria fue sobre todo estratégica, democratizando el funcionamiento interno de la Liga al imponer el órgano decisorio del congreso. Cerrando el paso a cualquier “espíritu de conspiración”, esta forma de organización era ahora “absolutamente democrática”, diría Engels, al imponer la condición de líderes electos y revocables. “Transformó a la Liga, al menos en tiempos de paz, en una simple sociedad de propaganda”.

En virtud de este objetivo, dicha estructura se mantiene muy alejada de los partidos modernos, y en particular de las poderosas organizaciones de la socialdemocracia alemana y austriaca de finales del siglo XIX. La Liga de los Justos, rebautizada como Liga de los Comunistas, sigue siendo una pequeña formación que reúne principalmente a intelectuales y artesanos, alejada del proletariado industrial. Sin embargo, constituye el embrión de una nueva organización abierta e internacional, al servicio de la lucha específicamente política de la clase obrera.

Cuando estalló la revolución, el papel de la Liga y, en general, el de quienes se declaraban comunistas era insignificante. Tras el fracaso de la revolución, la represión recaería violenta y duradera sobre activistas y organizaciones obreras. Por otro lado, las preguntas planteadas por Marx y Engels persistieron y explican por qué el Manifiesto, inicialmente poco difundido, luego tuvo una difusión masiva: ¿qué es una organización revolucionaria? ¿Cuál es su función? ¿Cuáles son sus estructuras?

En El Manifiesto, los comunistas son “la fracción más consciente de los partidos obreros”. En 1850, tras la traición de los partidos democráticos, Marx optó por la formación de organizaciones autónomas de la clase obrera. Pero ni él ni Engels consideraron nunca las cuestiones tácticas y estratégicas como doctrinarias. Nunca cultivaron el fetichismo de la organización. El objetivo final prevalece sobre las herramientas de lucha, aunque tales medios -las organizaciones estructuradas- sean indispensables para ellos. No existe una ciencia, sino un “arte estratégico”, como lo expresó con tanta fuerza Daniel Bensaïd.

El comunismo, para recuperar nuestras vidas

La gran modernidad de El Manifiesto, a pesar de su carácter anticuado en algunos puntos, reside en la perspectiva de la reapropiación, que va mucho más allá de la mera desaparición de la gran propiedad. Esta tesis, propia de Marx, recorre toda su obra.

Por un lado, no se limita a anunciar la revolución ni a convocarla, sino que subraya la necesidad de la acción política, en el nuevo sentido del término, así como la importancia decisiva de la concienciación, como condición para la victoria de las clases dominadas. Ahora bien, esta concienciación exige la reapropiación del conocimiento, monopolizado por las clases dominantes y producido para su uso, condicionado por sus preocupaciones económicas, sociales y políticas.

Por otra parte, Marx llevaba mucho tiempo comprometido con una crítica del Estado como un organismo separado, separado de la vida económica y social: fue la gestión colectiva la que confiscó. Marx pasaría de la idea de su conquista a la de su “ruptura”, en favor de un “poder público”, un autogobierno democrático del que la Comuna de París le proporcionaría un esbozo. Pues conquistar el Estado implica, a menudo, ser conquistado por su lógica: la terrible historia posterior del “comunismo” lo atestigua…

En este mismo sentido, el comunismo se refiere a la profunda transformación de todas las actividades sociales y no a la simple distribución igualitaria de la riqueza producida: se trata de iniciar un proceso de reapropiación de las funciones que el capitalismo desvía en beneficio de las clases dominantes. Esta reapropiación es un objetivo, pero también una condición fundamental de la revolución si la concebimos no como una “gran noche”, sino como un proceso lento y complejo, como la reorganización colectiva y racional de toda la vida económica y social. En otras palabras, se trata inmediatamente de recuperar la propia vida, y este es el reto inmediato de las luchas y movilizaciones para iniciar esta difícil construcción.

En esta ocasión, Marx enuncia otra tesis fundamental, inseparable de la anterior, que sitúa al comunismo en las antípodas de cualquier colectivismo de cuartel: se trata de construir “una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno sea la condición del libre desarrollo de todos”. Recuperar nuestras actividades sociales frente a la privatización capitalista del mundo significa también recuperar nuestras vidas, nuestro tiempo libre, la condición de nuestra emancipación personal, confiscada y saqueada por un capitalismo más feroz que nunca. El Manifiesto especifica la definición dada en 1845 en La Ideología Alemana: “Para nosotros, el comunismo no es un estado que deba crearse, ni un ideal al que la realidad deba ajustarse. Llamamos comunismo al movimiento real que suprime el estado actual. Las condiciones de este movimiento resultan de las premisas existentes”.

Este comunismo de reapropiación va mucho más allá de la simple redistribución. Consiste en la reformulación de las relaciones sociales de producción y reproducción; concierne a la vida misma, incluida la naturaleza. La gran relevancia de El Manifiesto reside aquí: estas cuestiones son a la vez objetivos y palancas de la lucha y la movilización anticapitalistas. Luchar contra la explotación, el sexismo, el racismo y todas las formas de dominación de clase en sus mil variantes significa luchar por nosotros mismos, por cada uno de nosotros, juntos, esbozando la figura de un mundo mejor a partir de ahora. Y nuestras organizaciones deben ahora estar a la altura de estos objetivos. Sin duda, El Manifiesto, un texto vivo, inclasificable y devastador, merece ser leído y releído.

Isabelle Garo

L´Anticapitaliste (NPA)

Fuente de la información:  https://vientosur.info

Fotografía: Viento sur. France, Paris, 2023-05-01. Un manifestant avec pancarte avec le slogan “Marx attack”. Manifestation du 1er mai contre la reforme des retraites. Photographie de Martin Noda / Hans Lucas

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Exposición indirecta en redes sociales, ¿dónde ponemos el límite?

La madre en el parque

Hace unos días, se viralizaba en redes un vídeo en el que se veía a una madre, en Reino Unido, riñendo a su hijo por portarse mal con otro en un área recreativa (no podemos saber exactamente qué había hecho el niño, no queda claro si se trató de una agresión de índole física o verbal). En concreto, se veía a la madre gritando a su hijo porque, según repite esta en varias ocasiones, el otro niño “tenía autismo severo”, añadiendo que “ella no había criado a su hijo para ser un acosador”.

Todo esto sucedía delante de otros peques y de otras familias. Podríamos entender que también delante de algún familiar, cuidador o cuidadora del niño autista. En todo caso, solo se le enfocaba a ella, aunque aparecían figuras de fondo.

Las redes nos ofrecen diferentes puntos de vista

Compartí el vídeo en mi perfil de Twitter (siempre Twitter), preguntando por la opinión del resto de compañeros y compañeras, ya que yo no lo tenía suficientemente claro. Se habló de que la reprimenda podía estar bien, pero no las formas, y de que eso debería hacerse en privado. Se señaló el uso de un lenguaje verbal bastante agresivo, que incluso podría ser un modelo que el niño estuviese reproduciendo. Desde una perspectiva neurodivergente, se destacó un cierto capacitismo por el hecho de repetir y decir en alto lo del autismo severo. Varias personas subrayaron que estaba teniendo lugar una exposición mediática. En ese mismo sentido, estuvimos debatiendo sobre quién podría estar grabando, que resultaba extraño, y de si la mujer era consciente de ello, en caso de que no fuese preparado.

Esto es lo bueno de las redes. Aparecen muchas opiniones que hacen reflexionar y ver otros puntos de vista que yo no habría pensando por mi misma. Os invito a pasaros y echar un ojo a los comentarios.

Por un lado, se pone el foco en la mujer, gritando, enfadada, con una actitud un tanto agresiva.

Por otro lado, tenemos el contenido de lo que grita, repitiendo en varias ocasiones, en voz alta, que el otro niño tiene autismo severo (empleando sus propias palabras).

En tercer lugar, está la grabación. Hoy en día ya no sabes qué está preparado y qué no. ¿Sería este un vídeo preparado? ¿ella es consciente de que se está grabando o está concentrada en su hijo y no se da cuenta o le da igual? ¿podría ser un vídeo completamente falso?

La exposición indirecta

En este caso no se está exponiendo al menor de manera directa. No sale en pantalla. No se le ve. En artículos anteriores, me centré mucho en los peligros de difundir imágenes y vídeos, sobre todo pensando en lo que se hace con ellos y en la finalidad con la que se utilizan.

Pero, si el vídeo del que estamos hablando es real, ¿cómo se sentirá ese menor? ¿cuál será la reacción de sus iguales? ¿se podrán meter con él por la actitud de su madre? Su entorno cercano lo reconocería, al igual que, probablemente, también sabrían a qué niño autista se estaban refiriendo. ¿Qué pasa con el peque autista y con su familia? ¿Se trata de una exposición indirecta de los menores implicados?

Y continuando en la misma línea, ¿y si la madre no era consciente de que la estaban grabando? ¿tiene derecho otra persona a subirlo a redes sociales? ¿qué implicaciones podría tener para esa mujer ser expuesta así? ¿se puede grabar a cualquiera por la calle y subirlo a redes?

No todo vale por un like

En muchas ocasiones, no se ponen fotos o imágenes de menores, pero se dan muchos datos de ellos. Voy a poner un ejemplo: si yo como docente tengo un estudiante al que le estoy dirigiendo un trabajo fin de máster, y pongo algo en redes como “el alumnado cada vez viene peor preparado, menudos trabajos fin de máster” o algo similar, se trata de un comentario general, sí, pero si ese estudiante me sigue en redes sociales podría darse por aludido y sentirse mal.

A otro contenedor, como se suele decir en redes, van aquellos que comparten exámenes para burlarse o hacen listas clasificando a su alumnado, incluso dando sus nombres. Creo que este ya es otro tema que no hace falta ni comentar. ¿Cómo se permite? No lo sé, sinceramente, pero ahí están, viralizándose. Ya lo sabes, no des likeno compartas, no comentes y, en caso de que lo veas adecuado, denuncia, tanto dentro como fuera de redes.

Y ojo con las voces, estas deben ser igualmente protegidas. Hace poco vi en redes el vídeo de un profesor en el que hablaba a través de su pantalla con un alumno. No se veía al menor, pero se le escuchaba y por la voz se podía saber que era un niño. La verdad es que era muy gracioso lo que comentaba. Pero no sé, no creo que debiera subirse a las redes. Ni en ese formato de vídeo, obviamente, por la voz del niño y el derecho a su privacidad, ni probablemente en formato escrito. Quizás ya tenga la edad de poder verlo, de seguir a su profesor y no le haga gracia, ni a él ni a su familia.

Pero esto no pasa únicamente con los docentes, ni mucho menos. Pasa también en el ámbito sanitario. En redes nos encontramos a profesionales compartiendo anécdotas de urgencias, incluso a veces radiografías o similar. ¿Os imagináis ir al médico con alguna dolencia y luego verte claramente reflejada en una publicación viral en redes sociales? Aunque nadie me pueda identificar, yo sí lo sabría y sería humillante, ¿no?

En el caso de las familias, cuando cuentas algo de tus hijos o hijas, ¿hasta qué punto tienes derecho a contarlo? A veces se cuentan situaciones graciosas o se hacen preguntas delicadas para que otros usuarios ofrezcan sus consejos, pero al hacerlo puedes estar revelando algún aspecto o característica del menor. En muchas ocasiones nos dejamos llevar y no somos conscientes de los datos identificativos que estamos aportando y dejando en internet, familias y docentes. Estamos nutriendo su huella digital incluso mucho antes de que ellos tengan redes.

El anonimato no da carta blanca

Podríamos pensar que si nuestro perfil es anónimo ya podemos hablar de nuestros hijos, pareja, estudiantes o pacientes sin problema, que todo lo que estoy comentando no va con nosotros. Sinceramente, no lo veo tan claro. Encuentro bastante lagunas, no solo desde un punto de vista ético, sino también legal.

Pienso que los chascarrillos se pueden dejar para casa, sin necesidad de publicarlos en redes. Tú a lo mejor eres anónimo, pero, como decía arriba, si cuentas algo muy específico de un paciente o de un estudiante, ellos sí podrán reconocerse igualmente y no creo que resulte muy agradable.

En cualquier red social un usuario puede decidir qué parte de su vida quiere mostrar, si quiere poner una foto, indicar su profesión, hablar de su familia o poner su nombre e incluso sus apellidos. Todas las opciones son válidas y cada cual tendrá sus propias razones para escoger una u otra.

Muy diferente es escudarse en perfiles anónimos para insultar, burlarse de terceros o relatar conversaciones privadas o datos pertenecientes a la intimidad de las personas. O al contrario, tampoco debería aplaudirse atacar a alguien en redes sin decir su nombre, pero con datos por los que todos sabemos perfectamente a quién se está haciendo referencia. El anonimato no debe usarse para hacer daño ni en un sentido ni en el otro.

Entonces, ¿dónde ponemos el límite?

Quizás deberíamos limitarnos a contar anécdotas y experiencias propias, que no involucren a terceros y mucho menos a menores, a personas vulnerables o en situaciones delicadas, como puede ser ir a un médico.

Además, debemos ser conscientes de que los menores cercanos no son los únicos que merecen privacidad, también los vídeos que incluyen a niños de otros países o culturas merecen respeto, que parece que eso se nos olvida con frecuencia. ¿Y esos memes y GIF que tanto nos gustan? Ahora con la IA podemos no saberlo, pero hasta hace bien poco, esos menores eran de carne y hueso. Incluso hay algunas publicaciones en las que podemos ver el antes y después de los peques protagonistas de los GIF más empleados en redes.

Llegados a este punto, pienso que yo no debería haber compartido ese vídeo, teniendo en cuenta todo lo que he ido comentando.

Puede que me esté radicalizando en este tema, no sé, a ver cómo lo veis. Me gustaría saber vuestra opinión, por si estoy entrando en bucle o por si estoy siendo muy extremista.

Fuente de la información e imagen:  https://eldiariodelaeducacion.com

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Entrevista: Diego Sztulwark: “Estamos buscando una salida donde no la hay, que no preexiste, que debemos inventar”

Amador Fernández Savater en El Salto Diario

Diego Sztulwark sintió, con la victoria de Milei en 2023, una auténtica sacudida política, intelectual, vital. ¿Cómo pensar lo que suponía esa victoria, cómo pensar realmente, es decir, no aplicando saberes previos? Se imponía un trabajo de escucha, de observación, de invención, y Kafka apareció ahí como el mejor aliado.

¿En qué tipo de bicho nos hemos convertido? ¿Qué tipo de metamorfosis hemos experimentado? ¿Qué amenazas acechan a este nuevo cuerpo, qué nuevas potencias lo habitan? Gregorio Samsa, la sociedad argentina, todos nosotros como objetos de mutación antropológica brutalista de las nuevas derechas, debemos hacernos urgentemente estas preguntas para sobrevivir.

La lucha de clases es una actividad cognitiva. Es a través de las luchas colectivas que nos enteramos de quiénes somos verdaderamente

Diego Sztulwark escribe, interviene en medios de comunicación, coordina talleres de lectura y pensamiento, pero es fundamentalmente un lector. Un lector implicado en la lucha de clases de su tiempo, en el conflicto social que lo atraviesa todo. Porque también la lucha de clases es una batalla entre lectores, entre diferentes lecturas de la realidad.

Diego, te presenté como lector. No tanto un militante que lee, que busca en la lectura herramientas de lucha, como un lector. Un lector que lucha, que lucha en tanto que lector. Sé bien que te puede inquietar esta presentación, que se imagine al lector como una figura aislada, desimplicada de lo que sucede. Y a la lectura, como una actividad esencialmente contemplativa, desconectada, sin efectos. Querría entonces comenzar hablando un poco de esto, que me precises la presentación con tus propias palabras. ¿Qué puede un lector en/de la lucha de clases?
Bueno, la lucha de clases —entendida en un sentido abierto, amplio, complejo y abarcativo— es una actividad cognitiva. Es a través de las luchas colectivas que nos enteramos de quiénes somos verdaderamente. Pues son ellas las que, contra los dispositivos de apropiación del tiempo de vida de los grandes colectivos humanos, nos permiten reconocernos como sujetos de potencia.

Maquiavelo enseña que la ciudad es el espacio de una división política entre lo que él llama “humores”: los grandes que desean dominar, y el pueblo que no quiere ser dominado. Un lector de la lucha de clases es, ante todo, alguien que busca conocerse como parte de una trama transindividual. Alguien que desea elaborar y compartir estrategias en una ciudad irremediablemente dividida.

Leer entonces es descifrar signos, pero también buscar cómo incluirnos en el juego de las fuerzas del mundo. Las grandes lecturas en este sentido —El 18 Brumario de Luis Bonaparte de Marx, Los siete ensayos de interpretación de la realidad peruana de José Carlos Mariátegui o La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez de Rita Segato– encuentran, a partir de señales dispersas, un entretejido de situaciones que nos sorprenden y nos ayudan a comprender.

Yo he seguido estos últimos años a unos pocos lectores privilegiados: al filósofo argentino León Rozitchner y sobre todo a Franz Kafka. Ambos leen el mundo a partir de sus propios afectos.

Puedo entender la elección de Rozitchner, que escribió muy directamente sobre política (Malvinas, la dictadura argentina, el terror), pero ¿por qué Kafka? ¿En qué sentido Kafka es un lector de la lucha de clases, de esa división social que explica Maquiavelo?
Ya Deleuze y Guattari habían dicho que Kafka, en cuanto escritor, era un hombre político porque no dejaba de crear estrategias. Creo que se lo puede leer como se ha leído El príncipe de Maquiavelo: buscando saberes aptos para lidiar con fuerzas adversas, y para no ser destruidos en medio de la noche de la política actual, en la que el desprecio extremo por la vida funciona como condición de posibilidad para afianzar los mecanismos de explotación social.

En la hipersensibilidad de Kafka aparecen todo tipo de reparos ante la presencia de formas de poder presentes en las relaciones de pareja o entre padre e hijo… Es un maestro de la sensibilidad antifascista

En la hipersensibilidad de Kafka aparecen todo tipo de reparos ante la presencia de formas de poder presentes en las relaciones de pareja o entre padre e hijo, pero también de la presencia horrorosa que habita en la innovación técnica. Kafka es, en ese sentido, un maestro de la sensibilidad antifascista. Su fuerza de captación no es la de las ciencias sociales. Kafka conoce por medio del asombro, no de la cuantificación objetiva.

Y nos enseña a pasar del estupor a la imaginación activa trazando mapas de afectos. Es ante todo un lector. Un lector que escribe. En sus novelas inconclusas y en sus relatos, pero también en sus cartas de amor y en sus diarios, realiza ejercicios de discernimiento —ante sus amantes, su familia o su trabajo— a través de un lenguaje poblado por palabras simples, despojado de categorías.

No soy especialista en nada y menos que menos en literatura. No pretendo defender ninguna tesis sobre Kafka, sino proponer ciertas lecturas que permiten sostener la actividad de entendernos en medio de una ofensiva reaccionaria.

Pensar y entender la metamorfosis mileísta

Del mismo modo que Gregorio Samsa, hemos sufrido una metamorfosis y no nos hemos enterado. Una mañana nos levantamos y Milei estaba en el poder (su nombre expresa un cambio más profundo). En lugar de repetir saberes previos, hay que pensar. ¿Por dónde empezar? Tú citas la siguiente frase de Kafka: “Ante la imposibilidad de escribir, escribo”. ¿Qué significa para tí?
Me estoy refiriendo precisamente a las estrategias de Kafka. Prestar atención a las transformaciones que se operan a nuestras espaldas. Pensarlas física y afectivamente. Reconocer la mutación en nosotros. Averiguar cuáles son las potencias de este bicho en que nos hemos convertido.

Gregorio Samsa se resiste a admitir el cambio de cuerpo —ahora es un insecto que desde el punto de vista humano es repugnante—; persiste en su conciencia humana adhiriéndose al punto de vista del viajante de comercio que debe sostener a su familia. Para él, aferrarse a lo que fue —o a lo que cree que fue— puede ser una trampa mortal. Su cuerpo, de hecho, puede ahora nuevas cosas: puede trepar paredes. Pero deberá cuidarse de la manzana que le arroja su propio padre, y que acaba por matarlo.

“Alemania entra en guerra, por la tarde tengo natación”, escribió Kafka en 1914 en su diario. La vida está hecha de acontecimientos terribles entramados con el esfuerzo cotidiano de cuidar, de conservar, las propias fuerzas

Kafka lleva un diario. Trata de retener el tiempo que pasa. Se vuelve consciente de la importancia del tiempo de la escritura, que es el de la atención despierta. En una entrada de su diario de agosto de 1914 dice algo así: “Alemania entra en guerra, por la tarde tengo natación”. La vida está hecha de acontecimientos terribles entramados con el esfuerzo cotidiano de cuidar, de conservar, las propias fuerzas.

Anotar lo que no se entiende, registrar todo tipo de signos y detalles para orientarse, para pensar lo que (nos) pasa. ¿Qué significaría hacer una lectura intensiva de esos signos, leer los signos en tanto que afectos? 
Michel Löwy señala —en su libro Kafka insumiso— que, durante el día, como funcionario de una agencia de seguros de riesgo de trabajo de Praga, Kafka redacta fórmulas jurídicas, ensamblando el lenguaje con la ley. Pero de noche, el escritor hace de las suyas. Mientras su familia duerme, se dedica a desanudar las palabras de la máquina legal; indaga en torno a las fuerzas que operan sobre él. Procura discernir lo que apenas llega a comprender.

En algún sitio Kafka declara que piensa por imágenes. Imágenes que se le imponen con un poder mítico que lo paralizan y a las que debe responder con palabras —y a veces también, dibujando siluetas humanas—. Según Elías Canetti, por ejemplo, la novela El proceso no se entiende sino sobre la escena perturbadora de la ruptura de su compromiso con Felice Bauer. La clave interpretativa del tribunal que lo condena no debería buscarse en un sentido oculto, sino en un drama afectivo que pretende abrirse paso. En Kafka, las figuras tienen un correlato de intensidades vividas que son por naturaleza transindividuales.

Todo lo que se sabe de Fernando Sabag Montiel [autor del antentado contra cristina kirchner en 2022], incluida la descripción de los peritos psiquiátricos, cuaja a la perfección con el perfil del personal del mileísmo

Podemos tal vez aterrizar este “método kafkiano” en un momento de tu libro para entenderlo mejor. Uno de los signos, uno de los detalles que aferras en el libro para poder escuchar la “metamorfosis mileísta”, es el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner en septiembre de 2022, como si ese hecho (y sobre todo su autor) contuviese claves para pensar los fascismos de hoy. ¿Qué te permitió entender esa secuencia de hechos?
Sí, prestar atención a la sombría figura de Fernando Sabag Montiel, que atentó en septiembre de 2022 contra la entonces vicepresidenta, es un ejemplo bien concreto de este tipo de anotaciones kafkianas de las que estamos hablando. El personaje reúne, enredadas, una cantidad de cuestiones llamativas. Ya durante la pandemia, la derecha extrema prácticamente monopolizó la acción de performances públicas. Llevaron a la Plaza de Mayo guillotinas y bolsas mortuorias. Sabag es la saliente más extrema y torpe de una trama —en buena medida financiada por actores político-empresariales y alimentada por el mundo de las redes virtuales— que se plantea una relación mítica con la historia.

Como se ve en el libro de Irina Hauser Muerta o presa, se jugaba en él la pretensión de un acto viril —volverse un hombre “histórico” matando a una mujer percibida como poderosa—, y la ejecución de un asesinato como complemento de una acción “purificadora” que los medios de comunicación y el poder judicial no acababan —según él— de concretar (lo que finalmente se demostró falso, pues, como sabemos, Cristina Fernández está efectivamente en prisión producto de un proceso absolutamente cuestionable).

En Sabag Montiel se pone de relieve la locura de los cuerdos que acecha a la política (el peritaje psiquiátrico registra que Sabag Montiel tiene delirios de grandeza, pero es perfectamente consciente y responsable de sus actos). Todo lo que se sabe de él, incluida la descripción de los peritos psiquiátricos, cuaja a la perfección con el perfil del personal del mileísmo. De hecho, se ha hablado poco del papel del fallido atentado en el ascenso de Milei y su grupo al Gobierno.

El oscurecimiento de las percepciones

El fascismo 2.0 opera hoy, según dices, a través de un “oscurecimiento de las percepciones”. Precisamente del bloqueo de un entendimiento colectivo de las metamorfosis, las mutaciones, las transformaciones. ¿Cómo se oscurece, qué se oscurece? 
Se nubla la percepción y se entrampa la riqueza del lenguaje. Las dos cosas van juntas y actúan por igual como condición de posibilidad para una política de intensificación de la explotación social y de la naturaleza. Porque sin un lenguaje vivo —no en un sentido elitista o erudito, sino como lenguaje del colectivo real— no hay modo de discernir los afectos, ni mucho menos de volverlos potencia expresiva pública. Por supuesto, este oscurecimiento no ocurre en el vacío, sino en función de dispositivos de oscurecimiento.

Se habla mucho de los procesos sociales y psíquicos intensificados durante la pandemia. Procesos montados sobre innovaciones técnicas y de precarización laboral. Hay mucha literatura sobre capitalismo de plataformas, semiocapitalismo, tecno-feudalismo. También sobre la colonización que la inteligencia artificial ejerce sobre la existencia. En todos los casos se subraya una nueva desposesión por vía de la abstracción, en consonancia con el predominio de un tratamiento de la vida concebida como información.

El gobierno llamado progresista, que terminó en 2023, jugó —en consonancia con lo ocurrido en otros sitios— un papel en la deslegitimación general de las expectativas igualitaristas

Por otro lado, la última década en la Argentina no hizo sino acumular enormes frustraciones políticas. El gobierno llamado progresista, que terminó en 2023, jugó —en consonancia con lo ocurrido en otros sitios— un papel en la deslegitimación general de las expectativas igualitaristas. Fue incapaz de frenar la caída de los salarios e ingresos populares y el descrédito de la vida pública. La ofensiva radical-derechista ocurre en todos estos planos simultáneamente. Ella apunta a borrar toda comprensión crítica sobre los mecanismos de secuestro y vaciamiento de las instituciones democráticas: el desfinanciamiento de los servicios públicos, la destrucción del mercado interno, la colonización extractiva de la naturaleza y las capacidades humanas de la lengua.

Lo vemos hoy en forma concentrada con el genocidio y la limpieza étnica que lleva a cabo Israel en Palestina. Milei es de los pocos presidentes que abrazan emocionado al criminal Netanyahu. La derecha extrema habla de la defensa de la democracia ante la amenaza terrorista, de la legítima defensa ante el antisemitismo, de occidente como cuna del pluralismo y la libertad amenazada. Si no podemos disputar el sentido hiper-manipulador de estas y otras palabras para describir lo que ocurre en la Franja de Gaza, en Cisjordania y en otras partes del mundo, no tendremos tampoco palabras verdaderas para disputar el futuro.

Y sin embargo, el “intelectual kafkiano” no pretende la “iluminación” de este oscurecimiento. Eso sería más bien lo que pretende otro tipo de lector o intelectual que aparece en tu libro, el intelectual progresista. ¿Podrías distinguir al lector kafkiano del intelectual progresista según sus distintas operaciones, búsquedas? 
La ultra-derecha expresa un odio al mundo y acelera su aniquilación. Casi no hay quien se salve de ser etiquetado como woke, comunista, etc. Lo que se entiende como progresismo ha sido objeto, desde ese ángulo, de una crítica impiadosa. Como escribe Santiago López Petit, la crítica fascista fusiona diferencia a jerarquía. Pero ¿qué es el progresismo? Si lo entendemos como la postulación de valores políticamente correctos, no es difícil percibir en ellos una estafa. Pero existe una crítica de izquierda al progresismo –la única que suscribo– que le reprocha una concepción estrechamente cultural o identitaria de las ideas: palabras sin fuerza, retóricas que no apuntan ni se esfuerzan verdaderamente por ponerse a prueba para transformar materialmente estructuras.

Si no podemos disputar el sentido hiper-manipulador de estas y otras palabras para describir lo que ocurre en Gaza, no tendremos tampoco palabras verdaderas para disputar el futuro

La idea de “iluminar” la oscuridad me parece propia de ese progresismo. Como si la luz irradiara del buen pensar. El realismo kafkiano, por el contrario, identifica el absurdo como un obstáculo peculiar a la claridad visual de tipo racionalista. Situado en el corazón mismo de lo real, le da poder a las cosas del mundo frente al sujeto que mira. Lo otro de la oscuridad no sería entonces el iluminismo, sino la producción que engendra sentidos. No la clarificación categorial, sino la sospecha de la condición ambigua de las cosas del mundo. La oscuridad que difunde la derecha extrema tiende a descomponer las capacidades populares para plantear —y resolver— problemas.

El planteamiento de la ultraderecha es lineal. Consiste en aplanar la realidad sobre los mecanismos del mercado. Y en reprimir, mediante lo que Alejandro Horowicz denomina “crueldad estratégica”, sus “fallos”. Estos “fallos” de mercado son, no obstante, el testimonio de lo que antes llamamos —kafkianamente— lo absurdo: la presencia del inconsciente y de las resistencias sociales sobre la esfera del intercambio mercantil. Por eso, ambos, las formas del deseo y las luchas del trabajo, son objeto de desprecio y represión por parte de la derecha extrema.

Con Kafka, ver es siempre un ver nublado. Su realismo es el realismo de la no adecuación entre ley y razón. Su idea del “ver” no es la de la encuesta y el focus group, ni la de quien comprende la lógica subyacente, sino la del sujeto que alcanza una extranjería, y percibe lo que percibe por estar llegando —o más bien partiendo, como ha dicho Judith Butler—, formulando las preguntas incómodas propias del forastero. El “kafkismo” —si tal cosa existe— procura verdades no lineales, aquellas que precisan de artificios ficcionales para ser captadas.

La trampa o la imposibilidad de politizar la desesperación

El lector kafkiano está “entrampado”, dices, debe asumirse “entrampado”. Kafka enseña a leer la trampa, a leer la trampa en la ley. ¿Qué es la trampa? ¿Estamos en una trampa o en muchas? ¿Por qué asumirse entrampados puede ser una potencia?
Sí, leído desde hoy, Kafka se nos aparece como el escritor de la trampa. Sus héroes carecen de una potencia suficiente para revertir las injusticias. Kafka es el escritor obsesionado por las puertas que no se pueden cruzar. Como ha visto Marthe Robert, no deja de arrojar celadas a sus personajes y a sus lectores. Sus héroes buscan una salida donde no la hay. En carta a Milena Jenseká, Kafka escribe: “Mis pulmones y mi cerebro hacen tratativas a mis espaldas”. Su relación con el lenguaje es asunto de respiración.

A fines de 2022, se hizo evidente que el lenguaje de la política había quedado completamente separado de una desesperación colectiva, motivada por la incapacidad de detener la degradación de ingresos populares

El temblor de las ideas comienza a ser escrito mentalmente a fines de 2022. Por entonces se hizo evidente que el lenguaje de la política había quedado completamente separado de una desesperación colectiva, motivada por la incapacidad de detener la degradación de ingresos populares. Cuando la política deja de ser el lugar en el que se formulan, si quiera de modo indirecto y mediado, los problemas colectivos, su lengua queda neutralizada. (Sin esa separación entre mundo político profesional y malestar colectivo no se entiende cómo fue engendrado el mileísmo).

La trampa separa funciones sociales, pero también provoca una escisión dentro de cada quien. Mientras el mundo nos transforma en insectos, lo que queda de una conciencia convencionalmente democrática repite como un mantra impotente que “la política sirve para transformar la realidad”. Mientras el deseo de transformar no se haga cargo de esta situación paradojal, que vacía el lenguaje que se quiere transformador, la trampa seguirá operando.

Kafka no habló sobre la política de su tiempo y no pretendo que haya anticipado algo del nuestro. Pero creo en el derecho del lector latinoamericano a manotear el archivo europeo y usarlo aquí según sus propios fines. Así leído, Kafka nos ofrece una perspectiva para comprender la dimensión política de la trampa.

En La ofensiva sensible, escrito durante la etapa macrista, nombrabas el malestar social como “síntoma”, hoy lo haces como “desesperación”. ¿Es una cuestión de términos o hay algo más? 
La ofensiva sensible pensaba el triunfo de Macri luego de 12 años de kirchnerismo, a 14 de 2001. La derecha se ofrecía como friendly pero asesinaba a Santiago Maldonado y a Rafael Nahuel. Tras del rostro amable, se desnudaba su rostro siniestro. En una primera presentación, daba lecciones sobre buenos modales y orientación a emprendedores; luego, autorizaba al Estado a matar en nombre de la defensa de la República concebida como propiedad privada. Pero el mileísmo (que tiene la misma ministra de seguridad que Macri) no tiene rostro amable. Es, de entrada, la celebración de la ferocidad. Durante lo que va del mileísmo, las tentativas por buscar una salida supusieron convertir la impotencia en el despertar de un conatus colectivo. Lo que la palabra desesperación permite es recobrar el impulso para perforar el muro de la imposibilidad.

Mientras el mundo nos transforma en insectos, lo que queda de una conciencia convencionalmente democrática repite como un mantra impotente que “la política sirve para transformar la realidad”

Hay una segunda trampa en tu libro, yo diría, que es la trampa “democrática”, que nos encierra en una alternativa infernal: hay que defender la democracia de la ultraderecha, pero defendiendo esta democracia, incapaz de transformaciones profundas, se alienta el caldo de cultivo que permite la ultraderecha. 
Paolo Virno habla de la impotencia contemporánea estudiando la condición paradojal de la fuerza de trabajo del capitalismo actual. Por un lado, nunca estuvo tan asistida en términos de calificación, complejidad técnicamente y tan conectada desde el punto de vista de la comunicación. Y por el otro, nunca pesó tanto la incapacidad para articular esa potencia de un modo autónomo. La potencia del trabajo es, por el momento, sólo articulable por y para el capital.

Lo mismo sucede con la democracia. Si se actúa en ella hay que aceptar las restricciones explicitas o implícitas que la subordinan a los requerimientos del capital en un momento de crisis o de transición (en el caso argentino esto es evidente a partir, por ejemplo, del mecanismo de la deuda nacional). Si se quiere actuar dentro de la democracia, es preciso imponer reformas; pero apenas se intentan, por mínimas que fueran, hay que afrontar la acusación de “violentos” (o terroristas).

No hay modo de democratizar la sociedad si se respetan las restricciones que han sido impuestas bajo su nombre. No hay política democrática sino contra la democracia como régimen de la impotencia.

La batalla cultural: ¿qué, cómo y desde dónde lee la ultraderecha?

La lucha de clases es (y ha sido) una lucha de lectores y lecturas. La extrema derecha lee, está hoy leyendo, y con mucha eficacia, la época. Creo que eso se desprecia y no se piensa a fondo, pero está muy presente en tu libro. Los intelectuales de derechas son lectores en una batalla: la “batalla cultural” (de gran eficacia política). ¿Cómo se plantean, en tanto que lectores, esa batalla cultural? 
Lo que la ultraderecha llama “batalla cultural” es una actividad propagandística en y desde las redes. Consiste en leer la biblioteca de las izquierdas y denunciarla como el origen de las perversiones contemporáneas. Según esto, Gramsci sería el responsable de un ataque “cultural” de la izquierda a la sociedad, Marcuse de politizar el “deseo” contra las convenciones burguesas y Foucault quien generalizó la “resistencia” a todas las situaciones —microfísicas— imaginables. Laclau sería por último el inventor de la estrategia que reúne esa multiplicación conflictiva en un momento “populista” de la política. Su propuesta consiste en combatir toda micro-disidencia e invertir a Laclau —ligando a los sujetos con el discurso político a partir de un sentido contra-revolucionario del conflicto—.

La derecha de Macri se ofrecía como friendly pero asesinaba a Santiago Maldonado y a Rafael Nahuel. El mileísmo no tiene rostro amable. Es, de entrada, la celebración de la ferocidad

La derecha extrema argentina lee las luchas democráticas con el lente del manual antisubversivo de los cuadros del genocidio de los años setenta. Sienten que, tras la caída del comunismo, el enemigo persiste bajo la máscara de los feminismos o los movimientos ecologistas. Ven filtraciones y ataques comunistas por todas partes. Si bien su ingeniería comunicacional surge de los centros trumpistas que promueven la defensa del supremacismo occidental decadente, encuentran los modos de traducir el fenómeno Milei a las banderas históricas —algo reformuladas— del viejo partido militar.

Sus más exitosas espadas hablan de todos los temas: filosofía, geopolítica y género con un discurso combativo que escasea en el mundo de las izquierdas. El propio Milei ha citado a Lenin recordando que “sin teoría revolucionaria no hay practica revolucionaria”. Toman de la biblioteca en desuso de las luchas históricas aquellos textos que adquieren valor en el momento del enfrentamiento. Desde ese punto de vista, inventan una articulación entre los libros y la lucha política que creíamos patrimonio de las izquierdas.

La enemistad declarada de los publicistas del neofascismo va dirigida contra el “marxismo cultural”. Se trata, por supuesto, de un enemigo caricatural. El marxismo resulta incompatible con una separación real entre cultura y economía. En el fondo, lo que persiguen es asegurar en la “cultura” la preeminencia que tienen en lo militar y en lo económico. Por contraposición, el marxismo fue siempre una articulación entre teoría y movimiento popular y no admite —cosa que deja claro el feminismo de izquierda— el divorcio entre un mundo de la cultura y otro de la lucha económica.

Dices que una fuerza de la extrema derecha en esta batalla cultural es que defienden una noción de verdad. El cálculo económico como verdad. El mercado como verdad. Una verdad que, además, es material, existente, palpable en la vida de todos los días, organizada por el capital. 
La derecha extrema se plantea una relación ideológica con la “verdad”. Por un lado, denuncia un estado de cosas presente como falso. Atacar la “justicia social” en la Argentina de 2023 fue posible porque en ese entonces había más de un 30% de la población bajo la línea de pobreza (si eso es la justicia social, es fácil rechazarla). Como dice Theodor Adorno: si la democracia capitalista se enraíza en una sociedad dividida en clases, subsiste en ella una irracionalidad irreductible. La “verdad” de la derecha extrema es una amplificación —un tirar del hilo— de esta “verdad” nunca elaborada de la democracia de clases. Esa es la condición de efectividad de la máquina de manipulación que actúa de modo muy profesional mediante empresas de consultoría que acaban guionizando al gobierno y que quizá pueda sobrevivir a sus líderes momentáneos.

No hay modo de democratizar la sociedad si se respetan las restricciones que han sido impuestas bajo su nombre. No hay política democrática sino contra la democracia como régimen de la impotencia

Finalmente, en su momento de auge, los libertarianos argentinos retomaron tesis neoliberales según las cuales el mercado es la única fuente de verdad; el cálculo económico. Al informar sobre las preferencias de cada quien, y sobre los términos en que se alcanzan nuevos equilibrios colectivos, compatibiliza automáticamente aspiraciones y merecimientos también en un sentido moral. De alguna manera, el mundo de un mercado sin “fallos” realiza el ideal de una humanidad sin misterios ni profundidad. Un mundo de puro funcionamiento asistido por IA y por aplicaciones killer (de nuevo, la referencia a Israel es inevitable) para todo lo desafíe este despliegue de su “verdad”.

El lector kafkiano, el lector en esta lucha de clases 2.0, no puede dejar de entrar en la batalla cultural, pero no puede aceptar sin más sus términos. Su lenguaje, por ejemplo. El lenguaje mediático, de las redes, de la comunicación. Hay una guerra en el lenguaje, como dice Henri Meschonnic. ¿Cómo estar sin estar entonces, alguna sugerencia kafkiana al respecto? 
Entiendo la proposición de Meschonnic —“hay una guerra en el lenguaje”— a partir de considerar que el lenguaje es una vía de singularización de los cuerpos pensantes que somos. La proliferación de podcast y streamings, de los que muchos participamos, corre el riesgo de sobre-imponerse sobre el rumor popular. Hay un estado de “felicidad” y de resolución continuo que evacúa la dramaticidad que supone la guerra en el lenguaje.

La derecha extrema está más decidida a articular un lenguaje festivo-histérico en el lenguaje audiovisual, con el aliento a la lectura del libro concebido como manual de propaganda. La novedad es esa articulación activa entre medios y libros como dispositivo en la inmediatez de su combate. En un streaming, de hace unas semanas, vi a dos de ellos hablando de Kant y el noúmeno, y de Husserl y la epojé. Un lujo que en nuestro campo no podríamos darnos sin reprocharnos un hermetismo que nos aleja de “las masas”. Y, sin embargo, una semana después, dicha conversación tenía 170.000 vistas.

Lo que la ultraderecha llama “batalla cultural” es una actividad propagandística en y desde las redes. Consiste en leer la biblioteca de las izquierdas y denunciarla como el origen de las perversiones contemporáneas

No quisiera incluir a Kafka en la reyerta por la comunicación. Kafka le temía al periodismo por su sumisión al instante presente; más bien me gusta leerlo como antídoto al lenguaje esterilizado de la política. El escritor argentino Carlos Correas entiende que en Kafka se trata de desactivar el poder mítico de las imágenes totalizantes. Su lenguaje sobrio huye de las categorías. En un congreso realizado en Europa del Este, en que los comunistas de la década del 50 discutían si “rehabilitar” o no a Kafka, Ernst Fischer dijo en su favor: “Dios creó las cosas y el Diablo las categorías. Sólo los mediocres corresponden a las categorías; los insólitos las hacen estallar”.

Hay, según dices, al menos dos modos de leer en esta batalla cultural. Por un lado, el modo paranoico y anti-insurreccional de la derecha: leer para neutralizar. Por otro, el modo premonitorio y contratendencial del lector kafkiano: leer para intensificar. ¿Qué significaría intensificar? ¿Cuáles pueden ser los “efectos prácticos” de esa lectura? ¿Dar a ver, dar a pensar, sugerir, señalar, indicar algo a las fuerzas en pelea…? 
No lo sé. A diferencia de los investigadores que nos muestran el resultado de su trabajo, y de autores que presentan tesis originales, El temblor de las ideas surge de una lucha cuerpo a cuerpo con el estupor. Busca dar un mínimo de consistencia a un caos sensible y mental. ¿Quizá logre componer un fresco sobre un período enloquecido del país? ¿Agrega comprensión a la versión argentina de lo que llamamos ultraderechas? Realmente no lo sé. Por lo pronto, establece diálogos, manifiesta rechazos sin aferrarse a ideas, apunta escenas de difícil comprensión inmediata, y se hace preguntas sobre la lectura (no sólo de textos sino también de las diversas situaciones que atravesamos). El libro es indisimulablemente spinozista (Kafka funciona como un rodeo para Spinoza), en el sentido de que no suelta en ningún momento la atención a la formación de un conatus colectivo (¡buscar una salida!).

Una esperanza absurda y frágil, que atraviesa impotencia y soledad

El lector que te interesa es Kafka, es el Che cuando está en Praga, es León Rozitchner en el exilio. Me llama la atención que son todos personajes que se han quedado solos. No digo que sean solitarios, sino que se han quedado solos. ¿De qué habla esa soledad? ¿Nos dice algo de la pelea cuerpo a cuerpo, con uno mismo, que ha de llevar a cabo el lector entrampado, desesperado? ¿Tiene que ver con algún tipo de derrota? En una tradición como la tuya, que insiste en lo colectivo, en lo comunitario, en lo grupal, ¿cómo interpretar esa soledad? 
En Kafka, el campesino que quiere entrar en la ley espera ante un guardián a quien le pregunta: ¿dónde están los otros, por qué —si todo el mundo quiere entrar en la ley— no ha venido nadie? “Ante la ley” es un relato que condensa ejemplarmente los elementos del kafkismo. Y por supuesto, no cabe esperar una interpretación definitiva al respecto (se puede afirmar que la ley es aquello que pone a los sujetos a esperar, y también que la ley desespera a quien intenta comprender sus mecanismos internos). Sin embargo, una lectura posible podría ser la siguiente: ¿por qué no atravesamos nuestra propia puerta? Quiero decir: hay una pregunta que cada quien debe afrontar como la cuestión más propia, incluso como condición previa para asumir desafíos colectivos.

En el caso de Guevara o de Rozitchner se trata, evidentemente, de reflexiones fuertemente imbricadas en lo colectivo. Guevara en Praga viene, es cierto, de un fracaso en África. Pero su meditación no es solipsista. Sus escritos de esos meses son un intento por plasmar su crítica a la implementación de la Ley del Valor en el socialismo. Considera que esa determinación económica actúa sobre la conciencia de las personas reforzando su ligazón con el mundo de las mercancías y que eso condena a los países socialistas a retornar al capitalismo. Ricardo Piglia ha inmortalizado la foto del Che leyendo en la copa de un árbol en medio de una campaña guerrillera. La soledad momentánea del lector en medio de la guerrilla. En cuanto a Rozitchner, su trabajo ha sido un intento de cuestionar lo que podemos llamar la socialidad de lo que llamó el “individualismo burgués”.

El primer año de Milei en el Gobierno fue de estupor y perplejidad. El fascismo 2.0 es, como hemos dicho al principio, un oscurecimiento políticamente organizado de las percepciones colectivas

La potencia no está dada: es una de las sugerencias más importantes que encuentras en Kafka. Las tradiciones de izquierda, revolucionarias, autonomistas, se han inclinado a veces a pensar que la “potencia estaba ahí ya” (en las luchas, en los movimientos, en el trabajo vivo). ¿Qué significa por el contrario afirmar que la potencia no está dada? 
Como dijimos, citando a Virno, la potencia productiva humana/maquínica es un hecho. La potencia que falta, en todo caso, es la que articula esa potencia. ¿Se trata de una “voluntad” de transformación?. El héroe de las novelas de Kafka —pienso sobre todo en El proceso/El castillo– no ve claro, ni posee fuerzas suficientes. El suyo puede ser entendido como un llamado a despertar fuerzas del medio y fuerzas colectivas para transformar su situación.

Franco ‘Bifo’ Berardi viene insistiendo al respecto en que la facultad que permite resistirse al hecho de que solo el capital sabe articular la potencia productiva no es la voluntad, sino la sensibilidad. Me parece que estamos intentando distinguir impotencia de imposibilidad: donde la voluntad choca con un muro de imposibilidad (deviniendo impotente), la sensibilidad busca una potencia de redención que, como dice Benjamin, se percibe tanteando en el reverso mismo de la nada de revelación (nada de sentido). Hablando sobre Kafka, Benjamin exalta la figura del “necio” (aquel que no acepta las exigencias de actualización de los tiempos) como activación de una escena nueva. Hay una conexión entre la vergüenza por el estado del mundo y la escucha del rumor de las cosas verdaderas.

Por otra parte, no se trata para Kafka de la esperanza, sino de la potencia. En una carta a Brod, Kafka habla de una triple imposibilidad: los judíos de centro Europa no pueden escribir en sus dialectos, no pueden hacerlo en alemán, y no pueden tampoco dejar de hacerlo. Esta tercera imposibilidad —no pueden dejar de— señala el reencuentro con una potencia que carece aún de forma: aun cuando no sabemos cómo es ese poder hacer, no podemos tampoco dejar de hacerlo (y volvemos al apunte en su diario: “No puedo escribir, no puedo dejar de hacerlo”).

La potencia no preexiste como un saber previo, se conquista (si se lo hace realmente) por fuerza de una necesidad que busca, de una sensibilidad —individual/colectiva que se resiste, lo que nos devuelve a la cuestión de la desesperación—. Si pensamos en el 2001 argentino, las organizaciones populares que protagonizaron la crisis buscaron una salida donde claramente no la había.

¿Si la potencia no está dada entonces ya no hay tradición, nada que transmitir?

¡No lo creo! Si entendemos por tradición lo que Benjamin llamaba la “tradición de los oprimidos” (los posibles nunca realizados), más bien la reanuda. Cada nueva generación, dice, debe interpretar/reapropiarse a su modo —según sus afectos, sus potencias— el pasado de los oprimidos. Ignacio Lewkowicz decía que lo propio de un pensar situado es la nominación situada de sus elementos. El pensamiento en situación es también una relación situada con el archivo, con la memoria. En Kafka, el acceso a la situación está entrampada. Se trata, precisamente, de aferrar los afectos y el lenguaje como orientación para buscar una salida.

Reniegas de la esperanza y su lenguaje, porque la esperanza parecería indicar que la potencia ya está ahí, pero al mismo tiempo no reniegas del todo y hablas de una “esperanza absurda y frágil, que se puede leer en los rostros de los desesperados”. Y en ese sentido traes la palabra “redención”, tan cara a ese otro gran lector de Kafka que fue Benjamin. ¿Cuál es la diferencia entre esas dos esperanzas?
Brod cita, en su biografía sobre Kafka, una carta en la que el escritor le dice: “Hay esperanza, pero no para nosotros”. No hay modo de darle una interpretación única a esa frase, que está precedida por otra que dice algo así como que: “Solo somos un día nublado en la vida de Dios”. Manoteada de modo brutal, podemos usarla para entender que ni el calentamiento global, ni los genocidios y las guerras, ni la ola de derecha extrema que escenifica políticamente el horror, nos permiten creer que esperamos tiempos mejores.

Y, sin embargo, si seguimos con Kafka, es preciso retener otra cosa que nos cuenta Brod: Kafka reía a carcajadas con sus amigos cuando leía en voz alta capítulos de sus textos que acababa de escribir. Los textos más trágicos no mueren en la solemnidad si son capaces de preservar un espacio de humor interno que permite que todo pensamiento tenga un rincón burlón de la propia seriedad. Ese momento lúdico, presente incluso en los pensamientos más graves, es el que busca otra manera, una salida. La esperanza que no tenemos brilla sin embargo “absurda y pequeña” en el “rostro de los condenados”.

Para el camerunés Achile Mbembé el mundo se ha tornado “brutalista”, sometido a un tratamiento de despojo, desplazamientos poblacionales e intervenciones técnicas. El mundo, dice, es tratado como lo fue el continente africano

En El proceso, la atractiva Leni, ayudante del abogado que pretende defender a Joseph K, se enamora de todos los condenados. Se fascina con una luz que irradia de ellos. El camerunés Achile Mbembé, afirma que el capitalismo actual se ha tornado “brutalista” (toma la palabra en un sentido técnico, proveniente de la arquitectura, de la construcción). Dice que el mundo todo está siendo sometido a un tratamiento de despojo, desplazamientos poblacionales e intervenciones técnicas que dan por resultado una desertificación. El mundo, dice, es tratado como lo fue el continente africano. Y llama a tomar en serio un “devenir africano” de ese mismo mundo, un movimiento inverso signado por la presencia de saberes reparadores presentes en ciertas corrientes animistas. Mbembé liga ese pensamiento con el nombre de Franz Fanon, autor de Los condenados de la tierra. Mis amigos Pablo Fernández Rojas y Miguel Mellino me hacen recordar lo próximos que están, en este sentido, Franz Fanon y Franz Kafka.

Esa esperanza, absurda y frágil, ¿la encuentras hoy en alguna parte en Argentina? 
A mi modo de ver, el primer año de Milei en el Gobierno fue de estupor y perplejidad. El fascismo 2.0 es, como hemos dicho al principio, un oscurecimiento políticamente organizado de las percepciones colectivas, una perturbación que busca hacer creer que la confluencia de los cuerpos ya no produce sentidos ni provoca efectos.

Durante el comienzo del mileísmo las grandes movilizaciones parecían no ponerle límites consistentes a la agresividad de sus políticas. El 1 de febrero de 2025, sin embargo, algo comenzó a cambiar. La asunción de Trump le hizo creer al presidente argentino que si radicalizaba la parodia neofascista, recibiría de EEUU apoyo económico ilimitado (cosa que efectivamente sucedió). Así lo vimos defender el saludo con el brazo derecho extendido de Elon Musk y amenazar a los “zurdos” (“tiemblen zurdos”, “los iremos a buscar”), al feminismo y a los homosexuales. Ante esa amenaza diversos grupos y movimientos organizaron una manifestación importante en el centro de Buenos Aires con la consigna del orgullo antifascista y antirracista. Allí se dijo: “Solo hay dos géneros (de personas). Los fascistas y los antifascistas”. Esa delimitación fue importante. Ayudó a organizar de otro modo la percepción.

De a poco, comienza a elaborarse una respuesta desde abajo, un despertar que recupera los poderes de sensibilización del campo social que anida en la memoria de las luchas sociales del país

Luego se hicieron cada vez más visibles las marchas semanales de los jubilados contra el ajuste, que cada miércoles son reprimidas salvajemente frente al Congreso, y que se convirtieron en un punto de convergencia para la denuncia de los ataques a la salud pública. Todo esto en un contexto de desfinanciación de servicios sociales, despidos, y congelamiento de los gastos estatales en obra pública.

De a poco, comienza a elaborarse una respuesta desde abajo, un despertar que recupera los poderes de sensibilización del campo social que anida en la memoria de las luchas sociales del país. En las recientes elecciones de la Provincia de Buenos Aires (40% del padrón del país), el Gobierno sufrió una derrota. Mas allá del análisis numérico de los votos, lo que fue rechazado fue la “crueldad estratégica” del Gobierno. Intentando vetar reformas en favor de los derechos de los discapacitados, se filtró un audio en que el director de la agencia que se ocupa de precisamente de los medicamentos para discapacidades hablando de las coimas que cobra la hermana de Milei en los contratos de compras públicas. Una cosa es que en medio del descrédito de la palabra política emerja un gritó enojado denunciando a la “casta” y que luego en el Gobierno pretenda convencer a una sociedad sobre las virtudes morales del sacrificio económico, y otra es que quienes se alinearon con el gritón no adviertan que ese sacrificio ha resultado en una estafa.

El arco de tiempo que va del 1 de febrero a las elecciones del pasado 7 de septiembre, y a la enorme manifestación popular del 17 de septiembre (en defensa de la salud y la universidad pública) muestran un camino de protagonismo social que no supone una vuelta a 2023 (lo que sería absolutamente desmoralizador), sino el trazado de un camino que, de profundizarse —y en esto es fundamental que siga siendo la sociedad movilizada la que conduce el proceso—, se pondrán en discusión cuestiones centrales como qué hacer con la deuda externa impagable, con un poder judicial tomado por mafias y cómo activar nuevas formas de participación popular.

Fuente de la información e imagen:  https://lobosuelto.com

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