Colombia: Sin equidad educativa para la paz

Colombia/15 de mayo de 2017/Las 2 Orillas

“Un sistema educativo pertinente, equitativo e incluyente es un referente sustancial para hablar de paz efectiva y duradera como se estipula en los acuerdos”.

Uno de los grandes retos del país es promover una educación incluyente que disminuya los índices de deserción y garantice condiciones equitativas para el éxito social de la mayoría de la población. En la última década, Colombia ocupa el primer lugar entre los países  de Sudamérica con menor gasto público educativo, con tan solo un 3,3% según su PIB.

En América Latina, Colombia supera solo a República Dominicana (2,3%), Panamá y Guatemala (ambos con 3,2%), países donde según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) la educación es de muy baja equidad y calidad. Hablar de equidad educativa atribuye al Estado reconocer de manera imparcial el derecho que cada colombiano tiene a recibir lo mejor de la calidad en términos de “justicia educativa”. La anterior palabra se entiende como la posibilidad integral de estudiar en condiciones tales que se pueda potenciar los talentos, capacidades e inteligencias independientemente de procedencias sociales, condiciones culturales o  individuales.

 A Colombia en el campo internacional le exigen cumplir varias agendas enmarcadas en la lógica de cierre de brechas educacionales. Así, por ejemplo la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en el documento “metas educativas 2021” establece como primer propósito fortalecer las políticas públicas de la primera infancia (menores de 6 años). Para cuya agenda Colombia, hoy a 4 años de finalización de las metas propuestas, presenta para esta población baja tasa de escolarización, desnutrición y pobreza. Situación alarmante para un país que proyecta ser el más educado en el 2025, porque hay 1,5 millones de niños-infantes sin recibir atención integral.

De igual modo, otra preocupación por el mejoramiento de la calidad escolar está en el desarrollo profesional de los docentes. En la actualidad es incuestionable la importancia  imprescindible de los maestros como parte fundamental de la calidad del sistema educativo, dicha calidad deviene en gran parte de las transformaciones significativas de las prácticas pedagógicas, por lo que suspender los programas como maestros de excelencia que se impulsan en este sentido, va en contravía del mejoramiento integral del sistema escolar del país.

Socialmente es inocultable reconocer que la educación es el modo más efectivo para promover  democracia, equidad y la anhelada paz. Invertir en la formación de los maestros es un mandato clave para mejorar la calidad. Por ello, cuando el presidente Santos en 2015, lanzó el plan de  incentivos a la calidad en el marco del mejoramiento de los resultados del Índice Sintético de la Calidad Educativa –ISCE y el Mejoramiento Mínimo Anual-MMA  se provocó en la sociedad y el magisterio altísimas expectativas que con el pasar de los meses se han hecho imposibles de cumplir, lo que provoca un efecto negativo y contrario que desmotiva o deslegitima el sistema educativo en aspectos como la formación y/o actualización  docente en  educación.

Si revisamos los mandatos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, se dispone disminuir la pobreza, utilizando para tal fin la educación como elemento constitutivo e instrumental del desarrollo y la equidad. Lo anterior, se sustenta bajo el paradigma del desarrollo humano y social cuyo eje central de acción se ubica en el cumplimiento de  garantías a los derechos mínimos para la población más vulnerable. Colombia sin duda le apostó a movilizar competencias educativas y presionar la efectiva aplicación de los derechos básicos de aprendizaje-DBA como forma para avanzar educativamente en dichos estándares mundiales. Vale decir, que aunque son precarios los resultados se ha mejorado un poco en las pruebas PISA, que evalúan la calidad, equidad y eficiencia de los sistema educativos en el mundo.

En la última edición de las pruebas PISA 2015 entre 72 países, Colombia ocupó el puesto 57 gracias a que aumentó 28 puntos en ciencias, 40 en lectura y 20 en matemática.  Aún así, se está  muy lejos (38,2%) de alcanzar el promedio internacional (13%) de los países participantes de la OCDE. Desde esta óptica con la cual se mide la educación, somos un país pobre, que requiere con urgencia aumentar su inversión educativa a través de renovar  el capital cultural (riqueza de saberes y conocimientos que generan una plataforma para disfrutar de otras riquezas personales y sociales) para mejorar considerablemente el sistema educativo.

Todo lo mencionado se ratifica en los desafíos del foro mundial sobre educación 2015, celebrado en Incheon, República de Corea, donde la meta es a 2030 fortalecer una educación  de calidad, equitativa e inclusiva con  modelos de aprendizajes equitativos en particular para las niñas y mujeres. Foro que propende en equiparar condiciones para todos y todas, en especial para los más pobres, porque la equidad según sus relatores “entraña un trato especial y medidas orientadas a contrarrestar las desventajas históricas y sociales que impiden que los estudiantes accedan a la educación y se beneficien de ella de manera igualitaria”  todo indica que son momentos para que el MEN amplíe la cobertura, la investigación y la inversión en educación, de manera que asegure cerrar las brechas educativas para consolidar la paz, basada en una educación incluyente al alcance de todos.

Un sistema educativo pertinente, equitativo e incluyente es un referente sustancial para  hablar de paz efectiva y duradera como se estipula en los acuerdos entre el gobierno nacional y la guerrilla de las FARC-EP. No es bueno mentirnos, proyectando planes sectoriales como indicativos que no comprometen pensar la educación como un bien común para la paz y el bienestar social. No hay nada más justo que recibir una oportunidad de progreso social a través de una educación con calidad, que disponga enseñanza, infraestructuras, ambientes y aprendizaje de calidad. Evitando con ello, el viejo sofisma de que a más enseñanza, más aprendizaje como implícitamente se esboza en la jornada única escolar. La expresión final del foro deja bien definido que “el aprendizaje de calidad no es solo esencial para satisfacer las necesidades básicas de la población, sino que también resulta indispensable para fomentar las condiciones que hacen posible la paz”. Entonces, si el referente para medir la paz es la calidad se tiene que intervenir mucho más en la  integralidad de la educación.

Señora Ministra Giha, claramente los estudios evidencian la importancia de trabajar unificadamente con los demás ministerios las múltiples variables de los contextos culturales, administrativos, pedagógicos, de innovación, o de modernización tecnológica que necesitan ser articuladores de un sistema educativo que hoy esta fraccionado por múltiples intereses, muchos ajenos a la educación, pero que afectan directamente a la mayoría de la población pobre de Colombia. No olvidemos que parte del éxito escolar se construye en la medida de edificar el derecho a la diversidad, la paz y la equidad educativa como posibilidad concreta de hacer de la calidad escolar un hecho real dentro de un sistema confiable y no un discurso artificial engañoso de una falsa política.

Fuente: https://www.las2orillas.co/colombia-sin-equidad-educativa-la-paz/

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