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Jim Yong Kim: «Inteligencia Artificial reemplazará más del 50% de los trabajos»

20 Agosto 2017/Fuente: eltiempo/Autor: REDACCIÓN TECNÓSFERA con AFP

El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, dijo este viernes en Buenos Aires que la inteligencia artificial hará perder más de la mitad de los trabajos que existen en los países emergentes, pero se generarán nuevos empleos con otras capacidades.

«La inteligencia artificial va a eliminar entre el 50 y el 65 por ciento de todos los trabajos existentes en los países en vías de desarrollo, incluyendo la Argentina», afirmó Jim Yong Kim, al participar del debate ‘Invirtiendo en los empleos del futuro’ en el ministerio de Ciencia y Tecnología en Buenos Aires, (Argentina).

Las declaraciones de Yong Kim vislumbran el panorama desafiante que tienen las naciones para mitigar el impacto de la transformación y la automatización de las industrias. Expertos aseguran que los retos no son exclusivamente de las instituciones de gobierno, sino también de quienes tienen en sus manos la formación de los nuevos talentos que se insertarán al mercado laboral.

El director del Banco Mundial aclaró que se generarán nuevos empleos con diferentes capacidades, por lo que en el futuro: «La carrera para ser competitivos va a estar relacionada con la innovación», dijo.

Según Patricia Ordóñez, especialista en tecnologías de la información aplicadas a la educación,  el desarrollo de la tecnología influye sustancialmente en la forma en que suceden los procesos de formación. Esto se debe a que «la evolución del mundo actual exige que la manera en que se enseñe se ajuste a lo que precisa el mercado laboral o profesional».

«Para nuevas tecnologías y nuevas necesidades se requieren carreras innovadoras, procesos de formación actualizados, personas capacitadas para programar y usar las herramientas en distintas ramas del saber. Todo lo anterior se constituye en un reto que debe ser solucionado desde las aulas», asegura la experta.

La situación plantea fuertes cambios puesto que la automatización llegará a otros niveles con ayuda de la inteligencia artificial. Labores repetitivas y de esfuerzo físico serán reemplazadas por ejemplo con carros que se conducen solos y transportan cargas de un punto a otro.

Yong Kim expresó que: «Esta dinámica vibrante va a generar nuevos trabajos porque nuestra tarea no es tratar de preservar los empleos antiguos, sino crear nuevos que van a necesitar nuevas capacidades«.

¿Cree usted que la inteligencia artificial reemplazará su trabajo actual en un corto plazo? ¿Considera que está preparado para una labor que aún no existe? Comparta sus opiniones con nosotros en los comentarios. 

Fuente de la noticia: http://www.eltiempo.com/tecnosfera/novedades-tecnologia/director-del-banco-mundial-afirma-que-inteligencia-artificial-reemplazara-trabajadores-121376

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Colombia: En los colegios públicos de Bogotá se forman 20.600 futuros músicos

América del Sur/Colombia/20 Agosto 2017/Fuente:eltiempo /Autor:Michael Cruz Roa

La época en que aprender a tocar piano o violín era un privilegio para quien podía pagarlo ha llegado a su fin. Por lo menos, en 31 colegios públicos de 18 localidades de la capital, 20.600 estudiantes están recibiendo formación de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, en la cual se descubren futuros talentos.

Más de un billón de pesos ha invertido la Secretaría de Educación en este convenio de las dos entidades, para la formación de los menores que forman parte del programa de jornada extendida, recursos con los cuales han equipado las orquestas filarmónicas de 31 colegios públicos.

El proceso de entrega de los instrumentos se realizó de forma gradual, y en las últimas entregas que se están realizando para siete colegios que faltaban se invirtieron 2.250 millones de pesos.

“Lo que busca este programa es adentrar a los niños en el aprendizaje de la música. En edad, cuanto más temprano se comience, el proceso de formación es mucho más eficiente”, señaló Iván Darío Gómez, subsecretario de Calidad de la Secretaría de Educación.

Sandra Meluk, directora de la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB), destacó que uno de los aspectos más importantes del programa es que se les permite a los menores hacer música en conjunto, lo que refuerza los lazos sociales, dado que la comunidad se vuelca a esta práctica.

Mi profesora me dice que uno no escoge el instrumento, sino que él lo elige a uno, y a mí me tocó el fagot

“En cada presentación, detrás de cada niño vienen los padres, los primos, los vecinos”, explicó. Además, añadió: “Estamos trabajando con 360 artistas formadores, de todos los instrumentos; percusión, viento y cuerdas. Hacemos grupos por cada una de las secciones. Los niños tienen las clases colectivas y luego hay jornadas de reunión para hacer conversiones, haciendo música junta”, explicó la maestra.

Aunque el programa está enfocado a niños y niñas entre los 7 y 9 años de edad, “la experiencia en los colegios nos ha hecho extender ese rango, porque una vez un menor comienza su práctica musical no quiere salir. Así, a algunos los hemos vinculado al coro filarmónico infantil, a las orquestas filarmónicas infantil y juvenil, entre otros”, reseñó Meluk.

Iván Gómez, de la Secretaría de Educación, señaló que este proyecto ha impulsado la inclusión en los colegios: “Por ejemplo, en el coro del Luis Ángel Arango tenemos chicos invidentes, pero que han alcanzado procesos tan altos de formación que se han vinculado a otros programas y han seguido sus estudios en música”, indicó.

Escuché ese sonido y me conmovió. Entonces le dije a mi esposo que me regalara un violín, que no era para mí sino para mi hija

El instrumento me eligió

Doriana López tiene 10 años, y desde hace tres recibe formación musical en el colegio Luis Ángel Arango, de Fontibón. Allá no tenían instrumentos, así que les enseñaban canto y lenguaje musical. Pero hace unas semanas los recibieron.

“Yo me sentí contenta porque los esperábamos desde hace tiempo. Mi profesora me dice que uno no escoge el instrumento, sino que él lo elige a uno, y a mí me tocó el fagot”, explicó la pequeña.

Ella es una de las beneficiarias de este programa, y gracias al acercamiento musical que ha tenido, ya decidió qué estudiar: “Yo, definitivamente lo tengo claro, cuando crezca quiero ser música”.

Maryi conoció el violín en un hospital

Su hija llevaba días sin probar bocado y por la cabeza de Mariela Copaque, la madre de Maryi, una niña indígena de 13 años, rondaba el temor de que ella no se recuperara del trasplante de médula que le habían realizado en un hospital de Bogotá.

La menor estaba muy débil, “y como se le había caído su cabello, sus pestañas y estaba tan flaquita, ella se deprimió”, recuerda Mariela. En una de las visitas que hacía a diario al hospital se montó en un bus en donde un joven tocaba violín.

“Escuché ese sonido y me conmovió. Entonces le dije a mi esposo que me regalara un violín, que no era para mí sino para mi hija”, manifestó Mariela, quien guardaba en su corazón la esperanza de que su hija se recuperara del cáncer en la sangre contra el cual peleaba.

Días después le llevaron la sorpresa a Maryi, al hospital. “Como nunca había visto un violín en mi vida, no reconocí el estuche. Cuando lo abrí sentí mucha emoción, pero estaba confundida porque no sabía ni cómo se agarraba”, confiesa entre risas la pequeña, pues hoy ya es una experta en entonar melodías con este instrumento.
Eso gracias a las clases que ha recibido durante tres años en su colegio Juan Lozano Lozano, de Suba, de maestros de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y la Secretaría de Educación.

“Los primeros días era muy chistoso porque solo golpeaba las cuerdas, para escuchar los sonidos. Pero eso la entusiasmó. Le pidió al doctor que le quitara la sonda por la que la alimentaban, y me dijo que ella se iba a recuperar porque iba a aprender a tocar violín. Yo solo lloré”, indicó.

Aunque los doctores le recomendaron a la madre no llevar a Maryi a clases, por lo menos durante un año, la emoción de la niña le hizo matricularla un semestre después. “Lo que pasa es que nos enteramos de que en el colegio iban a dictar clases de canto y de violín, y a Maryi se le iluminaron los ojos. Todos los días me decía que ya estaba bien, que no le dolía nada. Ella se convenció de eso y nos convenció a nosotros. Finalmente llegó al colegio, a clases de coro primero, y luego las alternó con las de violín”.

Al parecer, el don musical en la familia de los Copaque, provenientes del municipio Páez-Belalcázar, Cauca, está en los genes, pues no solo Maryi sino su hermana menor, Karen –de 11 años– terminaron siendo las mejores en sus clases de canto.

“La profesora me dijo que por qué no las llevaba a audicionar al coro infantil filarmónico. Aunque me sentí feliz, en el fondo sabía que yo no podía costear los pasajes para llevarlas, todos los sábados, a las clases. Una semana después, la profesora me felicitó porque el colegio se había ganado tres cupos, y dos de ellos eran para mis hijas”, contó Mariela entre risas.

Finalmente hizo el esfuerzo con su esposo, y como pudieron les cumplieron el sueño a sus hijas, aunque para esa época él se había quedado sin empleo y ella trabajaba por días. “Hoy, mi tercera hija también está en clases de coro en el mismo colegio y he recibido muy buenos comentarios de sus dones».

La felicidad de Mariela es inmensa no solo porque su hija se salvó de la enfermedad que le diagnosticaron cuatro años atrás, sino porque Maryi ama el instrumento que su madre siempre quiso tener.

“Como en mi comunidad, allá en el Cauca, las mujeres tenían tantos hijos y no podían mantenerlos a todos, normalmente a algunos nos adoptaban. Yo tuve 14 hermanos y una señora (su madre adoptiva) me llevó a vivir a Neiva. Una de sus hijas tenía un violín, y yo parecía una boba escuchándola todos los días”, señaló Mariela.

Hoy, aunque no se atreve a tocarlo, aunque sus hijas insisten en enseñarle, Mariela repite la escena de su infancia: se sienta todas las tardes a escuchar a Maryi en el violín y a Karen, que toca la viola, y siente, en definitiva, que la música les devolvió la vida.

Fuente de la noticia: http://www.eltiempo.com/bogota/en-colegios-publicos-se-forman-20-600-futuros-musicos-121360

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República Dominicana: Jóvenes se benefician con capacitación en tecnologías

Centro América/República Dominicana/20 Agosto 2017/Fuente:hoy /Autor:  Yamira Taveras

El Centro de Innovación y Capacitación Profesional (Capex) entregó certificado de participación a 176 jóvenes que formaron parte del programa “Futuros Empresarios”.

El programa, dirigido a hijos de empleados del Parque Industrial Víctor Espaillat Mera (Pivem) y otras empresas de zonas francas de la región Norte, tuvo como objetivo promover el emprendurismo entre los jóvenes.
De acuerdo con Miguel A. Lama, presidente del Consejo Directivo de la Corporación Zona Franca (CZFS), el programa educativo “Desarrollo tecnológico de los Futuros Empresarios” surgió en el 2012 con la intención de dar formación básica en computación a los hijos de los empleados del Pivem.

“Ya se cumplen cinco ediciones para un total de 1,110 jóvenes formados en conocimientos tecnológicos”.

“Esta iniciativa apuesta a ustedes como el futuro capital humano especializado que ofrece Santiago para el país y el mundo. Es de gran satisfacción ver que el programa ha servido a su crecimiento en el plano tecnológico y de manera integral”, dijo Lama al pronunciar el discurso central del acto.

Asimismo expresó que los empresarios aspiran a que con este incentivo los jóvenes fortalezcan el compromiso de ser líderes del mañana, de ser profesionales de gran valor y que puedan estar a la par con jóvenes de Estados Unidos, Alemania, China, Brasil, entre otras naciones desarrolladas.

Fuente de la noticia: http://hoy.com.do/jovenes-se-benefician-con-capacitacion-en-tecnologias/

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Panamá: Sector logístico capacita personal

Centro América/Panamá/20 Agosto 2017/Fuente: PanamaAmerica /Autora:Diana Díaz V. 

La industria marítima y logística formará su propia mano de obra especializada, con la finalidad de darle una respuesta a las necesidades que demanda el sector y que el sistema educativo no provee en este momento.

Hace algunas semanas se dio la primera certificación de instructores especializados en logística, que son miembros de la Cámara Marítima o de la Asociación Panameña de Agencias de Carga (Apac), quienes fueron capacitados para preparar el personal que la industria marítima y logística necesita.

El sector logístico requerirá de 40 mil trabajadores en los próximos cinco años, por lo cual capacitarán a todo el interesado que cuente con un bachiller.

«Es decir, que un bachiller puede inscribirse en el curso y tomar 120 horas de teoría y posteriormente se le ubica dentro de una empresa logística nacional para que haga sus 120 horas prácticas», según el expresidente de la Cámara Marítima de Panamá, Rommel Troetsch.

Señaló que son cursos con carácter de diplomados de 240 horas en áreas marítima, aérea, terrestre y en administración de bodegas logísticas.

«Todos los que dictarán los cursos están bajo el paraguas del Centro de Capacitación Logística de Carga de Panamá, que es el brazo académico de la Apac», explicó.

Destacó que Apac y la industria marítima prevén sus propios cursos de capacitación, porque el sistema educativo no los capacita en esas especialidades que se requieren.

Fuente de la noticia: http://www.panamaamerica.com.pa/economia/sector-logistico-capacita-personal-1080698

Fuente de la imagen: http://www.panamaamerica.com.pa/sites/default/files/imagenes/2017/08/18/22846569.jpg

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México: Imparte UAT cursos a profesores de educación básica

América del Norte/México/20 Agosto 2017/Fuente: metronoticias/Autor:metronoticias

En el marco de la vinculación institucional, la Unidad Académica Multidisciplinaria de Ciencias, Educación y Humanidades (UAMCEH) de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), llevó a cabo un amplio programa de capacitación y actualización para profesores y directivos de educación básica de Tamaulipas.

El Director de la UAMCEH, Obidio Sánchez López, informó que en base a las acciones de vinculación que impulsa el Rector Enrique Etienne Pérez del Río, el programa se llevó a cabo en acuerdo con autoridades de la Secretaría de Educación en Tamaulipas (SET).

En este marco, comentó que se dieron un total de 11 cursos de capacitación a 31 grupos donde se concentran 1121 Docentes y Técnicos docentes de Educación Básica (Preescolar, Primaria y Secundaria), Supervisores Escolares y Directores de Escuela de diversos municipios de la Entidad.

Destacó que en los cursos se abordaron los temas: Evaluación del aprendizaje, enseñanza y evaluación del inglés; La investigación de campo y la práctica docente; Estrategias didácticas, enseñanza y evaluación de las matemáticas; Gestión y liderazgo para la función directiva; estrategias para la comprensión de textos; autorregulación de las conductas y emociones; La inclusión educativa y los objetos de aprendizaje, entre otros.

Añadió que los cursos se impartieron en la modalidad en línea y fueron diseñados por profesores de la UAMCEH a solicitud expresa de la Dirección de Formación Continua y Actualización Docente de la Secretaría de Educación de Tamaulipas (SET), que responden al perfil, parámetros e indicadores para Educación Básica y a los lineamientos para la operación de la Estrategia Nacional 2017.

Fuente de la noticia: http://www.metronoticias.com.mx/nota.cgi?id=307717

Fuente de la imagen: http://www.metronoticias.com.mx/fotos/uat-tam-36741.jpg

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Argentina: RENATRE Salta capacitó a trabajadores rurales y alumnos secundarios

América del Sur/Argentina/20 de Agosto 2017/Fuente:informatesalta /Autor:informatesalta

Mediante jornada y capacitaciones, la delegación del Registro de Trabajadores Rurales buscó brindar herramientas de prevención de riesgos laborales, como difundir las políticas y alcances del organismo.

La Delegación Salta del RENATRE (Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores), llevó a cabo una intensiva capacitación para trabajadores rurales y alumnos de escuelas secundarias, con el objetivo de brindar herramientas de prevención de riesgos laborales y difundir los objetivos, alcances y políticas del Organismo.

Esta capacitación se realizó los días 11 y 12 de agosto en la localidad de El Carril, y que contó con la coordinanción del delegado provincial del Registro, Gonzalo Caro Dávalos, junto a la Empresa Latitud Sur ART y la Fundación Vamos a Andar.

En este primer ciclo de capacitaciones se puntualizó sobre prevención de riesgos laborales en el sector tabacalero y beneficios de la Ley 25.191. Además, se abarcaron los siguientes temas: Ley 26.727; importancia de la Libreta de Trabajo Rural (LTR); requisitos para el acceso a la prestación por desempleo; aspectos generales de la Ley de Riesgos de Trabajo; manipulación de cargas; protección contra incendios; uso de elementos de protección personal; principio de primeros auxilios; riesgo eléctrico; manipulación segura de productos fitosanitarios.

Asimismo, el personal administrativo de la delegación, en conjunto a la Fundación Vamos a Andar, durante los días 7 y 8 de agosto, dio lugar a jornadas de capacitación para los alumnos de 5to. año del turno tarde de la Escuela de Comercio N° 5010 Islas Malvinas y de la Escuela de Educación Técnica N° 3161, ambas de la localidad de Chicoana, sobre los alcances de la Ley 25.191 y 26.727; emisión de la Libreta de Trabajo Rural (LTR); y requisitos de acceso a las prestaciones por desempleo.

De este modo, RENATRE continúa desarrollando actividades a nivel nacional, en el marco de los programas de capacitación, con el objetivo de brindar herramientas concretas que permitan la implementación de acciones tendientes a proteger los derechos de los trabajadores rurales.

Fuente de la noticia: http://informatesalta.com.ar/noticia/127038/renatre-salta-capacito-a-trabajadores-rurales-y-alumnos-secundarios

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Investigación: Alternativas para la evaluación del trabajo académico

Queríamos evaluar y terminamos contando: alternativas para la evaluación del trabajo académico

Investigadores: Angélica Buendía, Susana García Salord, Rocío Grediaga, Monique Landesman, Roberto Rodríguez-Gómez, Norma Rondero, Mario Rueda y Héctor Vera.

Una de las políticas públicas de mayor impacto y continuidad para orientar, regular e incentivar el desempeño del personal académico de tiempo completo en las universidades públicas del país está sustentada en los programas de estímulos a la productividad, los cuales surgieron con el propósito de mejorar la calidad de la educación superior universitaria. El supuesto básico de estas políticas asoció los incentivos económicos con el impulso al personal académico para obtener posgrados, atender las tareas involucradas en la formación docente y participar en los programas institucionales de investigación y difusión.

En los programas de estímulos subyace un efecto de agregación: si la mayor parte de la planta académica de tiempo completo cumple con los requisitos establecidos, el resultado deberá ser la mejoría en la calidad esperada. En esencia, están orientados a premiar, mediante cuotas de sobresueldo, la productividad académica expresada básicamente en el número y la calidad de los productos de investigación, así como la actividad docente, medida por el número de asignaturas, tutorías y tesis dirigidas. Estos programas de estímulos representan, así, una fórmula de pago por méritos.

Aunque los múltiples programas de estímulos coinciden en ciertos rasgos, difieren en aspectos como el monto del sobresueldo asignado, los requisitos a cumplir y los procedimientos de evaluación correspondientes. En su origen, cumplían principalmente una función compensatoria del deterioro salarial ocurrido en la década de los ochenta y su intención era retener en las universidades al personal de mayor calificación. En la actualidad operan como un segundo régimen y tabulador que gobierna la actividad académica en las instituciones. Aunque conservan su carácter voluntario para los profesores e investigadores, es un hecho que por su implicación en el ingreso económico, la mayor parte del personal académico de tiempo completo –a gusto o disgusto– acude a su convocatoria.

Como la asignación de las categorías es por periodos determinados, previa evaluación, , los aspirantes pueden ascender, conservar la categoría, o descender. Esta condición se traduce en una presión continua para enfocar la actividad individual a la acumulación de tareas y productos contemplados en los protocolos y reglas operativas. De esta manera, los estímulos se han consolidado e institucionalizado como rutas de la trayectoria académica y profesional del personal académico generando un orden donde son prioridad el trabajo individual, el enfoque de competitividad de tareas y resultados, la producción documentable, y el uso del tiempo de trabajo en las actividades que acreditan la satisfacción de requisitos.

Se trata de una racionalidad meritocrática que tiende a desplazar a otras lógicas académicas, principalmente aquellas relacionadas con la simple satisfacción de contribuir, desde la vocación, la responsabilidad y el compromiso compartido, a los ejes centrales de la misión universitaria: formar estudiantes, generar bienes de conocimiento y cultura, y participar en su difusión social. La tensión entre ambas racionalidades –académica e instrumental– explica la aparente paradoja entre el éxito de la política asociada con los programas de estímulos (su permanencia, su progresiva extensión en el ámbito de la educación superior pública y su amplia capacidad de convocatoria) y las críticas que diversos actores, como especialistas, responsables de la instrumentación e incluso los propios académicos, han repetido prácticamente desde sus inicios.

Estos programas se desarrollaron a mediados de la década de los ochenta; su origen se fundamentó en el pago por mérito asociado a la evaluación, visto como la única vía para mejorar las deterioradas condiciones de los académicos de carrera —es decir— se dirigen únicamente a un sector de la profesión académica (aproximadamente a un 30 por ciento del total). El Sistema Nacional de Investigadores (SNI) es el programa más visible de estas políticas pero actualmente la mayoría de las instituciones de educación superior cuentan con un programa de este tipo. Además, en paralelo al SNI, la Secretaría de Educación Pública, en colaboración con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), puso en marcha programas basados en fondos extraordinarios concursables para las universidades públicas, que implicaban también procesos de evaluación individual. Este fue el caso del Programa Nacional de Superación del Personal Académico (Supera), el Programa de Mejoramiento del Profesorado (Promep, hoy Prodep) y el Programa de Estímulos al Personal Docente.

Efectos del actual sistema de evaluación

Aunque las políticas buscaban instaurar una cultura de la evaluación, lo que los distintos programas de evaluación generaron fue un aparato burocrático dedicado al recuento curricular. Aunque no exento de algunas virtudes, ese resultado no instituyó prácticas que les permitieran a los evaluados contar con guías y retroalimentación para mejorar su quehacer profesional; lejos de ello, los académicos se toparon con pesados aparatos administrativos que los empujaban a producir más, sin que hubiera modelos que especificaran el sentido y los estándares de calidad de sus actividades docentes y de investigación. En resumen, se implementó, un sistema de recompensas para quienes entregaran cierto tipo de productos y no una evaluación que los orientara para ser mejores académicos.

Los programas en curso, más que hacer una evaluación académica, han institucionalizado el recuento curricular pues no cumplen con la función de valorar integralmente el aporte de los resultados a la acumulación de conocimientos, la calidad en la formación de recursos humanos ni la retroalimentan a los evaluados para que los resultados les permitan mejorar su desempeño. Los programas miden lo que se puede medir, no lo que se requiere sistematizar para promover la calidad de las actividades académicas. Es más fácil contar las publicaciones que evaluar los resultados de las labores docentes, por lo que éstas se han menospreciado entre los indicadores, minimizando el esfuerzo que los académicos destinan a ellas. La evaluación actual ha llegado a confundir el indicador con el trabajo que “cuenta”, pero no valora, reconoce o retroalimenta, más bien segmenta y etiqueta desempeños individuales, disociándolos de los objetivos de desarrollo institucional. Esta condición genera, a su vez, que los programas sobrevaloren ciertas actividades sobre otras —por ejemplo, la investigación por encima de la docencia, la difusión de la cultura y la vinculación social— sin analizar los aportes y su calidad en el marco de los campos de conocimiento o institucionales, el tipo de resultados, las tradiciones disciplinarias y la etapa de la trayectoria de los sujetos evaluados.

Por otro lado, los programas actuales, más que instancias que busquen mejorar los resultados de académicos e instituciones, parecen mecanismos de supervisión y control, basados en la desconfianza mutua entre gobierno e instituciones, y entre las instituciones y sus académicos.

Dada la multiplicación de programas, la frecuencia de las evaluaciones, la diversidad de formatos, el tipo de requisitos y el incesante incremento del número de instituciones, programas y académicos a evaluar, los académicos —especialmente los más reconocidos— cuando fungen como evaluadores destinan una parte importante de su tiempo, concentración y energía a procesos rutinarios. De igual forma, los evaluados consumen también una gran cantidad tiempo para cubrir los requisitos y proporcionar las evidencias solicitadas.

La periodicidad y cantidad de los programas de evaluación desalienta los trabajos de investigación de largo plazo, que frecuentemente son desplazados por proyectos de corto alcance. Esto ha conducido a la institucionalización de vicios y simulaciones, promoviendo un productivismo sin impacto organizacional ni disciplinario que se asocia directamente con la búsqueda de recursos económicos adicionales.

La evaluación del trabajo académicoafecta más directamente a una minoría selecta de instituciones y académicos. Los graves problemas de los profesores de tiempo parcial se han atendido poco, porque en general se hace énfasis en la investigación y en la diversidad de actividades y funciones que sólo realizan los académicos de tiempo completo. En la mayoría de las instituciones de educación superior la desatención a la evaluación del trabajo académico de un extenso grupo de profesores de tiempo parcial que sostienen la docencia en un alto porcentaje —sobre todo a nivel de licenciatura— ha ampliado la brecha en las condiciones laborales y los ingresos entre los profesores de tiempo completo y los de tiempo parcial. Además, las repercusiones de los premios, “estrellas” y “medallitas” de los distintos programas son inequitativos y estratifican a los académicos, quienes compiten en desigualdad de condiciones para alcanzar los indicadores, debido a las diferencias en términos contractuales, en contextos formativos y en apoyo institucional.

Resulta igualmente pertinente mencionar dos situaciones económicas vinculadas con las evaluaciones: los salarios y la jubilación. En el primer caso, se ha desatendido la discusión del tema central de los salarios dignos, pretendiendo que con la incorporación de remuneraciones no salariales se resuelve el problema de recuperar los ingresos y se logra estabilidad para garantizar la autonomía necesaria para producir conocimiento y formar los recursos que se requieren para el desarrollo social. Al no encarar la discusión en los salarios base, se desvía la atención hacia medidas parciales en vez de concentrarse en la búsqueda de mejores condiciones de trabajo para los miembros de la profesión académica. Por otra parte, los programas de recompensas han contribuido a obstaculizar el retiro de los académicos. Esto en la medida en que los estímulos representan un alto porcentaje del ingreso, pero no repercuten en el monto de la jubilación ni en otras prestaciones. La planta académica ha envejecido, lo que, sumado a las restricciones presupuestales para la creación de nuevas plazas, dificulta la renovación de la planta académica y propicia el desempleo de los egresados de los programas de posgrado, que por su expansión son un número cada vez mayor. Por consiguiente, los procedimientos de evaluación en curso han afectado el relevo generacional.

Una propuesta para transformar la evaluación del trabajo académico

Podemos afirmar que las evaluaciones que hoy se realizan en el marco de los diferentes programas de incentivos no cumplen con varios de los requisitos esenciales en cualquier proceso de evaluación académica:

– que la evaluación tenga la finalidad de promover el desarrollo de los evaluados y no la de premiar o castigar;

– que los evaluadores emitan recomendaciones que aporten a mejorar los resultados y a propiciar la confluencia entre los objetivos de las trayectorias personales y las metas de las instituciones en que se participa;

– que los criterios de evaluación respondan a las particularidades de lo que se evalúa y que consideren las múltiples dimensiones del trabajo académico;

– que las reglas y los procedimientos sean explícitos y claros para todos los participantes (por ejemplo, las reglas para subir o bajar de nivel en un programa de estímulos o escalafón);

– que los resultados sean transparentes;

– que existan recursos de revisión.

Nuestra propuesta para mejorar las evaluaciones del trabajo académico es establecer a la evaluación como una estrategia institucional de valoración sistemática del trabajo global que realiza cada académico en pro del cumplimiento de los objetivos institucionales y del desarrollo del conocimiento en su campo de especialización. Se trata de abrirle paso a la función diagnóstica y formativa, propia de la evaluación académica, cuyo propósito central es la mejora sistemática de los procesos de trabajo, la superación continua de las personas, los grupos y las instituciones encargadas de llevarlos a cabo.

Para esto proponemos reemplazar el recuento curricular por una evaluación académica concebida como una evaluación diagnóstica, no centrada exclusivamente en los productos sino en el análisis integral de los procesos de trabajo, con la intención de identificar: los objetos de trabajo y los propósitos que cada académico se planteó; los retos y las dificultades que encontró y las formas de resolverlos; los recursos de que dispuso y el tiempo que invirtió; los avances y aportes que logró en distintos ámbitos; los puntos vulnerables y los pendientes que restan por encarar; los intereses y preocupaciones que surgieron y pretende trabajar y sus necesidades de superación académica.

La evaluación diagnóstica será una evaluación formativa en la medida en que se lleve a cabo como un ejercicio de reflexión colegiada, de retroalimentación y de intercambio informado entre colegas que asumen el papel de interlocutores y no de jueces. Y, ciertamente, dicho potencial será una realidad en la medida en que el proceso de evaluación cuente con la participación activa y comprometida de evaluados y evaluadores.

Proponemos, pues, propiciar el tránsito hacia la evaluación diagnóstica y formativa. Se pueden introducir cambios significativos en la medida en que el recuento curricular periódico de los productos se inscriba en la evaluación y autoevaluación de los procesos, entendidas como apreciaciones integrales del trabajo en las que se toma en cuenta el proyecto institucional, las condiciones objetivas en las que se realiza el trabajo, el tipo de nombramiento de cada académico, la disciplina de referencia, el momento de la trayectoria individual, la edad y el género.

Este tipo de evaluación tendría lugar en los grupos, equipos o unidades de adscripción más próximos, donde el académico realiza su trabajo cotidiano. Sus instrumentos serían el plan de trabajo y el informe de actividades anuales, y todo el proceso de evaluación estaría a cargo de los mismos involucrados. Los resultados de la evaluación se presentarían en el cuerpo colegiado de la institución encargado de dictaminar los planes e informes anuales de todos los académicos.

Para realizar una valoración integral de los expedientes proponemos que –al margen de que se trate de un programa de incentivos, de becas o de una evaluación colegiada del trabajo individual, en el interior de un grupo o de un equipo– el resultado de la evaluación sea una apreciación global del trabajo de cada académico, en la que consten en breve dos cuestiones: 1) un balance general que valore la calidad del trabajo realizado en función de la trayectoria del académico, las condiciones institucionales y personales de trabajo, apoyado en los productos reportados; 2) sugerencias que, a modo de retroalimentación, le permitan al académico hacer los ajustes necesarios para reorientar su plan de trabajo hacia el logro de un mejor desempeño.

De la misma manera, independientemente de la modalidad de evaluación de que se trate, siempre deberá garantizarse el derecho al recurso de revisión y a solicitar, según el caso, una nueva evaluación a cargo de evaluadores distintos de los que emitieron el primer resultado.

Cabe mencionar aquí otra ausencia notoria en las modalidades de evaluación vigentes: la evaluación de la evaluación, que incluya tanto el trabajo de los evaluadores como el funcionamiento y resultados de la aplicación de los programas mismos. Para ello, es conveniente establecer criterios y procedimientos claros. Se podrían tomar en cuenta, entre otras cosas, las horas que requiere; la cantidad de expedientes a cargo de cada evaluador; la dinámica de trabajo de las comisiones dictaminadoras; el tipo de dificultades más frecuentes; los índices de aprobación y rechazo; el contenido y el número de las solicitudes de revisión; las valoraciones de los académicos sobre el proceso y el grado de avance en los objetivos planteados. A partir de esto se harían los ajustes que se consideren necesarios para las siguientes evaluaciones.

Dada la gran cantidad de expedientes que típicamente hay que atender, haría falta estimar con mayor seriedad el número necesario de evaluadores en función del tiempo real que exige la evaluación rigurosa de cada expediente. No es recomendable recargar a los evaluadores con un número excesivo de expedientes, como sucede en la actualidad. Es deseable que los evaluadores sean elegidos por los profesores de las unidades académicas de una lista de sus pares, y que éstos no sean las autoridades de la institución. Finalmente, cabe recordar que el nivel alcanzado en los programas de estímulos —sean del SNI o de algún otro—, no representa un criterio que garantice ser un(a) buen(a) evaluador(a).

Conclusión

Cualquier intento por mejorar sustancialmente los procesos de evaluación del trabajo académico tendrá que afrontar el problema medular de que hoy la evaluación está unida a la administración de los ingresos económicos de los académicos en forma de estímulos y sobresueldos. Esto hace que sea urgente poner sobre la mesa de discusión la necesidad de un salario base digno y suficiente para todos los académicos.

La presente propuesta representa un acercamiento para atender las limitaciones y los efectos de los actuales programas de estímulos y pretende ofrecer a las instituciones de educación superior un nuevo horizonte de referencia para la transformación de la evaluación de sus académicos. Se trata de transitar del recuento curricular a la evaluación diagnóstica y formativa, introduciendo nuevos fundamentos y criterios en los programas vigentes. Las virtudes de nuestra propuesta son la construcción de un sistema real de evaluación que sea equitativo y transparente, que fomente la participación de los académicos en el proceso, que esté articulado a un proyecto institucional, que permita mejorar la calidad de las prácticas académicas y que respete la heterogeneidad de las instituciones, sus posibilidades reales de cambio, la diversidad de disciplinas y trayectorias. También pretende simplificar la maquinaria burocrática que participa en las evaluaciones, evitar las contradicciones entre los distintos mecanismos vigentes, contribuir a la autonomía de las instituciones y reducir el costo en trabajo y dinero de los procesos. Nuestro objetivo, en última instancia, es presentar sugerencias, criterios y cuestiones de carácter operativo para avanzar en la implementación de la propuesta general, que cada institución adaptaría a sus características específicas.

Angélica Buendía es profesora investigadora del Departamento de Producción Económica de la UAM-Xochimilco.

Susana García Salord es investigadora del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y Sistemas de la UNAM.

Rocío Grediaga es profesora investigadora del Departamento de Sociología de la UAM-Atzcapotzalco.

Monique Landesman es profesora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM.

Roberto Rodríguez-Gómez es investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

Norma Rondero es profesora investigadora del Departamento de Sociología de la UAM-Atzcapotzalco.

Mario Rueda es investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM.

Héctor Vera es investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM.


1 El presente documento nació con el interés de propiciar una discusión colectiva para mejorar los sistemas de evaluación del trabajo académico en las instituciones de educación superior en México. Nuestra intención es que las ideas aquí vertidas circulen y se debatan entre el mayor número posible de académicos. Este texto es una versión resumida de un escrito más extenso que puede consultarse aquí. Además nos interesa escuchar los comentarios y reacciones de todos los interesados en este tema.

Fuente reseña de investigación: http://educacion.nexos.com.mx/?p=588

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