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Derechos humanos, estatuto colonial y unidad antiimperialista

Por: Luis Bonilla-Molina 

El secuestro como régimen de justicia internacional
El 3 de enero los venezolanos despertamos con el estruendo de las explosiones, el rugir de los helicópteros artillados y el zumbido de aviones de última generación. Por primera vez en la historia de Suramérica, Estados Unidos invadía directamente el territorio de una de nuestras naciones, secuestraba al presidente y su esposa, dejando caos y destrucción en menos de dos horas de operaciones. Los partidarios del ataque norteamericano para desplazar al Madurismo del poder, despertaron de la ingenuidad de creer que el ataque gringo solo afectaría a quienes estaban al frente del gobierno; los más de 100 muertos eran todos hijos e hijas de trabajadores, gente común, no murió ningún rico, como siempre son los pobres quienes sufren las consecuencias de la guerra. El dolor por la pérdida de vidas humanas nos unió a todos los venezolanos.

Los partidarios del gobierno, quienes habían creído la retórica que un ataque norteamericano al suelo patrio sería equivalente a un nuevo Vietnam para los gringos, tuvieron que vivir la vergüenza de presenciar la mayor derrota y humillación sufrida por el Ejército venezolano en su historia, incluso de consecuencias más nefastas que la pérdida de la primera república ante los españoles, porque en ese momento rápidamente se reorganizó la resistencia y retomó la lucha por la independencia nacional. Esto no ocurre hoy. Por el contrario, vergonzosamente la cúpula militar afirma que lo que ha ocurrido es el triunfo de la diplomacia por encima de las armas, en una aceptación tácita de los intentos de convertir a la República en Colonia. El ataque norteamericano no solo ocurrió sin bajas en sus filas, sino que ello les permitió amenazar con un segundo ataque más letal, haciendo que el discurso de la cúpula militar abandonara rápidamente toda la jerga antiimperialista para entrar en la narrativa de un nuevo momento político. Hoy muchos venezolanos se preguntan si en medio de la difícil situación económica, son necesarias unas fuerzas armadas de este tipo, si se justifica el volumen de gasto militar en un país cuyos maestros deben ir a dar clases con la zuela de sus zapatos rota.

Pero ese día también se disolvió el orden jurídico internacional, como si uno de los misiles usados hubiese impactado las bases de la convivencia, el derecho y los órganos jurisdiccionales multilaterales de administración de justicia. El presidente Maduro y la diputada Cilia Flores, su esposa, fueron esposados, secuestrados y trasladados a Nueva York, violando la inmunidad de sus cargos y sometiéndolos a la justicia de un país que no es el propio. Esposados, con signos de haber sufrido violencia en su captura, fueron mostrados como trofeos de guerra, convertidos en prisioneros y leídos los cargos por parte de un tribunal que defiende las leyes norteamericanas y para quienes Venezuela es solo un lugar geopolítico. Comienza el juicio y se habla de la necesidad del debido proceso, como si se tuviera que dotar de legitimidad un acto de violación del derecho internacional. La única opción humanitaria de un secuestro es la liberación, no existe otra.

Y no se trata de una defensa de Maduro, cuyo gobierno ha sido la peor desgracia para la clase trabajadora en la historia republicana, un régimen que intervino, copto y sometió a decisiones judiciales a todas las direcciones de los partidos de izquierda, ilegalizó el derecho a huelga, borró la noción de derechos adquiridos como parte de la administración de las negociaciones colectivas, destruyó el salario llevando el mínimo a solo 0,4 de dólar mensual y colocó como techo máximo de ingreso los 160 dólares mensuales (bonificados, no salariales), no permitió desde 2018 la legalización de sindicatos autónomos y proscribió de hecho el derecho a huelga. Si bien las sanciones económicas afectaron la economía y los ingresos del país, el drama de la clase trabajadora inicia antes de 2017, año en el que se imponen las Medidas Coercitivas Unilaterales contra el comercio internacional venezolano. Lo que ha ocurrido los últimos años es una brutal transferencia de la riqueza nacional al sector financiero bancario, la vieja y la nueva burguesía bolivariana. En la misma proporción que aumentaron los ingresos al país por la venta extraordinaria de petróleo a los Estados Unidos debido a la guerra en Ucrania, caían los ingresos salariales; la curva de ingresos del país ha sido inversamente proporcional a la caída del salario y los ingresos para la clase trabajadora.  Pero Maduro, es ante todo un venezolano, un latinoamericano, que solo debe ser juzgado en su país y bajo las leyes nacionales. Es el pueblo venezolano quien debe decidir su futuro político, recuperar la democracia y el estado de derecho, nunca potencia extranjera alguna.

¿Como es arriba es abajo?
Es imposible solicitar el cumplimiento del derecho internacional para el presidente Maduro, sin revisar la situación jurídica de la clase trabajadora y los ciudadanos en general en el país. Solo en el último año más de dos mil personas han sido detenidas por el delito de opinar contra el gobierno, acusados de incitación al odio y conspiración contra el Estado. Ser opositor en Venezuela es un riesgo para la libertad personal, para la tranquilidad familiar y la vida.

El ministro del interior, justicia y paz Diosdado Cabello Rondón, denominó y popularizó como tum tum (tocar la puerta), la operación policial que en las madrugadas llega a las casas de residencia de los opositores, sin orden judicial ni medida cautelar alguna, sin acusación formal de cargos, y se los lleva detenidos, secuestrados. Y ahí comienza el drama de los familiares, quienes recorren todos los lugares de reclusión, estaciones policiales, juzgados y fiscalías, pidiendo información de los suyos, recibiendo como respuesta “no tenemos información sobre ese caso”. Muchos pasan en situación de desaparición forzada semanas y hasta meses, hasta que se reconoce que están detenidos, sin formularles cargos. Incluso en casos como el de Enrique Márquez (excandidato presidencial y vocero del Frente Democrático Popular), se llegó a señalar luego de varios meses de desaparecido, que “no estaba detenido, sino invitado a conversar”. En la inmensa mayoría de los casos no se le permite designar abogado privado que les defienda e intente encontrar el expediente, sino que se le asigna un abogado de oficio, es decir un profesional del derecho que trabaja para el gobierno que le detuvo.

Esta condición calificada por los familiares de los detenidos como secuestro –la misma denominación que hoy se defiende sobre el estatus jurídico del presidente Maduro– la han vivido mujeres, menores de edad y ciudadanos trabajadores. Un caso es más insólito que el otro; Félix Gustavo Montoya, un hombre de 72 años, jubilado, fue detenido en Calabozo, estado Guárico, acusado de traición a la patria por hacer grafitis contra el gobierno; Luis Óscar Rondón Rodríguez, detenido el 29 de julio de 2024 (después de las elecciones), sus familiares señalan que fue golpeado, por el delito de estar en el lugar equivocado; Juan Valero un trabajador del sector eléctrico, preso hace un año sin causa comprobada; Juan Francisco Alvarado, estudiante de comunicación social,  fue detenido por reportar fallas en su comunidad a través de la propia App creada por el gobierno para esos fines, condenado a 15 años de cárcel; son centenares de casos de detenciones arbitrarias, de sentencias desproporcionadas y sin fundamento, de juicios sin el debido proceso, de detenciones sin orden judicial ni acusación formal, sin garantías procesales, ocurridas en su mayoría desde el 29 de julio de 2024. Muchos de los detenidos solo habían colocado una publicación crítica al gobierno en sus redes sociales y estados de apps, algo común en cualquier lugar del planeta.

Antes del 3 de enero el gobierno no reconocía que había presos políticos (gente común detenida por opinar contra los resultados electorales o las políticas del gobierno), políticos presos (el arcoíris opositor) y ciudadanos aún en condición de desaparecidos. Bastó que el presidente Trump, luego de anunciar su pretensión de convertir a Venezuela en colonia, pidiera el cierre del Helicoide (sitio de reclusión de prisioneros opositores al gobierno, lugar que ha sido objeto de denuncia por aplicarse tortura) y la libertad de los presos políticos, para que el presidente de la asamblea nacional, Jorge Rodríguez, hablara de una liberación masiva de más de 400 detenidos –ahora dice que llegan a 626– y el estudio de más casos. No obstante, el Comité por la Libertad de los Luchadores Sociales advertía este 23 de enero de 2026, que los excarcelados, con libertad condicional, solo llegan a los 172 ciudadanos. Otras organizaciones de derechos humanos y gremiales, como Provea, Laboratorio de Paz, Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, Espacio Público, COFAVIC, así lo confirman.

El Foro Penal, ONG de derechos humanos, denuncia que en el marco de los eventos post 3 de enero de 2026, el número de detenidos se ha incrementado como resultado de la aplicación del artículo 5 del Decreto de Conmoción Externa que se publicó después del secuestro de Maduro y su esposa. Es decir, se está aplicando una especie de puerta giratoria, mientras unos son liberados, otros son detenidos. Los cargos suelen ser incitación al odio, traición a la patria o conspiración. Desde la publicación del decreto, autoridades militares, policiales y funcionarios de inteligencia disfrazados de colectivos, revisan en las calles los celulares en búsqueda de alguna crítica al gobierno, que resultan evidencias vinculantes a alguna de las causas señaladas. Muchos ciudadanos salen a las calles sin teléfono móvil para evitar ser objeto de detención arbitraria.

Enrique Márquez (detenido por más de un año), Nicmer Evans (politólogo, director del medio de comunicación alternativo Punto de Corte y exmilitante de Marea Socialista) y una larga lista de presos han comenzado a ser liberados, pero siguen siendo mucho más los detenidos por razones políticas. Permanecen retenidos centenares de dirigentes sociales y sindicales, habitantes de los barrios cuyo único delito fue colocar un post en el que criticaban a Maduro, muchos de ellos nombres sin gran reconocimiento en los medios de comunicación, invisibles al ojo mediático, cuyas madres, esposas e hijos en estos momentos hacen vigilia frente a los sitios de reclusión. Surgentes una ONG que ha denunciado ampliamente el ataque norteamericano sobre Venezuela, señala que las luchas de las madres por la libertad de sus hijos presos, es cada vez mayor, demandando una auténtica amnistía general y liberación de todos los detenidos.

Sería un acto de cinismo político, solicitar el debido estado de derecho para el presidente Maduro, sin exigir lo propio para los miles de venezolanos que viven en carne propia el desamparo de la ley. Un acto de racionalidad e inteligencia política del cuarteto que dirige el gobierno interino (Delcy y Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino), liderado por Delcy Rodríguez, sería abrir las puertas de los sitios de reclusión de todos los presos políticos. Este sería un gesto que contribuiría a alimentar el sentimiento nacional antiimperialista.  Es momento de unidad, basada en la Constitución y las leyes que nos hemos dado los venezolanos, de superar el abuso del Estado para enfrentar al enemigo de la patria.

La polarización: Estrategia para ocultar a la oposición de izquierda
El cerco naval y militar norteamericano sobre las costas venezolanas que viene ocurriendo desde agosto de 2025, el manejo de los medios de comunicación internacional y el soft power gringo de los últimos años, ha pretendido mostrar a Venezuela como una nación dividida entre Bolivarianos (Chavistas y Maduristas) versus la derecha democrática. La polarización tiene el propósito de ocultar la existencia de la oposición de izquierda, es decir, sacar de la ecuación política de solución al conflicto, a la izquierda. Y en el plano mediático en buena medida lo han logrado, porque hoy muchos se asombran cuando les hablamos que en Venezuela la izquierda real no es madurista.

La razón de este ocultamiento deliberado, en el que coinciden imperialismo y gobierno venezolano, es que las clases dominantes saben que va a ser muy complejo restituir el nivel de vida material e ingresos salariales de la población a los niveles que tenía en 2013 o 1982, como lo han prometido en los últimos tiempos, especialmente después de la violación de la soberanía por parte de las fuerzas militares norteamericanas, lo cual coloca el descontento, la rebeldía y la conmoción social en el horizonte de la política nacional. Aislar a la izquierda procura evitar que pueda llegar a tener influencia en un escenario de este tipo.

En los últimos años, aún en un marco de limitación severa de las libertades políticas, se ha venido construyendo un amplio campo de oposición de izquierda, aún no unificado pero que coincide en lo sustantivo, del cual forman parte el PCV dignidad, el PPT, la corriente COMUNES, Marea Socialista, el Partido Socialismo y Libertad, el Bloque Histórico y muchos movimientos más. A la par, la clase trabajadora ha venido recomponiendo sus instrumentos de organización y lucha especialmente a partir del Comité Nacional de los Trabajadores en Lucha (CNCTL) y el acuerdo unitario que finalmente firmaron todas las centrales sindicales el 12 de diciembre de 2025.

Esa realidad le preocupa a la burguesía (tanto cuarto republicana como de la quinta república) y Estados Unidos, quienes han bloqueado la difusión de sus actividades en los grandes medios y su presencia sufre los rigores de la exclusión algorítmica en las redes sociales. Tanto el gobierno de Maduro –y ahora el de Delcy Rodríguez– así como Estados Unidos cuando se refieren a la oposición lo hacen solo mencionando a la derecha, tanto la coptada por el gobierno como la que lidera María Corina Machado. Asumen que, si evitan que se difunda la existencia de la oposición de izquierda, esta desaparecerá. Tremendo error de cálculo, la izquierda tiene una enorme experiencia de sobrevivencia en condiciones autoritarias, dictatoriales, y ha comenzado a recomponer su relación con el movimiento social que resiste a la polarización.

Pero la negación sobre la existencia de una oposición de izquierdas en Venezuela no es solo una posición del gobierno, el imperialismo norteamericano, las derechas locales y mundiales, sino que un sector de la izquierda global ha preferido no darse por enterada, para vivir la comodidad binaria, dotando al Madurismo de una condición revolucionaria y antiimperialista que abandonó en los hechos hace mucho tiempo. La verdad es que el gobierno venezolano hace tiempo perdió su carácter de izquierda, aunque mantenga elementos retóricos, mientras aplica un paquete neoliberal y negocia con los Estados Unidos. La cúspide de esta dualidad esquizoide han sido los encuentros, en Caracas, la ciudad bombardeada, por parte de la presidenta encargada y el alto gobierno venezolano con el director de la CIA, precisamente la persona encargada de diseñar el ataque del 3 de enero y el secuestro de Maduro.

Es terrible que la izquierda geopolítica mundial no comprenda que lo importante es estar con quienes viven el drama de la clase trabajadora, no sacar cuentas de cuantos gobiernos se identifican de derecha y cuantos como progresistas; la política del común no es un juego de monopolio. De hecho, mientras quien dirige la burocrática y patronal Central Bolivariana Socialista de los Trabajadores (CBST) nunca ha dirigido una huelga en defensa de la clase trabajadora, decenas de dirigentes sindicales de base en Venezuela están hoy prisioneros o tienen medidas restrictivas de libertad, solo por atreverse a exigir aumentos de salarios y derecho a huelga, algo que la izquierda hace en cada lugar del mundo. Estamos seguros de que, en sus países los militantes de esas organizaciones geopolíticas de izquierda jamás aceptarían callar, ante el despojo salarial o la represión al movimiento social. Triste papel el que encarna esa izquierda geopolítica, que por omisión consciente contribuye a ocultar que existe una oposición de izquierda en Venezuela.

La urgencia de una plataforma mundial antiimperialista desde los intereses de la clase trabajadora
Difícil tarea la de los revolucionarios en este periodo, organizar la resistencia ante los avances del fascismo y la ultraderecha, construir coincidencias y articulaciones antiimperialistas a escala global, sin ocultar la situación real de la clase trabajadora venezolana. Impulsar unidad de acción, exigiendo restitución de los derechos democráticos mínimos para la clase trabajadora, porque al final, al único que le favorece que los trabajadores no se organicen autónomamente, es al capitalismo y al imperialismo. En este esfuerzo de unidad en la diversidad estamos comprometidos y trabajando.

Derechos humanos, estatuto colonial y unidad antiimperialista

 

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El pensamiento de la barbarie

Por Jorge Majfud |

Me da pudor repetirme, pero luego de treinta años, siempre escucho y leo los mismos argumentos, más cargados de obviedad que de confirmación histórica, como si el mundo hubiese sido creado ayer. Por supuesto que nadie es dueño de la verdad y hasta los físicos cuánticos del MIT se equivocan con los quarks, pero es penoso tener que escuchar, con respeto, teorías de borrachos de bar (por recordar a Umberto Eco) como si estuviesen descubriendo la pólvora o, peor, la piedra filosofal; y como si sus desvaríos o, peor, sus clichés de siempre tuviesen el mismo valor que la Teoría de la evolución o la Teoría de la Relatividad.

Hoy, a los borrachos de bar, se les han sumado mercenarios académicos, o algo parecido, dispuestos a sostener que “la Tierra es el centro del Universo” con tal de que alguna gran editorial (a juzgar por la historia, promovidas por la CIA y por pequeñas donaciones de grandes corporaciones) los lance a la fama y a ingresos de ventas que, de otra forma, por el solo peso de sus ideas, seguirían siendo solo borrachos de bar―con algún título universitario, claro. El mercado y la cultura consumista saben lo que hacen: explotan nuestras emociones cavernícolas, en instituciones medievales, con una tecnología de los dioses―por parafrasear a Edward Wilson.

Desde hace muchos años, cada vez que en alguna de mis clases dibujo tres rombos contiguos en la pizarra y pregunto qué es, siempre, y sin excepciones, los estudiantes me responden que “es un cubo”.

No son niños, son universitarios.

“¿Un objeto de 3D?”, insisto, para que no queden dudas. La respuesta es siempre obvia:

“Sí, ¡claro!”

Un objeto de tres dimensiones. No recuerdo una excepción en ninguna de mis clases, pero sí sabemos que algunos pueblos de Polinesia, antes de la colonización, solían ver una figura en 2D, en lugar de un cubo; en cambio, no veían una historia en una secuencia de una historieta.

Cuando estoy un poco aburrido, arrimo la cara a la pizarra y miro la figura del supuesto cubo desde la superficie:

“Pues, yo no veo ningún objeto”, les digo. “Desde aquí, más bien se ve una línea, como si desde sus butacas se viese sólo una figura en de dos dimensiones…”

“El cubo es real porque lo puedo ver”, me dijo un estudiante.

Le proyecté una pantalla amarilla.

“Es este color que ven aquí real?”

Respuesta unánime:

“Obvio, es el amarillo. It’s the color yellow. Lo vemos todos. Es real”.

“Entiendo. Es real” les contesté. “Sin embargo, es una realidad que no existe. Al menos, no es más real que los sueños.”

Hubo una risa unánime.

Este amarillo no existe fuera de nuestros cerebros. El proyector, como cualquier pantalla digital, sólo proyecta verde, rojo y azul. Ni siquiera nuestra retina tiene conos sensibles al amarillo. Es una ilusión, una ilusión consistente que nos evita chocar en un cruce con semáforos. Exactamente igual a la inexistencia del olor de una rosa, que solo existe cuando alguien la acerca a su nariz. Antes y después, el olor no existe. O Nocturnos de Chopin. Esa belleza de piano es una “complicidad humana”, pero sin una persona que la escuche, es simple vibración del aire, como el olor es simple química antes de convertirse en olor en un cerebro animal.

Tengo un gran respeto por los jóvenes, porque sé que, aún de viejos, seguimos aprendiendo, cambiando o ajustando nuestra comprensión del mundo. Para peor (¿por qué para peor?), nunca podemos decir que alcanzamos la verdad, al menos que seamos algún tipo de fanático, uno de esos que sobran en la historia de la Humanidad.

Lo que me queda claro es que, sin la ahora maldita educación (“los profesores son los enemigos”, JD Vance, JG Milei) deberíamos empezar como los sumerios antes de sus complejas tablets de arcilla y su Silicon Valley, hace 5.200 años; o como los cavernícolas, casi un millón de años atrás, dominando el fuego para, así, de viejos, descubrir que el 73 es el número más misteriosos o que menstruar no significa estar enferma, sino todo lo contrario.

Esta proyección de lo que entendemos (el cubo) sobre lo que vemos (los rombos) es universal. También creo que ya analizamos y repetimos hasta el cansancio que hay palabras que son ideoléxicos (¿cubos?) y, por lo tanto, su significado es un producto histórico, el resultado de múltiples luchas filosóficas, políticas y sociales (La narración de lo invisible: Una teoría política sobre los campos semánticos, 2004).

Así también, por ejemplo, cuando hablamos de Europa y África en el siglo XIII, o más tarde, proyectamos en esas dos palabras nuestro limitado conocimiento y vemos un continente desarrollado y otro pobre, el exacto contrario de la realidad. Lo mismo con los siglos que duró el Imperio árabe y la Europa de entonces. Una era el centro desarrollado del mundo y otra una periferia llena de fanáticos talibanes―y no era precisamente el mundo islámico.

Lo mismo podemos decir con palabras como “estadounidense”: los más fanáticos chauvinistas ni siquiera consideran que el pasado es un país extranjero, y que el estereotipo de “americano”, el cowboy (ese mexicano blanco) tipo Clint Eastwood (esa invención de un italiano) hubiese sido irreconocible para la generación fundadora, más británica en sus formas―no en su fanatismo de la propiedad privada a través de la violencia del despojo ajeno.

Esta tesis que publicamos en la Universidad de Georgia en 2004, aunque ponía el acento en una guerra cultural (sin negar el valor históricamente probado de la lógica marxista del materialismo dialectico, aunque en apariencia se le oponga) pretendía exactamente lo contrario a los productos sucesivos de la actual guerra cultural.

Cuando leímos afirmaciones como que “el nazismo era de izquierda” porque su nombre completo era “Nacional Socialismo”, lo tomamos como cuando un niño nos dice que en la Antártida los pingüinos caminan patas arriba, porque el Sur está abajo. O que la Tierra es plana, para no irnos tan lejos. Naturalmente que el comercio del odio, la crueldad y la tontería siempre será muy rentable para las grandes editoriales y los grandes medios.

Si seguimos esta línea de análisis pseudo-etimológico, habrá que decir, sin ningún lugar a dudas, que “los libertarios son comunistas anarquistas”. Ese es el origen de la palabra y de la bandera libertaria. Es decir, o sea, Ron deSantis, los MAGA, los libertos de Milei, de Bolsonaro, de Kast (los neofascistas, los miembros ultraconservadores del CPAC que fundó esta corriente orgullosa de su mediocridad) son anarco-sindicalistas y comunistas anarquistas. Digo, para entendernos con el nivel cloaca que domina hoy el pensamiento (si se puede llamar así) antiilustrado y anti cultura.

El pensamiento de la barbarie. Claro, para disimular, hay que acusar a los demás de nuestras dolencias. Un personaje de El mar estaba sereno (2016), whisky mediante, reconocía que “había fracasado repetidas veces en el vulgar intento de ser amado por los demás. En compensación, había logrado la admiración y el temor ajeno, como un dios antiguo, aunque en la medida justa y necesaria. Pero no el cariño y mucho menos el amor de nadie… Con el tiempo había desarrollado su propia teoría psicológica, a pesar de sus rudimentos intelectuales: todo individuo que se ama por lo que hace, se detesta por lo que es”.

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Bolivia 2026 El despertar del poder dual, la agonía neoliberal y las tareas del proletariado

Por: Juan José Villa – MST Bolivia / Enero de 2026

A finales de diciembre y principios de enero, el gobierno perdió el control de la situación. El doble poder de obreros, campesinos y sectores populares se consolidó en tres semanas de huelga general indefinida al grito de ¡Abrogación del D.S 5503!, decretazo que impuso el gasolinazo, otorgó vía libre a las transnacionales para el acceso directo al saqueo de los recursos naturales del país, desbarató regulaciones medioambientales, atentó contra la estabilidad laboral, concentró el poder en el Ejecutivo pasando por encima del legislativo, y una serie de medidas que se constituyeron en un verdadero paquetazo neoliberal con perspectivas dictatoriales.

En el proceso, se incorporó la lucha contra los D.S 5515, que le otorga poderes al presidente para gobernar desde el exterior con mecanismos virtuales; D.S 5509, que facilita el ingreso de las multinacionales tecnológicas Starlink y Amazon para el saqueo de los recursos so pretexto de otorgar servicios tecnológicos, y la defensa de la reserva natural de Tariquía invadida por Petrobras.

A la cabeza de trabajadores mineros, fabriles y magisterio se sostuvieron las protestas del mes de diciembre en la sede de gobierno. En enero se consolidó la alianza obrera y campesina tras la gran marcha denominada «Bolivia No Se Vende». A partir de aquí, el gobierno estuvo asediado de incansables protestas y cerco constante a Plaza Murillo. Por la entrada decisiva de las federaciones campesinas a la lucha, se instalaron más de 70 puntos de bloqueo a nivel nacional con perspectiva a seguir creciendo.

La respuesta negativa y postura soberbia del gobierno reflejaba que estaba totalmente desfasado de la realidad social y política. Pensaba que la clase media acomodada y el pacto con las dirigencias vendidas de algunos sindicatos gremiales, vecinales y de transporte le daban fuerza suficiente para derrotar a la COB. Pero resultaron ser una fracasada minoría.

La alianza obrera y campesina se potenció con la incorporación de sectores populares encabezados por las Juntas Vecinales de El Alto y la Confederación de Trabajadores por Cuenta Propia. Las bases levantaron la consigna de ¡Fuera Rodrigo Paz!, ¡Qué renuncie el gobierno incapaz!

El oficialismo perdió toda fuerza y legitimidad para convocar a negociación alguna. El doble poder brilló con todo esplendor. Se desafió con enérgica fuerza el poder de los ricos, de las petroleras y agroindustria, de los bancos y oligarcas, de la intervención de EE.UU y su gobierno títere. Se dio el salto cualitativo, se gestó el doble poder de la Central Obrera Boliviana. La Huelga General se convirtió objetivamente en una insurrección de las mayorías explotadas y oprimidas.

En esos momentos, tras el ampliado de la COB del 10 de enero, la dirección potenciada de la lucha impuso sus propias condiciones: “Si el gobierno quiere dialogar tendrá que venir a nuestro terreno, domingo 11 de enero a la sede de la Federación de Campesinos TUPAC KATARI en la Ciudad de El Alto»[1]. Al gobierno debilitado no le quedó más que asistir a primera hora.

En aquella reunión, justo en el momento más álgido de la lucha, la dirección de la COB firmó un pacto con los ministros de Paz, donde se aceptó la abrogación del D.S 5503, pero con el compromiso de trabajar con la directiva obrera y campesina un nuevo decreto en el que se mantiene el gasolinazo y otros puntos económicos del paquetazo. La cereza sobre la torta del pacto fue la aceptación de levantar todos los bloqueos de inmediato, mientras se debía esperar 48 horas a que el presidente se digne en promulgar la abrogación.

Esto trajo de inmediato la implacable crítica de las bases campesinas que comenzaron a desconocer a sus dirigentes; representantes de la provincia Omasuyos atacaron a chicotazos el automóvil en el que se encontraba el ejecutivo del ente matriz de los trabajadores.

La Asamblea de Emergencia de la COB del 12 de enero calificó de error garrafal el accionar dirigencial, resolvió no confiar en el gobierno y recomendó bajar a las bases a autocriticarse para preservar las alianzas logradas. Por esta asamblea, la dirección hizo una conferencia de prensa enfatizando que el Estado de Emergencia se mantenía contra el gobierno, pero exigió trabajar conjuntamente el nuevo decreto del gasolinazo.

Finalmente, el gobierno abrogó el D.S 5503 el 13 de enero y en efecto, la dirección de la COB dio su visto bueno al nuevo D.S 5516 en el que se mantiene el gasolinazo, fijando precios y no dejándolos abiertos como antes; establece el incremento salarial, entre otras medidas.

¿Derrota o victoria del movimiento de masas?

Se abrió una nueva situación revolucionaria en el país, más poderosa que la anterior.

Paz terminó abrogando el paquetazo de entrega total de Bolivia a las transnacionales y se desbarató su política de concentración de poder para firmar contratos directos con ellas. Esto es una poderosa victoria.

La desazón que existe es porque que se pudo conseguir todo, impedir el gasolinazo e incluso lograr la caída del gobierno. Sin embargo, tanto mineros como fabriles, el magisterio y sectores campesinos, claramente tienden a desbordar las asambleas con elevadas discusiones políticas, de estrategia y táctica para conseguir sus reivindicaciones. El estado de ánimo es favorable a la lucha, propio de una situación revolucionaria y no de una derrota. Esta solo fue una primera batalla contra la ofensiva neoliberal.

El magisterio urbano paceño, después de la abrogación, protagonizó otra masiva movilización en la sede de gobierno exigiendo que se reponga el bono pro zona para educadores que cumplen su trabajo en provincias y lugares alejados. El Ministerio de Educación repuso de inmediato la reivindicación. Esta es la tendencia de las luchas venideras, la balanza se ha puesto del lado de la movilización. La iniciativa la tiene el movimiento de masas.

Las bases de la COB con la alianza obrera y campesina demostraron que tienen una fuerza descomunal capaz de elevar al Ente Matriz de los trabajadores a órgano de poder dual. Esta recuperación de organismos empezó en el ascenso revolucionario anterior, cuando la debacle del MAS abrió la posibilidad de recuperar las instituciones obreras, populares y campesinas para la lucha y la independencia de clase.

Ahora, con la primera victoria de la COB, se abre una nueva situación revolucionaria más poderosa debido al proceso de reorganización del movimiento obrero y la recuperación de sus organismos para la acción directa. El movimiento campesino, que se veía dividido por las traiciones del MAS, lejos de estar aplastado y sumido en la oscuridad, se presentó potenciado y poderoso en la nueva alianza con el proletariado.

Quedan tareas por resolver, superar el colaboracionismo de clases[2], pero no se resolverán si no se aclara que el proceso histórico que acaba de acontecer no es el de una derrota, sino el de una primera victoria que abre grandes posibilidades políticas para la clase trabajadora.

El próximo período debe ser consciente del poder dual gestado. Se puede derrotar toda la ofensiva imperialista e interventora de EE.UU y su gobierno títere. Se puede no solo luchar por las reivindicaciones económicas, sino, por el poder político de las instituciones de la clase trabajadora. El poder para la alianza obrera y campesina. En concreto, el próximo período es el de hacer consciente la lucha por el gobierno del poder dual de la COB.

Paz en terapia intensiva asistido por el oxígeno del CEN de la COB

Paz quedó absolutamente debilitado tras la Huelga General y la abrogación del D.S 5503, y aunque el gasolinazo se impuso por el acuerdo, el gobierno se mantiene en Palacio no por sus propias fuerzas, sino porque la dirección cobista le brindó oxígeno tras el pacto.

Pero ese oxígeno brindado puede ser retirado en el transcurso de las siguientes semanas por presión del proceso objetivo. Es decir que el gobierno depende de la COB, de las decisiones que la alianza obrera y campesina tome respecto a continuar respetando el pacto o romperlo e iniciar una nueva lucha. Es por tanto un gobierno extremadamente débil, asediado por el doble poder, antesala de una nueva insurrección.

No pactar con el gobierno, reorganizar las fuerzas para la próxima fase

Este gobierno ha demostrado ser de doble discurso, mientras en las elecciones se presentaba con promesas populistas para ganar votos, en la presidencia aplicó el programa de la derecha neoliberal. Mientras en años pasados se tomaba fotos firmando peticiones de defensa de Tariquía, ahora escolta a Petrobras con la fuerza policial para explotar la reserva natural. ¡Ninguna confianza en Paz!

A partir de la asistencia de oxígeno de la COB, Paz puede seguir gobernando e intentará reponerse para aplicar una nueva ofensiva neoliberal que le exige el poder hegemónico de los EE.UU. De hecho, la ofensiva sigue en pie con los D.S 5509, 5515 y el nuevo D.S 5516. Ahora, el gobierno busca lastimar el derecho a la protesta con el proyecto de ley de penalización de los bloqueos. Quiere blindarse ante la inevitable reorganización de las próximas protestas.

Estos ataques forman parte de la recolonización abierta impulsada por la política imperialista de EE.UU y encabezada por Donald Trump que encuentra en Paz a su ejecutor más dócil, replicando lógicas de intervención que ya han lacerado a la región. El ejemplo más cercano es Venezuela, donde bajo el pretexto de «liberar al pueblo de la dictadura de Maduro», el imperialismo intervino militarmente el país y luego pactó con el resto del régimen dictatorial el saqueo de los recursos en favor de las transnacionales. Situación que ha recibido el rechazo mundial y de la misma clase trabajadora venezolana.

Esta ofensiva imperialista se dio también en medio de una situación revolucionaria mundial, caracterizada por la creciente respuesta de las masas contra los planes intervencionistas de EE.UU y los gobiernos de turno serviles. El propio Donald Trump enfrenta una inestabilidad histórica caracterizada por las masivas e inagotables protestas en su propio país y el rechazo internacional a su política.

Para derrotar la ofensiva recolonizadora de EE.UU corresponde romper el pacto con Paz y reorganizar las fuerzas para continuar la siguiente fase del proceso revolucionario.

Preparar el plan de lucha acorde con las resoluciones del congreso de octubre

La Central Obrera Boliviana renovó su dirigencia y líneas de acción tras el congreso de octubre del año pasado. Estableció la ruptura con el colaboracionismo de clases de la era del MAS y rechazó por unanimidad, en la plenaria final, el informe de gestión del ex dirigente Huarachi.

El evento histórico ha mandatado a sus direcciones no alinearse con ningún gobierno burgués, recuperar la independencia de clase y construir el propio partido de la clase trabajadora. Lejos de postergar estas resoluciones históricas, el CEN de la COB está conminada a cumplirlas.

Preparar al mismo tiempo el programa obrero, popular y campesino de solución a la crisis en contraposición directa al programa neoliberal que aplica Paz. Las resoluciones del Congreso también exigen la abrogación de las leyes antiobreras en materia de jubilación, educación, salud, luchar por una verdadera nacionalización de los recursos naturales e industrialización del aparato productivo del país para la generación de empleo, defensa de la estabilidad laboral, impulsar congresos de cada área para profundizar el pliego de lucha. Si unimos esto a la resolución de independencia de clase y construcción del propio partido de los trabajadores para gobernar, se debe ir con todo a materializar la propuesta económica de la COB.

El PIB de Bolivia es producto del trabajo de las mayorías explotadas y oprimidas. Quienes absorben la inmensa mayoría de las ganancias de esa riqueza no es la clase trabajadora que la produce, sino la oligarquía, burguesía e imperialismo. Esa élite bancaria, agroindustrial, latifundista, de las farmacéuticas y petroleras que no pretende pagar ni un centavo de la crisis pone la ganancia extraída en refugios financieros del exterior. Esto no es aportar, sino saquear. Es necesario establecer un duro el impuesto a estas saqueadoras, recuperar la riqueza del propio trabajo al servicio del país y desarrollar el monopolio del comercio exterior, un plan superior de desarrollo en manos del auténtico gobierno obrero, campesino y popular, que será obra de un próximo documento de aporte al proceso revolucionario.


 

APÉNDICE: ASCENSO REVOLUCIONARIO ANTERIOR y EL DESVÍO ELECTORAL

¿Por qué Paz fue debilitado en solo dos meses de gobierno?

Antes de que Paz asumiera la presidencia, el país vivía una situación revolucionaria caracterizada por el ascenso de las protestas sociales contra el desastroso gobierno del MAS. La hiperinflación de los productos de la canasta familiar y la devaluación del boliviano frente al dólar fueron solo la superficie de una profunda crisis económica y social que llevó a las masas a identificar al MAS como el principal responsable de la debacle del país. ¡Renuncia de Arce!  ¡Fuera Arce! Fueron las consignas que resonaron entre 2024 y 2025.

El gobierno entró en una severa crisis política, el MAS se quebró en pedazos y en medio de la pelea de candidaturas entre evistas y arcistas, se pateó el tablero electoral: en junio del año pasado, a solo dos meses de realizarse las elecciones, la Federación de Campesinos Tupac Katari encabezó la convocatoria de tumbar a Arce por la vía de la movilización revolucionaria[3].

En ese período, Evo Morales organizó desde el Chapare bloqueos y marchas por habilitar su candidatura, pero lejos de enfrentarse a Arce, chocó frontalmente contra las mayorías del campo y las ciudades periféricas que se preparaban para sacar al gobierno.

A la cabeza de la población trabajadora de Llallagua, Vinto, y las 20 provincias de La Paz se derrotó la embestida del evismo. Campesinos originarios del Norte Potosí rompieron categóricamente con Evo. De esta manera, se derrotó su candidatura. Pero, gran parte de las fuerzas que eran para derrocar a Arce fueron desgastadas para derrotar a Evo. Los dirigentes cambiaron de línea orientando a sus bases a echar al gobierno por la vía electoral.

De esta manera, se impuso el desvío de las luchas revolucionarias a las urnas abriendo una situación de reflujo en el país, favorable a la reorganización del poder hegemónico de la oligarquía, burguesía e imperialismo. Este reflujo del proceso llevaría a la conformación del gobierno de Rodrigo Paz.

Sin embargo, no se infringió ninguna derrota física ni significativa a las masas. Fue únicamente un desvío de “reacción democrática”[4]. Las fuerzas no solo estaban intactas, sino que se potenciaban aún más con la reorganización del proletariado de la COB. Rodrigo Paz asume la presidencia en medio de ese tremendo proceso revolucionario, augurando ser un gobierno débil de nacimiento[5].

La reorganización del proletariado minero

Mientras los análisis del frente populismo contradecían el proceso revolucionario caracterizando una derechización del país enfocados exclusivamente en estudiar la división del MAS y su vergonzosa derrota electoral, la realidad de la clase trabajadora proyectaba todo lo contrario, un salto a la izquierda en el movimiento de masas en general y el obrero en particular. El proletariado podía al fin liberarse de las cadenas del MAS, ese aparato contrarrevolucionario infiltrado en sus filas, para recuperar sus organizaciones a la independencia de clase y la acción directa.

A principios de 2025, cuando en el país creció la lucha por la caída de Arce, las bases de la Federación Sindical de Trabajadores de Mineros (FSTMB) consolidaron el movimiento por la renovación de su dirección y el cambio radical de sus líneas de acción. Derrotaron las constantes postergaciones de su congreso enfrentando eficazmente al viejo dirigente de la COB, Juan Carlos Huarachi, que fungía como representante del gobierno del MAS y no de la clase obrera.

La situación revolucionaria de entonces fue el contexto principal de la instalación del 33º Congreso Minero realizado el mes de marzo de aquel año, en Tupiza, Potosí. El evento histórico determinó la ruptura definitiva con el MAS de Evo y Arce, asumiendo incluso que la caída de Evo del 2019 fue por la protesta de las masas movilizadas, como expresó su documento político: “Evo Morales renuncia a su cargo a pedido de la COB (…) y principalmente de las Organizaciones Sociales”[6].

El proletariado minero determinó recuperar la independencia de clase junto a una serie de reivindicaciones económicas, sociales y políticas acordes al proceso revolucionario. Eligió una dirección nueva, descartando las opciones de los sectores mineros tradicionales de donde provinieron las direcciones que colaboraron al MAS, para votar de manera histórica por la alianza de minas disidentes: Capasirca, Manquiri y San Vicente. Así surgió la dirección Paye, el respectivo documento político y el mandato de construir el propio Partido de los Trabajadores[7].

El congreso de la COB

El congreso minero de marzo dio un ultimátum a la dirección de la COB vendida al gobierno: No aceptar ninguna postergación más del Congreso del ente matriz y realizarlo de inmediato en el mes de abril. Una línea categórica para acabar con siete años de traiciones de la directiva de Huarachi.

Sin embargo, los demás sindicatos obreros y campesinos que cogobernaron con el MAS aún no renovaban su dirección. La FSTMB se puso a la izquierda, pero recibió la resistencia de la burocracia traidora. Aún así, el proceso objetivo de la situación revolucionaria fue rompiendo las barreras y debilitó al extremo la injerencia del gobierno.

Finalmente, a la burocracia no le quedó más remedio que convocar al Congreso de la COB. Con maniobras de por medio fijó la fecha para octubre, mes de las elecciones.

El Congreso de la COB se realizó en la situación de reflujo del proceso revolucionario, donde la trampa de la reacción democrática otorgó respiro al poder hegemónico para recuperar sus fuerzas preparando un nuevo gobierno burgués.

Los vientos del reflujo fueron aprovechados por la dirigencia de Huarachi para mantener el legado traidor del colaboracionismo de clases: En la inauguración del congreso cobista se aprobó su informe de gestión. La alianza de las tres minas disidentes, Capasirca, Manquiri y San Vicente que en marzo ganaron la votación mayoritaria en la FSTMB, perdió peso para reeditar nuevamente su hazaña y no pudieron tomar la dirección de la COB.

No obstante, en el desarrollo del congreso, los designios del proceso revolucionario objetivo se impusieron aclarando que el reflujo no significó una derrota, sino un desvío temporal de las luchas que conservan aún todas sus fuerzas. El trabajo por comisiones desbarató lo que la burocracia logró en la inauguración. Las asambleas por sectores en los cuartos intermedios pusieron en orden a sus delegados.

El Congreso ratificó expresamente las resoluciones del Nº 33 Congreso de la FSTMB, estableció la directriz contundente de no alinearse con ningún gobierno burgués, recuperar la independencia de clase y construir el propio partido de los trabajadores de la COB[8].

Se resolvió llevar al tribunal disciplinario a la dirección traidora. La plenaria final rechazó por unanimidad su informe económico llevando el caso a una comisión investigadora.

Las resoluciones también exigen abrogación de las leyes antiobreras en materia de jubilación, educación, salud, luchar por desarrollar una verdadera nacionalización de los recursos naturales e industrialización del aparato productivo del país, generación de empleo, defensa de la estabilidad laboral, encuentros y congresos obreros en cada área para profundizar el pliego de lucha.

La nueva dirección elegida provino de Huanuni, a la cabeza de Mario Argollo. Si bien Huanuni fue el sindicato minero donde el MAS pisó fuerte por años, esta dirección es muy diferente a la de Huarachi. Surgió de un proceso de ruptura con el arcismo, evismo y el mandato de cumplir con las resoluciones revolucionarias del congreso. Aún queda la tarea de romper definitivamente con las prácticas del colaboracionismo de clases que se hicieron tradición en la formación de dirigentes durante 20 años de dominio del MAS.

Hay que ser categóricos, el histórico Congreso de la COB estuvo influenciado más por la etapa revolucionaria que por el reflujo, dio un giro a la izquierda en relación al ostracismo anterior, derrotó las tesis pasadas de la desmovilización y sometimiento al MAS, e inició la carrera por la recuperación del organismo obrero para las luchas venideras.

Las elecciones de 2025 también reflejaron una nueva “izquierdización”

Los resultados y datos de las elecciones los hemos explicado in extenso en el artículo titulado “Balance Revelador de las Elecciones en Bolivia”[9]. En resumen, en la primera vuelta arrasaron los votos nulos y blancos, dejando prácticamente vacía la asamblea legislativa, por lo que el Tribunal Supremo Electoral, sirviéndose de las leyes de reacción democrática, llenó los vacíos con los segundos lugares que en la mayoría de casos apenas alcanzaban entre el 5% y 10% de votos. Razón por la cual el legislativo no tiene representatividad popular, obrera ni campesina.

Los nulos y blancos expresaron el proceso revolucionario contra el MAS y los candidatos tradicionales del neoliberalismo en las urnas. Los votos a Edmand Lara también fueron a la izquierda expresando de manera distorsionada el ascenso revolucionario. Rodrigo Paz que se presentó en dupla con Lara, asumió un discurso frente populista poniéndose a tono con Lara y esto le permitió ganar las elecciones en el balotaje.

En cuestión de número de votos, de un padrón electoral de casi 8 millones de personas, la suma de los candidatos de la derecha neoliberal consiguió poco más de 2,5 millones de votos, mientras que la izquierda expresada en nulos, blancos, abstenciones, y de forma distorsionada en Lara y dos candidatos pequeños más, se acercaron a los 5 millones.

Claramente el ascenso revolucionario se expresaba también en el reflujo electoral.


 

[1] Conferencia de prensa de la Central Obrera Boliviana del 10 de enero de 2026.

[2] Colaboracionismo de clases: práctica política que postula la armonía y cooperación entre el proletariado y la burguesía (y sus gobiernos de turno) bajo la ficción de un «interés nacional» o «bien común». En la historia, esta práctica abre el camino de la derrota del proletariado frente a los ataques del poder hegemónico burgués.

[3] Radio Fides informa: Ponchos Rojos Exigen la renuncia de Arce. https://www.facebook.com/reel/1279362627031615

[4] El término político de “reacción” nació en el siglo XVIII para describir a quienes se oponían a la Revolución Francesa. «Reaccionar» era la respuesta de las fuerzas que querían restaurar la monarquía y los privilegios de la aristocracia frente a los cambios radicales de los revolucionarios. Reacción democrática se refiere a esa restauración retrógrada del poder, pero con mecanismos de la democracia (elecciones) o disfrazada de ella.

[5] Este proceso está explicado in extenso en diversos documentos del MST boliviano, principalmente en las “Tesis para el XVIII Congreso de la COB” de Octubre de 2025.

[6] Documento político Fusionado: Capasirca, Manquiri y San Vicente, fue el escrito histórico asumido en el 33ª Congreso Minero.

[7] Desde el MST Bolivia contribuimos al debate proletario con el documento “Aporte al Nº33 Congreso de la FSTMB, donde caracterizamos la situación revolucionaria, la oportunidad de liberarse del aparato masista y la línea de construir el Partido de los Trabajadores de la COB para la toma del poder”.

[8] En octubre de 2025 se contribuyó al debate obrero desde el MST Bolivia con las “Tesis para el XVIII congreso de la COB”

[9] Balance Revelador de las Elecciones en Bolivia, publicado en octubre de 2025 en www.mstbolivia.or

 

Este artículo fue extraído del sitio web de la Liga Internacional Socialista

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Política Internacional: Por qué Washington ha convertido a China en su principal adversario estratégico

Por qué Washington ha convertido a China en su principal adversario estratégico

Eric Toussaint

Durante casi tres décadas, Washington consideró a China como un socio económico indispensable del que se beneficiaba y que estaba llamado a prosperar dentro del orden capitalista internacional dominado por Estados Unidos. Este enfoque se ha hecho añicos. En el espacio de diez años, China ha pasado, en el discurso oficial estadounidense, de ser un competidor cooperativo a un «adversario estratégico principal ». Esta transformación no es el resultado de un cambio de régimen en Pekín ni de una ruptura de China con el sistema capitalista globalizado, sino todo lo contrario: el rápido ascenso de una potencia que ha sabido explotar las reglas del orden capitalista existente hasta el punto de amenazar su jerarquía. Comprender esta evolución es indispensable para entender la lógica de confrontación que ahora asume Washington, especialmente en el Indo-Pacífico, y los riesgos de nuevas conflagraciones que ello supone para los pueblos del planeta.

¿Por qué los dirigentes de Washington consideran que China es el principal adversario?

China lleva casi 40 años (podríamos remontarnos a los acuerdos Nixon-Mao de la década de 1970) participando en el mantenimiento del orden capitalista internacional y desde la década de 2010 ha adoptado una política económica y comercial de expansión internacional, ganando enormes cuotas de mercado en todo el mundo. Ha abierto parcialmente su economía a inversiones extranjeras masivas, en particular de grandes empresas estadounidenses, europeas, taiwanesas, etc. Durante dos décadas Estados Unidos ha considerado a China un socio económico y comercial interesante, a pesar de que acumulaba enormes superávits comerciales.

Posteriormente, China no se contentó con exportar productos manufacturados y atraer capital extranjero, sino que a partir de 2014 invirtió masivamente capital en la extracción y producción de mercancías a escala planetaria (en todos los continentes) y se convirtió en un prestamista e inversor de primer orden (véase Éric Toussaint, «Preguntas y respuestas sobre China como potencia acreedora de primer orden», CADTM, publicado el 20 de febrero de 2024).

Las autoridades de Washington, habida cuenta el pronunciado declive de la economía estadounidense, decidieron reaccionar de forma agresiva ante el fortalecimiento de China, que hasta ahora ha utilizado medios pacíficos para ganar puntos y reforzar su poder. En diferentes lugares del planeta Washington ha continuado y multiplicado el uso de la fuerza sin atacar directamente a China. Trump, con motivo de su segundo mandato, ha decidido desplegar de forma ofensiva una estrategia económica, militar y diplomática dirigida contra China.

Washington ha decidido reaccionar de forma agresiva ante el fortalecimiento de China, que ha utilizado medios pacíficos para reforzar su poder

El cambio se inició al final del mandato de Barack Obama en 2015-2016, se acentuó claramente durante el primer mandato de Donald Trump (2017-2020) y continuó durante el mandato de Joe Biden (2021-2024). El regreso de Trump a la presidencia a principios de 2025 acentúa la ofensiva de Estados Unidos contra China. En el documento publicado por la Administración Trump en diciembre de 2025 (NSS 2025) China se define de hecho como «adversario estratégico central».

A partir de los documentos oficiales, ¿cómo ha evolucionado la posición de Washington sobre las relaciones con China en los últimos diez años?

En 2015 la administración dirigida por Barack Obama afirmaba:

«Estados Unidos se congratula por el surgimiento de una China estable, pacífica y próspera. Buscamos desarrollar con China una relación constructiva que beneficie a nuestros dos pueblos y promueva la seguridad y la prosperidad en Asia y en todo el mundo.

Buscamos cooperar en retos regionales y mundiales comunes, como el cambio climático, la salud pública, el crecimiento económico y la desnuclearización de la península de Corea. Aunque habrá competencia, rechazamos la inevitabilidad de una confrontación. Al mismo tiempo, gestionaremos la competencia desde una posición de fuerza, al tiempo que insistiremos en que China respete las normas y estándares internacionales en cuestiones que van desde la seguridad marítima hasta el comercio y los derechos humanos». (NSS 2015, p. 24)

Bajo Obama el discurso oficial sigue siendo el del «compromiso cooperativo», como muestra la NSS 2015, pero en la práctica varios acontecimientos marcan un giro hacia la designación de China como adversario. Al final del mandato de Obama Estados Unidos reforzó significativamente su presencia militar y estratégica en Asia-Pacífico Indo-Pacífico.

En 2017, durante el primer mandato de D. Trump, se mantiene la orientación hacia China y se presenta a este país como una amenaza:

«La región del Indo-Pacífico, que se extiende desde la costa oeste de la India hasta las costas occidentales de Estados Unidos, representa la parte más poblada y dinámica del mundo a nivel económico. El interés de Estados Unidos por una región del Indo-Pacífico libre y abierta se remonta a los primeros días de nuestra república. Aunque Estados Unidos busca continuar su cooperación con China, esta última utiliza incentivos y sanciones económicas, operaciones de influencia y amenazas militares implícitas para persuadir a otros Estados de que se ajusten a su agenda política y de seguridad. Las inversiones en infraestructura y las estrategias comerciales de China refuerzan sus aspiraciones geopolíticas. Sus esfuerzos por construir y militarizar puestos avanzados en el mar de China Meridional ponen en peligro la libre circulación del comercio, amenazan la soberanía de otras naciones y comprometen la estabilidad regional. China ha emprendido una rápida campaña de modernización militar con el objetivo de limitar el acceso de los Estados Unidos a la región y dar a China una mayor libertad de acción en esta zona. China presenta sus ambiciones como mutuamente beneficiosas, pero su dominio corre el riesgo de disminuir la soberanía de muchos Estados de la región indopacífica. Los Estados de toda la región piden a Estados Unidos que mantenga su liderazgo en el marco de una respuesta colectiva que preserve un orden regional respetuoso con la soberanía y la independencia. (SSN 2017, p. 45-46, pasajes en negrita por Éric Toussaint).

La NSS 2017 supone una ruptura doctrinal: China se describe ahora como una potencia hostil y amenazante que utiliza la coacción económica, la influencia política y la militarización para cuestionar el orden regional y el liderazgo estadounidense.

En el documento de estrategia de seguridad nacional publicado en 2022, la administración de Joe Biden sigue la línea del enfoque de D. Trump con respecto a China:

« La República Popular China es el único competidor que tiene la intención de remodelar el orden internacional y cada vez más, el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para hacerlo. Pekín aspira a crear una esfera de influencia reforzada en la región indopacífica y a convertirse en la primera potencia mundial. Utiliza sus capacidades tecnológicas y su creciente influencia en las instituciones internacionales para crear condiciones más favorables a su propio modelo autoritario y para modelar el uso y las normas tecnológicas mundiales con el fin de privilegiar sus intereses y valores. Pekín utiliza con frecuencia su poder económico para coaccionar a los países. Se beneficia de la apertura de la economía internacional, al tiempo que limita el acceso a su mercado interior, y trata de hacer que el mundo sea más dependiente de la RPC, al tiempo que reduce su propia dependencia del mundo. La RPC también invierte en un ejército que se moderniza rápidamente, cuyas capacidades en la región indopacífica y cuyo poder y alcance a escala mundial no dejan de crecer, al tiempo que trata de erosionar las alianzas de Estados Unidos en la región y en el mundo. (…) Es posible que Estados Unidos y la República Popular China coexistan pacíficamente, compartan y contribuyan juntos al progreso humano (…) En la competencia con la República Popular China, como en otros ámbitos, está claro que los próximos diez años serán la década decisiva. Nos encontramos hoy en un punto de inflexión en el que las decisiones que tomemos y las prioridades que persigamos nos llevarán por un camino que determinará nuestra posición competitiva a largo plazo. Muchos de nuestros aliados y socios, especialmente en la región indopacífica, están en primera línea frente a la coacción de la República Popular China y están decididos, con razón, a garantizar su autonomía, su seguridad y su prosperidad. (…) Haremos responsable a Pekín de los abusos cometidos —genocidio y crímenes contra la humanidad en Xinjiang, violaciones de los derechos humanos en el Tíbet y desmantelamiento de la autonomía y las libertades de Hong Kong—, aunque Pekín intente silenciar a los países y las comunidades. (…) Nos oponemos a cualquier modificación unilateral del statu quo por cualquiera de las partes y no apoyamos la independencia de Taiwán». (NSS 2022, págs. 23-24, negrita añadida por Éric Toussaint).

Aunque de forma menos brutal, la administración Biden confirma y profundiza el giro de 2017 al calificar a China como el principal competidor estratégico global, involucrado en una rivalidad sistémica a largo plazo que afecta a la economía, la tecnología, la seguridad y las normas internacionales.

En el documento hecho público a principios de diciembre de 2025 la administración de D. Trump radicaliza aún más la política de Washington con respecto a China:

«El presidente Trump, por sí solo, ha revertido más de treinta años de erróneas hipótesis estadounidenses sobre China: a saber, que al abrir nuestros mercados a China, alentar a las empresas estadounidenses a invertir en China y externalizar nuestra producción a China, facilitaríamos la entrada de China en el llamado «orden internacional basado en normas ». Esto no ha sucedido. China se ha enriquecido y ha adquirido poder, y ha utilizado su riqueza y su poder en su beneficio. Las élites estadounidenses —bajo cuatro administraciones sucesivas, de todos los partidos políticos— han apoyado voluntariamente la estrategia china o la han negado». (NSS 2025, p. 19)

Trump no adopta explícitamente una postura belicista hacia China, según se lee en el documento estratégico de seguridad nacional:

«Si Estados Unidos sigue creciendo y puede mantenerlo mientras conserva una relación económica verdaderamente mutuamente beneficiosa con Pekín (…)» («If America remains on a growth path—and can sustain that while maintaining a genuinely mutually advantageous economic relationship with Beijing (…)» (NSS 2025, p. 20)

Pero también hay pasajes muy negativos sobre las amenazas que representaría directamente la política china, con toda una serie de acusaciones:

«En primer lugar, Estados Unidos debe proteger y defender su economía y su población contra cualquier amenaza, venga de donde venga. Esto significa poner fin (entre otras cosas) a:

• las subvenciones y estrategias industriales depredadoras orquestadas por el Estado

• las prácticas comerciales desleales

• la destrucción de puestos de trabajo y la desindustrialización

• el robo masivo de propiedad intelectual y el espionaje industrial

• las amenazas a nuestras cadenas de suministro que ponen en peligro el acceso de Estados Unidos a recursos esenciales, como minerales y tierras raras

• la exportación de precursores del fentanilo que alimentan la epidemia de opioides en Estados Unidos

• la propaganda, las operaciones de influencia y otras formas de subversión cultural. » (NSS 2025, p. 21)

¿Cuál es el mensaje que Trump envía a Pekín?

En relación con la estrategia adoptada por China frente a las barreras arancelarias y otros obstáculos económicos impuestos por Washington para hacer frente a la expansión del comercio y las inversiones chinas en el mundo y en el mercado estadounidense, Trump afirma en la NSS 2025 (p. 20) que los métodos utilizados por Pekín para eludir las barreras y otros obstáculos impuestos a partir de 2027 se identifican… y se consideran hostiles. El pasaje sobre el uso que hace China de México como lugar de producción para llegar después a Estados Unidos, la sustitución del mercado estadounidense por el de los países de bajos ingresos o las exportaciones indirectas, envía un mensaje muy preciso a Pekín que se puede resumir así: sabemos exactamente cómo eluden nuestros aranceles y controles. En respuesta, impondremos nuevas sanciones, ejerceremos presión y coacción sobre los países intermediarios, en particular en el hemisferio occidental, y cuestionaremos los acuerdos comerciales con los países que sirven de enlace a los chinos.

¿La respuesta de Trump es únicamente económica?

Bajo Trump, China es percibida como un adversario estructural contra el que Estados Unidos debe implementar una estrategia más agresiva de confrontación económica y competencia militar.

¿Cuál es la posición de Trump con respecto a China en el Indo-Pacífico?

En primer lugar hay que precisar que el Indo-Pacífico es en gran medida un espacio geopolítico o geoestratégico definido por Washington en función de sus intereses. La dimensión militar y económica es determinante en la adopción de esta definición. Trump quiere que el Indo-Pacífico sea «seguro y dominado» por Estados Unidos. Pekín prefiere utilizar la expresión Asia-Pacífico.

En la NSS 2025, el Indo-Pacífico corresponde, a grandes rasgos, a un arco continuo que, de oeste a este, abarca la costa oriental de África, el océano Índico y los puntos de paso clave: el estrecho de Ormuz, Bab el-Mandeb, el estrecho de Malaca, el sur de Asia (con la India como eje), el sudeste asiático (ASEAN), el mar de China Meridional, Taiwán , la península de Corea y Japón. A ello se suman, al sur y al este: Australia, los archipiélagos y los Estados insulares del Pacífico. Este espacio se extiende hasta la costa pacífica de los Estados Unidos.

Para Trump el Indo-Pacífico es ante todo un espacio marítimo y militar por el que pasa más del 60% del comercio mundial. Es un área esencial para la energía, las cadenas de suministro y la supremacía naval. Washington cuenta allí con una red de países aliados: Japón, Corea del Sur, Australia, Singapur, Filipinas, Tailandia, Taiwán (que oficialmente forma parte de China) y, en cierta medida, la India, que es un socio clave pero no un aliado formal. Para Trump esta red debe constituir un frente antichino.

En la NSS 2025 de Trump las fuerzas estadounidenses en el Indo-Pacífico se conciben como un dispositivo militar, principalmente marítimo y aéreo, orientado a un conflicto de alta intensidad con China. Aunque Trump presenta este dispositivo como meramente disuasorio, no es así. Washington mantiene allí el mayor despliegue militar fuera del continente americano.

Estados Unidos despliega 375 000 soldados[1] y personal civil del ejército en el Indo-Pacífico y mantiene allí 66 bases militares permanentes, a las que hay que añadir varias decenas de instalaciones militares menos importantes (véase el sitio web oficial del Congreso de los Estados Unidos: https://www.congress.gov/crs-product/IF12604 ). Las principales instalaciones militares de Washington en el Indo-Pacífico se encuentran en Japón (bases aéreas y navales, más de 50 000 soldados), en Corea del Sur (más de 28 000 soldados ) y en territorios que pertenecen directamente a los Estados Unidos, como Guam (6000 soldados) en las Islas Marianas, Hawái (44 000 soldados), Alaska, etc., a lo que hay que añadir el acceso a bases militares en Filipinas, Singapur, Tailandia y Australia.

¿Cuál es la posición de China con respecto al espacio geoestratégico que Washington denomina Indo-Pacífico?

Según China, el Indo-Pacífico es un concepto artificial forjado por Estados Unidos con el objetivo de ampliar y legitimar una estrategia de contención contra China (Quad[2], AUKUS[3] o alianzas navales). A los ojos de Pekín, Indo-Pacífico significa la ampliación por parte de Washington del teatro antichino hasta la India. Para China, el Indo-Pacífico sirve para internacionalizar la cuestión china (China continental y Taiwán), convertir a China en un problema de seguridad global y legitimar una presencia militar estadounidense masiva. En resumen, para Pekín, el Indo-Pacífico no es una región natural, sino una construcción geopolítica hostil.

Para China, Estados Unidos es una potencia extranjera en la región que rodea militarmente a China, una potencia extranjera que quiere obstaculizar el libre desarrollo del comercio y las inversiones chinas en su entorno geográfico natural. Washington adopta un punto de vista completamente diferente y considera que Estados Unidos tiene derecho a dominar el Indo-Pacífico y que China corre el riesgo de utilizar su fuerza para exigir derechos de peaje, amenazar la seguridad de sus vecinos y bloquear las cadenas de suministro.

En cuanto a Taiwán, ¿cuál es el mensaje que contiene la NSS 2025?

Sobre la cuestión de Taiwán, la NSS 2025 reafirma su oposición a cualquier reunificación por la fuerza, al tiempo que se niega explícitamente a apoyar una declaración de independencia taiwanesa. Esta postura tiene menos como objetivo estabilizar el estrecho, que mantener una presión permanente sobre Pekín, convirtiendo a Taiwán en un punto de fricción estructural, más que en un objeto de acuerdo político.

¿Cómo ven las autoridades indias el Indo-Pacífico?

Nueva Delhi tiende a retomar la expresión Indo-Pacífico porque le permite reforzar su estatus de gran potencia autónoma, salir del enfrentamiento regional con China y ampliar su horizonte estratégico hacia el sudeste asiático y el Pacífico. Para la India, el Indo-Pacífico es un multiplicador de poder, no una simple herramienta antichina. Aunque participa en el Quad, India rechaza las alianzas militares formales, mantiene su doctrina de autonomía estratégica y coopera con Washington sin alinearse completamente. Por supuesto, hay que tener en cuenta que la India está en conflicto con su vecino Pakistán, donde China está invirtiendo masivamente. India también tiene un conflicto fronterizo con China, utilizando el Indo-Pacífico para responder a la presencia china en el océano Índico, en Pakistán (el puerto de Gwadar, conectado con China por vía terrestre), en Sri Lanka (el puerto de Hambantota, objeto de una concesión de 99 años otorgada a una empresa china) y en el océano Índico occidental.

Al mismo tiempo, junto con China y Rusia, la India es miembro del BRICS, que presidirá en 2026. India compra a Rusia importantes cantidades de combustible a pesar de las sanciones impuestas a Moscú desde la invasión de Ucrania. Por último, el Gobierno neofascista de Modi ha desarrollado una estrecha relación (militar y comercial) con el Gobierno neofascista de Israel.

¿No es amenazante el mensaje de Trump? De hecho, ¿no está buscando un pretexto, como el de garantizar la libertad de comercio, para tener un argumento y atacar militarmente a China? Esto recuerda el pretexto para desencadenar la guerra del opio en la década de 1830. En el caso de las guerras del opio, Estados Unidos y otras potencias utilizaron la libertad de comercio como pretexto y aquí ocurre lo mismo, ¿no es así?

Esta interpretación del documento de Trump es totalmente legítima y toca un punto muy sensible que muchos análisis occidentales minimizan, pero que los estrategas chinos ven perfectamente. La respuesta breve es: sí, el pasaje de la NSS 2025 relativo a la libertad de comercio marítimo en el Indo-Pacífico puede interpretarse como más amenazador que la lectura de «disuasión defensiva», y sí, la analogía con la «libertad de comercio» de las guerras del opio es pertinente desde el punto de vista teórico e histórico.

Cuando Trump escribe que el mar de China Meridional no debe estar sujeto a peajes ni a cierres arbitrarios, está haciendo tres cosas muy importantes:

1. Convierte un espacio regional disputado en bien público mundial. Este es exactamente el mecanismo histórico de las potencias marítimas: se desnacionaliza un espacio, se recalifica como arteria global y luego se legitima la intervención armada en nombre de todos. Es el mismo razonamiento jurídico y estratégico que utilizaron los británicos frente a la China Qing en el siglo XIX o las potencias occidentales frente al Imperio otomano y más recientemente, por Estados Unidos frente a Irán en el Golfo. La «libertad de comercio» se convierte entonces en un principio superior a la soberanía.

2. Trump establece un umbral de intolerancia muy bajo. No habla de un bloqueo total, ni de una guerra declarada de la que China sería culpable, sino de un riesgo de peaje, de control, de una capacidad de cierre discrecional que China podría hipotéticamente ejercer o activar. En otras palabras, basta con la intención presunta. Esto es extremadamente importante: no es necesario que China bloquee realmente el mar de China Meridional para justificar una acción. Según la doctrina que defiende Trump, basta con que tenga la capacidad creíble de hacerlo. Este es exactamente el tipo de pretexto estratégico que se ha utilizado en el pasado.

En el siglo XIX, el argumento de las potencias imperialistas occidentales contra China era «China viola la libertad de comercio»; hoy, el argumento esgrimido por Trump es «China amenaza las vías vitales del comercio mundial». En ambos casos Occidente se erige en guardián de los flujos y China se describe como cerrada, coercitiva, arbitraria y peligrosa para la economía mundial. Para un lector chino este pasaje suena exactamente como un discurso imperialista clásico. Y es totalmente justificable que una persona china lo interprete de esta manera, al igual que cualquiera en su sano juicio que intente descifrar la NSS 2025.

3. Trump está realmente preparando una escalada de legitimidad, no una guerra inmediata. Trump está construyendo una «caja jurídica y estratégica», diciendo en esencia: si China intenta controlar, gravar o cerrar las rutas marítimas, entonces el uso de la fuerza no sería una guerra, sino una acción para mantener el orden económico mundial. Esto es exactamente lo que hacen las grandes potencias antes de los conflictos para preparar la opinión pública, alinear a los aliados y reducir el coste político de la escalada. Trump reactiva un vocabulario históricamente imperialista, la «libertad de comercio» sirve aquí como principio superior que justifica el uso de la fuerza. Esto se percibe en Pekín como una amenaza latente, incluso como una preparación doctrinal para la escalada, aunque la reacción oficial de las autoridades chinas al NSS 2025 haya sido muy moderada.

¿Cuál ha sido la reacción oficial de China en diciembre de 2025 ante la publicación de la NSS 2025 por parte de Trump?

La reacción china fue muy cortés, con el fin de evitar envenenar la relación.

En una rueda de prensa celebrada el 8 de diciembre de 2025, pocos días después de la publicación de la NSS 2025, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Guo Jiakun, declaró:

«China siempre ha estado convencida de que la cooperación entre China y Estados Unidos es beneficiosa para ambos países, mientras que la confrontación les perjudica. El respeto mutuo, la coexistencia pacífica y la cooperación beneficiosa para ambas partes constituyen el camino correcto a seguir para que China y Estados Unidos se entiendan, y es la única opción justa y realista. China está dispuesta a trabajar con Estados Unidos para mantener el desarrollo estable de las relaciones bilaterales, al tiempo que defiende firmemente su soberanía, seguridad e intereses de desarrollo. Esperamos que Estados Unidos trabaje con China en la misma dirección, apliquen los importantes acuerdos alcanzados entre los jefes de Estado de ambos países, intensifiquen el diálogo y la cooperación, gestionen adecuadamente sus diferencias, promuevan el desarrollo estable, saludable y sostenible de las relaciones entre China y Estados Unidos y aporten más certidumbre y estabilidad al mundo.

En cuanto a la cuestión de Taiwán, subrayamos que Taiwán es la Taiwán de China y forma parte integrante del territorio chino. La cuestión de Taiwán es fundamental para los intereses básicos de China y constituye la primera línea roja que no debe cruzarse en las relaciones entre China y Estados Unidos. La resolución de la cuestión de Taiwán es un asunto que concierne únicamente al pueblo chino y que no admite ninguna injerencia exterior. Estados Unidos debe respetar escrupulosamente el principio de una sola China»

En cuanto a las pretensiones de Washington recogidas en la NSS 2025 con respecto al hemisferio occidental, y en particular a Venezuela, China también ha reaccionado con cautela.

¿Cuál ha sido la reacción de China ante la agresión militar estadounidense contra Venezuela perpetrada el 3 de enero de 2026?

Después de que Washington agrediera a Venezuela el 3 de enero de 2026, China denunció las pretensiones de Trump de tomar el control del petróleo venezolano y exigió la liberación inmediata de la pareja presidencial, pero hasta ahora no ha tomado ninguna contramedida para sancionar a Estados Unidos.

Síntesis-Conclusión

La evolución de la posición oficial de Washington con respecto a China durante la última década pone de manifiesto un cambio estratégico importante, que va mucho más allá de los cambios de administración o de orientación partidista. En el espacio de diez años China ha pasado, en el discurso oficial estadounidense, de ser un socio económico competitivo pero cooperativo a ser un «adversario estratégico central». Este cambio no refleja una ruptura repentina, sino el resultado de un proceso acumulativo relacionado con el auge económico, financiero, tecnológico y geopolítico de China dentro del propio orden capitalista mundial.

Hasta mediados de la década de 2010 la administración Obama seguía aplicando una lógica de integración condicional de China en el orden internacional dominado por Estados Unidos. El giro se produjo al final de la administración Obama y durante el primer mandato de Donald Trump y consistió en rechazar explícitamente este enfoque. A partir de 2017 China es descrita como una potencia hostil que utiliza la economía, las inversiones, las infraestructuras y la modernización militar para cuestionar el dominio estadounidense, en particular en la región indopacífica. Esta redefinición de China como amenaza estructural ha continuado y se ha profundizado bajo la administración Biden, que ha retomado lo esencial del diagnóstico de Trump, al tiempo que lo inscribe en un marco multilateral e ideológico más afirmado, oponiendo un «modelo autoritario» chino a un orden internacional presentado como basado en valores democráticos.

El documento estratégico de 2025 marca una nueva etapa: ya no se limita a constatar la rivalidad, sino que señala explícitamente el error histórico de las élites estadounidenses que favorecieron el ascenso de China. Esta se presenta ahora no solo como un competidor, sino como una amenaza directa para la economía, la cohesión social, las cadenas de suministro, la seguridad nacional e incluso la estabilidad cultural de Estados Unidos. El conflicto se amplía así a todas las esferas económicas, tecnológicas, ideológicas y sociales, sin asumir formalmente una opción militar directa.

En definitiva, si los dirigentes de Washington consideran hoy a China como el principal enemigo, no es porque Pekín haya roto con el orden capitalista mundial, sino precisamente porque se ha integrado con éxito en él, explotando los mecanismos hasta el punto de erosionar de manera significativa la supremacía estadounidense. La rivalidad entre China y Estados Unidos parece menos un enfrentamiento entre dos sistemas antagónicos, que una lucha asimétrica por el liderazgo dentro de un mismo orden económico mundial, cuyas reglas han sido escritas durante mucho tiempo por los propios Estados Unidos. Esta dinámica, marcada por la agresividad de Washington, hace que la confrontación sea duradera, estructural y potencialmente muy peligrosa para todos los pueblos del planeta.

La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Donald Trump marca un importante cambio doctrinal en la forma en que Estados Unidos concibe su rivalidad con China. Detrás del lenguaje de la disuasión, la libertad de comercio y la seguridad de las rutas marítimas, se perfila una lógica de poder más asumida, en la que Estados Unidos, que es una potencia extrarregional, reivindica el derecho a estructurar militarmente la región Indo-Pacífico con el fin de preservar un orden económico favorable a sus intereses. Sin embargo, este enfoque puede interpretarse en Pekín como una estrategia de cerco y coacción, reavivando un profundo dilema de seguridad con implicaciones históricas, geopolíticas y sistémicas.

 

El autor agradece a Omar Aziki, Patrick Bond, Sushovan Dhar, Fernanda Gadea y Maxime Perriot la revisión del texto. El autor es responsable de los posibles errores que pueda contener.

 

 


[1]La impresionante cifra de 375 000 procede de la página web oficial del Congreso de los Estados Unidos. A continuación se incluye un extracto: «El Mando Indo-Pacífico de los Estados Unidos (USINDOPACOM o INDOPACOM) es uno de los seis mandos de combate unificados geográficos del Departamento de Defensa (DOD). El comandante del INDOPACOM ejerce su autoridad sobre las fuerzas militares asignadas a la zona de responsabilidad (AOR) del comando, que comprende el océano Pacífico y aproximadamente la mitad del océano Índico, así como los países situados a lo largo de sus costas. El INDOPACOM tiene su cuartel general en las afueras de Honolulu, Hawái, y cuenta con unos 375 000 militares y civiles asignados a su zona de responsabilidad. » En inglés: «El Mando Indo-Pacífico de los Estados Unidos (USINDOPACOM o INDOPACOM) es uno de los seis mandos combatientes unificados geográficos del Departamento de Defensa (DOD). El comandante del INDOPACOM ejerce su autoridad sobre las fuerzas militares asignadas al área de responsabilidad (AOR) del mando, que incluye el océano Pacífico y aproximadamente la mitad del océano Índico, así como los países situados a lo largo de sus costas. El INDOPACOM tiene su sede en las afueras de Honolulu, Hawái, y cuenta con aproximadamente 375 000 efectivos militares y civiles asignados a su AOR». Congress.com, publicado el 03/05/2024. Ver también: https://www.msn.com/es-mx/noticias/mundo/maniobras-militares-de-eu-en-el…

[2]Quad (Diálogo Cuadrilateral de Seguridad) es un marco de cooperación informal con Australia, India y Japón, cuyo objetivo es promover un espacio Indo-Pacífico libre y abierto, en respuesta a la creciente influencia de China, haciendo hincapié en la seguridad marítima, la cooperación tecnológica (5G, semiconductores), las infraestructuras y la democracia. Se trata de un componente clave de la política estadounidense de «Indo-Pacífico libre y abierto», que complementa otras alianzas como AUKUS.

[3] En la estrategia estadounidense, AUKUS (Australia, Reino Unido, Estados Unidos) es un pacto de seguridad trilateral crucial para contener la influencia china en el Indo-Pacífico, dotando a Australia de submarinos de propulsión nuclear, reforzando así la disuasión regional e integrando más estrechamente a Canberra en la arquitectura de seguridad estadounidense frente a Pekín. Es un pilar de la política estadounidense destinada a proyectar una fuerza militar avanzada en la región, complementaria a otras asociaciones como el Quad.

Fuente de la Información: https://www.pressenza.com/2026/01/educated-unemployment-a-major-challenge-for-the-new-government/

 

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Brecha digital de género: más allá del acceso a la tecnología

Por:  Karen Lizette Matías López

La brecha digital no se trata solo de acceso, sino de desigualdades estructurales que afectan especialmente a mujeres y niñas. Este artículo analiza cómo se expresa la desigualdad en habilidades, participación y oportunidades en la era de la inteligencia artificial, y propone acciones desde la educación para construir una ciudadanía digital más justa e incluyente.

 

La brecha digital es mucho más que el acceso a dispositivos, conectividad o habilidades informáticas. En realidad, es una expresión contemporánea de desigualdades históricas entre mujeres y hombres, tal como lo muestran los análisis regionales en América Latina[1]. Las tecnologías digitales no se desarrollan en un vacío social: emergen en sociedades donde persisten desigualdades económicas, educativas y de cuidados que influyen directamente en quién accede, quién aprende y quién participa en los entornos digitales.

En un contexto donde la inteligencia artificial (IA), la automatización y la transformación digital están redefiniendo la educación y el trabajo, comprender la brecha digital desde una perspectiva de género es indispensable para construir un futuro más justo.

La brecha digital es estructural

Los estudios de la región[2] muestran que la desigualdad digital refleja desigualdades sociales previas en género, territorio, nivel educativo, ingreso y condiciones de cuidado. Las mujeres, especialmente las que viven en zonas rurales o en contextos de pobreza, enfrentan barreras simultáneas, como menor autonomía económica, menor escolaridad, menor acceso a dispositivos y limitada disponibilidad de tiempo debido a la distribución desigual del trabajo de cuidados.

Estas desigualdades no solo determinan si una mujer puede conectarse, sino cómo puede hacerlo y para qué puede usar la tecnología.

Acceso desigual en México: un punto de partida necesario

La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares, ENDUTIH, 2024 confirma que en México persisten diferencias de acceso entre mujeres y hombres: mientras 84.1 % de los hombres usa Internet, solo 82.3 % de las mujeres lo hace[3]. Aunque la diferencia parezca pequeña, se amplifica cuando se observa la dimensión territorial: En zonas urbanas, se conecta el 86.9 % de las personas, mientras que en zonas rurales, solo lo hace el 68.5 %[4].

Esta brecha territorial afecta más a las mujeres, quienes suelen enfrentar mayores obstáculos económicos y educativos. Además, la mayoría de las personas se conecta mediante teléfonos móviles, un dispositivo que limita las actividades educativas, laborales o formativas que se benefician de pantallas más grandes, programas especializados o mejor ancho de banda.

De ahí que el acceso, por sí mismo, no garantice la inclusión.

Brechas invisibles: habilidades, confianza y usos diferenciados

Más allá del acceso existe la brecha en habilidades digitales, que es una de las más profundas y menos visibles. Según la UNESCO y la CEPAL[5], las mujeres latinoamericanas tienen menor acceso a formación tecnológica, así como menos oportunidades de desarrollar habilidades digitales avanzadas.

En México, la ENDUTIH[6] revela diferencias claras en los usos asociados a la autonomía, la movilidad y la exploración. A menor uso de aplicaciones de navegación, menor participación en videojuegos, y menor presencia en actividades digitales avanzadas. Estas diferencias no responden a una falta de capacidad, sino a barreras estructurales que influyen en la confianza, la familiaridad tecnológica y el tiempo disponible para aprender.

La brecha se vuelve más evidente con la IA generativa. Hay estudios[7] que muestran que las mujeres usan menos herramientas de IA que los hombres, incluso cuando tienen un acceso comparable. Las razones incluyen menor familiaridad, menor confianza y mayor preocupación ética, especialmente en contextos educativos. Esta realidad importa porque los modelos de IA se entrenan con los datos derivados de las personas que los usan. Menos mujeres interactuando con estas herramientas significa que la IA aprende menos sobre ellas y sus contextos.

La inteligencia artificial reproduce desigualdades

La IA no es neutral. Diversos estudios muestran que los sistemas de lenguaje pueden reforzar estereotipos de género, por ejemplo, evidencian que el modelo de lenguaje autorregresivo, conocido como GPT-3, presenta patrones consistentes en los que asocia a las mujeres con roles de cuidado o rasgos de debilidad, mientras que atribuye a los hombres roles vinculados con liderazgo, poder y acción[8].

Otro estudio[9] identificó que los modelos más avanzados de IA aún reproducen sesgos en tareas narrativas, asociaciones profesionales y contenido visual. Estos sesgos son persistentes y aparecen incluso cuando las indicaciones –o prompts– no hacen referencia al género.

A nivel regional, la preocupación no solo es simbólica, sino también laboral. El BID[10] señala que la IA afecta de manera desigual a las mujeres en el mundo del trabajo, especialmente en sectores altamente feminizados expuestos a la automatización, como son los servicios, la administración y la educación. Además, advierte que las mujeres están subrepresentadas en los equipos que diseñan, implementan y supervisan la IA, lo que limita la diversidad de perspectivas en la generación de innovaciones.

La transformación digital empresarial refuerza esta preocupación, pues las mujeres tienen menor acceso a roles tecnológicos, menor participación en procesos de innovación y menor presencia en puestos directivos relacionados con lo digital[11].

Violencia digital: una capa adicional de exclusión

El análisis de la UNESCO y la CEPAL[12] –aunque no es el foco de los documentos de accesibilidad– incluye un elemento clave para comprender la participación de las mujeres en entornos digitales: la persistencia de entornos hostiles. El reporte señala que la violencia digital, el acoso y los discursos discriminatorios afectan la participación pública y el desarrollo profesional de mujeres y niñas, especialmente en contextos educativos y laborales mediados por plataformas. Un entorno inseguro limita la libertad de expresión y la permanencia en espacios digitales, lo que reproduce las desigualdades y afecta al bienestar.

CRÉDITO: Generada por IA

¿Qué podemos hacer desde la educación?

Cerrar la brecha digital requiere políticas educativas y acciones institucionales que atiendan las desigualdades estructurales identificadas en las fuentes.

  1. Alfabetización digital e IA con enfoque de género. La formación en IA no debe limitarse al uso técnico, debe incluir análisis de sesgos, comprensión crítica de modelos y prácticas de seguridad digital[13].
  2. Programas de acceso significativo. No solo se requieren dispositivos, también son necesarios la infraestructura, la conectividad estable, el apoyo docente y los procesos de acompañamiento.
  3. Habilidades digitales avanzadas para mujeres. Es necesario promover que las mujeres y las jóvenes desarrollen competencias en programación, ciencia de datos, análisis de información y uso avanzado de la IA[14].
  4. Inclusión en la transformación digital empresarial. Es imperativo asegurar procesos de reclutamiento sin sesgos, mentorías, participación en innovación y promoción de mujeres a puestos de decisión tecnológicos[15].
  5. Instituciones educativas que garanticen entornos seguros. Diseñar e implementar protocolos que atiendan los riesgos digitales y el fortalecimiento de comunidades de aprendizaje para mujeres.

Hacia una participación plena en lo digital

Cerrar la brecha digital con perspectiva de género no es tanto un asunto técnico como un reto profundamente social. Los datos muestran que las mujeres enfrentan desigualdades estructurales en acceso, habilidades, tiempo disponible, seguridad y participación en ecosistemas digitales.

La IA y la transformación digital abren oportunidades inéditas, pero también riesgos claros si las mujeres no participan plenamente. Una ciudadanía digital con igualdad requiere que las mujeres no solo usen tecnología, sino que formen parte de su diseño, regulen su implementación y definan su futuro.

El reto es grande, pero también lo es la posibilidad de construir un entorno digital más justo, más inclusivo y humano.

https://www.muxed.mx/blog/brecha-digital-genero-acceso

………………

Karen Lizette Matías López. Integrante de MUxED. Especialista en innovación educativa y tecnologías emergentes aplicadas a la enseñanza. Coordina el Laboratorio de Aprendizaje Digital de la Coordinación de Universidad Abierta y Educación Digital de la UNAM, donde impulsa proyectos de alfabetización digital, formación docente e integración ética de la inteligencia artificial en la educación. Interesada en la equidad digital, la evaluación educativa y la inclusión con perspectiva de género.

Correo: karenlmatiasl@hotmail.com

Referencias

Banco Interamericano de Desarrollo. (2022). La dimensión de género en la transformación digital empresarial de América Latina y el Caribe.

Banco Interamericano de Desarrollo. (2023). Los efectos de la inteligencia artificial en la vida laboral de las mujeres.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2024). Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH 2024)https://www.inegi.org.mx/programas/dutih/

Lucy, L., y Bamman, D. (2021). Gender and representational harms in language models: The case of GPT-3 in generated stories. En Proceedings of the 3rd Workshop on Narrative Understanding (pp. 47–55).

Otis, R., Bastian, M., Li, S., y Zhao, Y. (2024). Global evidence on gender gaps in generative AI. World Bank Policy Research Working Paper Series.

UNESCO y Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2022). Innovación y cambio tecnológico, y educación en la era digital para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas. https://lac.unwomen.org/sites/default/files/2023-02/ESP%20Innovacion%20y%20cambio%20tecnologico%20y%20educacion.pdf Zhang, Y., Wang, H., & López, M. E. (2024). A comprehensive analysis of gender, racial, and prompt-induced biases in large language models. International Journal of Data Science and Analytics15(3), 221–240.


[1] UNESCO y CEPAL, 2022.

[2] UNESCO y CEPAL, 2022.

[3] INEGI, 2024.

[4] INEGI, 2024.

[5] UNESCO y CEPAL, 2022.

[6] INEGI, 2024.

[7] Otis, R. et al., 2024.

[8]  Lucy, L. y Bamman, D., 2021.

[9]  Zhang, Y. et al., 2024.

[10] Banco Interamericano de Desarrollo, 2023.

[11] Banco Interamericano de Desarrollo, 2022.

[12] UNESCO y CEPAL, 2022.

[13] UNESCO y CEPAL, 2022.

[14]  Banco Interamericano de Desarrollo, 2023.

[15] Banco Interamericano de Desarrollo, 2023.

Fuente de la información e imagen:  https://revistaaula.com

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Centros educativos y docentes, el tomate no es la solución

Hace unas semanas, realizaba una publicación en Instagram que se volvió un poco viral, o al menos eso me pareció a mí, con los poquitos seguidores que tengo en esa red. En ella, hablaba de que ni desde las cuentas de los centros educativos ni desde las cuentas del profesorado se debían compartir imágenes o vídeos de niños y niñas. Ni de frente, ni de espalda, ni con un tomate en la cara.

Desde el primer momento que saqué la publicación, me empezaron a llegar algunos mensajes privados y bastantes comentarios públicos, que podéis leer, tanto a favor, como en contra. Algunas de las aportaciones iban en la línea de argumentos que ya llevaba tiempo escuchando: por un lado, “yo cuento con permiso firmado por la familia” y, por otro lado, “es muy importante poder ver cómo se llevan a cabo las actividades para aprender de los compañeros y compañeras”.

Carteles informativos que advierten sobre no mostrar imágenes, voces ni datos personales de menores para proteger su privacidad.

Si tengo permiso de la familia, solucionado

Dejando al margen los aspectos legales, así como que los permisos a veces se piden mal y que no siempre se cumple con las excepciones (hay casos de familias que no firman ese permiso y sus hijos aparecen en redes), creo que hay un tema que subyace y que está por encima de todo lo anterior.

Los y las docentes conocemos los peligros que se esconden detrás de las redes sociales. Desde luego, en los centros educativos se conocen. Hay charlas, formaciones y se cuenta con la figura del coordinador o la coordinadora de bienestar. No podemos decir que no sabemos nada de todo esto. Somos conocedores, en mayor o menor medida, de los peligros que hay para niños, niñas y adolescentes en redes sociales. Las familias pueden no ser conscientes (ojo, eso no les exime de su responsabilidad).

Y no se trata únicamente de que la fotografía de un niño o una niña pueda ser empleada para alimentar una IA con finalidades poco recomendables. Reconocer a la persona es suficiente para dar lugar a muchos problemas: bullying, acoso, maltrato, autolesiones, etc., como no paran de recordarnos Pablo Duchement o Me llaman Sil desde sus redes. Por eso, tapar la cara con un tomate o dar un ligero difuminado no es suficiente.

Además, estamos tratando con personas en pleno desarrollo, con una autoimagen que, en muchos casos, se distorsiona y con una autoestima muy sensible a las influencias y opiniones externas, sobre todo a determinadas edades. Añadido a ello, recordemos que tienen derecho a su identidad digital, que es suya, al igual que lo es su privacidad.

Niño sentado en el suelo con las rodillas encogidas y la cabeza escondida entre los brazos, expresión de tristeza o vulnerabilidad
Imagen de Pixabay. Autor: Arhavisual

Y no olvidemos los problemas que puede llegar a suponer quedarse fuera si tu familia no firma el permiso. En algunos casos, te apartan para que no salgas “en la foto” o incluso llegan a dejarte al margen de una actividad para poder grabar bien el vídeo para Instagram. No digo que pase siempre, pero pasa.

¿Sabéis como se siente el niño o la niña que es excluida o apartada? Pues os lo digo, porque me lo han contado. Muy mal, sin entender nada, sintiéndose diferente a todos los demás. Quedándose dormida de tanto llorar.

Puedes tener excusas o razones, el resultado es el mismo

Y repito algo que ya he comentado en publicaciones anteriores: ¿para qué se pide ese permiso? ¿Con qué finalidad? ¿Por qué es necesario subir imágenes o vídeos de tu alumnado a redes sociales abiertas?

Porque si es para la publicidad de un centro, mal.

Y si es para compartir con compañeros y compañeras, ¿no podemos buscar otras vías para hacerlo u otros modos de compartir sin exponerlos? ¿Está la didáctica por encima de la seguridad, privacidad y los derechos de los más jóvenes?

Yo he visto tuits, hilos, publicaciones o reels en los que se hablaba de un proyecto de aula, de una experiencia o de un evento y no salían menores en pantalla. Se explicaba, hablaba el docente o se veían los trabajos (que en realidad tampoco sería lo ideal), pero no a los peques. Ni se les veía ni se les escuchaba. He visto profesorado de Educación Física que enseñaba cómo desarrollar una actividad, explicándola y actuando como modelos de la misma.

Cierto es que diréis que esto no es lo mismo, lo puedo llegar a entender. Pues quizás deberíamos plantearnos, como decía, buscar canales alternativos para compartir este tipo de material más sensible y no una red social pública: ¿para qué necesitamos que todo Twitter o todo Instagram vea lo que hacemos en clase mostrando a esos niños y niñas?

Ilustraciones con mensajes que recuerdan la obligación de proteger la privacidad y la identidad digital de los menores.

En este punto lo tengo claro: los centros educativos, docentes incluidos, no deberían aprovechar la confianza que las familias depositan en la escuela, y en los maestros y maestras, para pedir este tipo de permisos. No encuentro ningún beneficio didáctico o pedagógico que respalde la petición de estos permisos para publicar imágenes o vídeos de los menores en redes sociales abiertas.

¡Pero qué exageración, si ellos están todo el día en redes!

Si te parece una exageración, te vuelvo a remitir a los perfiles que te he nombrado más arriba, un vistazo a sus redes y podrás comprobar que de exageración no tiene nada. También en mi publicación de Instagram mucha gente dijo que esto era una exageración. Me resultó muy curioso que la mayoría de las personas que me lo decían tenían sus cuentas privadas. ¡Qué irónico! Para ellos, adultos, cuentas cerradas, pero para los menores cuentas abiertas en redes sociales. Cuanto menos resulta curioso.

Este comentario solía venir seguido de: “es que ellos están todo el día en redes” o “es que sus familias no dejan de colgar fotos”. Y ahí es precisamente donde yo quería llegar en este artículo: ¿que las familias o los propios niños, niñas y adolescentes lo hagan mal quiere decir que nosotros también debemos hacerlo mal? ¿Nos da derecho a ello?

La respuesta para mí es contundente: NO. Precisamente, si hay familias que lo hacen mal y existen estudiantes que también lo hacen mal, nosotros debemos hacerlo bien. Porque somos modelo, porque sabemos los riesgos y porque nos encontramos en la situación de poder dar ejemplo a unos y a otros de cómo se puede hacer bien. No hablo de obligación. Hablo de un compromiso ético con la educación.

¿Y qué hacemos entonces si las familias protestan porque quieren fotos o si desde el centro se nos piden? Nadie dijo que fuese fácil. No todos estamos en los mismos tipos de centro. Lo ideal sería buscar otro modo de “contentar” a las familias o al centro, sin tener que hacerlo a través de redes sociales abiertas. Aunque sé perfectamente que no es así de sencillo.

Al final, no deja de ser una labor de concienciación y educación que parte del centro para el resto de la sociedad. ¿Debería ser así? Probablemente no. ¿Siempre se nos va a apoyar? Con seguridad respondo que no. Hagamos lo que podamos. Creo que se trata de dar pequeños pasos en la dirección adecuada.

Precisamente por eso, nosotros debemos decir no

No demos a firmar permisos que solo sirven para segregar, para poner en peligro a los pequeños en redes sociales y para exponerles, bien sea por una finalidad didáctica o claramente publicitaria. Son diferentes objetivos pero las consecuencias son las mismas: las niñas y niños son expuestos innecesariamente.

Somos suficientemente creativos para poder buscar otro modo de compartir materiales o experiencias, así como o de encontrar otro lugar o plataforma más segura para hacerlo.

Carteles educativos que denuncian la exposición de menores en redes sociales y reclaman preservar su intimidad, seguridad y privacidad.

Estamos hablando de redes sociales abiertas. Las mismas redes que se están empezando a prohibir a los propios menores en algunos países, con mayor o menor acierto, que ese ya es otro tema. No es algo que diga yo. Si se les está prohibiendo el acceso, si se está debatiendo, ¿qué sentido tiene que la exposición parta de nosotros?

Sé que soy pesada, pero cada vez lo tengo más claro, ni de frente ni de espalda, ni con un tomate en la cabeza, ni sus voces, ni sus pies. Desde el ámbito educativo los menores no deben exponerse en redes sociales.

Lo que hagan ellos mismos o lo que hagan sus familias es otra cosa, pero, desde luego, mi opinión personal es que los centros educativos, y su profesorado, tienen que ser ejemplo del buen uso de la tecnología educativa. Y, en este sentido, la seguridad, privacidad y el derecho a la identidad digital de los niños, niñas y adolescentes debe estar por encima de todo.

¿Deberían ser las familias más conscientes de estos peligros y actuar en consecuencia? Sí, totalmente. ¿Se trata de un problema social? Por supuestísimo que sí. No se trata de un problema creado en los centros educativos ni que se vaya a resolver desde los centros. No se trata de culpabilizar, pero, desde mi punto de vista, sí tenemos la responsabilidad, y sobre todo el privilegio, de poder hacerlo bien, al menos mientras esperamos otro tipo de movimientos que no sabemos si llegarán. Ya estamos acostumbrados a ir por delante en esto y en muchas otras cuestiones.

A pesar de que pueda sonar radical en la forma de mi discurso, no pretendo serlo en el fondo. Soy consciente de que la realidad es compleja. Ojalá hubiese cambios en la sociedad, en casa o en las plataformas. Ojalá. Sin embargo, como decía, creo que no debemos quedarnos de brazos cruzados esperando a que otros lo hagan bien. No podemos pensar que no servirá de nada. No podemos permitírnoslo. Poco a poco, todo lo que hagamos será un comienzo.

Fuente de la información e imagen:  https://eldiariodelaeducacion.com

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Recolonización trumpista y las resistencias por venir

Por: Luis Bonilla Molina 

Durante los últimos meses insistimos en que el propósito que tenía la administración Trump era el control político, económico y militar del petróleo, las riquezas minerales de Venezuela y el manejo de los datos de comportamiento de la población para instaurar el régimen de control predictivo sobre el país, para lo cual la colocación de bases militares gringas en la patria de Bolívar estaba en el horizonte. Pero nos quedamos cortos al pensar que para lograrlo a Estados Unidos le bastaba colocar al frente del gobierno venezolano a María Corina Machado (MCM) y Edmundo González Urrutia (EGU), dos personajes históricamente aliados de la Casa Blanca, con liderazgo social, pero de absoluta incapacidad para gobernar un país tan escindido como Venezuela. El propio 3 de enero, día del ataque militar contra Venezuela y secuestro del presidente Maduro junto a su esposa, Donald Trump “bajó de la nube” a la oposición de derechas venezolana y señaló que MCM “no era respetada en el país” y quedaba excluida de la “transición”.

Donald Trump afirmó que a partir de ese momento Venezuela sería gobernada por él y su equipo más cercano, el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth, el subjefe del gabinete Stephen Miller, el director de la CIA John Ratcliffe y el general Dam Caine del estado mayor conjunto, abriendo una situación de amenaza colonial, real, tangible e inusitada sobre Venezuela. Lo que ha ocurrido los días siguientes lo confirma.

La nueva compañía Gipuzcoana

La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas fue la sociedad mercantil española fundada en 1728, que operó en Venezuela entre 1730-1785, como parte de la relación colonial con Venezuela. Sus propósitos principales fueron: controlar el comercio exclusivo entre España y Venezuela, exportando productos (cacao, tabaco, algodón, índigo y cueros) e importando mercancías europeas (herramientas, tejidos, vinos, etc.), combatir el contrabando holandés, inglés y de otras naciones, así como orientar el desarrollo económico local para incrementar las ganancias de la Corona española.

Lo que plantea Trump para Venezuela es una nueva situación de control territorial y comercial que recuerda a esta empresa colonial. Pero lo hará con otra figura más moderna, la embajada norteamericana, por eso la prisa con la que ha anunciado de reabrir la representación diplomática norteamericana en Caracas. La embajada gringa cumplirá ese papel, solo que ahora será para la apropiación del petróleo, oro, tierras raras y otras riquezas, así como para seguir capturando sobre el terreno datos e informaciones, vitales para el pleno desarrollo del modelo predictivo de control basado en tecnologías de punta.

Recientemente, Karoline Leavitt, la portavoz de la Casa Blanca ha afirmado que «en este momento tenemos la máxima influencia sobre las autoridades interinas de Venezuela», mientras Marco Rubio sentenció que «Venezuela no puede mover petróleo a menos que le permitamos hacerlo». Esto ha sido complementado con la declaración de Trump que indica que «Delcy Rodríguez se ha comprometido a solo comprar productos estadounidenses», mientras existen rumores de amenazas sobre dirigentes del gobierno como Diosdado Cabello para disciplinar su debida obediencia al gobierno de Delcy Rodríguez.

Las tres fases de la colonización

El 5 de enero por la noche, Donald Trump anunció su regalo de reyes para Venezuela: Estados Unidos tomaría a la fuerza 30-50 millones de barriles de petróleo venezolano. El 7 de enero, el secretario de Estado Marco Rubio anunció las tres fases de recolonización de Venezuela. La primera fase, tomar por asalto en el corto plazo la producción petrolera disponible, hasta alcanzar los 50 millones de barriles de petróleo. No se trata de una compra forzada a Venezuela, sino del anuncio del robo público de la riqueza venezolana, usando su poderío militar y esperando poca oposición local.

La segunda fase, asumir el papel de administrador colonial, vendiendo Estados Unidos directamente en el mercado mundial el petróleo venezolano, abrogándose el uso y administración del botín de guerra. Para suavizar el impacto comunicacional de esta violación al orden comercial capitalista, Marco Rubio señaló que EEUU administraría esos recursos para la reconstrucción de Venezuela y los intereses norteamericanos. Obviamente, quieren recuperar parte del gasto militar generado en los meses de bloqueo naval en el sur del caribe, y usar los propios recursos de Venezuela para reparar la infraestructura petrolera que será ahora usada para la extracción colonial del petróleo por parte de compañías petroleras convocadas por la administración Trump.

Tercera fase, iniciar la transición gubernamental venezolana, que pareciera ser el anuncio de evaluar a partir del comportamiento post agresión del 3 de enero, qué hacer con el gobierno de Caracas liderado por Delcy Rodríguez, así como el momento de construcción de las representaciones políticas (con gente buena) que le garanticen el sostenimiento de su relación colonial con el país.

Marco Rubio sabe que no podrá convertir una República en una colonia sin resistencia local, por lo que esto augura una etapa en la cual el poderío militar-policial y de inteligencia norteamericano tendrá un papel protagónico, seguramente aspirando lograr colaboración de las fuerzas militares-policiales locales, algo que está por verse.

Protectorado o gobierno nacionalista

El gobierno venezolano que se instaló el 3 de enero deberá superar algunas tormentas interiores, para demostrar que tiene la fuerza necesaria para contener al imperialismo o asumir un rol colaboracionista. En cualquiera de los escenarios necesita consolidar su capacidad de gobernar.

La posibilidad de cohesionar una amplia unidad nacional contra el coloniaje gringo pasa por superar el trauma de la captura y secuestro de la pareja Maduro-Flores, ocurrida con poquísima resistencia militar, lo que ha generado la sombra de la traición interna. Localizar y hacer creíble quienes encarnaron esta felonía es un desafío de la actual administración bolivariana. Esto se vincula a la urgencia de elevar la moral de las fuerzas armadas nacionales, quienes sufrieron decenas de bajas (al igual que los 32 combatientes cubanos del entorno presidencial) sin que pudieran hacer lo propio con las fuerzas invasoras.

Por otra parte, Donald Trump, como parte de una estrategia o realidad objetiva (el tiempo lo dirá) ha señalado reiteradamente que el gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez está colaborando con su administración y “no quiere cometer los mismos errores de Maduro”. La presidenta encargada Delcy Rodríguez ha desmentido tímidamente estas afirmaciones, eso sí, señalando que el petróleo que salga de Venezuela, lo hará en condiciones de venta y pago comerciales ordinarias. Esta ambigüedad, entendible porque aún se está saliendo del impacto del despliegue y acciones militares del 3 de enero, debe ser superada, ya sea para organizar la resistencia anticolonial, o para sumir el rol de junta de administración colonial. Hacemos votos para que la decisión sea la primera.

El sentimiento nacionalista recorre el país, pero no encuentra una dirección política clara que lo encauce. La izquierda venezolana, especialmente el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y la Corriente Comunes han expresado de manera nítida su oposición a los intentos coloniales de la administración Trump, a la par que señalan al Madurismo (del cual formaba parte hasta hace poco Delcy Rodríguez) de llevar al país a esta terrible situación, con la aplicación de un programa anti-clase trabajadora y liquidador de las libertades democráticas mínimas para quienes deseen organizarse de manera autónoma. Pero un frente nacionalista capaz de cambiar la actual situación defensiva no puede ser solo construido con la izquierda radical. La posibilidad de una resistencia efectiva a la agresión militar y coloniaje norteamericano pasa por construir un amplio frente nacional, que no tenga una política de dos aguas frente al imperialismo. El gobierno de Delcy Rodríguez aún no ha mostrado que quiera asumir hasta sus últimas consecuencias ese rol.

Las tareas revolucionarias

Hasta el 2 de enero la principal tarea de los revolucionarios era recuperar las libertades democráticas mínimas que le permitieran a la clase trabajadora opinar y organizarse para enfrentar la ofensiva imperialista y la deriva autoritaria del gobierno madurista. A partir del 3 de enero, y después de los anuncios de la Casa Blanca de convertir a Venezuela en una colonia gringa, la prioridad pasa a ser la defensa de la independencia nacional con el más amplio régimen de libertades políticas para las fuerzas patrióticas. Los hechos dirán si la situación evoluciona hacia una etapa de liberación nacional.

No puede existir duda alguna respecto a impulsar la más amplia unidad de acción, con todas las fuerzas políticas y sociales que coloquen la soberanía y la independencia nacional como la prioridad en esta etapa. Es momento de centrarnos en las coincidencias en torno a la defensa de la nación, su soberanía e independencia.

Luis Bonilla-Molina es profesor universitario e investigador en pedagogía y ciencias sociales. Integrante del Consejo Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), integrante de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la educación (CLADE) y director de investigaciones de Otras Voces en educación.

https://luisbonillamolina.com/2026/01/08/venezuela-recolonizacion-trumpista-y-las-resistencias-por-venir/

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