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La Doctrina Trump para Venezuela: petróleo y tierras raras, bases militares, información y desgobierno

La Doctrina Trump para Venezuela: petróleo y tierras raras, bases militares, información y desgobierno

Luis Bonilla-Molina

América Primero!! Es la expresión que condensa la actitud imperialista, neofascista y neocolonial norteamericana en el presente. La Declaración de Trump de este martes 16 de diciembre de 2025 es una profundización radical en la ofensiva imperialista sobre Venezuela. Ya no quiere “perseguir cárteles de droga”, ni producir un simple cambio de régimen, sino que exige el control absoluto por parte de Estados Unidos del petróleo venezolano, demandando la “devolución de territorios” que no es otra cosa que cambiar la condición de dependencia por una relación territorial neocolonial. Estados Unidos amenaza con anexar parte o la totalidad del territorio venezolano, algo sin precedentes y de una significación dramática.

Esta confesión de parte en las intenciones de los Estados Unidos nos debe convocar a la conformación de un amplio frente internacional contra la ofensiva imperialista a Venezuela, que con la movilización y denuncia en todos los rincones del orbe, evite este desafuero gringo de tomar posición de la soberanía territorial venezolana.

Los hechos

En noviembre de 2025 la administración de Trump publicó el documento titulado Estrategia de Seguridad Nacional, en cuyas 57 páginas -versión en español- define sus prioridades, énfasis, propósitos y curso de acciones. Reivindicando y relanzando la Doctrina Monroe, este documento es un texto pragmático, una hoja de ruta para el momento político de construcción de un reordenamiento capitalista global, en el cuál Estados Unidos necesita afianzar su poder porque pretende dirigir esta transición.

La Estrategia de Seguridad Nacional tiene continuidades imperiales que hemos venido analizando en ensayos recientes, pero también las particularidades propias de un momento histórico singular en el cuál otros países capitalistas le disputan la supremacía económica (China), el equilibrio militar (Rusia), el eje de la innovación que se ha vitalizado en lo que se  denomina como la región Indo-Pacífico, y Europa ya no tiene posibilidades ni capacidades para seguir siendo su anillo de seguridad y contención en Eurasia. Es imposible comprender el giro iliberal y neofascista de la administración Trump sin vincularlo a estas dinámicas. Se equivocan terriblemente quienes caracterizan el momento como una simple etapa de liderazgo divergente en el imperio.

El nuevo orden mundial que puja por nacer es increíblemente capitalista y militarista, y Estados Unidos aspira no solo a ser parte de él, sino a seguir siendo la nación hegemónica. No hay un contrapeso de Estado anticapitalista en este tablero, aunque la revolución de los de abajo sigue apareciendo en el horizonte como posibilidad. En ese reacomodo, el control de la energía y los insumos para la innovación (petróleo, uranio, litio, tierras raras) juegan un rol central.  Estados Unidos no quiere repetir la historia del declive del imperio español ante el británico, quiere estar al frente de los cambios geopolíticos que acompañan a la cuarta revolución industrial.

La administración Trump ha definido claramente sus prioridades territoriales en lo que denomina el hemisferio occidental, una especie de frontera ampliada que incluye a toda Latinoamérica y el caribe, Canadá y Groenlandia.  En ese escenario Venezuela adquiere un valor estratégico, por sus riquezas minerales -la mayor reserva de petróleo, potencialidad de tierras raras en la zona sur/Orinoco- biodiversidad -agua y reserva genética- además de una situación militar privilegiada al norte de Suramérica, al sur del Caribe con fachada al Atlántico, a escasos kilómetros del Canal de Panamá que le permite acceso al Pacífico. Estados Unidos no quiere compartir estos privilegios con China, Rusia ni ninguna nación emergente. Es decir, Venezuela para los norteamericanos, como sentencia de la Doctrina Trump. Desde la apertura de la relación abierta neocolonial de Estados Unidos con Venezuela, después del bloqueo europeo a las costas venezolanas (1902-1903), su mediación para la solución del impasse -justificada en el marco de la Doctrina Monroe- y el golpe de Estado liderado por Juan Vicente Gómez -que por lo menos EEUU avaló- este es un giro sin precedentes de violación a la soberanía territorial y política.

Para lograrlo, desde agosto del 2025 se ha generado el más impresionante desplazamiento militar y de tropas conocido en la región por décadas. El ataque a botes de pescadores, acusados de ser “mulas” del narcotráfico, ha sido la melodía trágica de presentación de su ofensiva sobre Venezuela que se recrudece cada día. La intervención del espacio aéreo venezolano, con NOTAM emitida por la autoridad de tráfico aéreo norteamericano y la orden presidencial directa de Trump de prohibir los vuelos hacia el país, fue escalada con la piratería marítima de captura y confiscación de un buque petrolero. Este 16 de diciembre, el propio Donald Trump ha declarado que le exige a Venezuela que “le devuelva el petróleo, tierras y otros activos a Estados Unidos. Es decir, ha declarado públicamente su decisión de apoderarse de las reservas petroleras y el deseo de colonizar directamente parte del territorio venezolano.

Eso solo lo puede lograr mediante la ocupación militar directa del territorio, colocando bases militares. Pero quiere hacerlo con el menor costo posible, en términos de pérdida de vidas de soldados gringos, gastos operativos e impacto político. Por eso, la decisión de confiscar todos los barcos petroleros no autorizados por el Departamento del Tesoro norteamericano es otra escalada para asfixiar al gobierno de Maduro y crear las condiciones para su caída, ya sea por implosión interna, golpe de Estado desde el mismo Madurismo para iniciar una transición pactada en los términos de la Estrategia de Seguridad Nacional, o como resultado de una “operación quirúrgica” que permita colocar en el poder a la dupla Edmundo González Urrutia (EGU)– María Corina Machado (MCM). La asfixia económica del país pareciera ser la herramienta ideal para concretar cualquiera de estas iniciativas coloniales. Estaríamos hablando del riesgo de una hambruna sin precedentes para la población venezolana.

La colocación de bases militares norteamericanas en territorio venezolano le permitiría establecer una relación colonial cercana a las reservas petroleras, asegurándose la exclusividad de su acceso. En un país como Venezuela, en el cuál incluso su aliado histórico Rómulo Betancourt no aceptó la colocación de bases militares gringas en el territorio, por los efectos que tendría el nacionalismo criollo en la voluntad electoral del pueblo, esto solo es posible lograrlo con una larga transición caótica -que prolongue y aunque parezca increíble, eleve la miseria y tragedia de las condiciones materiales de vida de la población vividas en el periodo madurista- algo que cada vez aparece de manera más nítida en la ofensiva gringa.

El daño colateral inmediato se está sintiendo en Cuba, imposibilitada de recibir el auxilio venezolano en materia de combustible y petróleo para su economía y el mantenimiento del sistema eléctrico. Estados Unidos apuesta por un efecto dominó en la región, que produzca la “carambola” de desplazar de un solo golpe a los gobiernos de Caracas, La Habana y Managua.  Es decir, el posicionamiento es para el control total del llamado hemisferio occidental.

Adicionalmente, usando los avances tecnológicos de última generación, en captura y procesamiento de datos, Estados Unidos avanza en la puesta en marcha del régimen de control predictivo al disponer de una información extremadamente valiosa sobre el comportamiento de la población -del hemisferio occidental en general y Venezuela en particular- ante su despliegue militar en el Caribe sur. Por eso, la clínica de rumores y contra informaciones que genera día a día en las redes sociales, para incentivar respuestas de la población, poderlas segmentar y clasificar, para la construcción de sus escenarios de acción.  Estamos viviendo la primera ofensiva militar regional con tecnología, técnica y propósitos propios de la cuarta revolución industrial, por lo cual resulta terriblemente limitada su interpretación con las claves paradigmáticas de las tres primeras revoluciones industriales.

La transición imposible

María Corina Machado (MCM) tiene un liderazgo indiscutible entre la población venezolana, incluso en sectores que históricamente apoyaron al Chavismo. Eso se lo debe en buena medida a Maduro, quién en su afán de polarizar para evitar la consolidación de una oposición de izquierda, ha jugado el juego que más le conviene a MCM. Pero liderazgo -de MCM- socialmente arraigado, no es lo mismo que capacidad para gobernar, especialmente si es errado el diagnóstico que se tiene de la crisis venezolana y el camino de su superación. La apuesta de MCM es el impulso de un gobierno iliberal que continué y profundice las políticas neoliberales aplicadas por Maduro, especialmente implementadas a partir de 2018. Su estrategia de liberalización absoluta de la economía del mercado como fórmula para generar empleo, la coloca de espaldas al problema central del venezolano en el corto plazo, salarios y retorno de condiciones materiales de vida mínimamente decentes. La “bonanza post madurista”, de una economía sin sanciones, MCM la piensa en clave de privatizaciones, flexibilización del empleo y atracción de capitales internacionales, solo posible manteniendo bajos salarios.

Estados Unidos lo sabe, por eso su apuesta por una transición de EGU-MCM, para abrir paso a la larga transición caótica que le permita instalar su relación abiertamente colonial con el territorio y las riquezas venezolanas.  De hecho, MCM lo ha dicho en reiteradas oportunidades, que la “recuperación de Venezuela” exigirá niveles más profundos de cooperación con Estados Unidos.

Los errores de cálculo del Madurismo

El antiimperialismo del Madurismo tiene los límites de su sobrevivencia en el poder. El Madurismo no es de izquierda, mucho menos revolucionario. Desde la guerra de Ucrania ha procurado un acuerdo estratégico con Estados Unidos, canjeando petróleo a cambio de permanencia en el poder, cabalgando la posibilidad de levantamiento de las criminales Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) aplicadas con fuerza por Estados Unidos contra Venezuela desde el año 2017. El problema es que ahora la administración Trump quiere ir mucho más allá.

El gobierno de Maduro ha sido una desgracia para la población y la clase trabajadora venezolana. No solo en términos salariales y de condiciones materiales de vida, sino en restricción de libertades democráticas básicas, como derecho a opinar, libertad de expresión, posibilidades de organizarse autónomamente en sindicatos y partidos políticos, arraigo territorial y desarrollo humano integral. Maduro ha sido un terminator de los avances ocurridos en el periodo chavista y un profundizador de sus errores. Ningún venezolano vivo ha conocido peor gobierno que el de Maduro.

En medio de estas condiciones de ofensiva imperialista Maduro continúa con su línea de acción autoritaria y de supervivencia del sector de la nueva burguesía que representa. Una ofensiva imperialista como la desatada desde agosto de 2025 en el sur del Caribe solo se puede enfrentar con un gran frente nacional antiimperialista resultante del consenso mínimo nacionalista, pero esto pasa por revertir sus propias políticas, generando la libertad de los presos políticos -entre los que se cuentan dirigentes sociales, progresistas y de izquierda- amnistía general para todos los enjuiciados, presos y quienes son objeto de medidas restrictivas, devolución de los partidos políticos a sus legítimos militantes, y una reorientación de los menguados ingresos nacionales hacia sueldos y salarios. Pero ha hecho todo lo contrario, ha profundizado la represión, aumentado el número de detenidos y enjuiciados, profundizado la caída del salario y la concentración de la riqueza en unas pocas manos. Hace todo lo contrario a lo que la lógica demanda, porque su compromiso no es con el pueblo sino con el sostenimiento de un modelo de acumulación que favorece a los ricos.

La retórica de Maduro no se corresponde con lo que socialmente ocurre. Para el ciudadano común, el ataque norteamericano es fundamentalmente contra Maduro, y no hay razones para defenderlo. Ante este panorama, el desespero de la sobrevivencia ha hecho pensar a amplias capas de la población que una salida de Maduro, por cualquier vía, sería el inicio de la recomposición de la situación de oprobio en la cual se vive. Para el común de la población la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos poco importa, porque Maduro disolvió la esperanza en un mañana mejor.

Se trata de un panorama complejo para las fuerzas nacionalistas, progresistas y quienes no han renunciado a la identidad de izquierda, negándose a colocarse bajo la dirección de EGU-MCM o la aceptación del desgobierno madurista.  Lo significativo es que el país vive hoy, desde el mundo del trabajo y la clase trabajadora, iniciativas de despolarización a partir de la construcción de un programa mínimo de defensa del salario y las libertades democráticas básicas. La interrogante es si darán los tiempos para construir un polo autónomo para otra transición posible.

¿Qué hacer?

Continuar apostando -y trabajando- por la constitución de un polo político autónomo de los y las trabajadoras, apoyando sin reservas iniciativas como la conformación este 12 de diciembre del Acuerdo Unitario de 6 centrales sindicales, federaciones, gremios y sindicatos por el rescate del salario. Un evento como este, en medio de las tensiones militares en el Caribe, habla del instinto de la clase trabajadora ante cualquier escenario en el corto y mediano plazo.

Aunado a ello, se debe profundizar la campaña por una Amnistía General, que libere a todos los detenidos, enjuiciados y sometidos a medidas restrictivas, abriendo camino al encuentro de múltiples voces para pensar la soberanía nacional en tiempos de ataque imperialista. Exigir la devolución de los partidos, sindicatos y federaciones sindicales a sus legítimas representaciones.

Cualquier diferencia con Maduro, partido político o personalidad, no puede servir de excusa para no desarrollar un auténtico antiimperialismo, eso sí desde los intereses de la clase trabajadora. Todas las fuerzas democráticas, progresistas, populares y de izquierda deben denunciar y enfrentar la ofensiva norteamericana sobre Venezuela, lo que no significa de modo alguno defender al gobierno de Maduro. La salida del Madurismo debe ser una decisión y proceso soberano del pueblo venezolano, liderado por su clase trabajadora. En este sentido, son días de impulso de una política antiimperialista sin dobleces ni dudas.

Sea frente a Maduro, EGU-MCM o cualquier gobierno, la clase trabajadora debe defender su autonomía y reafirmar que solo su capacidad de lucha le permitirá salir del actual drama. Los y las revolucionarias debemos con humildad y decisión abonar en este sentido y dirección. En esta dirección la conformación de un frente antiimperialista internacional puede contribuir a conjurar el rostro horrible de la guerra y la recolonización territorial. Avancemos en esa dirección.

La Doctrina Trump para Venezuela: petróleo y tierras raras, bases militares, información y desgobierno

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Venezuela: ¿Lo empujan hacia un Estado Libre Asociado?

Venezuela: ¿Lo empujan hacia un Estado Libre Asociado?

Aram Aharonian

El ataque militar de la flotilla estadounidense y el secuestro del presidente Nicolás Maduro es un hecho gravísimo, pero en medio de tantas incertidumbres, en Venezuela la vida sigue y el Tribunal Superior de Justicia  venezolano consagró como presidenta a Delcy Rodríguez, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana llamó a la población a retomar la normalidad y la estabilidad del país. La situación es de una tensa calma y no se descartan conflictos.

Estados Unidos demostró que  tiene fuerza y capacidad militar de secuestrar a un presidente o asesinar a un líder opositor a sus planes con un misil. Tras el ataque, Donald Trump anunció que su país va a monitorear todas las decisiones que se tomen en Venezuela, y va administrar su petróleo, el llamado excremento del diablo.

No cabe duda que los bombardeos en Venezuela y el secuestro de Maduro y su esposa, han golpeado al gobierno bolivariano, pero también han deslegitimado a Trump, quien se presentara ante muchos países del mundo como alguien que acabaría con las guerras –en el camino fue coautor del genocidio de gazatíes- y se atribuye el poder de cambiar presidentes en países extranjeros. Lo triste es que algunos sectores de la oposición venezolana incluso festejan la decisión estadounidense de reincorporar a su país como “territorio colonial”.

Pese a las presiones de Washington, Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España emitieron una declaración conjunta en la que expresaron su “profunda preocupación y rechazo” frente a lo que calificaron como una acción unilateral que contraviene normas esenciales del sistema internacional.

El ministro  de Defensa, Vladimir Padrino López indicó que, pese a la vulneración de la soberanía en lo que calificó como un «despliegue sin precedentes» por parte de Estados Unidos, el país «debe encaminarse sobre su riel constitucional». Informó que la Fuerza Armada Nacional activó su apresto operacional en todo el país «a fin de enfrentar la agresión imperial».

Más allá de muchas confusiones e incertidumbres, en Venezuela la vida sigue: no se quebró la cadena de mandos y en la presidencia quedó una persona de extrema confianza de Maduro, pese a los intentos de Trump de asociarla a la conspiración. Hay cambio de presidente, pero –por ahora- no hay cambio de régimen, que siempre ha sido el objetivo de Estados Unidos.

La Fuerza Armada Nacional, columna vertebral del dispositivo bolivariano, se mantiene en pie, quizá porque Trump no quiere generar un vacío de poder que lleve a un escenario de anarquía como en Irak, y así alimenta las versiones sobre una posible transición pactada.

Si bien la calle  estaba desierta el sábado, este domingo ya comenzó a normalizarse: hay metro, aviones y colas moderadas en los supermercados. Y una marcha grande en respaldo al bolivarianismo… pero la militancia carece de línea y hay confusión.

Rubio, ¿el procónsul?

El cubanomiamero Marco Rubio, canciller (su título es de Secretario de Estado) de Trump esbozó la hoja de ruta tras el secuestro de Maduro: control del petróleo, presión financiera extrema, amenaza militar latente y una negociación condicionada con las nuevas autoridades que impongan. Desestimó –por ahora- la ocupación militar con tropas en el terreno y dijo estar dispuesto a trabajar con Delcy Rodríguez, “siempre y cuando se tomen las decisiones correctas” (es decir, las imposiciones de EEUU).

Uno de los puntos más llamativos de la entrevista de Trump en EEUU fue la confirmación de contactos con  la vicepresidenta venezolana, quien asumió el poder tras el secuestro de Maduro.  Rubio evitó dar detalles de la conversación por tratarse de temas «delicados», pero marcó una diferencia sustancial entre ella y Maduro.

Dijo que  «la clave de la que depende ese régimen es la economía impulsada por el petróleo», lo que supone un bloqueo naval de facto para interceptar y confiscar cualquier buque de transporte de petróleo no autorizado por Washington. Y para que no quedaran dudas, señaló que esta “cuarentena” es “el despliegue naval más grande los historia moderna en el Hemisferio occidental”.

«Vamos a juzgar avanzando. Vamos a juzgar todo por lo que hagan», dijo Rubio, quien señaló que con Maduro «simplemente no se podía trabajar» porque rompía todos los acuerdos, mientras que ahora se abre una etapa de «evaluación» sobre las decisiones que tome la nueva cúpula.

Rubio enumeró una lista de exigencias concretas que la Casa Blanca espera que cumpla el nuevo gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, que parecen más bien dirigidos a crear una imagen ominosa para el gobierno venezolano y siguen el libreto de los discursos de Trump.  Los puntos que describió como innegociables son: que la industria petrolera beneficie a la sociedad (no especificó si a la estadounidense), el cese total del tráfico de drogas, el desmantelamiento de las bandas criminales que denuncia Estados Unidos, la expulsión de grupos armados como las FARC y el ELN, y el fin de la alianza con Hezbollah, Irán y Cuba.

En vez de anunciar a un «mandatario legítimo» Trump se encargó otra vez de ningunear a María Corina Machado, a quién consideró públicamente incompetente para tomar las riendas del país. Rubio intentó suavizar el mensaje y aseguró que siente una «tremenda admiración» por Machado y por Edmundo González Urrutia, pero se abstuvo de señalar que ellos debieran asumir el gobierno. Ya le regalaron un Premio Nobel por los servicios prestados.

«En el siglo XXI, bajo la administración Trump, no vamos a tener un país como Venezuela en nuestro propio hemisferio actuando como cruce de caminos para Hezbollah, para Irán y para cualquier otra influencia maligna», sentenció Rubio.

¿Quién tiene el control?

Lo cierto es que Trump no tiene el control político, militar ni territorial en Venezuela. No hubo de momento una invasión militar a gran escala sino una «acción cinética» tendiente a secuestrar a un presidente en  funciones y utilizarlo como herramienta de presión y eventual moneda de cambio.

Según los expertos, la totalidad de los activos militares desplegados en los últimos meses en el Gran Caribe no son suficientes para tomar control de la accidentada y extensa geografía venezolana, ni siquiera de la capital Caracas y sus inmensas y organizadas barriadas populares.

La invasión de la pequeña Panamá demandó en 1989 la movilización de más de 30 mil efectivos. En suma, los bombardeos y ataques contra infraestructuras militares fueron la cobertura operacional de lo que eufemísticamente la jerga trumpiana llama «extracción».

Para algunos analistas,  el principal objetivo no fue ni es tomar el país por asalto, sino descabezar a la conducción política del proceso e inducir una fractura significativa en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, algo que desde inicios de siglo -en especial en 2002- tanto EEUU como la oposición vernácula han intentado sin éxito.

Para otros, el talón de Aquiles de la agresión imperial contra Venezuela es la ausencia de una fuerza vasalla endógena, con poder de fuego y capacidad de masas, que pueda proclamar algo parecido a una rebelión nacional «legítima» contra la «tiranía», dando una seudo coartada democrática a la agresión estadounidense. Esto explica el que Trump haya amenazado con otra ronda de ataques, y no se pueda descartar que la situación escale a una invasión total en las próximas horas o días, sobre todo si la región y la «comunidad internacional» no atinan a ejercer ningún tipo de acción disuasoria eficaz

Si el objetivo era inducir una rebelión militar de proporciones o una insurrección popular (o  ambas), ésta no se produjo. Entonces, es natural esperar que la presión armada sobre la cadena de mando se agudice y que el Pentágono busque compensar por vía militar lo que no se está consiguiendo en principio por vía política, que es la rendición incondicional de su enemigo.

Aquí habría que definir quién es el enemigo: si el gobierno o el pueblo. EEUU jaqueó al rey (Maduro) pero aún no ganó la partida y el control de Caracas y el país por las tropas venezolanas es real. No hay combates entre facciones militares, conatos de rebelión ni «guarimbas» de ningún tipo: 2026 no es 2014 ni 2017. Es más: las únicas movilizaciones, a pie o con motorizados, son desde el campo del chavismo, aunque por supuesto esto tampoco es 2002 (cuando el golpe y la restitución por movilización popular de Chávez).

Desde las fuerzas venezolanas dudan  que la fuerza invasora pueda intentar tomar control de los pozos e infraestructuras petroleras, para financiar así la operación y empezar lo que podría ser una larga e imprevisible estrategia de balcanización territorial como se ha hecho con frecuencia en otros teatros de operaciones. Según el «corolario Trump» a la Doctrina Monroe, los recursos estratégicos de Venezuela le pertenecerían a EEUU en virtud de las nacionalizaciones de la década del 70 y comienzos de este siglo.

El caso de Venezuela deja en claro que otros países también están bajo la espada de Damocles de la intervención: México, Colombia, Brasil, Cuba, etcétera. Esto nunca tuvo nada que ver con la democracia, los derechos humanos, los cárteles de las drogas o el combate al narcotráfico, sino con el relanzamiento de la geopolítica imperial más belicosa, el dominio geopolítica de Latinoamérica y el Caribe, y el saqueo colonial de nuestros recursos naturales.

Fuente de la Información: https://www.pressenza.com/es/2026/01/venezuela-lo-empujan-hacia-un-estado-libre-asociado/

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Internacional: «La ley del más fuerte impera»: Borón advierte que ataque a Venezuela marca la descomposición final del orden mundial

«La ley del más fuerte impera»: Borón advierte que ataque a Venezuela marca la descomposición final del orden mundial

El analista internacional Atilio Borón interpretó el ataque en Venezuela como el colapso de la diplomacia y las reglas posguerra, asegurando que la acción instaura la «ley del más fuerte» como norma global, con graves riesgos geopolíticos.

El analista internacional Atilio Borón interpretó el ataque a gran escala perpetrado por Estados Unidos en Venezuela como el inicio de una fase donde la diplomacia ha muerto definitivamente. En conversación con la programación especial de Radio Universidad de Chile, el académico aseguró que la operación militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro confirma el colapso de las reglas que rigieron al planeta desde la posguerra.

Borón advirtió que la captura de Maduro mediante una incursión extranjera instaura la “ley del más fuerte” como norma global. “Me parece que esto es un proceso ya final de descomposición del orden mundial… Es inadmisible, no se puede normalizar una situación como esta”, señaló el académico, advirtiendo sobre las peligrosas repercusiones geopolíticas de validar una acción de este tipo.

El Efecto Dominó: De Caracas a Taiwán

Para Borón, el peligro no se circunscribe solo a Sudamérica. Al romper el derecho internacional, Estados Unidos podría estar habilitando tácitamente a otras potencias a resolver sus disputas territoriales por la fuerza.

El politólogo ejemplificó el riesgo: “Mañana no podemos sorprendernos si Azerbaiyán simplemente se apodera de Armenia, o si China finalmente decide incorporar ya a Taiwán a su jurisdicción nacional”. Según su análisis, Beijing podría argumentar: “Si Trump hace esto en Venezuela, ¿por qué nosotros no vamos a hacer esto en Taiwán?”.

Fotografía del analista internacional Atilio Borón.

Petróleo, Guerra Civil y el Colapso de la ONU

Sobre las motivaciones de la Casa Blanca, Borón desestimó la narrativa oficial centrada en el narcotráfico o la democracia, afirmando que el interés es puramente estratégico y económico. “A Trump lo que le interesa no es Maduro, le interesa el petróleo venezolano. El presidente Maduro es un dato absolutamente irrelevante para él; lo relevante es que ese petróleo está ahí y Estados Unidos dijo ‘nos lo vamos a tomar porque es nuestro’”, afirmó.

Respecto al escenario interno, el analista se mostró pesimista sobre una transición pacífica. Advirtió que la operación podría ser “el primer acto de una guerra civil muy preocupante”, con el riesgo de incendiar el “patio trasero” de Washington y extender la violencia hacia Colombia.

Finalmente, Borón fue crítico con el rol de los organismos multilaterales, asegurando que el sistema de Naciones Unidas “ha colapsado” y carece de capacidad para frenar a la potencia del norte, tal como falló previamente en Gaza o Ucrania. Concluyó su análisis citando a Violeta Parra para reflexionar sobre la naturaleza del poder imperial, recordando que el “león imperial es así siempre”, incluso bajo administraciones demócratas como la de Barack Obama.

Fuente de  la Información: https://otrasvoceseneducacion.org/wp-admin/post-new.php

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Pensiones, salarios y vida digna: el mismo combate

«El conflicto real no es entre jóvenes y mayores, ni entre personas en activo y pensionistas. El conflicto es entre una mayoría social que quiere vivir con dignidad y un modelo económico y social que normaliza la precariedad, privatiza derechos y convierte las necesidades básicas en negocio…»

Quieren hacernos creer que el debate sobre las pensiones es una cuestión que afecta únicamente a la gente mayor, como si fuera un problema ajeno al resto de la sociedad. Esta visión interesada oculta una realidad mucho más profunda: las pensiones están directamente vinculadas a los salarios, a la precariedad laboral y a un modelo económico que condena a trabajadoras y trabajadores a vivir con dificultades antes y después de la jubilación. En el País Valenciano, esta realidad se manifiesta con especial dureza.

Nuestro territorio sufre desde hace décadas un modelo productivo basado en salarios bajos, temporalidad y empleo precario, agravado por una infrafinanciación crónica que limita la capacidad de garantizar servicios públicos y políticas sociales suficientes. Los salarios en el País Valenciano se sitúan sistemáticamente por debajo de la media estatal, y esto tiene un impacto directo en las cotizaciones y, en consecuencia, en las pensiones. Trabajar ya no garantiza vivir dignamente, ni durante la vida laboral ni cuando llega la jubilación.

Cotizar menos hoy significa pensiones más bajas mañana. No es una amenaza abstracta, es una certeza que ya golpea a miles de personas pensionistas valencianas que, pese a haber trabajado toda la vida, perciben pensiones insuficientes para afrontar el coste real de la vida. Las pensiones medias en el País Valenciano continúan estando por debajo de la media estatal, una desigualdad que no es casual, sino consecuencia directa de un mercado laboral precarizado y de un sistema que perpetúa las diferencias territoriales.

Cuando se anuncia que las pensiones suben de acuerdo con el IPC, a menudo se omite una parte esencial de la realidad. El encarecimiento de la vivienda, especialmente grave en muchas comarcas valencianas, así como el coste de la energía, de la alimentación y de los servicios básicos, no se refleja de manera equitativa en los índices generales. La inflación castiga con mucha más fuerza a las rentas bajas, tanto las de las personas pensionistas como las de las trabajadoras y trabajadores que apenas llegan a final de mes.

Por eso es un error, profundamente interesado, enfrentar generaciones, como si los derechos de las personas pensionistas pusieran en riesgo el futuro de la juventud. Este relato, impulsado por los poderes económicos, pretende ocultar el verdadero problema: un modelo que condena a la juventud valenciana a la precariedad y, al mismo tiempo, condena a las personas jubiladas a pensiones insuficientes. Defender pensiones públicas dignas es defender salarios dignos, empleo estable y un futuro con derechos para las generaciones que vienen.

El conflicto real no es entre jóvenes y mayores, ni entre personas en activo y pensionistas. El conflicto es entre una mayoría social que quiere vivir con dignidad y un modelo económico y social que normaliza la precariedad, privatiza derechos y convierte las necesidades básicas en negocio. En el País Valenciano, esta lucha pasa necesariamente por acabar con la infrafinanciación, mejorar los salarios y reforzar los servicios públicos y un sistema público de pensiones suficiente y solidario.

Las pensiones no son un privilegio ni un gasto excesivo. Son un derecho colectivo, fruto del esfuerzo compartido de generaciones enteras de trabajadoras y trabajadores valencianos. Defenderlas es defendernos a todas y todos. Porque lo que está en juego no es solo cómo vivimos cuando nos jubilamos, sino cómo vivimos ahora y qué futuro queremos construir en el País Valenciano.

Fuente de la información e imagen: https://loquesomos.es

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Fuerzas productivas e inteligencia artificial

Por: Manuel Acuña Asenjo

La introducción de ‘cambios estructurales’ a la sociedad en que vivimos jamás será posible si no se cumple el presupuesto básico para llevarlos a cabo que es conocer, precisamente, no solamente cuál es esa estructura sino, además, determinar sus elementos y establecer en cuál de ellos sería conveniente efectuar las transformaciones de rigor. El concepto de modo de producción capitalista (MPK) es crucial para emprender esa tarea.

Sabemos que este es un sistema en el que interactúan sus dos elementos centrales, a saber, fuerzas productivas (Fp) y relaciones de producción (Rp); nos referiremos, en esta oportunidad, solamente, al primero de esos elementos. Intentaremos también, aunque brevemente, mostrar sus vínculos primarios con lo que ha dado en denominarse ‘Inteligencia artificial’ IA por la importancia que está adquiriendo en la sociedad actual.

Las Fp no han sido ni serán jamás un concepto vacuo. Por el contrario. Constituyen la base necesaria para entender el funcionamiento de una sociedad. Es más, son parte integrante de la naturaleza humana. En consecuencia, constituyen un aspecto central de la estructura social en que vivimos.

Concepto de fuerzas productivas

Las fuerzas productivas de una sociedad no son sino el conjunto de elementos que esta emplea para producir bienes y servicios a la comunidad. Para un autor, no son más que “[…] una combinación determinada de los medios de producción y la fuerza de trabajo en un proceso de trabajo determinado”.

Podríamos nosotros atrevernos a definirlas diciendo que no son sino un conjunto de elementos materiales y humanos que emplea la sociedad para proveerse de los bienes y servicios que requiere.

Pero las Fp son mucho más. Insertas en la naturaleza del ser humano se desarrollan en base a su ingenio inagotable. Son un producto intelectual que se traduce en bienes tangibles. Y puesto que la naturaleza, al igual que el ser humano, está evolucionando constantemente, también este constructo lo hace. Como conjunto contienen, sin embargo, a su vez, elementos que las conforman, a saber, fuerza de trabajo, medios de producción, conocimientos adquiridos por aquella sociedad y los recursos naturales.

Los  elementos de las fuerzas productivas son:

  1. La fuerza o energía de trabajo. Es la capacidad corporal que tiene el ser humano para elaborar o fabricar determinado objeto o producto; es su energía física, el elemento esencial que se requiere para emprender una tarea, algo que ya los sectores dominantes habían descubierto en los modos de producción anteriores y que en el MPK se da de manera distinta. Porque, a diferencia de aquellos que le precedieron, en este el trabajador concurre a su lugar de trabajo para realizar esa tarea. No lleva instrumento alguno para realizarla. Allí no solamente lo espera la materia sobre la cual va a aplicar su fuerza corporal sino, además, los elementos que va a utilizar para llevar a cabo tal tarea (maquinarias, técnicas para hacerlo, instrumentos, en fin) llamados ‘medios de producción’. No por otra cosa algunos autores le llaman ‘trabajador desnudo’. La reposición de la energía gastada por el trabajador es compensada por el patrón mediante lo que se denomina ‘salario’.
  2. A ese primer elemento se une otro llamado medios de producción’, que no es sino otro conjunto integrado tanto por los medios de trabajo (Mt) con el objeto de trabajo (Ot) que es la materia sobre la cual se va a aplicar la energía corporal para transformarla. Por eso, en no pocos manuales, se acostumbra a escribir esta relación de la siguiente manera:  Mp=(Mt, Ot).

Los medios de trabajo (Mt), por su parte, no son sino el conjunto que conforman los instrumentos de trabajo —herramientas, maquinarias y otros similares (it)—, las instalaciones —lugar de trabajo, electricidad, agua potable y demás (i)—, las comunicaciones —vías de acceso al lugar de trabajo, radio e infraestructura telefónica, y en general todo lo necesario para que el trabajador realice su obra (c) y los recursos que la propia naturaleza brinda al ser humano (r)—.

Los medios de producción en la actualidad y por efectos de la evolución del trabajo, han devenido en propiedad del empresario o ‘no trabajador’ lo que nos hace formular la siguiente pregunta: si esto ha sucedido bajo el MPK, ¿significa que no era así en otros modos de producción anteriores?

En efecto, no era así. Los medios de trabajo siempre fueron propiedad del trabajador. Incluso en las épocas más duras de la esclavitud en que TODO pertenecía al dominador —entre otros bienes, el propio cuerpo del esclavo y su descendencia—. Y sin embargo, los instrumentos de trabajo eran propiedad del trabajador.

Es importante este hecho. Explica que en muchas revoluciones triunfantes, una de las primeras medidas a aplicar haya sido la nacionalización de los medios de producción como una de las aspiraciones más sentidas de los sectores dominados. Y dentro de ellos, la nacionalización de los medios de trabajo (mt) y del propio objeto del trabajo (ot).

  1. El conocimiento, la experticia y la ciencia adquiridos por el trabajador para la realización de su tareaque le ha hecho perfeccionar sus medios de trabajo a niveles insospechados. Se le llama también ‘tecnología’. Pero esta sapiencia tampoco pertenece al trabajador pues ha sido capturada por institutos privados que se han apropiado de ella transformándola en ‘trabajo objetivado’.
  2. Los recursos naturales, que son los bienes que existen en la naturaleza o que la misma proporciona y cuyo empleo permite la elaboración de productos. Entre otros podemos citar la luz solar, el agua, el propio ‘locus standi’ que es la tierra donde el ser humano se levanta, en fin.

Característica fundamental de las fuerzas productivas

Las Fp constituyen la más alta expresión del ingenio humano; son por lo mismo, extremadamente dinámicas. Como ya se ha adelantado, cambian constantemente. Modifican lo que existe a la velocidad que emplea la naturaleza.  Alteran la sustancia de las cosas; la transforman. Lo que en lo cotidiano pudo antes ser útil, probablemente, en un tiempo más ya no lo será pues las Fp habrán dado un paso más hacia la innovación.

Las Fp constituyen, por eso, la mejor expresión de la naturaleza cuya esencia es el cambio constante, el devenir perpetuo. Las Fp son pasado en tránsito de devenir futuro. Movimiento tremendamente avasallador, nos enseña que lo que ayer fue posible, hoy no lo es y probablemente tampoco lo será mañana.  Por lo mismo, no deja de ser paradojal que sean ellas las encargadas de darnos una lección para no olvidar: es inútil oponérseles pues su misión es precisamente conducirnos irremediablemente al futuro.

Las Fp no existen solas. Se encuentran estrechamente ligadas a lo que se ha dado en llamar ‘relaciones de producción’ (Rp), acerca de las cuales no hablaremos en esta oportunidad. Necesitamos establecer, previamente el vínculo actual (y necesario) que mantienen con la llamada inteligencia artificial’ (IA) ―una de sus más altas expresiones de los tiempos actuales―, invento que probablemente será llamado a realizar las transformaciones más espectaculares en la sociedad actual.

La inteligencia artificial es el producto por excelencia de lo que, hasta hace poco, se conocía bajo la denominación de ‘Investigación y Desarrollo’ (I&D). No por casualidad. La ciencia es un producto del cual se apropia gratuitamente el capitalista en el proceso productivo; en consecuencia, la inteligencia artificial es una innovación que, como las anteriores, se encuentra en manos del gran capital.

Concepto de inteligencia artificial

La naturaleza de la IA exige, previamente, establecernos en algún lugar preciso de la historia actual. José Luis Valenzuela nos invita a hacerlo a partir del ‘mundo de los 140 caracteres’ y desde allí observar esa revolución científico-tecnológica que avanza en silencio, “[…] cuya dirección está en muy pocas manos, cuyos efectos podrían transformar de manera significativa la vida del hombre en sociedad y de cuya profundidad está realmente enterado un pequeño porcentaje de seres humanos”.

Pero nada de eso basta. En la actualidad, nadie sabe cuál es el rumbo de la de la IA. Nada se sabe de lo que ocurre al interior de ella ni qué ha sucedido con las máquinas que la precedieron. Un amigo mío se preguntaba hace poco si acaso tienen los sistemas hipercomplejos en esta área ‘vida’ propia desconocida hasta ahora, si se ha abierto o no una ‘Caja de Pandora’ y cuál es la razón por la cual no pocos investigadores manifiesten tanta duda ante esos cambios.

La IA no ha aparecido sola, aislada, al margen de los acontecimientos. Por el contrario, es parte de un universo de transformaciones que están sucediendo en el planeta.

Para entender la real magnitud de tales cambios, necesario es echar una mirada retrospectiva al desarrollo de la humanidad e intentar, de la mano de algunos investigadores, separar las épocas, periodizar y a la vez realizar el intento de establecer las grandes eras recorridas por la humanidad hasta la época actual para formularnos la pregunta de si acaso estamos o no en los inicios de otra, entendida por tal “[…] un período en el cual se conserva la esencia de la relación entre el hombre y la generación de bienes”.

En realidad, tal cual lo afirma nuestro buen amigo José Luis Valenzuela, la IA no es más que un aspecto —tal vez, el más importante— de una serie de innovaciones que anuncian el advenimiento de una Cuarta Era en la evolución de la humanidad, caracterizada por una Revolución Científico-Tecnológica nunca antes vista. En otras palabras, una exposición alucinante de lo que ha sido el desarrollo de las fuerzas productivas en este último tiempo y de las innovaciones que nos ha entregado. De estas, nos ha parecido conveniente recordar la Impresión 3D, la Robótica, los Vehículos autónomos, la Realidad virtual y la Realidad alimentada, la Big Data y la Data Mining, el Internet de las cosas, los adelantos de la Física Cuántica, los avances en Genética y Genómica, la incorporación de nuevos minerales, la Revolución Energética y el Blockchain.

Innovaciones que incorpora la inteligencia artificial

La inteligencia artificial es un programa. Pero no cualquier programa sino uno de los que ha sido llamado ‘inteligente’, es decir, que puede resolver situaciones no previstas en su código informático. Se cita como ejemplo el caso de ‘Libratus’, programa diseñado para jugar póker que aprendió por sí solo a mentir.

José Luis Valenzuela señala que Vicenç Torra, en su trabajo ‘La Inteligencia Artificial’, distingue cuatro temas centrales que aborda la IA, y así señala:

  1. Resolución de problemas y búsqueda,
  2. Representación del conocimiento y sistemas basados en el conocimiento,
  3. Aprendizaje automático, esto es, programas que aprenden de su propia experiencia y de los errores que cometen, y
  4. Inteligencia artificial distribuida, que van desde versiones paralelas de métodos ya existentes a nuevos problemas.

Algunas de las nuevas clasificaciones de la IA la separan en IA según el nivel de inteligencia alcanzado, su capacidad de aprendizaje y su forma de aplicación. No insistiremos en esta materia para no extendernos.

Fuerzas productivas e inteligencia artificial

Así, pues, el desarrollo de las fuerzas productivas en estos últimos años ha sido portentoso. De ello no cabe la menor duda. Pero nos preguntamos, ¿ha ocurrido lo mismo con las relaciones de producción? En la teoría clásica, las relaciones de producción deben mantener estricta correspondencia con las transformaciones que tienen lugar en el campo de las fuerzas productivas. De no ocurrir así, ambos elementos entran en contradicción y, en consecuencia, puede abrirse ‘una época de revolución social’. Y es aquí donde surgen las primeras dudas. Porque la correspondencia entre ambos elementos no es algo que se produce de manera automática y, por consiguiente, de modo inmediato.

‘Omnia tempus habent’ (‘Todo tiene su tiempo’) reza una sentencia latina que también se aplica a ese tipo de relaciones. En efecto, nada debe considerarse a priori en el carácter de simultáneo, inmediato. Más bien lo que sucede en la generalidad de los fenómenos es que haya una suerte de sucesión; porque hay secuencias que tienen lugar en este tipo de fenómenos, apertura de espacios en los cuales las relaciones de producción se van adecuando paulatinamente a las transformaciones que han tenido lugar en el ámbito de las fuerzas productivas.

Pero se trata de un tiempo de inestabilidades, de ajustes, de pruebas que, de no resolverse de manera apacible puede finalizar en ‘una época de revolución social’. Un tiempo o época que se acostumbra denominar ‘de crisis’ y cuya frecuencia nos previno con sus estudios el cientista ruso (soviético) Nikolai Kondratiev.

Por eso, no nos parece descabellado reflexionar acerca de si la crisis que afecta a la sociedad actual se produce precisamente porque tal correspondencia se encuentra impedida de realizarse o simplemente no ha tenido lugar y anuncia desde ya su proximidad.

Si las relaciones de producción ―que son, fundamentalmente, relaciones de propiedad― deben ajustarse al avance de las fuerzas productivas y esa transformación daña los intereses de los sectores dominantes, no debe extrañar que estos busquen evitar ‘la época de revolución social’ con la instauración de regímenes autoritarios encargados de perpetuar la conservación social. En consecuencia, tampoco debe llamar la atención el desarrollo de ciertas tendencias que se han dado en denominar ‘ultraderechistas’ ―o, para otros, ‘fascistas’―, en no pocas sociedades del planeta.

Es la forma de reaccionar de los sectores dominantes ante una crisis que no aciertan a explicarse y que los incomoda. Me pregunto si no ha sido esta la causa eficiente del resultado de la elección en Chile el domingo recién pasado. Las crisis afectan la región ideológica del modo de producción; por ende, el comportamiento de los seres humanos.Lo peor es que las crisis, sin embargo, cuando adquieren caracteres colosales, se resuelven, en el sistema capitalista, con la elección de representantes políticos delirantes cuya misión no es otra que desatar conflictos armados.

Así ha sucedido en el pasado; así puede suceder en el futuro. Para nadie es desconocido que hoy en día las crisis golpean fuertemente a las llamadas ‘economías centrales’ (Alemania, Inglaterra, Japón y Estados Unidos). Y que sus líderes buscan encarnizadamente desatar conflictos de proporciones. Ojalá nos equivoquemos y todo ello no sea más que una casualidad. Aunque, como lo hemos aseverado en otras oportunidades, en la naturaleza no existen las casualidades; menos aún en las diversas sociedades humanas del orbe.

* Miembro de la Sociedad de Escritores de Chile  y del  Comité de Defensa de Derechos Humanos y Sindicales (CODEHS), exdirector del Banco Central de Chile y ex Gerente en Compañía de Cobre Salvador

Desde Abajo

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De la sociedad líquida a la sociedad viscosa

Por: Lucas Aguilera*

La virtualización de la vida se presenta como una promesa de ligereza. Todo parece fluir: vínculos, trabajo, ocio, información, deseo. La existencia se vuelve pantalla, nube, tránsito. Pero esa fluidez no es inocente. La digitalización no gobierna como las viejas disciplinas duras, que encerraban cuerpos en horarios, muros, filas, fábricas. Su poder es menos visible y, justamente por eso, más íntimo: no ordena desde afuera, acompaña desde adentro; no impone un “no”, sino un “seguí”; no se exhibe como prohibición, sino como comodidad. En vez de golpear, envuelve. En vez de hacerte chocar con un límite, vuelve costosa la retirada. Y si hay una imagen capaz de dar espesor a esa forma nueva de poder, esa imagen es la de lo viscoso.

Para Jean Paul Sartre lo viscoso no es una simple textura desagradable. Es una cualidad ambigua, difícil de clasificar, que se escapa de las categorías tranquilas con las que ordenamos el mundo: sólido o líquido, dentro o fuera, tocar o ser tocado. En ese desorden hay un punto de crisis. La conciencia, que suele moverse con su distancia propia (ese pequeño vacío que le permite negar, elegir, proyectar) descubre, en el contacto, la posibilidad de perderse: de dejar de estar “frente a” las cosas para quedar “en” las cosas. Lo viscoso, por eso, no se deja tratar como un objeto cualquiera. Es una experiencia que descompone la soberanía del gesto.

Hay ahí una mezcla extraña de atracción y repulsión. Lo viscoso seduce porque promete una continuidad sin cortes, una caricia del mundo que no hiere, una cercanía que parece abolir el conflicto. Pero al mismo tiempo repugna porque esa continuidad se paga con captura. No se limita a estar ahí; se comporta como una trampa ontológica. No resiste como una piedra ni se escurre como el agua: cede y retiene, recibe y reclama, como si el mundo hubiera aprendido un modo suave de apoderarse. De pronto uno comprende que lo que irrita y asusta no es tanto la resistencia frontal (esa con la que puedo medir fuerzas, empujar, romper, dominar) sino la absorción por continuidad: la pérdida del borde, el ser tomado sin golpe, casi con suavidad.

Esa suavidad es lo verdaderamente inquietante. Porque lo viscoso parece querer penetrar en la conciencia, como si el mundo, en vez de quedarse afuera, reclamara una intimidad. Y esa intimidad es precisamente lo que el ser humano no puede conceder sin traicionarse. Su modo de ser es la separación: la nada como distancia activa, esa fisura que le permite no coincidir con lo dado, no ser lo que es, abrir un porvenir. Lo viscoso aparece entonces como tentación y horror de una cercanía total: una especie de comunión material que, en lugar de reconciliar, aliena. No es la enemistad declarada del obstáculo, sino la amistad peligrosa de la adherencia.

En el fondo, lo que se revela ahí es un viejo sueño humano: la fantasía de una síntesis perfecta, una unidad sin falta, un ser que se posea plenamente sin dejar de elegir. Una plenitud libre, una libertad plena, sin fisuras. Lo viscoso encarna una caricatura oscura de ese sueño. Promete continuidad, como si borrara la nada que nos separa del mundo; pero la continuidad que ofrece no es la de la libertad, sino la de las cosas: continuidad de lo dado, de lo que se impone, de lo que pesa por sí mismo, de lo que no se elige. En lugar de realizar la unión soñada, la vuelve caída: ya no una síntesis, sino una absorción.

Y es aquí donde la virtualización contemporánea se deja leer con una claridad casi dolorosa. Porque la digitalidad también opera como una continuidad que reclama intimidad. No te obliga a entrar: te recibe. No te retiene con cadenas: te retiene con “un poco más”. No te enfrenta con un muro: te ofrece un pasaje interminable. El desplazamiento infinito, la actualización constante, la notificación que vuelve a tocarte el hombro, la reproducción automática, la conversación que nunca termina de cerrarse, el trabajo que se filtra en el ocio y el ocio que se vuelve tarea, componen un medio donde todo parece moverse y, sin embargo, algo se pega. La sensación de libertad está ahí (porque nadie te empuja) pero la retirada se vuelve trabajosa, como si el mundo digital hubiera aprendido a capturar sin prohibir: a absorber por continuidad.

En esa forma de poder hay una inversión sutil: ya no “te vigilan” para que obedezcas, sino que te rodean para que permanezcas. El control no se siente como castigo, se siente como hábito. La dependencia no se vive como imposición, se vive como costumbre. Y lo más inquietante es que esa captura no necesita un afuera hostil: necesita un adentro cómodo. Lo viscoso, en el tacto, ya anunciaba esa lógica: el peligro no es el choque, sino la adhesión.

Finalmente, todo esto vuelve al cuerpo. La escena de lo viscoso es corporal: la mano pegada, el dedo que no se despega, la sensación de que el propio cuerpo deja de ser instrumento transparente y aparece como cosa expuesta. Algo semejante ocurre cuando la vida se digitaliza hasta lo íntimo: el cuerpo empieza a sentirse como interfaz, como terminal, como soporte medible, como objeto que responde y es respondido. Y cuando el cuerpo aparece así (como cosa entre cosas) el ser humano roza su peligro más propio: convertirse en objeto, perder su iniciativa, ser “de más” en el mundo como un trozo de mundo. La virtualización, con su suavidad pegajosa, puede producir exactamente esa experiencia: no la del golpe que despierta, sino la del contacto que adormece; no la del límite que se ve, sino la del borde que se disuelve.

Por eso lo viscoso no es un detalle pintoresco: es una clave. Nombra un poder sin dureza, una dominación sin látigo, una captura sin barrotes. Y quizá por eso, en una época que se cree líquida, conviene desconfiar: a veces lo que se llama fluidez es, en palabras de Sartre: «una agonía del agua».

La salida no es negar la tecnología, sino apropiarla para ser más libres: aprender a usar lo digital sin quedar pegados a su viscosidad capitalista. Cuando se vuelve herramienta común —para crear, aprender, organizarnos, sostener vínculos— puede recuperar la fluidez del agua: circulación que no captura, movimiento que no se atasca, sino que más bien abre nuevos posibles. No se trata de apagar la pantalla, sino de volverla borde y cauce; que lo digital abandone su viscosidad para ser flujo de humanidad es el desafío de nuestro tiempo.

* Lucas Aguilera es Magíster en Políticas Públicas y Director de Investigación de la agencia argentina NODAL

De la sociedad líquida a la sociedad viscosa – Por Lucas Aguilera

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Educación y naturaleza

Quiero dirigir unas palabras a los jóvenes, a esos que son el futuro de la humanidad.
Vivimos en una época en la que las pantallas se han convertido en la ventana principal al mundo, pero en esa pequeña ventana no entra el olor del bosque, ni el canto de los pájaros, ni el murmullo del agua al rozar las piedras de un río. En esas pantallas no hay raíces, ni tierra, ni vida real.

Muchos jóvenes han perdido el contacto con la naturaleza, y no por culpa suya, sino por un sistema educativo que ha olvidado enseñarnos que somos parte del planeta, no sus dueños. En los institutos y universidades apenas se pisa el campo, apenas se estudia cómo late un bosque, cómo las plantas se comunican entre sí, cómo los árboles se ayudan unos a otros enviando nutrientes bajo tierra, o cómo cada especie, por pequeña que parezca, sostiene el equilibrio del todo.

La educación actual forma técnicos, economistas, ingenieros… pero no forma guardianes de la vidaY eso es lo que necesitamos con urgencia: jóvenes que amen la naturaleza, que comprendan que cada respiración depende de un árbol, que cada gota de agua es un milagro, y que sin biodiversidad no hay futuro.

Los pueblos originarios nos han dado una lección que no hemos querido escuchar: el respeto. Para ellos, el sol es el padre que da la luz, el agua es la sangre de la Tierra, y cada ser vivo —desde el más pequeño insecto hasta el más grande de los animales— tiene un propósito y un valor. Ellos no destruyen para vivir; viven agradeciendo. Esa sabiduría ancestral debería ser parte de nuestros programas educativos, enseñada no como una curiosidad antropológica, sino como un modelo de convivencia y respeto.

Jóvenes, el planeta os necesita. No para ser espectadores, sino protagonistas.
Salid al campo, tocad la tierra con las manos, escuchad el silencio del bosque, observad cómo la vida coopera en cada rincón. Descubriréis que la naturaleza no compite, sino que colabora. Que las plantas se comunican, que los animales sienten, que el agua canta cuando la dejamos fluir libre. Y  cuando comprendáis eso, cuando lo sintáis de verdad, no podréis volver a mirar el mundo igual.

La educación debe volver a sus raíces: la Tierra. Porque educar sin naturaleza es criar generaciones que ignoran de dónde viene la vida y cómo mantenerla.
La verdadera inteligencia no está solo en las aulas, sino en la capacidad de mirar una flor y entender que ahí, en su aparente fragilidad, late la fuerza de la existencia.

Se necesita solicitar a los gobiernos para que incluyan en sus programas educativos el contacto directo con la naturaleza. A los educadores, para que enseñen no solo con libros, sino con experiencias vivas. Y a los jóvenes, para que despierten, para que comprendan que sin bosques, sin mares, sin ríos, no hay futuro posible.

Amad lo natural, defendedlo, sentidlo como parte de vosotros. Porque quien ama la vida, ama la Tierra. Y quien ama la Tierra, jamás permitirá que muera.

Fuente de la información:  https://insurgenciamagisterial.com

Fotografía: Pedro Pozas Terrados

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