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Entrevista a Julia Steinberger «El saber que incomoda al poder, la ciencia en peligro»

Por: Guillaume Matthey

Desde el inicio del segundo mandato de Trump asistimos en Estados Unidos a un ataque generalizado contra la ciencia: despidos, presiones e intimidaciones, cortes masivos de investigaciones, prohibición de usar palabras como género, incluso históricamente o mujer. Este ataque no tiene precedente en su amplitud, pero forma parte de una ola mundial de represión de las libertades académicas y de expresión en los campus. Entrevista a Julia Steinberger, corredactora del GIEC e investigadora en la UNIL.

Julia, conocerás a investigadores en Estados Unidos que sufren o son testigos de los ataques contra la investigación. ¿Puedes darnos algunos ejemplos?

Hay muchos ejemplos, en particular en las áreas de salud, medio ambiente, y en todo lo que se refiere a la equidad o a la justicia social. Puedo contarte el caso de mi colega del GIEC, la doctora Katherine Calvin. Es coautora conmigo del mismo capítulo del 6º informe de síntesis, por tanto alguien que conozco personalmente. Es una científica prodigiosa, de una inmensa competencia, que además colabora y ayuda. Había sido nombrada Científica Jefe de la NASA, un puesto de enorme prestigio, y elegida después copresidenta del 3º Grupo de Trabajo del GIEC, lo que la convierte en la científica estadounidense situada en un puesto más alto del GIEC. Trump empezó despidiendo a todo el equipo de apoyo del GIEC en Estados Unidos. Después prohibió a los científicos estadounidenses participar en las reuniones del GIEC, tratar con medios de comunicación o con sus colegas internacionales. Y ahora sencillamente ha eliminado el puesto de Científico Jefe en la NASA. La destrucción del planeta por Trump y sus aliados petroleros pasa también por la decapitación de la ciencia.

Además de las universidades están siendo también atacados muchos centros de investigaciones, como en el caso de la salud y las epidemas. Por ejemplo, el nuevo Ministro de Salud Robert Kennedy Jr. ha despedido a unas 1300 personas del CDC de Atlanta, el primer centro de investigación en salud pública del país. Hace algunos meses anunció que quería suprimir casi toda la investigación sobre enfermedades infecciosas e inmunológicas.

En efecto, es un ataque sistemático contra las ciencias (tanto sociales como naturales) más orientadas de hecho a ayudar y a proteger a la población de Estados Unidos o de otros lugares.

El ámbito científico es internacional y colaborativo: todas y todos dependemos, para nuestros cuidados y tratamientos, de avances elaborados en Estados Unidos en materia de salud, al igual que dependemos de sus centros meteorológicos para nuestras previsiones. Esta destrucción nos pone en peligro ante enfermedades que serían evitables.

¿Cómo analizas la política de Trump contra la investigación? J.D. Vance declaró en 2021 que «las universidades son el enemigo». ¿Pero contra quién se dirige: la Ciencia como tal, algunos ámbitos en particular, las universidades como focos de resistencia? La climatóloga Valérie Masson-Delmotte ha hablado de un «oscurantismo tecnófilo» para expresar el rechazo de la ciencia, salvo cuando es remuneradora o permite adquirir poder.

Las libertades de investigación y de expresión ya están limitadas desde hace tiempo por la importancia que ocupan los fondos privados en la investigación, y los ataques contra las universidades no son una novedad. Pero, para mí, el proyecto de Trump, Vance y Musk es fácil de comprender: quieren destruir la capacidad democrática (ya antes tan débil) de toma de decisión y de acción, con el fin de acumular el poder y de aprovecharse de la corrupción de las instituciones.

Las universidades son un obstáculo para este proyecto, porque los investigadores ponen al día la realidad, y permiten que la población comprenda lo que está pasando. Si la población estadounidense sufre tempestades, canículas e inundaciones causadas por el recalentamiento climático sin que ningún científico pueda explicarle la causa, estará en peores condiciones todavía para pararlo.

De manera general, el saber crítico producido en la universidad ha constitudo siempre una amenaza para el totalitarismo, el fascismo y el autoritarismo. Vance tiene razón: las universidades y los investigadores son el enemigo del proyecto Trump, porque este proyecto es fundamentalmente antidemocrático.

Para Musk, hay un aspecto suplementario: el anzuelo de la ganancia. Pretende destruir las agencias de investigación o de regulación nacional, como la NASA o la FAA (que se ocupa del control aéreo), para acaparar los fondos de la tesorería estadounidense y redirigirlos hacia su propia compañía SpaceX.  Quiere ocupar el espacio aéreo estadounidense sin la restricción de la seguridad pública. También hay un chantaje con el armamento, ya que SpaceX tiene contratos militares.

Hay estudiantes expulsados por haber participado en movilizaciones por el boicot académico, o investigadores expulsados a sus países por sus posiciones políticas. Paralelamente a los ataques contra la investigación, observamos también graves ataques contra las libertades fundamentales. ¿Cómo se relacionan estos dos niveles?

En efecto, el ataque contra las libertades fundamentales de expresión política y los ataques contra los investigadores están relacionados. Se quiera o no, la realidad expuesta por la investigación, ya sea climática o social, económica o sanitaria, expone también las fechorías del poder.

Desde el punto de vista de la «junta» de Trump, los estudiantes que exigen justicia y derechos humanos para los palestinos no son tan diferentes de los científicos que demuestran la urgencia de la acción climática. Los dos grupos exigen una acción relacionada con principios de bien comín, ya sean los derechos humanos o un planeta habitable.

¿Qué formas de resistencia y movilizaciones podemos ver hoy día?

En Estados Unidos, por el momento, desgraciadamente, demasiado pocas. Las décadas de neoliberalismo desenfrenado dan sus frutos: los estadounidenses se sienten aislados individualmente, los sindicatos han perdido su fuerza, el partido demócrata está dividido y debilitado.

Hay que reaprender toda la capacidad y los saberes de la organización por abajo y de la acción colectiva. Los movimientos estudiantiles y los activistas están mucho mejor organizados que los científicos e investigadores. Pese a todo, los científicos estadounidenses organizaron el pasado 7 de marzo Stand Up For Science, con acontecimientos en todo el país. Se suceden las manifestaciones, incluso algunos políticos prominentes, como Chuck Schumer, comienzan a criticar abiertamente los ataques de Trump.

Pero ya es tarde. El proyecto de Trump y su estratega Steve Bannon es aceleracionista: ir muy rápido y por medio de grandes impulsos para descolocar a las instituciones y los modos de regulación tradicionales. Al no estar éstos últimos a la altura: será necesario que la resistencia al proyecto Trump pase por otro sitio y que sea mucho más rápida y fuerte que hoy.

¿Y cuáles son los límites de estas movilizaciones? Parece que los científicos han comenzado a movilizarse, pero no se ven grandes manifestaciones, ni un gran apoyo en la población.

En efecto, y el papel de los medios de comunicación es importante para crear las condiciones de este abandono de los científicos por parte de la población. Cuando se constata que los multimillonarios propietarios de Los Angeles Times y del Washington Post imponen su línea editorial alineada con las políticas de Trump, está claro que la población estadounidense ya no puede contar con los medios de comunicación como institución independiente, que permitiría informarle sobre el proyecto Trump. La comunicación tendrá que hacerse de otra manera.

¿Qué observas al llegar a Suiza y cómo ves la situación? ¿Quién está aquí a la ofensiva contra las universidades y a través de qué batallas?

Quedé verdaderamente impactada a mi llegada a Suiza en 2021 al observar hasta qué punto las personas políticas se permiten atacar a las universidades y a los universitarios. Es un contexto muy inquietante.

El saber y la investigación universitaria deberían estar al abrigo de los ataques partidarios, pero en cambio los políticos en Suiza se ofuscan en cuanto los investigadores expresan su posición.

En particular, la extrema derecha querría una universidad silenciosa, neutra, difuminada, que nunca tome parte en el debate público. De hecho, no estamos tan lejos de Trump como nos figuramos, sobre todo cuando nuestro presidente de la Confederación aprueba elementos del discurso de Vance.

Parece que ha habido un recrudecimiento de los ataques contra las universidades después de las movilizaciones por el boicot académica del pasado mayo. ¿Cómo ves la situación?

Según pienso, hacemos frente a un backlash, una contra-ofensiva que quiere enterrar las movilizaciones que  molestan, el saber que incomoda al poder. Hoy día está todo en juego: la democracia real, los valores fundamentales de los derechos humanos, las exigencias de justicia social.

El frágil equilibrio ya no se sostiene: las movilizaciones estudiantiles molestan porque exponen la complicidad de las instituciones universitarias y de los dirigentes políticos con las violaciones masivas de los derechos humanos.

Las investigaciones climáticas y ecológicas molestan, porque exponen la incompatibilidad entre la supervivencia de la humanidad y las actividades de los gigantes de nuestra economía, ya sean UBS, Glencore o incluso la Banque Nationale Suisse. Estos conflictos son muy reales, e incluso existenciales.

El caso de Joseph Daher parece paradigmático: es un despido político con otro nombre. Ha sido señalado porque es árabe, tiene un puesto precario y ha sido atacado e incluso difamado en la prensa.

Exactamente. El profesor Joseph Daher es el chivo expiatorio, la presa fácil: precario, de origen sirio, abiertamente político, apoya a los estudiantes. El hecho de que sea mundialmente reconocido por sus conocimientos, que una de sus dos tesis doctorales se haya realizado en la universidad de Lausanne, que enseñe desde hace una década siendo estimado por sus colegas y apreciado por sus alumnos, todo eso no ha bastado para protegerle una vez calumniado en la prensa.

La universidad debería haberlo apoyado y exigido correcciones y derecho de réplica, y en lugar de ello lo ha sacrificado. Es un signo claro de que todos estamos en peligro. La movilización por Joseph Daher nos afecta a todos.

Texto original: Solidarités

Traducción: viento sur

Fuente: https://vientosur.info/el-saber-es-la-ignorancia-la-ciencia-en-peligro/

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El drama en uno de los ríos más grandes de Sudamérica: «Hasta hace 20 años pertenecía a la gente, hoy a los negocios»

Por: Jorgelina Hiba

El Paraná atraviesa Brasil, Paraguay y Argentina, pero la voracidad de la ganadería, las centrales hidroeléctricas y la sobrepesca han roto un valioso ecosistema con consecuencias impredecibles.

Desde hace 45 años, Julián Aguilar “el negro” practica el arte de la pesca en las aguas marrones y sedimentosas del río Paraná, un gigante fluvial que cruza media América del Sur creando vida y belleza a su paso. “Tenemos el mismo color, el río y yo”, dice, y se ríe con un gesto casi imperceptible de diversión y emoción. Erguido sobre la proa de su embarcación, muestra dos redes, una recién tejida por él mismo, flamante, y otra que recogió cerca del canal principal y que quedó abandonada por algún compañero que nunca volvió a buscarla.

Julián Aguilar, pescador en el río Paraná desde hace 45 años. Celina Mutti / Ballena Blanca

Julián conoce muy bien el pulso del Paraná. Nació en Las Cuevas, un pueblo muy pequeño de la provincia argentina de Entre Ríos en 1960, cuando la naturaleza era otra y el río se movía, todavía libre y salvaje, a lo largo de sus casi 5.000 kilómetros de longitud, desde su nacimiento en Brasil hasta la desembocadura en el estuario del Plata. Al poco tiempo se afincó con su familia en la zona norte de Rosario, ciudad ubicada en el corazón geográfico de la región agrícola más próspera de Argentina. Allí, los pastizales pampeanos se encuentran con el humedal de las islas del Paraná en lo que se denomina el delta medio, un conglomerado infinito de tierra y agua donde dominan los verdes y los marrones. Un territorio anfibio, ambiguo y dinámico donde los pulsos de crecientes y bajantes del Paraná –es el octavo río más largo del mundo y el segundo de América, después del Amazonas– redibujan de manera constante sus costas, lagunas, madrejones y barrancas.

“En mi familia estar cerca del río era el lugar natural para ganarse la vida, y para el juego también”. Su primer trabajo, de muy joven, fue pescar, una actividad que comenzó a hacer con siete u ocho años durante los fines de semana. Cuando tenía nueve años su papá, “un hombre de la isla”, se compró una canoa: “Cuando yo empecé a trabajar con él salía surubí, dorado, boga, sábalo, todas piezas de tamaño extragrande, lo que hoy sería una sorpresa. Sacábamos sábalos de entre ocho y diez kilos y surubíes de 50. Solo se pescaba el pescado de temporada y algunos todavía salían a trabajar a vela; tener motor era una rareza, un lujo casi”. Era muy duro ser pescador hace 50 años, dice Julián. Había que remar, la ropa se mojaba y el frío y el calor se sentían con intensidad. “Era un trabajo muy físico, muy cansado”.

Pero hay otro río, también, al que la crisis ecológica generada por el ser humano afecta en su esencia y comportamiento, llenando de incertidumbre y variabilidad lo que hasta hace poco se llamaba normalidad o certeza científica. Un río más transitado, intervenido y contaminado que dejó de ser libre para convertirse en un curso multifragmentado. “Hasta hace 20 o 25 años el río pertenecía a la gente del río, pero hoy pertenece a los negocios”, explica el pescador desde la certeza que le da haber sido testigo directo, durante medio siglo, de las transformaciones del gran río de aguas marrones.

Un gigante sudamericano

El Paraná nace de la confluencia de los ríos Paranaiba y Grande en el sur de Brasil, atraviesa media Sudamérica y llega a trasladar hasta 15.000 metros cúbicos de agua por segundo. Está considerado, por su extensión, el tamaño de su cuenca y su caudal, el segundo en importancia de Sudamérica y uno de los más importantes del mundo.

El río Paraná, el segundo río más importante de Sudamérica, seco. Celina Mutti / Ballena Blanca

A la altura de la localidad de Diamante –en la provincia de Entre Ríos– y hacia el sur comienza el delta, la última porción del sistema de humedales fluviales Paraná-Paraguay, que se extiende a lo largo de 300 kilómetros y cubre 2,3 millones de hectáreas. Estos humedales son una fuente enorme de servicios ecosistémicos que mejoran la calidad de vida de todos los habitantes del sistema y que incluyen la amortiguación de las inundaciones y sequías, la depuración del agua, el control de la erosión y la protección costera, la provisión de gran cantidad de recursos, la regulación del clima y la provisión de sitios de refugio, alimentación y reproducción para diversas especies de la fauna silvestre.

En los últimos años ha tomado mayor importancia otra función clave de estos ecosistemas: su papel como aliados contra el cambio climático, pues mejoran la resiliencia de las comunidades frente a sus impactos, son barreras naturales contra las inundaciones y sequías y funcionan, además, como los sumideros de carbono más eficaces del planeta. A pesar de todo esto, se trata de un ecosistema muy amenazado por la acción humana y se estima que el 85% de los humedales que existían hace tres siglos ha sido destruido o transformado drásticamente.

Fragmentar el río

Los ecosistemas de agua dulce son la parte de la biosfera más amenazada de la Tierra: se estima que hasta el 83% de las poblaciones de especies de agua dulce está disminuyendo. Además, apenas el 37% de los ríos con más de 1.000 kilómetros conserva su cauce libre a lo largo de toda su extensión, y solo el 23% fluye de forma ininterrumpida hacia los océanos. Quedan cada vez menos ríos libres en el mundo y el Paraná ya no es uno de ellos. El “pariente del mar”, como describe con precisión y belleza su nombre la lengua guaraní, atraviesa una profunda transformación por los usos humanos de sus aguas y de sus tierras y en las últimas décadas se ha convertido en un curso multifragmentado por efecto de la pesca industrial, el dragado de su cauce para la navegación, la transformación de sus islas para ganadería y agricultura y la construcción de infraestructura como carreteras, puentes y represas como la de Yacyretá, enorme central hidroeléctrica ubicada en el límite entre Argentina y Paraguay.

El Paraná es el canal natural de salida de los granos y cereales que se producen en el centro y norte de la Argentina, así como en Paraguay, Bolivia e incluso zonas del sur de Brasil. El corredor Paraguay-Paraná, también conocido como Hidrovía –el nombre que tomó la empresa privada de capitales europeos que tuvo desde los años 90 la concesión del dragado y balizamiento del tramo navegable– tiene 3.442 kilómetros de extensión desde Puerto Cáceres (Brasil) hasta el río de la Plata, donde termina su recorrido.

El Gran Rosario aloja uno de los polos portuarios graneleros más grandes del mundo, con unas tres decenas de grandes puertos de las mayores multinacionales del rubro, que van desde la china Cofco hasta Cargill, Dreyfus y Bunge. Desde esos puertos sale el 80% de las exportaciones agropecuarias argentinas, según la Bolsa de Comercio de Rosario. La construcción de los puertos, en el último tramo del siglo pasado, vino acompañada de profundas transformaciones territoriales en la tierra y en el agua, con impactos socioambientales que no han sido demasiado debatidos.

El delta del Paraná durante la bajante histórica de la que ya no se ha recuperado. Celina Mutti / Ballena Blanca

Cuando el río se incendia

El Paraná del siglo XXI es un nuevo río que se enfrenta a amenazas que tensionan al máximo las formas de habitar ese territorio. Desde la observación que hace todos los días de su vida, a Julián Aguilar le sobran argumentos para decir lo que dice: el río ha cambiado mucho. Un ejemplo es el puente Rosario-Victoria, una enorme obra de 60 kilómetros de largo que cortó las islas en dos y facilitó el acceso a un territorio antes exclusivamente insular. “El puente y la ruta provocaron un desastre ecológico en el humedal, donde se instalaron cebaderos y se construyeron terraplenes para el ganado. Cambió la escala, es todo industrial. Antes solo se sacaba de la isla lo que se comía. Ahora es para el negocio de unos pocos”.

El negocio de la soja ha llenado de vacas este humedal. “La expansión de la soja y más agricultura reconfiguraron la ganadería en todo el país, con un desplazamiento de las fronteras agropecuarias. El stock ganadero fue desplazado desde la región pampeana hacia zonas marginales de menor aptitud agrícola”, dice un informe del Taller Ecologista, que agrega que una de esas zonas fueron las islas del delta. Con la ganadería a gran escala llegó también el fuego. Según los datos que analizó el museo de Ciencias Naturales Antonio Scasso de la ciudad de San Nicolás, entre 2020 y 2023 se detectaron 82.000 focos de calor en el delta, con una superficie promedio para cada uno de esos focos de 14 hectáreas. En poco más de tres años se incendiaron un total de 1,2 millones de hectáreas, la mitad de ese territorio, que cubre 2,3 millones de hectáreas.

Las voces del territorio

Así lo cuenta Luisa Balbi, que tiene cinco hijos, va a cumplir 60 años y hace 35 que vive en las islas, frente a la ciudad santafesina de Villa Constitución “trabajando siempre, siempre”. Se ocupa de varias colmenas y otros animales de granja como cerdos, vacas, gallinas y ovejas. Es de familia de pescadores, pero dice que ya no es como antes y que ahora cuesta sacar buenos pescados porque “hay mucha depredación”. “Nadie respeta nada y se sacan animales cada vez más chicos. Pero la culpa no es del pescador, que necesita trabajar, sino de los que compran, de los de arriba, a esos no los controla nunca nadie”.

“Cuando era chica vivíamos de la pesca. Salían más especies que ahora y eran más grandes, ahora son todos chiquitos”, recuerda, para agregar que en los años que lleva en la zona nunca vio una bajante tan larga, ni incendios tan peligrosos como los de los últimos años. Las llamas consumieron todo: el suelo, la vegetación y a los propios animales. “No había más campo, nada, se quemó todo, hasta las nutrias y los pájaros. He visto a los carpinchos (capibaras) tirarse al agua de la desesperación”.

Los incendios en el delta escalaron a una nueva dimensión a partir de mediados de 2019, cuando la cuenca del Paraná entró en una bajante de sus aguas que duró hasta finales de 2023, la más prolongada jamás registrada, según el Instituto Nacional del Agua (INA). Durante la pandemia y en un escenario de aceleración de la crisis ecológica, el río entró en una “nueva normalidad” donde ya nada parece ser lo que era.

Un nuevo clima

El sudeste de Sudamérica es una región cada vez más vulnerable a eventos climáticos e hidrológicos extremos. Si bien los estudios de atribución demoran años, existen escenarios futuros probables en términos climáticos e hidrológicos para la cuenca del río Plata que indican que la región va hacia un clima más cálido con un incremento de la temperatura y de las precipitaciones, más que nada en los tramos alto y medio del río. Y aunque en términos de caudal medio para los próximos 30 años en el Paraná no aparece una variación significativa, esta proyección cambia cuando lo que se evalúa no es el caudal medio, sino los mínimos y los máximos.

Así razona Juan Borus, ingeniero hidráulico que desde hace 40 años se dedica a la hidrología y trabaja en el Instituto Nacional del Agua (INA). Desde su observación y estudio diario, Borus es un testigo privilegiado de la evolución ecosistémica del Paraná. “Por varias razones, hoy tenemos otro río que hace 40 años. Somos mucho más Paraná-dependientes que antes, sea para navegación, turismo, pesca, generación de energía o toma de agua”. Borus destaca un elemento central: los muy profundos y en muchos casos irreversibles cambios en el uso del suelo que rediseñaron la geografía de vastas zonas del sur brasileño, el este de Paraguay y el norte argentino, bajo la presión imparable de la expansión de la frontera agropecuaria: “En la zona de la alta cuenca no debe quedar ni el 1% del pastizal original”, dice, para explicar que esto se traduce luego en cambios de todo el equilibrio del sistema.

“Nosotros pagamos las cuentas del desarrollo de otros”, razona el orgulloso pescador Aguilar de la orilla brava del Paraná que quiere reivindicar su oficio: el más antiguo de la región, uno de los más antiguos de la humanidad. “El río es mi vida, es más que mi trabajo, es una parte muy importante de mí. Yo de joven pescaba todo el día y volvía a la tarde a mi casa y me cruzaba a la costa y me ponía a mirar el río de nuevo detenidamente, con tranquilidad. Si hasta mi piel es marrón. Tenemos el mismo color, el Paraná y yo”.

 Fuente: https://www.eldiario.es/ballenablanca/biodiversidad/drama-rios-grandes-sudamerica-20-anos-pertenecia-gente-hoy-negocios_1_12192587.html

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Los sindicatos de Educación anunciarán nuevas movilizaciones ante la falta de avances en la negociación

El conflicto laboral en el seno de la educación pública vasca no-universitaria no tiene visos de solución, según se desprende de la convocatoria de prensa realizada por la intersindical para este jueves. Los sindicatos Steilas, LAB, ELA y CC.OO.anunciarán nuevas movilizaciones ante la falta de avances en la negociación que tienen abierta con el Departamento de Educación del Gobierno Vasco.

En declaraciones a Euskadi Irratia, la representante de Steilas, Haizea Arbide, ha admitido que «no se descartan más huelgas».

Cuestionada por este anuncio en la rueda de prensa posterior al consejo de gobierno, la portavoz del Gobierno Vasco, María Ubarretxena, ha subrayado que el Departamento de Educación mantiene «su voluntad negociadora» y ha recordado que ya logró pactos con otros colectivos educativos. «El Departamento también quiere un acuerdo con los docentes, y en ello está trabajando», ha explicado. Según Ubarretxena, el Gobierno Vasco desea lograr un acuerdo «lo antes posible».

Las centrales sindicales y el Departamento se reunieron por última vez el pasado viernes. Tras un encuentro de una hora, Steilas, LAB, ELA y CC.OO. tacharon de «escenificación» la reunión y añadieron o que, pese a «las pequeñas medidas» presentadas, no se habló de un «acuerdo en su totalidad».

La consejera de Educación, Begoña Pedrosa, se mostró más optimista, y destacó que la negociación iba «por buen camino». Según concretó, se trasladó a los sindicatos un calendario de reuniones, cuya primera cita sería mañana, miércoles. No obstante, las centrales urgieron a la Consejería «agilizar» los plazos con el objetivo de llegar a un acuerdo antes de las vacaciones de Semana Santa.

https://www.eitb.eus/es/noticias/economia/detalle/9949515/los-sindicatos-de-educacion-anunciaran-nuevas-movilizaciones-ante-falta-de-avances-en-negociacion/

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La educación antirracista no es opcional, es imprescindible

La urgencia y el racismo: una lucha desigual

Muchos jóvenes migrantes tienen necesidades inmediatas: regularizar su situación, encontrar trabajo, evitar quedarse en la calle, entre otras. En este contexto de urgencia, el racismo podría quedar en un segundo plano. Para evitarlo, debemos preguntarnos: ¿Estamos contribuyendo a reducir las desigualdades y a crear una sociedad intercultural? ¿Trabajamos desde una perspectiva realmente antirracista? ¿Proporcionamos herramientas para entender y afrontar estas situaciones?

El papel de la educación: herramientas para actuar y transformar

Crear espacios seguros y acogedores es esencial, pero no suficiente. La educación también debe dotar de recursos prácticos para entender y combatir el racismo. En el contexto actual, en el que los discursos de odio contra personas migrantes y racializadas han aumentado de manera alarmante, no basta con decir “esto no debería pasar”. Hay que establecer mecanismos concretos para detectar actitudes, creencias y estereotipos (conscientes e inconscientes) y transformarlos.

Antes que nada, es necesario que como educadoras nos cuestionemos nuestras propias intervenciones y el racismo interiorizado para, por un lado, no normalizar situaciones discriminatorias y, por otro, poder enseñar cómo responder, cómo defender derechos y cómo gestionar emocionalmente estas situaciones. En un momento en que las personas migrantes y racializadas son presentadas como una amenaza en un 26% de los discursos de odio (OBERAXE, 2024), nuestro papel es clave para desmontar estas narrativas y ofrecer estrategias para enfrentarlas.

Cuestionarnos a nosotras mismas y debatir sobre las herramientas que tenemos para identificar y abordar los comentarios o comportamientos racistas, incluso si son sutiles o aparentemente inocentes, resulta fundamental. Ante la normalización del racismo y su creciente presencia, la educación debe proporcionar no solo conciencia, sino también herramientas efectivas para intervenir, transformar nuestra mirada y actuar ante estas situaciones.

Preguntas para cuestionarnos las actitudes racistas como educadoras

En la práctica educativa es esencial encontrar maneras de poder cuestionarnos las intervenciones desde un punto de vista intercultural, así como establecer espacios de reflexión y retroalimentación para transformar y combatir los discursos de odio. Algunas de las preguntas que podemos hacernos son:

  • ¿Tengo una mirada antirracista transversal en todas las intervenciones que realizo?
  • ¿Hago un uso cuidadoso y antirracista del lenguaje?
  • ¿Tengo algún prejuicio, creencia o estereotipo interiorizado hacia los colectivos con los que trabajo?
  • ¿Tengo herramientas para intervenir cuando detecto actitudes o comportamientos racistas en compañeros y compañeras de trabajo?
  • ¿Las herramientas que utilizo son efectivas y contribuyen a reducir el racismo y a una transformación real?
  • ¿Cómo reacciono ante comentarios o actitudes racistas dentro del aula?
  • ¿El alumnado se siente en un espacio libre de discriminación?
  • ¿Estoy creando un espacio seguro para que el alumnado pueda hablar sobre sus experiencias de discriminación?
  • ¿Soy capaz de aceptar críticas y estoy abierta a escuchar las opiniones del alumnado y de otras personas del equipo?
  • ¿Asumo responsabilidad si se me señala una actitud racista?
  • ¿Cambio mis intervenciones y actitudes cuando detecto que pueden ser perjudiciales para algún colectivo minoritario?
  • ¿La dinámica y la distribución de los espacios permiten la creación de vínculos interculturales?
  • ¿Se da visibilidad e importancia a todas las culturas y orígenes presentes en el grupo?
  • ¿Me he aproximado e informado lo suficiente sobre todas las culturas y orígenes presentes en el grupo?
  • ¿Los contenidos con los que trabajo tienen una perspectiva intercultural?

Estrategias para combatir el racismo en el aula

  • Conversaciones guiadas: No esperar a que el tema surja a raíz de un caso concreto, sino generar espacios donde puedan compartir experiencias y estrategias de resistencia, así como trabajar la asunción de responsabilidad y la gestión de este tipo de situaciones.
  • Aprender desde la experiencia: Hablar de racismo no desde una perspectiva teórica, sino desde situaciones reales vividas. Hablar de cómo actuar ante la discriminación en el transporte público, el trabajo o el alquiler de una vivienda, por ejemplo.
  • Referentes cercanos: Presentar personas racializadas en diferentes ámbitos profesionales para visibilizar diferentes caminos posibles, así como dar a conocer y acercarnos a colectivos e iniciativas comunitarias transformadoras.
  • Educación emocional: Generar espacios de gestión emocional y cuidado ante la violencia racista. Informar que como comunidad tenemos parte de responsabilidad y enseñar, también, que no siempre es necesario enfrentarse directamente, que cuidarse también es resistir.

Una educación que se prepare para la realidad

La comunidad educativa no puede eliminar el racismo estructural, pero sí es un agente clave de cambio. Es necesario comprometerse a combatirlo desde las aulas: generar espacios libres de racismo y transmitir esta importancia a las personas que acompañamos, preparándolas para detectarlo, afrontarlo y combatirlo. El objetivo no es cargarles con una lucha más, sino dotarles de herramientas para que no se sientan solas ante esta realidad. Conectar educación y antirracismo no es un lujo, es nuestra responsabilidad.

La educación antirracista no es opcional, es imprescindible

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Protocolos para la atención de la violencia sexual en Instituciones de Educación Superior

CLACSO y la Coalición por la Libertad Académica en las Américas (CLAA) invitan el miércoles 9 de abril al lanzamiento de la “Guía para la elaboración de Protocolos para la prevención, atención, investigación y sanción de la violencia sexual, basada en género y discriminación al interior de las Instituciones de Educación Superior”.

Presentación: Mónica Godoy Ferro, autora y maestra en estudios de género

Comentarios:

Karina Batthyány, Directora Ejecutiva del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)
Gabriela Bonilla, Directora Regional de la Internacional de la Educación para América Latina (IEAL)
Amanda Mendonça, Profesora de la Universidade do Estado do Rio de Janeiro (UERJ)
Elizabeth Hutchison, Profesora The University of New Mexico

Coordinación: Camilla Croso, Directora Ejecutiva de la Coalición por la Libertad Académica en las Américas (CLAA)

A partir de las 11:00 hora de Brasil, Uruguay y Argentina (UTC-3)


Inscripción al seminario web

https://www.clacso.org/protocolos-para-la-atencion-de-la-violencia-sexual-en-instituciones-de-educacion-superior/

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Entre el «fracaso» y la «derrota»: El saldo de la «máxima presión» de Trump en Venezuela

Entre el «fracaso» y la «derrota»: El saldo de la «máxima presión» de Trump en Venezuela

Según el exdirector senior del Consejo de Seguridad Nacional, Juan González, las medidas coercitivas impuestas por Washington solo lograron que el Gobierno del presidente Nicolás Maduro se consolidara.

La política de «máxima presión» —inaugurada por el presidente estadounidense Donald Trump en su primer gobierno y con aparente continuidad en su segundo mandato— fue derrotada por su par venezolano, Nicolás Maduro, según un exalto funcionario de Joe Biden.

El exdirector senior del Consejo de Seguridad Nacional (NSC, por sus siglas en inglés) de EE.UU., Juan González, afirmó en una entrevista para Guacamaya que, cuando el demócrata llegó a la Casa Blanca encontró que la administración de Maduro estaba «más consolidada», puesto que «se había adaptado a las sanciones» impuestas por Trump para generar un cambio político, «en un entorno diplomático regional donde el liderazgo estadounidense estaba profundamente debilitado».

«La idea de que la presión por sí sola obligará a Maduro a dejar el poder ya fue puesta a prueba y fracasó», aseguró.

En el punto de vista de González, la estrategia de Washington contra Caracas no era coherente porque «la política hacia Venezuela estaba siendo dictada por la dinámica política del sur de Florida, no por un plan serio para restaurar la democracia».

Los resultados mínimos de la «máxima presión»

El exalto funcionario consideró que la campaña de «‘máxima presión’ no produjo resultados» y aseveró que luego «del pico de impacto de las sanciones en 2019», el Gobierno de Maduro «se adaptó rápidamente».

Según lo que sostuvo, «buques iraníes sancionados transportaban petróleo venezolano, lo transbordaban en Malasia y finalmente lo vendían a China con un descuento de 40 dólares por barril en comparación con el crudo Brent».

Ese «fracaso» de las sanciones, según la explicación de González, se debe a que las medidas de ese tipo tienen «rendimientos decrecientes«: cuanto más se aplican, más difícil es encontrar nuevos objetivos y hay «crecientes dificultades para identificar medidas que realmente tuvieran impacto».

 

«Cualquier experto en sanciones le dirá: las sanciones rara vez derrocan regímenes, pero pueden influir en su comportamiento. La administración Trump apostó todo a un colapso del régimen, sin acompañarlo de ningún esfuerzo diplomático o de mediación. Ese enfoque fracasó de forma estrepitosa», aseguró.

Las licencias petroleras

Sobre la licencia que otorgó Biden a la petrolera estadounidense Chevron para reanudar la producción de crudo, González consideró que fue una «decisión estratégica» para «canalizar la producción».

Según aseveró, este acuerdo entre los dos gobiernos «no fue encubierto» y tuvo como finalidad «incentivar una mayor actividad económica legal dentro de Venezuela, sin dejar de mantener la presión por una reforma democrática».

Para el exdirector senior del NSC, el «único ganador claro» ha sido China. En tanto, González refirió que la «presión sobre Maduro debilita la capacidad de negociación de EE.UU.».

El vacío tras las sanciones

«Las sanciones sin una estrategia diplomática no generan negociación: generan un vacío. Y ese vacío ya lo están llenando otros actores con intereses muy distintos».

Por otro lado, González admite que la aplicaciones de medidas coercitivas en 2019 «contribuyó a acelerar la migración«. Paradójicamente, Trump en su segundo mandato, ha culpado a Biden de haber incentivado el «desastre migratorio» y ha puesto en marcha una dura política de deportación masiva, que pasa por encarcelamiento, sin el debido proceso, de venezolanos en El Salvador.

«Para ser claros: las sanciones pueden ser una herramienta útil, pero no son una estrategia en sí mismas. No derriban regímenes por su cuenta. El enfoque de la administración Trump parecía asumir que un sufrimiento humanitario creciente llevaría a la población a derrocar al Gobierno. Pero eso no fue lo que pasó: la gente simplemente se fue», manifestó González.

Asimismo, cree que este tipo de medidas de presión «erosionan» la influencia de EE.UU. en el hemisferio y «abren más espacio para que China, Rusia e Irán profundicen su presencia estratégica en Venezuela y más allá».

Fuente de la Información: https://actualidad.rt.com/actualidad/545582-fracaso-derrota-m%C3%A1xima-presi%C3%B3n-trump-venezuela

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Argentina: Desarrollo profesional frente a nuevas metodologías y tecnologías

Desarrollo profesional frente a nuevas metodologías y tecnologías

La formación docente continua ya no es una opción, sino una necesidad urgente

La transformación de los entornos de aprendizaje y la diversidad de estudiantes en el aula imponen nuevos desafíos a los y las docentes argentinos. ¿Cómo mantenerse actualizado? ¿Cómo integrar las nuevas metodologías sin perder la esencia pedagógica? ¿Qué rol juega la tecnología en este proceso?

Aprender para enseñar mejor

La Formación Docente Continua se presenta hoy como la clave del desarrollo profesional. Lejos de ser un simple curso obligatorio, se trata de un proceso reflexivo, constante y colaborativo que permite a los educadores repensar sus prácticas, incorporar enfoques innovadores y responder a las demandas de un sistema educativo en permanente cambio.

«La docencia del siglo XXI requiere una actitud de apertura y aprendizaje permanente», sostiene Mariana Costas, especialista en desarrollo curricular y asesora pedagógica en la provincia de Buenos Aires. «No se trata solo de saber usar una herramienta digital, sino de comprender cómo esa herramienta potencia la enseñanza y favorece el aprendizaje significativo.»

Nuevas metodologías: del aula tradicional a la experiencia activa

En las últimas décadas, las metodologías activas como el aprendizaje basado en proyectos (ABP), la clase invertida (flipped classroom), o el design thinking han comenzado a ganar terreno en las escuelas argentinas. Estas propuestas no solo promueven una participación más activa de los estudiantes, sino que también interpelan al rol docente, que pasa de ser transmisor a facilitador del conocimiento.

Implementar estas metodologías requiere tiempo, formación específica y espacios de intercambio entre colegas. Algunas jurisdicciones han comenzado a ofrecer trayectos de actualización con fuerte anclaje en la práctica. Sin embargo, aún persiste una brecha importante entre los discursos y las condiciones reales de trabajo.

Tecnología: aliada o desafío

El avance tecnológico, potenciado por la pandemia, dejó al descubierto tanto las posibilidades como las desigualdades. Plataformas educativas, inteligencia artificial, recursos multimedia y entornos virtuales de aprendizaje llegaron para quedarse. Pero su incorporación efectiva en el aula depende en gran medida de la capacitación docente.

Según el informe 2024 del Observatorio de Educación de la OEI, más del 60% de los docentes argentinos considera que necesita más formación para integrar las TIC de forma pedagógica. «No basta con saber usar una app: hay que pensar cómo esa tecnología mejora el proceso de enseñanza-aprendizaje», comenta Diego Martínez, director de una escuela secundaria en Córdoba. «Y para eso necesitamos tiempo institucional, acceso a recursos y acompañamiento.»

El rol del Estado y las políticas públicas

La Ley de Educación Nacional (N.º 26.206) establece el derecho de los docentes a la formación continua, gratuita y en ejercicio. Sin embargo, muchas veces este derecho se ve limitado por la sobrecarga laboral, la falta de propuestas contextualizadas o la escasa articulación entre niveles y modalidades.

En los últimos años, programas como “Nuestra Escuela” y diversas iniciativas provinciales han buscado fortalecer la capacitación permanente. Aun así, los desafíos siguen siendo múltiples: desde garantizar la equidad territorial hasta fomentar la innovación sin descuidar los saberes pedagógicos tradicionales.

Mirar hacia adelante

Formarse de manera continua no implica solo “actualizarse”, sino también construir identidad profesional, reflexionar sobre la práctica y renovar el compromiso con la enseñanza. En un escenario educativo cada vez más complejo, los docentes necesitan no solo recursos, sino también reconocimiento, tiempo y espacios reales de desarrollo.

La formación docente continua no es un gasto: es una inversión estratégica. Es apostar por una educación de calidad, inclusiva, crítica y transformadora. Porque detrás de cada buena escuela, hay siempre un equipo docente en constante aprendizaje.

Fuente de la Información: https://aptus.com.ar/desarrollo-profesional-frente-a-nuevas-metodologias-y-tecnologias/

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