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Trump exige 1.000 millones de dólares a Harvard mientras el enfrentamiento se intensifica

El arrebato de Trump parece dejar a ambas partes firmemente atrincheradas en un conflicto que Trump había dicho anteriormente que estaba llegando a su fin.

El presidente Donald Trump está exigiendo un pago de 1.000 millones de dólares a la Universidad de Harvard para poner fin a su prolongado enfrentamiento con esa institución académica, duplicando la cantidad que había solicitado anteriormente mientras las partes parecen estar alejándose de un acuerdo.

El presidente elevó el monto en un mensaje en las redes sociales el lunes por la noche, diciendo que Harvard ha estado “comportándose muy mal”. Afirmó que la universidad debe pagar al gobierno directamente como parte de cualquier acuerdo, algo a lo que Harvard se ha opuesto, y que su administración no quiere “nada más que ver” con esa casa de estudios en el futuro.

Los comentarios de Trump en Truth Social fueron en respuesta a un informe del New York Times según el cual el mandatario retiró su demanda de un pago financiero. Trump negó que estuviera retrocediendo

Los funcionarios de Harvard no han comentado al respecto.

El arrebato de Trump parece dejar a ambas partes firmemente atrincheradas en un conflicto que Trump había dicho anteriormente que estaba llegando a su fin.

En junio pasado, Trump declaró que un acuerdo estaba a solo días de concretarse y que Harvard había actuado “muy apropiadamente” durante las negociaciones. Más tarde dijo que se estaba finalizando un acuerdo que requeriría que Harvard destinara 500 millones de dólares a la creación de una “serie de escuelas de oficios” en lugar de un pago al gobierno.

Ese acuerdo parece haberse desmoronado por completo. En su publicación en redes sociales, Trump declaró que la propuesta de la escuela de oficios había sido rechazada porque era “complicada” y “totalmente inadecuada”.

Harvard ha sido durante mucho tiempo el principal objetivo de Trump en su campaña para obligar a las universidades a obedecer sus órdenes. El gobierno le ha quitado a Harvard miles de millones de dólares en fondos de investigación e intentaron bloquear su inscripción de estudiantes extranjeros después de que el campus rechazara una serie de demandas del gobierno el pasado abril.

La Casa Blanca sostiene que está castigando a Harvard por tolerar el sesgo antijudío en el campus.

En un par de demandas, Harvard denunció que está siendo penalizada injustamente por negarse a adoptar las opiniones de la administración. Un juez federal coincidió con eso en diciembre, revirtiendo los recortes de fondos y calificando el argumento del antisemitismo como una “cortina de humo”.

La última escalada de Trump se produce mientras otros intentos suyos de controlar la educación superior están tambaleándose.

El otoño pasado, la Casa Blanca invitó a nueve universidades a unirse a un “pacto” que ofrecía prioridad de financiamiento a cambio de adoptar la agenda de Trump. Ninguna de las escuelas aceptó. En enero, la administración abandonó su defensa de un documento del Departamento de Educación que amenazaba con recortar el financiamiento de las escuelas por políticas de diversidad, equidad e inclusión.

Cuando asumió el cargo para su segundo mandato, Trump prometió arremeter contra las universidades de élite que, según él, habían sido invadidas por el pensamiento liberal y el sesgo antijudío. Sus funcionarios han congelado enormes sumas de fondos de investigación, de los cuales las universidades han llegado a depender para la investigación científica y médica.

Varias universidades han llegado a acuerdos con la Casa Blanca para restaurar el financiamiento. Algunos acuerdos han incluido pagos directos al gobierno, incluyendo 200 millones de dólares de la Universidad de Columbia. La Universidad de Brown acordó pagar 50 millones de dólares a grupos de desarrollo de la fuerza laboral estatal.

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La cobertura educativa de The Associated Press recibe el apoyo de varias fundaciones privadas. La AP es la única responsable del contenido. Encuentra los estándares de la AP para trabajar con organizaciones filantrópicas, una lista de las fundaciones y las áreas de cobertura que financian en AP.org.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2026-02-03/trump-exige-1-000-millones-de-dolares-harvard-mientras-el-enfrentamiento-se-intensifica

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Entrevista: La lucha de la comunidad educativa, es la misma de todos los servicios públicos.

“La lucha de la comunidad educativa, es la misma de todos los servicios públicos: nos tenemos que coordinar al grito de ‘Presupuestos militares, para escuelas y hospitales’”

Verónica Landa, docente de secundaria de Ciencias Sociales en un instituto de Badalona, militante de la CRT y de Pan y Rosas. Nos habla de cómo se está preparando la jornada de huelga de la comunidad educativa de Catalunya, los debates que se desarrollan sobre las reivindicaciones, el papel de los sindicatos y la coordinación de las luchas con otros sectores del servicios públicos también en lucha.

El ciclo de huelgas que empieza el 11 de febrero pone sobre la mesa la crisis de la educación pública. ¿Por qué habéis ampliado vuestras reivindicaciones, más allá del incremento salarial?

El trasfondo de la convocatoria es que aunque la Ley de Educación exige destinar un 6% del PIB en educación no se llega al 3%. Todo esto comporta problemas graves de un sistema educativo en crisis en Catalunya y todo el Estado.

Como docentes, cuando salimos a luchar y explicamos los motivos, nos vemos obligadas a romper los prejuicios que se promueven, sobre todo desde los medios de comunicación, como por ejemplo que nuestros sueldos son demasiado altos. Lo que no se dice es que durante años hemos perdido entre un 20% y un 25% de poder adquisitivo, con recortes y presupuestos esqueléticos. Además, en los centros públicos el Personal de Atención Educativa (PAE) apenas llegan al salario mínimo. O todo el personal externalizado y que sufre el convenio del lleure como las monitoras de comedor o las vetlladores, como fue mi caso hace años, que también se han añadido a la huelga y que al ser personal externalizado cobran sueldos de miseria. Por lo tanto, la subida del salario es una de las reivindicaciones de la huelga que atraviesa todos los sectores de educación.

Ahora bien, desde el curso pasado, un sector de docentes planteó luchar por esta reivindicación salarial únicamente. Por el contrario, en varias plataformas y espacios de organización de la comunidad educativa, se debatió sobre la necesidad de luchar por otras reivindicaciones también por qué, aunque nos suban los salarios, los graves problemas que atraviesa la educación pública continuarán si no se cambian las condiciones laborales de precariedad y la carencia de recursos.

Creo que si solo luchamos por la subida de salarios y no luchamos por el incremento de recursos por la pública, dejamos de lado a sectores como el PAE o los sectores externalizados de la educación. Además, la subida salarial no soluciona unos problemas insostenibles de la educación como son las ratios o la carencia de infraestructuras.

No podemos caer en una lucha para mejorar condiciones solo de un sector específico de la educación y tenemos que plantear medidas y reivindicaciones que den solución a los problemas estructurales que afectan a toda la comunidad educativa.

Por lo tanto, ¿cuáles son vuestras reivindicaciones, además de la subida de los salarios?

Tenemos un número de alumnos en cada clase que, con suerte, va de los 25 a los 30. Estas son las ratios. Continúan siendo excesivas, desde infantil hasta bachillerato. Además, según datos del mismo Departament, un 34% del alumnado presenta necesidades específicas de apoyo educativo sin que se hayan previsto las medidas y apoyos para garantizar una atención de calidad. Es imposible atender a todo el alumnado y hacerlo con calidad cuando tienes clases de 30 o 35 alumnos. Por eso una reivindicación clave de la huelga, sobre todo para centros como el mío, es la bajada de ratios.

Ligado a esto, pedimos más recursos y el aumento estructural de plantillas de equipos de apoyo especializado, tanto psicosociales, como psicopedagógicos y también sanitarios. Es decir, que aumente el personal educativo necesario para atender todas las necesidades que el alumnado se encuentra a lo largo de su educación. Que estas plantillas sean además estables, porque hay mucha rotación e inestabilidad laboral que hace que las compañeras que son interinas no sepan donde trabajarán -o si trabajarán- el curso siguiente. Además, que los servicios de las auxiliares de educación especial (las vetlladores) dejen de estar externalizados y pasen a formar parte directamente del Departament d’Educació porque bajo empresas privadas se precarizan sus condiciones de trabajo y hacen un trabajo clave para poder atender los alumnos con necesidades educativas. Otra cosa que ha afectado mucho, por ejemplo en mi centro, ha sido el recorte de integradores y educadores sociales. Mi centro vio como de repente perdía un integrador social sin ningún tipo de explicación; estas figuras educativas también son claves en centros y barrios con tantos problemas sociales. Hablar de inclusión sin reducir ratios ni reforzar equipos es un ejercicio de cinismo institucional. También hay que invertir en infraestructuras, todavía muy precarias como el mantenimiento de las instalaciones y edificios, cocinas o la climatización de los centros.

Y por otro lado, luchamos por menos burocracia. A pesar de que dicen que trabajamos poco o que tenemos muchos días de fiesta, tenemos una sobrecarga laboral insostenible: hacemos de media 8 horas semanales extra de manera gratuita; somos el colectivo de trabajadores que más horas extra sin remunerar hace al año. El Departament nos carga cada vez más con más funciones administrativas, cargos que comportan trabajo pero no sueldo, elaboración de informes, etc.

Cuál es la respuesta del Departament d’Educació y de las instituciones?

El Departament nos da la espalda y no muestra mucha voluntad de solucionar nada, como no lo ha hecho nunca. Si se ha conseguido algo en la educación ha sido gracias a la lucha y la coordinación del personal educativo. Las políticas para educación del PSC de Salvador Illa y Esther Niubó no se alejan mucho de las aplicadas por Esquerra Republicana con el ex conseller Cambray o los gobiernos de Junts y los convergentes. Con décadas de recortes, de carencia de inversión, de incrementos de presupuestos y de financiar la escuela concertada, la crisis de educación se ha profundizado.

Y a la vez siempre nos culpan de todos los problemas en educación: si los resultados de las pruebas PISA son malos, es culpa nuestra porque no estamos suficientemente capacitadas y no damos clases bastante innovadoras. Si el alumnado no logra un buen nivel de catalán, es culpa nuestra y nos quieren obligar a sacarnos el C2, pero a la vez los recursos de aula de acogida para los alumnos que acaban de llegar a Catalunya dan risa. Nos han llevado a un punto en el cual no podemos más, por eso vamos a la huelga e iremos hasta el final.

Y además, los presupuestos dedicados a la educación son todavía bastante bajos, ¿no?

Exacto, los presupuestos en la educación son esqueléticos. Tal como señalan los sindicatos convocantes de la huelga, el Departament justifica su propuesta económica en el acondicionamiento establecido desde el Departament d’Economía que determina, vista la situación presupuestaria actual y el tope de endeudamiento de la Administración pública, que el incremento presupuestario para Educació no puede superar el 1% del actual. Esto sitúa una inversión total de 50 millones de euros para hacer frente a las demandas prioritarias de la comunidad educativa: aumento salarial de todo el personal docente; incremento de plantillas para bajar ratios y mejorar la atención educativa. Una compañera lo describió como los juegos del hambre: quieren que nos peleemos por las migajas de este presupuesto.

Con esta propuesta, del todo inadmisible, es evidente que el Departament no puede hacer frente a ninguna de las demandas de la comunidad educativa. Mientras tanto el gobierno central sube los presupuestos militares ante la carrera armamentística de los gobiernos imperialistas del mundo. PSOE y Sumar, han comprometido más de 60.000 millones de euros en gasto militar para cumplir con la agenda de la OTAN.

Por eso, nuestra lucha por el incremento de los presupuestos de los servicios públicos, tendría que implicar una lucha política contra estos gobiernos. ¿Cómo puede ser que se aumente el presupuesto en gasto militar por la “defensa de Europa” mientras los servicios públicos nos estamos ahogando y no podemos más? Solo tenemos que mirar como está el personal sanitario, la situación de los maquinistas, la educación, los servicios sociales. Es hora de volver a gritar eso de “presupuestos militares por escuelas y hospitales”.

Por eso, me ha sorprendido muy negativamente el acuerdo que acaban de firmar todos los sindicatos docentes de Aragón con el PSOE. Un compromiso de campaña electoral, es decir de estos que no se cumplen nunca, con el partido de la guerra y la carrera militarista, y el mismo partido que aquí en Catalunya -o en el mismo Aragón hasta 2023- es el resposnable del estado de la educación pública. Todo después de una huelga histórica de 3 días. Este no puede ser el camino, necesitamos construir un movimiento que parta de una idea elemental, la total independencia de los partidos que gobiernan por los de siempre y que son parte, aunque lo hagan con discursos “progresistas”, de una escalada que promete destruïr los servicios públicos y los derechos sociales y democráticos, en favor de la preparación de nuevas guerras.

El ciclo de huelgas está convocado por todos los sindicatos educativos. ¿Cómo se ha llegado a esta unidad sindical y con qué debates sobre el rol de los sindicatos?

Cuando empezamos a organizarnos, un amplio sector, sobre todo de docentes, plantearon organizarse sin los sindicatos. De hecho, a pesar de que los sindicatos educativos están convocando el ciclo de huelgas de manera unitaria, todavía hay debates en algunas asambleas sobre la participación o no de los sindicatos. Por un lado, es totalmente comprensible este malestar, sobre todo respecto a las direcciones de los sindicatos más burocráticos como CCOO y UGT que hicieron negociaciones vergonzosas a nuestra espalda con el Departament, que a escala estatal no convocan huelgas generales desde el año 2012 y que pactaron con los gobiernos reformas laborales o de pensiones que empobrecieron al conjunto de la clase trabajadora.

Ahora bien, como docente militante, de la izquierda revolucionaria, y afiliada a la CGT, creo que también hay fuerzas políticas de derechas -incluso de extrema derecha- que se aprovechan de este descontento para promover una perspectiva antisindical, directamente de liquidar los sindicatos como herramienta de lucha. Esta ha sido históricamente una posición de la derecha para echar a las organizaciones obreras. Por el contrario, yo creo que los sindicatos, como conquista democrática desde hace décadas son una herramienta importante de la clase trabajadora que tenemos que recuperar -los grandes sindicatos- de manos de quienes no quiere que se llenen de trabajadores y trabajadoras y que los utilizan con el fin contrario al que tendrían que servir.

Al mismo tiempo tenemos que fortalecer los sindicatos combativos y convertirlos en herramientas que potencien la autoorganización y el control democrático, desde abajo, de nuestras luchas y reivindicaciones. Por eso tenemos que ser críticos también, por ejemplo, con el apoyo de CGT y STEA al acuerdo con el PSOE en Aragón, que apunta en un sentido totalmente contrario a esto.

Hace falta una transformación profunda del modelo sindical, contra la burocratización de los grandes sindicatos que actúan como línea directa de los partidos políticos de los gobiernos. Y a veces, existe la presión en el corporativismo y el abandono de los sectores más precarios de la educación en prácticamente todos los sindicatos y esto también lo tenemos que combatir porque cuando más divididos estemos, más fuerza perdemos.

La actual unidad sindical con los sindicatos alternativos y de izquierda es un paso adelante contra la fragmentación sindical. Pero solo la organización democrática desde abajo puede impedir cualquier maniobra burocrática que vaya en contra de nuestros intereses como comunidad educativa. Hay que estar organizados en asambleas de centro, en asambleas unitarias de zonas, y donde todo el mundo pueda decidir, debatir y votar las decisiones. Solo así podemos controlar el rumbo de nuestra lucha.

¿Cómo os estáis organizando en los centros educativos?

Pues estamos haciendo asambleas de trabajadores y trabajadoras de centro, participando a las asambleas unitarias de nuestra zona para poder coordinarnos con otros centros. Estamos haciendo difusión en el barrio sobre los motivos de la huelga, y por eso, hemos tenido en cuenta que estamos en un lugar donde muchas familias son migrantes y no hablan ni catalán ni castellano y para llegar a ellas y que vean que también son parte de esta lucha hemos hecho carteles explicando la huelga traducidos a sus idiomas. Además, estamos intentando implicar organizaciones del barrio para tejer alianzas entre estas y la comunidad educativa.

Se acerca un mes de febrero con muchas huelgas en el sector público como maquinistas, sector social, ayuntamientos, sanidad: ¿pensáis que es posible coordinarse?

Está claro que es posible. Incluso, en muchas asambleas o espacios de debate se está planteando como una idea de sentido común. Es inexplicable porque los sindicatos convocantes de las huelgas de maquinistas o de médicos, no proponen coordinarse con la huelga educativa.

Coordinar las luchas, las huelgas y los procesos de movilizaciones es una necesidad y daría mucha más fuerza en la lucha por la defensa de los servicios públicos. Para empezar, hacia el 11 de febrero los sindicatos podrían convocar asambleas para debatir como coordinar la huelga educativa con la huelga de maquinistas, con acciones conjuntas para garantizar una huelga eficaz en toda Catalunya, con cortes de carreteras y calles principales, por ejemplo. Imagináis el impacto de toda Catalunya bloqueada por estas acciones conjuntas!

Todo esto marcaría el camino a seguir para coordinar un plan de lucha conjunto hacia una huelga general de todos los servicios públicos, organizada democráticamente en asambleas.

De hecho, los sindicatos y colectivos de estudiantes hacen un llamamiento a la huelga el 11 de febrero, ¿como piensas que os deberíais de coordinar?

Exacto, hacia el 11 de febrero el Sindicato de Estudiantes convoca huelga estudiantil y otras agrupaciones juveniles, como Contracorrent se han sumado también. La participación de los estudiantes es clave, aunque hay profesoras que plantean que no hace falta. Pero la realidad es que son los jóvenes, los mismos estudiantes, los primeros afectados por la crisis de la educación pública. Además, es gracioso porque el Departament en su currículum educativo plantea que se tiene que educar y formar al alumnado en un pensamiento crítico. ¿Qué hay más educativo que transmitir la defensa de los servicios públicos? Educar también en los valores de la solidaridad con el profesorado que sufre la precariedad laboral, lo cual afecta a la educación de calidad.

Los ataques en la educación pública son un ataque contra los hijos e hijas de la clase trabajadora para conseguir una mano de obra subordinada a la voluntad de las empresas, preparándola y disciplinándola para ser carne de cañón en las nuevas guerras. La educación no puede ser una educación para situaciones de crisis y para que las nuevas generaciones estén preparadas por un mundo convulso como este. La educación nos tiene que permitir pensar y plantear otra sociedad y por eso, que el movimiento estudiantil sea partícipe y organice la huelga, es un paso importante.

En síntesis, creo que la lucha por unos servicios 100% públicos, de calidad y al servicio de la clase trabajadora solo es posible con la unidad y coordinación de todos los sectores públicos, junto a otros sectores organizados como los de la lucha de la vivienda y de la juventud.

EsquerraDiari.cat

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Malasia presentó un plan de desarrollo de la educación a 10 años con énfasis en la igualdad de oportunidades

El Gobierno de Malasia presentó el Plan Nacional de Desarrollo de la Educación para los años 2026–2035. Su objetivo principal es hacer que el sistema educativo sea más inclusivo y acorde con los requisitos modernos. Así lo informa Bernama, socio de TV BRICS.

En la base del plan se encuentra el principio de “no dejar a nadie sin atención”. Para ello, se amplía el acceso a la educación superior gratuita y a las becas, y los estudiantes con discapacidades podrán estudiar gratuitamente en universidades, politécnicos y colegios.

En las escuelas comenzará una reforma a gran escala. En cada distrito aparecerán escuelas que servirán de ejemplo para mejorar la calidad de la gestión y la enseñanza. Se hará obligatorio el estudio del idioma malasio y de la historia según un programa único para todos los tipos de escuelas. La evaluación de los conocimientos de los alumnos será más integral y dejará de depender únicamente de los exámenes. El nuevo sistema se implementará de forma gradual a partir de 2026.

Asimismo, se prevé ampliar la educación técnica y profesional, introduciendo sus elementos ya en la escuela primaria. Para la formación de los cuadros del futuro, en las universidades públicas en 2026 se añadirán 3.000 plazas para los mejores estudiantes que hayan cursado estudios preuniversitarios en los ámbitos del derecho, la economía, la inteligencia artificial y la ciencia de datos.

A los padres se les ofrecerán más opciones: a partir de 2027 podrán, de forma voluntaria, enviar a sus hijos al primer grado a los seis años. Para la modernización de la infraestructura para los docentes se destinarán 100 millones de ringgit (unos 25,3 millones de dólares).

Se señala que el plan está diseñado para 10 años y tiene como objetivo llevar a cabo reformas profundas. La educación se considera la base del desarrollo del capital humano, la movilidad social y la unidad nacional.

Autor: teleSUR – TV BRICS

Fuente: TV BRICS

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Brasil. MST celebra 42 años de resistencia, producción y educación en el campo brasileño.

Beatriz Dragué Ramos y Leonardo Fernandes /Brasil de Fato / Resumen Latinoamericano.

Foto: Día 1 del Encuentro Nacional del MST, en 2025.Crédito: Filipe Augusto Peres

El movimiento celebra la historia de la lucha por la tierra dentro de un modelo de desarrollo sostenible que une la agroecología y la justicia.

Este jueves (21), el  Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST ) cumple 42 años. Considerado una de las mayores fuerzas populares de Brasil, el movimiento fue fundado oficialmente en 1984, enfocado en organizar a los trabajadores rurales y luchar por el acceso adecuado a la tierra, además de producir alimentos libres de venenos y construir un proyecto popular y sustentable  .

Para los activistas Vânia Ferreira y Pablo Neri, el movimiento y su legado son esenciales para construir una visión comprometida con la dignidad humana.

“El MST me inculcó esta visión del mundo a través de intercambios, experiencias compartidas, convivencia y encuentros. El MST es mi mayor educador, mi mayor maestro, mi mayor escuela”, afirma Ferreira, líder nacional histórico del MST en Maranhão y, este año, precandidato a la Asamblea Legislativa del estado.

Pablo Neri, quien también se postulará a diputado estatal por Pará en 2026, enfatiza que el activismo no es un evento aislado, sino una postura permanente ante la existencia. Según él, en estos 42 años, la organización ha invitado a la sociedad a adoptar valores coherentes.

Debemos reafirmar que la lucha no es un asunto aislado, sino una postura ante la vida. El movimiento llama a la sociedad a adoptar una postura coherente y comprometida con los valores que nos llevarán a una vida mejor y a un estado de dignidad humana. El movimiento nos llama a luchar por la vida que queremos», dijo Neri.

Historia del movimiento

El MST surgió al final de la dictadura militar en Brasil, fundado oficialmente en el primer Encuentro Nacional en Cascavel (PR), del cual surgieron tres objetivos principales: luchar por la tierra, por la reforma agraria y por el cambio social en el país. Hoy, el movimiento cuenta con 450.000 familias asentadas y otras 65.000 en campamentos repartidos en 24 estados.

La estrategia de ocupación de tierras improductivas como principal forma de presión política ha sido adoptada desde el inicio del movimiento campesino, buscando hacer efectiva la función social de la tierra estipulada en la Constitución.

A lo largo de su carrera, enfrentó y sigue enfrentándose a una fuerte represión estatal y a conflictos violentos en el campo, incluyendo masacres como la de Eldorado do Carajás (1996) , que asesinó a 21 campesinos y se convirtió en un símbolo mundial de la lucha agraria.

Congreso del MST en la década de 1980. Créditos: MST

Para el movimiento, la lucha por la tierra también es tecnológica y ambiental. A diferencia de la agroindustria convencional, que depende de pesticidas y semillas transgénicas, el modelo que defiende el movimiento de los sin tierra se apoya en la agroecología, la recuperación del suelo y el desarrollo de maquinaria adecuada para la agricultura campesina, combatiendo la lógica de las grandes empresas tecnológicas que intentan controlar los datos de la naturaleza.

Un ejemplo práctico de esta filosofía es la producción de arroz orgánico en la región metropolitana de Porto Alegre. Con más de mil familias involucradas, el MST se ha convertido en el mayor productor de este grano libre de pesticidas en toda Latinoamérica.

Además, casi dos mil asociaciones y cientos de cooperativas y agroindustrias permiten al MST sostener cadenas de producción a gran escala de leche, frijoles, café, frutas y verduras. Según el MST, existen 185 cooperativas, 120 agroindustrias, 1900 asociaciones, 400.000 familias asentadas y 70.000 familias que viven en campamentos.

El movimiento también demuestra que su organización va mucho más allá de la conquista de tierras. Una de sus áreas de acción paralelas es la ambiental, con el objetivo de plantar 100 millones de árboles, habiendo alcanzado ya los 25 millones en los últimos años.

En 2020, el MST lanzó el plan “Plantar árboles, producir alimentos saludables”, con el objetivo de plantar 100 millones de árboles hasta 2030.
En 2020, el MST lanzó el plan «Planta árboles, produce alimentos saludables», con el objetivo de plantar 100 millones de árboles para 2030. | Crédito: Wellington Lenon

En el ámbito educativo y cultural, los resultados son igualmente positivos. El MST ha construido dos mil escuelas públicas que atienden a unas 200.000 personas y ya ha alfabetizado a más de 100.000 brasileños.

A través de su Colectivo Cultural, el movimiento promueve festivales que atraen a cientos de miles de visitantes, utilizando el arte para desafiar los valores del agronegocio y difundir la educación y la cooperación.

Durante la crisis sanitaria del COVID-19, esta red solidaria fue crucial, donando nueve mil toneladas de alimentos y millones de comidas a familias en situación de vulnerabilidad urbana.

En los asentamientos y campamentos, las familias se organizan en grupos que discuten las necesidades de cada zona.

En estos centros se elige a los coordinadores del asentamiento o campamento. La misma estructura se repite a nivel regional, estatal y nacional. Un aspecto importante es que los órganos de decisión están orientados a garantizar la participación de las mujeres, siempre con dos coordinadores, un hombre y una mujer. En las asambleas de campamentos y asentamientos, todos tienen derecho a voto: adultos, jóvenes, hombres y mujeres, explica el sitio web del movimiento.

Las comunidades constituidas por el movimiento también promueven una reconfiguración social del espacio geográfico donde se ubican, integrándose a las dinámicas locales a través de la implementación de Escuelas Rurales y el fortalecimiento de saberes populares centrados en la salud.

Editado por: Nathallia Fonseca

Brasil. MST celebra 42 años de resistencia, producción y educación en el campo brasileño.

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La pantalla como frontera de la violencia: Una lectura urgente de «Háblame de TIC”(Libro-PDF)

Luz Palomino/CII-OVE

En la cartografía de la educación contemporánea, la tecnología ha dejado de ser una simple herramienta para convertirse en el territorio mismo donde habitan nuestros estudiantes. El séptimo volumen de la colección Háblame de TIC, coordinado por Jeysira Jaqueline Dorantes Carrión, se erige como una brújula necesaria —y perturbadora— para comprender las nuevas dinámicas de agresión que definen el ecosistema escolar digital: el cyberbullying y la violencia tecnológica.

Más allá del «clic»: La sistematización del acoso

A diferencia de otros textos que abordan la tecnología desde un optimismo pedagógico ingenuo, la obra de Dorantes Carrión y sus colaboradores aterriza en la cruda realidad de las instituciones educativas. El libro no se limita a definir conceptos; disecciona cómo la asimetría de poder, el anonimato y la viralidad han transformado el acoso escolar en una entidad ubicua que no termina cuando suena el timbre de la escuela.

Desde una mirada crítica, el volumen nos obliga a cuestionar la responsabilidad institucional. ¿Estamos las escuelas preparadas para mediar en conflictos que ocurren en servidores privados y redes sociales? La obra sugiere que la brecha no es solo generacional, sino conceptual: mientras los docentes seguimos viendo la tecnología como un «recurso», los jóvenes la viven como una extensión de su propia identidad.

Violencia tecnológica: Un enfoque multidimensional

El texto acierta al no reducir la problemática únicamente al insulto digital. Explora diversas manifestaciones de violencia:

  • La exclusión digital: El vacío social como forma de castigo.

  • La violencia de género digital: Cómo las estructuras patriarcales se replican y potencian en la red.

  • El impacto socioemocional: La erosión de la autoestima en un entorno donde la imagen es la moneda de cambio.

Para el docente latinoamericano, este volumen es una llamada de atención sobre la alfabetización ética. No basta con enseñar a usar un procesador de textos o una plataforma de gestión; es imperativo educar en la «ciudadanía digital», un concepto que en el libro se perfila como la única vacuna contra la deshumanización mediada por pantallas.

Reflexión para el aula: Del control a la mediación

La lectura académica de esta obra nos permite concluir que el castigo punitivo (prohibir el celular, suspender al alumno) es insuficiente ante la complejidad del fenómeno. Dorantes Carrión propone, implícitamente, una pedagogía del cuidado. El cyberbullying no se combate con mejores algoritmos, sino con una comunidad educativa que sea capaz de reconstruir el tejido social roto por la mediación tecnológica.

Descárgalo aquí: El-cyberbullying-y-otros-tipos-de-violencia-tecnológica-en-la-educación-1

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Alcira Ramírez: La educación sigue siendo esperanza en Venezuela

Por: Josimar Ampies

En el marco del Día Mundial de la Educación, que se conmemoró el pasado 24 de enero, la doctora Alcira Ramírez, educadora e investigadora, dijo a Radio Fe y Alegría Noticiasque la vigencia del hecho educativo es la herramienta principal para que el país salga adelante.

A pesar de las tensiones estructurales que lo acechan, según ella, el recurso educativo sigue siendo una oportunidad en medio de un mundo complejo, entendiendo que todavía la educación es esperanza para Venezuela y el mundo.

Ramírez mencionó que a casi seis años del inicio de la pandemia de Covid-19, sus secuelas aún persisten en el sistema y advirtió que el rezago educativo es un fenómeno global, pero que en Venezuela se profundiza debido a crisis preexistentes.

“La recuperación del rezago puede durar entre dos y tres años. Las generaciones que vivieron la paralización de clases tendrán consecuencias marcadas en su vida. En Venezuela, esto se suma a problemas de infraestructura y condiciones docentes que ya arrastrábamos”, explicó la investigadora.

Educación técnica

Ramírez señaló que en el mercado laboral actual está más valorado las capacitaciones cortas y la educación técnica que los títulos universitarios tradicionales. Sin embargo, aclaró que la educación no debe verse solo como una fábrica de empleados para el sector empresarial.

“Ser competente no significa solo estar preparado para una empresa. Significa ser capaz de asumir roles sociales, ser voluntario, trabajar en una ONG o en la familia. Es hacerse competente para la vida”, enfatizó, rescatando el concepto de “saber ser” que promueve el modelo de educación popular.

Para la doctora Ramírez, el docente es el pilar que sostiene la esperanza, pero hoy enfrenta una realidad: una mística inquebrantable frente a una precarización extrema.

Retos del docente

Asimismo, destacó que los retos de la formación docente actual incluyen el cierre de la brecha digital, destacando que no basta con tener equipos, sino que se requiere acompañamiento humano.

También está el enfoque en habilidades blandas, que pueden lograrse fomentando el pensamiento crítico, la resolución de conflictos y la creatividad.

Y, por último, mencionó la atención a la diversidad, formar maestros capaces de atender realidades como la migración y las discapacidades en el aula de clase.

Finalmente, la investigadora recordó que la escuela no es una isla.

Un llamado urgente

Ramírez hizo un llamado urgente al Estado venezolano para atender la infraestructura (con un 70% en condiciones precarias) y haciendo énfasis en la precarización de los salarios, de la incluso social y de la falta de matrícula que también tiene que ver con la falta de valorización del docente.

“En el imaginario, el docente es quien prepara el futuro, pero en la práctica es poco valorado. No podemos hablar de educación si no hablamos de los problemas sociales que la impactan. El Estado debe facilitar la labor docente y entender el contexto de supervivencia de las familias”, concluyó.

Alcira Ramírez: La educación sigue siendo esperanza en Venezuela

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Estados Unidos. Sindicatos convocan a huelga en Minnesota contra las políticas racistas de Trump

La izquierda debe luchar por construir un movimiento nacional contra ICE y el imperialismo, y exigir que los sindicatos de todo el país se movilicen en solidaridad con la huelga convocada este viernes 23 en Minnesota, expandiendo esta acción a todas las ciudades de Estados Unidos. Más que nunca, necesitamos unidad de acción e independencia política de los partidos capitalistas para luchar contra Trump ahora.

 

 

La Izquierda Diario

Internacional

Estados Unidos. Sindicatos convocan a huelga en Minnesota contra las políticas racistas de Trump

La izquierda debe luchar por construir un movimiento nacional contra ICE y el imperialismo, y exigir que los sindicatos de todo el país se movilicen en solidaridad con la huelga convocada este viernes 23 en Minnesota, expandiendo esta acción a todas las ciudades de Estados Unidos. Más que nunca, necesitamos unidad de acción e independencia política de los partidos capitalistas para luchar contra Trump ahora.

 

Ximena Goldman

 

Lunes 19 de enero | Edición del día

 

 

Compartimos para interés de nuestras lectoras y lectores la publicación de Ximena Goldman de Left Voice de Estados Unidos quienes forman parte de la Red Internacional La Izquierda Diario.

 

Los últimos meses de 2025 fueron complicados para Donald Trump. Él y su gabinete han sorteado mal las turbulentas aguas del escándalo de Epstein; la coalición de Trump sufrió importantes fracturas internas, como la deserción pública de Marjorie Taylor Greene; la economía estaba (y sigue estando) en mal estado, especialmente para la clase trabajadora, cuyos salarios no suben al mismo ritmo que los precios; y los demócratas han ido ganando terreno electoral, mientras la popularidad del presidente decae.

 

Sin embargo, en la era Trump, la debilidad del presidente no le ha impedido actuar al margen del equilibrio de fuerzas. A principios de enero, el ejército estadounidense bombardeó Venezuela y secuestró al presidente Nicolás Maduro y a Celia Flores, como primer acto de la llamada «Doctrina Donroe» de Trump. Las primeras manifestaciones contra esta injerencia imperialista en Latinoamérica ya se habían convocado en todo Estados Unidos cuando un agente del ICE disparó y mató a la observadora legal Renee Good en Minneapolis.

 

La invasión a Venezuela y el asesinato de Good marcan un punto de inflexión, tanto para la administración como para la resistencia contra el autoritarismo de Trump.

 

Caminos de Resistencia

El 10 y 11 de enero, después de cuatro días de furia en los que las masas de Minneapolis acosaron a ICE día y noche en una constante y masiva movilización ciudadana tras el asesinato de Good, cerca de mil manifestaciones tuvieron lugar en todo el país en ciudades y pueblos como Los Ángeles, Seattle, Detroit, Lansing, Chicago, Houston, Austin, Washington DC, Portland, Pensilvania y la ciudad de Nueva York.

 

En todas ellas, con distintos grados de énfasis, se expresó una rotunda indignación contra la brutal invasión desatada en las ciudades santuario por parte del ICE y agentes federales, junto con una enérgica denuncia de la intervención imperialista en Venezuela y Latinoamérica. «¡Fuera las manos de Venezuela! ¡Fuera las manos de Latinoamérica! ¡No a la guerra por el petróleo! ¡Fuera EE. UU. de Latinoamérica! ¡Fuera el ICE de nuestras ciudades!», fueron las consignas que se repitieron en las protestas convocadas por la coalición No Kings, junto con otras organizaciones, sindicatos y la izquierda en todo el país.

 

La unidad de estas dos luchas —contra el ICE y el imperialismo— no debe subestimarse. Las vastas clases medias y los trabajadores de las grandes ciudades santuario desarrollaron un profundo rechazo a la brutalidad policial como resultado del movimiento Black Lives Matter; han mostrado una enorme solidaridad con los inmigrantes frente a los ataques de Trump. Pero lo novedoso en los últimos días es un creciente pero generalizado rechazo a la intervención imperialista que va más allá de sectores de la izquierda y ONG específicas. Representa un avance respecto a la ruptura con el consenso sionista entre la base social tradicional del Partido Demócrata, catalizada por el movimiento contra el genocidio en Palestina. Se ha observado una conexión espontánea entre la violencia militar contra los países oprimidos y la violencia militar interna. Según las encuestas, el 57 % de los estadounidenses se opone a que Estados Unidos «gobierne» Venezuela y la mayoría se opone a la intervención militar en Venezuela y Groenlandia.

 

Trump, con su estrategia de «paz mediante la fuerza» tanto dentro como fuera de Estados Unidos, muestra abiertamente la conexión entre la agresión imperialista y la represión interna. En sus declaraciones tras el ataque a Venezuela, elogió al ejército y a las fuerzas federales por sus esfuerzos en el secuestro de Maduro, así como en ciudades estadounidenses como Chicago, Los Ángeles y Washington D. C. Ambos esfuerzos, según el presidente, tienen como objetivo proteger los «intereses estadounidenses» y son la forma concreta de su doctrina de «Estados Unidos Primero».

 

Aunque las cifras de las protestas del fin de semana pasado no alcanzaron los siete millones de personas que se movilizaron en las marchas de No Kings el 18 de octubre de 2025, decenas de miles de personas salieron a las calles en todo el país. La resistencia contra el autoritarismo en Estados Unidos está adoptando formas complejas y diversas. Crece desde abajo y es orgánica en las comunidades de las ciudades que han enfrentado la invasión federal de sus calles, desde Los Ángeles hasta Minneapolis, basándose en experiencias previas de lucha de clases y enfrentamientos con el estado. No sorprende que Minneapolis se haya convertido rápidamente en el centro de la resistencia al ICE, dado que anteriormente fue la chispa que encendió el fuego de BLM en 2020. Por lo tanto, presenta dificultades particulares para el gobierno local del Partido Demócrata reprimir la organización de base contra las operaciones de inmigración simplemente por la fuerza.

 

Desde febrero, y ahora ante la redoblada ofensiva antiinmigrante del ICE, sectores populares han participado en diferentes niveles de lucha, utilizando métodos que van desde la desobediencia civil hasta la autodefensa radical, incluyendo impedir que el ICE secuestre a trabajadores y familias, y organizar patrullas ciudadanas para monitorear al ICE y advertir a las familias de su presencia. Miles de personas en todo el país participan en capacitaciones donde voluntarios aprenden a responder a las redadas del ICE, como en la ciudad de Nueva York, donde cientos de personas han asistido a seminarios «¡Manos Fuera!» para organizarse y proteger a sus vecinos. Tras el asesinato de Renee Good, cientos de personas se reunieron en Detroit para celebrar una asamblea masiva y discutir los próximos pasos. Detroit Will Breathe y otras organizaciones locales impulsaron una lucha para unir las luchas contra los ataques xenófobos de Trump contra la inmigración y la agresión imperialista en el extranjero.

 

De especial importancia es el papel que han desempeñado los trabajadores en la lucha contra la ofensiva de Trump y las formas de represión cada vez más brutales y generalizadas empleadas por el ICE, con el pleno apoyo de la administración. En Los Ángeles, los sindicatos se movilizaron el año pasado para detener las redadas del ICE. Maestros de todo el país se están organizando en sus escuelas para proteger a sus estudiantes; como ejemplo temprano, los trabajadores de la educación y sus familias en Chicago se organizaron para acompañar a los estudiantes a la escuela y de regreso. El sindicato de maestros votó a favor de formar un «equipo santuario» en cada escuela para defender a los estudiantes inmigrantes y sus familias.

 

Sin embargo, la intervención del movimiento obrero ha sido tímida. Varios sindicatos han emitido comunicados contra las operaciones de ICE en sus ciudades y en todo el país; algunos incluso han denunciado el ataque de Trump a Venezuela y el secuestro de Maduro. Pero estas declaraciones deben transformarse en acciones, uniendo fuerzas con los millones de trabajadores que han tomado medidas en las últimas semanas. Las movilizaciones y la desobediencia civil son sumamente importantes, pero no pueden derrotar en última instancia los ataques imperialistas contra Latinoamérica ni la militarización de nuestras ciudades. Por sí solas, no pueden poner fin al terror de ICE en nuestras comunidades ni impedir que asesine y hiera gravemente a inmigrantes, activistas, vecinos y a cualquiera que proteste contra su brutalidad.

 

Hasta ahora, el movimiento de trabajadores no ha actuado para nacionalizar la lucha con el poder de fuego de la clase trabajadora; sin embargo, Minneapolis está una vez más yendo contra la corriente con un llamado a los sindicatos y movimientos sociales para participar en una huelga el 23 de enero para exigir justicia para Renee Good y el ICE fuera de nuestras ciudades.

 

Los sindicatos han comenzado a responder a la convocatoria, ante la presión de las bases. Entre los sindicatos que respaldaron la acción del 23 de enero se encuentran: el Sindicato de Empleados de Servicios Local 26, el Sindicato UNITE HERE Local 17, el Sindicato de Trabajadores de las Comunicaciones Local 7250, la Federación de Educadores de St. Paul Local 28, la Federación de Educadores de Minneapolis (AFT Local 59), la Alianza Internacional de Empleados de Escenarios Teatrales Local 13, el Sindicato de Graduados, el Sindicato Unido de Electricistas Local 1105 de la Universidad de Minnesota, el Sindicato de Transporte (ATU) Local 1005, el Comité de Pasantes y Residentes (SEIU) y la Federación Regional del Trabajo de Minneapolis (AFL-CIO).

 

Este llamado ya ha provocado una respuesta significativa en otras ciudades, como Nueva York, donde se encuentran los sindicatos locales de UFT, PSC-CUNY y UAW que están planeando acciones de solidaridad el viernes, junto con estudiantes de secundaria que también planean marchar.

 

Para que nuestras luchas crezcan y se unan, este llamado debe incluir una firme oposición a la intervención estadounidense en Venezuela y exigir la salida del imperialismo estadounidense de Latinoamérica. Además, basándose en las acciones que ya se están planificando en ciudades de todo el país, el llamado a paralizar el trabajo, las escuelas y las actividades escolares debe ser retomado por el movimiento obrero nacional.

 

Estamos bajo ataque: no podemos esperar al Congreso ni a los tribunales

Los principales medios de comunicación reflejan el sentir de millones de personas horrorizadas por la naturaleza extraordinaria, casi «paramilitar», de las operaciones del ICE, que han recibido la aprobación del poder ejecutivo. Está asumiendo el papel de una fuerza policial con poderes especiales para arrestar, golpear y torturar a inmigrantes, activistas de derechos humanos o vecinos solidarios —llamados «radicales» y «terroristas domésticos»— que se oponen a ellos. Tras el asesinato de Good, la represión del ICE se ha intensificado, especialmente en Minneapolis.

 

Con plena inmunidad, los agentes arrestan a personas para encerrarlas en centros de detención donde la tasa de mortalidad y las denuncias de violaciones de derechos humanos aumentan de forma escandalosa. Las personas negras y morenas son blanco de ataques abiertos: no solo inmigrantes, sino también indígenas, mexicano-estadounidenses, afroamericanos y cualquier persona cuya «etnia» se perciba como una amenaza para la nueva gestapo de Trump. El ICE, que ahora cuenta con el mayor presupuesto de cualquier otra agencia federal, ha funcionado eficazmente como un medio para institucionalizar milicias supremacistas blancas de extrema derecha mediante el reclutamiento agresivo del sector MAGA (Make America Great Again), que han nutrido los Proud Boys y otros grupos.

 

Ya hay cientos de testimonios que denuncian que, tras el asesinato de Good, los agentes del ICE han estado utilizando su asesinato para amenazar a otros manifestantes . «¿No aprendieron de lo que acaba de pasar?», amenazó un agente en Minnesota. «¿No aprendieron? ¡Por eso matamos a esa perra lesbiana!», gritó otro agente del ICE en un testimonio de manifestantes publicado en redes sociales. Esto se suma a cientos de casos bien documentados de brutalidad del ICE en los últimos días. Como escribe James Dennis Hoff :

 

Así como Trump utilizó y sigue utilizando agencias federales como el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) para llevar a cabo una agenda extrajudicial y extralegislativa para desmantelar y obstaculizar las agencias gubernamentales que se interponen en su camino, también está recurriendo cada vez más al uso de fuerzas federales armadas y a la amenaza o el uso real de la violencia estatal para llevar a cabo un programa político reaccionario de intimidación, represión, castigo y consolidación del poder que va mucho más allá de los límites del ejecutivo.

 

Sin embargo, esta coerción desenfrenada podría agravar aún más la situación en ciudades como Minneapolis, donde la población trabajadora ya vive bajo la presencia constante de las fuerzas federales y está aprendiendo a defenderse. Por eso, Trump ha dado marcha atrás en sus amenazas de promulgar la Ley de Insurrección para reprimir la disidencia, y por eso los tribunales de Minnesota han ordenado nominalmente a los agentes federales que controlen su uso de la fuerza contra los manifestantes.

 

Pero estos pequeños controles, en última instancia, sirven para normalizar la gran mayoría de los ataques de Trump, en lugar de oponerse a ellos. La magnitud del ataque exige unidad y acción. Trump ya ha amenazado con desplegar operaciones federales similares en ciudades como Nueva York y Chicago, al tiempo que revoca la financiación federal para estas y otras «ciudades santuario».

 

La unidad que necesitamos debe involucrar al movimiento obrero organizado y a los movimientos sociales. Los líderes sindicales y de los movimientos sociales en Estados Unidos son buenos para hablar de unidad, pero no tan buenos para construirla en la acción. Hoy, dicha unidad significa concretamente apoyar a Minneapolis con todas nuestras fuerzas el 23 de enero y unificar la lucha contra el ICE con la lucha contra la agresión imperialista estadounidense en Latinoamérica.

 

Los Teamsters, el SEIU, la UFT, los trabajadores de la salud, etc., deben movilizar a sus afiliados para que se declaren en huelga en el resto del país. El UAW tiene la responsabilidad central de impulsar esta lucha, desempeñando un papel crucial en la organización de la clase trabajadora en todo el país y en sectores estratégicos del medio oeste. El presidente del UAW, Shawn Fain, debe llamar a todos los afiliados del sindicato a apoyar a Minneapolis el 23 de enero paralizando todo, tal como lo hicieron los trabajadores en Italia para protestar contra el genocidio en Gaza el año pasado.

 

Imaginen qué pasaría si el UAW convocara reuniones en sus lugares de trabajo para organizar una solidaridad activa con sus compañeros y compañeras de Minneapolis. Esto podría cambiar el rumbo de la lucha para expulsar a ICE de sus ciudades, incluso mientras la administración Trump envía más agentes a la zona y promete inmunidad a los agentes que usen fuerza brutal, incluso letal. La solidaridad activa en un lugar como Detroit, donde el UAW tiene una influencia particular, sería un impulso increíble para la lucha contra ICE en Minneapolis y en todo el país.

 

La izquierda socialista —incluidos DSA y PSL— debería alzar la voz en las escuelas, lugares de trabajo y sindicatos donde tiene peso para exigir que sus líderes se movilicen para hacer huelga el 23 de enero.

 

La enfermedad crónica de la socialdemocracia: demasiada fe en los demócratas, muy poca confianza en la lucha de clases

En un artículo para Jacobin , Meagan Day afirma que el ICE es «un ejército nacional enviado por la administración Trump para aterrorizar a personas vulnerables e intimidar violentamente a sus enemigos políticos hasta su sometimiento» y debe ser abolido. Day continúa:

 

Parece imposible imaginar que el comportamiento despótico de la administración durante la última semana no les pase factura en noviembre de 2026 y 2028, siempre que nuestras instituciones democráticas sigan funcionando. Aun así, la administración debe enfrentarse a una oposición enérgica de inmediato. No podemos soportar otra semana así, y mucho menos varios años más.

 

Entre Jacobin y sectores del DSA existe confianza en que los demócratas ganarán las elecciones intermedias y las presidenciales. Es muy posible. Lo sorprendente es la confianza de los autores de Jacobin en que si los demócratas ganan en 2026 y «las instituciones de la democracia sobreviven», estaremos mejor. Esto, en sí mismo, supone aceptar la idea de que los demócratas defenderán y respetarán las instituciones democráticas. Sin embargo, parecen haber olvidado que llegamos aquí porque Biden y los demócratas orquestaron un genocidio, reprimieron el movimiento pro-Palestina con métodos macartistas y arrastraron a la clase trabajadora a la inflación y la austeridad. Incluso el ala progresista del Partido Demócrata es cómplice.

 

Los demócratas no hicieron nada para detener el ascenso de la extrema derecha. De hecho, retomaron parte de su política, antes y después de las elecciones de 2024. Dieron marcha atrás en la «reforma» policial, en la defensa de los inmigrantes tras fingir que querían cerrar los centros de detención, y dieron marcha atrás rotundamente en cualquier defensa de los derechos de las personas trans. Fue con Biden que la derecha aumentó su influencia y que la Corte Suprema decidió mantener la inmunidad presidencial absoluta.

 

Estos no son tiempos normales. Si la ofensiva contra Venezuela queda impune, todos los pueblos oprimidos al sur de Estados Unidos están en peligro, desde México hasta Argentina, Bolivia y Colombia.

 

Si la ofensiva antiinmigrante se normaliza, los ataques contra la izquierda no se controlan, la ofensiva neomacartista se permite sin tregua y el asesinato de Good queda impune, el aparato estatal y el régimen bipartidista estarán en mejor posición para impulsar los planes imperialistas y la disciplina interna. En este contexto, la reciente decisión judicial de revocar la liberación de Mahmoud Khalil (lo que, en la práctica, reabre la posibilidad de su deportación) amenaza con revertir los logros del movimiento pro-Palestina y sentar un precedente para la criminalización extraordinaria de la protesta.

 

La derecha intenta impedir el crecimiento de la resistencia a su agenda mediante medidas represivas e institucionales. Mientras tanto, los demócratas temen a la clase trabajadora y a los oprimidos más que a Trump. El imperialismo estadounidense necesita estabilidad interna para funcionar; los demócratas se esfuerzan por controlar la lucha de clases, atando a la clase trabajadora al ancla del voto por el mal menor para resolver sus problemas.

 

Necesitamos contraatacar ahora. DSA acaba de anunciar que ha superado los 95,000 miembros. Esta fuerza debe organizarse para la lucha, en las calles, desde los lugares de trabajo, las escuelas y las comunidades. En Teamsters, UAW y todos los sindicatos donde DSA tiene peso, los miembros deben organizar la resistencia y exigir acciones a sus sindicatos.

 

El llamado a paralizar el trabajo, la escuela y las actividades habituales el 23 de enero es una oportunidad para tomar la iniciativa y comenzar a construir la unidad que necesitamos. Para que una huelga perdure y crezca, capaz de derrotar los ataques de la administración Trump contra la clase trabajadora en Estados Unidos e internacionalmente, desde Irán hasta Venezuela, se requiere la participación activa del movimiento obrero, superando su pasividad.

 

Si bien debemos unirnos, salir a las calles y a la acción militante de la manera más amplia posible —mediante la acción coordinada de sindicatos, movimientos sociales, organizaciones comunitarias, organizaciones vecinales, feministas, ambientalistas, organizaciones de migrantes e incluso políticos progresistas que se oponen abiertamente a la agresión contra Venezuela y al ICE—, la clase trabajadora también debe organizarse y plantear su programa independientemente de los partidos Demócrata y Republicano, logrando independencia política y organizativa para luchar por nuestros propios intereses. Esto es esencial si aspiramos a expandir e impulsar nuestra lucha, incluyendo la lucha junto a nuestros hermanos de clase transfronterizos que luchan contra las renovadas ambiciones imperialistas de Trump.

 

La mejor manera de que nuestro movimiento crezca en número e independencia es que esté formado por las bases de los sindicatos, los movimientos sociales y las organizaciones comunitarias, por personas reales como las que ya están defendiendo a los inmigrantes del ICE.

 

Para que esto suceda, necesitamos espacios de autoorganización donde podamos debatir y tomar decisiones democráticas sobre los objetivos y la plataforma de nuestro movimiento. Estos deben ser espacios democráticos abiertos a todas las tendencias y comunidades políticas de izquierda: asambleas de docentes, estudiantes y padres de familia; asambleas populares o reuniones masivas como las de Detroit; comités de acción; o cualquier forma creativa que las propias comunidades debatan y decidan proponer democráticamente.

https://www.laizquierdadiario.com.ve/Sindicatos-convocan-a-huelga-en-Minnesota-contra-las-politicas-racistas-de-Trump

 

 

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