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La Universidad y la innovación.

Las universidades cubanas producen más de la mitad de los premios nacionales anuales de la Academia de Ciencias de Cuba en conjunto y en casi todas las ramas del saber.

Centro América/Cuba/Fuente:http://www.granma.cu/

Por: Luis A Montero Cabrera.

Se suele entender por innovación a una nue­va idea, o dispositivo, o método, que se diferencie de lo normal, de lo que se está empleando o haya prevalecido anteriormente. La fraseología al uso en las políticas acerca de la ciencia y la tecnología adiciona muy frecuentemente este término.

De hecho, los países de mayor éxito económico promueven la tríada ciencia, tecnología e innovación de forma sistémica en las políticas nacionales. Son tres actividades que aparecen jun­tas aunque son diferentes y con importantes interdependencias. Cada una merece su propio tratamiento y promoción. La innovación es in­trínseca al desarrollo de la humanidad y a su bienestar.

Por ejemplo, la Revolución Cubana fue una innovación monumental en nuestra sociedad. Los focos de diodos emisores de luz, conocidos como “LED”, también lo son, pero en la tecnología. La informatización es una revolución in­novadora en el tratamiento de la información y el conocimiento humano.

Aunque se puede innovar para bien, en y con cualquier actividad, la que es producto del saber o de la ingeniosidad suele ser la que más valor produce en la economía moderna. Esto es porque ocupa posiciones exclusivas en las ne­cesidades sociales o en el mercado.

Si el valor producido va a parar a minorías que poseen los medios fundamentales de producción, la innovación se convierte en un instrumento de desigualdad e injusticia. Pero si la in­novación es propiedad de toda la sociedad se re­vierte inevitablemente en una mayor felicidad para la vida de todos, sin exclusiones. Así debe ocurrir en un verdadero socialismo.

La universidad de hoy, como sistema, es ne­cesariamente la más importante institución del saber y de innovación en las sociedades funcionales. Esto ocurre porque una universidad concebida convenientemente debe agrupar de for­ma interactiva a una parte importante de la ju­ven­tud más hábil en el conocimiento y a mu­chos de los más sabios especialistas de un país. Dicha combinación genera un potencial perfecto para las ideas innovadoras y el desarrollo so­cioeco­nómico, si es adecuadamente gestionada.

Afortunadamente los principios fundacionales de la universidad cubana después de 1959 se concibieron desde una visión progresista avanzada. Estuvo inspirada en los sueños y postulados del manifiesto de Córdoba, Argen­tina, en 1918, y en las ideas de la ciencia en la política que Fidel esgrimió desde los tiempos iniciales del gobierno revolucionario. La ciencia y la tecno­logía ocuparon por vez primera en­tonces entre nosotros el papel principista que les corresponde.

Podría considerarse que el resultado principal ha sido su decisiva contribución a la sociedad más alfabetizada y culta que disfrutamos hoy con más de un millón de graduados, aun con las insatisfacciones que también experi­men­­tamos.

Las universidades cubanas producen más de la mitad de los premios nacionales anuales de la Academia de Ciencias de Cuba en conjunto y en casi todas las ramas del saber. Pero la in­mensa mayoría de los resultados aplicables premiados no se está utilizando y no fueron so­licitados por o acordados con empresas nacionales.

Muchos factores internos favorecen que bue­na parte de nuestras inversiones tecnológicas innovadoras siguen siendo esencialmente im­portadas, incluyendo sus proyectos y asistencia técnica. La tecnología desarrollada por los calificados ingenieros cubanos en Cuba po­dría tener un espacio mucho mayor.

No es un secreto para nadie que un grupo de las inteligencias que hemos cultivado hoy producen sus riquezas de saber fuera de nuestra Patria o en otras actividades ajenas a sus potencialidades de conocimientos. Precisamente por ello se requiere buscar fórmulas efectivas que fa­vo­­re­zcan la permanencia al servicio de todo el pueblo en nuestras instituciones.

Nuestros claustros están envejecidos y no existe reemplazo su­ficiente, ni siquiera con las asignaciones de re­cién graduados al servicio social en las tareas de docencia e investigación de las universidades.

El papel de promoción de iniciativas innovadoras y de emprendimiento desde nuestras universidades hacia la sociedad requiere una profunda valoración. La Universidad de La Haba­na realizó en el curso que acaba de terminar un experimento de “incubadora de iniciativas” que resultó muy exitoso en la captación de nuevas ideas, pero que solo avanza milimétricamente en su utilización. Muchas regulaciones existentes y la planificación que está diseñada para actividades macroeconómicas suelen ser obstáculos para emprendimientos e iniciativas innovadoras que por naturaleza son de pequeña escala y de gran diversidad.

Podemos idear la innovación más audaz y potencialmente productiva pero las barreras para su aplicación en la economía y la sociedad son muy altas. Aún sucede lo que magistral y didácticamente nos mostró el filme Plaff hace varias décadas con un “polímero” generado por una joven científica cubana contra el comprado expresamente en el exterior.

Vale resaltar que para resolver estos y mu­chos otros problemas asociados con la universidad y la innovación existe una voluntad política expresa. Urge entonces buscar fórmulas para que la empresa socialista encuentre más conveniente que esa innovación provenga del propio país y de sus universidades y centros científicos.

La creación de microempresas y cooperativas para la innovación asociadas con las universidades pueden ser importantes motores de de­sarrollo. Esas serían las versiones actuales de instituciones como el Centro de Investigaciones Di­gitales de la Universidad de La Habana, creado a iniciativa de Fidel en los años 60 del pasado si­glo, que concibió un modelo de computadora muy avanzado para aquellos tiempos y que se produjo en serie durante varios años. O del La­boratorio de Antígenos Sintéticos de la misma universidad que produjo a la primera vacuna sintética comercial del mundo, ya en este siglo.

Muchas acciones esencialmente organizativas podrían también emprenderse. La constitución de consejos económico sociales en las universidades donde se sienten en la misma mesa a conversar y negociar periódicamente con los de­cisores de las principales instituciones económicas y financieras en su entorno y en cualquier pa­r­te de Cuba es una medida de muy posible realización.

El establecimiento de sistemas de interacción de las universidades con sus graduados (alumni) donde quiera que estén es un potencial de pro­greso para los especialistas, sus instituciones y la sociedad global. Todas las universidades pres­tigiosas y sus antiguos alumnos lo aprovechan hoy en el mundo, y hasta viabilizan importantes donaciones y cooperaciones voluntarias e incondicionales que les permiten avanzar más.

La movilidad de los estudiantes, docentes y científicos universitarios, interna y externa, se constituye hoy en día como una de las mayores fuentes de actualización e innovación para los países que la practican y puede serlo también para la generalidad de las universidades cubanas. La Universidad de La Habana es hoy de las más avanzadas en este aspecto.

Crear un programa bien dotado para la formación doctoral de nuestra juventud es probablemente el mayor impulso que pueda recibir la supervivencia y el progreso de nuestro sistema científico, tecnológico y de innovación.

Son muchos los retos y también pueden ser muchas las ideas de innovación, de éxito probable, que pueden emprenderse para bien de las universidades y sobre todo de la sociedad socialista próspera y sostenible, que queremos con todos y para el bien de todos.

Fuente: http://www.granma.cu/ciencia/2016-08-20/la-universidad-y-la-innovacion-20-08-2016-00-08-50

Imagen: http://www.granma.cu/file/img/2016/08/medium/f0066697.jpg

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Escuela educativa.

América del Norte/México/Fuente:http://www.jornada.unam.mx/

Por: Manuel Pérez Rocha

Es explicable que el título de este artículo genere diversas reacciones. A algunos puede hacerles levantar la ceja; a otros, quizá, esbozar una sonrisa burlona: ¿escuela educativa? Sin duda hay escuelas que educan, pero también las hay y muchas que deseducan; esto lo saben bien quienes han visto con ojos críticos sus propias experiencias escolares y lo que ocurre a su derredor.

Los críticos de la escuela que no educa han sido muchos; algunos de los más conocidos son Iván Illich, quien abogó por la desaparición de la escuela, y Louis Althusser, quien consideró a la escuela como elaparato ideológico número uno del Estado. Otros críticos notables fueron, por ejemplo, Célestin Freinet y María Montessori, quienes además formularon magníficos proyectos para superar los efectos antieducativos de la escuela tradicional. Son sólo algunos ejemplos de innumerables educadores de diversas latitudes. Muchos años antes, en el siglo XIX, en nuestro país distinguidos liberales hicieron críticas muy sólidas a la escuela entonces dominante, entre ellos Ignacio Manuel Altamirano e Ignacio Ramírez; sus valiosos textos son vigentes porque la escuela deseducadora que ellos abominaron subsiste.

Ahora los reformadores de la educación, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la Secretaría de Educación Pública, Mexicanos Primero, Aurelio Nuño y compañía, se afanan en meter en cintura a los maestros para que las escuelas funcionen como debe ser, que se cumpla con la formalidad mínima, esto es, que se cumplan horarios y calendarios, que se cumplan los programas, que los maestros no falten, que no se suspendan las clases, que se obedezca la ley. Para estos supuestos reformadores, educación es igual a escuela y escuela es igual a clases y evaluaciones (ahora extendidas a los maestros). Esta paupérrima y anacrónica visión de la cuestión educativa ha sido avalada y apoyada por el quinteto de supuestos educadores que dirigen el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). La cortedad de su horizonte lo confirma el comunicado emitido por este quinteto el pasado 7 de julio, en el cual ratifica que su preocupación y compromiso es pugnar por que la escuela garanticeaprendizajes de calidad.

Hoy más que nunca es urgente que la escuela vaya más allá de la pretensión de que los niños y jóvenes aprendan conocimientos y competencias. La escuela tiene que asumir la responsabilidad de educar, de extraer de cada niño y joven sus mejores valores y sentimientos, de generar en ellos actitudes, gustos y pasiones (¿hay algo de esto en losreactivos validados técnicamentepor el INEE?); además, sin esto no habrá aprendizajes sólidos ni significativos. Ni la escuela puede seguir siendo un espacio burocrático evaluado con indicadores cuantitativos, ni los maestros pueden aceptar ser reducidos a la condición de instructores anodinos proletarizados.

Para que la escuela sea educadora, es necesario que se reconozca la educación como un complejo proceso humano entre humanos, entre personas, entre sujetos que aspiran a ser pensantes y conscientes. Nada más opuesto a esto que imponer un sistema en el que los maestros son controlados mediante el miedo y el soborno. La confianza en el ser humano es el sustrato básico de la educación; sin ella, los educadores se vuelven policías (como hemos visto). La escuela es uno de los pocos refugios donde hoy puede (y debe) pugnarse por combatir los antivalores que dominan a la sociedad capitalista actual: ambición, competencia, competitividad, rivalidad, ganancia, beneficio individual, consumismo, ostentación, engreimiento y frivolidad. La falsa reforma educativa actualprivatiza a la escuela mexicana al introducir en ella todos estos antivalores de la llamada iniciativa privada (el capitalismo).

Es indiscutible la creciente desgana de los educandos por la escuela en sus varias manifestaciones; unas evidentes, como la deserción formal (en los niveles en los que los estudiantes pueden decidir por sí mismos no ir más a la escuela); otras, como el desinterés por aprender que se revela en los pobres resultados desde prescolar hasta posgrado. Esto constituye un fenómeno cultural que no se va a resolver sobornando a los estudiantes con becas y más becas ni sometiendo a los maestros con el auxilio de la policía y la gendarmería, porque la causa eficaz no son los maestros y las becas son sólo un paliativo a un problema socioeconómico irresuelto.

La escuela tradicional, burocrática, autoritaria, industrializada,informadora e informatizada nada tiene que ofrecer en un mundo como el actual, en el que la información y los conocimientos fluyen masiva y rápidamente por muchas vías. Si no pudiera cumplir con su función educadora, más valdría que desapareciera, como demandaba Illich. Pero por supuesto que puede cumplir con otra misión, con una misión trascendental: la de prefigurar y preparar otro mundo que es posible y necesario.

Es falso que no haya otro camino (otro mundo), como postuló la señora Margaret Tatcher y hoy dócilmente repiten los administradores y economistas que manejan este país. Ya se ha señalado que a los graves daños económicos y materiales que ha producido el neoliberalismo hay que añadir el daño cultural, consistente en el empobrecimiento intelectual, en la reducción del horizonte humano a un economicismo que domina hoy incluso al ámbito educativo.

La escuela educadora tiene que trabajar a contracorriente. Uno de sus retos es generar en el estudiante la perseverancia necesaria para vencer múltiples obstáculos de diversa naturaleza: económicos, burocráticos, físicos (como el traslado). Pero sobre todo tiene que vencer el obstáculo que significan para los educandos la falta de sentido del conocimiento y la cultura en el mundo actual y la formidable tentación de la alienación en el entretenimiento y la diversión; obstáculo que podrán vencer sólo si, junto con sus maestros, asumen el reto de formarse una cultura propia y pugnar por la construcción de otro mundo.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/07/16/opinion/017a2pol

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Cuatro motivos por los que no hay pacto educativo.

La ideologización, el vaciamiento del lenguaje, el papel de la escuela en las estrategias de las familias y la trivialización obstaculizan un compromiso necesario.

Europa/España/Fuente:http://elpais.com/

Por: Mariano Fernandez Enguita.

¿Por qué no hay ya un pacto sustantivo sobre la educación, si todos afirman que es necesario? Por varios motivos, entre los cuales destacaré cuatro.

El primero y más aparente es la tremenda ideologización del debate, con discursos a veces guerra civilistas en los que unos parecen creerse en lucha contra el Santo Oficio y otros contra el demonio bolchevique, como han hecho recientemente PP e IU, en los dos extremos del arco parlamentario, desenterrando la guerra escolar.

El segundo, en parte consecuencia del primero, es el vaciamiento del lenguaje, que permite blandir a la vez las exigencias más sectarias y la pretensión de que quien hace imposible un acuerdo es siempre el otro; un vaciamiento que alcanza más o menos a lo principal del vocabulario de la política educativa: libertad, equidad, calidad, inclusión, participación… y, por descontado, pacto, como cuando Rajoy, después de dos legislaturas del PP solo contra la LOE y otras dos igual de solo con la LOMCE cree hacer haber hecho algo grande con apenas algún gesto vacío y retórico al respecto dirigido a Ciudadanos, o cuando Garzón se descuelga en periodo electoral con la surrealista y oximorónica propuesta de un pacto por una educación republicana.

Un tercer motivo, menos obvio pero más poderoso, es el papel de la escuela en las estrategias sociales de las familias, muy visible en la búsqueda de la mejor educación para los hijos, tanto da que se concrete en la mejor escuela o en el mejor desempeño individual en ella, y que tiene su contraparte en la pretensión no menos estratégica, aunque defensiva, de suprimir todo elemento de diferenciación, sea la elección de centro, el (muy discutible) modelo bilingüe, el uso de recursos digitales, los deberes para casa o cualquier otro.

Cuarto, y no menos importante, el infundado paternalismo de la profesión docente, siempre tan inclinada a pensar que sabe mejor que su público lo que le conviene; esto es, a desoír a la sociedad, o a oír solo lo que quiere oír, como cuando funcionarios incondicionales de su fuente de empleo, la enseñanza pública, no quieren ver que un tercio del alumnado lleva medio siglo eligiendo la privada y otro sexto, hasta la mitad, lo haría si pudiera, o cuando los sicofantes de la inmersión lingüística ignoran que más de la mitad de la población con hijos en edad escolar ni la quiere ahí ni la practica en otros ámbitos libres de coerción y de presión; o cuando todos coinciden en que lo primero y principal que necesita la educación es, cómo no… más educadores.

Pero hay otro obstáculo formidable para un pacto: su trivialización. Asoma cuando se formula como el objetivo de ponernos de acuerdo en lo que nos une(ya se sabe: acabar con el abandono, conjugar equidad y calidad, reconocer y dignificar al profesorado, mejorar los resultados, aumentar los recursos…), o evitar lo que nos separa (los cleavages o fracturas como la religión, la financiación de la escuela privada, las lenguas propias, la evaluación del profesorado, etc.).

El problema es que tales acuerdos de mínimos no sirven de mucho, o no sirven de nada. De hecho presentan el riesgo añadido de precipitar, hipostasiar, politizar o adjudicar opciones y políticas que no están adscritas necesariamente a un lado ni a otro de las fracturas habituales, desde el momento mismo en que las colocan en el centro de una negociación entre partidos y grupos de intereses; en todo caso, al dejar fuera lo que realmente ha venido dividiendo a la sociedad, simplemente posponen los problemas por muy poco tiempo, si es que no los enquistan y los agravan.

Por eso no me gusta la palabra pacto, que alude por igual a la formalización de un acuerdo preexistente, entre quienes ya coinciden en algo o en todo, y a la confluencia desde el desacuerdo o el conflicto previo de intereses y valores. Es lo segundo lo que la educación española necesita: un acuerdo que cree un escenario comúnmente aceptado desde ambos lados de las viejas fracturas, en el que todos estén razonablemente a gusto aunque ninguno esté enteramente a su gusto, y que traiga consigo una suspensión duradera, que ya sabemos no será definitiva, de las hostilidades.

Por eso prefiero hablar de un compromiso: compromiso entre los actores, entre los intereses en conflicto y los valores en disputa, así como entre lo deseado por cada uno y lo aceptable para los demás, lo que implica ceder y conceder.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/07/22/opinion/1469180978_307749.html

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La educación y sus procesos.

América del Norte/México/Fuente:http://www.vanguardia.com.mx/

Por: Felipe de Jesus Balderas.

La mayoría de las ocasiones en que hablamos del estado que guarda nuestra patria en su cultura, instituciones, estructura y progreso social nos remitimos a la educación. Y se escuchan frases como: “el problema es la educación”, “un país educado es un país avanzado”, “estamos así porque somos un país de analfabetas”, “nuestros niveles de lectura son muy bajos” y algunos otros comentarios que hacemos y que evidentemente son ciertos, pero tenemos décadas diciendo esto y como siempre buscamos culpables; el saldo se lo cargamos a la educación y no a quién tiene la obligación de promover los procesos educativos en el país con estrategias claras y definidas.

La educación y la cultura son un factor determinante para el crecimiento integral de la persona y por lo tanto de los pueblos, señalo son factor determinante, porque es un factor indiscutible, pero no el único. Habrá muchos ejemplos que den cuenta de esto. La cultura es mediación, es una forma de construir el mundo, el hombre a través de ésta no solo lo ha venido construyendo y fortaleciendo la sociedad, sino que se ha venido construyendo a sí mismo. Considero por lo tanto, que el primer requisito para que el hombre vaya creciendo en estatura y maduración es la educación. Ella lo conduce, saca de sí mismo al ser humano lo necesario para poderle encontrar luz y sentido a la vida. Un ser humano que no ha asumido adecuadamente su cultura, formas de expresión, y por otra parte que no ha sido testigo presencial de los procesos de enseñanza-aprendizaje propios de su entorno, será como alguien a quien le falta un miembro de su cuerpo.

Desde esta perspectiva la educación es un proceso humano de maduración en todos los órdenes. Fundamentalmente es un proceso de la persona individual, sin embargo en este proceso se encuentran implicadas, con vínculos estrechos la comunidad social y las distintas instituciones, esto es lo que se ha venido llamando agentes socializadores: la familia, las iglesias, el estado y los medios de comunicación social. Y, se realiza de una manera espontánea en toda actividad de la vida, de ahí que podemos hablar de una educación informal, es decir, la que carece de estructuras, metodología, planes de estudio, contenidos, herramientas y recursos de apoyo, etc. y la educación formal, es decir todo lo que tiene que ver con organización y estructura.

Pero aún con la organización y la estructura, la educación antes y ahora es un proceso bastante complejo. La diatriba constante entre los métodos, lo administrativo, las estructuras educativas y el aula son una constante. Sin lugar a dudas los anhelos de la educación o mejor dicho la teleología educativa no debe estribar en la consecución de títulos académicos para tener mejores condiciones de vida y estatus, sino la búsqueda de una sociedad más justa y más humana, esté, desde mi punto de vista ha sido uno de esos grandes hierros  de los sistemas actuales, la educación vista como medio y no como fin.

La educación, debe de buscar, como estructura educanda del hombre, el desarrollo integral de la persona y sus circunstancias; el desarrollo pleno de cada cultura, su comunicación y su múltiple enriquecimiento. Porque finalmente, la persona y la cultura, son las que le dan fundamento y razón a la teorías de la educación. Otro elemento importante es el humanismo. Hemos dejado a un lado el humanismo y es importante que para quitarle lo complicado al proceso recurramos a él.

Las razones son múltiples y variadas, pero el elemento central es que aún persisten diversas causas que mantienen elevado el nivel de sufrimiento humano. Muchos sectores de la sociedad están alejados aún de los beneficios de la riqueza y continúan subsistiendo en la pobreza, el hambre y las enfermedades, esto también incluye a personas de los países ricos (en Estados Unidos el 14% de la población ésta por debajo de los límites de la pobreza). En muchas regiones del mundo, la tasa de crecimiento de la población ésta por encima del 3% anual, mientras que en otras (Europa occidental en especial) ésta por debajo del 1%, menos de la tasa necesaria para mantener el equilibrio poblacional. Este desequilibrio se refleja en otros aspectos generales de las condiciones de vida, provocando a su vez dificultades para mucha gente y para el ecosistema.

Los bosques, las especies animales y vegetales, la democracia, los derechos de las minorías, han sido sobrepasados por proliferación de las drogas, el desempleo, la desigualdad, la discriminación en cualquiera de sus múltiples formas, las formas de esclavitud que aún persisten, la prostitución, la explotación infantil, el tráfico de personas, la trata de blancas, el narcotráfico, el secuestro, las enfermedades, el analfabetismo, la violencia, entre otras cosas. Todo esto aunado a la falta de solidaridad, sentido auténtico de paz y de justicia y apego a los valores trascendentes. Hoy más que nunca se requiere una orientación hacia el humanismo.

Es claro, el momento actual es complejo y requiere de una propuesta educativa que rebase los límites institucionales, que haga suyas las preocupaciones del entorno y que promueva la transformación del mismo. Culpar a los profesores, a los alumnos y a los administradores de la educación del detrimento educativo en nuestro país, sería no ver la realidad estructural en la que estamos y nos movemos.Todos somos responsables de nuestra formación y de la construcción social. El bienestar del hombre debe de estar por encima de todo, por eso una educación que se precie ser de calidad y excelencia debe de tener al ser humano como fin de sus búsquedas y de su teleología educativa.

Al comenzar éste nuevo ciclo escolar sería conveniente recordar que no son las quejas o la compasión sobre el estado que guarda la educación en nuestro entorno inmediato y lo complejo de los procesos,sino el trabajo; la dedicación, la disciplina, la exigencia y la pasión por nuestros chicos. Buen regreso a clases.

Fuente: http://www.vanguardia.com.mx/articulo/la-educacion-y-sus-procesos

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Inclusión en educación.

América del sur/Argentina/Fuente:http://www.diariodecuyo.com.ar/

Por: Yolanda Quiroga

La educación contemporánea se enfrenta ante el desafío de portar una doble condición, ser de calidad e inclusiva.

El reto para los sistemas educativos y las instituciones se sitúa en torno a la necesidad de generar experiencias que propicien saberes socialmente significativos» (Frigerio 2008).

El derecho a la educación implica, acordar y diseñar estrategias para promover el ingreso, permanencia y egreso de una institución educativa. De esta manera, la palabra inclusión se traduce en reconocimiento y alojar a todos sobre la base de un horizonte común: más y mejores oportunidades de aprendizaje, representando enfáticamente inclusión social.

Una educación equitativa y de calidad, garantiza el acceso, la plena participación y el aprendizaje a todos y cada uno de los estudiantes, independientemente de sus diferencias personales y su procedencia social y cultural» (Murillo 2008). No podría hablarse de educación de calidad si no se logra que todos los alumnos, y no sólo parte de ellos, adquieran las competencias necesarias para insertarse activamente en la sociedad y así, desarrollar su proyecto de vida en relación con otros.

La UNESCO en su informe (2005), establece tres elementos para definir una educación de calidad: respeto de los derechos, equidad en el acceso, los procesos y los resultados y pertenencia de la educación, es decir, aquella que tienen al ‘alumno en el centro», adecuando la enseñanza a sus características y necesidades.
Si hablamos de una educación inclusiva implica una transformación en los paradigmas educativos considerando la diversidad.

Una educación con estas características, demanda mayor profesionalismo de los docentes, trabajo en equipo y proyectos educativos amplios y flexibles que se adapten a las distintas necesidades de los alumnos. Requiere un abanico de propuestas educativas, a fin de asegurar que todos logren las competencias básicas a través de distintas alternativas equivalentes en calidad. Son procesos y su incorporación, en consecuencia lentos. La educación inclusiva hace referencias entonces, a las necesidades de contemplar la igualdad de derechos y oportunidades para todos. Al mismo tiempo supone aludir a la exclusión.

Muy unida a estos datos está educación-pobreza. La Argentina se encuentra entre los países con más altas tasas de acceso y cobertura en la educación básica o primaria (Unicef 2012). Sin embargo, los principales problemas del sistema educativo argentino, tienen que ver con la calidad, el bajo nivel de aprendizaje de los contenidos básicos y la deserción en el nivel secundario. Estar escolarizado, no significa haber avanzado acorde con los niveles de aprendizaje requeridos.

Diferentes autores sostienen que uno de los factores que generan segmentación social es la marginación por inclusión. Esto significa, que el estudiante no ha logrado la adquisición de habilidades básicas, como pasar de grado, sin adquirir las nociones esperadas (Gentili 2011).

Uno de los retos centrales de la educación, reside en portar una doble condición, ser de calidad e inclusiva. Responde a este desafío el poder articular y coordinar distintas estrategias y miradas. No podemos negar, que buena parte de los jóvenes que ingresan en las escuelas secundarias, padecen problemas y necesidades básicas insatisfechas. No sólo en el terreno de la alimentación sino salud, vivienda y acceso a servicios públicos.

Urge tender a superar la segmentación del sistema educativo para lograr una educación inclusiva y de calidad.

Fuente: http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=727035

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Estudio asegura que cuanto más vivan tus padres, más vivirás tú

Por: Organización Mundial de la Salud

De acuerdo a un grupo de investigadores de Reino Unido el riesgo de sufrir un infarto baja hasta en un 20% si los padres viven 80 años o más.

Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicado en mayo de este año, la esperanza de vida mundial aumentó cinco años entre 2000 y 2015, principalmente gracias a las mejoras de África en la lucha contra el sida y la malaria.

La mayor longevidad de los últimos 15 años es la más importante desde los años 1960. En promedio, un niño nacido en 2015 puede vivir 71,4 años: más tiempo para las mujeres (73,8 años) que para los hombres (69,1 años).

Sin duda estos datos son bastante auspiciosos y son una muestra, en parte, de cómo ha mejorado la calidad de vida en los últimos años. ¿Pero cómo influye la genética en la longevidad? o más específicamente, ¿si nuestros padres son longevos, lo seremos nosotros también?

De acuerdo a un estudio, publicado en Journal of the American College of Cardiology, el riesgo de sufrir un infarto baja hasta en un 20% si los padres viven 80 años o más. Es decir, los hijos de progenitores longevos tienen menos problemas de corazón al llegar a la vejez, por ende, podrían vivir más años frente a los hijos de padres que fallecieron a más temprana edad.

Para determinar lo anterior, según consigna El País, los investigadores de varios países siguieron la pista a 186.151 británicos. Cuando iniciaron el estudio los más jóvenes tenían 55 años y los mayores, 73. En todos los casos sus dos padres ya habían fallecido. Les preguntaron qué edad tenían sus progenitores cuando murieron y los controlaron durante los ocho años siguientes.

Transcurrido ese tiempo, los expertos lograron comprobar que la mortalidad de entre aquellos cuyos padres vivieron más allá de los 69 años es un 16,5% menor por cada década extra de vida de alguno de los padres.

Adultos Mayores
Adultos MayoresAgencia Uno

«Se trata del mayor estudio que muestra que, cuánto más vivan tus padres, tendrás más probabilidades de llegar a los 60 y los 70 en buen estado», dijo la investigadora en salud pública de la escuela de medicina de la Universidad de Exeter (Reino Unido) y principal autora del estudio, Janice Atkins.

Esta relación se repite a la inversa. «También hemos visto que los hijos de padres de vida más corta tienen un mayor riesgo de morir», añade en un correo. Atkins aclara enseguida que se trata de un estudio que muestra tendencias generales: «Si alguien se expone a los grandes factores de riesgo, esto pesará más en su salud que la edad a la que sus padres murieron», completa.

¿Es posible prolongar todavía más la esperanza de vida?

En este sentido el estudio postula que, además de los genes, los padres longevos pueden transmitir factores ambientales como el nivel educativo o de ingresos o hábitos saludables. 

Deporte
DeporteAgencia Uno

Por su parte, para prolongar todavía más la esperanza de vida, la OMS señala algunos aspectos que hay que mejorar: reducir el número de fumadores, actualmente 1.100 millones en el mundo, y abastecer agua potable a aproximadamente 1.800 millones de personas que beben agua contaminado cada día.

A pesar de los avances en los países más pobres, la OMS subraya que persisten diferencias importantes en términos de esperanza de vida entre países desarrollados y países en desarrollo.

Las estadísticas indican que una niña nacida hoy en Japón tiene la esperanza de vida más larga, 86,8 años. Para los hombres, Suiza ofrece el mejor entorno, con una ongevidad media de 81,3 años.

Fuente: http://www.t13.cl/noticia/tendencias/cultura/estudio-asegura-cuanto-mas-vivan-tus-padres-mas-viviras-tu

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Leer novelas fortalece el Aparato Imaginario

23 de agosto de 2016/Fuente y autor: epais/ Juan José Millás

Hay un conocimiento sobre la realidad que solo se adquiere con la literatura.

Aumentan las personas alfabetizadas, y aumenta la gente que no entiende lo que lee.

Ahora bien, añado, todos estamos de acuerdo en que lo que llamamos realidad es algo muy defectuoso. No hay más que asomarse a la ventana o leer el periódico para advertir que la realidad es una porquería. Todos estamos de acuerdo en que conviene mejorarla, pero cómo mejorar algo cuya matriz está repleta de defectos. ¿No sería más sensato trabajar en la matriz que en la realidad que esa matriz genera? Pongamos un ejemplo más claro, les digo. Pensemos en la sala de proyección de un cine. A veces, la imagen sale distorsionada, pero a nadie se le ocurre pensar que el problema está en la pantalla, que no es más que una sábana, sino en el proyector. Hay que actuar, por tanto, sobre el proyector. En la realidad, sin embargo, nos pasamos la vida intentando arreglar la pantalla, cuando lo que está mal es nuestra cabeza. Si fuéramos capaces de amueblar bien nuestra cabeza, la realidad extramental mejoraría en seguida como efecto secundario. Hay que actuar, pues, sobre el Aparato Imaginario, pero cómo actuar sobre algo cuya existencia no está reconocida. Tendríamos que aceptar que existe para, en un paso posterior, mejorar su funcionamiento.

Como no hay ninguna esperanza de que eso vaya a suceder (al contrario, la enseñanza está cada vez más dirigida al conocimiento de lo meramente cuantificable), termino recomendando a los alumnos que lean novelas, pues ése es el modo más eficaz de fortalecer tal aparato. Cuando uno lee una buena novela, les aseguro, es más sabio que antes de haberla leído, aunque no sea capaz de explicar por qué. El problema es que vivimos en un mundo donde aquello que no se puede cuantificar no existe. Todas las campañas de promoción de la lectura caen sin excepción en la trampa de asociar la lectura a la adquisición de conocimientos prácticos. Si lees, te dicen, sabrás dónde se encuentra el Polo Norte. Y no es eso, no es eso. Si yo aprendiera hoy a dividir, podría irme a la cama asegurando que sé una cosa más. Pero si leo Madame Bovary habré aprendido también infinidad de cosas que no sabía antes, aunque desgraciadamente no se puedan enumerar ni cuantificar. Es más, hay un tipo de conocimiento sobre la realidad que solo se puede adquirir a través de la literatura. Si ustedes me lo permiten, les diré que todas las campañas que he conocido a favor de la lectura desde que tengo uso de razón no tenían otro objeto que ser la apariencia de una campaña a favor de la lectura. Me recuerdan las que se hacen a favor del transporte público, cuyo objetivo no es otro que el de aparentar una preocupación por el tráfico que ningún representante municipal tiene.

Quienes usamos el metro, el autobús o el taxi de forma regular sabemos que si de verdad hubiera habido un empeño en crear una cultura del transporte público, las ciudades no serían lo que son. Pero continuamos gastando cifras increíbles en hacer túneles que cuando se inauguran se han quedado pequeños. No es cierta, pues, esa preocupación de la que hablan nuestros representantes municipales, porque si un día, de la noche a la mañana, la gente decidiera dejar el automóvil en casa, la situación sería tan extraordinaria como si desaparecieran los delincuentes. Hay que consumir gasolina, hay que consumir túneles, hay que cambiar de coche cada cuatro años.

Para que la gente lea es preciso crear la atmósfera en la que eso sea posible. No se le puede decir al ciudadano que deje el coche en casa al mismo tiempo de que se le informa de la construcción de un nuevo túnel. No se puede decir que uno está preocupado por la lectura cuando a ninguno de nuestros representantes se les ve jamás con un libro en la mano. Vayamos a las edades en las que, según dice todo el mundo, se hace un lector. ¿Cuál es la situación de nuestra literatura infantil o juvenil? ¿Cuántos debates sobre este asunto trascendental se han llevado cabo en los últimos diez años, por ejemplo? ¿Conocen ustedes un solo suplemento literario de la prensa diaria que dedique una sola página a la literatura infantil o juvenil de forma regular? ¿No será nuestra preocupación por la lectura tan aparente como la que los representantes municipales muestran por la situación del tráfico?

No profundizaré más en estas contradicciones, pero permítanme añadir que hubo, desde mi punto de vista, en algún momento de la historia de la enseñanza, un suceso catastrófico a partir del cual se jodió todo. Me refiero a ese instante en el que se comenzó a pensar que bastaba, para conocer el mundo, con los contenidos de la ciencia y del pensamiento racional. A partir de ese instante se nos empezó a hurtar toda aquella información sobre la realidad de la que había sido proveedora el mito, la literatura de viajes, los libros de aventuras. El mito se dirige a una parte de nuestro ser a la que no se puede acceder de otro modo. Sin el cultivo de esa parte estamos incompletos. Peor aún, estamos inválidos y a merced de quien nos quiera manipular.

Hace unos años, cuando recibí precisamente un premio a la promoción de la lectura por un artículo publicado en EL PAÍS, afirmé que no se escribe para ser escritor ni se lee para ser lector. Se escribe y se lee para comprender el mundo. Nadie —dije entonces y aseguro siempre en los institutos y colegios— debería salir a la vida sin haber adquirido estas habilidades básicas. De otro modo se dependerá de quien las posea del mismo modo que aquel que no sabe hacer una tortilla o coser un botón depende de quien le hace la tortilla o le cose el botón. Por lo que se refiere a las tortillas, ya dependemos de las industrias especializadas en platos preparados, precocinados, predigeridos y previsibles. En cuanto a la lectura, se da el caso de que a medida que aumenta el número de personas alfabetizadas, aumenta también el número de las que no entienden lo que leen. Llamamos a esto analfabetismo funcional, si me permiten el juego de palabras, porque funciona muy bien: cada día estamos más torpes y dependemos más en consecuencia de las lecturas de la realidad que nos hacen los otros.

Con frecuencia se nos pregunta a los escritores por qué escribimos, pero no se pregunta a los lectores por qué leen. La respuesta sería idéntica, ya que, como señalé al principio, la escritura es un espejo de dos caras. En una de esas caras se mira el escritor y en la otra el lector, ambos a la búsqueda de una imagen articulada de sí mismos, del mundo. Saber leer, pues, es saber leer la realidad y encontrarse en disposición de estar o no estar de acuerdo con ella. Saber leer es saber leerse, construirse, cocinarse uno mismo, en lugar de tomar la versión precongelada, precocinada, predigerida y previsible de sí que ofrece el mercado de la autoimagen.

Curiosamente, el desarrollo de los alimentos precocinados ha sido paralelo al de la industria editorial de la autoayuda. En el primer caso se trata de hacer unas albóndigas sin pasar por la complejidad del sofrito y, en el segundo, de crearse una identidad sin aprender latín. Ambas cosas son posibles, desde luego, pero al precio de perderse lo mejor de la comida y de la vida. Aprender a leer es la premisa indispensable para interpretar la realidad, que es también el único modo de modificarla.

Cuando llego a este punto de mi charla en los institutos o colegios, suele producirse una caída en el estado de ánimo del auditorio. Es normal, quizá ustedes hayan empezado a fatigarse también, pues hemos perdido la costumbre de mantener fijada la atención durante mucho tiempo en alguien que habla sin interrupciones comerciales. Entonces saco un conejo de la chistera. El secreto es que lo saco limpiamente, sin trampa ni cartón. Les digo a los chicos y a las chicas que, de todas formas, en fin, si no leen para comprender el mundo, ni para modificar la realidad, ni para no ser manipulados, etc., lean al menos por dinero.

Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/08/22/actualidad/1471886325_438016.html

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