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¿Educación competencial o educación democrática?

Marc Casanova

“La escuela no es el bastión de la clase dominante, es un campo de lucha entre la clase dominante y la clase explotada; es un terreno donde chocan las fuerzas del progreso y las fuerzas conservadoras. Lo que sucede allí refleja tanto la explotación como la lucha contra la explotación. La escuela es al mismo tiempo una reproducción de las estructuras existentes, una correa de transmisión de la ideología oficial, de la domesticación, pero también una amenaza al orden establecido y una posibilidad de emancipación”.
Georges Snyders

Hablar de educación competencial es hablar de escuela y neoliberalismo. Pero, en el actual momento histórico, hablar de neoliberalismo sin adjetivos es, como mínimo, problemático. En la actual fase de crisis de acumulación del capital, tanto si hablamos de la “muerte del neoliberalismo” en transición a un orden tecnofeudal, como sugiere el economista Cédric Durand 1, como si lo hacemos de una fase “geoeconómica” mediante una regionalización militarizada de las cadenas de distribución por parte de los imperialismos en pugna, como postula Milan Babić 2, o si asistimos a una “simple” mutación ultra autoritaria e iliberal del neoliberalismo, que mostraría así su rostro más descarnado en forma de una nueva etapa de guerra civil mundial generalizada, como afirma el sociólogo Christian Laval 3, lo cierto es que nada de esto modifica la sustancia de este artículo: un recorrido teórico e histórico, a través de algunos de sus principales críticos, del despliegue de la educación competencial. Epítome de una lógica neoliberal que sigue desplegándose en la escuela pública a marchas forzadas. 

La historia del capitalismo no es una línea recta ni funciona como un péndulo donde sería posible dar marcha atrás. Avanza a través de una sucesión de crisis que dibujan espirales cada vez más amplias y destructivas: una discordancia de los tiempos que, en cada fase, va incorporando nuevos elementos sin, por eso, hacer desaparecer necesariamente los anteriores.

Esto se tendría que tener muy presente cuando, ante los atropellos de la educación competencial neoliberal, se juega la carta del retorno a la vieja y buena escuela fordista de los treinta gloriosos, como si las viejas formas de reproducción social de la mal llamada escuela republicana en Europa –ligadas al capital simbólico o al currículum oculto, descritas y demostradas hasta la saciedad durante décadas por todo tipo de científicos sociales– no continuaran siendo perfectamente operativas en el seno de la actual escuela neoliberal 4. O como si se pudiera vender sine die a nuestros alumnos y alumnas la ilusión meritocrática del ascensor social en medio de un aumento obsceno de las desigualdades sociales y de la pobreza infantil, en medio de una crisis estructural de acumulación del capital que arrastramos ya desde los años setenta del siglo pasado. 

De hecho, la conversión internacional que estamos viendo de todo tipo de neoliberales de viejo cuño al discurso reaccionario y neofascista (las cosas hay que llamarlas por su nombre) no representa un retorno pendular al pasado ni una renuncia a la educación competencial, que –como veremos– se despliega más rápidamente que nunca, sino la voluntad de añadir una vuelta de tuerca más a este proyecto de guerra de todos contra todos que, en realidad, siempre ha sustanciado el proyecto neoliberal.

La ola reaccionaria
En este sentido, es preciso detenerse un momento y señalar que el proceso de fascistitzación 5 que están viviendo nuestras sociedades es, en primer lugar, un proyecto perfectamente armónico con una agenda neoliberal que siempre ha sido, en última instancia, una agenda de desdemocratización profunda; es decir, de extirpación de todas las formas colectivas de control y de democracia popular en el seno de la sociedad burguesa, empezando por los servicios públicos y los sindicatos.

En segundo lugar, como señala Ugo Palheta 6, este proceso se apoya siempre en la construcción de un concepto de pueblo que ya no sirve para designar las condiciones de existencia de las clases populares ni tampoco una comunidad política que incorpore todas las personas con una voluntad común de pertenencia, sino que sirve para designar una comunidad étnica o racial fijada a priori que  delimita quién está dentro y quien está fuera, quien se ha integrado y quien no, quién puede ser considerado plenamente ciudadano o ciudadana y quien no.

Y, finalmente, señalar que este proceso que está envenenando nuestras sociedades, a nivel nacional, estatal e internacional, no podría lograr el grado de hegemonía que estamos viendo si en esta designación del enemigo interior y su exclusión (minorías culturales, sexuales, inmigrantes, pobres en general…) no hubiera implícita una promesa material de determinadas prebendas para diferentes sectores del cuerpo social. Ya sea para las trabajadoras y trabajadores designados como 100 % nacionales o para las llamadas clases medias empobrecidas. Y entre estas, no son pocos quienes sueñan, a izquierda y derecha, que se podría volver al Estado providencial, a unos servicios públicos robustos y a una auténtica meritocracia escolar si nos deshiciéramos o apartáramos determinados cuerpos extrañosde la población (y de la escuela, evidentemente).

Para calibrar el cambio de clima social que estamos viviendo en los últimos tiempos y cómo este condiciona el papel que la escuela pública ha jugado históricamente, solo hay que echar un vistazo al tipo de reacciones dominantes que suscitaron los resultados del último informe PISA en Catalunya (“la culpa es de los moros”), el escándalo de malversación y maltrato institucional de la DGAIA 7 (“estos corruptos que se gastan nuestro dinero en menas [menores extranjeros no acompañados] y parásitos sociales improductivos”), las polémicas importadas e impostadas en torno a la prohibición del velo en la escuela (“es por su bien, tienen que integrarse”), respecto a la escuela inclusiva (“la diversidad no deja avanzar el alumnado normal, la escuela no es una ONG”) o también sobre la lacra de los desahucios y las polémicas del padrón municipal con los habituales: “no cabemos todos, si no pueden pagar el alquiler que trabajen o que se vayan a su país”. En todos estos casos, la carga de la prueba recae siempre, e indefectiblemente, sobre la parte más vulnerable del cuerpo social.

Decíamos que solo hay que echar un vistazo a este clima dominante de eugenismo social y de actualización del viejo adagio de las clases peligrosas, y contrastarlo con los ciclos de luchas de las trabajadoras y trabajadores conscientes, de la izquierda social y sindical, en que, para cada una de estas cuestiones, se ha intentado dar una respuesta democrática y socialmente justa. Poniendo el foco en los problemas estructurales y no en los recurrentes chivos expiatorios y, lo más importante, intentando que los principales afectados por estas políticas sean parte activa y organizada de estas respuestas.

Desde las y los docentes que se organizan hoy con sus comunidades contra los desahucios que afectan a sus alumnos y alumnas 8, o en las luchas por una escuela realmente inclusiva y con los recursos necesarios, pasando por las luchas de los y las estudiantes por su derecho a la educación, sin importar el origen, la cultura o la religión 9 y, para acabar con esta breve lista, para nada exhaustiva, las luchas permanentes contra los partenariados público-privados 10(mucho antes del escándalo de la DGAIA), que nos llevan a una de las espinas dorsales de esta charla: la transformación del Estado social en Estado emprendedor, triste legado de lo que Nancy Fraser denominó “neoliberalismo progresista” 11, y en que las formas de educación competencial cobran todo su sentido.

La (ya no tan) nueva razón del mundo
Así pues, hablar de educación competencial es hablar de neoliberalismo. Sin embargo, ya estamos viendo que es complejo dar respuestas eficaces desde la comunidad educativa a esta realidad si antes no abordamos un poco más en detalle su verdadera naturaleza. En este sentido, lo primero que habría que señalar es que el neoliberalismo no ha consistido nunca en una reducción del Estado para liberar los mercados. Esta idea de un Estado salvífico asediado por los mercados y las multinacionales, nada tiene que ver con lo que ha sido el funcionamiento real del neoliberalismo. Esta imagen representa tanto una mala comprensión de cómo funciona como de la naturaleza del Estado en la sociedad capitalista.

Hay que romper con la idea simplista y paralizante según la cual la escuela pública es agredida por una mercantilización que vendría del exterior (Clément, Pierre, 2012), y que bastaría, pues, con aislar la escuela pública de la sociedad para convertirla en un santuario donde el saber y el conocimiento estarían en relación directa con el cielo de los universales.

Ojalá la cosa fuera tan sencilla, pero ni el Estado ni la escuela pública están (ni en realidad han estado nunca) al margen de la lucha de clases que las atraviesa de arriba abajo. De hecho, esta imagen solo genera impotencia y errores estratégicos de peso en la lucha contra el neoliberalismo. Los servicios públicos –sanidad, servicios sociales, educación…– no van cayendo uno tras otro en la mercantilización por los efectos espontáneos y la fuerza intrínseca de la economía de mercado, sino por la voluntad consciente de agentes burocráticos y políticos organizados en el seno de los Estados 12.

Cómo explicaba el último Bourdieu 13, la irrupción del neoliberalismo no se impuso a través de una extensión anónima de los mercados frente a la política, sino que se impuso a través de una lucha política que dividió el campo burocrático del Estado “entre dos fracciones opuestas del funcionariado: el alto y el bajo. En esta lucha está en juego la finalidad de la función pública y su impacto sobre la sociedad”, es decir, “la mano derecha del Estado: el alto funcionariado, los gabinetes, los miembros del gobierno –sean estos de izquierda o de derecha– y sus expertos acreditados, disparan contra todo aquello que representa el bajo funcionariado –la mano izquierda del Estado– y muy especialmente contra los encargados de llevar a cabo sus funciones sociales” (Laval, Christian, 2020, p. 242-243).

En este sentido, el laboratorio catalán ha sido un ejemplo paradigmático de este proceso que hoy se extiende también, con fuerza, al resto del Estado: fue desde la propia administración (no a través de la extensión espontánea de los mercados) como se generó en la educación catalana el marco de gobernanza y subjetivación ideal para el neoliberalismo, cuando los partidos de la izquierda que gobernaban la Generalitat impulsaron la Ley de Educación de Catalunya (LEC), levantando una nueva arquitectura institucional al servicio de esta lógica neoliberal: direcciones fuertes y gerenciales, contratación a dedo del profesorado –y, por lo tanto, desmantelamiento de facto de la función pública–, fusión de los centros privados-concertados y públicos bajo los parámetros de los primeros, incentivos y evaluaciones por resultados, destrucción de la visión integral de la red a través de una concepción gerencial de la autonomía de centros, con las estrategias llamadas de “diferenciación e innovación de la oferta pedagógica” que tanto han contribuido a la segregación social educativa 14. 

Fue, pues, dentro del propio ámbito de gestión y titularidad pública donde emergió y se despliega hoy un mercado de matrículas y recursos que se convierte en una guerra de todos contra todos, donde la innovación deviene un sello de prestigio para organizar el mercado y atraer determinados perfiles de matrícula. Un mercado que obliga a centros educativos, docentes, estudiantes y familias a actuar como agentes privados, dentro de la misma red pública, en busca de oportunidades de mercado y revalorización que permitan la supervivencia de sus respectivos centros y/o puestos de trabajo y los sitúen en una posición más competitiva que otro centro público del mismo barrio o ciudad en un contexto marcado por la desinversión progresiva y estructural. 

Al mismo tiempo, todo este cambio institucional donde desaparecen clases, ciudadanos y ciudadanas en pro de una sola forma de subjetivación (la/el emprendedor), ha ido ligado a una nueva epistemología o racionalidad sobre el mundo que nos rodea. En este, ya no importa el qué o el por qué del conocimiento, sino el cómo estos nuevos sujetos pueden adquirir habilidades para conseguir información y conocimientos prácticos; habilidades y conocimientos para ser utilizados de manera oportunista, para tener más ventajas que el resto en este marco de competencia generalizada (Casanovas, Marc. 2020). 

Y es aquí cuando los fundamentos que operan en la escuela competencial se nos hacen más transparentes:  las nuevas formas de configuración curricular de la educación y de los planes de estudio que dan cuerpo a toda esta nueva epistemología (o relación social con el conocimiento centrada en los principios institucionales y antropológicos descritos), solo son viables si los sistemas escolares “tienden a adoptar la forma de una empresa y si los sujetos se adaptan a esta norma de tal modo que al final devenga normal que el conocimiento tome la forma valor de una mercancía” (Laval, Vergne, Clément y Dreux, 2012: 9).

Pero como señala Laval: “hablar de la forma valor del conocimiento no significa que todo conocimiento devenga inmediatamente una mercancía. Significa más exactamente que las categorías con las cuales, a partir de ahora, hay que pensar el conocimiento, que los dispositivos institucionales y las normas prácticas que regulan y administran su producción y su transmisión, se someten al objetivo general de la valorización económica. El valor económico deviene el criterio último de validación institucional y social de las actividades de enseñanza; deviene, poco a poco, la norma que va ordenando el interior de las prácticas educativas, currículums, contenidos, etc.” (Laval, Vergne, Clément y Dreux, 2012: 10).

¿Escuela postfordista o neotaylorista?
Es decir, estamos pasando gradualmente de lo que Marx denominaría una subsunción formal a una subsunción real del trabajo educativo (y el conocimiento escolar) en el capital. Esto significa que la autonomía progresiva de los factores objetivos del proceso educativo (todo este nuevo entramado de dispositivos institucionales descritos) hace posible la autonomía de los instrumentos de producción o transmisión (es decir, la expropiación, desposesión y alienación de todos los medios, los saberes, metodologías y prácticas del trabajador o trabajadora docente), razón por la cual la subordinación del factor subjetivo (el propio docente, pero también el alumnado, la comunidad educativa…) tiende a volverse cada vez más agobiante e insoportable.

La escuela competencial, pues, en realidad no nos lleva al “nuevo espíritu del capitalismo” 15, a ese horizonte posfordista de trabajo horizontal y colaborativo que nos habían prometido en la nueva sociedad del conocimiento 16, sino a un neotaylorismo rampante donde el actual avance político y social del sentido común de la reacción y la extrema derecha nos muestran la próxima estación.  

El objetivo de esta organización taylorista es conocido: romper con los saberes, conocimientos y experiencias del o la trabajadora para someterlos a formas operativas y plazos establecidos, decididos fuera de ellos y según los objetivos de la rentabilidad. Cambio permanente de técnicas y métodos evaluativos y procedimentales que van de arriba abajo, de las oficinas a los talleres (o directamente del mercado a la escuela), para garantizar la docilidad y subordinación permanente de unos docentes abrumados burocráticamente y la aceptación de las soluciones prefabricadas, estandarizadas e innovadoras que muchas veces vienen directamente del mundo de la empresa, como el portafolio competencial (Linhart, 2017).

En resumen, toda una serie de prácticas de manual del mundo del management empresarial que se aplican al alumnado y al cuerpo docente y que impiden que estos, y la comunidad educativa, puedan ser sujetos de los procesos educativos, que puedan nombrar el mundo y sus necesidades desde su realidad para transformarlo. 

Los diferentes cambios y modificaciones curriculares que hemos vivido en los últimos tiempos, desde la asignatura de emprendimiento, educación financiera, la forma en que se han introducido las nuevas tecnologías, la inteligencia emocional o la FP dual…, todos responden a una misma lógica: adaptar al milímetro todo el sistema educativo a las necesidades del mundo de la empresa y de un mercado de trabajo cada vez más dualizado. En este, la franja baja de la población (y, por consiguiente, el grueso de las clases populares) tan solo “necesitará” unas competencias básicas para adaptarse a un contexto laboral cada vez más precario y en constante cambio (Hirtt, 2019).

Mistificaciones pedagógicas
Nico Hirtt lleva años denunciando cómo el enfoque competencial, este sistema de organizar y atomizar el currículum, surge simultáneamente del mundo empresarial, para definir las necesidades de recursos humanos y de la escuela pedagógica inspirada en el conductismo y el cognitivismo anglosajón 17. Sin embargo, muchas entidades, diarios o revistas especializadas siguen confundiendo (o juegan a la confusión) este enfoque competencial y autores que se enmarcan en la tradición de las pedagogías críticas, como puede ser la perspectiva de la pedagogía constructivista (Casanovas, Marc. 2020).

Tal como explica Nico Hirtt, se trata de una auténtica mistificación, que ha servido en el periodo del neoliberalismo progresista, para construir los consensos necesarios a fin de hacer más digerible a las y los docentes, y a la sociedad en general, este ataque constante a los pilares cognitivos de la educación pública.

Esta mistificación, en tiempos de auge reaccionario, resulta hoy doblemente peligrosa. Pues no son pocos quienes ahora atacan los pilares de la educación democrática y la tradición de las pedagogías críticas en nombre de su lucha contra la escuela neoliberal. 

Una mistificación reaccionaria que, apoyándose en algunos de los elementos aquí descritos, lo harían, sin embargo, a través de otro desplazamiento conceptual tramposo. Si hasta ahora se trataba de describir cómo se reorganizan las formas de explotación, autoritarismo y jerarquización de una clase sobre las otras a través de la mercantilización escolar y la innovación pedagógica, hoy también proliferan críticas a este modelo donde el problema no residiría en la desigualdad y las nuevas formas institucionales de despotismo que lo sustentan. Al contrario, tal como denuncia el filósofo Jacques Rancière, sería “el exceso de igualdad y democracia” el que empujaría hoy a familias y alumnos a actuar como personas consumidoras, el igualitarismo el que produciría alumnos narcisistas “que no conocen límites; incluso las reivindicaciones de las minorías y el ecologismo serían vistos como un producto caprichoso de la narcisista sociedad de masas, de sus excesos de igualdad y democracia”, en definitiva, el problema no es que vivamos en el “reino de la explotación” que diría Marx, sino en el “reino de la democracia” (Rancière, 2006) 18.

¿Qué relación social con el conocimiento?
En Las condicionas educativas de una ciudadanía crítica el mismo Hirtt resumía en tres puntos las relaciones sociales dominantes con el saber en la actualidad: 

  1. «El utilitarismo profesional, que reduce la práctica al ejercicio de tareas repetitivas: ‘El trabajo en la escuela tiene que ser educativo –dijo Lunacharski–, es decir, realizado según normas tales que el niño aprenda, y si el niño no adquiere nada trabajando, entonces es un crimen de la escuela. El trabajo no tiene derecho a una sola hora en la escuela si, gracias a él, el niño no se ha vuelto más inteligente y más hábil.
  1. La valorización elitista de un saber gratuito y desinteresado que no es más que el desprecio burgués por la práctica. Esta concepción refleja la división social del trabajo entre las clases dominantes –poseedoras de los grandes conocimientos teóricos– y las clases populares –responsables de la aplicación práctica–.
  1. El enfoque basado en las competencias, ahora en boga, que reduce el conocimiento a su dimensión utilitaria y considera la práctica escolar solo como el ejercicio del uso del conocimiento. Esta concepción equivale a negar el valor intrínseco del conocimiento, como capacidad de comprender el mundo». 

Estas tres concepciones (que, de hecho, estructuran los debates educativos actuales), son, las tres, perfectamente funcionales al proyecto de reproducción y división social del trabajo (la separación estructural entre los que conciben y ejecutan) de la escuela capitalista. Si bien es cierto que vehiculan intereses contradictorios en el seno de las clases dominantes 19. 

Por eso, el elemento fundamental que habría que retener para comprender la educación neoliberal es que no se trata tanto de un método pedagógico propiamente dicho como de un dispositivo institucional y de relaciones sociales sometido a una lógica alienante, donde caben diferentes metodologías. De aquí el absurdo de la actual querella entre antiguos y modernos. Desde las escuelas cuartel que puso en práctica Bolsonaro en Brasil (directamente gestionadas por militares) hasta una escuela privada con métodos Freinet en Francia: “nada es mezquino” para la escuela neoliberal, que diría el poeta. 

Pero también hay propuestas desde la izquierda que pugnan por resignificar las formas de aproximación competencial estándar (y afortunadamente mucha y muchos docentes lo hacen también cada día). Y si bien es cierto que estas resignificaciones constituyen formas de resistencia molecular legítimas y necesarias, creemos que el elemento central no se sitúa aquí, sino en todo este dispositivo de transformaciones institucionales gerenciales, de trabajo por objetivos y cultura de la evaluación (empezando por PISA), que pone todo el mundo a competir con todo el mundo dentro de la educación pública.

En este contexto, la diferenciación pedagógica –sea desde un enfoque elitista o democrático de adaptación de los contenidos al contexto social– es perfectamente funcional al proyecto de competencia, de reproducción social y de valorización mercantil del conocimiento que organiza este marco institucional. Ya que las diferentes prácticas pedagógicas permanecen sobredeterminadas por este objetivo de valorización mercantil y división social del trabajo.

Es, pues, desmantelando este marco de relaciones sociales institucionalizado en el seno de la escuela pública y levantando un marco institucional democrático como se podrá recuperar el sentido de las prácticas pedagógicas y reapropiarse de la escuela pública. Y es en este terreno democrático donde creemos que se podría encontrar toda la comunidad educativa en una misma lucha, más allá de debates metodológicos. Más adelante volveremos a ello.

Es cierto: no se pueden negar las alianzas que se han dado en las últimas décadas entre la renovación pedagógica y el espíritu del capitalismo. La transformación gerencial de la escuela ha venido acompañada, en muchos casos, de una retórica engañosa, en la que numerosos conceptos democráticos y cooperativos propios de la renovación pedagógica han sido reinterpretados y puestos al servicio de esa lógica (Laval y Vergne, 2021).

Como también es cierto que muchos elementos de educación popular o comunitaria dentro de la educación pública han quedado diluidos en esas habituales ensaladas de intereses corporativos, en las que se confunden intereses comunitarios con empresas, mercantilización y clientelismo. En este marco, la adaptación de los contenidos al entorno no significaría, como en Freire, una interrogación de los saberes formales a partir de los intereses de clase de la comunidad y sus instituciones, sino, al contrario, una adaptación de los contenidos a la expectativa social que se tiene desde la jerarquía burocrática de la administración y las necesidades del mundo empresarial hacia esta misma comunidad.

Pero habría que sacar todas las consecuencias de este hecho: el acceso al conocimiento, y las formas de socialización con este, está siempre mediatizado por un entramado de dispositivos institucionales y prácticas que le dan sentido. Hacer abstracción de estos marcos institucionales, como si las prácticas pedagógicas pudieran operar al margen de esta realidad, es la auténtica pantalla ideológica que hay que romper.

Y es por eso mismo que también es una falsa alternativa plantear un corte epistemológico total entre los conocimientos de la vida cotidiana y el conocimiento científico. La ficción de una transmisión neutral del saber, donde los educandos tendrían que dejar en la puerta de la escuela sus intereses y mundos propios para recibir, como tablas rasas, un saber objetivo y desinteresado que los haría libres y los “igualaría” en el seno de “el ágora republicana”; esta concepción que se plantea como alternativa desde un “republicanismo” que parece desconocer toda la tradición de lucha que ha alimentado el republicanismo popular (de Condorcet a Jaurès pasando por las reflexiones de Gramsci) es fruto del mismo idealismo metodológico que señalábamos antes. Y normalmente solo favorece a quienes ya han sido previamente socializados con los saberes formales 20. 

Por eso, en lo que se refiere a las formas de transmisión, aprendizaje o acceso a saberes formales en el medio escolar, es absurdo mantenerse en la falsa disyuntiva entre un “corte epistemológico” a lo Bachelard y “la sociedad desescolarizada” a lo Iván Illich. El abismo que separan estas dos concepciones es, precisamente, el que intenta sortear la tradición de aquellas pedagogías críticas que han pensado el medio escolar desde los intereses históricos de las clases populares.

De hecho, como sostiene Irène Pereira 21, no hay ni ruptura ni pura continuidad entre los saberes sacados de la experiencia y el conocimiento científico. Hay mediaciones. Y hablar de mediaciones es hablar de instituciones, y hablar de instituciones es hablar de política. En el marco de la escuela democrática esto pasa por lo que Laval y Vergne denominan “pedagogías instituyentes”: 

las pedagogías instituyentes son aquellas que hacen de la democracia no un valor abstracto, sino un principio de funcionamiento de la institución escolar y de la formación de los alumnos (…) Si una pedagogía democrática no puede estar aislada de los objetivos de igualdad social y de los objetivos culturales de la escuela, ésta no puede, por tanto, estar separada del objetivo de autogobierno popular” 22.

En este sentido, es preciso rechazar firmemente las formas dominantes que toman los llamamientos actuales de retorno a la autoridad en la escuela. Que hablan de autoridad sin problematizar radicalmente las relaciones de poder que se dan tanto en la escuela como en la administración o en la sociedad en general. Es preciso, como señalaba Freire en su crítica de la educación bancaria 23, desmontar la confusión interesada de la autoridad del saber (esencialmente dialéctico y dialógico) con la autoridad de la función. Y desmontar, también, estos llamamientos en su vertiente humanista, donde la referencia a este retorno suele aparecer, como señala Marina Garcés, a través de una separación entre poder y autoridad que representa una: 

idealización de las relaciones humanas. Cómo les replicó (a Arendt y Gadamer) Habermas, todavía dentro del debate alemán (que no es un debate retórico atendida la proximidad con la experiencia del nazismo), “autoridad y conocimiento no convergen”, porque toda autoridad descansa en dos elementos: por un lado, el cimiento de un conocimiento ya reconocido y por tanto no sometido a la reflexión crítica. Por otro lado, la autoridad siempre implica “la amenaza potencial de sanciones y la perspectiva de gratificaciones”. Autoridad es quien siempre puede, en última instancia, premiar o castigar a partir de unos parámetros previos de reconocimiento. ¿Es esto lo que queremos recuperar para la educación? (Garcés, 2020: 114).

¿Es este el gran proyecto ilustrado que hay que recuperar? Pregunta preocupada Garcés, pues si fuera así, no hace falta que nuestros reformadores nostálgicos sufran; la actual modernización reaccionaria de la escuela neoliberal 24 que ya se dibuja en el horizonte del Estado, nos dará mil y una oportunidades para recuperar este espíritu ilustrado y republicano…

Educación democrática o como transformar las relaciones
de poder y sociales con el saber a través de sus sujetos:
autonomía de clase, autonomía del saber y de quienes conocen

Por nuestra parte, sin embargo, pensamos que un proyecto de ilustración radical por utilizar la fórmula de la filósofa catalana, empezaría por una interrogación también radical de todos los saberes y conocimientos formales. Y esta interrogación solo se puede dar a partir de las preguntas que ponen sobre la mesa los actuales sujetos que representan y se configuran como una anomalía para las prácticas y discursos dominantes: desde las experiencias cotidianas de lucha contra el racismo, contra el cambio climático, contra la explotación de clase, la opresión patriarcal, las identidades disidentes…, y pensar a partir de ahí cómo podríamos institucionalizar estas formas de interrogación de los saberes, de socialización y reflexión dentro de la institución escolar.

La renovación pedagógica y curricular, con todos sus defectos y limitaciones, que da paso a la escuela pública después del franquismo, nos podría dar algunas pistas a este respeto. Esta se enmarcó en un contexto de ruptura constituyente (en el ámbito educativo) con el régimen anterior, donde los sectores populares, sus luchas e instituciones (asociaciones de vecinos, de familias, docentes, sindicatos, partidos…) levantaron una nueva institucionalidad democrática en el seno de la escuela pública (claustros de profesores y consejos escolares vinculantes), que acabaron con los antiguos cuerpos segregados de dirección. Incorporaron la libertad de cátedra, sí, pero mucho más que esto, también formas de educación popular y democrática; formas institucionalizadas de interrogación de los saberes formales de los currículums oficiales a partir de sus intereses históricos colectivos como clase social, comunitarios, culturales…; trabajo y elaboración horizontales vinculantes en el seno de las estructuras de la educación pública, gracias a las cuales se elaboraron los saberes y las prácticas de la renovación pedagógica. Estos marcos institucionales han sido progresivamente vaciados de poder efectivo, cuando no directamente desmantelados, a través de las sucesivas leyes educativas (a izquierda y derecha) que han atravesado la escuela en las últimas décadas, comenzando con la progresiva vuelta a las direcciones segregadas en nombre del liderazgo pedagógico.  

Por eso, el proceso descrito más arriba, poco tiene que ver con el reclamo nostálgico de un retorno a la EGB o el BUP.  Hablamos de momentos concretos de ruptura autoinstituyentes, no de modelos, sino “de espacios de creación o lucha del pasado que presentan objetivos que todavía son nuestros” (Pestaña 2021). Y que permiten pensar alternativas a la actual gobernanza neoliberal, que –de la mano de la llamada innovación educativa– nos sitúa en el actual escenario de proletarización, tanto de docentes como de alumnos y alumnas (sentido último de la lógica de la aproximación por competencias).

La historia de la educación democrática es, pues, nuestro reservorio: de la educación politécnica en los primeros años de la revolución rusa a la educación popular en el movimiento de los sin tierra en Brasil, de la República y el posterior sistema público revolucionario en Catalunya, el CENU (Consell de l’Escola Nova Unificada), a las rupturas constituyentes de los 70’ y 80’s en el Estado español, de los periódicos escolares y su antropología del trabajo en Célestin Freinet a la pedagogía institucional en las banlieues de París, de Élise Freinet a Bell Hooks, pasando por  Nadezhda Krupskaia o Noëlle de Smet… y un larguísimo etc. La historia de la educación democrática es la historia de momentos de ruptura, de creación y/o reflexión en torno a sus mediaciones institucionales. Por eso no querríamos acabar esta exposición sin, al menos, enumerar algunas conquistas de la tradición de la escuela democrática que se tendrían que actualizar críticamente para las luchas del presente (en ningún caso tirarlas con el agua sucia de la escuela neoliberal).

Siguiendo a Vergne y Laval, lo podríamos resumir en tres tradiciones, ninguna de las cuales sería suficiente por separado. Es a través del conjunto de sus objetivos históricos (no de sus modelos en sí) como estas tradiciones nos pueden ayudar a pensar formas de lucha y alternativas integrales hoy:

  • En primer lugar, retomar la idea central de la escuela republicana (olvidada tantas veces): proteger la educación de la injerencia directa del Estado (y del mercado y de las religiones, por supuesto), situándola bajo la autoridad del saber mismo. Este objetivo sigue vigente, pero exige replantear los marcos institucionales vigentes para hacerlo realmente posible.
  • En segundo lugar, la puesta al día de la tradición de la educación popular y del movimiento obrero, que entiende que la apropiación de los saberes y conocimientos del medio escolar es inseparable de las experiencias de luchas colectivas y personales de la vida cotidiana. En el sentido de que se entiende que el saber por sí mismo no nos hace libres ni autónomos, sino que esta apropiación debe dotarse de una significación histórica y social que inscriba estos saberes en una lógica de transformación personal, social y política, no de adaptación al mundo tal cual es. Como hemos dicho, en nuestra historia reciente, no nos faltan experiencias de prácticas instituyentes en este sentido. Resulta más urgente que nunca actualizar esta concepción de autoeducación popular en el interior mismo de la escuela pública. Hoy, cuando los tambores de guerra vuelven a sonar en toda Europa, no podemos olvidar que tanto la escuela republicana de Jules Ferry, como el espíritu de la escuela prusiana que tanto se vuelve a reivindicar, fueron un motor formidable de patriotismo chovinista que sembró infinidad de cadáveres de las clases populares por todos los campos de batalla de Europa. 
  • Tercero, el legado de la Escuela Nueva, donde la democracia en la escuela no es “ni la autonomía de los sabios educando el pueblo, ni la autoeducación de los trabajadores”, sino la autonomía pedagógica de las y los educandos. Es decir, la necesidad de poner en valor su propia actividad, lo que piensan, la toma de la palabra; la voluntad de conectar los saberes y la sensibilidad de los alumnos con formas colaborativas y colectivas de construcción del conocimiento. Todo esto también es una conquista histórica que transformó la imagen del alumnado en nuestras sociedades y que habría que preservar como una conquista democrática que ni sus apropiaciones mercantiles actuales, ni ninguna reacción política o social tendrían que poder hacernos abandonar (Laval y Vergne, 2021).

Creemos que, ante la actual crisis de la institución escolar y de su función, recuperar el espíritu y el poder instituyente de estas prácticas –que pugnaban, desde diferentes ámbitos, por levantar una nueva institucionalidad democrática en el seno de la educación pública y, por extensión, en el conjunto de los servicios públicos y de la sociedad en general– constituiría el núcleo estratégico que permitiría superar muchas de las contradicciones que atraviesan el campo de aquellos y aquellas que luchan actualmente por la educación pública.

Como hemos visto, una educación democrática no es un valor abstracto a transmitir, sino “un principio de funcionamiento de la institución escolar y de la formación de los alumnos”. No es una doctrina ni un método, sino diferentes prácticas pedagógicas en el seno de una organización institucional del pueblo y para el pueblo.

Sin duda, las movilizaciones históricas por la educación pública que se están dando en tantas partes del Estado, luchando a la vez por sus condiciones materiales y la democratización de los centros, así como las formas originales de movilización masiva y autoorganización que surgen de estas luchas en diferentes puntos, marcan los caminos (y la coherencia entre fines y medios) por los que tendrá que pasar esta necesaria removilización y organización democrática de la educación.

Marc Casanovas, docente y redactor de viento sur.

* Este texto es la adaptación de una ponencia del autor en la última escuela de verano de la USTEC-STES (IAC), sindicato mayoritario de la educación pública catalana.

Referencias

Casanovas, Marc (2020) “La lógica competencial como fundamento del currículo neoliberal” a Educación anticapitalista. Barcelona: Ed. Sylone-viento sur.

(2022) “Educación democrática, la próxima revolución escolar” en viento sur nº 182.

Chávez, David (2022) “Marx y Foucault: subsunción del trabajo, disciplina y biopoder” en Revista Internacional de Sociología.

Durand, Cédric (2025)  “Desborde reaccionario del capitalismo: la hipótesis tecnofeudal”, viento sur: https://vientosur.info/desborde-reaccionario-del-capitalismo-la-hipotesis-tecnofeudal]

Freire, Paulo (1970) La pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires.  

Gago, Verónica (2021) “Lecturas sobre feminismo y neoliberalismo”, viento sur: https://vientosur.info/lecturas-sobre-feminismo-y-neoliberalismo

Garces, Marina (2020) Escuela de aprendices, Ed. Galaxia Gutemberg, Barcelona.

Garo, Isabelle (2024) Comunismo y estrategia, Comunis, Sylone, viento sur, Barcelona.

Godin, Romaric (2025) “¿Hemos entrado en la era de la ‘geoeconomía’?”, viento sur: https://vientosur.info/hemos-entrado-en-la-era-de-la-geoeconomia

Hirtt, Nico (2024) “Las condiciones educativas de una ciudadanía crítica” en viento sur nº 194.

(2009) “L’approche par compétences: une mystification pédagogique”, en L’école démocratique nº 39.

(2019) “La burguesía y la escuela, o el arte de los mandatos contradictorios”, viento sur nº 161.

Laval, Christian y Vergne, Francis (2021) Éducation démocratique. La révolution scolaire à venir, La Découverte, París. 

Laval, Christian y Dardot, Pierre (2015) La nueva razón del mundo, Ed. Gedissa, Barcelona.

Laval, Christian (2020) Foucault, Bourdieu y la cuestión neoliberal, Ed. Gedisa, Barcelona.

(2022), “Una nueva guerra civil mundial”, viento sur n.º 180

Linhart, Danièle (2017) “Rupturas y continuidades entre gestión moderna y lógica tayloriana”, viento sur: https://vientosur.info/spip.php?article13159

Moreno Pestaña, José Luis (2021) Los pocos y los mejores. Localización y crítica del fetichismo político, Siglo XXI, Madrid.

Pereira, Irène (2017) Paulo Freire, pedagogue des opprimé.e.s, Ed. Libertalia.

Pierre Clément, Christian Laval, Francis Vergne y Guy Dreux (2012) La nouvelle école capitaliste, Ed. La Découverte.

Rancière, Jacques (2006) El odio a la democracia, Ed. Amorrortu, Argentina.

(2010) El espectador emancipado, Ed. Ellago, España.

  • 1
    Durand, Cédric (2025)  “Desborde reaccionario del capitalismo: la hipótesis tecnofeudal”, web viento sur: https://vientosur.info/desborde-reaccionario-del-capitalismo-la-hipotesis-tecnofeudal/ ↩︎
  • 2
  • 3
    Laval, Christian (2022), “Una nueva guerra civil mundial”, en viento sur n.º 180. ↩︎
  • 4
    “La escuela no ha esperado al neoliberalismo para convertirse en un lugar donde los individuos son constantemente evaluados, clasificados y jerarquizados unos en relación con otros, y luego separados unos de otros sobre la base de estas evaluaciones. Por tanto, no solo reconocemos hasta qué punto la escuela se presta a la aplicación de la lógica neoliberal, sino que también llegamos a preguntarnos si el modo de gobierno neoliberal no le debe mucho a la lógica escolar”. Normand Charlotte, “Peut-on défendre l’école sans la critiquer?”, 2021, ↩︎
  • 5
    Palheta, Ugo y Salaouti, Omar Omar (2024), “Islamofobia, fascistización, racialización”, en viento sur n.º 193. ↩︎
  • 6
    Palheta, Ugo (2020) “Fascisme. Fascisation. Antifascisme”, Contretemps  ↩︎
  • 7
     La DGAIA es la Direcció General d’Atenció a la Infància i l’Adolescència de la Generalitat de Catalunya. Su función es proteger a los menores en situación de riesgo o desamparo y gestionar recursos y servicios como centros de acogida, centros residenciales, familias de acogida, etc ↩︎
  • 8
  • 9
  • 10
  • 11
    Gago, Verónica (2021) “Lecturas sobre feminismo y neoliberalismo”, viento sur ↩︎
  • 12
    Christian Laval, Francis Vergne, Pierre Clément y Guy Dreux, La nouvelle école capitaliste, Ed. La Découverte, 2012. ↩︎
  • 13
    Bourdieu fue testigo de las transformaciones que operaron en las instituciones con el cambio de época neoliberal y si lleva a cabo una inflexión en su pensamiento (sin abandonar sus críticas a las viejas formas de clasismo de la escuela “republicana”) es porque “el neoliberalismo se ha convertido en la ideología del poder del Estado, es porque impone una nueva norma universal de comportamiento mucho más allá del campo económico”. Laval, Christian, Foucault, Bourdieu y la cuestión neoliberal, Ed. Gedisa, Barcelona, 2020. p. 183. ↩︎
  • 14
    Y que se fundan en la hipótesis del “efecto centro” que consiste “en demandar a cada establecimiento que se sienta responsable de su eficacia lo que en la práctica significa implementar las falsas soluciones que vienen del mundo managerial: refuerzo de las direcciones, trabajo por objetivos, contractualización, externalizaciones, cultura de la evaluación, etc.”. Laval, Christian y Vergne, Francis. Éducation démocratique. La révolution scolaire à venir. La Découverte, 2021, p. 84. ↩︎
  • 15
    Para Jacques Ráncière la tesis según la cual las consignas de las revueltas de los años 60 y del movimiento estudiantil de Mayo del 68 habrían proporcionado al capitalismo los medios para regenerarse, en la práctica es muy poco sólida. Vale la pena citar extensamente su reflexión: “Hay una gran diferencia entre los discursos para seminarios de manegers que le ofrecen su contenido (a esta tesis) y la realidad de las formas de dominación contemporáneas del capitalismo, donde la flexibilidad del trabajo significa mucho más la adaptación forzada a formas de productividad acrecentadas so pena de despidos, cierres y relocalizaciones, que la apelación a la creatividad generalizada de los hijos de Mayo del 68. A fin de cuentas, el interés por la creatividad en el trabajo estaba muy lejos de las consignas del movimiento de 1968, que la emprendió, al contrario contra el tema de la participación y contra la invitación hecha a la juventud instruida y generosa para participar en un capitalismo modernizado y humanizado, que se hallaba en el corazón de la ideología neocapitalista y del reformismo estatal de los 60” (Rancière, 2010: 39). En resumen, “la culpa de todo” no fue ni del 68 ni de Yoko Ono… . ↩︎
  • 16
    Delors, Jacques (1996) La Educación encierra un tesoro, informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI. ↩︎
  • 17
    Hirtt, Nico (2009) “L’approche par compétences: une mystification pédagogique”, en L’école démocratique, n° 39. ↩︎
  • 18
    Como señala Jacques Rancière la proliferación de críticas con análisis pretendidamente marxistas a “la sociedad de masas” constituye un género literario en sí mismo de las nuevas formas de odio a la democracia: “El punto es saber quiénes son estos ‘individuos egoístas’. Marx designaba con este término a los poseedores de los medios de producción, es decir, la clase burguesa. La sabiduría contemporánea entiende las cosas de otra manera. Y, de hecho, es suficiente con una serie de ínfimos deslizamientos para dar a los individuos egoístas un rostro completamente diferente”. El odio a la democracia. Argentina: Ed. Amorrortu, 2006, p.31. ↩︎
  • 19
    Para ver estas contradicciones y como se traducen en propuestas pedagógicas concretas, ver también el artículo de Nico Hirtt: “La burguesía y la escuela, o el arte de los mandatos contradictorios” (viento sur n.º 161). ↩︎
  • 20
    Para ver una defensa bien fundamentada de esta concepción de transmisión del conocimiento (con la que nosotros discrepamos), se puede consultar: Carlos Fernández Liria y Javier Mestre (2024) Escuela y libertad. Ed Akal. O, también: Carlos Fernández Liria, Olga García y Enrique Galindo (2017) Escuela o barbarie Entre el neoliberalismo salvaje y el delirio de la izquierda. Ed. Akal, 2017. ↩︎
  • 21
    Pereira, Irène (2017) Paulo Freire, pedagogue des opprimé.e.s, Ed. Libertalia. ↩︎
  • 22
    En un contexto más amplio, creemos que las propuestas del Común: Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI, ed. Gedisa, de Laval y Dardot y sus reflexiones sobre su carácter construido e instituyente (transformación del derecho y las prácticas colectivas), se beneficiarían de más claridad estratégica (por ambos lados) si entraran en diálogo con las reflexiones históricas del marxismo revolucionario, por ejemplo: Autogestión, planificación y democracia socialista, Ed. Sylone, de Mandel. Tal cómo señala Isabelle Garo, en la obra de Laval y Dardot, “la idea de construcción entra en tensión con la idea de un común que estaría por definición combinado por diversas reglas colectivas, compatibles con el federalismo comunalista, pero no con una planificación” Isabelle Garo Comunismo y estrategia, Ed. Comunis- Sylone-viento sur. ↩︎
  • 23
    Freire, Paulo (1970) “La concepción bancaria de la educación como instrumento de opresión. Sus supuestos. Sus críticas” En: La pedagogía del oprimido. Buenos Aires. Ed. Siglo XXI, pp 69-101 ↩︎
  • 24
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Entrevista: Apremia experto a no dejar soberanía educativa en manos de tecnológicas

Laura Poy Solano

Frente a la creciente irrupción de tecnologías digitales en la educación, incluida la inteligencia artificial (IA) generativa, debemos reflexionar cuál es su origen, cómo y con qué objetivo se insertan, porque “la soberanía educativa es tan importante que no podemos dejarla en manos de empresas tecnológicas, cuyos intereses están muy lejos del bien común”, advierte Mauro Jarquín Ramírez, experto en temas educativos y profesor de la Facultad de Filosofía de la UNAM.

En entrevista con La Jornada, aborda su obra más reciente: Pedagogía ludiata. Contra la megamáquina educativa del capitalismo digital, editada por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), con la que convoca debatir sobre el “complejo panorama que la producción y el control capitalista de la tecnología digital para la educación, y el conjunto de ensamblajes sociales que la impulsan, representan para la posibilidad de construir una educación crítica y orientada al bien común”.

–¿Qué es el capitalismo digital y cómo está impactando nuestro sistema educativo?

Cuando hablamos de tecnología digital debemos entender que no sólo son herramientas, sino articulaciones sociotécnicas que intervienen en nuestra vida cotidiana. Son entidades en las que elementos técnicos y concepciones del mundo se articulan para generar un artefacto que condiciona nuestra vida.

“Son tecnologías que desde su diseño y la forma en que nos dicen se deben aplicar incluyen una ideología. Además, tienen un importante peso político, pues hemos visto cómo pueden incidir en elecciones, como la de Donald Trump, o en procesos como el Brexit en Reino Unido, pero también debemos subrayar que son producto de nuestro trabajo, no sólo es invención, y con la tecnología digital también nos jugamos el futuro de la humanidad como especie.

“Estos procesos también los vemos en la educación. Constatamos que al igual que las grandes empresas, hay dependencia de los servicios e infraestructura digital que proveen las llamadas Big Five de Silicon Valley (Google, Apple, Meta, Amazon y Microsoft), que son las cinco grandes empresas que han impulsado la adopción de la tecnología educativa (EdTech) en el mundo, y México no es la excepción.”

Jarquín Ramírez, colaborador de esta casa editorial y quien trabaja con colectivos y sindicatos docentes en el desarrollo de proyectos educativos alternativos y democráticos en México y América Latina, alerta que “estamos en un momento en el que el capitalismo ha digitalizado distintos segmentos de su reproducción”.

Y al mismo tiempo, afirma, en la educación se ha acelerado “el proceso de incorporación acrítica de una tecnología privada que es propiedad de los principales actores del capitalismo digital en términos de concentración de poder. Y en este contexto, la educación es posicionada como un espacio de reproducción del capitalismo digital”.

–¿Cómo podemos entender este proceso?

Lo que estamos enfrentando no es la inclusión únicamente de nuevas herramientas de productividad a los espacios educativos, sino la imposición de entramados sociotécnicos, que incluyen formas de entender el mundo, que condicionan el trabajo docente e implican determinadas formas de creación del conocimiento.

“Esto no es como cuando comenzó el uso de la calculadora, pues no implicó el desplazamiento de la función cognitiva de las personas ni el uso de modelos de lenguaje. Además, hay una nueva disposición en el ejercicio del poder en los centros de enseñanza, pues incide directamente sobre el trabajo docente, cuya creatividad es expropiada por tecnologías como deep learning, que son formas de aprendizaje que dan forma a la IA generativa.”

–¿Qué riesgos genera una adopción acrítica de la tecnología digital en la educación?

Cuando hablo de pedagogía ludita, que no significa ser tecnófobo, me refiero a construir una lectura materialista de la tecnología, es decir, saber qué está llegando a nuestras escuelas, cómo se produce y diseña, y cuáles son sus efectos. Y una vez realizado este análisis colectivo, revisar hacia dónde podemos caminar.

“La adopción acrítica de la tecnología, como se ha promovido en muchos espacios, e incluso en las universidades, puede ser un problema futuro, porque estamos dejando en manos de las empresas tecnológicas no sólo nuestro conocimiento expropiado, sino también nuestra capacidad para decidir por nosotros mismos qué queremos hacer.

“Hay que preguntarnos en manos de quién está toda esa información de nuestro sistema educativo que se ha depositado en la nube, y considerar que no es sólo tecnología, sino un proyecto expansionista e imperialista.”

https://www.jornada.com.mx/2026/08/17/politica/006n1pol?fbclid=IwZnRzaAT5uVJwZG9mBWZkaWQWUNEVkGqPUuFA7ZU_-kwN4gBY1wDbfWV4dG4DYWVtAjExAHNydGMGYXBwX2lkCjY2Mjg1NjgzNzkAAR5Qvzh722ybi_mJUn1qtyiHcloc6XRrNTqvv8Oh94cOGWckgeJy8FOCH9mLsA_aem_BIdzn8elfCwJK_EPOrR-0w

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Argentinas: Tras la audiencia fallida, los gremios universitarios ya evalúan un “plan de lucha” con la mira en septiembre

Los gremios que representan a los docentes y NODOCENTES de las universidades nacionales se reunirán hoy para evaluar “un plan de lucha” luego de la fallida reunión entre los rectores del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y el Gobierno que fueron citados el viernes de la semana pasada por el juez, Martín Cormick.

En medio de este panorama de indefiniciones en el cual el gobierno nacional sigue sin cumplir con la ley de financiamiento universitario que lo obliga a transferir los fondos para becas, presupuesto y salarios para docentes y nodocentes, en las universidades se avecina un nuevo factor y es que los rectores ya proyectan el 96 plenario en el que diagraman los fondos que las casas de estudios superiores requerirán para 2027.

La dilación del conflicto de parte del gobierno libertario ya augura que con esto se abrirá un nuevo frente de reclamos de parte de las universidades nacionales.

“En el día de hoy se realizó la audiencia de conciliación, a pedido de la UBA, entre el CIN y el Gobierno nacional. A continuación relatamos brevemente lo que se informó al respecto. El acta recoge lo que dice cada parte: cada una ratificó su posición, y culmina manifestando que no hay acuerdo y que la causa sigue conforme el estado en que estaba”.

Plan de lucha en las universidades

El juez deberá resolver la continuidad en los próximos días, por lo que el CIN pidió que fuera con celeridad, para esta semana.

En tal sentido, el gremio que representa a los trabajadores NODOCENTES de las universidades (FATUN), que encabeza Walter Merkis, apuntó que este lunes 24 de agosto “tendremos una reunión virtual entre el CIN, el Frente Sindical Universitario y la FUA para analizar y resolver en consecuencia las próximas acciones dentro del plan de lucha acordado”.

El gremio de NODOCENTES adelantó que “como es costumbre, serán comunicadas desde la FATUN al colectivo NODOCENTE. Sigamos en Unidad, Solidaridad y Organización”.

Tras la audiencia fallida, los gremios universitarios ya evalúan un “plan de lucha” con la mira en septiembre

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La crisis educativa es estructural

La educación es un proceso ascendente de trasmisión sociocultural del acervo formativo de la sociedad con sus inclinaciones, intereses y antagonismos, en este sentido es un campo de conflicto y pugna, por lo que es apropiado recordar y hablar de una educación de clase tanto por el escenario que la rodea como por las relaciones internas en que se sustenta.

Por periodos largos la educación establece orientaciones estratégicas más o menos acordes con el “interés general” o las tendencias más amplias de la formación de una sociedad y su crecimiento general; recreando de esta suerte sus procesos internos en relativa comunión o consenso con el despliegue general de los Estados y las clases sociales que la impulsan en tanto bien humano. El desarrollo educativo va de la mano de sus periodos de estabilidad o crisis en especial a raíz de la masificación de la educación formal en el mundo.

Especialmente en las fases de la historia en que la educación entró en choque con las fuerzas sociales, económicas y actores hegemónicos que se volvieron conservadoras o remisas a la premisa de desarrollo dilatado y constante, que seguidamente desajustaron el crecimiento extenso a raíz de la desaceleración económica del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial (años 1960s), posteriormente de la crisis petrolera de los años 1970s) y la crisis del modelo del Estado de bienestar (años 80s).

Desde entonces la educación pasó a una época de crisis estructural bajo la centralización de procesos de control global occidentales. La crisis educativa cambió de formas según las circunstancias, pero sus contenidos se amplificaron, además de educativa se volvió crisis educacional, formativa, sociocultural y civilizatoria.

Toda la apuesta del desarrollo capitalista se metió en la licuefacción neoliberal de saqueo, redistribución y reformulación de las altas ganancias; la educación si ya era subalterna en el sistema, se imbuyó del sentido de restricción de sus procesos dentro de la pirámide social moderna.

A diferencia de las crisis económicas, de carácter cíclico con un inicio y una superación temporal; las crisis educativas suelen ser prolongadas a raíz de la perpetuación de fenómenos generales como el del neoliberalismo que llevó a la educación por décadas de socavamiento y estancamiento en pro de su privatización y reconversión en un elemento extremadamente supeditado al interés del capitalismo imperialista.

La crisis de la educación es de carácter global, cada nación enfrenta sus presiones y sus particularidades, pero tiene ejes comunes catapultados por la inestabilidad internacional del sistema, es también estructural porque viene del conjunto de problemas fundamentales del capitalismo en esta y otras esferas.

Sin duda la educación sigue dando sus progresos, lo que hace especial su proceso actual es que funciona por decir “a medio gas” condicionada y bajo una contención forzada estructuralmente donde los intereses nacionales y de los pueblos van quedando en segundo plano imponiendo los ritmos de los controladores monopólicos del capital.

Esta prolongada crisis educativa se vuelve tan cotidiana y tan “conveniente” que incluso puede ser una bandera gestionada por la extrema derecha fascista, cuya renovada agresión asume discursos contradictorios a sus intereses siempre que le generen puntos a favor. La crisis educativa tiene su matriz en el sistema, lo que no exenta a los responsables de hacer uso de esta para quebrantar gobiernos, pueblos y proyectos contrahegemónicos.

La crisis educativa pasó a ser un proceso continuo que desgrana en los avances educacionales los antagonismos y relaciones conflictuadas del campo educativo. La crisis presenta una condición de largo plazo porque la educación estando en una carrera ininterrumpida tras los cambios de las sociedades a los cuales propone adecuaciones y desarrollos de sus procesos sin que a la fecha genere superioridad estratégica en dichos procedimientos para el largo plazo. Pues su marcha consiste precisamente en ir, por máximo impulso, acorde al movimiento general marcado por la preponderancia del esquema actualmente dominante, siendo contados los momentos en que logra plantar visión estratégica y conciencia crítica. No genera disrupción sistémica porque se inscribe y alinea al esquema que la preserva y contiene.

Los esfuerzos recientes a nivel de las modificaciones en la institución del Estado desaceleraron el grave deterioro de la educación en México, pero no fueron suficientes para detener la propensión de la crisis tratándose de reformas sin continuación, sujetas al campo político, sus cambios de prioridad y la tendencia constante a la derechización como norma establecida en las relaciones de dominación y poder en el seno del aparato estatal.

Persiste la crisis en la educación básica, se destapan otra vez la antigua crisis y antagonismos de la educación media, la crisis de la UNAM y en general de la educación superior vuelve a manifestarse. En este marco las clases sociales y los gobiernos ofrecen posiciones y rutas de solución según sus intereses.

Esta crisis educativa se condiciona por el proceso de saqueo de la educación pública y la degradación privada a la persecución y redistribución de ganancias, sobre todo, en la reducción de miras de los gobiernos y elites dominantes, su distanciamiento de reformas profundas, y su imposibilidad de clase e histórica actitud excluyente, para forjar un consenso de alianza de clases sociales populares que brinde una educación liberadora centrada en el desarrollo de los procesos de enseñanza-aprendizaje en conexión con los desarrollos necesarios para los pueblos.

Está fuera de toda consideración de las clases dominantes una alianza que asimile desde abajo las demandas del “mercado laboral”, las tecnologías vinculadas al conocimiento, y el crecimiento de perspectivas sociales viables, con intereses sociales amplios por encima del sistema, que otorgue sentido a la escuela y la educación transformadoras del ser social en su práctica y su aprender a pensar crítica y creativamente para la libertad.

En el presente la más extravagante salida a la crisis la promueve la ultraderecha mediante la privatización y reconversión educativa con un motivo económico y geoestratégico en el ámbito de la batalla cultural-ideológica-cognitiva.

Cabe enfatizar que para algunos la crisis educativa está relacionada exclusivamente con los problemas que enfrenta la educación pública en tanto educación de masas que absorbe enormes y apetecibles recursos.

En México la crisis educativa tradicionalmente se centra en las cuestiones que tienen que ver con el desarrollo económico dependiente, ahora rebautizado de alianza estratégica. Lo cual, tanto por interés interno de los factores dominantes nacionales como por imposición de instituciones internacionales redunda en: el déficit presupuestal en la materia educativa, en el despliegue sesgado de recursos según tendencias y percepciones políticas, y en la corrupción e ineficiencia de su estructura burocrática. Así también se materializa dicha crisis educativa en el corrimiento de conflictos de interés, las recurrentes modificaciones programáticas, los cambios de línea desde arriba, la concepción de dominio absoluto de la educación formal, y la visión pedagógica lineal-instrumental en la cadena de mando.

Bastante se ha abundado en que la crisis educacional absorbe otros aspectos fundamentales en que viene a expresarse de manera más cruda como la deserción escolar, el rezago educativo, el descenso en la calidad de la enseñanza, la incompetencia de sus cadenas de mando institucional, el deterioro de las condiciones de vida de la docencia, el empotramiento de intereses sindicales e institucionales, el bajo nivel formativo, los métodos de enseñanza, la entrada en escena de nuevas herramientas tecno-pedagógicas y las deficiencias en los aprendizajes esperados.

Entre otros aspectos, la crisis se enfoca en las dificultades y problemas de desarrollo del sistema educativo establecido por largo tiempo, lo cual se diluye desde la visión de Estado como elemento de progreso y modernización omitiendo las implicaciones de un modelo inscrito en un fenómeno sistémico del capitalismo imperialista que estructuró la sociedad actual a un modo de operación altamente complejo y antagónico.

En la actual guerra cognitiva las derechas juran y perjuran que la educación pública es el problema; muy sintomático de sus presiones por la reapropiación de recursos y el establecimiento de sus negocios educativos.

Las escuelas y universidades privadas son negacionistas sobre las expresiones de la crisis educacional en su seno. En lo general hacen parte de esta crisis estructural dentro de los Estados, a los cuales presionan para que gestionen en su beneficio. En sus escenarios padecen circunstancias semejantes como el deterioro académico, la sobreexplotación y precarización de su docencia, el descenso de su matrícula y deserción escolar debido a la elevación de tarifas, el clasismo selectivo de sus estudiantes, el automatismo de su enseñanza, la disociación de su oferta académica respecto de las realidades sociales, el conservadurismo cultural reaccionario y sus exiguos resultados formativos pese al dispendio de recursos, su particular rezago por vacío de aprendizajes necesarios y la alta presión emocional.

Las elites solo no quitan el ojo a la crisis educativa en el Estado, porque encuentran aquí “un enemigo común”, su voracidad ve una oportunidad en la crisis, la eterna huida hacia adelante, gritan contra la crisis, pero son la base de la misma. Todo lo cual deriva en su intención de filtrase en el negocio de la educación pública, que se les transfiera el aparato, que se les consienta contar con secretarios de educación “cocacoleros”, partidarios de la empresa y burocracias apegadas a su interés de clase, en desplazar las posiciones formativas humanistas y acelerar las dinámicas elitistas del modelo educativo empresarial selectivo y deshumanizante.

La crisis educativa es así un campo de disputa permanente con oscilaciones entre su agudización o el cambio de sus premisas. La crisis educativa es la forma continuada en que la educación en general discurre en el largo proceso de desestabilización del sistema capitalista al que hemos llegado, tiene solución mas esta no es interna, porque cada aspecto educativo está circunscrito a los factores dominantes materiales y de sentido. Todos estamos atados al sistema que la proyecta, necesitaríamos una ruptura precisamente sistémica para resolver sus nudos.

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Tecnologías ocultas. La IA no monta en bicicleta

¿O sí?

La falsa imagen de la inteligencia artificial: no es “artificial” ni “inteligente”

Este sería la última parte de la serie de artículos dedicados a las tecnologías y sus consecuencias «ocultas». En este caso sobre la IA. Como decía al principio de la serie, la academia y la sociedad confunde o identifica tecnología con cibernética, y útimamente con Inteligencia artificial. Es un error, como hemos mostrado. Como se ha escrito tanto y tan bien sobre las consecuencia nocivas de la IA, este artículo se centrará en las consecuencias sobre la ciencia y la medicina, aspectos, considero, menos trabajados.

El sumum de la fetichización de la tecnología viene con la mal llamada «inteligencia artificial» (IA). Entrecomillado porque ni es “artificial” ni es inteligente. Como en la película Her, hay aplicaciones IA que se hacen pasar por una novia sexy. IAs para flirtear. La realidad es menos «atractiva», al otro lado de los cables hay miles de personas, no solo escribiendo código, y entrenando a la IA, sino escribiendo las respuestas. En India, en Filipinas, en Kenia, y en otros países del Sur Global, trabajan por muy poco dinero alimentando modelos de IA, etiquetando imágenes, corrigiendo textos, filtrando contenido violento, respondiendo consultas como si fueran “chatbots”. Algunos sistemas de “compañía” por IA incluso utilizan mujeres contratadas que responden manualmente, simulando ser una IA conversacional.

Tampoco es “inteligente”. La IA no entiende sino que predice palabras. Su funcionamiento esencial es estadístico y está entrenada para complacer. Esto genera fenómenos como las alucinaciones: datos inventados que parecen reales, referencias científicas falsas, afirmaciones sin fundamento que la IA presenta con total seguridad. Es un problema grave en ciencia y medicina, porque un sistema venerado y diseñado para no decir nunca «no sé” puede ser peligroso.

Inventarse una referencia puede no parecer grave, pero se está generalizando (y entrenando) su uso en el genocidio en Gaza y en el ataque a Irán. Parece seguro que la matanza de niñas en la escuela iraní por parte de EEUU fue «decisión» de una IA, en concreto de la empresa Palantir.
Un aspecto de la IA muy bien estudiado y difundido es el de sus costes en agua y energía, por lo que seré conciso. Los grandes modelos de IA necesitan GPU muy potentes, granjas de servidores que funcionan 24/7 y millones de litros de agua dulce para los sistemas de refrigeración intensiva.

Pero mejor os dejo referencias: Ana Valdivia como experta en IA y sus costes socio ambientales, y Alicia Valero experta en los minerales necesarios para las tecnoogías emergentes. También recomiendo la organización «Tu nube seca mi río».

Ellas estudian dónde se instalan los centros de datos, cuánta agua consumen, cómo afectan a los ecosistemas y comunidades locales, qué minerales necesitan los chips, de dónde vienen, en qué condiciones se extraen y la burbuja económica cuyo estallido podría arrastrar a la economía real. En definitiva, cómo el crecimiento ilimitado de la IA no es sostenible.

Pero centrémonos en la parte menos conocida, las consecuencias sobre la ciencia y la biomedicina.

A pesar de que el sistema científico de publicaciones y organización del conocimiento está reglado, organizado de manera que «la mejor evidencia disponible» se podía utilizar para tomar decisiones, en la actualidad, las alucinaciones de la IA se han infiltrado de tal manera en todos los niveles del conocimiento científico que si no se ataja, se pondrá en cuestión la credibilidad de todo el sistema, su armazón.

Y es que según esta publicación en The Lancet, entre el 30 y el 69 % de las referencias generadas por IA en biomedicina son inventadas. Eso es la mitad. Eso no quiere decir que las personas investigadoras las usen. Sin embargo, auditan 2.5 millones de publicaciones en ese ámbito, y encuentran que en 2023, aproximadamente una de cada 3000 publicaciones eran fraudulentas. En 2025 ya eran una cada 458 y los primeros dos meses de 2026 1 de cada 277 artículos científicos tenía al menos una. Y no parece que ese aumento vaya a parar.

No solo se inventa las referencias de las afirmaciones, sino que a partir de una serie de referencias científicas se inventa las afirmaciones y las conclusiones de las mismas. Según este estudio, más de las mitad de las conclusiones (o afirmaciones) eran falsas o equivocadas.

Y luego la seguridad. En este artículo titulado «Los agentes del caos», unos investigadores dieron archivos, información personal y datos diversos a una IA que les prometió (sic) que no usaría esos datos. Sin embargo, distribuyó información sensible, usó esos archivos y datos, y además lo hizo incorrectamente. Afirmó que había terminado determinadas tareas cuando no lo había hecho. Y un largo etcétera de despropósitos.

El problema es grave, porque pone en cuestión la futura generación de conocimiento epistemológicamente válido. Sin embargo, el sesgo solucionista del profesional de la ciencia hace que, como dice Alex Gaita, las recomendaciones sean poner detectores y extractores para retirar el humo, en vez de penar a los pirómanos y a sus cómplices con ánimo de lucro. O sea, se pretende desarrollar más IA que detecte la IA, en una carrera tecnológica secapantanos sin fin.

En mi día a día, tratando con cientos de investigadores, están utilizando la IA desde para calcular una concentración de un compuesto, hacer (horribles) presentaciones con personas de 6 dedos, buscar los precios de instrumentos, resúmenes de referencias científicas, redacción de propuestas científicas, e incluso de pliegos técnicos de concursos públicos de cientos de miles a millones de € que generan serios problemas.

La única esperanza parece que sea que reviente pronto la burbuja de los centros de datos y oracle parece que ya se ha pillado las manos.

Hay otra consecuencia interesante además que oculta, cómo la tecnología y la IA no solo crea dependencia material; también puede hacernos perder habilidades cognitivas y manuales esenciales.

Un ejemplo que me apareció en redes me parece representativo.

En La Ser, el periodista Javier Ruiz entra en un quirófano donde están utilizando un robot guiado por imágenes de rayos X en tiempo real para operar zonas muy difíciles, como la columna vertebral. El cirujano decía algo así: “Gracias a este sistema, los cirujanos jóvenes pueden operar igual de bien que yo después de años de experiencia.” A primera vista esto parece positivo: democratiza la habilidad, permite más cirujanos competentes, potencialmente reduce errores, reduce el tiempo de formación. El cirujano critica que antes de esta tecnología, tenía que recurrir al «instinto». Como si el instinto fuese algo contrario a la racionalidad o la ciencia. En realidad un cirujano en formación, cuando desarrolla ese «instinto» lo que en realidad está generando es conocimiento tácito: sentido del tacto, intuición sobre el tejido, comprensión espacial, precisión manual, experiencia gradual acumulada.

El ser humano se define por varias cosas, una de ellas es el «instinto». La toma de decisiones correctas, precisas, aprendidas, (por eso no son instintivas en sentido estricto), es un conocimiento, con base neuronal, que no se puede escribir en un manual ni enseñar con un tutorial. Se transmite de persona a persona. Es en buena parte artesanal.

Cuando yo empecé a hacer inyecciones en la cola de ratones se me daba bien, y algunos colegas querían entender cómo lo hacía, y no sabía transmitirles con palabras las sensaciones de saber cuándo la aguja estaba dentro de la vena o no, era algo táctil subjetivo a la vez que real, no puedes decir a media atmósfera de presión no sigas. Es pura sensación. Y así funcionamos en muchísimos ámbitos.

Un ejemplo maravilloso es el de las misiones Apolo a la Luna. Hay varias explicaciones de por qué el ser humano no ha vuelto a pisar la Luna: los estándares de seguridad actuales, la guerra fría, o la carrera armamentística. Pero hay uno muy interesante, y es que en la crisis de los 70, la NASA canceló el programa lunar, jubiló a los ingenieros y las empresas satélite cerraron. Cuando la NASA intentó revivir el programa en los 2000, fue incapaz de reconstruir algunas partes de los cohetes y módulos usados en los años 60–70 para llegar a la Luna. ¿Por qué? Porque a pesar de que los planos estaban bien, no describían todo al detalle, no podían describir un conocimiento como el de soldar juntas, y técnicas que dependían del conocimiento tácito de trabajadores expertos, que no se podía reproducir exactamente los materiales, ensamblajes ni procesos.

Estos ejemplos muestran la importancia del conocimiento tácito. Una cita atribuida a Michael Polanyi: “Sabemos más de lo que podemos escribir o decir.” Esto significa que gran parte de lo que sabemos hacer no es consciente, no se puede formalizar, no se puede escribir completamente, ni siquiera se puede transmitir sin imitación (neuronas espejo), práctica y repetición. Ejemplos cotidianos son montar en bicicleta, tocar un instrumento, reconocer una cara, operar un animal en un laboratorio, manipular una pipeta con precisión, etc.

La IA no puede aprender ese conocimiento tácito, porque no se puede traducir en datos explícitos. La IA, de nuevo, es un software que plagia, no inventa. Lee y escribe según probabilidades, pero por más que las llamen «redes neuronales», ni de lejísimos podrán imitar las biológicas. No ya las de un humano, ni siquiera la capacidad de aprendizaje de una babosa marina a los estímulos químicos.

Si la nueva generación aprende solo mediante un robot o una IA, pierde el conocimiento tácito, se vuelve dependiente del sistema y, si ese sistema deja de funcionar, pierde la capacidad de operar y, lo que es más dramático, pierde la capacidad de enseñar.

Hay una limitación si se quiere más mundana. Los Boeing 737 tenían una ampliación opcional (de pago) en el software que les alertaba de algún fallo, y el no tenerlo llevó a accidentes graves. Al final se hizo obligatorio. Os imagináis cuando ese cirujano experimentado se jubile y la nueva remesa se encuentre con que algunas de las opciones, las licencias, del software-IA, en el que se apoyan, se vuelven de pago y no se adquieren; o un ciberataque (han habido varios muy serios en hospitales españoles); o que quiebra la compañía y no hay actualizaciones o más soporte; o que falla el servidor en medio de la operación… ¿No querriamos que tumbados en la sala de operaciones nos operara una cirujana que se guíe por su instinto y no por una (inexistente) IA?

Y en general, las cibertecnologías (espero que después de esta serie de artículos no asociemos tecnología a cibertecnología) tienen consecuencias sobre nuestras habilidades intelectuales básicas. Por ejemplo, se está viendo que aprender escribiendo a mano desarrolla mejor la memoria, la comprensión, refuerza conexiones cerebrales que no se activan al teclear, y facilita el aprendizaje profundo. Y eso cambia la manera en que pensamos y recordamos. La escritura manual es un ejemplo básico de cómo una habilidad puede desaparecer en una generación por culpa del fetichismo cibertecnológico.

Y como conclusión general a esta serie de textos es que las «tecnosociedades» son muy frágiles. La tecnología es fantástica y necesaria. Pero si reemplaza nuestras habilidades sin permitirnos mantenerlas, nos vuelve frágiles, dependientes, vulnerables, y menos resilientes como sociedad. No se pretende ser “ludita” o antitecnología. Pero la tecnología debe acompañar, no sustituir, el conocimiento humano.

Debemos seguir desarrollando habilidades manuales, cognitivas y críticas, incluso cuando la tecnología nos ofrezca hacerlo todo “automáticamente”.

Fuente: https://cienciamundana.wordpress.com/2026/08/15/4-tecnologias-ocultas-la-ia-no-monta-en-bicicleta/

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Los docentes y su salud mental: “Si están bien, pueden ser garantes de la educación”

Valentina Aray

El ejercicio de enseñar adquiere otro significado después del terremoto. Por primera vez, los docentes deben poner como prioridad su salud mental para poder acompañar, educar y sostener a sus estudiantes.

Este año, el regreso a clases será distinto para los venezolanos. Para muchos niños, el camino hacia el salón lleva consigo experiencias que no caben en un cuaderno y preguntas que no siempre tienen respuesta.Para los docentes, el retorno a las aulas tampoco será fácil.

Mientras los estudiantes intentan recuperar relativa normalidad, alguien debe acompañarlos en el proceso, sostener las dudas y abrir espacio para que puedan seguir aprendiendo y, ese alguien, suele ser los docentes. Si para los estudiantes volver a clases tiene un significado diferente, ¿qué ocurre con los que están al frente del aula?

CORTESÍA PEXELS

Andrea Vázquez, psicóloga clínica, pone el foco en una realidad que suele quedar en segundo plano: los docentes también necesitan apoyo para poder acompañar a otros.

Su primera recomendación es sencilla: aplicar la llamada regla de oro de los aviones. “Primero te pones tú la máscara de oxígeno antes de intentar ayudar a los demás”, explica. Para ella, un docente que se encuentra emocionalmente desbordado difícilmente podrá contener a un niño que atraviesa una situación similar.

Ese cuidado no necesariamente requiere grandes cambios. La experta propone dedicar algunos minutos al día a respirar, conectar con el cuerpo y buscar apoyo en otros docentes o profesionales de la salud mental. También plantea crear espacios entre colegas donde puedan hablar no solo de cómo regresar a clases, sino de cómo se sienten después de lo ocurrido.

A esto suma una palabra que considera fundamental: autocompasión. Bajar las exigencias profesionales y entender que también está permitido sentirse afectado puede ayudar a los docentes a recuperar estabilidad. “Si están bien van a poder ser garantes de la educación que tantos niños de este país necesitan”, afirma.

Para la experta, el papel del maestro en estas circunstancias va más allá de cumplir con un programa. Su estabilidad también puede influir en la de sus estudiantes y, a largo plazo, en una sociedad con mayor riqueza intelectual y, sobre todo, emocional.

Por eso cierra con una reflexión: “Que todos los docentes sigan iluminando a los niños, adolescentes y también a los universitarios para ayudar a construir una Venezuela mejor”.

https://elestimulo.com/terremoto-en-venezuela/2026-08-21/los-docentes-y-su-salud-mental-si-estan-bien-pueden-ser-garantes-de-la-educacion/

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Sindicatos de Educación Media Superior amenazan con paro indefinido para el 31 de agosto, día de regreso a clases

  • Conferencia de prensa del Frente Nacional de Sindicatos de Educación Media Superior (FNSEMS) en la que anunciaron un posible paro indefinido de actividades para el próximo 31 de agosto, día en que inicia el ciclo escolar 2026-2027. Foto Laura Poy
Laura Poy Solano
13 de agosto de 2026 12:26

Ciudad de México. El Frente Nacional de Sindicatos de Educación Media Superior (FNSEMS) anunció que este 31 de agosto, cuando inicia el ciclo escolar 2026-2027 en el país, podrían estallar un paro indefinido que afecte a 2 millones de alumnos, si la Secretaría de Hacienda y Crédito Publico (SHCP) no transfiere los 300 millones de pesos autorizados para este año a los distintos subsistes desconcentrados de este nivel educativo en los estados, a fin de abatir el rezago salarial que enfrentan más de 90 mil docentes.

En conferencia de prensa, los dirigentes sindicales del Colegio de Bachilleres (Colbach), de Telebachilleratos Comunitarios (TBC), los Colegios de Estudios Científicos y Tecnológicos (Cecytes); Colegios Nacionales de Educación Profesional Técnica (Conalep); Institutos de Capacitación para el Trabajo (ICATS); Preparatorios Populares y sindicatos de Cecytes e institutos de educación media superior locales (CSEIIC), señalaron que pese a mesas de diálogo con la subsecretaria de Educación Media Superior, Tania Rodríguez Mora, “no se ha dado ninguna solución, y ya estamos en riesgo de subejercicio, pues si no se dispersan estos fondos, tendrán que regresar a la federación.

Celestino Jiménez Aparicio, dirigente del sindicato de TBC, indicó que pese al compromiso de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo de hacer de “este sexenio, el gobierno con mayor impulso al bachillerato, esto no se ha reflejado en una politica salarial equitativa que nos permita abatir la desigualdad en el ingreso de docentes y trabajadores administrativos, que en conjunto representan a 135 mil agremiados en todo el país de los diferentes subsistemas”.

En tanto, Armando Vargas Rodríguez, representante del Sindicato Nacional del Colbach, destacó que otro desafío para los distintos subsistemas de bachillerato en el país, es que a partir del próximo ciclo escolar 2026-2027, “van a convivir en las aulas tres contenidos curriculares diferentes que imponen cambios en materia de trabajo, pues se desplazan asignaturas, principalmente de filosofía, geografía y talleres, y con ello cambia el perfil de los docentes que se requiere, por lo que también anunciamos que vamos a defender nuestra materia de trabajo, pues estimamos que en esta primera fase de aplicación más de 25 mil maestros se verán afectados”.

Zenón Ramos Castillo, de la Confederación de Cecytes del país, exhortó al secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, para que “a la brevedad concrete una mesa de diálogo, que esperamos se realice el próximo lunes o martes, o de lo contrario vamos a tener que salir a las calles tanto en la Ciudad de México, como en los estados, porque no podemos seguir en condiciones de precariedad salarial”.

Los dirigentes sindicales de diversos estados señalaron que han acudido a la Cámara de Diputados para “buscar incidir en la integración del presupuesto 2027, en el que solicitamos a la SHCP que se etiqueten al menos 3 mil millones de pesos para los organismos desconcentrados de bachillerato, y avanzar en la reducción del rezago salarial que enfrentamos”.

Detallaron que en promedio un docente de estos subsistemas percibe entre 8 mil y 15 mil pesos mensuales, dependiendo del número de horas-asignatura que imparta, pero sin poder acceder a un escalafón general de salario y prestaciones como el que cuentan los docentes de la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial y de Servicios.

Fuente: La Jornada – Sindicatos de Educación Media Superior amenazan con paro indefinido para el 31 de agosto, día de regreso a clases

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